Motín de subsistencias

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Motín contra la carestía del pan en Richmond, EUA, 1863. Grabado de la época.

El motín de subsistencias, o motín del pan, es una forma de protesta popular común en Europa desde el siglo XV al siglo XIX, en la que una multitud pretende asegurarse el abastecimiento suficiente de alimentos básicos (fundamentalmente pan) a un precio asequible. Se siguió produciendo en algunos países durante la primera mitad del siglo XX, y ha tendido a desaparecer, al menos en Europa, después de la Segunda Guerra Mundial. También se ha producido en las regiones colonizadas por los europeos y los ha habido, por ejemplo, en Marruecos en 1981, contra el aumento del precio del pan. Los motines de subsistencias son la respuesta popular a la crisis de subsistencias.

Las causas: las crisis de subsistencias[editar]

Las crisis de subsistencias eran los periodos de escasez de alimentos producidos por las malas cosechas, que al no poder recurrir a eficaces sistemas y medios de transporte ni disponer de acceso a mercados integrados de dimensión, como mínimo, nacional, producían hambrunas. Estas hambrunas producían a su vez sus propias consecuencias: por un lado desnutrición, enfermedades, mortalidad catastrófica por encima de la ordinaria, ya muy elevada; y por otro lado descontento y estallidos sociales y conflictos que se extendían al ámbito político, militar e incluso ideológico.

Son propias de la época preindustrial -en la terminología marxista, modos de producción precapitalistas: esclavismo, feudalismo, modo de producción asiático- en la que predominaba la agricultura y la ganadería. Los ciclos económicos, en esas circunstancias, se reducían a los ciclos naturales (fundamentalmente ciclos climáticos) y a la mejor o peor adecuación de los sistemas productivos a ellos (mediante el aprovechamiento intensivo o extensivo de las tierras de cultivo, rudimentarias mejoras técnicas, etc.). La disminución de los rendimientos (ley de los rendimientos decrecientes) producida por el aumento de la presión de una población creciente sobre un medio ambiente limitado puede explicar la mayor parte de esas crisis de subsistencia, siguiendo el esquema que propuso Malthus (la llamada trampa malthusiana).

Los rasgos específicos de los motines de subsistencias[editar]

Los motines de subsistencias toman formas variadas, según se produzcan en zonas productoras de alimentos, o en los mercados y ciudades donde se venden al público. En las zonas productoras suelen ser motines para impedir la exportación de los bienes de subsistencia fuera de la comarca, por miedo a que quede desabastecido el mercado local. Típicamente se juntan consumidores de la zona, usualmente con muchas mujeres y niños, y expulsan a los tratantes de grano que intentan comprarlo para llevárselo a otras regiones. En los mercados y ciudades, era habitual que si se temía el desabastecimiento, o los precios aumentaban a unos niveles tenidos por intolerables por los consumidores, la multitud se organizase para exigir que se obligase a los harineros a poner en venta lo que hubiese en sus almacenes. Otras veces se exigía el llamado justiprecio: la multitud asaltaba la tahona y vendía el pan al precio que considerase tradicional o razonable.

En el Antiguo Régimen y durante el siglo XIX era común que la multitud exigiese a las autoridades locales que participasen en el motín y lo sancionasen, que se pusiesen del lado del pueblo y reconociesen su derecho al abastecimiento. Hay que tener en cuenta que el abastecimiento de alimentos era una de las principales responsabilidades de los poderes públicos en esa época. Por otra parte, muchos de los grandes motines de subsistencias europeos de los siglos XVIII y XIX se produjeron como reacción a los efectos de las políticas de creación de mercados nacionales interiores, liberalizados, que acababan con las formas tradicionales de control de precios y abastecimientos.

Los amotinados por la carestía o falta de subsistencias del siglo XX, muchas veces vinculados a la acción de los movimientos sindicales contra la carestía, tendieron a dejar de lado la noción de justiprecio, o de buscar la mediación de las autoridades, y dedicarse al saqueo. Algunos historiadores consideran que eso marca un cambio en las relaciones entre las clases populares y las autoridades, de lo que E.P. Thompson denominó la economía moral de la multitud.

Algunos episodios históricos en los que se dieron motines de subsistencias[editar]

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El componente de la crisis de subsistencias y su derivación en protestas sociales (urbanas o rurales, con componentes ideológicos, políticos, antifiscales, particularistas, etc. -"según los diferentes tipos de estructuras sociales, y las causas de tal coyuntura ... no se producen aisladamente y no pueden comprenderse sin ... la colaboración de otros grupos sociales [además de los campesinos]"-) está muy presente en las revueltas de los años centrales del siglo XVII (como la La Fronda y otras en la crisis del siglo XVII, que se detecta desde Francia hasta Rusia y China).[2]

Ya en la sociedad industrial siguen existiendo componentes preindustriales en los movimientos sociales que impiden analizarlos de un modo simplificado, como mera traslación mecánica y determinista de las relaciones de producción y de la lucha de clases entre capitalistas y obreros.[7]

Notas[editar]

  1. en:List of food riots
  2. El entrecomillado es de Roland Mousnier, en Furores campesinos, 1967:

    Se me ha solicitado que trate el tema del papel de los campesinos en algunas rebeliones del siglo XVII. Fue ésta una época de grandes revueltas y revoluciones, en las que intervinieron todos los grupos sociales. Primero en Europa, donde el apogeo de esas crisis se ubica entre 1640 y 1660; la revolución de Inglaterra, cuyo punto culminante se sitúa entre 1648 y 1653 y que es, posiblemente, la primera gran revolución burguesa de los tiempos modernos; ese intento de reacción contra las novedades monárquicas que fue la Fronda, en Francia, desde 1648 a 1652; la revuelta de Cataluña contra España (1640-1652), la de Portugal (1640-1668); en 1647, la revuelta napolitana de Masaniello, muerto el 16 de julio, pero cuyos partidarios lucharon hasta febrero de 1648 contra las tropas españolas del virrey Arcos y la flota de Don Juan de Austria; la tentativa de golpe de estado de Guillermo II de Holanda, en 1650, la insurrección de Ucrania, de 1648 a 1654. Estos son los episodios más salientes, pero en toda Europa hubo disturbios en las ciudades y en los campos; en 1641, en Irlanda, en Suiza, en Alemania, en Rusia: motines populares, en 1648, en Moscú, Ustuga, Koslov, Solvitchegodsk, Tomsk y otras ciudades; en 1649, levantamiento de deudores en Moscú; en 1650, motines en Pskov y Novgorodla Grande; en 1653, guerra campesina en Suiza; en 1662, revuelta en Moscú a causa de la amonedación del cobre. Por lo demás, el período de 1640-1660 no tiene el monopolio de los disturbios. Fue precedido y seguido por largos períodos de motines y sublevaciones. En Francia, las sublevaciones urbanas y rurales son muy numerosas a partir de los “años 30” de ese siglo: sublevación de Dijon, de Aix-en-Provence en 1631, de Bordeaux en 1635. Levantamiento de los croquants [mendigos, villanos, campesinos] en 1636, de los Nu-Pieds [descalzos] en 1639, de Rouergue en 1643, de Montpellier en 1645. Son sólo algunos ejemplos. Y bajo el gobierno personal de Luis XIV: revueltas del Boulonnais, en 1661; rebelión de Audijos, en Chalosse, que se prolonga desde 1664 hasta 1671; revuelta del Bas-Vivarais en 1670, revuelta del papel sellado en Bordeaux y Bretaña durante el año 1675 y, por último, la revuelta religiosa de los camisardos [nombre dado a los calvinistas de Cevennes]. En Rusia tenemos las insurrecciones de la “Época de los disturbios”, desde 1601 basta 1613, la gran sublevación del cosaco Stenka Razin, en 1670 y 1671, la rebelión del monasterio Solovetski, de 1668 a 1676, contra las versiones revisadas de los libros litúrgicos. En Irlanda, la revuelta de 1679. En Bohemia, el levantamiento campesino de 1670. Pero no sólo Europa está en el tapete. En China, desde 1620, las rebeliones se extienden y crecen basta la caída de la Dinastía Ming, en 1644. Se reinician en gran escala con la gran sublevación del general Wu San-Kuei, comenzada en 1673 y que se prolongará después de su muerte, hasta 1681. Los levantamientos chinos son casi contemporáneos de los grandes movimientos europeos. En Japón los cristianos se levantan contra los Shoguns, Tokugawa, confucianos, sintoístas e intolerantes. Pero aunque son ante todo religiosas, las sediciones existen y la principal es la de Amakusa, en 1637; los cristianos japoneses se levantan al mismo tiempo que los croquants del Périgord. En la India, el levantamiento nacional hinduista contra los conquistadores mongoles comienza con los maharattas, en 1648. La rebelión de los sikhs contra los perseguidores mongoles musulmanes comenzó antes, ya en la época del gran mongol Jahangir (1605-1627). Esos dos movimientos continuarán ampliándose y agravándose, particularmente después de 1675, año de la sedición de Bretaña y de Bordeaux. El profesor Charles Gibson, autor de ese gran libro “Los aztecas bajo el dominio español (1519-1810)”, me decía el año pasado, en Iowa, que el siglo XVII en México fue también una época de disturbios sociales y de sediciones. Los contemporáneos tuvieron conciencia de que vivían en tiempos particularmente duros. Robert Mentet de Salmonet, en el prefacio de su “Histoire des troubles de la Grande-Bretagne”, publicado en París en 1649, expresa muy bien ese sentimiento: “No quiero manifestar nada sobre las costumbres del siglo en que estamos. Sólo puedo asegurar que no es de los mejores, siendo un siglo de hierro, un mal reformador de la vida de los hombres, ya que la guerra trae habitualmente un desborde de vicios junto con la desolación de las provincias. Tousiours es famoso por las grandes y extrañas revoluciones que ocurrieron allí. Se ha visto a personas subir a tronos que poseían grandes y poderosos reyes sin dar un mandoble y tomar posesión de ellos con tanta facilidad como si hubiera sido una pequeña heredad. Se ha visto a príncipes humillarse y a algunos en la mayor de las mortificaciones, que la Santa Escritura llama la rotura del cinto de los reyes. Y se ha visto en otros lugares a súbditos que no osaban mirar a su soberano a la cara, haber tenido la audacia de citarlo ante un tribunal, cuando antes no hablaban en su presencia sino temblando […] Las revueltas han sido frecuentes tanto en Oriente como en Occidente […]”.



  3. en:Novgorod uprising of 1650
  4. Zinn, fuente citada en en:Boston Bread riot
  5. George Rudé, La multitud en la historia, pg. 30:

    Siendo Francia una comunidad predominantemente agraria, los estallidos de rebelión (al menos fuera de París) correspondían casi exactamente con los años de malas cosechas y escasez. Los años malos, entre 1709 y la crisis prerrevolucionaria de 1788, fueron 1725, 1740, 1749, 1768, 1775 y 1785. Con la excepción de 1749, éstos fueron los principales años -aunque de ninguna manera los únicos- en que se produjeron disturbios populares. En 1725 hubo revueltas del hambre en Caen, Normandía, y en toda la zona de París. En 1739-1740, el marqués d'Argenson, otrora Ministro de Asuntos Exteriores, registró en su diario la desesperada condición de las provincias occidentales y los sucesivos estallidos de violencia en Burdeos, Caen, Bayeux, Angoulême y Lille: en esta última ciudad, se amenazaba con asesinar al intendente. En 1747, el mismo ministro registró disturbios en Toulouse y en Guyenne y en 1752 en Arles, Rennes, Burdeos, Metz, Le Mans, Caen, Ruan, Fontainebleau y en Auvergne y Dauphiné. En Ruan, los obreros del algodón tomaron la ciudad por tres días, invadieron graneros y depósitos y sufrieron la pérdida de diez vidas por armas de fuego y cinco más por ejecución antes de ser reducidos por tres regimientos de dragones. En 1768, cuando el pan alcanzó en algunas provincias el precio más elevado desde 1725, hubo revueltas del hambre en Le Havre: y en Mantes las muchedumbres saquearon un depósito y vendieron a la mitad del precio del mercado. En 1770, los hilanderos y tejedores realizaron una operación similar en Rheims. En 1774, el librero y diarista parisiense Sébastien HArdy, informó acerca de revueltas del hambre en Tours y Bordeaux; éstas fueron seguidas a comienzos del año siguiente por estallidos en Dijon, Metz, Rheims, Burdeos y Montauban, que condujeron, a su vez, a un movimiento más extenso y prolongado, conocido por los historiadores como la guerre des farines (la guerra de la harina), entre abril y mayo de 1775. Este no fue, de ninguna manera, el último disturbio antes de la Revolución:hubo revueltas del pan en Grenoble y Toulouse en junio de 1778, otras en Normandía en 1784 y 1785 y muchas más en el crítico año de 1788. Pero las revueltas de 1775, que por más de dos semanas conmovieron a París y a las provincias vecinas y causaron considerable alarma en la Corte, requieren nuestra especial atención.



  6. David Álvarez Sostres, Las crisis de subsistencia, gestión del abasto e implicaciones sociales en Asturias a finales del Antiguo Régimen, 2014. Cita como fuentes a Gonzalo Anes, Concepción de Castro, María Ángeles Pérez Samper y José Miguel Palop Ramos, entre otros.

    ... la trayectoria de la Monarquía absoluta estuvo jalonada de numerosas revueltas populares, pero éstas se incrementaron durante el reinado de Carlos IV. En febrero de 1789 tuvieron lugar en diversas ciudades de Cataluña los tumultos o rebomboris del pa, un clásico motín de subsistencias inserto en una coyuntura general europea de pésimas cosechas (la misma que encuadró las grandes jornadas revolucionarias de París). Parece que hubo alborotos de similares características en Valladolid, donde las mujeres amenazaron de muerte al intendente. En 1790 se produjo en Galicia un alzamiento campesino cuyos perfiles nos son poco conocidos. En 1800 se registró en Jerez de los Caballeros un movimiento popular dirigido contra los "poderosos" (en términos del siglo XIX, diríamos los caciques) y en defensa de las tierras comunales; el movimiento estuvo encabezado por la figura mítica de Juan Pobre, siguiendo la terminología tradicional de muchas revueltas populares. El hambre de 1804 ocasionó disturbios en toda Castilla, con incendio de tahonas y saqueo de almacenes de granos. Las revueltas mejor conocidas son los que tuieron lugar en el reino de Valencia y en el País Vasco. ... En 1793 estalló [en Valencia] un violento motín contra la colonia mercantil francesa allí radicada. Puede calificarse de movimiento xenófobo... en 1801 se sucedieron dos movimientos de protesta: a) un primer impulso dirigido contra la extensión del servicio de milicias, y b) una amplia revuelta rural, acaudillada por un mítico tio Pep de l'Horta -ca:Pep de l'Horta, ca:Tio Pep-. Manuel Ardit, quien ha estudiado la situación valenciana, considera que los disturbios agrarios fueron organizados por el campesinado rico, fundamentalmente hostil a los impuestos señoriales. En 1804 la rebelión prendió en el señorío de Vizcaya con el movimiento llamado la Zamacolada -La Zamacolada en Auñamendi-. ...Todas las rebeliones citadas fueron de corta duración... El panorama de los grandes disturbios debe completarse con detalles de carácter más esporádico, pero igualmente significativos. Los acuerdos municipales registran alusiones a las dificultades crecientes para un adecuado control del vecindario, a la ineficacia de las formas tradicionales corporativas de organización social (los gremios) para integrar a una inmigración numerosa. La documentación se refiere a casos de desacato ostensible a la autoridad e incluso de un cierto abandono de las formas estamentales de jerarquización pública por los miembros de las clases privilegiadas.

    [En Valencia, durante la Guerra de Sucesión, se dio]... un fuerte componente de conflicto social, hasta el extremo de que algunos historiadores la han caracterizado como "una revolución campesina" (Carmen Pérez Aparicio) o "una auténtica lucha de clases: de las clases populares contra las dominantes" (Manuel Cerdà). La derrota del Archiduque trajo consigo un nuevo endurecimiento del régimen señorial, frente al cual los campesinos llevarían a cabo durante el siglo XVIII nuevos movimientos de protesta. Las quejas que en este siglo manifestaron los campesinos enfiteutas, y también algunos grupos de propietarios acomodados de las zonas de señorío, no se limitaban a las prestaciones que tenían que pagar a los señores; incluían también los monopolios, aduanas y regalías que dificultaban el desarrollo del comercio, y el control político ejercido por la nobleza a través de la designación de las autoridades locales. ... Y como ya había ocurrido a fines del siglo XVII, el fracaso de las vías legales acabó provocando nuevos estallidos de violencia en 1766 o en 1801. En la primera de esas fechas, mientras en algunas ciudades valencianas se producían motines de subsistencia, y en poblaciones de realengo como Almoradí o Catral la agitación se dirigía contra los elevados arbitrios municipales, en las localidades de Elche, Crevillente y Albatera las alteraciones tomaron un claro carácter antiseñorial. Los amotinados, en su mayoría jornaleros y campesinos pobres, aunque también participaron trabajadores de oficios manuales, destruyeron los emblemas y escudos señoriales, destituyeron a las autoridades locales, reclamaron la derogación de los monopolios señoriales y el establecimiento de la libertad de comercio para los productos agrícolas, y como objetivo último se declararon a favor de la incorporación a la Corona de estos territorios. Fracasado este movimiento, en septiembre y octubre de 1801 tenían lugar en unas 40 poblaciones de la huerta de Valencia nuevos motines, en los que el vecindario -impulsado por forasteros que se decían seguidores de "Pep de l'Horta"- se negaba a pagar las cargas señoriales, y en algunos casos se dedicó de nuevo a la destrucción simbólica de los escudos señoriales. Pero tampoco en esta ocasión consiguieron los campesinos ningún resultado positivo. De forma que a comienzos del siglo XIX aún se hallaban sometidos a un duro régimen señorial: al "intolerable yugo de los dueños territoriales y jurisdiccionales", bajo el cual -como afirmó en las Cortes de Cádiz el diputado valenciano Lloret ca:Antoni Lloret i Martí- más que labradores eran "unos esclavos" que "en medio de sus continuos afanes y fatigas apenas consiguen que la tierra les produzca lo que basta para llevar a la boca un bocado de pan de maizo". En otras zonas del territorio peninsular, como Cataluña, Galicia o el País Vasco, la conflictividad campesina no alcanzó los mismos niveles de intensidad y duración que en el caso valenciano. En Cataluña, tras la sentencia de Guadalupe (1486), las tensiones generadas por el contrato vitícola de la rabassa morta desembocaron en la segunda mitad del siglo XVIII en pleitos ante la Audiencia de Barcelona entr los cultivadores, que pretendían convertirlo en un contrato indefinido, y los terratenientes, que deseaban recuperar sus tierras en el más breve plazo posible. Pero el único enfrentamiento violento de importancia fue la revuelta de los barretines de 1688-89 -"el mayor levantamiento rural de la España del siglo XVII", según Kamen-, provocada por la negativa de los campesinos a alojar a las tropas y a pagar el "donativo", es decir el impuesto establecido por el virrey para hacer frente a las necesidades derivadas del enfrentamiento contra Francia. Desde abril de 1688, campesinos armados procedentes de toda Cataluña -y que, según un testimonio, eran más de 18.000- ocuparon Mataró, marcharon sobre Barcelona y se adueñaron de numerosas localidades, en las que rodeaban y desarmaban a los soldados, hasta que a finales de 1689 fueron derrotados definitivamente por las tropas del virrey. En Galicia, el malestar campesino se manifestaba en frecuentes pleitos, emprendidos por los campesinos contra los propietarios nobles o eclesiásticos, para liberarse de las prestaciones señoriales o al menos convertirlas en prestaciones de tipo real, vinculadas al cultivo de la tierra. Tras la Guerra de Sucesión, el fracaso de las vías legales dio origen a disturbios, reflejados en la negativa de los vecinos de varios lugares a seguir pagando los derechos señoriales que reclamaba el conde de Monterrey... el conde de Lemos o el monasterio de Celanova; su culminación se produjo en 1724 con el enfrentamiento armado entre vecinos de varias villas y las tropas enviadas para acabar con estas negativas. A mediados de siglo... la Provisión de 1753; en ella se rechazaban las demandas monacales y se mantenían en todo su vigor los contratos forales -gl:Foro (contrato)-, cuyas características de contratos a largo plazo y en condiciones estables permanecerían sin cambios hasta el decreto de redención de los foros dictado por Primo de Rivera. ... en el País Vasco... en la machinada de 1718 "los labriegos de los alrededores de Bilbao se enfrentaron a los notables" (Emiliano Fernández de Pinedo) en protesta por el traslado de las aduanas a las costas, lo que suponía un encarecimiento de los productos importados para el consumo local; en 1766, la carestía de los productos alimenticios provocó motines de subsistencia en numerosos pueblos de Guipúzcoa y Vizcaya, cuyos protagonistas fueron artesanos y campesinos pobres; y en 1804 los proyectos de abrir un puerto en Abando, que perjudicaba a los comerciantes bilbaínos, y un plan de milicias preparado por un hidalgo, Simón de Zamácola, trajeron consigo el amotinamiento de los campesinos, apoyados por sectores acaudalados de Bilbao, contra los notables rurales. ... en Castilla y Andalucía, aunque las tensiones entre los diversos sectores del campo se manifestaron con fuerza en la segunda mitad del siglo XVIII, como quedó reflejado en el Expediente de la Ley Agraria, sólo excepcionalmente dieron lugar a enfrentamientos violentos. De acuerdo con el análisis del Expediente llevado a cabo por Margarita Ortega, el principal motivo de tensión era el que enfrentaba a propietarios, sobre todo nobles, y arrendatarios, como consecuencia de los intentos de los primeros por elevar las rentas de las tierras, reducir la duración del arrendamiento o desahuciar a los arrendatarios con el fin de establecer nuevos contratos más beneficiosos... La participación de jornaleros en estas disputas fue muy reducida: aunque pueda parecer extremada la afirmación de que este sector no alcanzó "siquiera el nivel de conflicto que implica la formulación de demandas" (Artola), lo cierto es que sólo en situaciones extremas los jornaleros manifestaron su protesta contra los propietarios de las tierras. Un conflicto de este tipo se produjo en Jerez en 1767: ante los abusos de los labradores ricos, que se adueñaban de las tierras de propios y baldíos sin dejar nada para los braceros, éstos respondieron "asaltando las tierras de varios propietarios de cortijos, quemando sus graneros y causando otros males, entre ellos la existencia de varias muertes" (según explicaba un memorial de pelentrines de aquella localidad). A fines de siglo... el amotinamiento de los campesinos de Jerez de los Caballeros (1800), que atacaron las cercas construidas por los poderosos, a la vez que declaraban en sus pasquines que "va llegando el reinado de Juan Pobre".

  7. Eric Hobsbawm, Rebeldes primitivos, 1968
  8. Burrows, fuente citada en en:Flour riot of 1837
  9. Pedro Díaz Marín, Crisis de subsistencia y protesta popular: los motines de 1847. Heliodoro Núñez, Las crisis de subsistencias durante la primera mitad del siglo XIX en Olivenza
  10. Crisis de subsistencia: 1856-1857 en Enwada. Cita como fuentes Claudio Sánchez Albornoz, Jordi Nadal, entre otros.
  11. Chesson, fuente citada en en:Southern bread riots
  12. Benjamin, fuente citada en en:Meat riots
  13. NYT, fuente citada en en:1917 Potato riots
  14. Diego Palacios Cerezales, A culatazos: Protesta popular y orden público en el Portugal contemporáneo
  15. Zubok, fuente citada en en:Novocherkassk massacre
  16. Seddon, fuente citada en en:1977 Egyptian bread riots
  17. Daoud, fuente citada en fr:Émeutes de 1981 à Casablanca. La révolte du pain à Casablanca en 1981, 32 ans déjà ! en bladi.net
  18. Ottoway, fuente citada en en:Food riots in the Middle East
  19. Sethi, fuente citada en en:2007 West Bengal food riots

Bibliografía[editar]

  • Pérez Ledesma, Manuel (1990). Estabilidad y conflicto social. España, de los iberos al 14 D. Madrid: Nerea. ISBN 84-86763-41-X. 
  • Rudé, Georges. (1975). La multitud en la historia.: Los disturbios populares en Francia e Inglaterra 1730-1848 / traducción Ofelia Castillo. Madrid: Siglo XXI. 
  • Sánchez, Francisco (1994). «De las protestas del pan a las del trabajo. Marginalidad y socialización del fenómeno huelguístico en Madrid, (1910-1923).». Historia Social (19). ISSN 0214-2575. 
  • Tilly, Charles (1986). La France Conteste. De 1600 à nos jours. Paris: Fayard. ISBN 2-213-01576-7. 

Véase también[editar]