Nombre español

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El nombre español o la forma española del nombre puede referirse a:

Países que integran la Hispanidad

Construcción del nombre propio en la cultura hispánica[editar]

La manera característica de construir el nombre propio de persona en España y los países de cultura hispánica, que consiste en hacerlo de la siguiente manera:

  • En primer lugar un nombre de pila. La mayoría de nombres de pila españoles son, al igual que en muchos países europeos, de origen latín (Julio, Félix, Marcos), hebreo (Daniel, Samuel, David), griego (Pedro, Alejandro, Jorge) o germánico (Enrique, Guillermo, Alfredo). Éstos pueden ser simples o compuestos, tradicionalmente usados en la pila bautismal y relacionados con santos católicos (Antonio, Francisco, José, Juan, Manuel, etc.; Ana, Isabel, Laura, Teresa, etc. -véase Nombres bíblicos), siendo muy habitual la feminización de los nombres de santos varones (Antonia, Francisca, Josefa o Josefina) y algo menos la utilización de santas femeninas en nombres de varón, más frecuentemente como segundo nombre en un nombre compuesto (José María); o advocaciones de la Virgen María, a veces ligadas a virtudes (Caridad, Esperanza, etc.) o a rasgos propios (Amparo, Socorro, Soledad, etc.) y muy comúnmente reducidas al nombre distintivo de una imagen (África, Almudena, Aránzazu, Covadonga, Macarena, Montserrat, Paloma, Pilar, Regla, etc.), o de Jesucristo (Jesús, Salvador, etc.) o atributos divinos (Sofía); o de otras entidades (Ángel). Desde la Edad Contemporánea, la progresiva secularización de la sociedad ha ido extendiendo otro tipo de nombres ajenos a la tradición católica, antes no sólo dominante sino incluso impuesta de forma más o menos rígida o excluyente en algunos periodos históricos (no sólo en el Antiguo Régimen -caracterizado por la política de máximo religioso desde la época de los Reyes Católicos-, sino durante el franquismo de las décadas centrales del siglo XX -con el denominado nacionalcatolicismo-). Los criterios con que se elabora la legislación relativa al registro civil ha de cumplir con la neutralidad en materia religiosa propia de un estado no confesional, lo que ha permitido la inscripción como nombres oficiales de los hipocorísticos (siempre muy utilizados aunque no oficiales, como Mari, Paco, Pepe, Puri, etc.) y cualquier otro tipo de nombres. Por su parte, la Iglesia católica sigue realizando las inscripciones en los archivos parroquiales (libro bautismal). Las estadísticas del INE reflejan que la abrumadora mayoría de los nombres puestos a los niños en la actualidad en España siguen siendo los tradicionales.[1]

Caso diferente es el del uso de los nombres en Hispanoamérica, donde todavía se emplean nombres tradicionales españoles (como Andrés, Camilo, David, Ernesto, Hernán, Julián, Santiago, etc). Sin embargo, en la mayor parte de los países Hispanoamericanos se está tornando común el uso de nombres en Inglés (como Alex, Erick, Johan, John, Johnatan, Jeysson, William, Wilmer, etc) o hispanizaciones del inglés (Cristian, Érica, Yuliet, Yeison, Yoan, etc). Según un estudio hecho por la W radio en Colombia en 2009, la mayoría (entre el 55 y 60%) de los nombres asignados desde 2006 en ese país han sido en inglés.

  • Después, los apellidos, que no son uno sólo (como ocurre en gran parte de los países del mundo) sino una sucesión de apellidos, provenientes de los apellidos del padre y los apellidos de la madre, generalmente como propio de la sociedad de patriarcado, es el apellido paterno el que va primero, sucedido por el materno. Es significativo que las mujeres no pierden el apellido al casarse, cosa también excepcional entre el resto de los países no iberoamericanos. Habitualmente se utilizan sólo los dos primeros (tradicionalmente, en primer lugar el primer apellido del padre y en segundo lugar el primer apellido de la madre -la legislación del registro civil lo preveía de esta forma hasta su reforma por la Ley 40/1999, cuando una reforma legislativa permite cualquier orden que los padres acuerden, y desde la nueva Ley de registro civil 20/2011 si no comunican nada el Encargado del Registro Civil acuerda el orden de apellidos atendiendo al interés del menor. Al llegar a la mayoría de edad, cualquier persona puede optar por cambiar el orden de sus apellidos); y cuando se utilizan más se suceden por orden riguroso: en los puestos impares los del padre y en los puestos pares los de la madre. En algunos casos se consiente la alteración del orden de los apellidos, o la combinación de éstos en un apellido compuesto, que también puede tener otro origen, por ejemplo, un título nobiliario u otra razón.
  • Uso del "de". En algunos ambientes sociales y particularmente en algunas ocasiones, como actos sociales de alguna solemnidad, tarjetas de visita o esquelas, aunque es una costumbre que se considera totalmente obsoleta en la actualidad, la mujer luego de contraer matrimonio, solía utilizar el apellido del marido precedido de la palabra "de" (por ejemplo: señora de Tal, o Fulanita Tal de Tal -en este caso se ponía en primer lugar el apellido propio de la mujer y en segundo lugar el de su marido-). En otros casos, el uso del "de" puede pertenecer a un único apellido (apellido compuesto) y no a dos apellidos distintos. Es habitual el uso del "de" en apellidos vinculados a la nobleza o en muchos otros casos (por ejemplo, la vinculación con una localidad -por ejemplo de Toledo o de Sevilla- o con una institución -por ejemplo de la Iglesia o del Rey-).
  • Uso del "y". En algunos casos, como ocurre en algunos registros y documentos oficiales (libro de familia), se utiliza la conjunción "y" entre el primer apellido y el segundo. En otros casos esa "y" puede pertenecer a un apellido compuesto. Añadir la conjunción entre el primer y el segundo apellido es una costumbre especialmente frecuente en Cataluña (se utiliza "i" cuando se usa la ortografía propia de la lengua catalana[2] ). Fuera de Cataluña suele entenderse como una costumbre nobiliaria, que implica la omisión del "de" en caso de que el segundo apellido también la tenga. Por ejemplo, al rey de España se le nombra Juan Carlos de Borbón y Borbón y al príncipe heredero Felipe de Borbón y Grecia.

La antigua costumbre de exhibir orgullosamente al menos cuatro apellidos propios de cristiano viejo tenía que ver con el prestigio social de esa condición y la discriminación que se ejercía contra los cristianos nuevos. La misma razón tenía el que las mujeres no perdieran el apellido al casarse: prolongar en los descendientes la condición social de los antepasados por ambas ramas familiares.

En País Vasco y Navarra, es habitual hacer exhibición de listas excepcionalmente prolongadas de apellidos, lo que a veces puede tener el fin de demostrar una mayor o menor pureza en la condición étnica de vasco, puesto que los apellidos euskaldunes son muy fácilmente reconocibles; no obstante, la mayor parte de los apellidos españoles más comunes son de origen vasco (García, Mendoza, etc.) y, por la forma de construcción, también están relacionados con el vasco los patronímicos construidos con el sufijo "ez", que indica "hijo de" (Bermúdez -de Bermudo-, Fernández o Hernández -de Fernando-, González -de Gonzalo-, Jiménez o Ximénez -de Jimeno, justamente el nombre del fundador de la navarra dinastía Jimena-, López -de Lope-, Pérez -de Pedro-, Rodríguez -de Rodrigo-, etc.). La relación que esta costumbre tenga con el nacionalismo vasco, en sus orígenes (Sabino Arana) o en la actualidad, está muy intermediada por el debate político, pero es un tópico recurrente.[3]

Diminutivos, hipocorísticos y apodos españoles[editar]

Muchos nombres pueden ser acortados usando terminaciones, originando un diminutivo que usualmente tiene connotaciones afectivas: -ito, -cito, -ico, -illo (masculino) e -ita, -cita, -ico, -illa (femenino). En algunos casos son propios de determinadas regiones: los diminutivos en -ico son propios de Aragón, los -illo de Andalucía, etc.

Los hipocorísticos son reducciones o alteraciones del nombre, así como los apodos, motes o sobrenombres pueden derivarse por vía de reglas lingüísticas o por otras causas, y ofrecen también una gran diversidad local.[4]

Notas[editar]

  1. Nombres y apellidos más frecuentes de los residentes en España
  2. IEC: Normalización de nombres y apellidos en catalán.
  3. Por ejemplo, la utilización intencionada del apellido López en solitario para referirse a Patxi López en la campaña electoral al Parlamento vasco de 2009.[1]
  4. Margarita Espinosa Meneses, De Alfonso a Poncho y de Esperanza a Lancha: los Hipocorísticos, Razón Y Palabra, 2001