María Luisa de Orleans
| María Luisa de Orleans | ||
|---|---|---|
| Reina consorte de España | ||
![]() Retrato de María Luisa de Orleans, reina de España. | ||
| Reinado | ||
| 11 de noviembre de 1679-12 de febrero de 1689 | ||
| Predecesor | Mariana de Austria | |
| Sucesor | Mariana de Neoburgo | |
| Información personal | ||
| Nombre completo | Marie Louise d'Orléans | |
| Nacimiento |
26 de marzo de 1662 Palais-Royal, París, | |
| Fallecimiento |
12 de febrero de 1689 Real Alcázar de Madrid, Madrid, | |
| Sepultura | Panteón de Infantes del Monasterio de El Escorial | |
| Familia | ||
| Casa real | Orleans | |
| Padre | Felipe I de Orleans | |
| Madre | Enriqueta de Inglaterra | |
| Consorte | Carlos II de España | |
María Luisa de Orleans (París, 27 de marzo de 1662-Madrid, 12 de febrero de 1689) fue reina consorte de España de 1679 a 1689 como esposa del rey Carlos II de España.
Primeros años
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María Luisa de Borbón-Orleans y Estuardo nació en el Palacio Real de París, Francia, como hija primogénita de Felipe I y de la princesa Enriqueta Ana de Inglaterra. Por vía materna, era nieta de Carlos I de Inglaterra (1600-1649) y Enriqueta María de Francia (1609-1669). Mientras que, por vía paterna, era nieta de los reyes Luis XIII de Francia (1601-1643) y Ana María Mauricia de Austria (1601-1666).
La infancia de María Luisa se desarrolló en el palacio de Saint Cloud en la compañía de su hermana Ana María y de sus ayas — la condesa de Saint Chaumont hasta 1669, y la mariscala de Clérembault— . Durante sus primeros años, también destacó la figura de Nicole Quentin, más conocida como la Cantina, que fue nombrada nodriza de María Luisa, forjándose un vínculo muy especial entre ambas.[1] A los 8 años, María Luisa perdió a su madre, quien falleció de manera repentina. A los pocos meses, su padre contrajo matrimonio con la princesa alemana Isabel Carlota del Palatinado, lo que le generó una personalidad solitaria y poco dada a socializar.
En 1666, al morir su abuela paterna, la reina madre Ana de Austria, María Luisa fue nombrada heredera de la mayor parte de su fortuna. Además, María Luisa pasó gran parte de su niñez en compañía de su otra abuela, Enriqueta María de Francia, reina de Inglaterra, en su residencia de Colombes.
Para darnos una idea de cómo era la joven María Luisa, conviene citar las palabras del prestigioso historiador Gabriel Maura Gamazo:[2]
Heredó María Luisa de su madre, Enriqueta de Inglaterra, no sólo su bien proporcionada estatura, elegancia natural de porte y belleza de facciones, sino su encanto, palabra trivializada por el abuso, pero que referida a una dama de la Corte de los Luises XIV, XV o XVI conserva significado concreto, renombre universal y calidad superlativa.
En la cuaresma de 1679, María Luisa fue presentada oficialmente ante la corte francesa, coincidiendo con la llegada a París de Pablo Spínola Doria, marqués de los Balbases y embajador del rey español, para la concertación del matrimonio con Carlos II. A través de esta unión se buscaba refrendar la Paz de Nimega, firmada entre Francia y España en 1678.[3]
Matrimonio y vida en la corte española
[editar]Una de las características más destacadas de la política exterior española durante esta época fue la fuerte tensión con Francia, por lo que, el matrimonio de María Luisa y Carlos II reflejaba una transformación internacional de este equilibrio. Sin embargo, su llegada, así como la incorporación de los miembros de su casa real a la corte de Madrid, se produjo en un momento de importantes cambios en la corte de Carlos II.[4]
El hecho de pertenecer a la familia real francesa y tener una edad cercana a la de Carlos II de España, quien era solo cuatro meses mayor que ella, convirtió a María Luisa en la candidata idónea para convertirse en reina consorte, actuando como vínculo entre las dos monarquías y madre de herederos. El matrimonio de Carlos II y María Luisa de Orleans, junto con la Paz de Nimega, ponía fin a un largo período de rivalidad entre España y Francia.[4] Aunque esta elección tuvo una motivación preeminentemente política en el contexto de las negociaciones para la firma de la Paz de Nimega, la edad de María Luisa (muy similar a la de Carlos II) fue un factor destacado, siendo la herramienta utilizada políticamente por Carlos II y su gobierno para justificar la anulación del matrimonio ya acordado entre Carlos y su sobrina, la archiduquesa María Antonia. De este modo, se justificaba la elección de María Luisa con la necesidad de que el rey tomase una esposa de una edad comparable a la suya para que pudiera dar herederos a la Monarquía de España.[5]
El 31 de agosto de 1679 tuvo lugar la boda por poderes en la capilla del Palacio de Fontainebleau con un gran despliegue de lujo y boato, ocupando príncipe de Conti el lugar de Carlos II. Ahora bien, antes de que María Luisa emprendiera su viaje a la corte española, el marqués de los Balbases ofreció una fiesta en su honor en París, donde asistió la reina acompañada de sus altezas reales, la duquesa de Mompensier, la señora condesa de Soisson, la princesa de Baden, las duquesas de Foix, de Sully, de la Ferte, de Brachano, entre otras damas. Finalmente, el 20 de septiembre, María Luisa abandonó París y emprendió su viaje a la corte de Carlos II acompañada por el príncipe de Harcourt, quien era el encargado de efectuar la entrega en la Isla de los Faisanes, y por un pequeño séquito de servidores franceses, entre los que se encontraba Nicole Quentin en calidad de azafata o dueña de retrete.[3]
En lo que respecta a las jornadas de María Luisa de Orleans, estas han sido estudiadas por diferentes investigaciones. Destacan las biografías de la reina realizadas por Elisabetta Lurgo, Gabriel Maura Gamazo y Sophie Gay, en las cuales aparecen distintos aspectos vinculados con el viaje, pero sin llegar a profundizar en él. También destaca el trabajo de María Teresa Zapata,[6] quien se centraba en reconstruir la entrada de la reina en la corte madrileña en enero de 1680, pero abordando de manera secundaria algunas cuestiones vinculadas al viaje de París a Madrid, para centrarse finalmente en el desfile real desde el Palacio del Buen Retiro hasta el Alcázar. Además, sobresalen los trabajos de Miguel M. Benito Lázaro[7] y María Luisa Tobar Angulo[8] sobre el viaje de la reina consecuencia de la celebración de dos reuniones científicas, una celebrada en Madrid y otra en La Rioja, en el año 2004. Finalmente, estas jornadas también han sido estudiadas por Ezequiel Borgognoni[9] a partir de la relación hecha por don José Alfonso Guerra y Villegas, miembro del séquito que fue a recoger a María Luisa, ayuda de la furriera y aposentador de su Real Casa.
En cuanto a la preparación en España para llegada de María Luisa a la corte, cuando se estableció la casa de María Luisa, don Juan José de Austria tenía prácticamente total libertad para realizar los nombramientos. Para la formación de la Casa de la Reina, este optó por premiar a aquellos que le habían sido leales en sus intentos de desempeñar un papel protagonista en la corte de Carlos II y excluyó a muchos que estaban asociados con la reina madre.[4] Para el puesto de la camarera mayor, la elegida fue Juana de Aragón y Cortes, duquesa de Terranova, cuya familia, el clan de los Aragón, había apoyado las aspiraciones políticas de Juan José de Austria. La duquesa llegó a sufragar económicamente el golpe militar que don Juan orquestó desde Zaragoza para hacerse definitivamente con el poder en 1677. Con este nombramiento Juan José de Austria le devolvía los favores prestados con un puesto de enorme prestigio personal y familiar. Tras su elección, la duquesa de Terranova se trasladó el 7 de agosto al Real Alcázar para dirigir y organizar a las damas que habían sido elegidas para servir a María Luisa de Orleans.[10] A lo largo de agosto y septiembre, el nuevo mayordomo mayor, Antonio Pedro Gómez Dávila Álvarez Osorio, marqués de Astorga, y la duquesa de Terranova, en su condición de camarera mayor, hicieron los preparativos para la salida de la Casa hacia Irún, donde se reunirían con María Luisa.[11] El 26 de septiembre de 1679, ocho días después de la muerte de Juan José de Austria, la duquesa de Terranova partió de Madrid con la comitiva real para recibir a la nueva reina.
El 3 de noviembre tuvo lugar la ceremonia de entrega oficial en la Isla de los Faisanes sobre el río Bidasoa. El 18 de noviembre de 1679, los novios finalmente se encontraron en la localidad de Quintanapalla (Burgos) y allí ratificaron el enlace matrimonial ante don Antonio de Benavides y Bazán, Patriarca de Indias, el día 19 de noviembre.[4] El 20 de noviembre los reyes entraron a Burgos y el 2 de diciembre llegaron finalmente a Madrid; cuarenta y dos días después, la reina hizo su presentación pública.[3] Desde ese momento, todos los ojos estuvieron puestos en María Luisa, quien comenzó a recibir la presión para cumplir con su misión como reina, dar un heredero.[12]
Al principio, María Luisa tuvo dificultades para adaptarse, pues se encontró con una corte en plena transformación política. La muerte de don Juan José de Austria en septiembre de 1679, el retorno del exilio de la reina madre Mariana de Austria y el inicio del ministerio del duque de Medinacelli produjeron una reconfiguración del mapa político que afectó al entorno doméstico de la reina. El primer ministro y Mariana de Austria procuraron eliminar a los seguidores del fallecido medio hermano del rey y colocar en los puestos claves de la Casa de la reina a personajes cercanos al nuevo gobierno que, hasta entonces, habían sido apartados. Los espacios donde las disputas por el poder se expresaron con mayor claridad fueron la cámara y la caballeriza.
Se ha dicho que uno de los enemigos más notables de la reina en la corte era la reina madre, Mariana de Austria, pero esto es falso. Basten las palabras del renombrado historiador José Calvo Poyato al respecto:[13]
Contra todo pronóstico, las relaciones de Mariana de Austria y María Luisa de Orléans fueron mejores de lo que todos esperaban. La razón fundamental hay que buscarla en el poco interés que la política despertó en la esposa de Carlos II. Estuvo más preocupada en satisfacer sus antojos: montar a caballo, no estar sometida a las rigideces de la etiqueta cortesana, comer a la francesa —nunca se acostumbró a la cocina española, excesivamente condimentada para el gusto de los extranjeros—, lucir galas que le permitiesen coquetear en la corte, si bien en este terreno sus actitudes no pasaron de ahí. A pesar de que su carácter era la viva antítesis de su suegra, ésta intercedió muchas veces por ella ante su hijo para que accediese a los «caprichos» de la francesa.
Desde el primer momento, hubo una presencia francesa activa en la corte de Madrid. La convivencia entre los miembros españoles de la casa y el grupo de franceses que acompañaban a María Luisa fue muy complicada. La duquesa de Terranova, ya mayor y demasiado rígida, no aprobaba algunas conductas que se estaban dando en el entorno de la nueva reina.[10] Sus contemporáneos coincidieron en que, ya desde el principio, la relación entre ambas no fue buena. La duquesa reprendía constantemente a María Luisa por no seguir los usos y costumbres españoles, controlaba las salidas de la reina e insistía en acompañarla, la sometía a un horario rígido de comidas (que debían realizarse en silencio y casi en soledad), etc.[4] Todo ello, hizo que María Luisa tuviera serios problemas a la hora de adaptarse a la etiqueta española. Aunque Carlos II hacía lo imposible por complacerla, la nueva reina no olvidaba la vida en su antigua corte. Por ello, durante sus primeros meses en Madrid, María Luisa no se separó de su pequeña camarilla francesa, disfrutando especialmente en compañía de la mujer del embajador francés, Madame Villars, de su antigua nodriza, la Cantina, y de otras camaristas francesas como Marguerite Duperroy.[11]
En este contexto, comenzó a gestarse la idea de despedir a la duquesa de Terranova. La rigidez de la duquesa, unido al cierto desprecio que mostraba a los criados franceses de la reina, en especial a las camaristas que servían en su cuarto, fueron factores determinantes para tomar la decisión. En cuanto a su sustituta, se necesitaba una mujer que fuera aceptable para la Reina Madre e idónea para presidir la casa de María Luisa. Tras la intervención del primer ministro Medinaceli, las dos reinas acordaron que Juana de Armendáriz, duquesa de Alburquerque, fuera nombrada nueva camarera mayor. A finales de agosto de 1680 se hizo oficial el despido la duquesa de Terranova y la elección de Juana de Armendáriz. Al lograr la destitución de alguien que, en teoría, tenía un cargo vitalicio, María Luisa demostró su influencia, aunque su éxito se debió al apoyo de la Reina Madre, quien participó activamente en la destitución de Terranova. La duquesa de Alburquerque fue nombrada formalmente en septiembre de 1680, sirviendo a la reina durante todo su reinado. La duquesa demostró mucha mayor flexibilidad en etiqueta que su predecesora, permitiéndole a la reina saltarse las normas, montar a caballo, comer comida francesa, acostarse tarde y usar ropa de Francia. La duquesa consolidó su posición, lo que se confirmó por el hecho de que continuó en ella incluso después de la muerte de María Luisa, en la casa de la nueva reina, María Ana de Neoburgo.[4]
Desde febrero de 1680, Medinaceli fue acumulando cargos y mercedes con el objetivo de a estar lo más cerca posible de Carlos II. Solo un factor desestabilizaba el control de Medinaceli, la reina consorte. El privado recelaba de la influencia que María Luisa ejercía en su marido, puesto que la reina ya estaba recompensando a todos sus allegados, y el rey le daba siempre su beneplácito. Todo ello coincidía con un momento en el que volvían a respirarse nuevas tensiones entre Francia y España. Un año después de la llegada de María Luisa de Orleans, su tío planificó nuevamente la invasión de los Países Bajos. Durante 1681 y 1682, la amenaza de la guerra estuvo muy presente. Las noticias que llegaban a la Monarquía española era que Luis XIV tenía intención de apoderarse de Flandes. En este contexto, empezó a extenderse un verdadero odio antifrancés, programándose importantes reformas en la Casa de la Reina.[11]
Medinaceli implantó un programa reformista que afectaba de lleno al círculo de la reina consorte. Primero, consiguió la expulsión de Villars de la Corte. Aprovechando que María Luisa había caído enferma en cama por unas fiebres, solicitó al confesor real que le ayudase a convencer al rey para que recuperase la etiqueta establecida por Felipe IV; lo que realmente pretendía Medinaceli era aislar a Carlos II de otras influencias que no fuesen la suya, porque dicha etiqueta indicaba que los reyes debían hacer vida separada. A partir de entonces, la pareja real comería y cenaría en sus respectivos espacios, como en tiempos de Felipe IV.[11] Otra de las consecuencias fue que, la mayoría de las francesas que habían acompañado a María Luisa se vieron obligadas a regresar a Francia en 1681. Esto no solo se debió a las decisiones políticas del duque de Medinaceli, sino también a la práctica común reducir el número de extranjeros en las casas reales. Además, la reanudación de la guerra entre Francia y España en 1683 (la Guerra de las Reuniones), unido al hecho de que no lograba quedarse embarazada, tampoco beneficiaron a María Luisa.[4]
En agosto de 1684 se firmaba finalmente el tratado de Ratisbona, que establecía una tregua de veinte años. España cedía la plaza de Luxemburgo, lo que repercutía en el gobierno de Medinaceli. Carlos II había ido perdiendo la confianza en su valido conforme avanzaba aquella guerra, por lo que Ratisbona solo confirmaba que se había abierto una brecha irreparable entre el rey y su favorito, repercutiendo positivamente en la situación personal de la pareja real.[11] En abril de 1685, el duque de Medinaceli presentaba su renuncia formal ante el rey. A partir del 2 de junio de 1685, el poder fue asumido de facto por el Conde de Oropesa, emparentado con la Casa de Braganza, que había sido nombrado presidente del Consejo de Castilla en junio de 1684, apoyado por la reina madre, la reina consorte y un amplio sector de la aristocracia.[1]
La desaparición de Medinaceli supuso el inicio de importantes cambios. María Luisa de Orleans reforzó su influencia sobre Carlos II; parece que, ni siquiera las peleas y trifulcas protagonizadas por su camarilla de franceses, que terminaron en 1685 con la desaparición de la Cantina y otros miembros de la Cámara afectaron a la relación de los monarcas.[11]
Ahora bien, de todas las preocupaciones que tuvo María Luisa durante su matrimonio, la búsqueda de un heredero fue la más grande, ya que en los nueve años de matrimonio no logró conseguir garantizar la continuidad dinástica. El pueblo y la corte española se desesperaron por la tardanza en la llegada de un heredero, razón por la cual se sometió a María Luisa a algunos métodos inadecuados en su intento de curar su supuesta infertilidad. Un verso popular que corría por el Madrid de la época decía:
Parid, bella flor de lis,
en aflicción tan extraña,
si parís, parís a España,
si no parís, a París.
Así las cosas, durante todo su matrimonio se repitieron una serie de dinámicas marcadas por los retrasos menstruales que, por lo menos oficialmente, fueron interpretados como señales de un posible embarazo. Esto pudo deberse, en buena parte, a la presión psicológica a la que se sometió a la reina, especialmente en los momentos en los que las relaciones entre España y Francia, ya de por sí tensas durante todo el siglo XVII, empeoraron.[12]
Fallecimiento
[editar]Las prácticas rituales y los bebedizos que consumía María Luisa para intentar quedarse embarazada quizás fueran las causas que llevaran a la reina al golpe que tuvo tras caer del caballo el 9 de febrero de 1689, o tal vez una peritonitis aguda o el supuesto veneno que acusan las fuentes francesas, las que llevaran a que la reina falleciera el 12 de febrero de 1689.[14] Fue enterrada en el monasterio de El Escorial después de una autopsia hecha para callar los rumores de envenenamiento.[15]
La tesis del envenenamiento fue difundida por los marqueses de Louville y de Lafayette. En los años 40 del siglo XX, Maura y los doctores Piga y Carro[16] cuestionaron la hipótesis de envenenamiento y propusieron que la reina murió a causa de una gastroenteritis aguda por intoxicación alimentaria, posiblemente del grupo de la salmonelosis. Un año después, Izquierdo Hernández[17] apuntó que María Luisa murió a causa de una pelviperitonitis por apendicitis.
Lo cierto es que la muerte de María Luisa terminó con aquel periodo de influencia francesa. Las relaciones entre Francia y España, siempre tensas desde la tregua de Ratisbona, llegaron nuevamente a un punto crítico tras la muerte de María Luisa. El 15 de abril, tan solo tres meses después de la muerte de su sobrina, Luis XIV declaraba la guerra a España.[11] Además, poco después de la muerte de María Luisa, los ministros españoles comenzaron a arreglar una nueva boda para el rey, siendo las principales candidatas la princesa toscana Ana María Luisa de Médici y la princesa alemana Mariana de Neoburgo, quien finalmente se convertiría en la nueva esposa de Carlos II.
Influencia cultural
[editar]Durante su estancia en España reunió una colección de más de 150 pinturas, en su mayor parte retratos, destinados a la Galería de la Reina del Alcázar. Las visitas oficiales contemplaban allí un extenso programa iconográfico enfocado a la exaltación de la dinastía y sus vínculos familiares con otras dinastías europeas. Más allá de su funcionalidad política, el conjunto, muchas de cuyas obras se conservan el Museo de Prado, hizo ganar visibilidad a la escuela francesa en la corte de Madrid. Su importancia se ha visto reconocida por el museo en el marco del itinerario El Prado en Femenino, dedicado a las promotoras artísticas de las colecciones del museo.[18]
Historiografía
[editar]El reinado de Carlos II ha sido objeto de una considerable revisión historiográfica en las últimas décadas. Si bien gran parte de ese trabajo se ha centrado en aspectos económicos, políticos y militares de su reinado, o en figuras clave, como don Juan José de Austria (1629-1679), su madre, la reina Mariana de Austria (1634-1696), y otros ministros, las consortes de Carlos II apenas han sido estudiadas. Esta laguna historiográfica ha afectado a María Luisa de Orleans.
Actualmente, se está constatando un renovado interés por la figura de María Luisa, la cual, al margen de las limitadas observaciones que en su momento hizo el duque de Maura, había pasado prácticamente desapercibida. En los últimos años destacan los trabajos realizados por autores como Ezequiel Borgognoni y Francisco José García Pérez.
Ancestros
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Bibliografía
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Referencias
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Enlaces externos
[editar]- Diccionario Biográfico. Real Academia de la Historia María Luisa de Orleans
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