Medea (Eurípides)

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Fragmento de un códice de papel vitela del s. IV o V d. C. hallado por Flinders Petrie en 1888 en Arsínoe (Egipto) y conservado en el University College de Londres. El texto corresponde a las líneas 1087 a 1091 de Medea.[1] A pesar de ser una muestra tan pequeña, ha influido en ediciones modernas de la tragedia.
Elisabetta Pozzi (n. 1955) en el papel de Medea. Teatro Griego de Siracusa. 2009.
Otro momento de la misma representación.
Imagen de otra representación.
Eugène Delacroix: Medea furiosa (Médée furieuse, 1862).
Klara Ziegler (1844 - 1909) en el papel de Medea.

Medea (Μήδεια) es una tragedia de Eurípides. Se representó en el primer año de la Olimpiada 87ª (431 a. C.), y formaba parte de una tetralogía con las tragedias Filoctetes (Φιλοκτήτης) y Dictis (Δίκτυς) y el drama satírico Los recolectores (Θηρισταί). Ganó el certamen Euforión (Εὐϕορίων); el segundo fue Sófocles; y el tercero, Eurípides.

Marco mítico[editar]

La tragedia Medea trata de la conocida historia de Jasón tras las aventuras que lo llevaron a conquistar el vellocino de oro, trabajo impuesto por su tío Pelias. Jasón, tras el trabajo, se casó con Medea y tuvo un hijo en Yolcos.

Para hacerse con el poder en Yolcos, Pelias había matado a Esón, padre de Jasón. A la muerte de Pelias, Jasón ha de abandonar Yolcos y huir con Medea y su hijo Mérmero. En la muerte de Pelias estaba implicada Medea, que había engañado a las hijas de él para que lo mataran. Por este motivo, Jasón y Medea han de huir de Yolcos. Arriban a Corinto, donde reina Creonte y transcurre la historia contada en la tragedia.

Personajes[editar]

Argumento[editar]

Jasón, esposo de Medea, se promete en matrimonio a Glauce (Γλαυκή), hija del rey Creonte de Corinto, ante el espanto de Medea, que ve su lecho deshonrado.

Creonte, que había planeado el matrimonio, ante el temor de que Medea, sabia y hábil, se vengue, ordena su destierro inmediato.

Pero Medea, fingiéndose sumisa, pide un solo día de plazo para salir al destierro. Ese plazo lo aprovecha para realizar unos presentes a Glauce: una corona de oro y un peplo que causan la muerte por el simple contacto. Glauce muere de forma horrible:

No se distinguía la expresión de sus ojos ni su bello rostro, la sangre caía desde lo alto de su cabeza confundida con el fuego, y las carnes se desprendían de sus huesos, como lágrimas de pino, bajo los invisibles dientes del veneno.

Tras perpetrar ese horrible asesinato, Medea se siente obligada a matar a sus propios hijos, para evitar que otras manos más crueles les quiten la vida para vengar la muerte de Glauce.

Termina la obra con Medea subida en el carro de Helios, con quien ya tenía pactada su huida a Atenas, para evitar las iras de la familia de Creonte y de su propio marido Jasón.

Desde el carro de Helios, Medea increpa a Jasón:

¡Oh niños, cómo habéis perecido por la locura de vuestro padre!.

Jasón replica:

pero no los destruyó mi mano derecha.

Medea responde:

No, sino tu ultraje y tu reciente boda.

Análisis de la obra[editar]

Según los críticos, es una de las mejores obras de Eurípides.

Eurípides alza la figura femenina de forma extraordinaria. Medea es formidable, sabia, fuerte, hábil, luchadora y por ello es amada por unos, pero respetada y temida por todos.

Eurípides exalta los valores femeninos y defiende la condición femenina. Medea describe en la obra esta condición:

De todo lo que tiene la vida y pensamiento, nosotras las mujeres, somos el ser más desgraciado. Empezamos por tener que comprar un esposo con dispendio de riquezas y tomar un amo de nuestro cuerpo, y éste es el peor de los males. Y la prueba decisiva reside en tomar a uno malo o a uno bueno. A las mujeres no les da buena fama la separación del marido y tampoco les es posible repudiarlo.

(En el siglo V sí podía divorciarse con el patrocinio del arconte, aunque las desprestigiaba).

Y si nuestro esfuerzo se ve coronado por el éxito, y nuestro esposo convive con nosotras sin aplicarnos el yugo por la fuerza, nuestra vida es envidiable, pero si no, mejor es morir.

Dicen que vivimos en la casa una vida exenta de peligros, mientras ellos luchan con la lanza. Necios. Preferiría tres veces estar a pie firme con el escudo que enfrentarme al parto una sola vez.

Una mujer suele estar llena de temor y es cobarde, para contemplar la lucha y el hierro, pero cuando ve lesionados los derechos de su lecho, no hay otra mente más asesina.

El coro exclama ante el trato que de la sociedad griega recibía la mujer:

Pero lo que se dice de la condición de la mujer cambiará hasta conseguir buena fama, y el prestigio está a punto de alcanzar al límite femenino; una fama injuriosa no pesará ya sobre las mujeres.

Eurípides, conocedor de todas las corrientes filosóficas de su tiempo, avisa ya de un problema que es actualidad en nuestros días: la separación entre la sabiduría y el poder social. Y hace exclamar a Medea:

Si eres considerado superior, por poseer conocimientos variados, parecerás a la ciudad persona molesta.

En esta obra existe una acerba crítica a los sofistas, por poseer conocimientos y utilizarlos en beneficios distintos de la justicia.

Véase también[editar]

Notas y referencias[editar]

  1. Eurípides: Medea, 1.087 - 1.091.

Enlaces externos[editar]

  • Philippe Renault: estructura de Medea, y algunos fragmentos de la obra.
  • Eurípides: texto conservado de Filoctetes (Φιλοκτήτης).