Numa Pompilio Llona

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Numa Pompilio Llona
Numa Pompilio Llona (perfil).jpg
Numa Pompilio Llona en 1884.
Información personal
Nacimiento 5 de marzo de 1832
Guayaquil
Fallecimiento 4 de abril de 1907 (75 años)
Guayaquil
Nacionalidad  Ecuador
Familia
Cónyuge Lastenia Larriva Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Educado en Universidad Nacional Mayor de San Marcos Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Escritor
Empleador Universidad de Guayaquil Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Poesía y periodismo

Numa Pompilio Llona y Echeverri (Guayaquil, 1832 - Ibídem, 4 de abril de 1907) fue un poeta y filósofo ecuatoriano. Hijo de Manuel Leocadio de Llona y Rivera, abogado, prócer de la independencia del Ecuador y suscriptor del acta de Independencia de Guayaquil; y de Mercedes Echeverri Llados.

Biografía[editar]

Numa Pompilio Llona c. 1890.

Su padre fue José L. Llona y su madre doña Mercedes Echeverry. En 1836 cursó su educación primaria en Cali, en el Colegio Santa Librada. Años más tarde haría sus estudios secundarios y superiores en Lima, graduándose de abogado en la Universidad de San Marcos, en la que ocupó la cátedra de estética y literatura general. Según Rafael Peña, Llona escribiría ya sus primeros versos cuando tenía 11 años.[1]

Se desempeñó como diplomático en España, Francia, Italia y Colombia; e intimó con célebres poetas, escritores como Víctor Hugo, George Sand, Alphonse de Lamartine, Cienfuegos Manzini, Núñez de Arce, Leopardi y otros. Desarrolló su carrera como cónsul en España desde 1860 hasta 1862. Años más tarde en 1864 sería secretario del Congreso Americano reunido en Lima. Dos años después, el 2 de mayo de 1866 presidió en Francia e Italia la construcción de un monumento que ahora se encuentra en el Callao, en Perú. Más adelante, en 1880 fue nombrado director del Instituto Nacional de Bellas Artes, Letras y Monumentos, así como también miembro del Consejo Superior de Instrucción Pública. Tres años después regresó a Ecuador con su esposa, Lastenia Larriva de Llona. Fue nombrado rector de la Universidad de Guayaquil. Asimismo, fue subsecretario del Ministerio del Interior y de Relaciones Exteriores, mientras que en Colombia lo nombraban Rector de la Universidad de Popayán. Sin embargo como ya había aceptado el rectorado en la Universidad de Guayaquil tuvo que renunciar a los otros dos cargos. No obstante, esto es muestra del prestigio que tenía en esos dos países que querían que su biografía incluya su paso por su territorio. Poco tiempo después, el gobierno de Ecuador le encomendó la dirección de la Escuela Nacional de Bellas Artes y Oficios de Quito. Fue Ministro Plenipotenciario de Ecuador en Colombia. A su regreso a Ecuador fue nombrado como Rector del Colegio Nacional San Vicente del Guayas desde agosto de 1886 hasta 1888. Durante el siguiente siglo y ya al final de su vida, en 1904 fue coronado poeta laureado de la citada Universidad de Guayaquil por la poetisa Dolores Sucre.[1]

A través de sus viajes logró publicar sus poemas en varios países de Europa como fue el caso de Cantos americanos en París en el año 1865, Nuevas poesías y escritos en prosa en Suiza en el año 1870, y por último Noche de dolor en las montañas en Italia en 1872.[1]

También destacó como periodista siendo redactor del diario El Comercio de Perú desde. 1854 a 1859. Además colaboró en la redacción de La América, El Americano y La Alborada, en París, Bruselas y Lima respectivamente.[1]

Dos poemarios suyos fueron editados y pasaron a la historia con gran popularidad, el primero es interrogaciones, publicado en 1881 en la ciudad de Lima, en la imprenta el universo,[2]​ y el segundo fue la estela de una vida, publicado en Paris bajo la editorial hermanos Garnier en 1893.[1]

Poemario Interrogaciones y La odisea del Alma[editar]

Es el poemario que contiene su obra filosófica que incluye ocho poemas importantes dentro de su carrera con temática metafísica que son: Los Caballeros del Apocalipsis, Semejanzas, Canto de la vida, Las ilusiones perdidas, Noche de dolor en las montañas, La naturaleza, El amor, y La odisea del alma. La publicación se completa con varios artículos de interés publicados en revistas de Paris, Londres y Florencia, así como juicios críticos sobre su poesía que ayudan a interpretar el significado de su obra. También se destaca una carta de Victor Hugo dirigida a Llona en donde lo destaca como poeta, lo que lo separaba del resto de escritores por su fama internacional que había conseguido en Europa, a diferencia de muchos autores que solamente eran conocidos en el interior de ese país. Su poema La odisea del alma fue bien recibida por la crítica tanto en Lima como en Alemania. Consta de versos endecasílabos que se distribuyen en quintetos a lo largo de cuatro capítulos. Narra, como su título indica una odisea en donde se destaca el viaje del alma hacia el pasado, la infancia, ensueños, los juegos olímpicos de la vida, aspiraciones, el regreso a la realidad, la historia íntima, la existencia, el presente, el combate diario, la desolación, el anfiteatro del mundo, y termina con el grito supremo. Es probablemente su poema más importante con cerca de 775 versos que describen el viaje del alma a lo largo de la vida, a través de la odisea de volver finalmente a casa. También destacado fue su poema Noche de dolor en las montañas donde siguiendo el romanticismo metafísico que caracterizó la poesía del siglo XIX, especialmente en Alemania, narra una experiencia existencialista de sentir la noche, las estrellas, el sentido de la vida y el dolor. Desarrolla la simbología de la luna, el mar y las montañas. También destacado fue la presentación de los fragmentos de su poema Canto a la vida en este libro, donde desarrolla todavía más el tema existencialista ante el viaje de vivir en este mundo y tener que enfrentar la muerte ante la fugacidad del tiempo.[2]

Poemario La Estela de una Vida[editar]

La versión más completa publicada de sus obras se tituló La Estela de una Vida. Allí se presentaron algunos poemas anteriormente incluidos en Interrogaciones pero se completó sus publicaciones con un listado más abundante de poemas así como la crítica de varias personas importantes de la época, dentro de lo que destaca Marcelino Menéndez y Pelayo quien agradeció el haber recibido tres poemarios de Llona, destacó sus sonetos y calificó a su autor como el mejor versificador castellano de nuestros tiempos. A pesar de que diferían en sus concepciones filosóficas, especialmente el pesimismo de Llona que chocaba con la fe de Pelayo, esto no impidió que lo destacara como un gran poeta dentro de un género casi nuevo en esa lengua. Lo destacó como autor por su pensamiento, riqueza en la descripción y habilidad poética. Además se presenta en ese volumen una serie de poemas dedicados a Llona por Rafael Obligado, Honorato Vásquez y Luis Cordero.[1]

En este poemario además de sus obras filosóficas se incluye también su poesía patriótica que incluye Canto del porvenir, Las tomas de las islas de Chincha, que fue publicado inicialmente el 14 de julio de 1864 y lo muestra como un poeta épico de gran capacidad para versificar, lo sigue Al corneta de Huáscar, un Himno al nacimiento de Bolívar, un poema al Diez de Agosto, fecha en la que fue el primer grito de la independencia de Ecuador.[1]

El libro termina con una serie de poemas juveniles A la memoria de su padre, A la muerte de Jesús, a La bajada de Jesucristo a los infiernos, la Resurrección, A un emigrado político, entre otras obras identificadas bajo la etiqueta de poemas diversos. [1]

Contexto histórico de La toma de las islas de Chincha[editar]

Por su serie de poemas patrios, fue considerado como el continuador de José Joaquín de Olmedo, debido a su estilo neoclásico que muestra en ellos, por la facilidad para versificar y la extensión de sus poemas. Sus dos principales poemas en este género fueron Canto del porvenir y La toma de las islas de Chincha. El segundo fue explicado a través de una serie de notas por su autor, en su obra La estela de una vida. Ahí narra cómo los versos habían sido escritos en el pueblo de Chorrillos, a la orilla del mar, muy cerca de Lima. Desde ahí se podían ver varias montañas escalonadas que formaban parte de la cordillera de los Andes y que formaban un semicírculo a manera de un anfiteatro inmenso y que sirvieron de inspiración como escenario de la batalla frente a la escuadra de España que se había apoderado sorpresivamente de esos territorios. Este poema narra los dichos sucesos desde julio de 1864, un año antes de que empezara la guerra entre las repúblicas americanas aliadas contra España. Años más tarde, en 1868, se acabaría el conflicto con una reconciliación.[1]

Obras literarias[editar]

Calle Numa Pompilio Llona en el barrio Las Peñas, Guayaquil.

Entre sus obras literarias se encuentran diversos temas sobre los acontecimientos y circunstancias de la vida. Escribió sobre asuntos religiosos y patrióticos, estéticos y filosóficos. Buscaba los temas y los lectores. Su obra se divide en tres etapas: la primera caracterizada por su patriotismo, sentido religioso y tristeza ante la muerte, la segunda con características eróticas o amatorias, la tercera con una marcada imprenta filosófica que lo haría ganarse el reconocimiento y fama.[1]​ Como listado de sus obras encontramos:

  • Cien sonetos nuevos
  • Interrogaciones
  • Amor supremo
  • Himnos, dianas y elegías patrióticas y religiosas
  • De la penumbra a la luz
  • Cantos americanos
  • Nuevas poesías
  • Artículos en rosa
  • Noches de dolor en las montañas
  • Canto a la vida
  • Odisea del alma
  • Clamores de Occidente
  • El gran enigma
  • Grandeza moral
  • La bandera del Ecuador

Recepción de su vida y obra[editar]

Numa Pompilio, durante su vejez

Numa Pompilio Llona tuvo mucha popularidad durante su vida, a lo largo del siglo XIX y a inicios del XX. Victor Rendón le dedicó un poema en su libro "Encantamientos patrios",en donde lo describe como el sucesor de José Joaquín de Olmedo y hace honor al barrio que lleva su nombre en la ciudad de Guayaquil.[3]

Heredero de Olmedo[editar]

Debido a los continuos viajes que marcaron su vida, Llona es un poeta que fue reclamado en su momento por tres países simultáneamente: Ecuador por su origen, en la ciudad de Guayaquil, su carrera en la Universidad homónima y sus desempeño como diplomático, Colombia porque en ese país vivió su infancia en la ciudad de Cali, y por último Perú porque ahí terminaría sus estudios en la ciudad de Lima y tendría una parte de su carrera diplomática. Esta coyuntura lo convirtió en un poeta regional más que nacional, en pleno siglo XIX durante una época en la que reinaban los nacionalismos, por lo que esto no era muy frecuente. Antes fue normal que autores como José Joaquín de Olmedo se conozcan de forma regional puesto que el proceso de independencia trascendió a cada país. Lo mismo al final de ese siglo ya que a través del modernismo y el arielismo, a partir de la prosa de Rodó y el verso de Darío toda América Latina se uniría a partir de su lengua. Sin embargo Llona vivió entremedias, cuando todavía se estaban definiendo los límites y los conflictos eran patentes. Sin embargo, a través de su vida lograría concentrar la atención de los tres países en los Andes, y su reconocimiento llegó hasta Europa.[1]​Su poesía patriótica fue muy importante, especialmente La toma de las islas de Chincha, que lo vincula definitivamente con la historia literaria de Perú, país al que debió mucho de su reconocimiento no solo por su carrera como diplomático sino por las ediciones de sus obras que ahí se hicieron. En Ecuador por su parte, siendo contemporáneo al otro gran poeta del siglo XIX, Juan León Mera, sus versos dedicados a temas políticos sirvieron de puente entre la poesía lírica de José Joaquín de Olmedo con los versos de Remigio Crespo Toral.

Sentido y trascendencia de su poesía filosófica[editar]

Su poesía filosófica es una importante contribución que lo incluye dentro de una tradición de poetas similares en Ecuador que inicia en el siglo XVIII con Bautista Aguirre y su existencialismo en su conocido poema Carta a Lizardo, continúa con el durante el siglo XIX con la obra del autor de marras y prosigue en el siglo XX con la poesía esotérica de César Dávila Andrade como Espacio me haz vencido y Oda al Arquitecto. También sigue en la misma tradición Gonzalo Escudero, al igual que Noches de dolor en las montañas, dedicó uno de sus principales escritos a la simbología de la noche, titulado Altanoche, en cuatrocientos versos. Esto se desarrolla aún más con la épica de José Rumazo González quien reelabora en Parusía los temas que habían formado parte de los escritos de Llona especialmente en el poema titulado Los Caballeros del Apocalipsis. También elaboró Rumazo versos con motivos metafísicos en Proa y Altamar, que recuerdan La Odisea del Alma o Noches de dolor en las montañas.

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c d e f g h i j k Llona, Numa Pompilio (1893). La estela de una vida: poemas líricos de Numa P. Llona. Garnier hermanos. Consultado el 3 de diciembre de 2022. 
  2. a b Llona, Numa Pompillo (1881). Interrogaciones: Poemas filosóficos. Consultado el 2 de diciembre de 2022. 
  3. Rendón, Víctor (1929). Encantamientos patrios. Consultado el 3 de diciembre de 2022.