María Cristina Vilanova de Árbenz

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María Cristina Vilanova Castro de Árbenz
María Cristina Vilanova de Arbenz (oficial).jpg
María Vilanova de Árbenz, retrato oficial como Primera Dama de Guatemala.

Coat of arms of Guatemala.svg
Primera Dama de Guatemala
Primera Dama de la Revolución
15 de marzo de 1951-27 de junio de 1954
Presidente Jacobo Árbenz Guzmán
Predecesor Elisa Martínez Contreras
Sucesor Odilia Palomo Paíz

20 de octubre de 1944-15 de marzo de 1945
Junto a Amalia Mancilla de Arana
Inés de Toriello
Predecesor Judith Prado
Sucesor Elisa Martínez Contreras

Líder de la Alianza Femenina Guatemalteca[1] [2] [3] [4] [5]
15 de marzo de 1951-27 de junio de 1954
Predecesor Alianza creada
Sucesor Alianza abolida

Información personal
Nombre de nacimiento María Cristina Vilanova Castro Ver y modificar los datos en Wikidata
Apodo «Periquita»[a]
«Eva Perón de Guatemala»
Nacimiento 17 de abril de 1915 Ver y modificar los datos en Wikidata
San Salvador, El Salvador Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 5 de enero de 2009 Ver y modificar los datos en Wikidata (93 años)
San José, Costa Rica Ver y modificar los datos en Wikidata
Causa de muerte Causas naturales Ver y modificar los datos en Wikidata
Lugar de sepultura Cementerio General de la Ciudad de Guatemala Ver y modificar los datos en Wikidata
Residencia Casa Presidencial (Guatemala) Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Salvadoreña y guatemalteca Ver y modificar los datos en Wikidata
Lengua materna Español Ver y modificar los datos en Wikidata
Religión Católica
Familia
Cónyuge Jacobo Árbenz Guzmán
Información profesional
Ocupación Primera dama de Guatemala
Tratamiento Su Excelencia (1944-1954)
Obras notables
Participó en Golpe de Estado en Guatemala de 1954 Ver y modificar los datos en Wikidata
Distinciones
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María Cristina Vilanova Castro de Árbenz (San Salvador, 17 de abril de 1915San José, 5 de enero de 2009) fue la primera dama de Guatemala durante los periodos (1944-1945) y (1951-1954), fue esposa del presidente guatemalteco coronel Jacobo Árbenz Guzmán.[6]

Nacida en San Salvador en 1915, hija de padres de clase alta y de ascendencia alemana, se educó en instituciones europeas.[7] En un viaje familiar a Guatemala conoció a Árbenz, que entonces era un joven cadete de la Escuela Politécnica. Ambos tenían una esmerada educación e ideales similares y congeniaron rápidamente; a los pocos años se casaron, a pesar de que él era protestante y ella católica.[6]

Vilanova fue la primera esposa de un presidente guatemalteco que lo acompañaba en todos los eventos públicos,[b] así como la primera en desarrollar programas sociales en Guatemala.[8] Ha sido comparada con Eva Perón como una de las primeras feministas en las altas esferas de un gobierno latinoamericano.[9] [10] Al igual que su esposo, fue acusada de comunista[11] y de influir con sus ideologías a Jacobo Árbenz, tras partir con su familia a un largo y penoso exilio luego del golpe de estado de 1954.[12]

Al morir su esposo en México en 1971, viajó a Costa Rica con su familia donde finalmente murió en 2009.[13]

Reseña biográfica[editar]

Primeros años[editar]

María Cristina Vilanova Castro nació el 17 de abril de 1915 en San Salvador; era hija del salvadoreño José Antonio Vilanova Kreitz, caficultor de origen alemán, hombre de clase alta que había obtenido cursos en Inglaterra y en Estados Unidos,[14] y de la guatemalteca María Dolores Castro Arrechea.[15] La familia Kreitz era originaria de Baviera, Alemania. Cursó sus estudios en un colegio religioso en Estados Unidos, lugar dónde aprendió a hablar inglés, alemán y ruso.[6]

Su padre, ferviente anticomunista, estuvo involucrado en las masacres de 1932, donde miles de indígenas y campesinos motivados por ideales comunistas perdieron sus vidas a manos de los militares, hecho que marcó la personalidad de Vilanova. A partir de entonces sostuvo discusiones frecuentes con su progenitor, especialmente por asuntos ideológicos.[6]

Matrimonio con Jacobo Árbenz[editar]

«He tenido dos grandes amores, Guatemala y María».
—Jacobo Árbenz
a su hija Leonora, 27 de enero de 1971.

En la época en que conoció a su futuro esposo, Vilanova era considerada como una mujer atractiva, elegante e inteligente; además, su vasta cultura y personalidad magnética la convertían en una excelente interlocutora.[8] Jacobo Árbenz Guzmán, por otro lado, sufría por la reciente muerte de su padre, quien se había suicidado tras años de abuso de morfina.

La pareja se conoció un 11 de noviembre, en un viaje que Vilanova hizo a Guatemala con motivo de la Feria de las Flores —que se celebraban en la década de 1930 en honor del entonces presidente Jorge Ubico.[16] En sus memorias, Vilanova califica su primer encuentro con Jacobo Árbenz como «un flechazo»:[16] el futuro presidente estaba sentado en una mesa junto a sus compañeros de la academia militar y uno de ellos, Ramiro Gereda, también amigo de María. Gereda los presentó, pues quería que María conociera a «el suizo» Árbenz.[16] El apuesto Árbenz —según relata Vilanova en sus memorias— había sufrido un accidente motociclístico; y, cuando regresó a la Escuela Politécnica, sufrió un desmayo que sus superiores creyeron que se debía a los efectos del licor y lo castigaron un mes en las bartolinas, hasta su graduación.[16] Y había sido dado de alta, el mismo día que se conocieron.

Según la autobiografía de Vilanova, durante su noviazgo paseaban por la sexta avenida del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala y conversaban sobre los temas más variados, incluyendo física, historia, política y química.[17] Cuando Vilanova regresó a su país natal, mantuvo un contacto constante con Árbenz, tanto por teléfono como por carta.[18]

Vilanova describe así su noviazgo con el militar guatemalteco:

A veces yo le preguntaba «¿Te gusta Beethoven?» Se producía un silencio. Después contestaba, muy serio: «Nunca lo he escuchado». Yo le preguntaba: «¿Te gustó este libro?» Otro silencio. Y después contestaba muy serio: «Nunca lo he leído», y yo me desesperaba y me preguntaba: «¿Por qué me estoy enamorando de este hombre tan diferente a mí, con el que tengo tan pocas cosas en común?» Pero una vez le pregunté: «¿Qué te gustaría hacer en tu vida?» Y él contestó, muy serio: «Ser un reformador», y entonces pensé «Sí, tenemos algo muy importante en común».

«¿A quién se le puede ocurrir ver que una pareja aparentemente enamorados esté enfocando su relación con temas científicos e históricos?».

—María Vilanova
Mi esposo, el presidente Árbenz[17]

El 14 de marzo de 1939, se casaron en la capilla del Sagrario de la Catedral Metropolitana; él iba ataviado con su uniforme de gala y ella con un traje muy sencillo y un sombrero blanco.[16] El militar, hijo de padre protestante y madre católica, hizo su primera comunión antes de la boda.[16] El matrimonio tuvo tres hijos, Arabella, Leonora y Jacobo. En 1943, Árbenz fue ascendido al grado de capitán y comandó la Compañía de Caballeros Cadetes, quienes lo describirían luego como un líder nato.[16]

Ya casados, con el poco sueldo que devengada el coronel Árbenz, éste alquila una «incómoda» casa, por 25 dólares; a la que María Vilanova la describe como la «Casa de las Moscas», ya que la proximidad de la casa al vertedero de una cervecería, atraía a ese insecto. Éste evento haría que María Vilanova —según relata— aprendiera a resolver cualquier tipo de situaciones adversas.[17] En este periodo, la familia Árbenz-Vilanova, comenzó a sufrir de crisis económica, causando que Vilanova comenzara a vender en el Mercado de la Ciudad de Guatemala, pero al principio –ella relata que– no dejaban ganancia; luego Vilanova comenzó a vender cebollas, que según ella −que peleaba a diario y las sacaba a asolear porque al podrirse una, se podrían las demás−; al final, según su autobiografía; las tuvo que vender a un precio muy bajo. Vilanova relata que, a ella no le importaba realizar estos trabajos, aunque sabía que Árbenz sufría por ello.[19] Meses más tarde, en el Salvador nació Arabella Irene, tras su nacimiento, se le notificó telefónicamente a Jacobo Árbenz, del nacimiento de su primogénita, a quién le puso el nombre de su hermana fallecida. Debido a los escasos recursos de la familia Árbenz-Vilanova, María regresó a Guatemala por medio de transporte público. En abril de 1942, nació María Leonora; con el nacimiento de su segunda hija, los Árbenz Vilanova se vieron en la necesidad de una casa más amplia que estuviera ubicada en un barrio más «salubre».[20]

En los primeros días de octubre de 1944, Vilanova se encontraba en El Salvador, pintando para ganar dinero y contribuir al sustento del hogar. El 4 de octubre, Árbenz, su esposo; le envió una carta, en dónde le indicaba que lo próximo que haría la dejaría profundamente impresionada. El 20 de octubre, María Vilanova se enteró de que un triunvirato había tomado el poder en Guatemala, al poco tiempo se enteró de que los integrantes eran: el capitán Jacobo Árbenz Guzmán, el ciudadano Jorge Toriello Garrido y el mayor Francisco Javier Arana. Este hecho impresionó profundamente a la familia de María Vilanova. El 26 de octubre, Vilanova llegó a Guatemala, dónde encontró una manifestación masiva que apoyaba al triunvirato, este hecho fue importante para la vida política del capitán Árbenz.[21] [8] El triunvirato legisló por medio de decretos gubernativos tendientes a conseguir la modernización del Estado guatemalteco. Una de sus primeras medidas fue la convocatoria de una asamblea constituyente por medio de elecciones libres[21] Por su parte, las esposas de los triunviros estuvieron activas en cuestiones oficiales, marcando la primera vez que algo así ocurría en Guatemala. Entre otras cosas, visitaron a los heridos del levantamiento de octubre de 1944 y en noviembre de 1944, Vilanova, junto con Jorge Toriello y su esposa, visitaron a la primera dama estadounidense Eleanor Roosevelt como parte de una misión diplomática,[14] también por iniciativa de las tres primeras damas, lideradas por Vilanova, la junta revolucionaria le concedió el voto a las mujeres en noviembre de 1944. También promovió trabajo social con niños y ancianos, fundando asilos, orfanatos y hospitales, siguiendo con el trabajo de Elisa de Arévalo, quien era conocida como la «Eleanor Roosevelt» de Guatemala.

Vilanova menciona que durante el gobierno del Dr. Arévalo, que sus intereses personales no se concretaron en destacarse en la sociedad guatemalteca, y que por su posición social no era tímida. Por ello comenzó a tener diálogos con dirigentes, hombres y mujeres prominentes que compartieran los mismos ideales; según ella, las mujeres guatemaltecas habían hecho muy pocos cambios culturales y sociales. En ese tiempo existía un grupo social feminista que empezaba a impulsar a la mujer en política.

«Como la revolución lamentablemente no se había preparado para una situación tan cruda y tan cruel, no tenía gente preparada para enfrentarse con un ejército traidor apoyado por los Estados Unidos. Los propios ciudadanos guatemaltecos hubieran rechazado el mando de un ejército paralelo al ya establecido, ya no digamos el rechazo que hubiera recibido de los propios militares. En determinado momento el jefe de las fuerzas armadas expresó su rotunda negativa para armar a los civiles.
Ahora, en mis recuerdos, vuelvo a la conversación que sostuvimos en Casa Presidencial, cuando me contó mi esposo que Fortuny le había manifestado que no estaban preparados para un enfrentamiento contra los Estados Unidos y que la renuncia de su Presidencia era inevitable. Yo sé que por la mente de Árbenz cruzó la posibilidad de enfrentarse con una retirada estratégica de su persona y los fieles dirigentes que podían acompañarlo. A él se le ocurrió que las personas que habían estado más tiempo en la política tendrían gente que pudiera enfrentarse al enemigo para ceder terreno en forma organizada y en su retirada dejar bases de apoyo para un posible regreso. Para ello se le ocurrió preguntarle a Fortuny —"¡Dígame! ¿no cuentan ustedes con algún grupo de valientes que pudieran acompañarme en esta posible retirada, por lo menos unos 100 hombres a quienes yo pudiera darles armamento portátil? yo los comandaría e iría enfrente de este grupo de patriotas". Me dijo mi esposo que Fortuny movió negativamente la cabeza y le dijo: "Jacobo, no tenemos 100 hombres". Y Árbenz le dijo ¿y la mitad? Fortuny le respondió: "no tenemos gente para ello". Mi esposo le preguntó también a Fortuny "¿No puedes conseguirme los nombres de los integrantes de los Comités de la Reforma Agraria que están entregando tierras a los campesinos? ¿Me puedes pasar una lista de esa gente?" Fortuny le respondió "no tenemos esas listas". Entonces ¿por qué se dice que los Estados Unidos obró por un temor a que Guatemala se convirtiera en una amenaza?. Los trabajadores de Puerto Barrios se agruparon con el deseo de pedir armas y Jacobo pensó que enviando las armas por avión formaría un destacamento leal que pudiera enfrentarse a la agresión, pero para colmo, el aviador encargado de ese traslado era un traidor encubierto del gobierno y la noche o un día antes de que el avión saliera a su destino fue ametrallado por un avión enemigo hasta impedir su vuelo. Uno de los amigos de Jacobo más destacado en el gobierno, que estuvo presente en una reunión en donde se discutió con los dirigentes de todos los partidos la posibilidad de armar al pueblo; "Tú comprendes, María, lo que se pretende es que a todos los que usamos corbata, nos van a cortar la cabeza".»
—María Vilanova
Mi esposo, el presidente Árbenz[17]

Árbenz fue nombrado Ministro de la Defensa durante el gobierno de Arévalo y consolidó su liderazgo en el ejército tras tomar el control de la situación tras el asesinato del coronel Francisco Javier Arana en 1949, luego de que Arévalo y él mismo intentaran enviar al coronel Arana al exilio a Cuba por haber presentado un ultimatum al presidente Arévalo exigiéndole que cambiara su gabinete.[22] Según María Vilanova, cuando ella y su familia vivían aún en Villa Sofía, escucharon rumores de un golpe de estado que derrocaría a Juan José Arévalo, liderado por Francisco Javier Arana —Jefe de las Fuerzas Armadas—; situación que abrumó profundamente a Jacobo Árbenz, que era leal al presidente Arévalo. Según el libro autobiográfico Mi esposo, el presidente Árbenz, durante los primeros días de julio de 1949, Francisco Javier Arana llegó a la casa de Jacobo Árbenz, y fue atendido por María Vilanova; Arana indicó que necesitaba hablar con Árbenz, Vilanova le respondió a Arana que Árbenz no se encontraba, entonces el mayor pidió hablar con ella. Entonces, Vilanova entabló conversación con Arana. María Vilanova describe que, el mayor Arana era muy amable y educado, y siempre se llevaron «superficialmente» bien, pero que Arana era muy «ambicioso». El mayor le regaló una polverita de porcelana, que éste había traído de un viaje. Vilanova agradeció el presente; y el mayor dijo que iba a retirar. Vilanova afirma en sus memorias, que ella comenzó a cuestionar a Arana sobre la situación tensa existente en Guatemala, y que si él sabía de que habría un futuro golpe militar que derrocaría a Arévalo; el mayor le repuso que era cierto y que sospechaban que Arévalo era comunista. Vilanova contestó «Pero, mi coronel, si usted conoce quiénes son esos descontentos, usted tiene facultad para desactivarlos», a lo que Arana respondió «María, yo puedo decirle una cosa: si no los acompaño en el movimiento, van a hacerlo sin mí y pasarían sobre mi cadáver»; dicho esto, Arana se marchó de la casa, y María Vilanova le comunicó por teléfono a Jacobo Árbenz de que se había enterado del futuro golpe de estado.[23] En la tensión del inminente golpe de estado, Árbenz le ordenó a María Vilanova; que ella y sus hijos se fueran de su casa en Villa Sofía a la casa de una amiga, pues habían sufrido amenazas. El 18 de julio de 1949, sonó el teléfono en la casa de la amiga de Vilanova, y le informaron a María que Arana había muerto. Vilanova se preocupó mucho y decidió regresar a su casa en Villa Sofía; según ella fue muy cautelosa para que los militares no llegaran a verla. Los días siguientes, Árbenz detuvo 36 intentos de golpe de estado, según Vilanova de Árbenz; la guardia de Honor llamó a Jacobo Árbenz y le dijo: «El gobierno de Arévalo debe rendirse, de lo contrario llegaremos a atacar el palacio con tanques», Árbenz con una voz desmesurada respondió «Véngase, aquí lo esperamos».

Convertido en el candidato oficial, Árbenz llegó al poder después de ganar las elecciones presidenciales de 1950.[22] El coronel fue apoyado por los partidos Renovación Nacional y Acción Revolucionaria de la Ciudad de Guatemala y por el partido Integración Nacional de su natal Quetzaltenango; asimismo, recibió el apoyo de los sindicatos y agrupaciones de campesinos, maestros y estudiantes.[24] [25] En la campaña electoral, Vilanova acompañó a su esposo en todos los actos oficiales a los que eran invitados, también asistió con él en eventos departamentales y también hicieron visitas a los hospitales, asilos y centros de beneficiencia. María Vilanova describe que ella y su esposo, pasaban un tiempo muy limitado con sus hijos. Según María Vilanova algunas veces los debates se llevaban a cabo en la casa de la familia Árbenz, en los que Vilanova asesoraba a su esposo. Tras la holgada victoria del partido oficial, la oposición alegó que hubo considerables manipulaciones de los electores por parte del gobierno de Juan José Arévalo, que supuestamente habría puesto a disposición del candidato oficial considerables recursos del Estado, pero esto no pudo revertir el resultado.[26]

Fotografía de María Eva Duarte de Perón, primera dama de Argentina, considerada una de las mujeres más influyentes de América en el siglo XX, con dedicatoria para la primera dama guatemalteca.

El 15 de marzo de 1951, Jacobo Árbenz asume el poder e inmediatamente María Cristina Vilanova y los líderes del Partido Guatemalteco del Trabajo —especialmente José Manuel Fortuny— fueron los consejeros más cercanos de Árbenz y constituían su gabinete privado.[27] [26] Es más, desde el momento en que su esposo asumió la presidencia, María Vilanova promovió la organización social, cultural y política de jóvenes y mujeres porque sabía que constituían una fuerza importante para avanzar con la revolución.[28] También contribuyó a la fundación de Academias de arte, hospitales, guarderías para madres solteras, empleos para madres. Acompañó a su esposo en todas las actividades oficiales;[29] asimismo, viajó cinco veces a Argentina, como parte de una misión diplómatica, fue íntima amiga de su homóloga argentina, Eva Perón, ya que ambas se caracterizaban por el movimiento feminista.

María Vilanova, políglota, era la traductora oficial de Jacobo Árbenz, y la más confiable según Árbenz.[30] Ya en los últimos años del gobierno arbencista, María Vilanova creó fundaciones para niños, escuelas de arte, guarderías y empleo para madres solteras, y en algunas veces, ella las ayudaba económicamente.[30] Según muchos autores, se reunió con la líder chilena Virginia Bravo Letelier y Matilde Elena López, presidenta del partido Comunista de El Salvador. Según Vilanova, en la película suiza Los diablos no sueñan, la plana mayor de Árbenz hablaba que ella era «aberrada, porque anda mucho con el marido», también afirma que no les gustaba que ella estuviera presente siempre en todas las sesiones del gobierno, actos protocolarios y viajes a otros países. También era la confidente de Árbenz, debido a eso se rumoraba que Vilanova era una especie de Primer Ministro de facto.[31] Carlos Pellecer, afirma que Vilanova fue nociva para Árbenz.[31] [c]

Caída del régimen revolucionario[editar]

«Dedico este libro a mi esposo Jacobo, quien, estoy segura, lo hubiera ofrendado como hago yo, a su amada Guatemala».
—María Vilanova
—Mi esposo el presidente Árbenz.
«El ejército de Guatemala estaba en capacidad de desbaratar fácilmente a los agresores, pero sus jefes se negaron a hacerlo Estaba en marcha el golpe de Estado. Los jefes de las tropas enviadas al oriente del país para rechazar a los grupos invasores permanecieron inactivos y enviaron un ultimátum a Jacobo. Lo que a mí me consta que sucedió cuando todavía estaba durmiendo en Casa Presidencial, la mañana del día de la renuncia de Árbenz, fue la conversación que sostuvimos él y yo. En esa oportunidad él me contó de la reunión que había sostenido la tarde anterior con todos los partidos políticos que lo apoyaban, así como con los sindicalistas amigos suyos. Todos le insinuaron que no renunciara, pero lo que aquí la gente no alcanza a comprender es que Árbenz ya no tenía poder para detener todo el apartato bélico de los Estados Unidos que estaba amenazando a Guatemala. Y que su renuncia no era la cuestión determinante para hacerlo. Era su programa de gobierno y no su persona que estaba en juego.».
—María Vilanova.

El 17 de junio de 1952, el gobierno de Árbenz aprobó el Decreto 900, o «Ley de la Reforma Agraria».[32] cuya aplicación representó un fuerte desafío a la estructura de poder tradicional en el campo, no sólo por la reestructuración de la tenencia de la tierra, sino porque favoreció que se crearan estructuras de poder local alternativo.[33] Muchos estuvieron influidos por el comunista Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), aunque adquirieron dinámicas propias en los ámbitos locales. Algunos se constituyeron en foros activos de participación democrática en una época caracterizada por una gran efervescencia política; otros se derivaron en espacios de conflicto y corrupción.[34]

María Cristina Vilanova y Árbenz en una guardería recién fundada por la primera dama.

Por su parte, la oposición —compuesta principalmente por terratenientes guatemaltecos y directivos de la United Fruit Company— estaba completamente en contra de la Revolución y de las reformas impulsadas por los gobierno de Juan José Arévalo y Árbenz.[35] Luego de la elección de Árbenz en 1950, la élite guatemalteca había tenido la esperanza de que este diera marcha atrás a las medidas impuestas por el presidente Arévalo pues Árbenz estaba casado con la aristocrática Vilanova, era un oficial del ejército, y vivía en una mansión en la zona 10 de la Ciudad de Guatemala [36] [37] Pero sus esperanzas se vieron frustradas cuando Árbenz apoyó la organización del comunista Partido Guatemalteco del Trabajo y luego impulsó el Decreto 900.[38] Según Vilanova, durante el tiempo de crisis, se mantuvo exigiéndole a las Naciones Unidas, que le prohibiera a Estados Unidos seguir con la invasión, pero la ONU se negó a hacerlo.

Fotografía del casamiento de Árbenz.

El grupo mercenario dirigido por Castillo Armas —código de la CIA: «Calligeris»—[39] nunca presentó un peligro real a su gobierno, y María Cristina Vilanova atribuyó la repentina renuncia de su esposo a que el ejército de los Estados Unidos habría estado preparando una invasión militar contra de Guatemala en caso de que la invasión fracasara.[40] En 2000, en su libro autobiográfico Mi esposo, el presidente Árbenz, Vilanova aseguró que nadie apoyó al gobierno durante la crisis y acusó al pueblo guatemalteco de pasividad y complicidad.[41] Carlos Manuel Pellecer —agente de la CIA con el seudónimo «Inluck» o «Linluck»—;[42] [d] — planteaba que la dimisión de Árbenz se produjo a que en aquellas horas tensas y difíciles de junio 1954 este se habría enterado de que Vilanova— quien era su apoyo psicológico más fiable — tenía un amante, hecho que habría desmoralizado a Árbenz para siempre. Según el libro Árbenz y yo Vilanova tenía un amante cubano llamado Enno de la Roca,[44] Árbenz nunca escribió nada al respecto, Fortuny, el mejor amigo de Árbenz, afirma que Pellecer miente ya que la esposa de Árbenz no vivía en Villa Pomona, sino en la Casa Presidencial,[e] los historiadores y María Vilanova, nunca han dado declaraciones. Según se afirma, María Vilanova compró una edición de Árbenz y yo, y lo leyó en 1999. Vilanova anotó en el margen del libro, opiniones personales que contradecían mucho a Pellecer. Muchos historiadores, afirman que Vilanova no pudo haber mentido en las anotaciones del libro, y aunque podría haberlo hecho, parece poco probable que ella lo haya hecho en ese libro encontrado en su biblioteca privada. Las páginas 120-121; 263-265; 268; 270; 278-280; 297; 303; 306-311, entre otras, fueron subrayadas repetidas veces e incluyó signos de interrogación y exclamación. En los márgenes de las páginas escribió repetidas veces «No», «No es cierto», «No conozco ese nombre»,[f] «Nunca viví allí»,[g] «MVA no recuerda haber dicho semejante cosa», «MVA[h] autoriza a Pelle[i] que publique los documentos que menciona si existen» página 279; «qué fértil es la imaginación de un calumniador» página 283; o «¿Cómo puede un chantajista inventar cuestiones y situaciones sin que nadie las investigue y sepa que puede mentir a gusto?» en la página 290. También se menciona un posible juicio contra Pellecer: «Preguntar [ilegible] (…) si puedo hacer un juicio al autor de un libro que me calumnia con claridad» página 286. También escribió en el margen de la página 285 «CMP es un buen escritor que podría dedicarse a la literatura de fantasía».[45]

Exilio[editar]

Terminal Aérea del Aeropuerto Internacional La Aurora en 1954. Por aquí salió la familia Árbenz Vilanova rumbo al exilio en México. Antes de salir, las autoridades liberacionistas humillaron al ex presidente, obligándolo a desvestirse frente a las cámaras de los reporteros para verificar que no llevaba un lote de joyas que había adquirido Vilanova en Nueva York.
«Muy límpidamente bien nos amamos, yo había llegado a la etapa de pensar que no había hombre bueno, pero con Jacobo nada de vueltas, él me quería de verdad y yo también a él; fuimos muy sinceros el uno con el otro.»
«¿Qué cuando se quiere levantar a los pobres eso es comunismo?. Jacobo y yo vimos el comunismo como una cosa más, parecía el avance; el crecimiento de la humanidad de los pobres, pero eso de que éramos comunistas me daba risa. ¿Por qué un pobre no puede abandonar su situación y ver la bondad de la belleza?»
—María Vilanova de Árbenz,
en una entrevista.

Tras renunciar Árbenz, su familia se refugió en la Embajada de México, en donde permaneció durante 73 días;[46] luego, cuando se le permitió la salida, su esposo fue humillado públicamente en el aeropuerto, ya que las autoridades liberacionistas le hicieron desnudar ante las cámaras de los periodistas aduciendo que llevaba joyas que había comprado para su esposa en la joyería Tiffany's de Nueva York utilizando fondos de la presidencia.[47] [j] [48]

Luego de una corta permanencia en México, el expresidente y su familia salieron para Canadá, en donde recogieron a su hija mayor, Arabella,[48] y luego continuaron hacia Europa, a donde llegaron a Holanda y luego en automóvil para Suiza.[48] Árbenz completó los formularios que le solicitó el gobierno suizo, pero las autoridades suizas le pidieron la renuncia a la nacionalidad guatemalteca, para evitar que el derrocado presidente condujera desde Suiza sus actividades políticas organizando la resistencia. Árbenz no aceptó esa exigencia, pues a su juicio ese gesto habría marcado el fin de su carrera política.[48] Tampoco pudo beneficiarse del asilo político porque Suiza aún no ratificaba el convenio de 1951 del recién creado Alto Comisionado de la ONU para los refugiados, (ACNUR), convenio que además fue diseñado para proteger a las personas que escapaban de los regímenes comunistas de Europa del Este.

Árbenz y Vilanova en Casa Presidencial.

Árbenz, fue el primer personaje latinoamericano importante en recibir asilo político en Suiza, pero una fuerte campaña de desprestigio desplegada por la CIA desencadenó una gran cantidad de ataques y difamaciones que minaron no sólo el prestigio, sino también la salud del presidente.[48]

María Vilanova regresó a El Salvador para obtener el certificado de nacimiento de su hijo y vender algunas propiedades y así sobrevivir en el exilio: la prensa, siguiendo el plan trazado por la CIA publicó que Vilanova mostraba mayor interés en cuidar sus negocios en El Salvador que de su relación con Árbenz.[49] El periodista guatemalteco Clemente Marroquín Rojas, director y propietario del periódico La Hora, quien apoyaba los ideales de la Revolución de Octubre, pero que detestaba el comunismo; él hizo publicaciones minimizando el papel que tuvo Árbenz en los eventos de la Revolución de Octubre y disminuyendo su papel histórico.[48]

Los Árbenz Vilanova realizaron un largo peregrinaje en el exilio, yendo primero a París, en dónde los periodistas franceses pidieron entrevistas a la pareja Árbenz, pero el gobierno francés los obligó a no dar entrevistas, según en la entrevista de María Vilanova en la película alemana Los diablos no sueñan afirma que en los días siguientes los periódicos franceses frustrados por no haber obtenido la entrevista la describieron como si fuera Eva Perón. Salieron de París donde esperaron que el gobierno de la entonces Checoslovaquia les otorgara el asilo político. Al no conseguirlo, se fueron a la Unión Soviética en donde consiguieron educación para sus hijos; de Moscú se fueron a China, de donde regresó a la URSS, pero al sentirse rechazados, aunque según Vilanova —los rusos fueron amables con ellos—, ya que ella sufrió quebrantos de salud en Moscú, y estuvo internada por semanas, luego se su recuperación; los Árbenz-Vilanova solicitaron asilo en Uruguay, viviendo en Montevideo desde 1957 a 1960. Según María Vilanova durante su estancia en la Rusia Soviética, visitó los museos de Leningrado y Moscú, en Mongolia, fue al Desierto de Gobi y en su visita a China, conoció personalmente al líder Mao Tsé-Tung. El 18 de noviembre de 1957, el gobierno francés otorga el permiso a Jacobo Árbenz, para viajar nuevamente a Sudamérica, primero partió él solo; meses despúes se reunió con Árbenz, en compañía de su hijo Jacobo, mientras que Arabella y Leonora se quedaron en Moscú; de dónde partirían para encontrarse con la hermana de María Vilanova: Carmen Vilanova. Durante su estancia en Uruguay, coincidieron con el expresidente Arévalo, quien se estableció en ese país sudamericano entre 1958 y principios del siguiente año, cuando aceptó una cátedra universitaria en Venezuela. Los Árbenz Vilanova tuvieron una experiencia muy diferente: su amistad con los comunistas, especialmente con José Manuel Fortuny, y su paso por Checoslovaquia, la URSS y China despertaban importantes sospechas. La CIA programó y efectivamente puso en práctica una intensa serie de «operaciones en contra» a través de la prensa periódica, el cine y los ámbitos de la diplomacia.[48] En Uruguay, María se dedicó a la pintura y se reunió con pintores uruguayos. La CIA inició un desgaste a través de un riguroso control policial de la familia y de sus amistades, a pesar de que Árbenz era grato para las principales figuras políticas del oficialista Partido Colorado. Cuando entró al poder el Partido Nacional en las elecciones nacionales celebradas a fines del 58, la situación empeoró para los Árbenz Vilanova, que en 1960 por iniciativa de Manuel Galich, Fidel Castro los invitó a residir en Cuba para organizar la resistencia a una posible invasión estadounidense.[48] [50]

Estancia en Cuba y suicidio de Arabella Árbenz Vilanova[editar]

«Para los testigos que opinan que en Guatemala no había motivos reales para tener una invasión de los Estados Unidos, me permito citar las palabras del Alcohólico Anónimo, Charles W. Colson, autor del libro Nací de nuevo, quien en ese tiempo era infante de marina. Dice él: "que en el verano de 1954, estando en Camp Lejuene recibí las órdenes: Preséntese de inmediato con sus pertenencias; es una emergencia. A las pocas horas mi batallón encontró a bordo de un viejo barco de la Segunda Guerra Mundial, el U.S.S. Mellete. Debajo de nosotros, en la bodega, había varias toneladas de municiones, con las que nos dirigimos a Guatemala, que se hallaba entonces en plena insurreción comunista. Nuestra misión era proteger las vidas de los norteamericanos. Lejos de la costa rocosa de la pequeña república latinoamericana, la tropa recibió las municiones, mientras que yo y los otros jefes de sección éramos instruidos sobre los planes de desembarco, aunque las órdenes definitivas debían proceder de Washington".»
—María Cristina Vilanova.

Dispuesta a obtener la residencia en Cuba, María Vilanova visitó al Ché Guevara y su familia. Mantuvo varias conversaciones con Guevara acerca de la situación de Árbenz. Vilanova asegura en sus memorias, que Guevara tachó la intervención estadounidense en Guatemala de «canallada de los gringos» y también de que la defensa de Guatemala «había sido muy tímida». También afirma que Guevara le comentó sobre la Operación Chaparral, pero que fue un fracaso y por ello desistieron de la Operación. Vilanova le expuso a Guevara su deseo de obtener residencia en Cuba junto a su familia, a lo que Guevara habría contestado: «Lo que ustedes desean es imposible, porque aquí no van a encontrar ni una pulgada de tierra de propiedad privada». Luego de que les fuera concedida la residencia en dicho país, Vilanova regresó a Uruguay; por otra parte, Jacobo Árbenz fue invitado a asistir a una actividad cívica cubana, invitación que fue aceptada por Árbenz. Vilanova menciona, que mientras Árbenz estaba en la fiesta cívica, ella se quedaría desarmando la casa en Montevideo. Más tarde, Vilanova y su hijo Jacobo viajaron a Cuba; el avión tuvo que hacer una parada forzada en Jamaica, lugar dónde revisaron minuciosamente todo el equipaje de Vilanova y su hijo. Según Vilanova, los jamaiquinos llegaron al extremo de abrir cada tubo de lápiz labial para ver su contenido, luego de tres horas de registro; Vilanova le expresó a las autoridades su enojo, indignación y preocupación de tanta minuciosidad.[51]

Árbenz no acomodó en los nuevos planes de la lucha de guerrillas y tuvo que soportar las humillaciones de Fidel Castro, que en cada discurso repetía que Cuba no era Guatemala, y que él no abandonaría a su pueblo sin luchar como hizo Árbenz.[52] Es en este país dónde María Vilanova sufrió mucho, ya que en sus memorias relata que Árbenz por haber nacido en un departamento guatemalteco, era hábil en el uso del machete, mientras que Vilanova, por ser de clase alta, no podía manipular el instrumento de corte —mientras estaban en Cuba, tanto ella como Jacobo Árbenz se dedicaron al corte de caña—. A finales de 1960, la familia se mudó a Suiza y fue aceptada, pues el activo político ya había dejado de ser un peligro marxista, estableciéndose en Lucerna, donde Árbenz vivió solo y alcoholizado durante cuatro años.

Vilanova en una visita oficial en el Palacio Nacional.

Estando en Bogotá, el 5 de octubre de 1965, Arabella Árbenz trató de convencer a Bravo Arciga para que no siguiera toreando, pues temía por su vida; en un lujoso club para caballeros de la capital colombiana, en donde Bravo Arciga se estaba embriagando luego de una mala faena en que fue corneado, Arabella sacó un revólver y se suicidó en un oscuro rincón del local, tras haber intentado comunicarse con el torero toda la noche.[53] [54]

Bravo Arciga se comunicó con Jorge Palmieri vía telefónica a México, y le pidió que se encargara de los funerales. Palmieri consiguió que se permitiera enterrar a Arabella en el Panteón de la ANDA sobre la base de que había trabajado en una película experimental y que se autorizara que Árbenz, María Cristina Vilanova y sus hijos Leonora y Jacobo pudiesen ingresar a México para estar presentes en el entierro.[55]

Luego del funeral de Arabella, Vilanova se quedó a vivir con Jacobo Arbenz en la Ciudad de México. Vilanova afirma que el apartamento de Árbenz era muy ruidoso, y que era muy pequeña. En 1966, Vilanova sufrió por el deceso de sus padres, en ese año; Vilanova estaba con Árbenz en París, dónde partieron hacia Suiza; y de Suiza regresaron nuevamente a México.

Últimos años y muerte[editar]

Placa con dedicación a Vilanova en el Cementerio General de Guatemala.
«Señores profesores, estudiantado muy querido y entusiasta, amado pueblo de Guatemala:
Saludo a todos los que están aquí presentes, para recibir los restos mortales de nuestro bien amado Jacobo Árbenz Guzmán. Esta es una ocasión solemne por el significado que entraña en el que Jacobo Árbenz se abrace con la tierra que tanto amó. Gracias a todos los que se encuentran reunidos en este acto histórico que cumple con los deseos que tuvo Jacobo Árbenz de integrar a todo el pueblo para que se beneficiara con su programa de gobierno el cual nunca se apartó de su pensamiento. Así como también, algún día quería regresar a su amada patria. Aunque sea muerto podemos cumplir su deseo, aquí está con ustedes que los quiere...»
—María Vilanova de Árbenz,
20 de octubre de 1996.
Álvaro Colom con la familia Árbenz.

Tras sufrir el fuerte golpe del suicidio de su hija Arabella en 1965, Árbenz se trasladó definitivamente a México en donde murió en 1971. El día de la muerte de su esposo, María Cristina Vilanova estaba de viaje en El Salvador atendiendo unos negocios familiares;[56] allí se enteró del fallecimiento del expresidente en la televisión.[13] Vilanova, Jacobo Árbenz hijo y Octavia Guzmán de Árbenz, viajaron a México, dónde Árbenz fue velado y llevado al Cementerio Los Ilustres en San Salvador, dónde fue enterrado en el panteón familiar Vilanova.

Los restos de Árbenz regresaron a la Ciudad de Guatemala el 19 de octubre de 1995, durante el gobierno del licenciado Ramiro de León Carpio y fueron recibidos por las autoridades del país y por María Cristina Vilanova, así como por una masiva afluencia de personas —entre ellas estudiantes universitarios que le gritaban a la escolta militar del expresidente: «¡Éste sí era soldado!»— Los dirigentes del MLN que todavía vivían, habían hecho propaganda anticomunista en los periódicos y otros medios de comunicación, pero no pudieron evitar el regreso de los restos de Árbenz.[57] El expresidente Árbenz fue objeto de numerosos honores póstumos, a los que asistió Vilanova como viuda del expresidente, y finalmente fue sepultado en un monumento junto a la entrada del Cementerio General de la Ciudad de Guatemala.[57] Entre los honores conferidos, la Universidad de San Carlos de Guatemala le otorgó un doctorado «honoris causa», siendo María Cristina Vilanova quién lo recibió en su nombre, y además fue ella quien firmó los documentos oficiales de la repatriación de los restos mortales de su esposo.[58] Exigiéndole al gobierno de Ramiro de León, que al repatriar sus restos, se le diera un funeral de estado y los honores correspondientes. En 1999, demandó al gobierno de Guatemala por violación a los derechos humanos de su esposo.[58]

Los últimos años de Vilanova se caracterizaron por su interés en proteger su imagen. El 5 de enero de 2009, a eso de las tres de la tarde (horario costarricense), Vilanova presentó una breve molestia abdominal y pocos minutos después falleció. Vilanova murió en el exilio en San José, llevándose el secreto de los sucesos de julio de 1954 pues nunca quiso comentar en lo ocurrido en esos días. Sus restos fueron cremados y llevados a Guatemala, y fue enterrada junto a Árbenz en el Cementerio General de Guatemala, como era su última voluntad.[59]

Vilanova en la literatura y el cine[editar]

«Mundo de afrentas. Mundo de rencores...

¡Injusticia humana, qué duro golpeas!
Si auxilias a alguno, otros se molestan.
Y entre tus amigos muchos te desprecian.
Unos te traicionan, y otros que se quejan
porque no les haces una reverencia;
es que ya va cumpliéndose mi vida,
y ya he vivido exilios y desiertos...

y todos los disfraces de la muerte...».
—María Vilanova de Árbenz,
poema inédito titulado Plegarias y sentimientos
  • María Cristina Vilanova escribió numerosos poemas que nunca han sido publicados, que generalmente exponían el exilio y su vida al lado de Árbenz.[58]
  • La película Cuando las montañas tiemblan presenta como fue la caída del gobierno del presidente Árbenz desde el punto de visto de la guerrilla guatemalteca. Hay una escena en la que el embajador estadounidense Puerifoy, en forma arrogante, reclama las propiedades de la United Fruit Company a la pareja presidencial y Vilanova le indica que cómo era posible permitir que las mejores tierras de cultivo de Guatemala estuvieran en manos extranjeras y que dichas tierras estuvieran ociosas.[60] Es interpretada por Linda Segura.
  • Vilanova es la primera persona en ser entrevistada en la película alemana Los diablos no sueñan.
  • Carlos Manuel Pellecer, en su libro autobiográfico Arbenz y yo[61] hace el recuerdo detallado de sus nexos y amistad con Jacobo Árbenz e implica que la demisión imprevista de este en las horas críticas de junio 1954, se habría debido en gran parte a que le revelaron que su esposa —el único amor de su vida e inalterable apoyo psicológico— tenía un amante. Pellecer indica que así se lo habría contado el propio expresidente cuando ambos estuvieron en el exilio en Praga, Checoslovaquia —desde donde, según se supo posteriormente, Pellecer enviaba detallados informes del estado de Árbenz a la CIA—.[62] [k]
  • En su libro de memorias, ella afirma que jamás fue comunista, y nunca perteneció al PCT.

Disculpa oficial del gobierno guatemalteco con la familia Árbenz[editar]

«En septiembre de 1995 viajé a Costa Rica para asistir, por parte de la Universidad de San Carlos de Guatemala, a la IV Consulta Ecuménica para la Paz en Guatemala. Como Secretario de la Comisión del Consejo Superior Universitario para la Conmemoración del Cincuentenario de la Revolución de Octubre de 1944, pero sobre todo por mi inveterada admiración hacia la figura histórica de Jacobo Árbenz, había hecho los arreglos necesarios para visitar a su viuda, doña María Vilanova de Árbenz.
La noche del lunes 18 de septiembre de 1995 llegué a su casa, cercana a nuestro hotel. En ese museo santuario a Jacobo Árbenz, ella nos recibió en compañía de su hijo Jacobo y su nieto Erick Árbenz Canales, y pudimos conversar extensamente acerca del ilustre estadista. Allí me enteré de la existencia de estas memorias que no le había sido posible publicar en Costa Rica. Inmediata e inconsultamente, de lo que no me arrepiento, ofrecía a la señora de Árbenz la "seguridad" de ser editadas por la Universidad de San Carlos. Para entonces ya había ella aceptado los oficios de esta Universidad para la repatriación de los restos de su esposo. La visité por segunda vez el mediodía del 20 de septiembre, a punto de retornar a Guatemala, y ahí fue donde y cuando me entregó el documento original.
Mi impresión inmediata de la señora de Árbenz fue la de una dama investida de gran dignidad, dotada de inteligencia aguda y fresca con matices de fino ingenio. Su respeto por Jacobo Árbenz era evidente y todo allí parecía existir en función de aquel recuerdo. La historia impersonal cobraba en ese lugar todo el color y calor de lo humano, del recuerdo, la nostalgia y una enérgica decisión para enfrentar el futuro personal y de la patria. Escuchar sus ideales, sus comentarios históricos y sus esperanzas para el porvenir del pueblo guatemalteco, aspecto éste que nunca dejó de mencionar, fue como regresar al centro de la gesta revolucionaria de octubre de 1944.
El largo proceso de repatriación culminó un mes más tarde, habiendo principiado casi dos años antes. En 1993 el Consejo Superior Universitario creó la Comisión para la Conmemoración del Cincuentenario de la Revolución de Octubre de 1944, conformada por representantes de los docentes, decanos y colegios, así como por la AEU, el Sindicato de Trabajadores de la Universidad y personas independientes. En dicha Comisión, me tocó revivir la propuesta de repatriación de los restos de Árbenz, meses atrás presentada en el Consejo Superior Universitario por el ingeniero Héctor de León Sagastume. Esto significó entablar contacto con doña María Vilanova y, posteriormente, instar al Gobierno entonces presidido por Ramiro de León Carpio —a coadyuvar en la tarea, específicamente ante aquellas demandas de doña María que sólo el Gobierno podía cumplir (por ejemplo, rendirle honores de Estado, cumplir con demandas al Ejército y la restitución de bienes materiales expoliados en el gobierno de Castillo Armas).
En lo primero, no fue rápido ni fácil que doña María aceptara la misión de la Universidad, no tanto por recelo hacia ésta sino por lo que representaba la imagen del Estado de Guatemala hacia la familia Árbenz a lo largo de tanto tiempo de injusticia, pero aun así se pudo iniciar la gestión y consolidarla. En cambio, fue imposible establecer una relación directa con el Gobierno de De León Carpio y más bien, éste habría de formar posteriormente su propia comisión de repatriación la cual, por fortuna fue dirigida, muy inteligentemente, por el Secretario Privado del Presidente, Lic. Carlos Secaira Pinto, quien integró a representantes del Ejecutivo, del Ejército, de la familia Árbenz y la Universidad de San Carlos.
Fue así como en octubre de 1995, un año después del cincuentenario de la Revolución, la Comisión transladó desde San Salvador los restos de Árbenz y el Alma Mater le rindió homenaje en el Salón General Mayor donde, en lo que constituyó una multitudinaria y cálida congregación ciudadana, se le confirió el Doctorado Honoris Causa, aprobado unánimemente por el Consejo Superior Universitario y por primera vez póstumamente concedido a alguien.
De tal manera, la Universidad de San Carlos cumplió una función preponderante en esta gesta al concebir la idea, despejar el camino para la repatriación, coparticipar en la Comisión gubernamental, realizar —a través de estudiantes y profesores de la Facultad de Arquitectura— la construcción del túmulo funerario en el Cementerio Nacional y servir espontáneamente de enlace entre el Gobierno y las organizaciones populares en momentos más bien difíciles, durante los actos del 19 de octubre.
Pero en este plan preconcebido, habría de presentarse un producto inesperado: estas memorias. Ello significó una hermosa sorpresa que ofrecimos, primero, a la Dirección de Extensión Universitaria y ahora ésta al pueblo de Guatemala. Mucho hay escrito sobre la Revolución de Octubre y su trágico desenlace, tanto en el país como fuera de él; abundan los comentarios, las controversias y las pasiones en blanco y negro; quedan suficientes testigos y aun actores como para reconstruir con gran propiedad los grandes rasgos de aquel momento histórico. Pero este libro es insustituible. Procede de la persona más cercana y trascendental en la vida de Jacobo Árbenz; quien, en muchos sentidos, fue el principal protagonista de la gesta más importante en la historia del país, no obstante parece no haber dejado algo escrito. La Universidad de San Carlos, al publicar la obra, no está complementando lo ya sabido. Está proporcionado un documento sin precedentes. Está haciendo que Guatemala conozca, por primera vez, un testimonio directo de Árbenz desde la mano de su eterna compañera.
Eterna compañera que en el Cementerio Nacional le dijo a Guatemala, aquel cálido mediodía del 20 de octubre de 1995, que le entregaba para siempre los restos de su esposo. Ahora nos deja su memoria y su recuerdo, su nostalgia y augurio para el pueblo guatemalteco. Cabe a la Universidad de San Carlos, guardiana de las gestas sustantivas de este pueblo, ser depositaria y transmisora del presente documento que sale a luz muchos años después de la tragedia. Y ser el vínculo temporal entre las víctimas de un drama no sanado y un presente resonante de demandas que pugnan por hacer de Guatemala una sociedad mejor, lo cual fue, en dos palabras, el objetivo que hace cincuenta y cuatro años se trazó un joven capitán y estadista llamado Jacobo Árbenz».
—Jorge Solares
7 de junio de 1998

En mayo de 2011, el gobierno de Guatemala firmó un acuerdo con la familia sobreviviente de los esposos Árbenz Vilanova para restaurar su legado y públicamente pidió disculpas por el papel del gobierno en los sucesos de 1954;[63] además, se incluyó un acuerdo económico a la familia. La disculpa formal se realizó en el Palacio Nacional por el presidente de Guatemala, Álvaro Colom, el 20 de octubre de 2011 a Jacobo Árbenz Vilanova, el hijo mayor de la pareja.[63]

El acuerdo establecía varias formas de reparación para los familiares de Arbenz Guzmán. Entre otras medidas, el Estado:[63]

  • celebró una ceremonia pública reconociendo su responsabilidad
  • envió una carta de disculpa a los familiares
  • nombró una sala del Museo Nacional de Historia y la carretera al Atlántico «Jacobo Árbenz»
  • revisó el plan de estudios básico escolar nacional (Currículo Nacional Base)
  • estableció un programa de licenciatura en Derechos Humanos, la pluriculturalidad y la Reconciliación de los Pueblos Indígenas
  • llevó a cabo una exposición fotográfica sobre Árbenz Guzmán y su legado en el Museo Nacional de Historia
  • recuperó la riqueza de fotografías de la familia Árbenz Guzmán
  • publicó un libro de fotos
  • reimprimió el libro Mi Esposo, el Presidente Árbenz de Vilanova
  • preparó y publicó una biografía del expresidente, y
  • emitió una serie de sellos de correos en su honor.[63]

El Estado guatemalteco reconoció su responsabilidad internacional «por no cumplir con su obligación de garantizar, respetar y proteger los derechos humanos de las víctimas a un juicio justo, a la propiedad, derecho a igual protección ante la ley, y a la protección judicial, protegidos en la Convención Americana sobre Derechos Humanos y que se violaron en contra del expresidente Juan Jacobo Árbenz Guzmán, su esposa y ex-primera dama, María Cristina Vilanova, y sus hijos, Juan Jacobo, María Leonora y Arabella, todos de apellido Árbenz Vilanova».[63]

Véase también[editar]

Notas y referencias[editar]

  1. Mote cariñoso con que se referían a ella los familiares de Jacobo Árbenz porque les hacía gracia su locuacidad.
  2. Incluyendo visitas de estado, reuniones con presidentes y algunas veces asesorar al gobierno de Árbenz.
  3. Incluso, ella relata que los militares y los sancarlistas cantaban (a manera de burla), la canción de Ñico Saquito María Cristina me quiere gobernar, ya que creían que ella era la que gobernaba Guatemala en ese entonces.
  4. En el caso particular de Carlos Manuel Pellecer, luego de la desclasificación de documentos en 2003, su nombre apareció en la lista negra establecida por la CIA de los comunistas más destacados de Guatemala que había que «neutralizar» con prioridad, pero se rumora que sus acreditaciones mienten.[43] . Al parecer, dicha neutralización tuvo efecto, pues se pudo comprobar que sus memorias son idénticas a los reportes que se enviaron a la Central de Inteligencia Americana durante el exilio del presidente Árbenz en la siguiente década.[42]
  5. Fortuny se refiere a que Árbenz vivía en Casa Presidencial durante su gobierno, esto contradeciría a Pellecer, quien afirma que Árbenz vivía en Villa Pomona. Árbenz se fue a vivir a la Casa Presidencial en marzo de 1951 y la dejó de habitar desde su renuncia.
  6. Cuando se refiere al nombre del supuesto amante de Vilanova, llamado Enno de la Roca.
  7. Cuando se refiere a que Vilanova y Árbenz vivían en Villa Pomona durante la presidencia de Árbenz.
  8. Iniciales de María Vilanova Árbenz.
  9. Diminutivo de Pellecer.
  10. Las joyas estaban en las bóvedas del Banco de Guatemala. Durante el gobierno del licenciado Ramiro de León Carpio se determinó que las joyas habían sido compradas por Árbenz, y fueron devueltas a la Sra. Vilanova.[48]
  11. Cuando el gobierno del presidente Bill Clinton desclasificó los documentos de la CIA relacionados con la Operación PBSUCCESS se confirmó que Pellecer había sido colaborador de la agencia estadounidense, con el pseudónimo «Inluck», ya que los reportes de este agente eran caso idénticos a lo que Pellecer escribió en sus libros.[62]

Referencias[editar]

  1. «Mujeres conmemoran 69 años de participación ciudadana». Siglo21 (Guatemala). 19 de octubre de 2013. 
  2. «La Primera Dama de Guatemala habla a la Alianza Femenina Guatemalteca». El Imparcial (Ciudad de Guatemala). 5 de diciembre de 1953. 
  3. «Mensaje a la nación por la Primera Dama de Guatemala». Gobierno de Guatemala (Ciudad de Guatemala). 1953. 
  4. «Vilanova y la Alianza Femenina». The Mayan in the Hall (Ciudad de Guatemala). 2000. 
  5. Participación de Vilanova en la Revolución. Ciudad de Guatemala. 2000. 
  6. a b c d Vilanova de Arbenz, 2000, p. 15.
  7. Vilanova de Arbenz, 2000, p. 14.
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  9. «Maria Cristina Vilanova Castro». GNWR. 26 de agosto de 2006. Consultado el 26 de agosto de 2006. 
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Bibliografía[editar]

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Predecesora:
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Junto aː
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1944-1945
Sucesora:
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Predecesora:
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1951-1954
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