María Antonia de Paz y Figueroa

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Beata María Antonia de San José
Nombre María Antonia de Paz y Figueroa
Apodo Mama Antula
Nacimiento 1730
villa Silípica, Provincia de Santiago del Estero, Flag of Argentina.svg Argentina
Fallecimiento 7 de marzo, 1799
Buenos Aires, Flag of Argentina.svg Argentina
Venerada en Iglesia católica
Beatificación 27 de agosto de 2016 en Santiago del Estero. [1]
Canonización Beata.
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Beata María Antonia de Paz y Figueroa o bien beata María Antonia de San José, más conocida como Mama Antula (Santiago del Estero (ciudad)[2] , Santiago del Estero, 1730 - 7 de marzo de 1799, Buenos Aires) fue una religiosa argentina.

Obra misionera[editar]

Desde muy joven comenzó a trabajar con los jesuitas (Compañía de Jesús) colaborando en la organización de ejercicios espirituales. Luego partió a Buenos Aires donde durante veinte años de su vida se dedicó a predicar el mensaje de Cristo.
En 1795 fundó la Casa de Ejercicios Espirituales en Buenos Aires, la que aún sigue cumpliendo su misión.

Falleció el 7 de marzo de 1799 en dicha Casa. Sus restos descansan en la Basílica de Nuestra Señora de la Piedad ( la escuela de la piedad), de la ciudad de Buenos Aires; la congregación llamada Hijas del Divino Salvador, que siguiendo su ejemplo fundaron el Santuario de San Cayetano, en el, desde el siglo XX llamado barrio de Liniers, Buenos Aires. San Cayetano y San José eran los santos en los que tenía mayor devoción María Antonia de Paz y Figueroa.

Vida de María Antonia de Paz y Figueroa y sus “beatas”[editar]

En 1760, en Santiago del Estero, María Antonia de Paz y Figueroa reunió a un grupo de chicas jóvenes que vivían en común, rezaban, ejercían la caridad y colaboraban con los padres jesuitas. En aquel entonces se las llamaba “beatas”; ahora se les dice laicas consagradas. Durante veinte años María Antonia estuvo al servicio de los padres jesuitas, asistiéndolos especialmente en las tareas auxiliares de los ejercicios espirituales.

Cuando se produjo la expulsión de los jesuitas en 1767, María Antonia pidió al mercedario fray Diego Toro que asumiera las tareas propias de la predicación y la confesión, mientras que ella se ocuparía con sus compañeras del alojamiento y las provisiones para continuar con los ejercicios espirituales. La amistad con los jesuitas la siguió manteniendo vía epistolar.

Viajaba caminando descalza[editar]

Tiempo después abandona Santiago del Estero para organizar ejercicios espirituales en Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y La Rioja. “Mama Antula” —así empezaron a llamarla— era una mujer con un estilo muy peculiar. Los viajes los hacía caminando descalza y pidiendo limosnas. No quedan testimonios de cuántas veces preparó ejercicios en algunas ciudades, pero sólo en Tucumán se hicieron sesenta. A pesar de sus viajes por montañas, desiertos y parajes que desconocía, jamás sufrió percance alguno. En Catamarca padeció una enfermedad y fue desahuciada por el médico. “Me encomendé al Sagrado Corazón y me encontré curada pronto, sin ningún remedio”, aseguró. Una vez se rompió una costilla, en otra ocasión se dislocó un pie “pero fui curada una y otra vez por una mano invisible”, repetía.

En Córdoba y Buenos Aires[editar]

En menos de un año organizó en Córdoba ocho tandas de 200 y 300 personas. Y siempre conseguía las limosnas suficientes como para mantener a toda esa gente e incluso en ocasiones había un excedente que sería para ayudar a pobres y presos.

Pero en Buenos Aires no fue muy bien recibida. La trataron de loca, borracha, fanática y hasta de bruja. Los niños de las afueras de la ciudad al verla llegar con un mal apecto por el largo viaje comenzaron a apedrearla y abuchearla. El obispo mostró desconfianza y postergó la respuesta por nueve meses, mientras solicitaba informes sobre María Antonia. Luego no sólo le dio autorización sino que además se convirtió en un gran admirador y le dejó un nada despreciable legado.

Terminantemente opositor fue el virrey Vértiz, dada su antipatía visceral hacia todo lo que fuese jesuítico. En esa actitud firme permaneció por dos años y con poderes sobre el terreno religioso, le negó a María Antonia la autorización para organizar los ejercicios espirituales. Hubo un gran revuelo en ese entonces y solo se hablaba de ella, ya que realizaba los ejercicios de forma clandestina en casas alquiladas por el obispo a algunas familias concurrentes a la iglesia. Las personas cercanas a la nobleza comenzaron a concurrir a estos a escondidas y cuando se supo hubo un gran revuelo y Maria Antonia no pudo seguir ocultando esto. Habia conseguido unos terrenos en las afueras de Buenos Aires, actual independencia 1190 por medio de donaciones.. Las promesas de un mejor trabajo en el centro de Buenos Aires junto con la fe que depositaban en Cristo gracias a la predicacion de Maria Antonia habria sido el motor para el gran viaje que realizaron a pie. Al descubrirse oficialmente sus practicas Maria Antonia se vio obligada a tener una reunion con el Virrey actual. Se llego a un acuerdo donde ella accedió a ceder sus esclavos al Virrey y ponerlos a su servicio en su finca personal si este aceptaba las practicas y le facilitaba mano de obra para la construccion de su sede religiosa.

Una que vez que esto se hizo oficial la gente de la nobleza y personas de alto poder economico y social que proliferaban en aquel entonces y que no tuvieron que ocultarse para concurrir a los ejercicios realizaron grandes donaciones a Maria Antonia para poder realizar la construccion de la actual casa de ejercicios espirituales en aquellos mismos terrenos de independencia al 1190.

En tanto, dos amigas suyas habían emprendido en Salta y Tucumán la organización de los ejercicios espirituales. Este hecho, unido a la trascendencia que cobraba esta práctica religiosa, la alentó a darle forma a su pequeño grupo de beatas, con una serie de pasos que comenzaron en un postulantado, la vestición del hábito, y la formulación de votos privados.

Tiempo después Madre Antula fue invitada desde la Banda Oriental (hoy Uruguay) para propagar los ejercicios espirituales.

Miles de ejercitantes porteños[editar]

Hacia 1788 escribió Ambrosio Funes una carta contando que en ocho años habrían hecho ejercicios espirituales unas setenta mil personas. Por eso proyectaba una casa dedicada especialmente a estas prácticas. Como respuesta obtuvo la donación de tres parcelas de terreno contiguas; la primera de ellas fue donada el 27 de noviembre de 1788, por Antonio Alberti y Juana Agustina Marín, padres del sacerdote Manuel Alberti, integrante de la Primera Junta; pocos días después dona el segundo lote don Pedro Pavón y Benedicta Ortega; y el 10 de diciembre don Alfonso Rodríguez y doña Francisca Jirado (sic) donan la tercera parcela.[3] Pero faltaba todo lo demás, de manera que inició nuevamente a solicitar ayuda y tuvo como apoderado en esta tarea a Cornelio Saavedra.

La práctica de los ejercicios espirituales pasó a convertirse en una de las actividades religiosas más prestigiosas de la vida porteña, y tanto los sectores de abolengo, como los de condición humilde encontraron en Mama Antula a la persona a quien encomendaban sus oraciones por diversas necesidades.

En 1784 el obispo de Buenos Aires, Sebastián Malvar y Pinto, enviaba una carta al Papa informándole que durante los cuatro años en los que se habían realizado los ejercicios espirituales en esa ciudad, habían pasado unas quince mil personas, sin que se les haya pedido “ni un dinero por diez días de su estadía y abundante manutención”.

La gravitación de María Antonia[editar]

En Roma, las cartas de María Antonia a sus amigos los jesuitas, después de ser traducidas al latín, francés, inglés y alemán, eran enviadas a distintas naciones, en particular a Rusia, único país que no había acatado el destierro de los jesuitas. Ciertos conventos franceses se habían reformado al leer sus cartas. La importancia asignada por el obispo de Buenos Aires a los ejercicios, lo llevó a disponer que “ningún seminarista se ordenase sin que primero la beata certificase la conducta con que se hubiesen portado en esos ejercicios”. Con lo cual se asignaba a María Antonia un papel significativo en la Iglesia porteña de ese entonces.

En una homilía celebrando la santidad del continente americano, el Papa Francisco ha dicho "Que en la comunión universal de los santos y, en especial, en la corona de los santos americanos, nos acompañe fray Junípero Serra e interceda por nosotros, junto a tantos otros santos y santas que se han distinguido con diversos carismas". Entre ellos y ellas, el Papa ha señalado particularmente los "Misioneros incansables como fray Francisco Solano, José de Anchieta, Alonso de Barzana, María Antonia de Paz y Figueroa, José Gabriel del Rosario Brochero".[4]

El retiro final[editar]

María Antonia sentía que le flaqueban las fuerzas. Contaba sesenta y nueve años y no pudo ver concluida su obra. Murió el 7 de marzo de 1799. Pero el grupo de mujeres que la acompañaba se convirtió en una pujante congregación religiosa en 1878, que hoy desarrolla sus tareas apostólicas en varias provincias. El corazón de la Madre Antula sigue palpitando en la Santa Casa de Ejercicios que se conserva en Buenos Aires como uno de los edificios más antiguos de la ciudad y atesora viejos recuerdos en forma de imágenes, muros, puertas y patios, que constituyen un patrimonio vivo de la historia argentina.

Beatificación[editar]

Fué proclamada Beata en Santiago del Estero por el cardenal Angelo Amato, enviado especial del pontífice argentino Papa Francisco el 27 de agosto de 2016, según lo indicado por el Arzobispo de Buenos Aires Cardenal Mario Aurelio Poli.[1] "Concedemos la facultad de que la venerable sierva de Dios María Antonia de San José, María Antonia Paz y Figueroa, virgen, fundadora de la Casa de Ejercicios Espirituales en la ciudad de Buenos Aires, dócil instrumento de la misericordia, asidua misionera en el servicio del evangelio, sea llamada beata de ahora en adelante", leyó en italiano el purpurado el decreto firmado por Papa y luego en español el obispo de Añatuya, monseñor Melitón Chávez.

A las 7 de ayer, las campanas de la catedral empezaron a repicar junto con una salva de bombas que preludiaban el fervor de los fieles. A las 11.48 una gigantografía con la imagen de la beata Mama Antula con la inscripción "Llegar hasta donde Dios no sea conocido para hacerlo conocer" fue desplegada en el altar, en medio de vítores y aplausos de unos 50 mil fieles reunidos en la plazoleta Gerardo Sueldo, del parque Aguirre, en la capital provincial.

"¡Que viva Cristo!", cantaban, mientras las imágenes de Nuestro Señor de los Milagros de Mailin, de las vírgenes de Loreto, de la Consolación de Sumampa y la de Huachana, y la del Cura Brochero -que será canonizado el 16 de octubre próximo- llegaban al escenario dispuesto en la plazoleta..

El cardenal Amato indicó, además, que el Papa estableció que la fiesta litúrgica en honor a la laica consagrada santiagueña sea el 7 de marzo, fecha de su muerte, "en los lugares y modos establecidos".

"Le damos las gracias al Papa Francisco por haber proclamado beata a la sierva de Dios María Antonia de San José", dijo el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Aurelio Poli. Francisco se unió a esta fiesta religiosa con un mensaje, que fue leído por un sacerdote santiagueño, en el que dio gracias a Dios por "haber bendecido vuestra tierra con esta mujer valiente, plena de amor a Jesucristo, y que nos señala el camino, el único de salvación". Mama Antula, se convirtió hoy en la novena persona de nacionalidad argentina en ser beatificada. Esto ocurrió entre casi medio centenar de causas para canonizar a religiosos y laicos que dieron testimonio de su fe o murieron por su fidelidad al Evangelio. Como cierre, monseñor Bokalic señaló: "¡Qué lindo que suena «beata Mama Antula», de Santiago del Estero, hacia el país y al mundo. Es de la patria, de la Iglesia y para el mundo también".

Referencias[editar]

  1. a b «Argentina: Cardenal Poli anuncia fecha de beatificación de Mama Antula». Aciprensa. 12 de marzo de 2016. Consultado el 13 de marzo de 2016. 
  2. «AICA: Investigadores sostienen que Mama Antula nació en la ciudad de Santiago del Estero». www.aica.org. Consultado el 12 de julio de 2016. 
  3. Alberto Bravo de Zamora, Mama Antula, la sierva de Dios, Jorge Rossi Casa Editorial, Adrogué, 2014, ISBN 978-987-1060-68-9.
  4. «Celebración Eucarística en el Pontificio Colegio Americano del Norte (2 de mayo de 2015) | Francisco». w2.vatican.va. Consultado el 10 de mayo de 2016. 

Enlaces externos[editar]