Nuevo Orden Mundial de la Información y Comunicación

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El Nuevo Orden Mundial de la Información y Comunicación es un proyecto internacional de reorganización de los flujos globales de información a través de distintas acciones de gobierno y del tercer sector.

La iniciativa fue lanzada en el inicio de los años 1970 por el Movimiento de Países No Alineados y recibió apoyo de la Unesco. En 1980, una comisión de esta organización estudió los problemas de la Comunicación en el mundo y produjo un documento — el Informe MacBride — en el cual propuso cambios para redistribuir y balancear los flujos de información entre países ricos y subdesarollados. Sin embargo, la fuerte oposición por parte de las organizaciones privadas de medios, a partir de entonces, acabó relegando el proyecto al olvido. En las décadas siguientes, la Unesco prácticamente ha sustituido la NOMIC en su agenda política por otros temas, como la democratización de la comunicación, la sociedad de la información y la inclusión digital.


Véase también[editar]

Ignacio Ramonet y la batalla norte/sur de la información [del libro: La Tiranía de la Información]

Se trata de un problema que estuvo presente en el centro de los debates intelectuales de comienzos de los años setenta. Fue la gran batalla que ensayistas como Armand Matterlart, Herbert Schiller y muchos otros desarrollamos en torno al proyecto del Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación, el NOMIC. La cuestión se debatía oficialmente en el seno de la UNESCO donde el premio Nobel de la Paz Sean McBride elaboró un célebre informe que sigue conservando bastante vigencia, y en el que demostraba que el desequilibrio en materia de información en favor del Norte era de tal magnitud, que amenazaba la singularidad y la diversidad de las culturas, en particular las del Sur

En cualquier caso, nos parecía importante plantear la cuestión de la propiedad de los medios para saber de dónde venían los mensajes, quién los elaboraba, qué sentido y qué consecuencias podía entrañar la recepción de éstos en los espíritus y en las mentes de aquellos que los recibían. Nos preocupaba el problema de la manipulación de las personas del Sur por parte de los medios de comunicación del Norte.

La batalla se perdió. La UNESCO abandonó este debate y dio por buena la idea de que los flujos transfronterizos de información eran una necesidad que venía impuesta por el mercado internacional y por la propia realidad mundial. En definitiva, se admitió que podía aceptarse una especie de «darwinismo» en el campo de la comunicación. Vencían aquellos que habían logrado constituir grupos emisores dominantes: ellos habían conquistado el derecho a emitir y, por tanto, había que aceptar esa realidad corno ley de vida. El NOMIC desapareció de las reflexiones; y nadie volvió a hablar durante la década de los ochenta del problema del desequilibrio Norte-Sur.