Masculinidad

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Statue of Heracles, holding a club and caressing a lion
En la mitología griega, Hércules es sinónimo de masculinidad, junto con Apolo.
Símbolo masculino.

Según algunas corrientes académicas la masculinidad (también llamada hombría) es un conjunto de atributos, comportamientos y roles generalmente asociados con los varones niños y adultos. Es una combinación de factores definidos socialmente y biológicos,[1] [2] [3] distinta de la definición del sexo anatómico masculino. [4] [5] Según otras corrientes académicas, la masculinidad es la construcción cultural de género que designa el rol de los varones en la sociedad.

Entre los rasgos considerados masculinos, un conjunto de características asociadas al rol tradicional del varón, se incluyen el valor, la independencia y la asertividad. [6] [7] [8] Estas características varían según la ubicación y el contexto, y son influenciados por factores sociales y culturales.[9] Otras fuentes también consideran ejemplos de esas características la fuerza, la valentía, la virilidad, el triunfo, la competición, la seguridad o el no mostrar afectividad y que a lo largo de la historia, y todavía hoy día, los varones han sufrido una gran presión social para responder con comportamientos asociados a esos atributos.

Tanto los hombres como las mujeres pueden presentar rasgos y comportamientos masculinos. Aquellos que exhiben características tanto masculinas como femeninas se consideran andróginos y filósofos feministas han argumentado que la ambigüedad de género puede desdibujar las clasificaciones que se hagan.[10] [11] .

Un énfasis excesivo en la masculinidad y el poder, a menudo asociado con un desprecio por las consecuencias y la responsabilidad, es conocido como machismo. [12]

En algunas culturas y dependiendo del idioma, los conceptos y objetos inanimados se consideran masculinos o femeninos (la contraparte de lo masculino).[13]


Generalidades[editar]

El concepto de la masculinidad varía histórica y culturalmente; por ejemplo, aunque el dandi fue visto como un ideal de masculinidad del siglo XIX, es considerado afeminado por los estándares modernos.[14] Similar a la masculinidad es la virilidad (del latín vir , "hombre").

Actualmente existe un amplio espectro de investigaciones sobre el tema de la masculinidad y las masculinidades desde distintas ciencias sociales y con diferentes perspectivas. El estudio de la masculinidad o las masculinidades han sido objeto tanto de la antropología, como la sociología, la filosofía, la psicología y el ámbito de la sexualidad y la salud reproductiva.[15] El estudio académico de la masculinidad ha recibido una mayor atención durante la década de 1980 y principios de la de 1990, (por ejemplo, el número de cursos sobre el tema en los Estados Unidos pasó de 30 a más de 300).[16] Esto ha provocado la investigación de la intersección de la masculinidad con otros ejes de la discriminación social y conceptos de otros campos, como la construcción social de la diferencia de género[17] (prevalente en un número de teorías filosóficas y sociológicas).

Cualidades, características o roles masculinos, se consideran típicos de, o apropiados para, un niño o un hombre. Tienen grados de comparación: "más masculino" y "lo más masculino de todo", y lo contrario puede ser expresado por "poco masculino" o "epiceno".[18] Según algunas fuentes, se entiende por masculinidades a un conjunto de construcciones culturales a través de la historia, por las cuales se les asignan a los varones ciertos roles sociales propios de su género. Desde esta perspectiva se le asignan, también, otras características a las mujeres. Por ejemplo, según el psicólogo Juan Carlos Ramírez Rodríguez, se espera de los varones que sean fuertes, independientes, agresivos, activos, resistentes, que soporten el dolor y que sean ellos los violentos.[19] Normas masculinas, como las describe Ronald F. Levant en su Masculinity Reconstructed (Masculinidad reconstruida), son "evitar la feminidad; emociones restringidas; sexo desconectado de la intimidad; búsqueda del logro y el estatus; la autosuficiencia; la fuerza; la agresión y la homofobia."[20] Estas normas refuerzan los roles de género mediante la asociación de atributos y características con un género.[21]

Desarrollo de la masculinidad[editar]

Carpenter in a hard hat using a hand drill outdoors
Un trabajador de la construcción

La importancia relativa de la socialización y de la genética en el desarrollo de la masculinidad es debatida.[22] [23] Psicoanalistas como Sigmund Freud y Carl Jung creían que en el inconsciente todos los seres humanos son bisexuales innatos[24] y los aspectos de la identidad "femenina" y "masculina" están presentes en todos los varones humanos.[25] [26] [27] [nb 1]

El desarrollo histórico de los roles de género es abordado por la genética del comportamiento, la psicología evolutiva, la ecología humana, la antropología y la sociología.[28] Todas las culturas humanas parecen alentar los roles de género en la literatura, el traje y la canción; ejemplos pueden incluir las epopeyas de Homero, los cuentos de Hengist y Horsa y los comentarios normativos de Confucio. Tratamientos más especializados de la masculinidad se pueden encontrar en el Bhagavad Gita y en el bushidō de Hagakure.

En muchas culturas, la exhibición de características no típicas del género puede ser un problema social. En sociología, este etiquetado es conocido como suposiciones de género y es parte de la socialización para satisfacer las costumbres de una sociedad. El comportamiento no estándar puede considerarse indicativo de homosexualidad, a pesar del hecho de que la expresión de género, identidad de género y orientación sexual son ampliamente aceptados como conceptos distintos en algunas culturas.[29] Cuando la sexualidad se define en términos de la elección del objeto (como en los primeros estudios de sexología), la homosexualidad masculina se interpreta como afeminamiento.[30] La desaprobación social de la masculinidad excesiva puede ser denostada como "machismo"[12] o por neologismos como "envenenamiento de testosterona".[31]

Naturaleza versus crianza[editar]

La medida en que la masculinidad es innata o condicionada[32] se debate. Investigaciones del genoma han aportado información sobre el desarrollo de las características masculinas y el proceso de la diferenciación sexual específicos para el sistema reproductivo humano. El factor de determinación de testículo (también conocido como proteína SRY) en el cromosoma Y, crítico para el desarrollo sexual masculino, activa la proteína SOX9.[33] La proteína SOX9 trabaja con la proteína SF1 para aumentar el nivel de la hormona antimulleriana, reprimiendo el desarrollo femenino, mientras que activa y forma un bucle feed-forward con la proteína FGF9; esto crea los cordones testiculares y es responsable de células de Sertoli, que ayudan en la producción de esperma.[34] La activación de la SRY detiene el proceso de creación de una criatura femenina, a partir de una cadena de acontecimientos que conducen a la formación de los testículos, la producción de andrógenos y una serie de efectos hormonales pre y post-natales.[35] Cómo un niño desarrolla la identidad de género también se debate. Algunos creen que la masculinidad está vinculada con el cuerpo masculino; en este punto de vista, la masculinidad se asocia con los genitales masculinos.[36] Otros han sugerido que aunque la masculinidad puede estar influenciada por la biología, también es una construcción cultural. Los defensores de esta visión argumentan que las mujeres pueden llegar a ser hombres hormonalmente y físicamente,[36] y muchos aspectos de la masculinidad que se supone que son naturales son en realidad impulsados lingüística y culturalmente.[37] Por el lado de la crianza de los debates, se argumenta que la masculinidad no tiene una sola fuente. Por el otro lado, aunque los militares tienen un interés profesional en la construcción y la promoción de una forma específica de la masculinidad, no la crean.[38] El vello facial está ligado a la masculinidad a través del lenguaje, en historias de chicos que se conviertan en hombres cuando comienzan a afeitarse.[39]

Masculinidad precaria[editar]

Algunos investigadores han argumentado que la "precariedad" de la masculinidad contribuye al comportamiento tradicionalmente masculino.[40] "Precario" significa que la masculinidad no es innata, sino que debe ser alcanzada. En muchas culturas, los niños sufren dolorosos rituales de iniciación para convertirse en hombres. La masculinidad también se puede perder, como cuando un hombre es ridiculizado por no "ser un hombre". Los investigadores han encontrado que los hombres responden a las amenazas a su hombría mediante la participación en las conductas y creencias estereotipadamente masculinas, el apoyo de la jerarquía, la adhesión a creencias homofóbicas, el apoyo a la agresión y la elección de tareas físicas más que de las intelectuales. [41]

En 2014, Winegard, Winegard y Geary escribieron que la precariedad de la masculinidad implica estatus social (prestigio o dominancia), y la virilidad puede ser más (o menos) precaria debido a las vías que tienen los hombres para alcanzar el estatus.[42] Los hombres que se identifican con actividades creativas, como la poesía o la pintura, pueden no experimentar la masculinidad como precaria, pero pueden responder a las amenazas a su inteligencia o creatividad. Sin embargo, los hombres que se identifican con actividades tradicionalmente masculinas (como el fútbol o el ejército) pueden ver la masculinidad como precaria. Según Winegard, Winegard, y Geary, esto es funcional; la poesía y la pintura no requieren rasgos tradicionalmente masculinos, y los ataques a esos rasgos no inducen a la ansiedad. El fútbol y el ejército requieren rasgos tradicionalmente masculinos, como la tolerancia al dolor, la resistencia, la musculatura y coraje y los ataques a esos rasgos inducen ansiedad y pueden desencadenar impulsos y comportamientos de represalia. Esto sugiere que los debates "naturaleza-versus-crianza" acerca de la masculinidad pueden ser simplistas. Aunque los hombres evolucionaron para perseguir el prestigio y el dominio (estatus), la forma en que persiguen dicho estatus depende de sus talentos, rasgos y disponibilidad de posibilidades. En las sociedades modernas, pueden existir más vías hacia el estatus que en las sociedades tradicionales y esto puede reducir la precariedad de la masculinidad (o de la virilidad tradicional); Sin embargo, es probable que esto no atenúe la intensidad de la competencia entre varones.

Tendencias occidentales[editar]

Según un documento presentado por Tracy Tylka a la Asociación Estadounidense de Psicología, "En lugar de ver una disminución de la cosificación[nb 2] de las mujeres en la sociedad, ha habido un aumento en la cosificación de ambos sexos. Y esto se puede ver que en los medios de comunicación hoy en día ". Los hombres y las mujeres restringen la ingesta de alimentos en un esfuerzo por lograr lo que consideran un cuerpo atractivo delgado; en casos extremos, esto conduce a trastornos de la alimentación.[43] El psiquiatra Thomas Holbrook citó un estudio canadiense reciente que indica que al menos una de cada seis personas con trastornos de la alimentación son hombres.[44]

Una investigación en el Reino Unido encontró que: "los hombres y mujeres más jóvenes que leen revistas de fitness y moda podrían ser dañados psicológicamente por las imágenes de físicos femeninos y masculinos perfectos." Las mujeres y los hombres jóvenes ejercen en exceso un esfuerzo por lograr lo que consideran un cuerpo atractivo y muscular, lo que puede conducir al trastorno dismórfico corporal o a la dismorfia muscular.[45] [46] [47] Aunque los estereotipos pueden haber permanecido constantes, el valor fijado a los estereotipos masculinos ha cambiado; se ha argumentado que la masculinidad es un fenómeno inestable, que nunca se logra en última instancia.[39]

Two construction workers positioning a beam
Trabajadores de la construcción masculinos sin equipo de protección contra caídas adecuado.

Asunción de riesgos[editar]

La tasa de accidentes por vehículo-kilómetro recorrido es mayor para las mujeres que para los hombres, aunque los hombres son más propensos a morir en accidentes en los que están involucrados.[48] Los hombres conducen más kilómetros que las mujeres y en promedio tienen más probabilidades de estar involucrados en accidentes de tráfico . Incluso en la categoría de las "muertes de jóvenes conductores (16-20 años) con un alto contenido de alcohol en sangre", el riesgo de un hombre de morir es más alto que el de una mujer de su mismo nivel socioeconómico; las mujeres conductoras jóvenes tienen que estar más intoxicadas para tener el mismo riesgo de morir en un accidente fatal que los hombres conductores jóvenes..[49] Un estudio reciente sugiere que los hombres jóvenes tienen más aversión al riesgo que los de hace una generación, principalmente porque están menos motivados y en peor estado físico que la generación de sus padres.[50]

Cuidado de la salud[editar]

Silhouetted soldier drinking a glass of beer
Un soldado británico bebe una cerveza después de su regreso de Afghanistán

La evidencia apunta a los efectos negativos de la masculinidad hegemónica en el comportamiento relacionado con la salud de los hombres. Por ejemplo, los hombres estadounidenses hacen 134.5  millones menos visitas al médico por año que las mujeres. Los hombres hacen el 40,8 por ciento de todas las visitas al médico, incluidas las visitas de obstetricia y ginecología de la mujer. El veinticinco por ciento de los hombres de 45 a 60 años no tienen un médico personal, aumentando su riesgo de muerte por enfermedad cardiaca. Hombres entre 25 y 65 años tienen cuatro veces más probabilidades de morir de enfermedades cardiovasculares que las mujeres y son más propensos a ser diagnosticados con una enfermedad terminal debido a su renuencia a ver a un médico. Las razones citadas para no ver a un médico incluyen el miedo, la negación, la vergüenza, una aversión a las situaciones fuera de su control y la creencia de que visitar a un médico no compensa el tiempo o el dinero invertidos.[51]

En 2004, Arran Stibbe publicó un análisis de una conocida revista masculina salud del año 2000. De acuerdo con Stibbe, aunque la revista se enfocada ostensiblemente en la salud también promovía comportamientos masculinos tradicionales como el consumo excesivo de alimentos de conveniencia (comida basura) y de carne, el consumo de alcohol y las relaciones sexuales sin protección.[52] [53]

La investigación sobre el contenido de los comerciales de cerveza conducida por Lance Strate[54] dio resultados relevantes para un estudio de la masculinidad. En los anuncios de cerveza, se fomenta el comportamiento masculino (especialmente la asunción de riesgos). La publicidad se centra a menudo en situaciones en las que un hombre vence un obstáculo en un grupo, trabajando o desempeñándose en roles duros (trabajadores de la construcción o agricultores o cowboys). Aquellos que implican el juego tienen temas centrales de dominio (de la naturaleza o de las otras personas), riesgo y aventura: pesca, camping, jugar deportes o socializar en barras. Por lo general hay un elemento de peligro y un enfoque en el movimiento y la velocidad (viendo los coches rápidos o conducir a alta velocidad). El bar es un entorno donde se mide la masculinidad en habilidades tales como jugar billares, exhibición de fuerza y de la capacidad de beber. A pesar del fomento de la toma de riesgos que realiza la industria de la cerveza, el consumo de alcohol ha disminuido en todos los grupos etarios.[55]

Nuevas masculinidades[editar]

En 1991, el psicólogo Aaron Kipnis planteó la necesidad de encontrar una nueva forma de masculinidad capaz de vivir en armonía con la feminidad.[56] [57] [58]

Según el psicólogo Antonio Boscán Leal, la búsqueda de nuevas masculinidades está asociada a la posibilidad de pensar un acompañamiento o una cooperación a los procesos de liberación de las mujeres. Estas nuevas masculinidades han establecido una brecha entre aquellos roles estereotipados históricamente y la posibilidad de establecer relaciones igualitarias entre varones, mujeres y otras identidades sexuales:

Ciertos estudios confirman la existencia, en diferentes sociedades e incluso en una misma sociedad, de múltiples masculinidades. Ahora bien, algunos investigadores sociales encontraron, como un factor común en la mayoría de los grupos sociales por ellos estudiados, una misma tendencia a exaltar un modelo de masculinidad por encima de otros existentes, el cual se busca imponer de forma hegemónica a todos los varones pertenecientes al grupo. También establecieron que en la constitución de tales modelos hegemónicos intervienen factores de diferentes órdenes: políticos, económicos, sociales y culturales.[59]

Desde hace algunas décadas, varones preocupados por la imposición de relaciones de dominación sobre las mujeres a partir del patriarcado, se han comenzado a organizar para acompañar a las mujeres en sus luchas. Dichos colectivos de «Varones Antipatriarcales» hacen aportes a las críticas al capitalismo a partir de matrices de pensamiento alternativas al mandato patriarcal del varón.[60] [61] [62] [63]

Para la masculinidad patriarcal los varones deben ser machistas o, en caso contrario, se trataría de varones afeminados, débiles, indefinidos, maricones o blandos, sin embargo, según Antonio Boscán Leal, muchos de estos nuevos grupos de varones que rechazan la masculinidad patriarcal hegemónica, no proponen un movimiento que los vuelva pasivos frente a las mujeres o los demás varones, ni una feminización negativa del rol del varón en la sociedad, sino que lo que propician es una superación del machismo tradicional para que se los habilite a asumir actitudes emocionales que los conecten con la ternura y les permita vivir una sexualidad sensible y amorosa sin por eso dejar de ser masculinos.[59]

Comunidades LGBT[editar]

General[editar]

Joseph Pleck argumenta que la jerarquía de la masculinidad existe en gran parte como la dicotomía de varones homosexuales y heterosexuales: "Nuestra sociedad utiliza la dicotomía heterosexual-homosexual masculino como símbolo central para todos los rankings de masculinidad, de la división por cualquier motivo entre los hombres que son "hombres de verdad" y que tienen el poder y los hombres que no lo son ".[64] Michael Kimmel[65] añade que el tropo "Eres tan gay" indica una falta de masculinidad, en lugar de la orientación homosexual. Según Pleck, para evitar la opresión masculina de las mujeres, la propia y la de los otros hombres, las estructuras, instituciones y discursos patriarcales deben ser eliminados de la sociedad estadounidense. Un término para una mujer masculina es "marimacho", utilizado en las subculturas de la comunidad de lesbianas, gay, bisexuales, transgénero (LGBT) y travestis[66] [67] [68] para describir una identidad masculina y sus rasgos asociados, comportamiento, estilo y autopercepción.[69]

Hombres[editar]

Los hombres homosexuales son considerados por algunos como "desviados de la norma masculina" y son estereotipados con benevolencia como "suaves y refinados", incluso por otros hombres gay. Según el activista de derechos humanos gay Peter Tatchell:

En contra de la afirmación bienintencionada de que los gays son "lo mismo" que los héteros, hay una diferencia. Lo que es más, el estilo distintivo de la masculinidad gay es de gran beneficio social. ¿No sería la vida aburrida sin el talento y la imaginación de diseñadores y decoradores de interiores homosexuales? ¿Cómo podría el NHS (Sistema Nacional de salud de los EE.UU. por sus siglas en inglés) funcionar sin enfermeras homosexuales o el sistema de educación sin maestros gays? La sociedad debe agradecer a sus estrellas de la suerte de que no todos los hombres resultan heteros, machos e insensibles. Los diferentes modos de masculinidad hetero y homo no son, por supuesto, biológicamente fijados.[70]

En el documental The Butch Factor,[nb 3] en el que se entrevistaron hombres homosexuales, uno de ellos transgénero, se les preguntó acerca de sus puntos de vista sobre la masculinidad. Los rasgos masculinos eran generalmente vistos como una ventaja dentro y fuera del armario, permitiendo que los hombres gays "masculinos" ocultar su orientación sexual en el ejercicio de actividades masculinas como los deportes. El afeminamiento es inapropiadamente[29] asociado con la homosexualidad[30] [71] y algunos hombres gay dudaban de su orientación sexual; no se veían a sí mismos como afeminados, y sentían poca conexión con la cultura gay.[72] Algunos hombres gay afeminados en The Butch Factor se sentían incómodos con su feminidad (a pesar de estar a gusto con su sexualidad), [73] y los hombres homosexuales femeninos pueden ser ridiculizados por gays que responden al estereotipo masculino.[74] [75]

Hombres de aspecto femenino tendían a salir del armario antes, después de ser etiquetados como gay por sus pares. Con más probabilidades de enfrentar intimidación y acoso durante toda su vida,[72] se burlan de ellos con palabras despectivas, como "maricón", que implica cualidades femeninas. Los hombres homosexuales afeminados y con estilo "camp" utilizan a veces lo que John R. Ballew llamado "humor camp", por ejemplo refiriéndose unos a otros con pronombres femeninos (según Ballew, "una manera divertida de desactivar el odio dirigida hacia nosotros [los homosexuales]"); sin embargo, tal humor "puede causar que nosotros [los homosexuales] nos confundamos en relación a cómo nos sentimos acerca de ser hombres." [76]

A los hombres [heterosexuales] a veces se les aconseja ponerse en contacto con su "lado femenino interno." En cambio, tal vez los hombres gay tienen que estar en contacto con su "lado masculino interno". Identificar aquellos aspectos de ser un hombre que más valoramos y luego cultivar aquellas partes de nosotros mismos puede llevar a un sentido más saludable y menos distorsionado de nuestra propia masculinidad.

John R. Ballew - Gay men and masculinity[76]

Un estudio realizado por el Centro de Estudios Teóricos de la Universidad Carolina de Praga y la Academia de Ciencias de la República Checa encontró diferencias "significativas" en la forma entre las caras de los hombres heterosexuales y homosexuales, con las de los hombres gay que presentaban características "masculinas" ("socava[ndo] nociones estereotipadas de hombres gay como con un apecto más femenino.")[77]

Los hombres homosexuales se han presentado en los medios de comunicación como femeninos y expuestos al ridículo, a pesar de que películas como Brokeback Mountain están contrarrestando el estereotipo.[76] Un desarrollo reciente es la representación de hombres gay en la comunidad LGBT como "osos", una subcultura de los hombres gay que celebra la masculinidad robusta[78] [79] y con los "caracteres sexuales secundarios del macho: vello facial, vello corporal, tamaño proporcionado, calvicie". [80]

El profeminismo de la segunda ola ha prestado mayor atención a los temas de la sexualidad, en particular a la relación entre los hombres homosexuales y la masculinidad hegemónica. Este cambio provocó un aumento de la cooperación entre el desarrollo de los movimientos de liberación de los hombres y la liberación gay, en parte, porque la masculinidad se entendía como un constructo social y en respuesta a la universalización de los "hombres" en los movimientos de hombres anteriores. Activistas de derechos de los hombres trabajaron para detener la influencia de las feministas de la segunda ola en el movimiento de derechos de los homosexuales, con la promoción de hipermasculinidad como algo inherente a la sexualidad gay.[81]

Historia[editar]

Dado que lo que constituye la masculinidad ha variado en el tiempo y el lugar, de acuerdo con Raewyn Connell es más apropiado hablar de "masculinidades" que de un solo concepto general.[82] El estudio de la historia de la masculinidad surgió durante la década de 1980, ayudado por los campos de la historia de las mujeres y (más tarde) la del género. Antes de que se examinara la historia de las mujeres, hubo una "estricta división de lo público/privado por géneros"; en relación con la masculinidad, esto significaba poco estudio de cómo los hombres se relacionaban con el hogar, la domesticidad y la vida familiar.[83] Aunque el papel histórico de la mujer fue negado, a pesar de la escritura de la historia por (y principalmente sobre) los hombres una parte importante de la experiencia masculina había desaparecido. Este vacío fue cuestionado durante la década de 1970, cuando la historia de las mujeres comenzó a analizar el género y las mujeres para profundizar en la experiencia femenina.[84] El artículo seminal de Joan Scott, llamando a los estudios de género un concepto analítico para explorar la sociedad, el poder y el discurso, sentó las bases de este campo.[85] Según Scott el género debe ser utilizado de dos maneras: productivas y producidas. El género productivo examinó su papel en la creación de relaciones de poder y género producido exploró el uso y cambio de género en toda la historia. Esto ha influido en el campo de la masculinidad, como se ve en la definición de Pierre Bourdieu de la masculinidad: producida por la sociedad y la cultura, y que se reproduce en la vida diaria.[86] Una ráfaga de trabajo en la historia de la mujer llevó a una convocatoria de estudio del rol masculino (inicialmente influenciado por el psicoanálisis) en la sociedad y la vida emocional e interpersonal. Connell escribió que estas obras iniciales estuvieron marcados por un "alto nivel de generalidad" en "amplias investigaciones de las normas culturales". Los académicos estaban al tanto de los cambios sociales contemporáneos con el objetivo de entender y evolucionar (o liberar) el rol masculino en respuesta al feminismo.[87] John Tosh exige un retorno a este objetivo para que la historia de la masculinidad sea útil, académicamente y en la esfera pública.[88]

Painting of Odysseus leaning on a ship
Odiseo, héroe de la Odisea

Antigüedad[editar]

La literatura antigua se remonta a alrededor del año 3000 aC, con expectativas explícitas para los hombres en forma de leyes e ideales masculinos implícitos en los mitos de dioses y héroes. En el Biblia hebrea del año 1000 aC, el rey David de Israel dijo a su hijo que "fuera fuerte y fuera un hombre" después de la muerte de David. A lo largo de la historia, los hombres han cumplido con estándares culturales exigentes. Kate Cooper escribió sobre los conceptos antiguos de la feminidad: "Dondequiera que se menciona a una mujer, un hombre está siendo juzgado - y junto con él lo que él representa."[89] De acuerdo con el Código de Hammurabi (1750 aC):

  • Regla 3: "Si alguien trae una acusación de delito alguno delante de los ancianos, y no demuestra lo que ha acusado, deberá, si es una ofensa capital, ser condenado a muerte."
  • Regla 128: " Si un hombre toma a una mujer a mujer, pero no tiene relaciones sexuales con ella, esta mujer no es mujer para él"[90]

Los estudiosos citan la integridad y la igualdad como valores masculinos en las relaciones entre varones[91] y la virilidad en las relaciones hombre-mujer. Leyendas de los héroes antiguos incluyen la Epopeya de Gilgamesh, la Ilíada y la Odisea. Las historias demuestran cualidades en el héroe que inspiran respeto, como la sabiduría y el valor: saber las cosas que otros hombres no conocen y tomar riesgos que otros hombres no se atreverían.

Beowulf, holding a sword, blocks a dragon's fire with his shield.
Beowulf luchando con el dragón

Eras medieval y victoriana[editar]

Jeffrey Richards describe una "masculinidad medieval que era esencialmente cristiana y caballeresca" en Europa.[92] Coraje, el respeto a las mujeres de todas las clases y la generosidad caracterizan a la representación de los hombres en la historia literaria. Los anglosajones Hengest y Horsa y Beowulf son ejemplos de ideales masculinos medievales. Según David Rosen, la visión tradicional de los eruditos, como JRR Tolkien, de que Beowulf es una historia de heroísmo medieval que pasa por las similitudes entre Beowulf y el monstruo Grendel. La masculinidad ejemplificada por Beowulf "separa a los hombres de las mujeres, otros hombres, la pasión y la familia". [93]

Durante la época victoriana, la masculinidad sufrió una transformación desde el heroísmo tradicional. El filósofo escocés Thomas Carlyle escribió en 1831: "El viejo ideal de hombría se ha vuelto obsoleto y el nuevo aún es invisible para nosotros y andamos a tientas en la oscuridad después de que, uno agarrando este fantasma, otro aquél; el werterismo, el byronismo, incluso el brummelismo, cada uno tiene su día".[94]

Woman in an aircraft factory
Trabajadora femenina en fábrica de aviones durante la Segunda Guerra Mundial

Actualidad[editar]

A principios del siglo XX, una familia tradicional consistía del padre como sostén y de la madre como ama de casa. Característica de la actual masculinidad es la voluntad de los hombres para contrarrestar los estereotipos. Sin importar la edad o la nacionalidad, los hombres alcanzan con mayor frecuencia una buena salud, una vida familiar armoniosa y una buena relación con su cónyuge o pareja tan importante para su calidad de vida.[95] Nuevas tecnologías, tales como la televisión y la Internet ofrecen a los hombres alternativas para expresar su masculinidad y sitios como Reddit, Tumblr,y 4chan son plataformas donde los hombres y las mujeres pueden discutir la masculinidad en la cultura actual con otras personas de todo el mundo. Sin embargo, algunos, como el subreddit /r/MensRights han sido acusados de fomentar la misoginia y las ideas regresivas sobre la masculinidad.[96]

Críticas[editar]

Dos críticas al estudio de la historia de la masculinidad son una preocupación de que tal estudio estabilizaría el proceso histórico (en lugar de cambiarlo) y que un excesivo énfasis cultural sobre el enfoque de la masculinidad carece de la realidad de la experiencia real. De acuerdo con John Tosh, la masculinidad se ha convertido en un marco conceptual utilizado por los historiadores para mejorar sus exploraciones culturales en lugar de una especialidad en sí misma.[97] Esto llama la atención de la realidad a la representación y significado, no sólo en el ámbito de la masculinidad; la cultura se estaba convirtiendo en "la línea de fondo, la realidad histórica real".[88] Tosh critica el trabajo de Martin Francis en este punto de vista, porque la cultura popular, en lugar de la experiencia de la vida familiar, es la base del argumento de Francis. [98] Francis utiliza la literatura y el cine contemporáneo para demostrar que la masculinidad no descansaba, rehuyendo la domesticidad y el compromiso, a finales de los años 1940 y durante los 1950.[98] Francis escribió que este huida del compromiso era "más probable que tenga lugar en el ámbito de la fantasía (individual y colectiva)". Al centrarse en la cultura, es difícil medir el grado en que películas como Scott de la Antártida representaban las 'fantasías masculinas' de la era.[98] La llamada de Michael Roper para centrarse en la subjetividad de la masculinidad aborda este sesgo cultural, porque la comprensión amplia es dejada de lado para un examen "de lo que la relación de los códigos de masculinidad es para los hombres reales, a las cuestiones existenciales, a las personas y a su maquillaje psíquico" (la experiencia humana de Tosh).[99]

Según Tosh, la cultura de la masculinidad ha dejado de ser útil, ya que no puede cumplir con el objetivo inicial de esta historia (descubrir cómo la hombría fue condicionada y experimentada) e instó a "cuestiones de comportamiento y acción".[97] Su trabajo sobre la masculinidad victoriana utiliza la experiencia individual en cartas y dibujos para ilustrar las costumbres culturales y sociales más amplios, como el parto o las tradiciones de Navidad.[83]

Stefan Dudink cree que el enfoque metodológico (tratando de categorizar la masculinidad como un fenómeno) ha socavado su desarrollo historiográfico.[100] Este enfoque estabilizó la masculinidad, haciéndola aparecer natural y concreta en el registro histórico y la "puso más allá de la historia". La obra de George Mosse utiliza la masculinidad como un estereotipo estable en la normativa de la sociedad : "La masculinidad estaba concretada y definida lo suficiente, lo que constituye un sistema coherente que puede ser examinado fácilmente". El trabajo de Abigail Solomou-Godeau en el arte francés posrevolucionario aborda un patriarcado fuerte, constante.[101] Jeanne Boydston apoya la limitación del género como categoría de análisis, porque el concepto (así como la feminidad y la masculinidad) se ha convertido en demasiado rígido en el pensamiento histórico. Esto conduce a un concepto estable e invariable en todos los contextos y culturas geográficas y una dicotomía entre la masculinidad y la feminidad. Estos problemas pueden ser abordados si se desestabiliza el concepto de masculinidad, aceptando su evolución y se centra en la historia en lugar de en un concepto. Dudink exige un compromiso con las masculinidades (en plural) y un análisis de tensión entre comportamientos "normativos e individualistas que caracterizan a la masculinidad". El argumento de Connell para pensar acerca de las masculinidades en plural es paralelo a la llamada de Boydston para una visión multifacética de la historia social y la obra de Simon Szreter sobre género en Gran Bretaña, que hace hincapié en la pluralidad de la identidad y la intersección entre clase y género (porque el género no se puede estudiar en el vacío) y distinciones regionales (para evitar generalizaciones globales).

La evaluación global de Tosh es que se necesita un cambio en la conceptualización del tema[97] de nuevo a la historia de la masculinidad como una especialidad con el objetivo de llegar a un público más amplio, más que como un instrumento de análisis de la historia cultural y social. La importancia que concede a la historia pública se remonta a los objetivos iniciales de la historia del género, que trataron de utilizar la historia para iluminar y cambiar el presente. Tosh apela a los historiadores para que a la altura de la "expectativa social" de su trabajo,[97] que también requieren una mayor atención a la subjetividad y la masculinidad. Este punto de vista es contrario al de Dudink; este último llamó a un "movimiento de movimientos envolventes" hacia la historia de la masculinidad, en respuesta a los errores que percibía en el estudio.[100] Esto sería hacer lo contrario de lo que Tosh pidió, la deconstrucción de la masculinidad al no colocarla en el centro de la exploración histórica y usando el discurso y la cultura como vías indirectas hacia un enfoque más representativo. En un estudio de los Países Bajos, Dudink propone ir más allá de la historia de la masculinidad mediante la incorporación del análisis en la exploración de la nación y el nacionalismo (haciendo la masculinidad de un lente a través del cual ver el conflicto y la construcción de la nación).[102] El trabajo de Marti Francis en la domesticidad a través de una lente cultural, va más allá de la historia de la masculinidad porque "los hombres viajaron constantemente hacia atrás y adelante a través de la frontera de la domesticidad, aunque sólo sea en el reino de la imaginación"; códigos normativos de comportamiento no abarcan totalmente la experiencia masculina.[98]

Imágenes en los medios de niños y jóvenes pueden dar lugar a la persistencia de conceptos de masculinidad perjudiciales. Según activistas de derechos de los hombres, los medios de comunicación no se ocupan de cuestiones de derechos de los hombres y éstos son retratados a menudo negativamente en la publicidad.[103] Peter Jackson llamó a la masculinidad hegemónica "explotación económica" y "socialmente opresiva": "La forma de opresión varía de controles patriarcales sobre los cuerpos de las mujeres y los derechos reproductivos, a través de las ideologías de la domesticidad, la feminidad y la heterosexualidad obligatoria, de las definiciones sociales del valor del trabajo, la naturaleza de la habilidad y la remuneración diferencial del trabajo "productivo" y "reproductivo".[104]

Algunas teorías modernas[editar]

Masculinidad hegemónica o machismo[editar]

En los estudios de género, la masculinidad hegemónica es un concepto popularizado por el sociólogo R.W. Connell de prácticas propuestas que promueven la posición social dominante de los hombres y la posición social subordinada de la mujer.[105]

Las vías tradicionales para que los hombres ganen honor eran proporcionandas por sus familias y el ejercicio del liderazgo.[106] Raewyn Connell ha denominado al conjunto de roles y privilegios masculinos tradicionales como masculinidad hegemónica, alentado en los hombres y desalentado en las mujeres: "La masculinidad hegemónica se puede definir como la configuración de la práctica de género que encarna la respuesta corrientemente aceptada al problema de la legitimidad del patriarcado, lo que garantiza la posición dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres ".[107]

Violencia machista 3.jpg

La construcción de la masculinidad hegemónica está directamente vinculada con la adopción de prácticas temerarias y de graves riesgos.[108]

La masculinidad es objeto de estudio del discurso filosófico, el discurso antropológico, el discurso sociológico y el discurso psicológico.

La masculinidad hegemónica o machismo –definida como oposición o rechazo a la feminidad [109] – está asociada directamente con el patriarcado como lógica de relación y de comprensión del mundo, donde el varón es el género predominante en la condición humana. Investigadores como Herb Goldberg,[110] [111] Pierre Bourdieu,[112] o Michael Kaufman,[113] empezaron a valorar la importancia del estudio de la masculinidad patriarcal. También aparecieron nuevos investigadores como Keith Thompson,[114] Elizabeth Badinter y Adam Kuper,[115] Robert Moore y Douglas Gillette,[116] Robert Bly,[117] David D. Gilmore,[118] Benno de Keijzer,[119] Enrique Gil Calvo,[120] José Olavarría y Rodrigo Parrini,[121] Juan Carlos Hidalgo Ciudad,[122] Àngels Carabí y Josep M. Armengol,[123] Gustavo Briceño y Edgar M. Chacon,[124] Rubén Cisneros Pérez,[125] o Patricia Arés Muzio,[126] que se ocuparon de estudiar la construcción de la identidad masculina y los mandatos sobre la masculinidad en las relaciones de poder de nuestra sociedad.

Two wrestlers, one wearing red and the other blue
Las competiciones de fuerza y habilidad físicas son una característica de la masculinidad que aparece de alguna forma en virtualmente cada cultura. Aquí, dos marines de los EE.UU. compiten en un combate de lucha libre.

En algunos casos sostienen que la masculinidad patriarcal, aunque sea un sistema construído socialmente para beneficiar a los varones, también se padece, con lo cual, el patriarcado impondría sus cánones no sólo a las mujeres sino también a los varones que se verían, ellos también, obligados a una forma de ser específica que los convertiría en verdaderos hombres. La masculinidad sería la manera de ser hombre, el concepto social de cómo debe ser un hombre, cuyo ideal para la cultura patriarcal sería ser competitivo, fuerte, duro, musculoso, valiente, viril, un hombre de acción, independiente, seguro de sí mismo y un triunfador, al mejor estilo de los personajes interpretados por Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Clint Eastwood, Jean-Claude Van Damme, Mel Gibson, John Wayne, Chuck Norris, Charles Bronson o Bruce Willis en las películas de acción. El tema de la masculinidad dentro del cine llegó a convertirse en una asignatura en las universidades en los años 1990.[109] [127]

Otros investigadores estudiaron el concepto de masculinidad en los rituales de iniciación en otras culturas.[128] [112]

Según el sociólogo Pierre Bourdieu, la visión dominante sobre la masculinidad se puede estudiar en los discursos, los refranes, los proverbios, los enigmas, los cantos, los poemas, en las representaciones gráficas (arte y cine), en la organización del tiempo y el espacio y en las técnicas del cuerpo (postura, ademanes, poses y porte), que aparecen en todas las sociedades.[112]

Según el psicólogo Norberto Inda, los estudios de género con respecto a las mujeres lograron cuestionar la política sexista como prescripción de género, pero no con respecto a los varones, por lo cual éstos quedaron fijados en su rol de género. De esta manera se esquematiza el rol del ejercicio de la masculinidad y se la confunde con la representación social reduciéndose así las diferencias entre los varones y aumentándolas con respecto a las mujeres.[129]

Según el psicólogo Alfonso Hernández Rodríguez, se espera del varón que sea el que manda, el que dirige, el que toma las decisiones, el jefe de familia que provee económicamente y protege, aquel que logra el éxito entendido como riqueza y poder. Esta concepción excluye no solamente a las mujeres sino a los varones que no se corresponden con éstos cánones.[130]

Dentro de los roles característicos que se les asigna a la masculinidad hegemónica se encuentran: virilidad, caballerosidad, superioridad, fortaleza, temple, competición, entre otros. Esto lleva a una división social del trabajo desigual donde el varón tiene un lugar en el mundo asociada a la fuerza de trabajo y la mujer al de la reproducción. En palabras del psicólogo José Manuel Salas Calvo:

Además, como es el más fuerte, el más inteligente, el racional, "el hombre de la casa", debe asumir como propias de su masculinidad una serie de tareas que lo hacen encarar obligaciones y funciones de manera aberrante (lo mismo que sucede en la mujer: como la lleva dentro por nueve meses, la parió y puede amamantarla, es la única capacitada y llamada al cuido de la prole). Así el hombre es el llamado al sostén y mantenimiento de la familia, a asumirse únicamente como proveedor de las cuestiones materiales de la familia (obviando nutrir con otros alimentos básicos de la convivencia humana), a no manifestar preocupaciones cuando la situación socioeconómica aprieta, etc.[131]

Consecuencias de la masculinidad hegemónica[editar]

Las consecuencias de este marcado estereotipo social se puede encontrar en los servicios de terapia intensiva de los hospitales, en la población carcelaria, donde la gran mayoría de los reclusos son varones, en las estadísticas de accidentes y en los hechos delictivos que leemos en los diarios pues los varones tendrían una mayor propensión a cometer delitos. Ser varón es un factor de riesgo tanto para las estadísticas de suicidio como para las estadísticas de accidentes de tránsito.[132] [119]

La maquinaria, el trabajo fuerte y músculos son tradicional y sesgadamente asociados con la masculinidad.

Esto no se debe a que la violencia o la agresividad sean algo inherente al ser varón sino a que los varones son más reticentes a consultar cuando se sienten mal y por eso suelen terminar internados cuando la situación ya es grave, a que los varones tienden más que las mujeres a exponerse a situaciones de riesgo porque eso es lo que se espera de ellos y porque son empujados socialmente a la pelea, la disputa, la demostración de fuerza física y el despliegue muscular.[129]

El significado de “Ser hombre” es diferente para cada persona, situación que se explica a partir del proceso de socialización al que todos los seres humanos estamos expuestos desde la más temprana edad, ya que no es lo mismo ser hombre en Europa que en América latina, o ser un hombre rural que vivir en un ámbito urbano, y más allá de esto, no es lo mismo vivir siendo un hombre heterosexual que un hombre homosexual. Este proceso puede llevar a no disfrutar de la sexualidad y no buscar el cuidado de la salud; además de perpetuar estereotipos.[15]

Desde su nacimiento se los viste de azul, se les enseña a no quejarse, a no mostrarse vulnerables porque eso significa debilidad, a no demostrar sus sentimientos en especial la ternura, a no pedir ayuda, a ser siempre activos y no mostrar su desconocimiento, a confundir acción y agresión con virilidad, a confundir el poder, la productividad, la conquista, la hiperactividad y la penetración con masculinidad, a luchar hasta no dar más, a rendir en los deportes a expensas de la propia salud, se les indica que no deben llorar, que deben competir y ganar siempre en las peleas, sobresalir en los deportes de riesgo, exponerse a peligros sin sentir temores, entre otros.[129]

Según la filósofa Simone de Beauvoir, desde muy pequeños a los varones se les retacea la ternura que se les brinda a las niñas condenándolos a la independencia, la madre les niega los besos y abrazos que prodiga a sus hermanas, no se los halaga por sus esfuerzos de seducción sino que se les enseña a no ser coquetos, no se los protege contra la angustia de la soledad porque «los hombres no tienen miedo», a través de frustraciones experimentan desde muy temprano el desamparo, su destete es más brutal que el de las niñas, se le dice «un hombre no pide besos», «un hombre no se mira en el espejo», «un hombre no llora». Se les inculca desde muy temprano el orgullo por la trascendencia de su sexo como compensación por todas las frustraciones padecidas.[133]

Para la sociedad la eficiencia del varón se identifica exclusivamente con el rendimiento productivo, laboral, económico, profesional o bélico, sin tener en cuenta sus reales necesidades tanto emocionales como físicas, sus sentimientos, su salud física o mental o su deseo sexual. Los varones son compelidos a tener una vida sexual frecuente y a estar siempre disponibles, como si más fuera sinónimo de mejor, con lo que la sexualidad masculina se convertiría más en un mandato social que en un placer singular.[129]

Como ejemplo podemos citar el hecho de que se espera que los jóvenes tengan experiencias sexuales como demostración de virilidad, ya que no hacerlo, puede llevar a la sociedad a dudar de su masculinidad. Esta situación lo enfrenta a un mayor riesgo si desconoce las estrategias de protección.[15]

Esto los convierte en un colectivo más vulnerable en cuanto a la salud sexual, como ser las infecciones de transmisión sexual como el SIDA, en cuanto a la salud reproductiva, como por ejemplo las dificultades para hacerse cargo de la paternidad y en cuanto a la violencia en general.[15]

Por ejemplo, un estudio realizado en Yucatán entre 2000 y 2005 sobre mortalidad infantil mostró un mayor índice de muertes en niños que en niñas. En cuanto a las cifras de suicidio entre adolescentes, la estadística mostró que un 80 % de los mismos habían sido realizados por varones. Entre las víctimas de homicidio en adolescentes entre 15 y 19 años, el 86 % habían sido varones.[134]

Pero como estos «valores masculinos» son socialmente más valorizados que los «valores femeninos», muchas veces los varones tienden a confundir más fácilmente identidad personal con identidad de género que las mujeres, o sea, lo que se espera de ellos según el estereotipo social, con lo que realmente son.[129]

Los estudios sobre varones surgieron básicamente para dar respuesta a las diversas formas de hacerse hombres en diferentes sociedades y contextos, pero más que nada, emergieron para entender por qué si el modelo tradicional de masculinidad ubica a los varones en una posición de poder y autoridad, desde hace algunas décadas se encuentran vulnerables a los vaivenes de la vida global y frente a las mujeres.[15]

Estrés del rol de género[editar]

En 1987 Eisler y Skidmore estudiaron la masculinidad; crearon la idea de "estrés masculino" y hallaron tres elementos de la masculinidad que a menudo resultan en estrés emocional:

  • El énfasis en prevalecer en situaciones que requieren del cuerpo y yde la forma física
  • Ser percibido como emocional
  • La necesidad de resultar adecuado en materia sexual y estatus financiero

Debido a las normas y presiones sociales asociados con la masculinidad, los hombres con lesiones de la médula espinal, por ejemplo, deben adaptar su propia identidad a las pérdidas asociadas con este tipo de lesiones; esto puede "llevar a sentimientos de disminución de la capacidad física y sexual con baja autoestima y una pérdida de la identidad masculina; también experimentan sentimientos de culpa y pérdida general de control."[135] La investigación también sugiere que los hombres sienten la presión social para apoyar los modelos masculinos tradicionales en la publicidad. Brett Martin y Juergen Gnoth (2009) encontraron que aunque los hombres con comportamientos femeninos prefieren en privado modelos femeninos, en público expresaron su preferencia por modelos masculinos tradicionales; según los autores, esto refleja la presión social sobre los hombres a respaldar las normas masculinas tradicionales.[136]

Ha comenzado una discusión de las masculinidades en relación con la posición social de un hombre y el poder político. Según Joseph Pleck,[64] existe un sistema de relaciones de hombre a hombres en la sociedad patriarcal de los Estados Unidos. Las jerarquías son demarcados por los niveles de masculinidad, equiparados con estado físico en la juventud y la adquisición de la riqueza y las mujeres con la edad.[64]

En su libro Raising Cain: Protecting The Emotional Life of Boys, Dan Kindlon y Michael Thompson escribieron que aunque todos los niños nacen amorosos y empáticos, la exposición a la socialización de género (el ideal del macho duro y la hipermasculinidad ) limita su capacidad para funcionar como adultos emocionalmente sanos. Según Kindlon y Thompson, los niños carecen de la capacidad para entender y expresar emociones de manera productiva debido a la tensión impuesta por los roles masculinos de género.[137]

Masculinidad en crisis[editar]

Ha surgido una teoría de la "masculinidad en crisis";[138] [139] el arqueólogo australiano Peter McAllister dijo: "Tengo una fuerte sensación de que la masculinidad está en crisis. Los hombres están realmente buscando un papel en la sociedad moderna;. las cosas que solíamos hacer no son más de gran demanda".[140] Otros ven el mercado laboral cambiante como fuente de estrés. La desindustrialización y la sustitución de la industrias de chimenea por la tecnología han permitido que más mujeres ingresen a la fuerza laboral con la consiguiente reducción del énfasis en la fuerza física.[141]

La crisis también se ha atribuido al feminismo y su cuestionamiento de la dominación masculina y de los derechos concedidos a los hombres únicamente sobre la base del sexo.[142] El sociólogo británico John MacInnes escribió que "la masculinidad siempre ha estado en una crisis u otra", lo que sugiere que las crisis surgen de la "incompatibilidad fundamental entre el principio básico de la modernidad que todos los seres humanos son esencialmente iguales (con independencia de su sexo) y el núcleo principal del patriarcado de que los hombres son superiores a las mujeres, naturalmente, y por lo tanto destinados a gobernar sobre ellas ".[143]

John Beynon examinó la discusión de la masculinidad en crisis, encontrando que a menudo se confunde el concepto de la masculinidad con los hombres y no está claro si la masculinidad, los hombres o ambos están supuestamente en crisis.[144] Según Beynon, la "crisis" no es un fenómeno reciente; ilustró varios períodos de crisis masculina a lo largo de la historia (algunos precediendo los movimientos de las mujeres y la sociedad post-industrial), lo que sugiere que debido a la naturaleza fluida de la masculinidad "la crisis es constitutiva de la masculinidad en sí."[145] El estudioso del cine León Hunt acordó: "Cuando quiera que la "crisis" de la masculinidad comenzó, ciertamente parece haber sido en algún momento de la década de 1970". [146]

Véase también[editar]

Notas al pie[editar]

  1. Ver Bisexaulidad innata y Ánima para más información.
  2. Ver DRAE; cosificar: 2da acepción tr. Reducir a la condición de cosa aquello que no lo es.
  3. "Butch" puede traducirse como "masculino" y en ese caso se podría traducir el nombre del documental como "El factor masculino"; sin embargo debe tenerse presente que se entiende como una masculinidad ostentosa o agresiva. Ver http://www.oxforddictionaries.com/es/definicion/ingles_americano/butch

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Bibliografía adicional[editar]

Contemporánea[editar]

Históricas[editar]

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Enlaces externos[editar]

Bibliográficos

  • The Men's Bibliography, una amplia bibliografía sobre escritos sobre hombres, cosas de hombres, género y sexualidad, con un listado de 16700 trabajos. (principalmente desde una perspectiva constructiva). En inglés

Otros