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Mitología cántabra

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La mascarada de La Vijanera en Silió, de origen prerromano, es la muestra viva de la supervivencia de los cultos arcaicos a la naturaleza en Cantabria.[nota 1]

La mitología autóctona de Cantabria, desde sus orígenes más remotos y con el paso del tiempo, se ha ido entroncado con los mitos celtas y romanos, emparentándose en parte con leyendas y tradiciones del resto de la cornisa Cantábrica. En la mayoría de los casos, su significado más profundo, transmitido de padres a hijos a través de la tradición oral, ha quedado diluido bien porque este se ha ido perdiendo, bien porque los escritores clásicos nos la han transmitido cercenada al no recoger toda la riqueza y mentalidad popular, fijándose únicamente en los cultos y divinidades que guardaban semejanza con los suyos. Por otro lado, la romanización en un primer momento y la incursión del cristianismo posteriormente han ido transformando el sentido y representación de estos ritos paganos, alcanzándose en muchos casos un sincretismo religioso.

Aun así, todavía se conservan en el pueblo cántabro apólogos y leyendas con una mayor componente ritual o de comportamiento que como relatos significativos, y que se caracterizan por:

  • Ser muchas veces relatos orales cuyo origen se remonta a tiempos en el que el paganismo era todavía una religión viva en Cantabria, y que trasmitidos de generación en generación se han ido reelaborando con el paso del tiempo y el sincretismo mítico-religioso.[1]
  • Destacan por su brevedad, se prefiere el cuento sucinto que se pueda captar fácilmente y por eso a veces se llega a una condensación en ocasiones excesiva, en el afán de reducir y eliminar lo superfluo.
  • Las narraciones plantea historias sencillas, muy relacionadas con fenómenos de la naturaleza a los que intenta dar respuesta. Pese a su simplicidad a veces presentan una curiosa efectividad poética.
  • Debido a su carácter en origen oral, las leyendas se van rehaciendo al ser reproducidas en infinidad de ocasiones a lo largo del tiempo, surgiendo variantes del mismo mito.

Divinidades[editar]

Una de las estelas cántabras de Barros, datadas entre los siglos IV y I a. C. Sus bajorrelieves de anillos, aureolas de triángulos y el tetrasquel se relacionan con símbolos solares y crecientes lunares.

El cristianismo en Cantabria es de implantación muy tardía. En el siglo IV la población seguía siendo pagana en su mayoría, como lo demuestra la presencia de exvotos a divinidades indígenas y las numerosas lápidas funerarias encontradas.[1]​ Entre los restos de mitos que aún persisten como sustrato en la tradición cántabra, se encuentra el culto a las grandes divinidades protectoras, como es la adoración al Sol, lo cual queda atestiguado en las estelas cántabras encontradas, y en relación con el culto al fuego.[nota 2]​ Así mismo, se idolatra a una divinidad-padre suprema, denominada Candamo, que en época romana se asocia con Júpiter (Júpiter Candamo) y el culto solar y posteriormente con el Dios cristiano.[nota 3]

Junto al marcado carácter guerrero de los cántabros aparece un dios de la guerra, posteriormente identificado como el Marte romano, al que se le ofrecían sacrificios de machos cabríos, caballos y prisioneros en gran número, según señala Estrabón, Horacio y Silio Itálico.[2][3][4]​ Estas hecatombes iban acompañadas de la bebida de la sangre aún caliente de los caballos,[nota 4]​ como menciona Horacio al respecto de los concanos, y sería una verdadera comunión.[5]

[...] et laetum equino sanguine Concanum,...
[...] y al Concano que le agrada la sangre del caballo,...
Horacio. Carm. III 4. v29-36

El teónimo Epane podría tener relación con este culto.[nota 5]​ Para los antiguos cántabros estas prácticas poseían un origen místico ligado a la creencia en la sacralidad de estos animales[nota 6]​ que algunos vinculan muy estrechamente con la variante del dios Marte céltico solar y que serían su reencarnación.[6][nota 7]

Los sacrificios humanos entre los pueblos del norte son citados también por san Martín Dumiense[7]​ y tendrían el mismo carácter de redención y vaticinio que el resto de los celtas de la Galia, donde eran muy frecuentes. Así Estrabón cuenta sobre estos que examinaban las vísceras de los prisioneros, cubriéndolas con sayos, les amputaban las manos derechas y las consagraban a los dioses. El modo de vaticinar el futuro dependía de la caída de la víctima.[8]

Unido a esta divinidad guerrera aparecen las diosas-madres germinadoras vinculadas a la Luna con evocaciones casi hasta el presente en la que hasta hoy en día posee una clara influencia en el medio rural en las fases de siembra y recogida de cultivos. Joaquín González Echegaray relaciona la diosa Cantabria aparecida en la inscripción de un ara votiva hallada en Topusko (Croacia) con la Diosa Madre de los cántabros. Este epigrama habría sido realizado por alguno o algunos soldados que formaban parte de las legiones romanas:

CANTABRIA / SACR(um) / CVSTOD(es) / EIVSDEM
Monumento sagrado a Cantabria. Los guardianes de la misma (diosa, lo pusieron)

Del mismo modo el culto a un dios del mar fue asimilado en épocas romana a través del dios Neptuno (una estatuilla de esta deidad pero con rasgos de la divinidad cántabra original fue encontrada en Castro-Urdiales).

Estos antiguos cántabros creían en la inmortalidad del espíritu. Así lo demostraban en sus ritos funerarios donde predominaba la cremación, a excepción de aquellos que morían en combate, que debían de reposar en el campo de batalla hasta que los buitres abrieran sus entrañas para llevarse al más allá su alma y unirse a la gloria de sus antepasados. Esta práctica queda atestiguada en los grabados de la Estela de Zurita.

Así mismo un papel importante en la compleja sociedad cántabra era el sacrificio en sus dos aspectos: como medio de conformar la voluntad divina y como prevalencia de la abnegación a la colectividad frente al individuo. Así pues, en una sociedad guerrera como la cántabra la inmolación no era considerada como símbolo de primitivismo o barbarie, sino que la difícil determinación que requería a la persona que la llevase a cabo conllevaba que tuviese un alto grado de importancia. Tal era el caso de la denominada devotio, un singular y extremo sacrificio practicado por los cántabros, mediante el cual las comunidades guerreras unían su destino al de su líder.[9]

Mitología telúrica y arbórea[editar]

Vista de Torre Bermeja (2400 m) y Peña Santa (2596 m), en el Macizo Occidental de los Picos de Europa.

Parece ser que los antiguos cántabros tenían creencias religiosas muy parecidas a los primitivos celtas del centro de Europa, y rendían culto a la Luna, a la que relacionaban con la muerte y la inmortalidad del alma, y al Sol, como símbolo de la vida terrena.[nota 8]​ Poseían además divinidades mayores no siempre de origen claramente celta, como Lug, dios celestial e infernal, o Candamo, dios de la tormenta y la montaña. El culto al dios de la guerra incluía el sacrificio de animales y humanos, de forma parecida a la culturas indoeuropeas primitivas. Otras deidades menores estaban ligadas a los árboles, los ríos (el Deva) y otros elementos de la naturaleza. En el monte Cildá apareció un ara dedicada a la diosa madre Mater Deva, conocida en el mundo céltico y personificada en el río Deva. En Otañes se encontró una pátera, llamada Pátera de Otañes, dedicada a la ninfa de una fuente con propiedades medicinales. Plinio el Viejo[10]​ cita la existencia en la Cantabria histórica de unas fuentes intermitentes –las Fuentes Tamáricas– veneradas por los cántabros tamáricos que tenían valor augurio y que correspondería a la actual Velilla del Río Carrión.[nota 9]Suetonio, en su relato sobre la vida de Galba, señala como símbolo de buen augurio el haber encontrado durante su estancia en Cantabria doce hachas en un lago.[11]​ Estas eran sin duda exvotos depositados allí según costumbre también de otros pueblos europeos, lo que sugiere un culto a los lagos.[12]​ Así mismo la ofrenda a las aguas de stips, o monedas de bronce de escaso valor, así como de otras piezas de mayor cuantía, como denarios, áureos y sólidos, queda manifiesta en la presencia de algunas de estas piezas en La Hermida, Peña Cutral, Alceda y en el río Híjar.

Ara votiva a Erudino proveniente del Monte Dobra y depositada en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria. Los cultos paganos pervivieron en Cantabria hasta épocas muy avanzadas.

Lugares como el Pico Dobra, en el valle del Besaya, han dejado constancia de su sacralizado desde época prerromana a través del ara dedicada al dios cántabro Erudinus fechado en el año 399. Este es un ejemplo notable, pues el cristianismo por esa fecha ya era la religión oficial del Imperio romano. Que un gentil se atreviera a dedicar una ara idolátrica en la cima de un monte tan representativo, en una época en que se iniciaba la persecución contra los viejos cultos paganos, demuestra que en Cantabria estos aún se seguían practicando y que los antiguos ritos se extendieron mucho más allá de la cristianización oficial del imperio.[13]

Por Silio Itálico, Floro, Plinio el Viejo y san Isidoro de Sevilla sabemos que antes de perder la libertad, los cántabros se suicidaban con veneno extraído de las hojas del tejo, pues preferían la muerte a ser esclavizados, y de igual forma sacrificaban a los ancianos no aptos para la guerra.[14][15][16][17]​ Es habitual encontrar tejos en las plazas de los pueblos, en cementerios, iglesias, ermitas, palacios y casonas, al considerarse un símbolo de transcendencia.[nota 10]

Bayas carnosas del tejo o arilos. Este árbol mítico quizá sea el más representativo de Cantabria y ha sido plantado con frecuencia junto a edificios singulares. Antiguamente, al terminar de construirse una de estas edificaciones, se plantaba próximo un tejo como árbol testigo.

En efecto, por los testimonios recogidos indirectamente por autores clásicos, se cree que para los pueblos célticos, ciertos elementos de la naturaleza poseían un carácter divino o sagrado.[18]​ Entre ellos, y como se señala más arriba, los árboles, y especialmente los robles y encinas,[19]​ de los que los druidas cogían el muérdago, planta a la que atribuían propiedades curativas y mágicas.[20]​ Aunque no hay constancia de una homogeneidad y repetición de los mismos ritos y usos druídicos en todos los pueblos de ascendencia celta, es posible que estos sean el origen de fiestas tradicionales que han perdurado hasta nuestros días en Cantabria y otros lugares de España, como la Maya.[21]

Robles, hayas, encinas y tejos eran también utilizados como un lugar de encuentro tribal, generación tras generación, en donde las leyes religiosas y seculares eran impartidas. Hasta tiempos muy recientes era habitual celebrar los denominados concejos abiertos bajo árboles centenarios (las juntas de la Merindad de Trasmiera oficiaban sus reuniones en Hoz de Anero, en Ribamontán al Monte, bajo una gran encina que todavía existe junto a la iglesia de Nuestra Señora de Toraya).

Fechas y momentos significativos[editar]

Flor del saúco o sabugo.

Como ocurre en otros pueblos en Cantabria existen fechas que han sido propicias desde antiguo para los rituales y las leyendas, momentos temporales cargados de ocultas y antiguas significaciones. Así, por San Juan, en el solsticio de verano, la noche es mágica. Dice la tradición en sus diferentes variantes que los Caballucos del Diablo y las brujas carecen de poderes tras el ocaso y se apoderan de él los curanderos; las plantas como el trébol de cuatro hojas, la flor del saúco, las hojas del sauce, de verbena, enebro o brezo entre otras curan y dan felicidad si se recogen en esa madrugada. En torno a la Navidad (solsticio de invierno) se realizaban ceremonias rituales, vestigios de antiguos cultos al árbol, el fuego y el agua. En esas fechas se adornaban los manantiales y balcones con flores y se bailaba y saltaba sobre el fuego.

Destacan también momentos del día como el ocaso. En Cantabria se hablaba del sol de los muertos refiriéndose al último sol de la tarde que enviaban los difuntos. Este se creía que marcaba el momento en que los muertos regresan a la vida y diversos autores lo han asociado con reminiscencias del culto solar.[22][23]

Existe otro sol, el que sale mientras llueve cuando el arco iris comienza a desvanecerse en el cielo, que en casi toda Cantabria recibe el nombre de sol de brujas o sol de caracoles, pues se consideraba que esta agua no mojaba y en cambio resucita a los muertos y hace salir de sus escondrijos a caracoles, ranas y sapos. [24][23]

En el folclore cántabro se ha conservado la januaria del año nuevo con muchas de las características que debió tener en época romana a través de una de sus fiestas: La Vijanera. Era costumbre celebrar las kalendas de Jano, un rito pagano que coincidían más o menos con el principio del año. Esta mascarada invernal actualmente solo se conserva en la localidad de Silió, pero hasta principios del siglo XX se celebraba en los valles de Iguña, Anievas y Toranzo y, a juzgar por algunos indicios, debió estar muy extendida por Cantabria en épocas antiguas.[1]

Criaturas mitológicas[editar]

A través de los mitos los hombres buscaban respuesta a los hechos de la naturaleza que les parecían inexplicables. En la imagen los Cantos de la Borrica en los puertos de Sejos, bloques erráticos de origen glaciar. La mitología cántabra justifica la presencia de grandes rocas como estas en brañas y camberas por la acción perversa del Ojáncanu.

A la par que las divinidades telúricas y de la naturaleza, en Cantabria ha habido, según la tradición popular y al igual que en otros pueblos, seres fabulosos de aspecto desigual que las gentes temían o adoraban y en torno a los cuales se forjaban historias y leyendas. En este sentido el historiador Joaquín González Echegaray señala, en relación al importante pensamiento sobre lo demonológico durante la Alta Edad Media en Cantabria, que:

[El] papel relevante del demonio en las creencias y en la vida cotidiana se conserva en buena medida aún en todo el folclore del norte de España, y concretamente en el de la Montaña cántabra. A parte de persistir muchas de las supersticiones consignadas por San Martín de Braga, como las fiestas del comienzo del año: la januaria romana, aquí llamada "bijanera" (sic), o ciertos personajes míticos como las dianas y lamias, aún conocidas con los nombres de anjanas y lumias[nota 11]​, el alma popular es muy sensible a la creencia y localización del demonio en fenómenos populares y contrasta con lo que sucede en otras regiones de España.
Joaquín González Echegaray. Cantabria en la transición al Medievo. Los siglos oscuros: IV-IX

La procedencia de los seres imaginarios es muy diversa. A veces su origen se remonta a la noche de los tiempos, otras veces son herederos de viejas divinidades de las que apenas queda rastro, pero cuya esencia en cierto modo pervive en los seres fabulosos a los que dieron lugar. [25]​ Así, en la mitología cántabra aparecen muchos de estos elementales, entre los que se pueden destacar los siguientes:

  • El Ojáncanu. Infortunio de Cantabria, esta criatura personifica el mal entre los cántabros y representa la maldad, la crueldad y la brutalidad. Este gigante ciclópeo es la versión cántabra del Polifemo griego que aparece también en otras mitologías indoeuropeas.[nota 12]
  • La Ojáncana o Juáncana. Mujer del anterior. Le gana a aquel en maldad, pues entre sus víctimas se encontraban también los niños.
  • La Anjana. Es la antítesis al Ojáncanu y la Ojáncana. Hada buena y generosa, protectora de las gentes honradas, de los enamorados y de quienes se extravían en los bosques y caminos.
  • Los duendes. Aquí se engloban a todos los pequeños genios de la mitología cántabra, traviesos y burlones en una gran mayoría. Cabría distinguir entre los duendes domésticos, aquellos que viven en el interior o en los alrededores de las casas de Cantabria, como los trasgos y trastolillos, y los duendes silvestres que habitan el bosque, como trentis, tentirujos, zahorís o los enanucos bigaristas.
Cambera en el monte Vizmaya. En la espesura de los bosques y caminos la mitología montañesa sitúa a espíritus y seres mitológicos, intentando dar respuestas al miedo a lo desconocido.

Existen otros muchos seres fabulosos que pueblan la rica mitología de Cantabria, como:

  • Los Ventolines. Seres parecidos a los ángeles pero con alas de color verde. Su cuerpo y cara son pálidos como la espuma de las olas. Estos son seres bondadosos que facilitan las labores de los hombres de la mar, ayudándoles por ejemplo a empujar las embarcaciones cuando no hace viento...
  • La Osa de Andara. Antaño una mujer normal, esta adoptó los hábitos de un oso al renunciar a la vida en sociedad debido a las constantes burlas que recibía por su abundante vello corporal. Paso por tanto a vivir en los bosques y cuevas, alimentándose de raíces, pequeños animales... Se dice que finalmente aprendió a convivir con sus complejos y volvió a reintroducirse en la sociedad, llegando incluso a casarse y a formar una familia.
  • Los Caballucos del Diablu. De entre las diferentes representaciones del diablo dentro de la mitología cántabra, esta es una de las más terroríficas. Estos son 7 caballos con alas de libélula cabalgados por almas en pena que en su vida pasada cometieron alguna falta: robar, pegar, matar...Están sujetos a una maldición que les obliga a vagar eternamente pudiendo únicamente salir de sus oscuros refugios la noche de San Juan, fecha en la que protagonizan auténticas fechorías. Se dice que el sudor de los Caballucos del Diablu al tocar el suelo se materializa en oro.
  • Los Nuberos. A diferencia de los Ventolines, estos son seres malvados y ruines que viajan por el cielo empleando las nubes a modo de montadura. Su piel es de color renegrida, de aspecto pequeño siempre se están enfadados y dispuestos a sembrar el caos, causando tormentas... Es necesario rezar una oración a la vez que se tocan las campanas de la iglesia para poder alejarlos y evitar sus malas acciones.
  • El Musgosu. Ser enigmático de entre todos los que conforman la mitología cántabra, se dedica a vagar por los montes y bosques de toda Cantabria. Viste ropas confeccionadas con musgos, líquenes y hojas (de ahí su nombre), y porta consigo mismo una flauta, la cual toca para avisar a los pastores, leñadores y cazadores de la presencia de lobos o algún peligro mayor.
  • El Culebre. Es el equivalente al dragón dentro de la mitología cántabra. Este presenta un aspecto más similar a una gran serpiente con alas, pudiendo lanzar veneno por la boca en vez de fuego, resulta igual de peligroso. Son muchas las leyendas que narran la presencia de tan magnífico ser en Cantabria, pero de entre todas ellas, quizás la más conocida es la acontecida en San Vicente de la Barquera; donde se dice que habitaba un gran Culebre que atemorizaba a la población local y les obligaba a entregarles mensualmente una ofrenda humana a cambio de no atacarles. Esto sucedió a si durante varios meses hasta que el apóstol Santiago, enterado de ello, decidió poner fin a tan grande humillación. Se dirigió pues a la cueva donde vivía el Culebre y con su espada le hirió gravemente, haciendo retroceder a la criatura a lo más profundo de la cueva, donde finalmente sucumbió a sus heridas. Algunas dicen que todavía se pueden ver las huellas de los cascos del caballo del apóstol en la entrada de la cueva.
  • El Ramidreju. Animal legendario dentro de la mitología cántabra, es una mezcla entre comadreja y jabalí. Teniendo el aspecto de dicho primer animal pero con colmillos de jabalí. Su pelaje es de color blanco, con notables rayas verdes; este tiene además propiedades mágicas haciendo al Ramidreju una pieza muy codiciada por cualquier cazador.

A su vez existen hermosas leyendas como la de la Sirenuca, bella moza desobediente y caprichosa aficionada a trepar por los acantilados más peligrosos de Castro-Urdiales para cantar al compás de las olas y por ello convertida en ninfa marina. O la del Hombre Pez, un joven de Liérganes al que le gustaba nadar y que se perdió en el río Miera, siendo finalmente encontrado en la bahía de Cádiz transformado en un extraño ser acuático.

La mitología cántabra en la actualidad[editar]

Estatua dedicada al Hombre Pez de Liérganes, situada junto al río Miera.

A diferencia de otras regiones de España, en las que la mitología vernácula apenas ha sido estudiada, Cantabria ha visto en los últimos tiempos un renacer en el interés por conocer las leyendas y los seres mágicos de su tradición oral. Autores como Adriano García Lomas, en su reconocido trabajo sobre mitología montañesa, o Manuel Llano Merino, pionero en la recopilación de narraciones populares y lírica tradicional, han permitido redescubrir mitos arcaicos rescatados del folclore de la región.[26][27]

El interés de la sociedad cántabra por volver a reencontrarse con su historia, tradiciones y costumbres, se ha visto reflejado también en la proliferación de festivales de lo mitológico como el de Anievas, recreacionistas como el de las Guerras Cántabras o en la recuperación y revitalización de las mascaradas rurales de invierno durante décadas prohibidas, como el ritual festivo de La Vijanera de Silió o los zamarrones en el valle de Campoo o Polaciones. [28]

Así mismo, conocidos autores conocidos Gustavo Cotera, Isaac Sánchez 'Loulogio' o José Ramón Sánchez entre muchos otros, han desarrollado a través de estos seres elementales sus propias narrativas en artes visuales como el cine, el cómic, la pintura o la escultura.

Notas[editar]

  1. El carnaval de La Vijanera de Silió no se debe confundir con aquel personaje cántabro, del mismo nombre pero diferentes características, que según la tradición en Nochevieja entraba por el desván y a los niños que no habían comido les pinchaba la barriga con una horca (Mercedes Cano Herrera, 2007).
  2. Las hogueras de San Juan, coincidentes con el solsticio de verano, pudieran ser una reminiscencia.
  3. En Herrera de Camargo se descubrió una bella escultura de bronce que le rendía culto.
  4. Tácito los considera por los germanos como ministros de los dioses:
    se (sacerdotes) enim ministros deorum, illos (equos) conscios putant
    Germ. X
  5. El nombre de Epane parece proceder del radical ide. * ekwos "caballo", con el cambio de -kW- > -p-, característico de las lenguas celtas del grupo britónico, llamados también "Celtas de la P": galo epo-s; galés ep "caballo"; galés y córn. ebol "potro".[1] Archivado el 23 de febrero de 2008 en la Wayback Machine.
  6. Julio Caro Baroja sugiere la posibilidad de que exista una deidad ecuestre entre los celtas de Hispania a semejanza de la que existía entre los celtas de otros lugares de Europa.
  7. En Numancia estas representaciones del dios-caballo van llenas de signos solares.
  8. Diversas fuentes señalan la relación de los cántabros con la cultura posthallstáttica peninsular traída por los celtas. [2]
  9. Según Plinio serían tres fuentes próximas cuyas aguas se reunían en un solo estanque y dejaban de circular de 12 a 20 días, interpretándose esta discontinuidad del caudal como signo negativo.
  10. Cabe señalar en este sentido la presencia de tejos milenarios como el que existe junto a la iglesia prerrománica de Santa María de Lebeña y bajo el cual se daba cobijo a los concejos del lugar. Este árbol, presente en el Inventario de Árboles Singulares de Cantabria, ha sido muy dañado por un temporal. (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).
  11. En Cantabria se ha conservado la vieja denominación para la palabra "lumia", que de forma genérica hace referencia a una mujer escuálida y resabida, ávida de averiguar noticias.
  12. Seres similares al Ojáncanu o la Ojáncana los encontramos también en otras mitologías como la extremeña-hurdana (Jáncanu o Pelujáncanu y la Jáncana, donde es evidente la similitud de las denominaciones [3], [4], [5] Archivado el 21 de diciembre de 2008 en la Wayback Machine.,[6]) o vasca (Tartalo o Torto), entre otras.

Referencias[editar]

  1. a b c González Echegaray, Joaquín (1998). Cantabria en la transición al Medievo. Los siglos oscuros: IV-IX XII (1º edición). Santander: Estvdio. ISBN 9788487934636. 
  2. Estr. III,3,7
  3. Carm. III,4,34
  4. Silio III, 361
  5. Pascual Barea, Joaquín. «Razas y empleos de los caballos de Hispania según los textos griegos y latinos de la Antigüedad». En Santamaría Hernández, María Teresa, ed. La transmisión de la ciencia desde la Antigüedad al Renacimiento (Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha): 117-202 (esp. 158-159). Consultado el 8 de octubre de 2018. 
  6. E. Thevenot. Sur les traces des Mars Celtiques, Brujas, 1955.
  7. De correctione rusticorum VIII
  8. José María Blázquez Martínez (1977). «La religiosidad de los pueblos hispanos vista por los autores griegos y latinos». Consultado el 8 de septiembre de 2007. 
  9. Juan Carlos Cabria. Otra Realidad, ed. «Mitos y leyendas de Cantabria. El sacrificio, vía de unión con la divinidad». Consultado el 12 de julio de 2007. 
  10. Plin.,NH XXXI 23-24
  11. Suet., Galba, VIII 13
  12. Schulten, A. Los cántabros y astures y su guerra con Roma. Madrid. 1943.
  13. González Echegaray, Joaquín (1979). Cantabria a través de su historia. (1º edición). Santander: Diputación provincial de Santander. ISBN 9788440029997. 
  14. Silio III, 328
  15. Floro II, 33, 50
  16. Plinio, Naturalis Historia XVI, 50
  17. Isidoro Libro XVII, 9, 25
  18. Damián Cano Borrego, Pedro (2002). Los celtas: la Europa del hierro y la Península Ibérica. Silex Ediciones. p. 95. ISBN 9788477371083. 
  19. Hervás Panduro, Lorenzo (1805). Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas, y numeración, división, y clases de estas según la diversidad de sus idiomas y dialectos: Lenguas y naciones europeas: naciones primitivas, sus lenguas matrices y dialectos de éstos. Real Arbitrio de Beneficencia. p. 326. 
  20. Gómez Pamo, Juan Ramón (1898). Discurso Leidoo en la Solemne Sesion Inaugural del Ano 1898 en la Real Academia de Medicina. Real Academia Nac. Medicina. p. 12. 
  21. Peralta Labrador, Eduardo (2003). Los cántabros antes de Roma. Real Academia de la Historia. p. 240. ISBN 9788489512597. 
  22. Juan Carlos Cabria. «El culto solar II». Consultado el 20 de junio de 2008. 
  23. a b Cano Herrera, Mercedes (2007). Entre anjanas y duendes: mitología tradicional ibérica. Santander: Castilla Ediciones. ISBN 9788496186354. 
  24. García-Lomas, Adriano (1993). Mitología y supersticiones de Cantabria. Santander: Caja Cantabria. ISBN 9788460616078. 
  25. Ana Antón de Cos e Iván Pérez Miranda (2014). «Mitología de Cantabria. Proyecto de educación en valores en educación infantil» (pdf). Consultado el 20 de marzo de 2020. 
  26. Jesús Callejo Cabo (1996). «Gnomos. Guía de los seres mágicos de España.» (pdf). Consultado el 21 de marzo de 2020. 
  27. Juan Haya Martínez (1996). «Sobre mitología montañesa.» (pdf). Consultado el 21 de marzo de 2020. 
  28. Cristina Herrero Laborda (2016). «Más allá de Naturaleza y Cultura en una mascarada invernal: La Vijanera de Silió» (pdf). Consultado el 21 de marzo de 2020. 

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]