Ovis orientalis aries

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Oveja
Flock of sheep.jpg
Estado de conservación
Domesticado
Taxonomía
Reino: Animalia
Filo: Chordata
Clase: Mammalia
Orden: Artiodactyla
Familia: Bovidae
Subfamilia: Caprinae
Género: Ovis
Especie: O. orientalis
Subespecie: O. o. aries
Linnaeus, 1758
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La oveja (Ovis orientalis aries)[1] es un mamífero cuadrúpedo ungulado doméstico, usado como ganado. Como todos los rumiantes, las ovejas son artiodáctilos, o animales con pezuñas. A pesar de que el término «oveja» se aplica a muchas especies del género Ovis, por lo general hace referencia a la subsepecie doméstica de Ovis orientalis.

Posiblemente desciendan del muflón salvaje de Europa y Asia, y fueron uno de los primeros animales en ser domesticados para fines agrícolas, criadas principalmente por su lana, carne y leche. La lana de oveja es la fibra animal más utilizada y por lo general se recoge mediante esquila. Su carne recibe el nombre de carne de cordero cuando es de un animal joven y de ovino mayor o carnero cuando proviene de animales de más de un año.[2] También se crían como organismo modelo para la investigación científica.

La cría de ovejas se practica en casi todo el mundo y ha sido fundamental para muchas civilizaciones. En la era moderna, Australia, Nueva Zelanda, los países de América del Sur meridional y central y las Islas Británicas son los más asociados a la producción ovina.

Como animal clave en la historia de la ganadería, las ovejas están profundamente arraigadas en la cultura humana y aparecen representadas tanto en el lenguaje moderno como en la simbología. Como ganado, se asocian generalmente con imágenes pastoriles y arcadianas. Aparecen en muchos mitos —como el del vellocino de oro— y en las grandes religiones, especialmente en las abrahámicas. Tanto en los ritos religiosos antiguos como en los modernos, se han utilizado como animales de sacrificio.

Taxonomía y etimología[editar]

Linneo clasificó a las ovejas domésticas en 1758 en la especie Ovis aries. Aunque posteriormente se demostró que las ovejas domésticas actuales y su antepasado silvestre: el muflón oriental (Ovis orientalis) pertenecían a una misma especie y debía asignárseles un único nombre científico, la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica determinó en 2003 en la opinión 2027 que las ovejas, al igual que otras 17 especies domésticas, debían nombrarse como su variedad salvaje, Ovis orientalis, para evitar la paradoja de que los linajes anteriores, los silvestres, fueran nombrados como subespecies de sus descendientes. Por lo tanto el nombre específico que prevalece para las ovejas y muflones es Ovis orientalis, quedando el término aries como nombre trinomial que designa a la subespecie doméstica[1] (aun cuando generalmente en casos como éste se aplicaría el "principio de prioridad" que establece que debe permanecer como nombre específico el primero en haber sido registrado, siendo aries el más antiguo).

Las tres palabras que componen su nombre científico provienen del latín: ovis, oveja; orientalis, procedente de Oriente; y aries -ĕtis, literalmente 'carnero'.

Su nombre común, oveja, proviene del latín ovicŭla, diminutivo de ovis, al igual que el adjetivo referido a este ganado: ovino.[3] [4] El sustantivo femenino oveja se utiliza para referirse tanto a la hembra como en genérico para ambos géneros de la especie, y carnero (del latín [agnus] carnarius '[cordero] de carne') para el macho, aunque en ocasiones para referirse también a la especie.[3] [5]

El léxico en español relativo a la especie y a su ganadería es muy extenso, con numerosas variantes dependiendo del país, la región o incluso a nivel local. El Diccionario de la lengua española recoge muchos términos, tanto comunes a la ganadería en general como específicos de esta especie, como cordero (para referirse a las crías), borrego (cordero de uno o dos años), morueco (carnero padre o utilizado para la reproducción), vellón (lana de oveja esquilada) o zalea (cuero curtido que conserva la lana), por ejemplo.

Descripción y evolución[editar]

El origen de la domesticación de la oveja se encuentra en Oriente próximo, en el denominado creciente fértil. Las pruebas arqueozoológicas señalan que la domesticación tuvo lugar en torno al VII milenio a. C.[6] La biología molecular ha permitido distinguir tres eventos de domesticación diferentes, basándose en tres haplogrupos diferentes de ADN mitocondrial,[7] [8] aunque algunos estudios distinguen hasta 5.[9] La mayoría de los estudios atribuyen el origen silvestre de la especie al muflón asiático (Ovis orientalis orientalis), descartando así otros congéneres como el argali (Ovis ammon) o el urial (Ovis orientalis vignei) que se barajaban como posibles ancestros.[10] El muflón europeo (Ovis orientalis musimon) sería el resultado de ovejas asilvestradas en la antigüedad, bien por haberse escapado de los rebaños o bien por haber sido abandonadas ante la aparición de razas con lanas de mejor calidad, también desde Oriente Próximo y extendidas por el comercio.[11]

Las ovejas son unos rumiantes de tamaño relativamente pequeño, generalmente con un pelo rizado que recibe el nombre de lana y a menudo con cuernos laterales en forma de espiral. Las ovejas domésticas se diferencian de sus antepasados y sus parientes salvajes en varios aspectos, habiéndose convertido en una especie neoténica como resultado de la crianza selectiva realizada por los seres humanos.[12] [13] Algunas razas primitivas todavía conservan algunas de las características de sus parientes salvajes, como las colas cortas. Según la raza, las ovejas pueden no tener cuernos, tenerlos ambos sexos, o solo los machos. La mayoría de las razas con cuernos tienen solo un par, pero algunas pueden tener varios.[14]

Variedad de oveja merina con lana de color.

Otra característica distintiva de las ovejas domésticas respecto a los ovinos salvajes es su gran variedad de coloración. Las ovejas salvajes por lo general solo se encuentran en tonos marrones y con variaciones extremadamente limitadas. En cambio la gama de coloración en las domésticas va desde un blanco puro hasta un marrón chocolate oscuro e incluso a manchas.[15] [16] La selección por parte de los humanos en favor de la lana blanca, que puede teñirse fácilmente, se realizó en los inicios de su domesticación y como la lana blanca es un rasgo dominante se extendió rápidamente. A pesar de ello, muchas razas modernas son de colores distintos al blanco, e incluso pueden aparecer como un rasgo recesivo en rebaños blancos.[15] [16] Si bien la lana blanca es conveniente para los grandes mercados comerciales, hay un nicho de mercado para la de color, sobre todo para hilado artesanal.[17] La naturaleza de la lana varía dependiendo de las razas, desde densa y muy ondulada, a larga y fina, con variaciones de tipo y calidad incluso entre miembros de la misma manada.

Su altura y peso varían dependiendo de la raza. El ritmo de crecimiento y su peso adulto es un rasgo hereditario y a menudo se seleccionan en la cría.[18] Las hembras suelen pesar entre 45 y 100 kg y los machos entre 45 y 160 kg.[19] Su dentadura es heterodonta (poseen distintas piezas), incompleta (carecen de caninos) y difiodonta (inicialmente tiene dientes de leche). La dentición temporaria o de leche está formada por 20 dientes: 8 incisivos y 12 premolares (fórmula dentaria ) y la dentición de adulto por 32: 8 incisivos, 12 premolares y 12 molares ()[20] [21] [22] Al igual que otros rumiantes, sus ocho incisivos se encuentran en el maxilar inferior y muerden contra una formación cartilaginosa sin dientes en el maxilar superior denominada rodete dentario, que utilizan para arrancar vegetales mientras los dientes traseros los muelen antes de tragar. Durante el proceso de cambio de dentición de leche a permanente es posible determinar la edad de una oveja a partir de sus dientes frontales, pues aproximadamente cada año le nacen un par de incisivos, hasta los cuatro o cuatro años y medio, cuando ya completan su dentición.[21] A medida que envejecen sus dientes frontales comienzan a desgastarse, lo que dificulta su alimentación y repercute en su salud y productividad. Por esta razón, el declive de las ovejas domésticas que pastan en prados suele comenzar a partir de los cuatro años, con una esperanza de vida media de entre diez y doce años, aunque algunas pueden llegar a vivir hasta veinte.[14] [23] [24]

Cráneo.

Las ovejas tienen buen oído y son sensibles al ruido durante su manipulación.[25] Tienen pupilas horizontales en forma de ranura y una visión periférica excelente; con un campo visual de entre 270° y 320°, pueden ver detrás de ellas sin girar la cabeza,[17] [26] salvo en algunas razas con vellón largo en la cara, en las que, salvo si se la esquilan, se reduce en gran medida su visión periférica.[27] Sin embargo tienen una pobre percepción de profundidad; las sombras y los cambios de nivel del terreno pueden hacerlas retroceder y en general tienden a evitar las zonas oscuras y quedarse en zonas bien iluminadas.[28] Tienen un excelente sentido del olfato y, como todas las especies de su género, disponen de glándulas odoríferas justo ante los ojos y entre las patas. La función de estas glándulas es incierta,[29] aunque las de la cara podrían jugar un papel en su comportamiento durante el cortejo.[18] Es posible que las glándulas interdigitales también tengan una función durante el apareamiento,[18] pero se han propuesto funciones alternativas, como la secreción de residuos o un marcador de olor para ayudar a las ovejas perdidas a reencontrar su rebaño.[29]

Como miembros de la subfamilia Caprinae, las ovejas y las cabras están estrechamente relacionadas y tienen una apariencia similar. Sin embargo, son especies separadas, por lo que rara vez se producen híbridos y en cualquier caso siempre serían estériles; apenas existen casos científicamente documentados de un híbrido de una oveja hembra y un macho cabrío.[30] Entre las diferencias de apariencia en ambas especies están las barbas y el labio superior dividido exclusivos de las cabras, que la cola de las ovejas (incluso cuando es de pequeño tamaño o se la han cortado) cae hacia abajo mientras que la de las cabras se mantiene erguida, que las ovejas generalmente carecen de cuernos (en ambos sexos o solo las hembras) mientras que las cabras que nacen sin cuernos son escasas, o que los machos cabríos adquieren un fuerte olor distintivo durante el estro, mientras que los carneros no.[24]

Razas[editar]


Ciclo de vida[editar]

Ovejas en la Patagonia argentina.

Después de cinco meses de gestación la oveja pare una o dos crías (algunas razas como la Romanoff pueden llegar a parir nueve crías).

Las hembras llegan a la pubertad entre los 5 y los 10 meses, en cambio los machos entre los 3 y los 6 meses de edad (aunque se recomienda esperar hasta que cada cual tengan un año para la reproducción). Para saber la edad de este animal ya sea macho o hembra y así determinar si están en la edad recomendada para la reproducción se ve su dentadura de forma que mudan los dientes después del año por lo tanto si son dientes delgados es menor del año y si son dientes gruesos determinados "paletas" es por que ya tiene cumplido el año.

Viven entre 18 y 20 años.

En Castilla La Mancha, Aragón y otras zonas de España las ovejas reciben diversos nombres según su edad y se distinguen por su dentición:[31] [32] [33]

  • Cordera, hasta los 6 u 8 meses
  • Borrega, hasta el primer año
  • Primala, de uno a dos años, se disitinguen por tener dos dientes frontales o palas. Pueden criar por primera vez aunque a menudo no sacan adelante la cría porque la aborrecen.
  • Andosca, de 2 a 3 años. Tienen cuatro palas.
  • Trasandosca, de 3 a 4 años. Tienen seis palas.
  • Cerrada, a partir del quinto año,se distinguen por el desgaste en la dentición hasta que llega a un punto que no son capaces de triturar el grano y lo excretan entero.

Explotación[editar]

Oveja. Razas y gestión, de John Wrightson (1919)

La cría y utilización de estos animales por parte del hombre se conoce como ganadería ovina.

  • Piel: para la fabricación de objetos de cuero.
  • Pelaje o "lana": para la confección de hilados, fibras varias, para fines tanto industriales como domésticos.
  • Carne y leche: se consumen como alimentos. Con la leche pueden además elaborarse derivados lácteos, entre los que destaca el queso.

La Mesta en la Península Ibérica[editar]

Don Quijote arremetiendo contra el rebaño de ovejas, ilustrado por Gustavo Doré.

En la España medieval, durante la Reconquista, los reinos cristianos y musulmanes estaban separados por una franja de territorio que podía llegar a tener hasta 100 km de anchura, casi despoblados, pues era tierra de nadie sometida a continuas incursiones bélicas de los dos bandos. En estas tierras no valía la pena labrar, porque las campañas bélicas se organizaban durante el buen tiempo, en la época de las cosechas, de modo que lo más probable es que, por unos o por otros, acabaran dadas al fuego o al saqueo.

Este territorio lo aprovechaban los pastores, cuyo ganado podía moverse de un lugar a otro, practicando la trashumancia, de modo que lo recorrían durante el otoño y el invierno (temporadas frías) y, en la temporada de campañas (primavera y verano), se refugiaban en las montañas del norte, más húmedas y que conservaban sus pastos durante el tiempo cálido, consiguiendo formar una ganadería muy importante. La base principal de la importancia económica de estos rebaños era la oveja merina, cuya lana, de gran calidad, era apreciada (y todavía lo es) en toda Europa, así como la oveja churra, para carne. La lana tenía como mercados importantes Medina del Campo y la ciudad de Burgos.

Tras Fernando III, las agrupaciones de pastores y ganaderos se fusionaron en la "Real sociedad de ganaderos de la Mesta", según el privilegio de Alfonso X el Sabio, en 1273, aunque su denominación y reglamentación es de 1347, reinando Alfonso XI.[34] Como se ha dicho, con su creación, se intentaba evitar posibles conflictos entre agricultores y ganaderos, ya que estos últimos, debían atravesar las tierras de los agricultores con sus rebaños dos veces al año, produciendo daños en sus cultivos. Esto se subsanó, construyendo unos itinerarios concretos; los de mayor anchura se llamaban cañadas, y las más importantes de entre ellas se llamaban cañadas reales, dando testimonio de su creación por el rey.

En las cortes de Toledo de 1480, se decreta dejar libre el paso de rebaños entre Aragón y Castilla, manifestándose el papel preponderante que los Reyes Católicos darían a la Mesta. El mismo año otro decreto otorgaba libertad absoluta para el tránsito de ganados en ambos reinos. Con esto no solo pretendían proteger esta actividad, sino también incrementar los ingresos de la corona mediante el arrendamiento y la venta de derechos de pastos.[34] A partir de entonces, el presidente de la Mesta, sería el miembro más antiguo del Consejo Real.

Consumo[editar]

En general, en la zona centro y norte de España se prefieren los borregos lechales (que no han probado otro alimento que la leche materna) o en su defecto cuanto más pequeños mejor; antes de que tengan ocho dientes ya que, en el momento en que se desarrollan éstos, el borrego empieza a comer y puede ser destetado. En Andalucía, por el contrario, se valoran más los borregos de ocho dientes con un peso que ronde los 11,5 kilos (una arroba) por entenderse que la relación entre el peso y la calidad de la carne es más satisfactoria (sobre todo para el carnicero, más que para el consumidor). Cuando más valor tienen los borregos (para el pastor) es poco antes de Navidad, y poco antes de las vacaciones de verano, que es cuando existe un mayor consumo por tradición en el primer caso y por la demanda de los turistas en el segundo. Este mayor valor del producto es la causa de que se intente que los partos tengan lugar unos dos meses antes de estas fechas para que dé tiempo a criar el borrego. Para conseguir que los apareamientos tengan lugar en el momento deseado se suele separar a los machos de las hembras y no reunirlos hasta que llegue el momento adecuado; otro sistema es tratar a las ovejas con sustancias hormonales para sincronizar y provocar el celo en el momento deseado.

Los corderos recién nacidos están con sus madres aproximadamente hasta un mes y medio, hasta que son destetados y se meten en los cebaderos, separándose machos y hembras ya que han de comer alimentos diferentes.

Los árabes prefieren la carne del carnero adulto a la del borrego. Esto debe ser tenido en cuenta si se crían para ser sacrificados en la Fiesta del Cordero.

Distribución mundial[editar]

Ejemplar en Nueva Zelanda.

La existencia mundial de ganado ovino se estima aproximadamente en 1.200 millones de cabezas.

Casi la mitad del mismo se encuentra en Asia y Oceanía, siendo los principales productores: Australia, la disuelta Unión Soviética, China, Nueva Zelanda, Bolivia e India. Argentina ocupa uno de los 10 primeros lugares del mundo, con algo más del 2% de cabezas.

Inteligencia[editar]

Francisco de Zurbarán: Agnus Dei, hacia 1635, (38 x 62 cm.), Museo del Prado, Madrid.

Según un estudio publicado en la revista Nature por Keith Kendrick, profesor de la Universidad de Greshman de Londres, las ovejas pueden distinguir entre las diferentes expresiones de otros animales pudiendo detectar los cambios en los rostros, también descubrió que pueden reconocer y distinguir entre al menos 50 individuos diferentes y recordar acontecimientos e imágenes durante un periodo de hasta dos años. Las ovejas no olvidan fácilmente, lo que hace que puedan recordar y revivir una situación traumática durante mucho tiempo. Según este estudio "las ovejas pueden ser capaces de usar el mismo sistema para recordar y responder emocionalmente a las imágenes de individuos ausentes que los humanos".[35] [36] [37]

Véase también[editar]

Notas y referencias[editar]

  1. a b «Opinion 2027 (Case 3010). Usage of 17 specific names based on wild species which are pre-dated by or contemporary with those based on domestic animals (Lepidoptera, Osteichthyes, Mammalia): conserved». Bulletin of Zoological Nomenclature (International Commission on Zoological Nomenclature) 60 (1): 81-84. 2003. 
  2. «Denominaciones comerciales de la carne del ovino». alimentación.es. Ministerio Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de España. Consultado el 25 de julio de 2016. 
  3. a b Real Academia Española (2014). «oveja». Diccionario de la lengua española (23.ª edición). Madrid: Espasa. Consultado el 26 de julio de 2016. 
  4. Real Academia Española (2014). «ovino». Diccionario de la lengua española (23.ª edición). Madrid: Espasa. Consultado el 26 de julio de 2016. 
  5. Real Academia Española (2014). «carnero». Diccionario de la lengua española (23.ª edición). Madrid: Espasa. Consultado el 26 de julio de 2016. 
  6. Zohary, D.; Tchernov, E.; Kolska Horwitz, L. (1998). «The role of unconscious selection in the domestication of sheep and goats». Journal of Zoology 245 (2): 129-135. doi:10.1111/j.1469-7998.1998.tb00082.x. ISSN 1469-7998. 
  7. Guo, J. et al (2005). «A novel maternal lineage revealed in sheep (Ovis aries. Animal Genetics 36 (4): 331-336. doi:10.1111/j.1365-2052.2005.01310.x. 
  8. Pedrosa, S. et al. (2005). «Evidence of three maternal lineages in near eastern sheep supporting multiple domestication events». Proc. R. Soc. B 272 (1577): 2211-2217. doi:10.1098/rspb.2005.3204. 
  9. Meadows, J.R.S. et al. (2007). «Five Ovine Mitochondrial Lineages Identified From Sheep Breeds of the Near East». Genetics 175 (3): 1371-1379. doi:10.1534/genetics.106.068353. 
  10. Hiendleder, S. et al. (2002). «Molecular analysis of wild and domestic sheep questions current nomenclature and provides evidence for domestication from two different subspecies». Proc. R. Soc. Lond. B 269 (1494): 893-904. doi:10.1098/rspb.2002.1975. 
  11. Chessa, B., et al. (2009). «Revealing the History of Sheep Domestication Using Retrovirus Integrations». Science 324 (5926): 532-536. doi:10.1126/science.1170587. 
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  32. Ortíz García, Jaime; Castellote Herrero, Eulalia Léxico de los pastores alcarreños
  33. de Peña y Valle, Ventura (1832) Tratado general de carnes pp.72-74
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Bibliografía utilizada[editar]

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  • Pugh, David G. (2001). Sheep & Goat Medicine. Elsevier Health Sciences. ISBN 0-7216-9052-1. 
  • Simmons, Paula; Ekarius, Carol (2001). Storey's Guide to Raising Sheep. North Adams, MA: Storey Publishing LLC. ISBN 978-1-58017-262-2. 
  • Smith M.S., Barbara; Mark Aseltine PhD; Gerald Kennedy DVM (1997). Beginning Shepherd's Manual, Second Edition. Ames, Iowa: Iowa State University Press. ISBN 0-8138-2799-X. 
  • Weaver, Sue (2005). Sheep: small-scale sheep keeping for pleasure and profit. California: Hobby Farm Press, an imprint of BowTie Press, a division of BowTie Inc. ISBN 1-931993-49-1. 
  • Wooster, Chuck (2005). Living with Sheep: Everything You Need to Know to Raise Your Own Flock. Geoff Hansen (Fotografía). Guilford, Connecticut: The Lyons Press. ISBN 1-59228-531-7. 

Enlaces externos[editar]