Ordenación de montes: los alcornocales andaluces

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Ordenación de alcornocales públicos andaluces
El Robledal y La Sauceda. Propiedad y limites.pdf
Situación
País EspañaFlag of Spain.svg España
División AndalucíaBandera de Andalucía.svg Andalucía
Subdivisión CádizFlag Cádiz Province.svg Cádiz
MálagaFlag Málaga Province.svg Málaga
Datos generales
Grado de protección Proyecto de Ordenación de Monte
Fecha de creación Entre 1890 y 1920
N.º de localidades 14 Municipios
Alcornocales públicos andaluces
Alcornocales públicos andaluces

Proceso de catalogación, planificación de su evolución y regulación de su uso y aprovechamiento, que se realiza en los montes siguiendo los principios y doctrinas de la Silvicultura y que en España se aplicó a los montes públicos a partir de 1850. Los alcornocales de las provincias de Málaga y Cádiz, cuya Ordenación se realizó entre 1890 y 1920, fueron los primeros montes de Quercus suber regulados, lo que reviste un interés especial por la peculiaridad productiva, ecológica y cultural de esta especie. Ya en su día fueron emblema del movimiento Ordenador que invadía la ciencia forestal y la administración española, así como después, centro de las críticas del modelo de explotación de los montes resultantes de aquella legislación. Hoy en día, ese grupo de montes se integra en el parque natural de Los Alcornocales y en menor medida, en el de Sierra de Grazalema, manteniendo una respetable producción de corcho y un ejemplar equilibrio entre los diferentes usos del monte.

Antecedentes[editar]

El proceso por el que las Ordenaciones de Montes se implantan en España, fermenta durante la primera mitad del siglo XIX, a medida que la riqueza de los montes se hace importante económicamente y bajo la influencia de las primeras escuelas alemanas, inspiradoras de la Selvicultura y de la planificación en la explotación de los recursos forestales. Además, la situación creada tras las primeras desamortizaciones que supusieron la venta de gran parte de los montes públicos, llevó al pistoletazo de salida al doblar el siglo:

Cronología legislativa sobre Ordenaciones[editar]

Escudo del cuerpo de Ingenieros de Montes
  • El 27 del noviembre de 1952 (BOE 29/11/1852 [1]), se mandan formar las cuatro primeras Comisiones para reconocer las masas forestales de Jaén, Santander, Cuenca y Segovia, así como practicar los estudios necesarios para su mejor explotación.
  • El 13 de noviembre de 1856 (BOE 15/11/1856 [2]), se manda dividir el territorio en Distritos Forestales y se organiza en siete de ellos el Servicio Facultativo, estableciendo como una de sus funciones la Ordenación Provisional de los montes públicos con arreglo a unas instrucciones, que se redactan al año siguiente. Dos años después, el mandato de esta labor se generaliza a todos los Distritos Forestales y en 1860 se fijan las reglas para la parte de los expedientes que se ocupa de los aprovechamientos.[nota 1]
  • El 17 de mayo de 1865 (BOE 28/05/1865 [3]), se desarrolla la Ley de Montes, dictando ya precisas instrucciones sobre las condiciones para poder explotar provisionalmente los montes no ordenados, sobre la obligatoriedad de ajustar los aprovechamientos al plan de Ordenación en aquellos ya estudiados, así como sobre el modelo al que estos proyectos deben ajustarse en su redacción.[nota 2]
  • El 9 de mayo de 1890 (BOE 10/05/1890 [4]), se crea la Sección Directiva e Inspectora de las Ordenaciones de Montes Públicos y se establecen las bases a que deberá sujetarse el estudio de los Planes de Ordenación. Este Real Decreto fue comentado en la Revista Montes n.º 320 (1890)[1]​ y se complementan el 31 de diciembre del mismo año (BOE 16/01/1891 [5]), con las Instrucciones para el servicio de las Ordenaciones de los montes públicos, exhaustiva regulación que salvo pequeñas modificaciones estará vigente hasta los años 20.[nota 3]​ Fueron comentadas en la Revista Montes n.º 342 (1891).[2]
  • El 25 de octubre de 1895 (BOE 26/10/1895 [6]), se establece que los autores de los Proyectos de Ordenación, sean los ingenieros del Servicio de Ordenaciones.
  • El 6 de agosto de 1896 (BOE 11/08/1896 [7]), se deroga la normativa del año anterior, que indicaba que los Proyectos de Ordenación se llevasen a cabo exclusivamente por los ingenieros de montes en servicio activo del Cuerpo. Se establece un pliego-tipo de condiciones para la contratación de las ordenaciones por particulares.
  • El 31 de mayo de 1901 (BOE 02/06/1901 [8]), se regula sobre la responsabilidad en el pago de las mejoras contempladas en el Proyecto de Ordenación, que será el contratante a descontar de la tasación total de las subastas. Comentado en Revista montes n.º 586 (1901)[3]
  • El 30 de julio de 1902 (BOE 14/08/1902 [9]), se establece que sean los contratistas los que paguen los trabajos de reconocimiento de las memorias y de los proyectos.
  • El 24 de enero de 1908 (BOE 26/01/1908 [10]), se establece que las Memorias previas al Proyecto de Ordenación y los estudios de comprobación y tasación de los mismos, sean hechos directamente por la administración a través del Servicio de Ordenaciones.

El mecanismo de Ordenación de montes[editar]

El apogeo en la ordenación de montes públicos de alcornocales en Andalucía, que se puede concentrar entre 1890 y 1915, seguía básicamente el siguiente procedimiento:

Solicitud: Memoria de Ordenación[editar]

Ejemplo de Pliego de condiciones para la Concesión de realización de estudios de Ordenación en alcornocales de montes públicos. 19 de julio de 1897. Dehesa y Cucaderos

En primer lugar se solicitaba por parte del ayuntamiento propietario, un particular o empresa, el permiso para iniciar la ordenación de aquellos enumerados según el Catálogo de los montes excluidos de la venta. Este era un trámite más o menos administrativo que se concedía para que se pudiesen comenzar los estudios previos a los de ordenación propiamente dichos y que incluían entre otros, aspectos legales sobre la propiedad y servidumbres de los montes, lindes, levantamientos topográficos básicos, descripción de terrenos y arbolado, usos y estimaciones aproximadas de aprovechamiento, etc... Estas Memorias de Ordenación se sometían al dictamen del Ingeniero jefe del correspondiente Servicio Provincial (que comprobaba los datos, sobre todo a partir de que los informes fuesen hechos por particulares) y al de la Junta Consultiva de Montes...

Concesión: Proyecto de Ordenación[editar]

Si se cumplían las condiciones, se concedía el permiso para realizar el Proyecto de Ordenación, de acuerdo a un pliego-tipo de condiciones y con explícitas alusiones a las Instrucciones... de 1890.[nota 3]​ Era una licencia nominal, específica para los montes enumerados, supeditada a una fianza (proporcional a las hectáreas a ordenar) y con un plazo de entrega improrrogable (normalmente de dos años a partir de la “entrega” de los montes al arrendatario).[nota 4]​ Entregados los montes al concesionario el expediente pasaba al Servicio de Ordenaciones y el equipo de ingenieros y brigadas del primero, comenzaban los trabajos necesarios para redactar el proyecto, que normalmente podían incluir talas, apertura de caminos y “vías de saca”, construcción de viviendas e instalaciones para trabajadores y sobre todo, mucho trabajo de campo que llegaba a la medición perimetral de árbol por árbol para realizar los cubicajes de corcho y leña. Cuando las Memorias incluían Planes de Mejoras previos al Proyecto de Ordenación, también corrían a cargo del concesionario, que en todo momento debía informar de lo que iba a hacer al Ingeniero Ordenador de la provincia, a su vez encargado de vigilar y autorizar los pormenores de todos los trabajos.

Tasación[editar]

Ejemplo de Pliego de condiciones para la Subasta de aprovechamientos de alcornocales en montes públicos ordenados. 13 de mayo de 1894. El Robledal y La Sauceda

Terminada la parte técnica y programática del Proyecto de Ordenación (planos, estado de los tramos, tablas de las clases de edad, descripción de los tramos, plan general de aprovechamientos, resumen general de productos, plan de cortas/cultivos y observaciones) y hechas las comprobaciones pertinentes por los Servicios Forestales sobre los datos en el consignados, se procedía a realizar el último capítulo pendiente, que era la Tasación. Esta se solía encomendar a un ingeniero en activo del cuerpo, ajeno a aquel que por cuenta privada había realizado los estudios (normalmente un Supernumerario).[nota 5]​ En ella se debía calcular primero el coste de realización del propio proyecto, el coste de las mejoras que debían hacerse en los montes durante el periodo de explotación y sobre todo, el valor de los productos que se obtendrían de ella, para lo cual debía fijarse un precio que se mantenía vigente durante los 20 años para los que se subastaban los aprovechamientos.[nota 6]​ Desde la entrega del Proyecto de Ordenación hasta que se realizaba la Tasación y se informaba favorablemente por la Junta Consultiva de Montes para proceder a la subasta, podían pasar tranquilamente de 1 a 3 años más. Este lapso también incrementaba el precio de la subasta.

Subasta: Planes de Aprovechamientos[editar]

Llegado el momento se procedía a la Subasta Pública de los aprovechamientos contemplados en los Planes Especiales del Proyecto de Ordenación. En nuestro caso, las pujas debían hacerse por incremento del precio del corcho, porque el resto de esquilmos (montanera, carbón, madera, pastos, etc.) eran precios fijos y en cualquier caso, el promotor de la Ordenación tenía derecho de tanteo. Cualquiera que quisiese pujar, debía previamente depositar una cantidad de hasta un 5 % del valor de los productos tasados para los 20 años, más el valor del Proyecto de Ordenación con un incremento del 8% anual a contar desde la entrega del estudio hasta la Tasación. El concesionario se evitaba esta última cantidad (que en cualquier caso era suya) y de la primera se descontaba la cantidad que entregó en su momento como fianza para poder realizar los estudios.[nota 7]​ El que resultaba rematante, debía por último hacer un depósito como garantía, igual al valor de los productos que se iban a aprovechar en el primer año. Solo entonces podía empezar la explotación de los recursos, corriendo a cargo de todos los gastos hasta la venta del producto, estando sujeto a todas las directrices marcadas en cuanto a mejoras y cortas, en el Proyecto de Ordenación y sobre todo, vigilado y dirigido por el Servicio de Montes en todas las operaciones de aprovechamientos. [nota 8]

La Selvicultura de los alcornocales[editar]

Lámina Botánica de Quercus suber de 1890

Hacia 1880, existía un conocimiento aceptable del Quercus suber desde el punto de vista de la Arboricultura, pero salvo algunos estudios sobre el tratamiento de los alcornocales de Argelia o Portugal, era poco lo que se había hecho desde el punto de vista de la Selvicultura. Además de los condicionantes propios de la especie y su producto ,[nota 9]​ existían pocos precedentes de ordenación de este tipo de masa arbórea, que suministrasen datos para su tratamiento científico y los procedimientos y principios que se aplicaban a los montes maderables, no respondían a las necesidades de su regulación orientada a la producción de corcho.

La mayor parte de los alcornocales eran de propiedad privada, y aunque en Cataluña los propietarios tenían una mayor conciencia de la necesidad de trazar estrategias para asegurar su sostenibilidad y la producción a largo plazo, en Andalucía la explotación corchera quedaba relegada en muchos casos frente a la tan arraigada ganadería o el carboneo, realizándose las sacas sin ninguna planificación.[nota 10]​ Pero a medida que el precio del corcho aumentaba progresivamente en las últimas décadas del siglo, la propia administración se da cuenta de la revalorización que este producto daba a los montes y de la necesidad de estudiarlo dasonómicamente[nota 11]​ a la vez que abre la mano para el acceso privado a los montes públicos.

Tala de árboles (en torno a 1900)
Preparación de una carbonera (en torno a 1900)
Transporte de troncos, 1900

Los ingenieros que ordenaron los alcornocales andaluces entre 1890 y 1910, tuvieron muchas veces que improvisar e ir aprendiendo sobre la marcha a medida que se iban viendo resultados, siendo básicamente las cuestiones sobre las que tenían que decidir, las siguientes:

Tipos de masas y usos de los alcornocales[editar]

Junto al mal estado de las masas arbóreas en Andalucía, había que añadir su carácter mixto, donde la especie corchera convive con otras como el quejigo o la encina, así como la variedad de usos tradicionales junto a la extracción de corteza, como la ganadería de caprino, la montanera, la leña y el carboneo, las dehesas y pastizales para el vacuno, la caza, el uso de cortezas de árbol para el curtido de pieles, etc... Se encontraban también con problemas de servidumbres y usos comunales, con enclavados y propiedades diferentes entre suelo y arbolado, con frecuentes usos ilegales del monte, ect... El trabajo ordenador, junto al objetivo de maximizar y regularizar la producción del monte (donde el corcho en aquellos años era lo más rentable), también tenía que solucionar y/o compatibilizar estas situaciones específicas de cada predio.

Inventario[editar]

A nivel técnico y de inventario, los alcornocales suponían una serie de retos novedosos con respecto a los montes maderables: es más fácil cubicar el árbol entero que solo su corteza, el corcho introduce la variable edad/calidad que no se contempla en la madera, al alcornoque hay que calcularle el espacio vital alrededor suyo que va ha necesitar a lo largo de los 150 años productivos en los que va a seguir creciendo y desarrollándose (Epidometría), etc...

División Dasocrática[editar]

El método de división del monte, primer paso para plantear su ordenación, estaba establecido desde 1890 en las Instrucciones para la Ordenación...[nota 3]​, que debía ser el conocido como “Ordenar transformando” basado en los “tramos permanentes” y en un turno de corta aplicado anualmente en uno de ellos (o grupo) diferente. Pero desde el primer momento y aunque era satisfactorio en el tratamiento de otro tipo de montes, para el corcho se mostró ineficiente e incluso Carlos Castel, que realizó las primeras ordenaciones de alcornocales en El Robledal y La Sauceda en 1890, antes incluso de publicarse la regulación mencionada, ya lo manifestaba.[nota 12]​ Dándose cuenta los ingenieros ordenadores que las cortas en el alcornoque basadas en dicha organización, darían lugar a tramos con dos clases de edad, propusieron e intentaron modelos mixtos combinando con el ”método de entresaca” que sin embargo en la práctica, bien por la gran extensión de los terrenos o por la mala calidad del arbolado que obligaba prioritariamente a la regeneración masiva, no se aplicaron del todo. A medida que van sucediendose las revisiones de los primeros proyectos, se introducen tímidas modificaciones para intentar sortear la rigidez del tramo único, pero a partir de 1930 se entra en una apatía dasonómica que lleva durante más de 50 años a que los ingenieros se limitaran en general, a proseguir con la reconstrucción del vuelo y la organización del aprovechamiento corchero, sin más profundidades “de diseño”.[nota 13]

Turno de corta o descorche[editar]

El “turno de descorche” era otro aspecto importante que en teoría está en función del tiempo que tarda la corteza en adquirir el grosor necesario para la industria y eso varía según clima, pluviosidad, suelo, etc... Estaba establecido que por debajo del Tajo el turno debía ser menor de 12 años y en general en Andalucía se optó por un turno de 9 acorde a las tradiciones corcheras de la región, pero a falta de documentación científica sobre este punto debían guiarse por su intuición y por la observación directa en cada zona, de la evolución del árbol tras sacas anteriores.[nota 14]

Regeneración y Reforestación[editar]

La regeneración del monte, uno de los objetivos primordiales de la Selvicultura, fue en los alcornocales públicos andaluces, no solo una necesidad por lo envejecido y degradado de las masas, sino un verdadero reto por su extensión y por ser la primera vez que en España se abordaba el problema desde una perspectiva técnico-científica. Partiendo de que el alcornoque es una especie con relativa facilidad para su reproducción y regeneración,[nota 15]​ los ingenieros pusieron en práctica estrategias que fueron experimentando sobre la marcha, muchas veces sistematizando el estudio de métodos que ya practicaban propietarios privados (especialmente catalanes).

Roza entre dos tierras y retirada de tocones. 1870
  • La regeneración “natural”, por la extensión y lo abrupto muchas veces de los predios, pese a que en 1890 era la menos estudiada o considerada por los escasos estudiosos de la época, y pese a que había escasa o nula experiencia entre los expertos cultivadores catalanes, fue la piedra angular sobre la que se apoyaron en su cometido los ingenieros ordenadores. La primera dificultad fue acotar al ganado cabrío las parcelas en regeneración, condición indispensable pero de difícil puesta en práctica por lo extendido de este tipo de uso. A partir de ahí, en los lugares donde el suelo del alcornocal estaba formado por matas achaparradas, de sistema radical desarrollado pero con una parte aérea sin tronco ni guía, aplicaron y mejoraron el método de “roza entre dos tierras”, logrando nuevos brotes sanos que crecían rápido gracias a la cepa radicular, y que con un posterior clareo y selección, dio notables resultados. En los rasos y claros, hubo que recurrir a la repoblación “artificial”.

Planes de mejoras[editar]

Otras mejoras que no eran habituales, pero que se demostraron importantes en la posterior evolución tanto de la masa como del individuo arbóreo, y que repercutían directamente en la futura producción y calidad del corcho, se pusieron en práctica sistemática y metódicamente . Tales operaciones eran las “limpias” del terreno cuando el arbolillo sobresalía entre los matorrales, la “claras” previas al desbornizo para seleccionar los mejores individuos y determinar la densidad de la masa, el propio “desbornizo” que pone en marcha la vida productiva del árbol y le fuerza a producir corcho de calidad, la “poda” que aumenta la superficie productiva y da forma a la copa, el “alquitranado” de los cortes de poda o las heridas de saca, ect... La novedad era además que estas operaciones se detallaban y planificaban en los Proyectos de Ordenación, cosa que hasta entonces había quedado al arbitrio improvisado de los propietarios o de los Servicios Provinciales de Montes.

La Ordenación de los alcornocales andaluces[editar]

Alcornocal adehesado para la montanera porcina. España. Primeras décadas de siglo XX
Antiguo edificio de la fábrica de la Armstrong Cork Company en Pittsburgh, (Pensilvania). Inaugurado en 1901.

El corcho andaluz, aun siendo de muy buena calidad, fue un producto secundario en la explotación de los montes hasta principios del siglo XIX, momento en el que paulatinamente comienza a crecer su demanda, hasta que a mitad de la centuria alcanza el punto de equilibrio necesario cómo para que su extracción genere movimiento económico desde el punto de vista empresarial e industrial. Ya por aquel entonces en Cataluña, la industria corchera y taponera tenía un arraigo que la empezaba a convertir no solo en zona productora y transformadora, sino también en demandante de materia prima, lo que unido a la demanda exterior de otros países del norte de Europa o los propios Estados Unidos, revalorizó el alcornocal de Andalucía.

Los propietarios privados (90 % de los montes) comenzaron a esquilmar sus propias masas, grandes fincas se vendieron o arrendaron y se comenzaron a subastar aprovechamientos de corcho en montes públicos. La elección de Sevilla como sede en el extranjero, por parte de la “Amstromg Cork Company” (actualmente Armstrong World Industries) en 1879 (una de las mayores compañías manufactureras de corcho a nivel mundial en la época) y la instalación en La Línea de la Concepción de La Industria Corchera por parte de Larios Hnos. en 1888, son prueba de este movimiento inversor. [nota 17]

En 1885 e impulsada por los casos en montes maderables que se iban dando, se suscribe la primera concesión en España para la ordenación de alcornocales públicos en Cortes de la frontera, Gaucín y Algatocín (Málaga), pero no es hasta 1890 tras la creación de la Sección Directiva e Inspectora de las Ordenaciones de Montes Públicos y la publicación de las Instrucciones para la Ordenación...[nota 3]​, cuando se disparan las peticiones. En la última década de la centuria se firman las concesiones de las grandes masas y en la primera del siglo XX se ordenan los pequeños predios restantes. Las primeras concesiones son para extensiones tan grandes, que en el propio pliego de condiciones se determina dividir el territorio en diferentes Proyectos de Ordenación, lo que dará lugar a grupos de montes con diferente recorrido administrativo, dasonómico y productivo. La legislación del momento y especialmente a partir de 1896 en que los proyectos podían ser realizados por ingenieros contratados por empresas privadas (los primeros los hicieron ingenieros del cuerpo en activo]]), permitió el control de las explotaciones por grandes compañías, [nota 18]​ de forma que entre 1885 y 1906, a efectos de este estudio, se hicieron 10 concesiones que implicaban 17 Proyectos de Ordenación diferentes.

Concesiones de Ordenación[editar]

Concesiones de Ordenación de alcornocales andaluces en montes públicos
Fecha (a/m/d) Ha. Titular Compañía Ingeniero Proyectos
1885 /04 /11 7951 Fernández Morlote, José María [nota 19] Peña y Nieto, Hijo de [nota 20] Castel, Carlos El Robledal, La Sauceda y Montes de Gaucín y Algatocín
1894 /08 /18 7790 Lameyer González, José Larios Hermanos Castel, Carlos Las Majadas de Ronda y Montes de Benarrabá
1897 /03 /11 7433 Fernández Morlote, José María [nota 19] Peña y Nieto, Hijo de [nota 20] Olazábal, Santiago Montes de Alcalá de los Gazules
1897 /03 /14 6359 Cortes y Velasco, L. Ricardo[nota 21] Larios Hermanos García-Blanco, José Montes de Jerez de la Frontera
1897 /03 /15 4170 LLoréns y Gascó, Antonio[nota 22] Larios Hermanos[nota 23] García-Blanco, José Montes de los Barrios
1897 /04 /08 8345 Lameyer González, José Larios Hermanos García-Blanco, José Montes de Algeciras y Montes de Tarifa
1897 /07 /01 1140 Valor y Valor, Juan[nota 24] - - Dehesa y Cucaderos
1902 /12 /11 294 Bohórquez y Rubiales, Rafael[nota 25] Fam. Bohórquez (Ubrique) Mackay, Enrique[nota 26] Lomas y Matagallardo
1906 /09 /29 732 Lameyer González, José Larios Hermanos García-Blanco, José Coto y Vega del Rio y La Cancha
1906 /10 /25 669 Arizmendi, Manuel [nota 27] Larios Hermanos García-Blanco, José Los Arenales y Pinar del Rey

1ª Concesión 11 / 04 / 1885[editar]

2ª Concesión: 18 / 08 / 1894[editar]

3ª concesión: 11 / 03 / 1897[editar]

4ª concesión: 14 / 03 / 1897[editar]

5ª concesión: 15 / 03 / 1897[editar]

6ª concesión: 08 / 04 / 1897[editar]

7ª concesión: 01 / 07 / 1897[editar]

8ª concesión: 11 / 12 / 1902[editar]

9ª concesión: 29 / 09 / 1906[editar]

10ª concesión: 25 / 10 / 1906[editar]

Primeras Revisiones: éxitos y polémicas[editar]

Grabado sobre los trabajos de la industria taponera, en la Enciclopedia Larousse Universal de 1922


Al cambiar el siglo, tras cinco décadas de la creación de los Cuerpos de Ingenieros en España (el de Montes en 1846), la administración y la opinión públicas vivían, en general, un momento de euforia sobre la labor que estas instituciones realizaban en beneficio del país. El Ministerio de Fomento se esforzaba en presentar los éxitos obtenidos en minas, caminos o montes, respaldado por toda una serie de publicaciones especializadas, en una estrategia muchas veces orientada a la acción política.

En el campo forestal, se ponían sobre la mesa el Catálogo de los Montes Públicos..., que había salvado a gran parte de estos de la desamortización, las repoblaciones, la recién creada Sección Hidrológica y por supuesto las Ordenaciones. Aunque en la primera década del siglo XX era pronto para tener resultados reales de tales trabajos (los tiempos del monte no son los mismos de que los las carreteras o infraestructuras), tan pronto se produjeron las primeras revisiones de los Proyectos y se generaron datos positivos, a veces sesgados,[nota 31]​ se publicaron a bombo y platillo.

En general, no se cuestionó el concepto silvicultural y técnico de las Ordenaciones, reconociéndose su importancia como herramienta de transformación y protección del monte, sus éxitos en prevención de incendios o en regularización de la renta, etc... Las críticas cuando llegaron, lo hicieron atacando los procedimientos regulados para las concesiones y subastas que facilitaban el monopolio de grandes compañías en el acceso a los predios públicos, los derechos de tanteo, los mecanismos de fijación de precios que hacían perder renta a los municipios propietarios, etc... Las críticas fueron más políticas que técnicas.

Los alcornocales andaluces y la decadencia ordenadora[editar]

En este contexto, los alcornocales andaluces entre los años 1907 y 1908, se convirtieron tanto en ejemplo de la política forestal, como en diana de sus adversarios. Con todas las concesiones posibles de ordenación de este tipo de masas ya resueltas, en realidad en aquel momento solo algunas se habían aprobado y estaban en ejecución (El Robledal y La Sauceda, Montes de Gaucín y Algatocín, Las Majadas de Ronda, Montes de Benarrabá, Montes de Alcalá de los Gazules y Montes de Algeciras) y de ellas, solo las tres primeras acababan de pasar la 1ª revisión. Sin embargo, al ser el corcho más rentable y de resultados más inmediatos que la madera y sobre todo, por el incremento que había sufrido el precio del corcho en las últimas décadas, unos y otros encontraron argumentos para hacer de estos montes centro de la polémica. [nota 32]

La oposición de muchos Ayuntamientos a la ordenación de sus predios por considerar que dañaban sus intereses, junto a la constatación tras varias décadas de regulación forestal, de la monopolización que se había originado por parte de las grandes compañías, motivó una nueva legislación en 1908 que limitaba la acción privada y aumentaba el control del cuerpo facultativo en todo la relativo a la explotación de los montes. La nueva regulación junto a la pronunciada caída del precio del corcho, lleva en la siguiente década, a un profundo parón en la iniciativa ordenadora y a una revisión de aquellos proyectos realizados en torno al cambio de siglo, más o menos rutinaria y en muchos casos orientada simplemente a desarrollar el Plan Especial de Aprovechamientos.

Aunque en 1930 se intenta una revitalización de la actividad forestal con la publicación de unas nuevas "Instrucciones para la Ordenación de Montes",[nota 33]​ la Guerra Civil y los años de la Dictadura, llevan a que no sea hasta los años 90 con la cesión de competencias a las Comunidades Autónomas, cuando se actualizan exaustivamente los viejos proyectos y se realizan aquellos que nunca llegaron a realizarse.

Algunos protagonistas[editar]

Carlos Castel[editar]

Carlos Castel y Clemente, nacido en Cantavieja el 4 de noviembre de 1845 . Ingeniero de Montes, 4º de la 16ª promoción (1868), sirvió al Estado en Valencia y Guadalajara como profesor y catedrático, pero pasó a calidad de supernumerario en 1884 al ser elegido diputado a Cortes por Mora de Rubielos, comenzando una actividad política que duraría hasta 1904.[58]​ Fue también empresario forestal, siendo el primero que llevó a la práctica la ordenación de montes en nuestro país,[nota 34]​ entre ellos los alcornocales de El Robledal, La Sauceda y los Montes de Gaucín y Algarocín en 1890. Fue director y un prolífico articulista de la Revista Montes.

José García-Blanco[editar]

José García-Blanco Romero nacido en Almadén el 25 de noviembre de 1865. Ingeniero de Montes, 1º de la 36ª promoción (1890), fue el ingeniero de montes que en activo y en la Sección de Ordenaciones de Málaga primero y como supernumerario de 1902 a 1914, realizó algunas de las más importantes ordenaciones de alcornocales públicos de Andalucía, de las que fue concesionario José Lameyer y compañía usufructuaria Larios Hermanos de Gibraltar.

Santiago Olazábal[editar]

El Cuerpo Nacional de Ingenieros de Montes, a petición de una comisión creada el 28 de junio de 1888, presentó a través de Santiago de Olazábal, una propuesta de reforestación masiva de las márgenes del río Lozoya.

Santiago Olazabal y Gil de Muro, nacido en Palencia el 26 de enero de 1857. Ingeniero de montes, 1º de la 32ª promoción (1886) e hijo del también Ingeniero de Montes Lucas de Olazábal y Altuna (el que fue coautor de las Instrucciones para el servicio de las Ordenaciones de los montes públicos[nota 3]​ y profesor de la asignatura en la Escuela Especial de Ingenieros de Montes).[nota 35]​ Tras unos primeros años de profesor en la Escuela Preparatoria previa a los estudios de ingeniero de montes, es destinado al Servicio Hidrológico Forestal del Tajo, más concretamente en la Comisión de repoblación de la cuenca del Lozoya. Desde allí realizó un renombrado estudio para sanear las aguas de este río, del que se servía de agua potable la capital.

Con el cambio de siglo se implicó empresarialmente en la realización de ordenaciones,[60]​ para lo cual pasó a Supernumerario y durante unos años realizó trabajos como el Proyecto de Ordenación de los Montes de Alcalá de los Gazules, u otros en la Sierra de Madrid. Pero no tarda en volver al servicio activo integrándose en Inspección de Ordenaciones, por lo que desde otro nivel administrativo, tuteló también aquellas que afectan a los alcornocales andaluces. A partir de 1914, pasada ya la euforia ordenadora y con los precios del corcho hundidos, Olazábal se integraría en la Escuela Especial de Ingenieros de Montes, de donde llegaría a ser director y donde coincidió durante dos décadas con García-Blanco, otro Ingeniero de Montes protagonista de este artículo.

Eladio Caro[editar]

Eladio Caro y Velázquez de Castro, nacido en Granada el 14 de febrero de 1875. Ingeniero de Montes, 2º de la 45ª promoción (1900), cuyo primer destino fue en Ordenaciones de Jaén, pero que acordó permuta a Ordenaciones de Málaga con José García-Blanco al año siguiente. [nota 36]​ Desde ese puesto, en el que permanecería casi dos décadas, se convierte en protagonista inevitable de este artículo, al ser el encargado de supervisar tanto la realización de ordenaciones, como su posterior ejecución durante la explotación de los montes públicos, en un periodo en el que los alcornocales de Málaga estaban comenzando el proceso. Cuando este joven ingeniero se hace cargo del departamento en 1901, El Robledal, La Sauceda y los Montes de Gaucín y Algatocín ordenados por C. Castel en 1890 y subastados en 1894 y 1896, estaban a punto de terminar su primer Plan Especial y ser revisados, los Montes de Benarrabá y las Majadas de Ronda habían sido ya regulados y se subastaron en mayo de 1902 y otros como Coto y Vega del Rio, La Cancha o Lomas y Matagallardo, acababan de empezar el proceso para ser ordenados.

A Eladio Caro se deben las primeras revisiones de los proyectos de Ordenación de El Robledal y La Sauceda y sobre todo, los primeros trabajos sintetizando científicamente sus resultados, artículos y trabajos que fueron ampliamente referenciados en las primeras décadas del siglo XX en el contexto valorativo de las Ordenaciones.

Enrique Mackay[editar]

El pueblo de Cazorla, donde Enrique Mackay trabajó, vivió, se casó y murió en 1974.

Enrique Mackay Monteverde, nacido en Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias) el 25 de enero de 1876. Ingeniero de Montes, 1º de la 43ª promoción (1898). Estuvo destinado en la Sierra de Cazorla durante 26 años (hasta 1924) muchos de ellos en Ordenaciones como jefe de la 2ª brigada de Jaén. A él se deben la ordenación de los principales montes de aquella sierra, una importante labor repobladora y la dotación de caminos e infraestructuras para la labor forestal. Hasta 1928 fue jefe del distrito forestal de Jaén y de ahí profesor de la Escuela Especial, sustituyendo a José García-Blanco como director de la misma en 1933.

Coautor de las Instrucciones para la Ordenación de Montes de 1930, al estallar la Guerra Civil era Inspector General del Consejo Forestal del Estado y uno de las más reconocidos expertos en ordenaciones del momento. Tras una dramática experiencia personal y familiar durante el conflicto armado, fue hasta su jubilación en 1946, objeto de depuración y rehabilitación en su puesto del escalafón, pero sin llegar a disfrutar de la confianza del régimen como para aportar a las nuevas políticas forestales todo lo que su experiencia le hubiese permitido.[63]

Aunque Enrique Mackay ordenó montes maderable y no alcornocales, es también protagonista de este artículo, al haber sido el autor de la Memoria previa a la concesión para su ordenación del monte Lomas y Matagallardo,[nota 26]​ por lo que si se hubiese llegado a realizar el Proyecto de Ordenación en lógica, habría sido el autor.

Manuel Fernández de Castro[editar]

Manuel M. Fernández de Castro y Vicente Portela, nacido en Cádiz el 28 de junio de 1875. Ingeniero de montes, 3º de la 47 promoción de 1902, cuyo primer destino fue en el Distrito Forestal de Granada. Tras un breve paso por la Brigada de Ordenaciones de Cádiz, es trasladado como Ingeniero Jefe del Distrito Forestal de Cádiz (1906) [nota 37]​ desde donde, entre finales del 1907 a principios de 1909, mantuvo una pública polémica[nota 32]​ en la Revista Montes criticando las Ordenaciones de montes. Es un claro ejemplo de aquellos Ingenieros de montes que levantaron la voz contra los mecanismos administrativos que favorecían la concentración de concesiones y subastas en manos de grandes compañías y una merma en las rentas de los municipios propietarios, haciendo además en su caso, de los alcornocales andaluces la diana de las críticas.

Larios Hermanos[editar]

Martín Larios y Herrera (1798-1873), fundador de Larios Hermanos de Gibraltar y posteriormente de otras empresas de la rama malagueña. I Marqués de Larios.

Larios Hermanos era una empresa con residencia en Gibraltar, que formaba parte de la rama gaditana (paralela a la malagueña) de la familia Larios, comenzada en las primeras décadas del siglo XIX por los hermanos Pablo y Martín Larios y Herreros y materializada en esta y en la empresa “Martín Larios Lasante y Cía”. radicada en Cádiz. La rama malagueña la establecieron los otros dos hermanos Manuel Domingo y Juan, creando la empresa “Manuel Domingo Larios y Hermanos” y sería quizás la más activa del grupo. Porque durante casi un siglo, esta familia logra crear un entramado económico que abarca actividades agrícolas (previa paulatina adquisición de grandes fincas), textiles, bancarias, ferroviarias, comerciales e industriales, un entramado con implicaciones políticas y que logra en 1865, la concesión del Marquesado de Larios en el tronco malagueño. Los Larios, independientemente del reparto de acciones que tenían los diferentes miembros en las diferentes compañías y empresas que fueron creando con el tiempo (Industria Malagueña S.A., Compañía del Ferrocarril de Córdoba a Málaga, Sociedad de vapores, Compañía de Seguros y Banco de Málaga, Sociedad Industrial y Agrícola de Guadiaro, etc), siempre actuaron de forma corporativa y esta fue sin duda, una de las claves de su éxito.

En torno a la década de 1870 se van produciendo los primeros relevos generacionales en la familia, coincidiendo con una etapa expansiva en sus actividades. Es en esos años, cuando la rama gibraltareña empieza a ser consciente de la rentabilidad que el aumento del precio del corcho daba a sus múltiples propiedades agrícolas, en las que las dehesas y alcornocales ocupaban bastantes hectáreas, de forma que cuando en 1888 consiguen el arriendo de la finca La Almoraima, deciden lanzarse a la producción industrializada de tapones.[nota 38]​ La puesta en funcionamiento de la fábrica “La Industria Corchera”, llevó a la empresa Larios Hermanos a crear en torno al corcho una importante logística e infraestructura en las provincias de Cádiz y Málaga, orientada a recuperar y canalizar la materia prima tanto de sus propiedades como de las arrendadas, o de los montes públicos sobre los que habían obtenido concesiones. Así por ejemplo, consiguen a través de sus influencias políticas, que en la construcción de la línea de ferrocarril se incluyan estaciones como la de la Almoraima o la de San Pablo (en la colonia San Pablo de Buceite, propiedad de los Larios), tenían depósitos permanentes de corcho por la sierra (como en Gaucín,[66]​ o contrataban abogados e Ingenieros de montes (como José Lameyer o José García-Blanco)...

La Industria Corchera[editar]

Vista de La Bahía de Algeciras. 1900. En la esquina de la izquierda se ve el Espigón de San Felipe de La Línea de la Concepción, donde estaba situada la fábrica de La Industria Corchera

“La Industria Corchera” fue el nombre de una fábrica de tapones inaugurada en 1888-89 en La Línea de la Concepción, propiedad de la empresa de Gibraltar Larios Hermanos y que en su época fue la más avanzada del sector en España, tanto en infraestructura y tecnología como en producción de tapones.[nota 39]​ Orientada básicamente a la fabricación de tapones (empleando unas 500 personas), también hacía “planchas” para otras fábricas (200 empleados más) o residuos para conglomerados (otros 20 empleos). Fue una apuesta empresarial arriesgada y a contracorriente (toda la manufactura taponera de la época estaba en Cataluña y Andalucía solo era productora), pero que se apoyaba en varios pilares estratégicos: el acceso al carbón (bueno y barato) de Gibraltar, el acceso a la materia prima de gran parte de los alcornocales andaluces, la salida a variedad de mercados del producto elaborado desde Algeciras, la línea de ferrocarril que cruzaba la Serranía de Ronda y sus propiedades, la mano de obra no cualificada y barata, etc...

El despegue de esta actividad taponera por parte de la familia Larios, fue un acelerante en su implicación en las concesiones de ordenación de montes públicos a partir de 1890, aunque ya era propietaria y arrendataria de grandes fincas y dehesas de alcornocales en Andalucía. Sin embargo, aunque todo empezó bien, al cambiar el siglo la actividad productiva de la fábrica decae y durante 12 años se reduce a preparar planchas de corcho o residuos, hasta que llega a cerrar en los primeros años de la década de 1910.[nota 40]​ Más allá de las causas del fracaso de esta fábrica ( incendios en la instalaciones, proteccionismo en los mercados de exportación, encarecimiento del carbón, fallos en el suministro de corcho, falta de acierto en la política comercial de venta del producto, comodidad empresarial,ect...), lo cierto es que en 1911-12, cuando dejó de funcionar definitivamente, solo algunos de los principales alcornocales públicos que habían caído en manos de Larios Hermanos, habían superado el primer decenio de explotación (Majadas de Ronda, M. de Benarrabá y M. de Algeciras), otros acaban de ser ordenados (M. de Tarifa, M. de los Barrios, La Cancha...) y otros sujetos a procesos judiciales o técnicos que habían impedido comenzar el proceso ordenador (M. de Jerez de la Frontera)

José Lameyer[editar]

José Lameyer con 16 años, pintado por su tío

José Lameyer González, (Madrid, 15 de agosto de 1860 - Madrid, 30 de agosto de 1915), hijo de Gerardo Lameyer y Berenguer (Director General del Tesoro Público ) y de Josefa González y Oleaga, pertenecía a una familia de origen alemán (de Bremen), venida a España a principios del XIX. Sobrino del pintor Francisco Lameyer y Berenguer, era abogado, hombre de negocios y jurista, siendo miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Aficionado a la encuadernación, atesoró una colección de ejemplares únicos que tras su muerte, fue comprada por el Rey Alfonso XIII[69]​ y en la actualidad reposa en la Biblioteca Nacional de España. Aunque trabajó en el bufete de Eugenio Montero Ríos, del que fue secretario particular, y diputado por Vélez-Málaga de 1905 a 1907,[70]​ fue en realidad un hombre muy activo en el campo de los negocios.[nota 41]

Dentro de su actividad como abogado destaca precisamente su relación con los Larios de Málaga y Cádiz, de la que fue apoderado en Madrid durante mucho tiempo, de la que tuvo apoyos políticos para sus candidaturas a diputado en la región y en coordinación con la cual obtuvo las concesiones de ordenación y explotación de gran parte de los alcornocales andaluces. Precisamente por esto, José Lameyer se convierte en un protagonista de todo este proceso, aunque es probable que en el tema del corcho actuara más como socio que como contratado de la compañía o las empresas de la familia.[nota 42]​ En cualquier caso, debemos pensar que ya a partir de 1910, el interés por el corcho de Larios Hermanos debió decaer bastante al cerrarse “La Industria Corchera”, destino final de su producción propia o arrendada, que la demanda internacional de materia prima se viene a cero durante la Primera Guerra Mundial y por último, que al morir Lameyer en 1915 todas las concesiones a su nombre sobre montes públicos, quedaban anuladas.

Notas / Ampliación del texto[editar]

  1. Estos decretos establecían que «los Ingenieros, en cuanto las demás atenciones del Servicio se lo permitan, procederán a la Ordenación científica de los montes», por lo que en la práctica, por falta de medios o personal, los estudios se iban posponiendo año tras año. Paralelamente aumentaba la demanda de empresarios particulares para explotar montes públicos y consecuentemente, la presión sobre la administración para que se hicieran esos estudios y se pudieran subastar sus recursos.
  2. En 1865 se abre la puerta tímidamente a la concesión de aprovechamientos y ordenaciones a particulares y durante los años 70 se conceden las primeras autorizaciones en Cazorla (1873), Valle de Aran (1877) o Ávila (1879)... Desde el primer momento se manifiestan las contradicciones entre los intereses empresariales que priorizan la explotación y los del Estado que lo que le interesa es ordenar previamente. Durante los años 80 del S-XIX el problema se sustancia y se polemiza, intentando la administración conducir la situación mediante condiciones expresas en los pliegos de condiciones de cada contratación particular, pero el desorden creado lleva a una nueva legislación.
  3. a b c d e Las Instrucciones para el servicio de las Ordenaciones de los montes públicos fueron elaboradas por los ingenieros que formaban la Sección Directiva e Inspectora de las Ordenaciones, Lucas Olazábal y Altuna, José Jordana y Morera y Luis Satorras, atendiendo tres aspectos: formación de los Proyectos de Ordenación, ejecución de los Proyectos de Ordenación y organización del Servicio de Ordenaciones. Sobre el primer punto establecía que estos debían constar de Inventario (Estado legal, Estado natural y Estado forestal del monte) y Ordenación (Cuarteles de corta, Secciones de ordenación, Especie arbórea, Método de beneficio, Turno de poda, Método de ordenación: ordenar transformando, etc...). Sobre el segundo punto establecía la distinción entre un Plan General de Aprovechamientos para todo el turno de transformación, y un Plan Especial, que había de regir durante el primer período del turno, y siempre en un período inferior a 12 años. En el tercer apartado se regulaba la forma de proceder del Ingeniero Ordenador en las relaciones con la Sección Directiva durante la elaboración del Proyecto de Ordenación y la del Ingeniero Ejecutor de la Ordenación durante la ejecución de la misma.
  4. Una vez adjudicada la ordenación, el Servicio Provincial de Montes tenía que proceder al deslinde y amojonamiento previo a la entrega de los terrenos al particular que iba a realizar los estudios, momento en el que comenzaría a contar el plazo de entrega de los mismos. Este lapso podía retrasarse bastante en función de si ya estaban deslindados y amojonados los montes o no, los recursos legales planteados por particulares o ayuntamientos, las subastas o Planes de Aprovechamientos Provisionales todavía vigentes, etc... En algunos casos los montes se entregaron en meses, en otros tardaron años (Montes de Los Barrios y de Tarifa) y hasta decenios (Montes de Jerez de la Frontera)
  5. ...el coste de los proyectos de ordenación. Este coste se determinará por lo que propongan el Ingeniero de Montes nombrado al efecto por la Dirección general de Agricultura, Industria y Comercio y el que designe el concesionario de los estudios. En caso de discordia, se nombrará un tercero, de acuerdo entre los dos expresados Ingenieros, y si a este acuerdo no se llegara, el nombramiento del tercer Ingeniero se hará por la Autoridad judicial correspondiente.
    Concesión para la Ordenación de las Majadas de Ronda (BOE 10/08/1894)
  6. Nos referimos a la falta de sincronía, denunciada ya en el momento en el que se ejecutaban los primeros proyectos de Ordenación, entre la confección del precio de los esquilmos, que se establecía en el momento de la confección de los estudios, y la celebración de las subastas, que solía producirse varios años después, sin que se tuviera en cuenta en ningún momento la revalorización experimentada por los mismos entre una y otra fecha. Es más, cuando los precios se fijaban por decenios o veintenios, la revalorización podía alcanzar cotas espectaculares... De esa plusvalía nunca llegaron a beneficiarse ni el Estado, ni los Ayuntamientos de los montes. Este era sin duda, el gran negocio privado...
    Eduardo Araque Jiménez[4]
  7. El derecho de tanteo y el pago del proyecto con sus intereses, constituye un arma tan tremenda en manos de quien ha hecho los estudios de aquél, que toda competencia es imposible; por eso se ve como regla general, que el concesionario de los estudios es quien queda como rematante por los tipos de tasación, que como precios iniciales para que sirvan de atractivo a la subasta son muy bajos, en comparación de los corrientes en el mercado, y de aquí que el pueblo propietario percibe solo parte de la renta que debía percibir.
    Manuel M. Fernández de Castro[5]
  8. Sobre los gastos que corrían a cargo del arrendatario previos a los beneficios y sobre la fiscalización que el Servicio de Montes ejercía sobre todos los trabajos realizados por este, José García-Blanco Romero, ingeniero de montes supernumerario contratado por la compañía corchera de Gibraltar, Larios Hermanos (de 1902 a 19014), a su vez concesionaria de la explotación de muchos de los alcornocales aquí reflejados, decía en 1908:
    El arrendatario paga el valor del proyecto y sus anejos de comprobación y Tasación, los de escritura y derechos reales, todo lo cual gravita con intereses sobre el precio hasta su completa amortización a fin del contrato; los de administración y dirección general técnica y administrativa y especiales a cada monte; la guardería y construcción en los montes de vivienda, almacenes, ect; los de descorche, transporte del producto a hombros hasta las pilas provisionales; rajado en panas y preparación para la carga en caballerías; apilamiento y custodia; transporte al lugar del peso; apilamiento nuevo por tranzones y días de saca; verificación del peso , y otro y definitivo apilamiento hasta que se termina el peso de todo el corcho del año; las contribuciones que al rematante se imponen por uso, (…) y entorpecimientos administrativos, especialmente los que derivan de la intromisión legal o ilegal de los pueblos (…) y por ultimo, para no cansar o abrumar más al lector en este punto, la situación a que los pliegos de condiciones reduce a los arrendatarios de la Ordenación de estos montes (véanse los pliegos de condiciones de Alcalá y Algeciras) á simples ejecutores de un constante mandato, bajo la vista de dos ingenieros y tres Ayudantes, con residencia permanente en los montes, y treinta individuos del personal de guardería, con la experiencia, para varios, de catorce años de continuas operaciones, dirigiendo personalmente la poda, árbol por árbol, limitando los desbornizos, despidiendo los obreros del arrendatario cuando muestran torpeza dañosa en los descorches, dirigiendo brigadas de obreros en toda clase de operaciones de mejora y, en una palabra, actuando sobre el personal obrero como si directamente fuera pagado por la Administración y por cuenta de ella se verificaran todas las operaciones y trabajos.
    José García-Blanco Romero[6]
  9. El corcho es la corteza del árbol que se extrae sin cortarlo, por lo que debe ser tratado como un fruto, lo que implica mayor complejidad en el tratamiento del monte al no tratarse solo de cortar y repoblar. Además, la capa suberosa se pela por primera vez a los 25 o 30 años (cuando alcanza un diámetro adecuado), dando un corcho llamado “bornizo” de muy mala calidad, por segunda vez a los 9 o 12 años (según el clima y humedad) dando un corcho “secundero” no del todo óptimo, y ya por fin una tercera pela a los 40 o 50 años en la que el corcho es óptimo para la manufactura. A partir de ahí se suceden las extracciones cada 9 o 12 años hasta la decrepitud productiva con 150 o 200. Por otro lado, su regeneración natural es difícil y sobre todo incompatible con el pasto y la montanera, tradicional uso de las dehesas y alcornocales andaluces y la artificial, complicada y laboriosa.
  10. Su estado al cambiar de tratamiento no podía ser más lastimoso: se notaba por todas partes la escasez de estrecha vigilancia; los pastores del ganado cabrío quemaban frecuentemente el monte para provocar la aparición de nuevos tallitos con los que alimentar a sus ganados (…); arbolado adulto castigado duramente, caduco y deforme; ausencia de arbolado joven que remplazase este (…); como consecuencia de todo ello, grandes extensiones de terreno rasas, completamente improductivas y con señales más que evidentes de empobrecimiento
    Eladio Caro[7]
  11. Tras una visita oficial de alumnos y profesores de la Escuela Especial de Ingenieros de Montes a Gerona en el verano de 1882 y la publicación de la respectiva memoria de mano de Primitivo Artigas (1885), la Junta Facultativa de Montes encarga a este la redacción de un manual recopilatorio y monográfico sobre el alcornoque y el corcho que facilitase la labor de los ingenieros a la hora de ordenar este tipo de masas. El autor, que ya había escrito en 1975 un pequeño texto sobre el tema (El alcornoque y la industria taponera), publica su trabajo en 1895 con el título Alcornocales e industria corchera acompañado de un Atlas de laminas y fotografías
  12. Y ello porque la máxima producción media (que determina el turno de la máxima renta en especie) no se llega a producir nunca hasta la decrepitud del rodal: cada árbol produce como mínimo igual superficie de descorche en la pela “n” que en la pela “n-1”, luego dicho parámetro es constantemente creciente, hasta la decrepitud física; este razonamiento lo extrapolaban al rodal, lo que con una adecuada práctica de claras no deja de ser cierto.
    Nicolás de Benito Ontañón[8]
  13. La ordenación del monte “Pinar del Rey y Dehesilla” (2008) constituye el primer acercamiento al método de ordenación por rodales que se ha acometido, con las actuales Instrucciones de Ordenación en la Comunidad Autónoma Andaluza, Comunidad cuyas primeras ordenaciones se remontan a hace más de un siglo. Es decir, durante más de un siglo han venido aplicándose a montes de carácter eminentemente mediterráneos, métodos de ordenación originalmente concebidos para ecosistemas norteuropeos. Esta aparente contradicción ha llevado con frecuencia al abandono de los Proyectos de Ordenación por imposibilidad de aplicación.
    Mª.D. Carrasco Gotarredona y R. Oliveira García[9]
  14. Todavía en 1989 se hablaba de los pocos estudios sobre el turno de descorche:
    Este aspecto está poco estudiado en España, y solo existe un trabajo en el que se hace una comparación económica entre turnos de 9 y 10 años para los alcornocales de la provincia de Caceres (Lombardero y Montero, 1980). La influencia del turno en la fisiología y en la vida media útil del árbol ha sido poco estudiada, pese a la importancia científica y económica que puede tener; solo conocemos un trabajo realizado en España por García-Blanco (1899) en el que se exponen y razonan numerosas ideas pero que carece de datos experimentales.
    G. Montero, J. de Zulueta y J.R. González-Adrados[10]
  15. Para centrar el problema CARO (1914) comienza diciendo que el alcornoque disemina de noviembre a enero, y en condiciones normales tarda la bellota pocos días en germinar, desarrollando una raíz fuerte y penetrante, mientras que el tallo no emerge hasta que la raíz tiene 10-12 cm o más. Las hojas cotiledonares se mantienen cargadas de nutrientes que van siendo consumidos por la plántula durante su desarrollo. En verano suele perder la parte aérea que brota con mayor vigor en la primavera siguiente. El matorral proteje a la plántula en sus primeras edades contra la insolación directa y la permite desarrollarse a su abrigo, pero pasados dos o tres años, cuando la planta ya ha arraigado, entra en competencia con ella, disputándole el agua y los nutrientes.
    G. Montero , E. Torres y I. Cañellas[11]
  16. García-Blanco en 1897, ideó y puso en práctica en los montes de Cortes de la Frontera, un sistema que podríamos considerar mixto entre siembra y plantación. Consiste en hacer germinar a las bellotas en una capa de tierra de 10-12 cm de grosor; cuando comienza a emerger la plántula se saca la bellota, que ya tiene una radícula 10-12 cm, y se planta directamente en monte en un hoyo previamente abierto, donde se coloca con sumo cuidado y se tapa con tierra, cuidando de que la radícula quede bien colocada y no se rompa. Este procedimiento permite arraigos superiores al 80 %, pero su ejecución requiere personal cuidadoso para no dañar la radícula o el tallo durante el transporte y las manipulaciones, a las que necesariamente hay que someter las bellotas germinadas hasta que son puestas en el hoyo definitivo. Por este procedimiento se repoblaron varias hectáreas en los citados montes, pero no tenemos noticia que se haya utilizado en otros.
    G. Montero , E. Torres y I. Cañellas[12]
  17. La Amstrong Cork Company era una compradora a gran escala en todo el mundo, propietaria también, pero con sus manufacturas en el continente americano (Pittsburgh, Pensilvania), por lo que no pareció muy interesada en implicarse en los complicados procesos administrativos y técnicos que suponían el acceso a la materia prima de los montes públicos cuando se legisló su ordenación previa. “La Industria Corchera” era una aventura empresarial a gran escala de fabricación mecanizada de tapones, orientada a la exportación, que necesitaba asegurarse el acceso a la mayor cantidad de materia prima local, para hacer rentable su actividad, y que pese a ser propietaria de extensos alcornocales con los que abastecerse, estuvo detrás de la mayor parte de las ordenaciones objeto de este artículo.
  18. a b El equipo Larios Hnos. (compañía corchera y taponera), José Lameyer González (abogado y negociante con implicaciones políticas) y José García-Blanco Romero (Ingeniero de la Sección de Ordenaciones de Málaga, 1895-1901 y Supernumerario después, 1902-1914), coparon el mayor número de concesiones para su ordenación y posterior explotación (6 de 10), con casi 30.000 ha.
  19. a b c d e f g José María Fernández Morlote pertenecía a una familia natural de Alar del Rey, Palencia[13]​ y estudió en el Instituto Provincial de 2ª Enseñanza de Santander.[14]​ Instalado en Sevilla, fue durante muchos años gerente de la empresa Hijo de Peña y Primo y Compañía”,[15]​ empresa dedicada al comercio mayorista de todo tipo, así como consiliario de la Compañía del Guadalquivir (subsidiaria de la primera) mientras existió (de 1866 a 1891). También fue administrador de la sucursal en Sevilla del Banco de España de 1891 a 1893[16]
  20. a b c d Hijo de Peña y Primo y Compañía era una sociedad de comercio mayorista radicada en Sevilla, [17]​ con una amplia gama de intereses, como por ejemplo ser los representantes en la ciudad de Vapores Correos del Marques de Campo (con líneas para Asia, África, América y Oceanía).[18]​ Especializados en productos coloniales, agrícolas y forestales, su interés por el corcho debió crecer en paralelo al aumento de su precio en el último cuarto del siglo XIX, hasta el punto de ser los primeros (a través de su gerente José María Fernández Morlote) en solicitar permiso para ordenar un alcornocal público en 1885 (El Robledal y La Sauceda). Años después, en 1897 y con la explotación de estas ya en marcha, consiguen la concesión para ordenar otra gran masa de alcornocal en la zona: los Montes de Alcalá de los Gazules.
  21. a b c Luis Ricardo Cortés y Velasco, madrileño, primer redactor taquígrafo del senado y fundador de la "Federación Taquigráfica Española", fue también director de la revista “El mundo Taquigráfico” y catedrático de Taquigrafía del Instituto Cardenal Cisneros de la capital.[19]​ Escribió entre otras “La moderna taquigrafía española” que fue declarada de utilidad pública para la enseñanza en 1906. A finales de la década de 1890 (como hicieron otros muchos funcionarios ante las nuevas legislaciones) solicita y obtiene la concesión para hacer el Proyecto de Ordenación de los montes de propios de Jerez de la Frontera, que vende a la compañía de Gibraltar, “Larios Hermanos” por 1000 pesetas[20]
  22. a b c d Antonio Llorens y Gascó, natural de Castellón de la Plana, era maestro y propietario de una escuela privada en esa ciudad[21]​ y llegó a ser Secretario de la Junta de Provincial de Instrucción pública.[22]​ Aunque obtiene la concesión para ordenar los montes de Los Barrios en 1897, su incursión en la explotación de montes parece ser tan especulativa y breve como la de otros coetáneos. El Proyecto de Ordenación, término haciéndolo el equipo de Larios Hermanos una década después.
  23. a b c
    La Real orden de 26 de Febrero de 1896 concedía el aprovechamiento de los montes de Los Barrios á D. Antonio Llorens, natural de Cataluña, el cual cedió la concesión al Sr. Lameyer, administrador de los Sres. Larios, recayendo para ello la soberana disposición de 1º de Julio de 1897.
    El corresponsal[23]
  24. a b c Juan Valor y Valor era un comerciante e industrial malagueño de tamaño medio (en 1907 pagaba 100 pts. a la comisión de festejos de la ciudad, donde el rango estaba entre 2 y 500 pts.[24]​), que había heredado en 1871 de su padre, Juan Valor y Pérez (natural de Alcoy, de familia de tradición papelera e instalado en Málaga y Mijas en la década de 1830[25]​) rentas y propiedades inmobiliarias en la provincia[26]
  25. a b c d Rafael Bohórquez y Rubiales era el menor de 4 hermanos, un empresario agrícola y forestal, que solicita la concesión para ordenar el pequeño monte de Lomas y Matagallardo, cuando ya las grandes masas habían sido concedidas:
    Los cuatro hermanos Bohórquez Rubiales: Bartolomé, varias veces diputado a Cortes por Grazalema, y Fermín, senador en 1919, junto con José, diputado provincial en 1907. Finalmente Rafael, quien en 1911 es vicepresidente del Gremio de Labradores de Jerez, institución repre sentativa de los intereses agrarios de la zona.
    Ana Rodríguez Gaytán de Ayala[27]
  26. a b c Enrique Mackay Benavente era un joven ingeniero destinado en la Sierra de Cazorla en 1902 y aunque nunca llegó a ordenar alcornocales entre los muchos proyectos de ordenación que realizó, si que fue el autor de la Memoria que facilitó la concesión a Rafael Bohórquez para ordenar el monte Lomas y Matagallardo.[28]​ Probablemente, habría realizado también el Proyecto de Ordenación, pero este nunca llegó a realizarse.
  27. a b Manuel Arizmendi Simancas, abogado madrileño, doctor y catedrático de derecho, fue director de La Gaceta de los Tribunales y diputado provincial por Madrid. Cuatro años después de terminar sus estudios, en 1903, solicita permiso previo y presenta las Memorias para poder ordenar los montes Los Arenales y Pinar del Rey, pero cede la concesión en 1906 a Larios hermanos, lo cual se entiende mejor si pensamos que era un abogado “discipulo” o “satelite” de Lameyer: algún tipo de relación debían tener porque este firmó como testigo en la boda del joven en 1905[29]
  28. a b c Los números con los que se referencian los montes de cada grupo en los decretos para la ordenación y las subastas, estaban referidos al Catálogo de los Montes y demás terrenos forestales exceptuados de la desamortización por razones de Utilidad Pública (1864- revisado 1901), que iba numerado por Provincias. En este caso Málaga.
  29. En algún momento entre la concesión para ordenar los montes y la subasta de los primeros aprovechamientos, el equipo Larios-Lameyer debió comprar a "Hijo de Peña y Primo" la opción a la subasta, porque durante el primer decenio José Lameyer aparece citado como "arrendatario de los productos ordenados de los montes <<El Robledal>> y <<La Sauceda>>, de Cortes de la Frontera, y de los de Gaucín y Algatocín..." (1900, Revista Montes[30]​)
  30. a b c d e f g Los números con los que se referencian los montes de cada grupo en los decretos para la ordenación y las subastas, estaban referidos al Catálogo de los Montes y demás terrenos forestales exceptuados de la desamortización por razones de Utilidad Pública (1864- revisado 1901), que iba numerado por Provincias. En este caso Cádiz.
  31. Como puede comprobarse, el incremento de los rendimientos económicos resultó mucho mayor en los montes maderables (326,4 %) que en los montes poblados de alcornoques (275,7 %); (…) En los primeros, el mayor incremento se registró en dos de los montes de la sierra de Segura: Demarcaciones de la Sierra, donde el rendimiento creció en un 4.958 %, y Río Madera y anejos, donde se registró un incremento del 1.299 %. Dentro de los alcornocales los mayores incrementos tuvieron lugar en los dos grupos de Cortes de la Frontera: La Sauceda (951 %) y El Robledal (511 %). Resultados tan sorprendentes sólo pueden entenderse si se tiene presente que con anterioridad a la entrada en vigor de los proyectos de ordenación muchos de los aprovechamientos eran gratuitos o casi gratuitos por haberse establecido así en el momento de asignarse los montes a los municipios, o en cualquier otra época posterior. En alguna ocasión los proyectos respetaron esas servidumbres ancestrales, pero lo habitual fue ofrecerlos en almoneda al mejor postor.
    Eduardo Araque Jiménez[56]
  32. a b Cuando a finales de 1907 tiene lugar una reunión de municipios de la provincia de Soria en la que se debate sobre la política de ordenación de montes y sus intereses particulares, las reivindicaciones que salen de aquella, sirven para argumentar el artículo Una Asamblea, publicado en la Revista Montes por el Ingeniero Jefe del Distrito Forestal de Cádiz, Manuel M. Fernández de Castro, que enciende una serie de escritos cruzados con el ingeniero supernumerario que trabajaba para la compañía Larios Hnos., José García-Blanco Romero, que son buena muestra del clima que se vivía. La discusión pública y publicada entre estos dos Ingenieros grandes conocedores del tema y sus circunstancias, pese a caer frecuentemente en complicados cálculos engorrosos que no llevan a conclusiones y en inoportunas descalificaciones personales, aporta abundantes datos y pormenores sobre todo el proceso objeto de este artículo. Cuando el caso alcanzó notoriedad en el cuerpo y comenzó a adquirir tintes desagradables, intervino con un amenazante artículo el abogado José Lameyer González (también apoderado de la Larios Hnos. y con importantes contactos políticos), con el expeditivo título Fin a la polémica sobre la Ordenación de Alcornocales, que parece consiguió sus objetivos.
  33. Estos criticaban una tendencia demasiado centroeuropea de las Instrucciones, orientadas a producciones de monte alto en masas monoespecíficas. La realidad de los montes españoles era bien distinta. En las Instrucciones de 1890, OLAZÁBAL propugnaba métodos de corta continua, tendente a obtener rodales con pies de edad uniforme, ya que en su opinión permitía alcanzar mayores rendimientos. EZEQUIEL GONZÁLEZ VÁZQUEZ no estaba de acuerdo con esta concepción meramente productora, ya que, según experiencias de ordenación, había observado que la mayor producción tenía lugar cuando las masas eran irregulares y se trataban con cortas discontinuas o de entresaca, que a su vez permitían una regeneración natural más abundante y, en algunos casos, la restauración de la vegetación perdida. Las viejas Instrucciones de 1890 fueron sustituidas por las de 1930. Fueron redactadas por los ingenieros PABLO COSCULLUELA, MARCELO NEGRE Y ENRIQUE MACKAY, siendo presididos por OCTAVIO ELORRIETA, por entonces Director General de Montes. A diferencia de las anteriores Instrucciones, se contempla el término comarca de explotación, en la que se incluyen tanto montes públicos como privados, mientras que las de OLAZÁBAL sólo estaban orientadas a montes públicos. Las notables diferencias entre ambas Instrucciones se amplían con la concepción de aprovechamientos forestales más amplia que la meramente productora de madera, acomodándose de esta manera a la realidad de los bosques mediterráneos. Se dio importancia al monte medio y bajo, y se introdujo el concepto de montes reservados por sus beneficios indirectos.
    Colegio y Asociación de Ingenieros de Montes[57]
  34. Actuó como empresario en el ramo forestal creando un servicio privado -una vez en situación de supernumerario por ocupar cargo de Diputado- dedicado a la elaboración de planes de Ordenación de Montes, planes que fueron además de los primeros que se confeccionaron en España. La provincia de Segovia fue quizá en la que con mayor intensidad trabajó Castel.
    Antonio Morcillo San Juan[59]
  35. Lucas de Olazábal y Altuna, forestal que implantó el Servicio de Ordenación de Montes en España y que supo defender con tenacidad las ideas de que el monte era, no solo un cultivo rentable, sino un protector de la humanidad. Siempre defendió la necesidad de la repoblación. Transmitió sus conocimientos dasonómicos a muchas promociones posteriores de Ingenieros y levantó su voz en contra de la desamortización forestal en el Congreso de los Diputados, en las revistas profesionales y científicas y en diversos diarios de la nación, cuestión esta que le costó la jubilación anticipada.
  36. La permuta de destinos entre Eladio Caro y José García-Blanco,[61]​ además de que ya de por sí es algo pactado, parece un movimiento estratégico del equipo Larios – Lameyer[nota 18]​ para situar en Ordenaciones de Málaga a alguien concreto y de cara a facilitar el control de la explotación de montes públicos en la provincia. Hay que señalar, que García-Blanco, que estaba en ese destino desde 1896, nada más concederse la permuta, solicita el pase a Supernumerario[62]​ para trabajar con la compañía de Gibraltar, intercambio de puestos previo innecesario, que solo se explica con la intención de situar allí a alguien seleccionado.
  37. El fugaz paso de Manuel M. Fernández de Castro por Ordenaciones de Cádiz, es comentado por García-Blanco en la agria polémica que mantuvieron en 1907 sobre las Ordenaciones,[64]​ sugiriendo que su traslado se debió a “problemas no muy claros” y que su actitud sobre el tema se debe al “resentimiento personal” por no haber podido permanecer en ese servicio.
  38. ...el arriendo por doce años de la hacienda de Castellar al conde de Estrada firmado en abril de 1888. La hacienda en cuestión, formada por un grupo de quince dehesas, no es otra que la conocida finca de la Almoraima, el mayor latifundio de España, con más de 15.000 hectáreas, cuya producción de corcho por cada saca era estimada por Borrallo en 276.000 quintales métricos, es decir, 30.667 al año, equivalentes al 44 por ciento de las necesidades estimadas de la fábrica. Este contrato, en el que tanto debió de influir la habilidad y los contactos de Ricardo Larios, lo considero concluyente para que la rama gibraltareña de los Larios se decidiera a entrar en el negocio de la transformación de corcho. Así lo indica el que, al mes siguiente de su firma, Pablo Larios Sánchez adquiriese la primera parcela de los terrenos sobre los que se levantó la fábrica del espigón de San Felipe.
    J. Ignacio Jiménez Blanco[65]
  39. (...) se dotó a la fábrica de dos máquinas de vapor (de 90 y 150 caballos) y tres calderas de vapor (una de 60 caballos y dos de 100). La fábrica contaba además con un servicio de lucha contra incendios integrado por una bomba a vapor cuádruple, capaz de proporcionar 200 litros por minuto, y una bomba portátil de 300 litros por minuto, aparte de mangueras, cubos y otros trebejos necesarios. La fuente energética utilizada por este conglomerado de máquinas era el carbón mineral. Parte de esta energía se destinaba a alimentar tres dinamos, que proporcionaban electricidad a 300 bombillas y 16 bujías; otro signo de modernidad, pues se trata de la primera vez que se utilizó luz eléctrica en la zona. (…) Como se ve, la fabricación de tapones, según la tenía organizada la Industria Corchera, dependía en gran medida del trabajo mecánico y de fuentes energéticas inanimadas, frente a la manufactura de tapones, en la que el protagonismo correspondía al trabajo humano y a la habilidad del artesano... Por ello cabe calificar esta experiencia como pionera e innovadora.
    J. Ignacio Jiménez Blanco[67]
  40. De lo dicho hasta aquí cabe inferir que la fábrica linense estaba en una excelente situación para triunfar en el negocio corchero. (…) Este cúmulo de ventajas acrecienta la perplejidad ante la corta vida de la Industria Corchera: en total unos 24 años, pero el lapso se reduce a la mitad si atendemos a la actividad principal para la fue creada, a saber, la elaboración de tapones; durante el resto languideció dedicada a la preparación de planchas, que otros acabarían transformando. En suma, un rotundo fracaso.
    J. Ignacio Jiménez Blanco[68]
  41. Como ejemplos de la variopinta actividad de José Lameyer González, se puede señalar que en 1890 figura como representante de la “Fábrica de azúcar Nuestra Señora de la Cabeza” de Motril, o Vocal del Consejo de Administración de la “Sociedad Española de piedra-vidrio y construcciones Garche”. En 1891 figura como opositor a la Cátedra de Historia general del Derecho español, vacante en la Facultad de Derecho de la Universidad Central[71]​ y en 1898 acude como secretario particular de Garnica a la comisión de París para negociar la paz España - EEUU.[72]​ En 1902 obtiene una autorización para instalar en Marín 2 depósitos de Carbón flotantes[73]​ y en 1904 figura como miembro del consejo de Administración de la Sociedad Eléctrica del Miño en 1904, creada para la construcción del tranvía de Mondariz a Vigo[74]​ En el verano de 1905 se encuentra despachando con el Rey en San Sebastián y en calidad de secretario particular de Montero Ríos,[75]​ ect...
  42. Lameyer era un abogado de Madrid que debía de moverse bien en los entresijos de la burocracia del Ministerio de Fomento, quien estaba apoderado por los Larios para gestionar diversos asuntos en la capital del reino (AHPC, Protocolos, legajos 108, 132 y 137). Pero de aquí no cabe concluir que fuera su subordinado, pues también ocurría que los Larios estaban apoderados por Lameyer para gestionar sus intereses en la zona del Campo de Gibraltar y aledaños (Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, legajo 37.747), como por ejemplo todo lo relativo a la gestión de los montes de Cortes; y las concesiones de ordenación estaban en definitiva a nombre de Lameyer. Da la impresión de que se trataba de una relación de igual a igual, o al menos no de dependencia.
    J. Ignacio Jiménez Blanco[76]
    En este sentido, también el ingeniero de montes que formó parte del equipo de Lameyer en todo el tema de los alcornocales, José García-Blanco, reconoce que la ordenación de los montes públicos caídos bajo la órbita de los Lariosno se hizo por contrata[77]

Bibliografía[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]

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  3. Artículo de la Revista Montes, n.º 586, 1901, pp: 283-296 Anónimo
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