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Monasterio de la Inmaculada Concepción (Loeches)

Monasterio de la Inmaculada Concepción
Datos generales
Tipo Monasterio y monumento
Catalogación bien de interés cultural
Localización Loeches (España)
Coordenadas 40°23′10″N 3°24′44″O / 40.38610333174, -3.4123122306327
Orden Monjas de la Orden de Predicadores y Orden de Predicadores
Mapa

El monasterio de la Inmaculada Concepción es un monasterio de monjas dominicas ubicado en la localidad española de Loeches, frente a la plaza de la duquesa de Alba. Es conocido también como «el convento grande».

Historia

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Loeches fue convertido en un señorío a finales del siglo XVI por el rey Felipe II y vendido a un banquero genovés, Baltasar Cantanno, quien a su vez se lo vendió a Íñigo de Cárdenas y Zapata.[1] Su hijo heredero, Íñigo de Cárdenas-Zapata y Avellaneda, junto con su otra hija, Francisca, fundarán el convento de San Ignacio Mártir de la orden de carmelitas descalzas en 1596 y construirán un pequeño palacio junto a la iglesia del convento. Íñigo fallece sin descendencia directa y el señorío de Loeches acaba siendo subastado y comprado en 1633 por Gaspar de Guzmán y Pimentel, el I conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV.

La intención inicial de Olivares era hacerse con el patronazgo del convento de las carmelitas,[1] ya que era muy devoto de Santa Teresa de Jesús, pero la comunidad lo rechazó. Es entonces cuando el conde-duque decide fundar un nuevo monasterio bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, ya que él era un fiel defensor de esta doctrina, y de la orden de las dominicas recoletas. La razón por la que decide habitar el monasterio con esta orden es porque, según la leyenda, Olivares desciende del fundador de las dominicas, Santo Domingo de Guzmán.

No solo construirá el convento, sino que ampliará el palacio ya existente de los anteriores señores. Una vez terminadas las obras se dividirá en dos: una fachada austera barroca que iba desde la fachada de la iglesia de San Ignacio hasta la fachada de la iglesia de la Inmaculada, y otra parte que recorría el lado derecho de la parte externa de la iglesia de su fundación hasta llegar al coro que conectaba con el monasterio. Este palacio fue habitado por el conde-duque durante sus retiros puntuales de la Corte y cuando finalmente Felipe IV le concede permiso para retirarse oficialmente de su cargo como primer ministro en 1643. Aquí pasará unos meses hasta que decide irse a Toro, Zamora, donde acaba falleciendo[2] en 1645. Ninguno de sus futuros descendientes habitará el palacio. El edificio desaparece en dos momentos: a principios del siglo XX se tira abajo la parte pegada a la iglesia para construir el panteón de la casa de Alba y lo que quedaba se derriba en 1970 para construir el primer colegio público de la localidad. Solo se conserva la portada adintelada en granito original del siglo XVII que era la entrada a las caballerizas.[3]

El arquitecto de este conjunto monumental es Alonso Carbonel,[4] arquitecto de los reyes en aquel momento. Trabajará tanto en el monasterio, en la iglesia y en el palacio. La comunidad religiosa llega a Loeches y habita en el palacio del conde-duque hasta que finalicen las obras del monasterio, esto es, en 1640. Las obras de la iglesia terminarán unos años después, en 1648. Fue inaugurado por el heredero del conde-duque, su sobrino Luis Méndez de Haro y Guzmán, II conde-duque de Olivares, en presencia de los reyes.

El encuentro de Abraham y Melquisedec de Pedro Pablo Rubens en el Museo del Prado

El conjunto irá sufriendo diferentes obras de reforma y restauración prácticamente desde su fundación hasta principios del siglo XXI, mejoras en sus jardines, canalización del agua, ampliación de celdas, mejora en puertas y ventanas, etc. Sin duda el momento de mayor esplendor será en el sigo XVII bajo el patronazgo de Olivares y, posteriormente, de Luis de Haro, ya que ambos donarán ricas piezas de arte, destacando pinturas,[5] tapices,[6] esculturas, reliquias y objetos litúrgicos. Todo esto irá desapareciendo, especialmente a principios del siglo XIX, durante la guerra de Independencia española, cuando tropas francesas se llevaron los cuadros más ricos.

Otro momento importante para la comunidad dominica tiene lugar en la segunda mitad del siglo XIX. En 1850 en Loeches abren dos balnearios de aguas mineromedicinales que serán muy populares entre las clases altas, la nobleza, empresarios y gente de la cultura.[7] Por este motivo veraneaban en Loeches estas familias e incluso se construirán sus casas de veraneo. Una de estas familias será la familia Prota, que veranearon en el palacio del conde-duque que hereda la casa de Alba a través de la unión matrimonial entre una miembro de la casa de Olivares y uno de la casa de Alba a finales del siglo XVII. Estuvieron en el palacio porque Alejandro Prota era el gestor de las propiedades de la casa de Alba. Su mujer, Emilia Carmena Monaldi era pintora de cámara de reina Isabel II y profesora de pintura de las infantas. La hija del matrimonio, Isabel Prota y Carmena,[8] se convertirá en una reconocida compositora de música religiosa para órgano. Emilia se convertirá en la nueva persona en ayudar a que la comunidad dominica pueda sobrevivir, vendiendo objetos del monasterio o buscando donaciones. Además, la pintora regalará más de cincuenta copias de los cuadros que una vez estuvieron en la iglesia y que fueron desapareciendo y así poder decorar el templo de nuevo. En cuanto a su hija Isabel, dedicará toda su obra a las monjas y les dejará en su testamento toda su herencia, con dinero, cuadros, muebles, instrumentos, etc.

Lápida donde reposan los restos del conde-duque de Olivares

Es en 1909 cuando se construye el panteón de la casa de Alba, adosándolo en la parte de la iglesia donde se encontraba parte del palacio que la familia Alba hereda a finales del siglo XVII con el matrimonio entre el X duque de Alba y la VII condesa de Olivares y V duquesa de Olivares, Catalina de Haro y Guzmán, nieta de Luis de Haro.

Durante la guerra civil española el monasterio será ocupado por diferentes tropas y brigadas del bando republicano. Las monjas serán sacadas a la fuerza pudiendo decidir si vivir en las casas de los vecinos de Loeches o si volver a sus lugares de origen. Durante esta ocupación habrá episodios de destrozo del patrimonio y pequeños saqueos, aunque no todo fue así. Gustavo Durán,[9] comandante de la brigada mixta 69, recuperó, clasificó y envió para su protección cientos de documentos sobre la fundación que estaban completamente abandonados, además de otros objetos. Tras la guerra civil, las monjas tuvieron un tiempo de nuevas reformas para recuperar y así adecuar a las nuevas necesidades el monasterio.

Las monjas dominicas fueron las que se ocuparon de la educación de las niñas entre los años 1950-1970 y posteriormente sobrevivieron gracias a la venta de sus famosos dulces hasta el 2012, cuando la comunidad era tan reducida que el monasterio se cerró y las monjas fueron enviadas a otros monasterios. Actualmente está habitado por la fundación San Martín de Porres.

Arquitectura

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El conjunto monumental, especialmente la iglesia, es un buen ejemplo de la arquitectura barroca de mediados del siglo XVII. El conde-duque encargó las obras al arquitecto real del momento Alonso Carbonel y al maestro de obras Cristóbal de Aguilera. Las obras comienzan en 1635 y dependiendo del espacio, se terminarán antes o después. Por ejemplo, el monasterio se funda en 1640, pero algunas partes seguían en construcción, y la iglesia se termina en 1648.

Según las escrituras de la fundación el monasterio no podía estar habitado por más de cuarenta y cinco monjas, aunque posteriormente se fueron construyendo más celdas, adecuando el espacio a las nuevas necesidades de la comunidad. El edificio cuenta con torno, refectorio, cocina, locutorio, biblioteca, lavadero, enfermería, celdas, claustro, capillas, sótanos, almacén, taller, coro, cripta, hospedería, casa de capellanes, casa de los/las mandaderos/as, lonja, vaquería, huertas, jardines y ermitas en los exteriores. Del interior destaca la cerámica de Talavera que aún se conserva, aunque no todo, y del exterior los aleros en madera. El monasterio estuvo ricamente decorado con pinturas, tapices y esculturas desde su fundación hasta que la comunidad abandona el edificio en 2012, aunque las piezas más importantes desaparecieron durante la guerra de Independencia española.

Fachada de la iglesia del convento de la Inmaculada Concepción.

La iglesia del monasterio representa el modelo de edificio de planta nueva barroca de mediados del siglo XVII. Su estructura sigue los preceptos del Concilio de Trento: planta de cruz latina, bóveda de cañón con lunetos, transepto, cúpula encamonada sobre tambor con chapitel forrado en pizarra en la parte exterior y cabecera recta. La fachada de granito de la iglesia es muy parecida a la facha de la iglesia del monasterio de La Encarnación en Madrid, así como la de las iglesias de San José y Santa Teresa de Jesús en Ávila, entre otros ejemplos. Se puede dividir en cuatro partes: la inferior está compuesta por tres arcos de medio punto, la siguiente por una hornacina adintelada y a ambos lados dos ventanas también adinteladas y con frontones curvos, la siguiente parte tiene una gran ventana con la misma tipología que las anteriores y a ambos lados los escudos de la casa fundadora, el conde-duque de Olivares, y en la parte superior, un frontón triangular con óculo.

En el interior aún se conservan los restos del balcón voladizo donde Olivares asistía a los oficios. Él tenía acceso directo por este balcón a la iglesia desde su palacio. Al igual que el monasterio, la iglesia estaba decorada con pinturas y tapices. Destacaba la colección de cartones para tapices originales de Rubens de la serie El triunfo de la Eucaristía que se encontraba en el altar. En la actualidad, parte de esas pinturas se encuentran expuestas en el Museo Ringling de Miami, Estados Unidos. Existían obras de otros artistas conocidos como Bassano, Veronese, Miguel Ángel, El Greco, Velázquez y Alonso Cano, entre otros. En cuanto a los tapices, existieron dos series de Los Hechos de los Apóstoles: una original del siglo XVI y otra copia del siglo XVII. La primera desaparece en el siglo XVII y la otra es vendida en la segunda mitad del siglo XIX.

En la actualidad el altar y el crucero están decorados con un gran mural obra de Fernando Calderón[10] que fue donado por Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, XVII duque de Alba de Tormes, en 1953. La obra representa la Apoteosis de Santo Domingo de Guzmán, y fue terminado en 1963. En ella, además del santo y otras figuras celestiales, están representados algunos miembros de la casa de Alba, así como personajes importantes de la orden de los dominicos.

Véase también

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Referencias

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  1. 1 2 González López, Marcos A.; Vicente Poza, Francisco; López Roldán, Miguel A. (2007). Loeches: espíritu de un siglo. Lema Ediciones.
  2. Elliot, John (1991). El conde-duque de Olivares. Crítica.
  3. Marañón y Posadillo, Gregorio (1998). El conde-duque de Olivares: la pasión de mandar. Espasa.
  4. Ponce de León Hernández, Pedro (2016). La arquitectura del palacio-monasterio de Loeches. Libros Póritco.
  5. Pescador del Hoyo, María del Carmen (1987). «La colección de cuadros de las Dominas de Loeches». Anales del instituto de estudios madrileños (5).
  6. Pescador del Hoyo, Maria del Carmen (1970). «Los tapices del convento de dominicas de Loeches». Anales del instituto de estudios madrileños (5).
  7. González de Jonte, Manuel (1853). Memorias sobre los baños y aguas minero-medicinales salino-alcalinas frias tituladas de La Margarita, en Loeches.
  8. Vicente Poza, Francisco (2019). «Isabel Prota: la compositora de Loeches». Anales Complutenses (31).
  9. Juárez, Javier (2009). Comandante Durán: Gustavo Durán leyenda y tragedia de un intelectual en armas. Debate.
  10. Solana, Lucía (2002). Fernando Calderón. Colegio Oficial de Arquitectos Técnicos de Cantabria.

Bibliografía

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  • Herrera García, Antonio (1990). El Estado de Olivares. Diputación Provincial de Sevilla. ISBN 84-7798-039-X. 
  • González López, Marcos A.; Vicente Poza, Francisco; López Roldán, Miguel A. (2007). Loeches: espíritu de un siglo. Lema Ediciones.
  • Elliot, John (1991). El conde-duque de Olivares. Crítica.
  • Marañón, Gregorio (1998). El conde-duque de Olivares: la pasión de mandar. Espasa.
  • Pescador del Hoyo, María del Carmen (1970). «Los tapices del convento de dominicas de Loeches.». Anales del Instituto de Estudios Madrileños (5).
  • Pescador del Hoyo, María del Carmen (1987). «La colección de cuadros de las Dominicas de Loeches». Anales del Instituto de Estudios Madrileños (24).
  • González de Jonte, Manuel (1853). Memoria sobre los baños y aguas minero-medicinales salino-alcalinas frías tituladas de La Margarita, en Loeches.
  • Vicente Poza, Francisco (2019). «Isabel Prota: la compositora de Loeches». Anales Complutenses (31).
  • Ponce de León Hernández, Pedro (2016). La arquitectura del palacio-monasterio de Loeches: el sueño olvidado del conde duque de Olivares. La emulación de un Real Retiro. Libros Pórtico.
  • Solana, Lucía (2002). Fernando Calderón. Colegio Oficial de Arquitectos Técnicos de Cantabria. España.

Enlaces externos

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