Masculinidad hegemónica

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En los estudios de género masculinidad hegemónica es un concepto popularizado por la socióloga R. W. Connell de prácticas que propone que promueven la posición social dominante de los hombres, y la posición social subordinada de la mujer.[1]​ Conceptualmente, la masculinidad hegemónica propone explicar cómo y por qué los hombres mantienen los roles sociales dominantes sobre las mujeres, y otras identidades de género, que se perciben como "femeninos" en una sociedad dada.

Como concepto sociológico, la naturaleza hegemónica de la "masculinidad hegemónica" se deriva de la teoría de la hegemonía cultural, desarrollada por el teórico marxista Antonio Gramsci, que analiza las relaciones de poder entre las clases sociales de una sociedad. Por lo tanto, en el término "masculinidad hegemónica", el adjetivo hegemónico se refiere a la dinámica cultural por medio de los cuales un grupo social reclama y sostiene una posición de liderazgo dominante en una jerarquía social; no obstante, la masculinidad hegemónica encarna una forma de organización social que se ha desafiado y cambiado sociológicamente.

El patrón cíclico de como la masculinidad hegemónica se produce, reproduce y perpetúa.

Los inicios conceptuales de la masculinidad hegemónica representan la forma culturalmente idealizada de la virilidad que era socialmente y jerárquicamente exclusiva y preocupados con el ganar el pan cotidiano; eso provocaba ansiedad y diferenciaba (internamente y jerárquicamente); eso fue brutal y violento, pseudo-natural y duro, psicológicamente contradictorio, y por lo tanto propenso a las crisis; económicamente rica y socialmente sostenible.[2]

Muchos sociólogos criticaron que la definición de la masculinidad hegemónica como un tipo de carácter fijo, que es analíticamente limitado, porque excluye la complejidad de las diferentes, y en competencia, formas de masculinidad. En consecuencia, la masculinidad hegemónica fue reformulada para incluir la jerarquía de género, la geografía de las configuraciones masculinas, los procesos de realización social y las dinámicas psicosociales de las variedades de la masculinidad. Por otra parte, los defensores argumentan que la masculinidad hegemónica es conceptualmente útil para la comprensión de las relaciones de género, y es aplicable al desarrollo del ciclo de vida, educación, criminología, las representaciones de la masculinidad en los medios de comunicación de masas, la salud de los hombres y las mujeres y la estructura de las organizaciones desde el punto de vista funcional.[3]

Orígenes[editar]

En los estudios de género, la masculinidad hegemónica es un concepto popularizado por la socióloga (trans) R. W. Connell de prácticas propuestas que promueven la posición social dominante de los hombres y la posición social subordinada de la mujer.[1]

Las vías tradicionales para que los hombres ganen honor eran proporcionandas por sus familias y el ejercicio del liderazgo.[4]Raewyn Connell ha denominado al conjunto de roles y privilegios masculinos tradicionales como masculinidad hegemónica, alentado en los hombres y desalentado en las mujeres: "La masculinidad hegemónica se puede definir como la configuración de la práctica de género que encarna la respuesta corrientemente aceptada al problema de la legitimidad del patriarcado, lo que garantiza la posición dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres ".[5]

Violencia machista 3.jpg

La construcción de la masculinidad hegemónica está directamente vinculada con la adopción de prácticas temerarias y de graves riesgos.[6]

La masculinidad es objeto de estudio del discurso filosófico, el discurso antropológico, el discurso sociológico y el discurso psicológico.

La masculinidad hegemónica o machismo –definida como oposición o rechazo a la feminidad[7]​– está asociada directamente con el patriarcado como lógica de relación y de comprensión del mundo, donde el varón es el género predominante en la condición humana. Investigadores como Herb Goldberg,[8][9]Pierre Bourdieu,[10]​ o Michael Kaufman,[11]​ empezaron a valorar la importancia del estudio de la masculinidad patriarcal. También aparecieron nuevos investigadores como Keith Thompson,[12]Elizabeth Badinter y Adam Kuper,[13]Robert Moore y Douglas Gillette,[14]Robert Bly,[15]David D. Gilmore,[16]Benno de Keijzer,[17]Enrique Gil Calvo,[18]José Olavarría y Rodrigo Parrini,[19]Juan Carlos Hidalgo Ciudad,[20]Àngels Carabí y Josep M. Armengol,[21]Gustavo Briceño y Edgar M. Chacon,[22]Rubén Cisneros Pérez,[23]​ o Patricia Arés Muzio,[24]​ que se ocuparon de estudiar la construcción de la identidad masculina y los mandatos sobre la masculinidad en las relaciones de poder de nuestra sociedad.

Two wrestlers, one wearing red and the other blue
Las competiciones de fuerza y habilidad físicas son una característica de la masculinidad que aparece de alguna forma en virtualmente cada cultura. Aquí, dos marines de los EE.UU. compiten en un combate de lucha libre.

En algunos casos sostienen que la masculinidad patriarcal, aunque sea un sistema construido socialmente para beneficiar a los varones, también se padece, con lo cual, el patriarcado impondría sus cánones no sólo a las mujeres sino también a los varones que se verían, ellos también, obligados a una forma de ser específica que los convertiría en verdaderos hombres. La masculinidad sería la manera de ser hombre, el concepto social de cómo debe ser un hombre, cuyo ideal para la cultura patriarcal sería ser competitivo, fuerte, duro, musculoso, valiente, viril, un hombre de acción, independiente, seguro de sí mismo y un triunfador, al mejor estilo de los personajes interpretados por Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Clint Eastwood, Jean-Claude Van Damme, Mel Gibson, John Wayne, Chuck Norris, Charles Bronson o Bruce Willis en las películas de acción. El tema de la masculinidad dentro del cine llegó a convertirse en una asignatura en las universidades en los años 1990.[7][25]

Otros investigadores estudiaron el concepto de masculinidad en los rituales de iniciación en otras culturas.[26][10]

Según el sociólogo Pierre Bourdieu, la visión dominante sobre la masculinidad se puede estudiar en los discursos, los refranes, los proverbios, los enigmas, los cantos, los poemas, en las representaciones gráficas (arte y cine), en la organización del tiempo y el espacio y en las técnicas del cuerpo (postura, ademanes, poses y porte), que aparecen en todas las sociedades.[10]

Según el psicólogo Norberto Inda, los estudios de género con respecto a las mujeres lograron cuestionar la política sexista como prescripción de género, pero no con respecto a los varones, por lo cual éstos quedaron fijados en su rol de género. De esta manera se esquematiza el rol del ejercicio de la masculinidad y se la confunde con la representación social reduciéndose así las diferencias entre los varones y aumentándolas con respecto a las mujeres.[27]

Según el psicólogo Alfonso Hernández Rodríguez, se espera del varón que sea el que manda, el que dirige, el que toma las decisiones, el jefe de familia que provee económicamente y protege, aquel que logra el éxito entendido como riqueza y poder. Esta concepción excluye no solamente a las mujeres sino a los varones que no se corresponden con éstos cánones.[28]

Dentro de los roles característicos que se les asigna a la masculinidad hegemónica se encuentran: virilidad, caballerosidad, superioridad, fortaleza, temple, competición, entre otros. Esto lleva a una división social del trabajo desigual donde el varón tiene un lugar en el mundo asociada a la fuerza de trabajo y la mujer al de la reproducción. En palabras del psicólogo José Manuel Salas Calvo:

Además, como es el más fuerte, el más inteligente, el racional, "el hombre de la casa", debe asumir como propias de su masculinidad una serie de tareas que lo hacen encarar obligaciones y funciones de manera aberrante (lo mismo que sucede en la mujer: como la lleva dentro por nueve meses, la parió y puede amamantarla, es la única capacitada y llamada al cuido de la prole). Así el hombre es el llamado al sostén y mantenimiento de la familia, a asumirse únicamente como proveedor de las cuestiones materiales de la familia (obviando nutrir con otros alimentos básicos de la convivencia humana), a no manifestar preocupaciones cuando la situación socioeconómica aprieta, etc.[29]

Historia[editar]

El concepto de masculinidad hegemónica fue propuesto por primera vez en los informes de campo de un estudio sobre la desigualdad social en las escuelas secundarias de Australia;[30]​ en una discusión conceptual relacionada de la realización de las masculinidades y las experiencias de los cuerpos de los hombres;[31]​ y en un debate sobre el papel de los hombres en la política laboral de Australia.[32]​ Estos comienzos se organizaron en un artículo[33]​ que criticaron la literatura sobre el "rol del sexo masculino" y propusieron un modelo de múltiples masculinidades y relaciones de poder. Este modelo se integró en una teoría sociológica sistemática de género. Las seis páginas resultantes en Género y Poder por R. W. Connell[34]​ sobre "masculinidad hegemónica y feminidad enfatizada" se convirtieron en la fuente más citada para el concepto de la masculinidad hegemónica.[3]​ Este concepto basa sus raíces teóricas en el término gramsciano hegemonía, ya que se utilizó para entender la estabilización de las relaciones de clase. Después, la idea fue trasladada al problema de las relaciones de género.

La masculinidad hegemónica tiene algunas de sus raíces históricas tanto en los campos de la psicología social como de la sociología, que han contribuido a la literatura sobre el papel del sexo masculino que había empezado a reconocer la naturaleza social de la masculinidad y las posibilidades de cambio en la conducta de los hombres.[35]​ Esta literatura precedió al Movimiento de liberación de las mujeres y a las teorías feministas del patriarcado, que también jugaron un papel importante en la formación del concepto de la masculinidad hegemónica. Los conceptos fundamentales de poder y de la diferencia se encontraban en el movimiento de la liberación gay que no sólo había tratado de analizar la opresión de los hombres, sino también la opresión por los hombres.[36]​ Esta idea de una jerarquía de las masculinidades ha persistido desde entonces e influenciado fuertemente la reformulación del concepto.

La investigación social empírica también jugó un papel importante como un creciente cuerpo de estudios de campo documentado de las jerarquías de género locales y culturas locales de las masculinidades en las escuelas,[37]​ lugares de trabajo dominados por los hombres[38]​ y las comunidades rurales.[39]​ Por último, el concepto fue influenciado por el psicoanálisis.[3]​ Sigmund Freud produjo las primeras biografías analíticas de hombres y mostró cómo la personalidad adulta era un sistema en tensión y el psicoanalista Stoller[40]​ popularizó el concepto de identidad de género y cartografió su variación en el desarrollo de los niños.


Consecuencias de la masculinidad hegemónica[editar]

Las consecuencias de este marcado estereotipo social se puede encontrar en los servicios de terapia intensiva de los hospitales, en la población carcelaria, donde la gran mayoría de los reclusos son varones, en las estadísticas de accidentes y en los hechos delictivos que leemos en los diarios pues los varones tendrían una mayor propensión a cometer delitos. Ser varón es un factor de riesgo tanto para las estadísticas de suicidio como para las estadísticas de accidentes de tránsito.[41][17]

La maquinaria, el trabajo fuerte y músculos son tradicional y sesgadamente asociados con la masculinidad.

Esto no se debe a que la violencia o la agresividad sean algo inherente al ser varón sino a que los varones son más reticentes a consultar cuando se sienten mal y por eso suelen terminar internados cuando la situación ya es grave, a que los varones tienden más que las mujeres a exponerse a situaciones de riesgo porque eso es lo que se espera de ellos y porque son empujados socialmente a la pelea, la disputa, la demostración de fuerza física y el despliegue muscular.[27]

El significado de “Ser hombre” es diferente para cada persona, situación que se explica a partir del proceso de socialización al que todos los seres humanos estamos expuestos desde la más temprana edad, ya que no es lo mismo ser hombre en Europa que en América latina, o ser un hombre rural que vivir en un ámbito urbano, y más allá de esto, no es lo mismo vivir siendo un hombre heterosexual que un hombre homosexual. Este proceso puede llevar a no disfrutar de la sexualidad y no buscar el cuidado de la salud; además de perpetuar estereotipos.[42]

Desde su nacimiento se los viste de azul, se les enseña a no quejarse, a no mostrarse vulnerables porque eso significa debilidad, a no demostrar sus sentimientos en especial la ternura, a no pedir ayuda, a ser siempre activos y no mostrar su desconocimiento, a confundir acción y agresión con virilidad, a confundir el poder, la productividad, la conquista, la hiperactividad y la penetración con masculinidad, a luchar hasta no dar más, a rendir en los deportes a expensas de la propia salud, se les indica que no deben llorar, que deben competir y ganar siempre en las peleas, sobresalir en los deportes de riesgo, exponerse a peligros sin sentir temores, entre otros.[27]

Según la filósofa Simone de Beauvoir, desde muy pequeños a los varones se les retacea la ternura que se les brinda a las niñas condenándolos a la independencia, la madre les niega los besos y abrazos que prodiga a sus hermanas, no se los halaga por sus esfuerzos de seducción sino que se les enseña a no ser coquetos, no se los protege contra la angustia de la soledad porque «los hombres no tienen miedo», a través de frustraciones experimentan desde muy temprano el desamparo, su destete es más brutal que el de las niñas, se le dice «un hombre no pide besos», «un hombre no se mira en el espejo», «un hombre no llora». Se les inculca desde muy temprano el orgullo por la trascendencia de su sexo como compensación por todas las frustraciones padecidas.[43]

Para la sociedad la eficiencia del varón se identifica exclusivamente con el rendimiento productivo, laboral, económico, profesional o bélico, sin tener en cuenta sus reales necesidades tanto emocionales como físicas, sus sentimientos, su salud física o mental o su deseo sexual. Los varones son compelidos a tener una vida sexual frecuente y a estar siempre disponibles, como si más fuera sinónimo de mejor, con lo que la sexualidad masculina se convertiría más en un mandato social que en un placer singular.[27]

Como ejemplo podemos citar el hecho de que se espera que los jóvenes tengan experiencias sexuales como demostración de virilidad, ya que no hacerlo, puede llevar a la sociedad a dudar de su masculinidad. Esta situación lo enfrenta a un mayor riesgo si desconoce las estrategias de protección.[42]

Esto los convierte en un colectivo más vulnerable en cuanto a la salud sexual, como ser las infecciones de transmisión sexual como el SIDA, en cuanto a la salud reproductiva, como por ejemplo las dificultades para hacerse cargo de la paternidad y en cuanto a la violencia en general.[42]

Por ejemplo, un estudio realizado en Yucatán entre 2000 y 2005 sobre mortalidad infantil mostró un mayor índice de muertes en niños que en niñas. En cuanto a las cifras de suicidio entre adolescentes, la estadística mostró que un 80 % de los mismos habían sido realizados por varones. Entre las víctimas de homicidio en adolescentes entre 15 y 19 años, el 86 % habían sido varones.[44]

Pero como estos «valores masculinos» son socialmente más valorizados que los «valores femeninos», muchas veces los varones tienden a confundir más fácilmente identidad personal con identidad de género que las mujeres, o sea, lo que se espera de ellos según el estereotipo social, con lo que realmente son.[27]

Los estudios sobre varones surgieron básicamente para dar respuesta a las diversas formas de hacerse hombres en diferentes sociedades y contextos, pero más que nada, emergieron para entender por qué si el modelo tradicional de masculinidad ubica a los varones en una posición de poder y autoridad, desde hace algunas décadas se encuentran vulnerables a los vaivenes de la vida global y frente a las mujeres.[42]

Definición[editar]

La masculinidad tóxica es una de las formas en que el patriarcado es perjudicial para los seres humanos. Se refiere a las actitudes socialmente construidas que describen el papel del género masculino como violento, no emocional, y sexualmente agresivo. Todavía no ha aparecido un movimiento reconocido de la masculinidad y de derechos del hombre que en su mayor parte no sea anti-feminista. Para ver una táctica silenciadora utilizada para desacreditar el daño del patriarcado a personas que no son hombres, vea cómo el Patriarcado también perjudica a los hombres.

(http://geekfeminism.wikia.com/wiki/Toxic_masculinity)

Investigaciones sobre Eng-Beng Lim[editar]

Hay muchas investigaciones y discusiones sobre el término “Masculinidad Tóxica.” El profesor Eng-Beng Lim es uno de los más reconocidos en el estudios de género y mujeres a la Universidad de Dartmouth. A raíz de la controversialidad en los temas que el profesor Lim estudia y discute, fue puesto en la lista“Professor Watch List”. Lim escribió muchos artículos sobre género, mujeres, y el violencia basado en los actos violentos de la discoteca de Orlando. Lim ha traído a la relevancia el uso de armas en actos violentos como este, estas acciones y declaraciones no han sentado bien a los conservadores que defienden el derecho de portar armas.

http://dartmouth.edu/faculty-directory/eng-beng-lim

http://www.professorwatchlist.org/index.php/watch-list-directory/search-by-name/217-eng-beng-lim

Rol de Género[editar]

En la sociedad, los hombres son enseñados a enmascarar sus emociones y ser duros. Desde el nacimiento, los niños son tratados de una manera “especial” por sus padres. Los niños aprenden a una temprana edad que los niños no lloran como “las niñas” y tienen que ser fuertes. La ropa que usan debe ser suelta y los colores oscuros. Ellos deben jugar deportes rudos como el fútbol americano o el baloncesto. Hay una idea que los niñitos necesitan “lograr” la masculinidad y que ellos necesitan transformarse en hombres (Halloway 2015). Esto es peligroso para los hombres porque se espera que oculten su identidad y esto puede generar depresión y terminar en suicidio. Los números de muertos se atribuyen a manifestaciones más específicas, como: alcoholismo, adicción al trabajo y violencia. Incluso cuando no hay muertes relacionadas, causan una especie de muerte espiritual, dejando a muchos hombres traumatizados, aislados y a menudo sin saberlo deprimidos” (Halloway 2015).

Holloway, Kali. "Toxic Masculinity Is Killing Men: The Roots of Men and Trauma." Alternet.

Violencia[editar]

La masculinidad tóxica tiene la capacidad de causar violencia y varios problemas en todo el mundo. Por ejemplo, en el año 2016, hubo 449 tiroteos en los Estados Unidos (Mass Shooting Tracker). El 12 de junio de 2016, Omar Mateen, un guardia de seguridad de 29 años, mató a 49 personas e hirió a 53 personas en un ataque terrorista o crimen de odio dentro de Pulse, un club nocturno gay en Orlando, Florida, Estados Unidos. Fue asesinado por oficiales del Departamento de Policía de Orlando (OPD) después de un enfrentamiento de tres horas. La discoteca Pulso estaba auspiciando una noche latina, por lo que la mayoría de las víctimas eran latinos. Fue uno de los tiroteos más sangrientos de la historia, por culpa del tirador, es clasificado el incidente más letal de violencia contra personas LGBT en la historia de Estados Unidos. También fue el ataque terrorista más letal en Estados Unidos desde los ataques del 11 de septiembre en el 2001 (Wiki).

En su peor forma, la masculinidad tóxica resulta en explosiones extremas de violencia. Muchos, si no la mayoría de violadores, agresores y asesinos niegan su responsabilidad personal negando su culpabilidad, y en vez utilizan otra causa como justificación de su violencia. Brock Turner, el infame violador de Stanford, culpó al alcohol y la promiscuidad por su violenta violación de una mujer detrás de un contenedor de basura. Nunca asumió la responsabilidad ni se disculpó ante la víctima. Del mismo modo, el día en que Elliot Rodgers mató a tiros a seis personas en una universidad de California, subió un manifiesto de 137 páginas de frustración frenética por su falta de proeza sexual (Duke Chronicle). Afirmó que "merece las niñas" más que otros hombres, prometiendo: "Si no puedo terner chicas, las destruiré." Rodgers apuntó a una casa de hermandades Alpha Phi sólo horas más tarde (Duke Chronicle). La conexión entre la masculinidad tóxica y los disparos en masa, por ejemplo, ha sido bien establecida y comprobada.

http://www.breitbart.com/tech/2016/08/01/dartmouth-course-orlando-shooting-cites-toxic-masculinty-cause/

http://www.thecollegefix.com/post/28318/

http://www.dukechronicle.com/article/2016/10/talking-toxic-masculinity

El Camino hacia la Desintoxicación de la Masculinidad Toxica[editar]

Hay muchas maneras de desintoxicar la masculinidad. Según un artículo escrito por "Dr. NerdLove,, afirma que para encontrar la solución a la fijación de la masculinidad tóxica un macho debe dejar de tratar a las mujeres como si fueran un enemigo. Los hombres no pueden mirar a una mujer y pensar que ellas son inferiores. Los hombres necesitan recordar que fueron criados por una mujer. Cuando una mujer expresa su opinión sobre cualquier asunto, debe ser tomada en serio de entrada y sin condescendencia, igual que es tratado un hombre (sin tomar en cuenta más que esto, que es un hombre) cuando habla; pues la masculinidad hegemónica enseña al hombre a hacer valer sus opiniones, así como a dar menos valor a la de las mujeres, que a menudo son tomadas por bobas o histéricas. Esto es debido al presupuesto machista de que un mismo asunto será, en general, considerado con mayor objetividad por un hombre que por una mujer, dado que este no se deja llevar tanto por sus sentimientos como aquella. Esta perspectiva es ridícula y carece de fundamento real, ya que se están reduciendo muchos factores a unos pocos; un hombre puede ser completamente estúpido y aportar las peores ideas del mundo, los sentimientos de un hombre pueden dominar su discurso y suelen hacerlo (p. ej. la ira o el orgullo, emociones que la masculinidad hegemónica no enseña a controlar y que, por tanto, nublan fácilmente el juicio, pero también, claro, sentimientos de temor, vergüenza, amor...), así como los propios intereses. Una mujer, por supuesto, tiene sentimientos y hormonas, pero los hombres también. Una mujer es tan capaz de distinguir entre sus sentimientos y la realidad como lo es un hombre, así como de llegar al mismo nivel de estudios y sacarse los mismos títulos. Hay mujeres que gobiernan países mucho mejor que muchos hombres, y también empresas. Los hombres deben asumir, en suma, que una mujer pueda tener acerca de algo una perspectiva más objetiva o una estrategia mejor para la solución de un problema y que, por supuesto, una mujer puede ser mejor que ellos en cualquier cosa (tal como otro hombre puede serlo). Asumir esto significa dejar de lado cualquier sentimiento de humillación que pueda acarrear, ya que la masculinidad hegemónica sufre su peor golpe psicológico cuando una mujer es mejor que un hombre en algo que no sea una tarea específicamente designada para mujeres (como, p. ej. la limpieza del hogar), pues estas tareas son percibidas desde una perspectiva patriarcal como secundarias (el "macho" ideal no compite en ellas, porque las considera humillantes en sí mismas). El mismo hombre que no acepta tareas de mujeres, se siente humillado cuando una mujer le supera en lo que él hace. ¿Por qué? Sencillamente porque se le ha educado patriarcalmente.

Otra manera de arreglar la masculinidad tóxica es dejando de creer las peores estereotipos de los hombres. La gente necesita darse cuenta de que los niños serán niños. Un hombre puede ofenderse cuando se le dice que los hombres sólo quieren sexo, que los hombres no son capaces de mantener relaciones estables, o que los hombres son infieles. Esta clase de comentarios forman una imagen caricaturizada del hombre patriarcal (el "macho"), que debe ser superado.

http://www.doctornerdlove.com/2015/04/reclaiming-manhood-detoxifying-toxic-masculinity/

Emasculación[editar]

Los comportamientos afeminados son los comportamientos que exhiben los hombres que son más estereotipados como mujeres de la sociedad. Mostrar o exhibir comportamientos afeminados no hace una persona menos masculina. Sin embargo, muchas veces estos comportamientos afeminados son la consecuencia de percibirse a sí mismo como un hombre emasculado. Por definición la palabra emascular significa Extirpar o inutilizar los testículos o los testículos y el pene de un hombre o de un animal macho.

Con relación al género, emascular es la palabra que se utiliza para describir que un hombre es privado de su rol masculino o identidad. Existe una teoría que indica que hay una variedad de intereses y actividades femeninas que un hombre no sería capaz de soportar. Estos refutan la masculinidad de un hombre sin importar su interés de otras acciones en sus aspectos personales, cosméticos, y de moda. Algunos ejemplos de comportamientos afeminado serían los siguientes: el ser emocionales y expresar sus emociones a través del llanto. Un hombre admite que necesitan ayuda o no tiene conocimiento, no es un hombre típico.

http://mentherapytoronto.com/wounded-masculinity/effeminate-behaviours/

Estereotipos e Hipermasculinidad[editar]

Los estereotipos de género son generalizaciones simplistas acerca de los atributos de género, diferencias y roles de los individuos o grupos. Los estereotipos pueden ser positivos o negativos, pero raramente se comunica información precisa sobre los demás. Un rol de género es un conjunto de normas sociales que dictan qué tipos de comportamientos generalmente se consideran aceptables, adecuados o deseables para una persona sobre la base de su sexo real o percibido. La cultura occidental tradicionalmente retrata a los hombres con los tres temas que conforman los roles de género masculino.

1. fuerza: dureza emocional, coraje, independencia, racionalidad

2. Honor: deber de lealtad, responsabilidad, integridad, generosidad, compasión, generatividad

3. Acción: competitividad, ambición, Asunción de riesgos, agencia, voluntad

Hipermasculinidad - se utiliza para explicar el comportamiento masculino estereotipado o exagerado, como ser fuerte, agresivo y un mujeriego.

1. frialdad: estoicismo, de corte relacional, intrepidez

2. Sociopatía: vanidad, arrogancia, manipulación, egoísmo, falta de conciencia

3. Hostilidad: violencia, riesgos, hiper agresividad que pone en peligro la vida

http://www.psychologyofmen.org/male-gender-role/

https://en.wikipedia.org/wiki/Gender_role

Ejemplos[editar]

    • American Male Video: Un ejemplo de masculinidad tóxica es en el video de MTV “American Male.” En este video, hay ejemplos de estereotipos en nuestra sociedad como los hombres no pueden ordenar vino o no pueden comer tofu. Es una obra fuerte y visual. https://mic.com/articles/155039/short-film-american-male-explores-how-men-are-taught-homophobia-and-toxic-masculinity#.sjYgeJdAx
    • Hombre Hombre: Según de un artículo “College Times,” ser un “hombre hombre” hay ocho elementos. Unas pocas cosas son que es necesario tener una barba, pelo en el pecho, fuerza, come carne y mucha proteína, un deseo a tener grandes musculares y la habilidad a fijar y construir (Leahy 2016).

Véase también[editar]

Referencias[editar]

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