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María Ana de Austria (emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico)

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María Ana de España
Emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico y Reina de Hungría

Reinado
15 de febrero de 1637 - 13 de mayo de 1646.
Predecesor Leonor Gonzaga
Sucesor María Leopoldina de Habsburgo
Información personal
Nombre completo María Ana de Austria y España
Otros títulos Infanta de España
Coronación 15 de febrero de 1637
Nacimiento 18 de agosto de 1606Bandera de España
Monasterio de El Escorial, Castilla
Fallecimiento 13 de mayo de 1646 (39 años)Bandera de Sacro Imperio Romano Germánico
Linz, Austria, Sacro Imperio Romano Germánico
Sepultura Cripta Imperial de Viena
Familia
Casa real Casa de Austria
Padre Felipe III de España
Madre Margarita de Austria-Estiria
Consorte Fernando III de Habsburgo
Hijos Fernando
Mariana
Felipe Augusto
Maximiliano Tomas
Leopoldo I
María de Austria

María Ana de Austria (Monasterio de El Escorial, 18 de agosto de 1606 - Linz, 13 de mayo de 1646), fue una infanta de España, hija menor del rey Felipe III y de la archiduquesa Margarita de Austria. Miembro de la rama española de la Casa de Habsburgo, contrajo matrimonio en 1631, con el archiduque Fernando, futuro emperador Fernando III del Sacro Imperio Romano Germánico, convirtiéndose posteriormente en emperatriz consorte y reina consorte de Hungría y Bohemia.[1] Fue madre de varios hijos, entre ellos el emperador Leopoldo I y Mariana de Austria.

Primeros años de vida

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María Ana de Austria, infanta de España, retratada por Juan Pantoja de la Cruz, en 1607, cuando tenía aproximadamente un año. La obra se encuentra en el Kunsthistorisches Museum, Viena (inv. n.º 3268).[2]

Nacida en el Monasterio de El Escorial,[3] el 18 de agosto de 1606, María Ana fue bautizada el 8 de septiembre del mismo año, festividad de la Natividad de la Virgen, por Bernardo de Sandoval y Rojas, arzobispo de Toledo. Sus padrinos fueron: su hermana Ana de Austria, futura reina consorte de Francia, y Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma,.[4][5][6][7][8][9] valido de Felipe III.

María Ana de Austria, también conocida frecuentemente en la historiografía como María Ana de España,[10] debe la dualidad de su nombre, al cruce entre su linaje dinástico y su origen geográfico. Nacida como infanta española, por ser hija de Felipe III, la historiografía hispánica utiliza el apelativo «de España» para marcar su origen natal. En este caso, también se usó para evitar confusiones con su propia hija, quien fue bautizada originalmente como la archiduquesa María Anna,[11] y cuyo nombre fue hispanizado a Mariana de Austria, tras casarse con Felipe IV. Sin embargo, al pertenecer a la Casa de Habsburgo (denominada históricamente Casa de Austria), las fuentes históricas y archivos internacionales, suelen optar por el apellido dinástico «de Austria».

La infanta María Ana de niña (entre 2 y 4 años de edad). Autor: Bartolomé González y Serrano, uno de los retratistas oficiales de la corte de Felipe III, especializado en captar la suntuosidad de los trajes de la realeza.

María Ana se crio en el Real Alcázar de Madrid, en el seno de una familia estrechamente vinculada a las dos ramas de la Casa de Austria. Su madre, Margarita de Austria, era hija del archiduque Carlos II de Estiria y hermana del emperador Fernando II, mientras que su padre, Felipe III, pertenecía a la rama española de los Habsburgo. Sus abuelos paternos fueron el rey Felipe II de España y Ana de Austria, hija del emperador Maximiliano II. De este modo, los vínculos familiares que rodeaban a la infanta, se extendían tanto a la corte de Madrid, como a la rama imperial de Viena.

Su madre, Margarita de Austria, ejercía un papel determinante en el entorno dinástico y cultural en el que se crio la infanta María Ana. El matrimonio de los reyes de España, se distinguió por desarrollar un estrecho y sólido vínculo afectivo, algo que valió a la reina convertirse en una de las figuras de mayor influencia en la corte de Felipe III. Alineada con la tradición de las mujeres de la Casa de Habsburgo, la reina Margarita destacó por su habilidad política, su fervor católico y su destacada labor como mecenas de las artes. Su infancia transcurrió junto a sus hermanos en la corte española, en un ambiente armonioso y afectuoso,[11] aunque su vida familiar se vio alterada tempranamente por la muerte de su madre, el 3 de octubre de 1611, derivado de un complicado parto. María Ana tenía entonces cinco años, y su hermana mayor, Ana de Austria, asumió la tutela de los hermanos menores.[10] En los años siguientes, permaneció vinculada a la corte de su padre junto a sus hermanos. La posición de los hijos de Felipe III, habría de adquirir una importancia creciente dentro de la política dinástica: mientras Ana sería destinada a la corte francesa, Felipe heredaría el trono español y Fernando desempeñaría un destacado papel político y militar. María Ana, por su parte, terminaría convirtiéndose en una pieza relevante de la política matrimonial de los Habsburgo.

La descendencia del núcleo familiar incluyó a:[12]

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  • Ana de Austria (1601–1666): Infanta de España por nacimiento y Reina consorte de Francia, por su matrimonio con Luis XIII. Fue madre de Luis XIV de Francia y de Felipe I, duque de Orleans.
  • María de Austria (1603): Infanta de España. Fallecida en el año de su nacimiento.   
  • Felipe IV de España (1605–1665): Contrajo matrimonio en primeras nupcias con Isabel de Francia, de cuya unión solo sobrevivió María Teresa de Austria (posterior esposa de Luis XIV). Se casó segundas nupcias con su sobrina, Mariana de Austria.
  • Carlos de Austria (1607–1632): Infante de España. Ocupó el segundo lugar en la línea sucesoria durante buena parte del reinado de su hermano, y desempeñó funciones militares y cortesanas. Participó en asuntos políticos y militares de la Monarquía Hispánica, aunque tuvo una intervención menos destacada que su hermano, el cardenal-infante Fernando. Murió en Madrid, en 1632, a los 24 años, sin haber contraído matrimonio ni dejado descendencia.
  • Fernando de Austria (1609–1641): Conocido como el Cardenal-Infante de España. Destinado inicialmente a la carrera eclesiástica, fue nombrado arzobispo de Toledo y cardenal, aunque nunca llegó a ser ordenado sacerdote. Durante la guerra de los Treinta Años, desempeñó importantes funciones militares y políticas en defensa de la Monarquía Hispánica. Gobernó los Países Bajos Españoles desde 1634, y obtuvo una destacada victoria en la batalla de Nördlingen (1634). Murió en Bruselas en 1641, a los 32 años.  
  • Margarita de Austria (1610–1617): Fallecida durante la infancia, a los 6 años. Se encuentra sepultada en la novena cámara del Panteón de Infantes[13]

Tentativa de matrimonio con Carlos I de Inglaterra

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Esta pintura de la emperatriz consorte, María Ana de Austria, pertenece a la serie de retratos oficiales de la infanta enviados a las cortes europeas, durante las largas negociaciones para su matrimonio, incluidas las célebres negociaciones fallidas con el príncipe de Gales, el futuro Carlos I de Inglaterra.

Al comenzar el año de 1620, Jacobo I de Inglaterra tomó en cuenta a María Ana, como una posible novia para su hijo y heredero,[14] el futuro Carlos I de Inglaterra y Escocia. Enrique Estuardo, hijo de Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia, murió de tifus, en 1612, por lo que su hermano, Carlos, se convirtió en el heredero del trono y fue nombrado duque de Cornualles. Sin embargo, no recibió formalmente los títulos de príncipe de Gales y conde de Chester, hasta noviembre de 1616. Al año siguiente, su hermana Isabel Estuardo, contrajo matrimonio con Federico V, elector palatino, consolidando así la posición de Carlos como principal heredero de Jacobo I.

George Villiers, I Duque de Buckingham, valido de Carlos I, retratado por Peter Paul Rubens (c. 1625).

Carlos se vio notablemente influido por el favorito de su padre, George Villiers, I duque de Buckingham, el cual lo llevó a una visita a España, para buscar una alianza con este país, mediante un eventual matrimonio con la hija menor del rey español, Felipe III. Así, Carlos viajó de incógnito, 18 de marzo de 1623, para reunirse con la infanta María Ana de Austria y avanzar en las negociaciones matrimoniales. Sin embargo, no pudo convencer a Felipe IV y su privado, Olivares, de aceptar este matrimonio inglés. Entre otras consideraciones, las necesidades de la guerra de los Treinta Años, entonces en marcha, aconsejaban una alianza más estrecha con el emperador Fernando II, quien era el único aliado seguro para la Monarquía hispana en Centroeuropa. Además, el papa Gregorio  XV, se mostraba extremadamente reacio a autorizar  la boda de una infanta católica, con un príncipe anglicano, si este no se convertía antes a la fe romana.[15][16]

Carlos I de Inglaterra, el rey católico que fue ejecutado, en gran medida, debido a sus ideales absolutistas. Para la infanta española, el colapso de las negociaciones significó un rumbo totalmente opuesto. El fracaso de este enlace, le evitó enfrentar la revolución inglesa, un inminente exilio y la ejecución de su cónyuge. En su lugar, pudo consolidar una influyente posición política y diplomática en Viena, donde disfrutó de una vida relativamente pacífica, en el entorno de la corte imperial.

La propia María Ana tampoco parece haber mostrado entusiasmo por el proyecto. El nuncio apostólico, Francesco Massimi, transmitió instrucciones para que la infanta evitara pronunciarse sobre el matrimonio, hasta conocer la decisión del papa. María Ana estaba muy unida a su tía abuela, la infanta Margarita de la Cruz, monja en las Descalzas Reales de Madrid, la cual abogaba por una alternativa austriaca, para descartar al candidato inglés. Entretanto, los confesores de Margarita y de María Ana, eran ambos franciscanos y se encontraban entre los pocos miembros de la Junta Grande de Teólogos de 1623, que se opusieron a la boda inglesa con decisión. Las damas de la infanta se expresaron muy críticamente contra esta opción, y a la propia infanta, se atribuye que juró tomar el hábito de monja, antes que casarse con un hereje.[11]

A su regreso a Inglaterra, en octubre de 1623, Carlos y el duque de Buckingham, instaron a Jacobo I a abandonar las negociaciones matrimoniales y adoptar una política más firme frente a España. El fracaso del proyecto matrimonial, fue atribuido en España, en buena medida, al duque de Buckingham.[17][18]Lo que favoreció al deterioro de las relaciones anglo-españolas y favoreció el cambio de orientación de la política exterior inglesa.

Impulsado por sus consejeros protestantes, Jacobo I convocó al Parlamento para solicitar los subsidios necesarios para una eventual guerra contra España. Paralelamente, el monarca comenzó a considerar una nueva alianza matrimonial para su hijo. Durante su viaje de regreso de Madrid, Carlos había conocido, en París, a Enriqueta María de Francia, hija de Enrique IV y hermana del rey Luis XIII, y ambos iniciaron un acercamiento, que llevó a Jacobo I, a favorecer su matrimonio, el cual se celebró en 1625.[19]Ese mismo año, Carlos ascendió al trono como Carlos I, y tras la derrota de las fuerzas realistas durante la guerra civil inglesa, fue ejecutado, el 30 de enero de 1649. [20]Así se cerró el episodio conocido colectivamente como el «Spanish Match».[21][22] Si bien la intransigencia en las cláusulas religiosas y los roces personales del duque de Buckingham, impidieron la unión de la infanta María Ana, con el príncipe de Gales, el prolongado diálogo diplomático logró posponer durante casi una década, el conflicto abierto entre la Monarquía Hispánica e Inglaterra.[23]

Matrimonio e hijos

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El fracaso de las negociaciones con Inglaterra, abrió definitivamente el camino para la unión de María Ana con la rama austriaca de los Habsburgo, aunque esta posibilidad ya se había planteado con anterioridad. De hecho, mientras se desarrollaban las conversaciones para su matrimonio con el príncipe de Gales, en las cortes de Madrid y Viena, se negociaba también una alianza matrimonial alternativa con el archiduque Fernando de Habsburgo, hijo del emperador Fernando II. El proyecto respondía al interés de ambas ramas de la dinastía, por mantener estrechamente vinculadas sus posiciones políticas, en un momento marcado por la guerra de los Treinta Años. [15]

Obra sobre lienzo, que plasma la alianza matrimonial entre el Archiduque Fernando, posterior emperador Fernando III, y la Infanta María Ana. Pintado entre 1628 y 1630, periodo en el que se negoció y formalizó el matrimonio.

Antes de alcanzar los trece años, María Ana había sido destinada inicialmente a casarse con el archiduque Juan Carlos de Austria, hermano mayor de Fernando, pero este murió en 1619, sin haber contraído matrimonio. Tras su muerte, Fernando pasó a ocupar su lugar como futuro esposo de la infanta y, al mismo tiempo, adquirió una posición cada vez más relevante dentro de la sucesión de la rama imperial. Las negociaciones matrimoniales se prolongaron durante varios años y estuvieron condicionadas por cuestiones dinásticas, económicas y protocolarias. Entre las exigencias españolas, figuraba que el futuro esposo de María Ana, poseyera dignidad regia, condición que quedó satisfecha, cuando Fernando fue coronado rey de Hungría en 1625 y, posteriormente, rey de Bohemia, en 1627.[15]Tras varios años de negociaciones, iniciadas en 1624, el compromiso matrimonial se formalizó en 1626, pero todavía fue necesario resolver diversos asuntos antes de fijar definitivamente el enlace. Entre ellos, se encontraban la cuantía de la dote de la infanta, así como la composición y organización de su futura casa en la corte imperial. El contrato matrimonial, concluido en 1628, preservó además determinados derechos sucesorios de María Ana, sobre la Corona española.[24]Felipe IV, se despidió de su hermana, encomendándole que actuara como su «mayor embajadora» ante la corte imperial de viena.[15]El monarca, le entregó a María Ana unas instrucciones escritas que establecían sus deberes y la misión que debía desempeñar en la corte imperial. El documento, compuesto por 23 artículos, constituye un caso poco habitual dentro de la tradición de la Casa de Austria, pues otorgaba a una mujer de la familia real atribuciones y responsabilidades propias de la actividad diplomática. En ellas, el monarca le encomendaba actuar como vínculo entre las ramas española y austríaca de los Habsburgo y favorecer su unidad, siempre subordinada a la defensa de la fe católica. Para ello, le concedió una autoridad superior a la de los demás agentes diplomáticos españoles destinados en la corte imperial.[15]

La infanta María con su hijo Fernando, atribuido a Frans Luyckx, Viena, Kunsthistorisches Museum.

Cuando abandonó España, María Ana viajó acompañada por una numerosa comitiva de unas 1800 personas y atravesó Génova, Roma, Nápoles y Milán, antes de llegar al Sacro Imperio. Una vez establecida en Viena, su séquito se redujo progresivamente, hasta quedar formada por alrededor de un centenar de personas. El viaje de la infanta María Ana, se prolongó por más de un año, debido a las complicaciones causadas por un brote de peste que impidió el desembarco de su embarcación, en múltiples puertos. Finalmente, la comitiva arribó a la ciudad portuaria de Trieste. Allí fue recibida por el archiduque Leopoldo Guillermo, hermano de su prometido Fernando, quien actuó en su representación durante la ceremonia de matrimonio por poderes. El matrimonio entre María Ana y el archiduque Fernando, se celebró por poderes, en Madrid, el 25 de abril de 1629. Su presencia en Viena, reforzó así los vínculos políticos y familiares entre las dos ramas de la Casa de Habsburgo. Aunque el monarca español mantenía allí un embajador ordinario y otro extraordinario, la posición de María Ana y de su propia casa, desempeñó un papel adicional como canal de comunicación y mediación entre ambas cortes.[15]

A su llegada a Viena, Fernando, que desconfiaba de la fidelidad de los retratos que había recibido de la infanta, dispuso un encuentro privado con ella antes de la ceremonia nupcial. Su mayordomo mayor solicitó audiencia con María Ana acompañado de varios nobles, entre los que se encontraba el propio Fernando de incógnito. Una vez comprobado personalmente el aspecto de la infanta, se dio a conocer y comenzó a conversar con ella en español.[10]

Se casó con su primo Fernando, futuro Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, entonces rey titular de Hungría, el 20 de febrero de 1631. El matrimonio fue considerado excepcionalmente afectuoso para una pareja de la realeza de su época. María Ana asumió además funciones de gobierno durante las frecuentes ausencias de su esposo, especialmente cuando este se encontraba en campaña militar.[15]

Descendencia

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Bajo el gobierno de su hijo, Leopoldo I, el Reino de Hungría logró su reunificación tras un siglo y medio de fragmentación provocada por la derrota en Mohács y la ocupación otomana. Tras frenar el sitio de Viena, en 1683, las fuerzas de la Liga Santa, dirigidas por la dinastía austríaca, emprendieron una contraofensiva que culminó con la expulsión de los turcos y la firma del Tratado de Karlowitz, acuerdo que ratificó la integración de la Hungría Real, la Hungría Otomana y Transilvania, bajo la Corona de los Habsburgo.

El matrimonio tuvo seis hijos. El primogénito, Fernando, fue rey de Bohemia y Hungría y, en 1653, fue elegido rey de Romanos, aunque murió antes que su padre. Le siguió Mariana de Austria, quien posteriormente se convirtió en reina consorte de España, al casarse con su tío, Felipe IV. Mariana fue madre de Carlos II, último monarca de la rama española de la Casa de Habsburgo,[25]convirtiendo así a María Ana, en abuela del último rey Habsburgo de España. Felipe Augusto y Maximiliano Tomás, ambos archiduques de Austria, murieron durante la infancia. El quinto hijo, Leopoldo, sucedió a su hermano Fernando y fue elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, en 1658. La última hija, María, murió poco después de su nacimiento.

Retrato de la reina Mariana de Austria (1634-1696), hija de María Anna de Austria. Es un óleo sobre lienzo, realizado por Diego Velázquez. La obra se conserva en el Museo del Prado (Madrid). Se convirtió en reina consorte de España tras su matrimonio con el rey Felipe IV. Tras la muerte del monarca en 1665, asumió la regencia de la Monarquía Hispánica, durante la minoría de edad de su hijo, el futuro Carlos II.

La elevada tasa de mortalidad entre sus hijos, así como los problemas de salud que afectaron a la propia dinastía, son atribuidos por la historiografía y la genética histórica al alto grado de consanguinidad característico de la Casa de Austria. Dado que María Ana y Fernando III eran primos hermanos dobles por vía paterna y materna, el coeficiente de consanguinidad de su prole, era excepcionalmente elevado, lo que incrementó la vulnerabilidad de sus descendientes a enfermedades congénitas y redujo significativamente la esperanza de vida en sus primeros años.[26]

La elevada endogamia de la Casa de Austria no solo influyó en la alta tasa de mortalidad infantil de la estirpe, sino que consolidó la transmisión de rasgos anatómicos heredables, entre los que destaca el prognatismo mandibular o «mandíbula de Habsburgo».[27] Su hijo, el futuro emperador Leopoldo I, heredó este rasgo de forma especialmente acusada, debido a la doble carga genética de sus progenitores. Esta anomalía se manifestaba en una marcada hipertrofia del maxilar inferior, el labio evertido y una maloclusión dental severa, que le provocaba serias dificultades funcionales para la masticación y la pronunciación. Este fenotipo característico, presente también en otros miembros destacados de la dinastía, como Carlos I, Felipe IV y Carlos II, constituye uno de los ejemplos más citados de la acumulación de genes recesivos en la realeza europea.[26]

Los seis hijos de la pareja fueron:

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Su vida en la corte de Viena

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Retrato de María Ana de España, atribuido al pintor flamenco de la corte vienesa, Frans Luycx, hacia 1638. Colección Nacional de Retratos, Castillo de Gripsholm / Nationalmuseum (Suecia).[29] La emperatriz viste la típica moda de la corte borgoñona e hispana con guardainfante oscuro, adornado con opulentos bordados en hilo de oro. Destaca el peinado amplio decorado con plumas y un abanico en la mano izquierda, símbolo de elegancia y etiqueta cortesana española.

En Viena, María Ana encontró dificultades para trasladar a la corte imperial, algunas de las costumbres culturales españolas, debido al predominio del estilo italiano. A pesar de su afición al teatro, solo consiguió que se representaran algunas obras de tradición española, entre ellas, El vellocino de oro, de Lope de Vega. Sus intentos de introducir también la música y las danzas cortesanas españolas, tuvieron una acogida limitada y se redujeron a algunas celebraciones de carnaval y a una mojiganga, en 1632. Después de estos primeros esfuerzos, parece haber abandonado la intención de incorporar de forma permanente estas tradiciones, a la vida festiva de la corte vienesa.[30] No obstante, introdujo la moda y las costumbres estilísticas de la corte española.[10] Poseía una extensa colección de joyas, que no sólo constituyeron un bien ostentoso, sino una pieza clave de representación política e identidad dinástica dentro de la Casa de Austria.[31]

En cumplimiento de las instrucciones recibidas de su hermano, Felipe IV, intervino en numerosas peticiones y súplicas dirigidas a los distintos centros de poder de la dinastía. Aunque no recibía órdenes directamente desde Madrid, su confesor, Diego Quiroga, mantuvo una correspondencia reservada con el conde-duque de Olivares, lo que permitió mantener una comunicación política entre ambas ramas de la familia.[32] Fernando III, depositó asimismo una considerable confianza en su esposa, para desempeñar funciones de representación y gobierno durante sus ausencias. En 1640, María Ana abrió las sesiones de la Dieta de la Baja Austria, en ausencia del emperador y, en 1645, fue nombrada gobernadora interina de la Baja Austria, mientras Fernando III se encontraba en Bohemia. También recibió la posibilidad, excepcional para una mujer de la corte imperial, de expresar su parecer ante el Consejo Secreto Imperial; consta al menos su participación en una sesión, celebrada el 1 de marzo de 1646, en la que se examinó la posición imperial ante las negociaciones de la Paz de Westfalia. [33]

Durante los quince años que permaneció en el Sacro Imperio, María Ana mantuvo una estrecha vinculación con la Monarquía Hispánica y defendió sus intereses en el ámbito de la corte imperial. Sin embargo, su actuación no puede reducirse a la de una representante de Madrid. Como esposa de Fernando III, desarrolló una actividad política propia, favorecida por la importancia que las relaciones familiares tenían en la diplomacia europea del siglo XVII y por la dificultad de separar entonces los asuntos internos de los exteriores. María Ana fue educada en la defensa de la fe católica y de los intereses de su familia, principios que influyeron profundamente en su actuación política. Desde esta perspectiva, consideraba que muchas de las disputas entre los distintos miembros de las familias reinantes, podían resolverse mediante la negociación y los vínculos de parentesco. Esto la llevó a desempeñar un papel activo como mediadora y a procurar mantener la colaboración entre las cortes de Madrid y Viena. [15][22]

Fallecimiento

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La Cripta Imperial de Viena, también conocida como la Cripta de los Capuchinos, ha sido desde 1633, el principal lugar de sepultura para los Habsburgo austríacos, albergando los restos de los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico de esta dinastía y sus descendientes. En la Bóveda de Leopoldo (Leopoldine Vault), dentro de la Cripta Imperial de Viena, se encuentra el sarcófago de la Emperatriz María Ana, a lo largo de la pared norte. En esta cripta reposan su esposo, el emperador Fernando III, y casi la totalidad de sus hijos (el rey de Romanos Fernando IV, el emperador Leopoldo I y los archiduques Felipe Augusto, Maximiliano Tomás y María), con la única excepción de su hija Mariana de Austria, reina consorte de España.

En los últimos años de su vida, María Ana acompañó a su esposo durante las difíciles circunstancias provocadas por la guerra de los Treinta Años. En 1645, ante el avance de las tropas suecas y la propagación de epidemias en Viena, la familia imperial se trasladó temporalmente a Linz. Allí, durante su sexto embarazo, la emperatriz murió el 13 de mayo de 1646,[34] a los treinta y nueve años. El embarazo resultó fatal y María Ana falleció probablemente como consecuencia de una preeclampsia, desarrollada en las últimas etapas de la gestación, que habría derivado en un aborto espontáneo.[35]Tras su muerte, se practicó una cesárea para extraer a la niña que llevaba en el vientre. La criatura, una hija llamada María, sobrevivió únicamente durante unas horas. Madre e hija fueron trasladadas posteriormente a Viena y sepultadas juntas en la Cripta Imperial de los Capuchinos.[35]

Dentro del protocolo ceremonial de la Casa de Habsburgo, las exequias de emperadores, emperatrices y archiduques no se limitaban a una inhumación convencional. A partir del siglo XVII y hasta el XIX, la dinastía consolidó en Viena un riguroso ritual funerario tripartito que prescribía la fragmentación y distribución de los restos mortales en tres sedes religiosas clave de la capital imperial. Siguiendo el ritual dinástico de la sepultura dividida (Getrennte Bestattung), las entrañas de María Ana se extrajeron del cuerpo y se depositaron en la Cripta Ducal de la Catedral de San Esteban, y su corazón, en la Herzgruft de la Iglesia de los Agustinos de Viena.[36]

Tras su fallecimiento y el traslado de sus restos a la capital, el féretro de la emperatriz encabezó el cortejo fúnebre hasta las puertas del convento de los Capuchinos. Allí se ejecutó el tradicional ritual de la «ceremonia del llamamiento» (Anklopfzeremonie). Al llamar el heraldo a las puertas cerradas del templo, el fraile custodio preguntó desde el interior quién solicitaba la entrada. En una primera instancia, el representante cortesano la anunció proclamando la totalidad de sus dignidades reales e imperiales. Ante la negativa del monje («No la conocemos»), el heraldo reiteró la petición empleando únicamente una versión reducida de su título. Solo cuando el monje volvió a rechazar el acceso y el anuncio final la presentó despojada de todo rango terrenal —como «María Ana, una pobre pecadora»—, la puerta se abrió para dar cobijo a sus restos en la Cripta Imperial, simbolizando la igualdad de todo mortal ante la muerte divina.[36]

Su fallecimiento se produjo cuando se encontraba en una etapa de notable influencia política, tanto por su intervención en cuestiones relacionadas con la guerra de los Treinta Años y las negociaciones de la Paz de Westfalia (la cual fue concretada dos años después de su fallecimiento),[37] como por su interés en reforzar los vínculos entre las dos ramas de la Casa de Austria, mediante nuevos enlaces matrimoniales. Entre estos proyectos, se encontraba el matrimonio de su hija mayor, Mariana de Austria, con el príncipe Baltasar Carlos, heredero de la Monarquía Hispánica. Sin embargo, Baltasar Carlos murió, el 9 de octubre de 1646, pocos meses después que María Ana. La alianza matrimonial entre ambas ramas de la dinastía, se mantuvo vigente. Sin embargo, ante la falta de un heredero varón legítimo, fue el propio Felipe IV quien asumió el compromiso y contrajo matrimonio con su sobrina, en 1649. Mariana partió hacia España en 1648 y con ella, regresaron buena parte de los servidores españoles que habían formado parte de la casa de su madre, entre ellos Diego de Quiroga.[15]

A la muerte de la emperatriz, se elaboró por orden imperial, un minucioso inventario de su tesoro personal, redactado entre 1646 y 1648, y conservado en el Archivo Estatal de Austria (Österreichisches Staatsarchiv). Compuesto por 241 entradas documentales que registran más de 260 piezas, el Inventar des Schmucks von Maria Anna von Spanien, destaca por contener 141 ilustraciones a color de los aderezos, constituyendo uno de los testimonios gráficos sobre joyería cortesana del siglo XVII, más relevantes de Europa. Tras su muerte, gran parte de este patrimonio permaneció en la familia imperial como conjunto heredable para la continuidad visual y simbólica de la dinastía.[31]

El emperador viudo, Fernando III, contrajo matrimonio en dos ocasiones más, para asegurar la sucesión y consolidar alianzas dinásticas: primero, con María Leopoldina de Austria-Tirol (1632-1649), y posteriormente, con Leonor de Mantua-Gonzaga-Nevers (1630-1686).[38]

En la literatura y cine

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El romántico esfuerzo del futuro rey de Inglaterra por contraer matrimonio con María Ana, está descrito en las novelas de ficción:

  • El capitán Alatriste (en inglés: Captain Alatriste), Arturo Pérez-Reverte. Es una novela que se base en el viaje de Carlos, príncipe de Gales, a Madrid, en 1623. El príncipe inglés y el duque de Buckingham, aparecen vinculados a las negociaciones para el matrimonio de Carlos con la infanta María Ana, mientras el protagonista, Diego Alatriste, queda involucrado en las intrigas políticas y religiosas desencadenadas por la llegada de los dos ingleses a Madrid. La obra combina personajes históricos con personajes ficticios y recrea literariamente el ambiente de la corte española durante el reinado de Felipe IV. La novela fue publicada originalmente en español en 1996; su traducción inglesa, Captain Alatriste, apareció en 2005.[39]La saga fue llevada también a la pantalla. La adaptación cinematográfica Alatriste (2006), dirigida por Agustín Díaz Yanes, estuvo protagonizada por Viggo Mortensen, en el papel de Diego Alatriste. Posteriormente, Telecinco produjo la serie Las aventuras del capitán Alatriste (2015), de 13 episodios. En esta última, María Ana de Austria fue interpretada por Diana Gómez y el príncipe de Gales, por Constantin von Jascheroff; el episodio de las negociaciones matrimoniales constituye uno de los elementos centrales de la primera temporada.[40][41]
  • Por ver mi estrella María, Madrid, 1988. Es una novela del escritor español Néstor Luján, que representa el viaje de Carlos Estuardo, príncipe de Gale, a Madrid, en 1623. La travesía es recreada desde una perspectiva marcadamente sentimental. La obra presenta al príncipe enamorado de la infanta María Ana, incluso antes de conocerla personalmente y convierte las negociaciones matrimoniales entre las cortes inglesa y española, en el eje de una trama de amor y aventura. En la ficción de Luján, María Ana no corresponde a los sentimientos de Carlos y rechaza su propuesta matrimonial. La novela combina personajes históricos con otros ficticios y reconstruye con detalle el ambiente del Madrid de los Austrias. El título procede de unos versos atribuidos a Lope de Vega: «Carlos Estuardo soy, / que, siendo el amor mi guía, / al cielo de España voy / por ver mi estrella María». [42]
  • A la entrada del príncipe de Gales en Madrid por marzo del año 1623, de Antonio de Solís. Es un poema o composición laudatoria, dedicada a la llegada de Carlos a Madrid. La obra presenta el viaje del príncipe y su finalidad matrimonial con la infanta María Ana.[43]

Notas

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    Según un informe de los embajadores venecianos de 1638, María Ana gozaba en alto grado del favor y del amor de Fernando III. Mark Hengerer, señala asimismo que no existen indicios de relaciones extramatrimoniales del emperador y que este mencionaba regularmente a su esposa en su correspondencia. Tras la muerte de María Ana, Fernando expresó su dolor y su esperanza religiosa mediante una sentencia que escribió en su calendario:

    «Es stirbt die Kaiserin, es trauert der ganze Weltkreis, sie aber lebt glücklich in ihrem Gott» («Muere la emperatriz, llora todo el mundo, pero ella vive feliz en su Dios»).[44]

    En 1852, durante unos trabajos de restauración, se abrió el sarcófago de María Ana. El cuerpo se encontraba prácticamente descompuesto, salvo algunos huesos del cráneo, y se conservaron pequeños mechones de cabello rojizo y una pequeña trenza. Junto a sus restos, se hallaron algunos huesos de su hija María, sepultada con ella en el mismo sarcófago. El examen registró que María Ana vestía entonces un traje de terciopelo rojo cereza, con bordados de oro, mientras que había sido expuesta inicialmente con el hábito de las carmelitas. La documentación consultada constata esta diferencia de vestimenta, pero no permite establecer cuándo ni por qué se produjo el cambio. [45][46]

    Referencias

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    1. ↑ «María Ana de Austria». Google Arts & Culture. Consultado el 18 de septiembre de 2026.
    2. ↑ «Infantin Maria Anna (1606-1646), Kaiserin, im Alter von 4 bis 5 Monaten, Bildnis in ganzer Figur». KHM.at (en alemán). Consultado el 18 de septiembre de 2026.
    3. ↑ Córdoba, Luis Cabrera de (1857). Relaciones de las cosas sucedidas en la corte de España, desde 1599 hasta 1614. Imprenta de J. Martín Alegria. Consultado el 12 de octubre de 2019.
    4. ↑ Fue llevada en brazos hasta la pila por el hijo primogénito del duque de Lerma, Cristóbal Gómez de Sandoval, marqués de Cea luego duque de Uceda y de Cea. El llevar a los infantes hasta la pila era considerado el honor más alto en los bautismos reales, tras los padrinos.
    5. ↑ Córdoba, Luis Cabrera de (1857). Relaciones de las cosas sucedidas en la corte de España, desde 1599 hasta 1614. Imprenta de J. Martín Alegria. Consultado el 12 de octubre de 2019.
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    Ancestros

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    Enlaces externos

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    Predecesor:
    Leonor Gonzaga
    Emperatriz del Sacro Imperio,
    Reina de Alemania y Archiduquesa consorte de Austria

    1637-1646
    Sucesor:
    María Leopoldina de Habsburgo
    Predecesor:
    Leonor Gonzaga
    Reina consorte de Hungría y Reina consorte de Bohemia
    1631-1646
    Sucesor:
    Margarita Teresa de Austria