Los Prisioneros

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Los Prisioneros
Logo de Los Prisioneros
Los Prisioneros Narea Gonzalez Tapia.jpg
Los Prisioneros. De izquierda a derecha: Claudio Narea, Jorge González y Miguel Tapia.
Datos generales
Origen Bandera de Chile San Miguel, Santiago, Chile
Estado Disuelta
Información artística
Género(s) Rock, pop, rock subterráneo, new wave, synth pop
Período de actividad 1983-1992
2001-2006
Discográfica(s) Sello Fusión, EMI Odeón, WEA, Warner Music
Artistas relacionados Narea y Tapia
Jardín Secreto
Los Updates
Profetas y Frenéticos
Travesía
Los Vinchukas
Web
Sitio web https://planetaprisionero.cl/
Exmiembros
Jorge González
Claudio Narea
Miguel Tapia
(véase sección de miembros para otros)

Los Prisioneros fue una banda de rock chilena, considerada la más importante de su país[1][2][3]​ y una de las más destacadas e influyentes de América Latina.[4][5][6]​ Formada en los años 1980 la comuna de San Miguel, estuvo compuesta en un principio por Jorge González (voz, bajo), Claudio Narea (guitarra, coros), Miguel Tapia (batería y coros). En sus inicios, el grupo desarrolló un sonido punk con matices de new wave, para posteriormente acercarse al synth pop. Se hicieron conocidos por sus canciones llenas de contenido y de crítica social, las cuales despertaron a una generación que estaba siendo oprimida por la dictadura militar, quienes emplearon estos temas como lucha contra el régimen de Augusto Pinochet. Esto llevó al grupo a ser censurado en los principales medios de comunicación en Chile, hasta principios de los años 1990; no obstante, pese al veto, tuvieron un gran éxito comercial sin precedentes, traspasando fronteras en países como Perú, Ecuador y Colombia. Coincidiendo con la transición a la democracia, se produjo un primer quiebre y reestructuración del grupo. Claudio abandonó la agrupación, Jorge asumió la guitarra en su reemplazo y se incorporaron Cecilia Aguayo (teclados, coros) y Robert Rodríguez (bajo, coros) como respaldo en vivo hasta inicios de 1992, fecha en que la banda se separó.

En esta primera fase, Los Prisioneros publicaron cuatro álbumes, tres de ellos incluidos en la lista de los 50 mejores discos chilenos de la historia publicada por la versión chilena de Rolling Stone: La voz de los '80 (n.º 3), Corazones (n.º 9) y Pateando piedras (n.º 15).[7]​ Entre el receso y la reunión, Los Prisioneros vendieron más de 700 000 copias,[8][9]​ cifra solo superada por «El rock del Mundial» de Los Ramblers, como los artistas que más han vendido en la música chilena.[10]​ Ya durante el segundo período, más de 800 000[11]​ (juntándolo con los álbumes solistas de Jorge González y las colaboraciones de este como el dúo de música electrónica, Sieg über die Sonne, alcanzaron el millón y medio, en 2006)[12]​ y un millón en el extranjero.[11]​ La canción «Tren al sur» fue elegida por los lectores de la revista digital Satélite Natural como la séptima mejor canción del rock latino de todos los tiempos[13]​ y el n.º 18 de las 50 canciones más importantes de pop latino por la revista estadounidense Rolling Stone.[14]​ «We are sudamerican rockers» fue el primer vídeo emitido para la filial MTV Latinoamérica, en octubre de 1993.

Luego de que los miembros originales realizaran carreras solistas, ninguno con la repercusión que alcanzaron como trío; en 2001, la formación original se volvió a reunir, ofreciendo dos conciertos en el Estadio Nacional con más de 140 000 asistentes en total. Durante los dos años siguientes realizaron una gira nacional con 200 000 espectadores en todo Chile,[11]​ como asimismo en Latinoamérica, Estados Unidos y España, concitando también cientos de miles de espectadores. Sin embargo, el grupo tuvo nuevas dificultades en 2003 tras grabar y publicar un nuevo álbum que terminó con la salida de Narea. González y Tapia intentaron continuar junto con nuevos integrantes, publicando un último álbum en 2004. A principios de 2006, Los Prisioneros se disolvieron de forma definitiva tras haber nuevos desacuerdos.

Historia[editar]

Formación y primeros años (1979-1985)[editar]

Patio del actual Liceo Andrés Bello, lugar en el que Los Prisioneros se conocieron.

En marzo de 1979, Jorge González, Miguel Tapia —ambos de catorce años— y Claudio Narea —de trece años de edad — ingresaron al primer año de enseñanza media (la secundaria en Chile) y se conocieron siendo compañeros de sala en el Liceo 6 (actual Liceo Andrés Bello) de la comuna de San Miguel, en Santiago. González y Narea descubrieron que ambos apreciaban al grupo Kiss, lo que constituyó la base de afinidad que los llevó a estrechar lazos de amistad.[15]​ En 1980, ambos se unieron a los hermanos Álvaro y Rodrigo Beltrán[n. 1]​ (vecinos de Claudio), para crear Los Pseudopillos, ocurrencia de nombre que surgió en clase de biología, cuando su profesora mencionó la palabra «pseudópodo». Este era un cuarteto vocal con el que grabaron más de un centenar de canciones humorísticas, escritas principalmente por Jorge y Claudio, para las que empleaban únicamente objetos caseros como percusión.[16]​ Paralelamente, Jorge se reunía con Miguel a componer, mientras planificaban un proyecto musical más ambicioso: querían ser tan famosos como The Beatles. Inspirados en la dupla Lennon-McCartney, sobre quienes, erróneamente, pensaban que se dividían las labores de composición, Tapia escribía la letra de las canciones y González componía la música en piano o guitarra, pero al poco tiempo Jorge decidió hacerse cargo también de los textos.[17]​ Ya que Miguel se refería a los Beatles como «Los Escarabajos», Claudio bautizó al grupo como Los Vinchukas haciendo referencia a la vinchuca, mencionada también en clase de biología.[18]​ Posteriormente invitaron a Claudio a unirse a la banda,[19]​ y poco después, se unió Álvaro Beltrán. Además la banda consiguió adquirir su primera batería de segunda mano, que le había pertenecido a un grupo de cumbia, gracias a un préstamo obtenido por la hermana de Miguel.[20]

Y ahora un grupo de jóvenes que se caracteriza por tener un estilo muy personal, ellos posiblemente ocupen luego el lugar que hoy ocupa nuestro conjunto estable..., dejo con ustedes a Los Vinchukas.
—Introducción en el Liceo 1 de Niñas[21]

El cuarteto hizo debut el 14 de agosto de 1982 en su propio liceo, dos meses más tarde se presentarían en el Liceo 1 de Niñas, en su misma comuna.[21]​ Sin embargo, a pocos días de egresar de 4° medio ese mismo año, el grupo tuvo sus primeras diferencias serias, lo que motivó su división.[22]​ Tres meses después de ese quiebre, Claudio volvió a unirse con Jorge y Miguel, mientras que Álvaro se mantuvo alejado.[23]​ Los Vinchukas, ahora convertidos en un trío, estaban muy decididos a dedicarse profesionalmente a la música y buscaron un nuevo nombre, más definitivo para esta nueva etapa. Primero habían escogido «Los Criminales», pero pronto Miguel sugirió «Los Prisioneros», idea que finalmente prosperó.[24]​ El 19 de diciembre de 1986, el mismo Miguel registraría el nombre con el giro de «grupo musical» en el Ministerio de Economía, quedando como marca de su propiedad.[25]​ La primera vez que tocaron bajo el nombre Los Prisioneros fue el 1 de julio de 1983 en el Festival de la expresión joven del instituto Miguel León Prado.[26]

En marzo de 1983 Jorge ingresó en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile para estudiar licenciatura en música, allí conoció a Igor Rodríguez (futuro miembro de Aparato Raro), Robert Rodríguez (futuro miembro de Banda 69) y a Carlos Fonseca, con el último entabló rápidamente una amistad y poco después Carlos lo invitó a conocer y escuchar música en su tienda de discos Fusión.[26]​ Muy pronto, González dejó la carrera para enfocarse en el grupo, mientras que Fonseca también lo hizo para dedicarse a su tienda de música. Este tenía un programa en Radio Beethoven llamado Fusión contemporánea y tenía pensado hacer un especial para fin de año con artista chilenos nuevos. Jorge llevó una canción grabada en una radio-casete de su casa y la presentación en vivo de la banda en su colegio. Asombrado cuando escuchó estas canciones, le propuso re-grabarla para colocarla en el programa de radio. Cuando Carlos conoció al resto del grupo, sugirió reemplazar a Claudio, ya que consideraba que este no era un buen guitarrista. Sin embargo, Jorge y Miguel se negaron, ya que los tres formaban Los Prisioneros.[27][28]

En noviembre Los Prisioneros grabaron los primeros demos en un estudio amateur armado por Carlos en el segundo piso de Fusión.[29]​ Al otro mes Fonseca presentó «La voz de los '80» y «Brigada de negro» en su programa radial. Además, habló favorablemente del grupo en la revista Wikén —suplemento de El Mercurio— para la nota sobre el especial, y en abril de 1984, escribió un artículo sobre Los Prisioneros en la revista Mundo Diners Club, bajo el nombre de Alberto Velazco.[n. 2][31][32]

La voz de los '80[editar]

«¿Quién mató a Marilyn?» es la canción más antigua de La voz de los '80. Miguel hizo la letra cuando todavía estaban en el liceo, como crítica y sátira a la televisión chilena de esos años, que comentaba a diario acerca de la muerte de Marilyn Monroe, evandiendo las violaciones de los derechos humanos en la dictadura militar.[33]

El 13 de diciembre de 1984 lanzaron su primer álbum en formato casete, La voz de los '80, bajo el sello independiente Fusión, producido por el propio González aunque este lo acreditó a nombre de la banda.[34]​ Todos los temas fueron escritos, compuestos y cantados por él, a excepción de «¿Quién mató a Marilyn?», escrito y cantado por Miguel Tapia.[35]​ El disco se grabó inicialmente y en su mayor parte en el estudio de Francisco Straub, pero se terminó y mezcló en el Estudio A de Alejandro «Caco» Lyon, donde igualmente se grabarían los dos discos siguientes.[36]​ «Ese fue un casete que grabamos sin tener ninguna experiencia, tanto nosotros como los técnicos», señaló Miguel Tapia a la revista Super Rock en 1987: «Nadie entendía bien la idea de sonido que envolvía el pop y por eso pienso que muchas canciones que están ahí podrían haber rendido más; pero para ser un verdadero experimento, pensamos que estuvo bien, aunque ahora lo veamos todo desde otra perspectiva».[26]

El periodista Freddy Stock señaló en la revista Rolling Stone Chile que La voz de los '80 es el disco más importante del rock chileno, asegurando que fue el primer álbum en la historia musical de Chile que mezcló la ruptura social con la fuerza del rock. «Cada canción del disco es resentimiento. Es un álbum agnóstico en esencia, desconfiado, simple, directo e irónico y, por esto, intensamente rocanrolero. Llamó a no ir detrás de un líder ni creer en la representatividad en dictadura. Vaya osadía. Pero también disparó contra la cultura en masas ("Mentalidad televisiva"), el amor ("Paramar"), las tribus juveniles ("Brigada de negro"), el hedonismo machista ("Sexo"), o en los chantas acomodados ("Nunca quedas mal con nadie")».[37]

Se editaron 1 000 copias de esta primera edición de La voz de los '80 y se agotaron seis meses después ya que los medios de radio, prensa y televisión acogían principalmente a artistas argentinos.[38]​ Apenas tuvieron rotación por Radio Galaxia y tuvieron intervenciones televisivas solo en Sábados Gigantes, Canal 11 y la sexta edición de la Teletón. Fue en este último evento donde la banda sufrió su primer episodio de censura: mientras interpretaban el primer sencillo del álbum, «La voz de los '80», Televisión Nacional de Chile, en ese entonces controlado por la dictadura militar, sacó la señal del aire. Según Narea, los militares habían considerado que Los Prisioneros podían ser peligrosos para la estabilidad del régimen de Pinochet.[39]

A mediados de agosto de 1985, Carlos Fonseca consiguió una cita con Julio Sáenz, un argentino afiliado del sello EMI que estaba interesado en editar a bandas chilenas, es así como Los Prisioneros junto con Aparato Raro —quienes también eran representados por Fonseca— obtuvieron un contrato discográfico[40]​ y para celebrarlo, organizaron un concierto en el Teatro Cariola, con el grupo Cinema de invitado. En esa presentación Los Prisioneros hicieron debut con los teclados y presentaron temas nuevos, algunos de los cuales formarían parte del segundo álbum.[41]​ En octubre, EMI lanza una nueva versión de La voz de los '80 en todo Chile, vendiendo 105 000 copias.[42][38]​ «Sexo» tuvo mejor acogida en las radios aunque no llegó a los primeros lugares, de acuerdo a revista Vea, especializada en las listas musicales de Chile en esa época.[43]​ Mientras que en la televisión, la canción era prohibida por su título, esto molestaba a Jorge, ya que se encontraban promocionando su segundo sencillo, a causa de esto, abandonaron el estudio de Martes 13 cuando no les permitieron tocar «Sexo» pese a tratarse de una crítica a la banalización del cuerpo; enemistándose con la estación televisiva Universidad Católica.[44]

La consolidación (1986-1989)[editar]

Pateando piedras, exclusión del Festival de Viña y conciertos en el extranjero[editar]

El 15 de septiembre de 1986 lanzaron su segunda producción, Pateando piedras. Fabio Salas Zúñiga en su libro La primavera terrestre: cartografías del rock chileno y la nueva canción chilena, dijo que «es un álbum que establece un alegato sobre la juventud marginada de la política económica de la dictadura y una brillante reivindicación de clase».[45]​ De este trabajo salieron temas como «Muevan las industrias» sobre la cesantía, «¿Por qué no se van?» dedicado a los artistas esnob y «El baile de los que sobran» sobre la desigualdad en la educación.[46]​ La última canción es considerada una de las más emblemáticas de la música popular chilena de los años 1980,[47]​ y tuvo resonancia en parte de Latinoamérica.[48]​ De acuerdo a Fabio en su primer libro, El grito de amor. Una actualización histórica temática de rock, «El baile de los que sobran» junto a «Sucio policía» de la banda peruana Narcosis y «La gente del futuro» del cantante argentino Miguel Cantilo (con Punch), «propusieron testimonios que la historia de nuestro continente recogió como elementos de vital libertad en una época de oscuridad y clausura social».[49]Pateando piedras se destacó por un sonido mucho más sintético y elaborado, con la abundante utilización de teclados, sintetizadores, secuenciadores, samplers y baterías programadas.[50]​ El grupo pasó del sonido simple de guitarra, bajo y batería de su disco predecesor al techno. Patricio Urzua en Rolling Stone Chile, señaló que «lo más llamativo [de Pateando piedras] era el sonido electrónico que insinuaba “Estar solo” o los ladridos sampleados de “El baile de los que sobran”. En ciertos círculos, esto acarreó comparaciones inmediatas con Depeche Mode. Más allá de esta novedad que para entonces era cegadora, las guitarras seguían mandando en el sonido del trío: el riff de “Quieren dinero” no desentonaría en la banda sonora de un spaghetti western, lo que de nuevo habla de la inteligencia de la banda».[51]​ Claudio en su autobiografía indicó: «Siete de los temas no tienen bajo, sino bajo teclado. Todas las baterías son programadas y tres de los temas no tienen guitarra».[52]​ Narea no se sintió cómodo con esta nueva forma de trabajar, por lo que se limitó a grabar únicamente las partes con guitarras; después se iba del estudio para ir a ver a Claudia Carvajal, su futura esposa, mientras Jorge y Miguel seguían grabando y mezclando.[53][54]

El álbum vendió 5 000 copias en los primeros diez días de su distribución —un récord jamás alcanzado por un grupo musical juvenil de Chile—, y, a dos meses y dos días de su lanzamiento, obtuvieron un segundo disco de platino con 20 000 copias vendidas, algo que no se había logrado con ningún artista desde la llamada Nueva Ola.[55]​ En noviembre lanzaron el disco de forma oficial en dos presentaciones en el Estadio Chile, con la asistencia de más de 11 000 personas. El grupo rompió otro récord al llenar dos veces consecutivas el recinto.[55]​ En ese momento de éxito fueron invitados junto con la banda chilena Valija Diplomática para actuar al Festival Internacional de Montevideo Rock de Uruguay. Publicaron sus discos en ese país pero pasaron casi desapercibidos por lo que no regresaron.[56]​ Ese año actuaron en el programa infantil Patio Plum, en un episodio titulado «Los amigos rockeros», presentación que fue muy significativa ya que en ese entonces, a pesar de su gran popularidad, Los Prisioneros estaban prácticamente casi vetados de la televisión chilena.[57]

En febrero de 1987 quedaron fuera de la edición XXVIII Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, pese a ser el grupo más popular de Chile de acuerdo a informaciones especializadas, yendo en su lugar el grupo chileno Upa!.[55]​ Aún habiendo sido ignorados para presentarse en la Quinta Vergara ese año, el humorista local Jorge Cruz mencionó a Los Prisioneros durante su rutina en ese Festival para «ayudarse» con el público, de acuerdo a El Mercurio.[55]​ En esa edición, se presentó el grupo argentino Soda Stereo, quienes tenían la misma popularidad en Chile que el trío sanmiguelino,[58]​ con la diferencia que los ellos tenían acceso a los medios que censuraban a Los Prisioneros, por lo que en esa época era habitual que estos se burlaran y criticaran a Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti, en conciertos y entrevistas. Jorge le dedicó a Gustavo la canción «Él es mi ídolo», en el siguiente álbum de Los Prisioneros.[59][60]​ Incluso llegaron a decir que «Soda Stereo es el rock que le encanta a Pinochet».[61]​ Gustavo, en una entrevista ese mismo año, acerca de Los Prisioneros dijo:

Es casi referirme a lo que pasa en Chile, obviamente a mí no me interesa ir a Chile a hablar de política. Los Prisioneros por lo que tengo entendido no cantan canciones políticas, yo conozco una canción de ellos que dice «Muevan las industrias» lo cual me da la impresión que está mucho más cargado al régimen que tienen ellos que a la oposición. Ahora si ellos pretenden que cantemos para su régimen están equivocados porque nosotros cantamos para la gente.[60]

Dos décadas después, González, Narea y Tapia admitieron que solo hablaban por envidia, e incluso, reconocieron su admiración por Soda Stereo y sus integrantes, y que les ganaron en cuanto a popularidad en toda América.[62][63][64][65]​ En 2003, Jorge conoció a Charly, limando las asperezas de sus bandas.[66]​ Lo mismo sucedería, un mes después, con Claudio y Zeta.[67]​ «Quizás en algún momento la prensa nos puso a competir con Los Prisioneros, pero todos somos músicos y lo que hacemos es darle felicidad a la gente, que puedan soportar su carga de todos los días. Somos colegas», declaró Bosio años después.[68]

Jorge González durante el Festival Chateau Rock.

Después de su paso por Uruguay, el grupo viajó a Argentina. El primer recital en el país fue el 28 de marzo de 1987, dentro del Festival Chateau Rock que se realizaba en el Estadio Chateau Carreras de Córdoba. No obstante, el interés del público era por los siguientes números (Fito Páez y Luis Alberto Spinetta). Los críticos de la revista argentina Pelo fueron bastante duros con su presentación:

Los Prisioneros marcarían uno de los puntos más flojos de todo el evento [...] su propuesta peca de localista [¿qué puede significar para un argentino «Muevan las industrias»?] y no está basada en firmes conceptos musicales. Fue en cambio admirable la paciencia cordobesa para aguantar el extenso set del trío chileno en condiciones no del todo cómodas.[69]
Imagen de Los Prisioneros publicada en la revista argentina Pelo, 1987.

Luego, se dirigieron a Buenos Aires para participar dentro de un festival gratuito, el Festival Pepsi a realizarse el 4 de abril de 1987 en el Estadio Obras Sanitarias. Allí tocaron tras las bandas locales Identi-Kit y La Sobrecarga, siendo el número principal de la noche. La crítica de Pelo esta vez fue levemente más benigna:

Tuvieron un show digno, respaldados por la gran cantidad de chilenos que apoyaron calurosamente su show. La propuesta del trío es rústica y el contenido, demasiado localista, pero la banda luce sin dudas una personalidad definida, la que la llevó a convertirse en la más representativa del pop de su país.[69]

De todos modos, Pelo continuó criticándolos en la nota de la entrevista al grupo previa al show, titulando «¿Por qué no se van?».[69]​ Según Narea, el saldo de este segmento de la gira fue a su entender que la banda casi no gustó al público, obteniendo malas críticas mientras que la prensa de ese país solo les preguntaba por Pinochet.[70]

Diferente fue el escenario en Perú, donde tres de sus canciones estuvieron dentro de los diez primeros lugares. «El baile de los que sobran» ocupó el primer lugar por más de seis semanas.[71]​ En septiembre tocaron ante 14 000 personas en la Plaza de toros de Acho de Lima, y en Ecuador, donde también tuvieron un éxito similar,[72]​ tocaron para 7 000 en el Coliseo Techado de Guayaquil.

La cultura de la basura, plebiscito, apoyo al «no» y gira latinoamericana[editar]

Portada de La cultura de la basura. El diseño fue obra de Jacqueline Fresard, primera esposa de Jorge González.[73]

En octubre empezaron a grabar su tercer disco, que en un principio iba a ser un álbum de versiones de intérpretes como Raphael, Nicola di Bari, Camilo Sesto, Salvatore Adamo, Sandro, entre otros. Pero finalmente se decidió grabar un álbum con canciones originales, titulado La cultura de la basura.[74]​ Este trabajo contó por primera vez con Narea y Tapia como compositores. Jorge les prometió que iban a componer los tres juntos, pero finalmente él lo hizo por su lado, haciendo un total de diecisiete canciones. Una vez que hizo los demos de sus temas, Narea y Tapia comenzaron a escribir los suyos, dando cuatro canciones, las cuales fueron incluidas en el disco: «Somos sólo ruido», «Algo tan moderno», «El vals» y «Lo estamos pasando muy bien».[75][n. 3]​ Además, Claudio debutó como cantante siendo el vocalista principal en «Lo estamos pasando muy bien» y «El vals». Mientras grababa esta última canción, Caco Lyon le insistía en que tenía que afinar más la voz, pero el guitarrista no podía.[77]​ Lyon recuerda la grabación como un «parto».[78]

Durante las sesiones grabaron un siniestro spoken word —titulado «Lo estamos pasando muy mal»— sobre un agente de la CNI que іbа narrando en primera persona la misión que tenía de asesinar a un dirigente opositor a la dictadura. Cuando Max Quiroz (ejecutivo de EMI) escuchó la canción, le dijo a Caco: «Viejo, si esto lo sacamos, nos vamos todos a la cárcel».[79]​ Los Prisioneros venían de haber sacado un disco exitoso y ya eran reconocidos en Latinoamérica, lo que ocasionó que perdieran el orden interno. Esto no fue del agrado de Caco Lyon, que al ver que en el estudio ya no existía la misma coordinación de los trabajos anteriores, decidió retirarse y dejar a cargo a su ayudante, Antonio Gildemeister, apenas un novato. Esto dio como resultado un sonido sucio.[80]​ El líder y el mánager de la banda también tuvieron sus desencuentros para la elección del primer sencillo. Jorge quería que fuera «Que no destrocen tu vida», inspirada en la difícil relación que tenía Claudio con sus padres por esos días,[81]​ mientras que Carlos —quien elegía los sencillos— prefería «Maldito sudaca».[82]​ Al final se escogió la primera.[1][83]

La cultura de la basura salió el 3 de diciembre. Empezó vendiendo 10 000 copias en su venta anticipada,[55]​ pero no agradó del todo a los fanes. Con solo 70 000 copias vendidas, la prensa lo consideró como el primer fracaso artístico y comercial de Los Prisioneros, a pesar de haber sido certificado con doble disco de platino.[84]​ Para González, el disco no fue ningún fracaso, pero sí, el punto bajo de la banda,[85]​ mientras que Carlos Fonseca culpó a Claudio y a Miguel, ya que, según él, Jorge se relajó cuando ellos se pusieron a componer.[81]​ Un crítico de la revista Rockaxis comentó: «El disco, que podríamos definirlo como de rock-pop, con mucha experimentación, es más extenso y complejo que los anteriores, lleno de rarezas, gritos, ruidos, trompetas, pero nunca dejando atrás su irreverencia e ironía frente a la sociedad. A pesar de que este disco no logró el impacto social de los otros dos, es quizás el elepé de mayor calidad, variedad y de madurez composicional por parte de Jorge González y en general de todos sus integrantes».[83]

Fonseca consideraba que «Lo estamos pasando muy bien» era un tema genial, pero las otras tres composiciones de Narea y Tapia eran como «mostrar la hilacha», señaló.[86]​ Por lo tanto, esta canción fue la única de ellos que se incluyó en la edición latinoamericana de La cultura de la basura, en 1988. De las canciones de Jorge se eliminaron «Otro día» y «Poder elegir». Se remezclaron algunos temas con un sonido más limpio, mientras que otros se grabaron nuevamente. «Lo estamos pasando muy bien» fue re-grabada en la voz de González en lugar de la de Narea.[77]​ Además, se agregó una nueva canción para abrir el disco en reemplazo de «Somos sólo ruido»: «We are sudamerican rockers». En total, la versión latinoamericana tenía solo diez temas, cuatro menos que la edición original.[87]​ Este álbum no se llegó a editar en Chile,[88]​ tampoco el álbum recopilatorio titulado Los Prisioneros (reeditado por EMI Music Colombia en 2006, bajo el título Serie 10) que contiene temas de La voz de los '80 y Pateando piedras, publicado en 1988 también. Se re-grabaron algunas canciones, principalmente del primer álbum, tales como «Sexo», «Paramar», y «Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos».[89]​ Esta versión de «Sexo» fue utilizada para la realización del vídeo musical del mismo tema, bajo la dirección de Cristián Galaz, filmado en la casa de Jorge, ubicada en Parque O'Higgins. Fue estrenado en mayo, en el noticiero clandestino Teleanálisis. Diez años más tarde, este videoclip fue premiado con el Coral Negro en el Festival de Cine de La Habana, Cuba.[90]

Los Prisioneros en 1988.

El 28 de marzo de 1988, Los Prisioneros realizaron una conferencia de prensa en el cine El Biógrafo para anunciar la gira promocional de La cultura de la basura que abarcaría cuarenta fechas de Arica a Punta Arenas y que, más tarde, seguiría por Sudamérica y México. Concurrieron periodistas, fanes, y el invitado especial: Julio Sáenz, director regional de EMI, que estaba de paso por Chile para ver al grupo fenómeno de la disquera. Cristián Rodríguez —ex trabajador de Fusión y posteriormente director de marketing de Universal Music—, invitado por Miguel, fue el último en preguntar, consultándole a Jorge sobre el plebiscito que definiría la continuidad de Pinochet en el poder, convocado para el 5 de octubre de ese año. González respondió de inmediato: «En el plebiscito votaremos que no». Hubo un breve silencio en la sala y luego una ovación para el vocalista, que no pensó que sus declaraciones harían que de los cuarenta conciertos programados en Chile, solo pudieran hacer siete. Los recintos controlados por los militares les cerraron sus puertas y lo mismo hicieron otros tantos por temor a represalias, por lo que solo pudieron actuar para particulares, iniciando el 19 de abril en el Instituto Miguel León Prado de su natal San Miguel —ya que el alcalde de la época decidió que no tocaran en el teatro de la comuna—.[91]​ Luego, en Valparaíso, San Felipe, Los Andes, La Serena y finalmente, en mayo en Copiapó, con el teatro a medio llenar.[82]​ El 19 de septiembre, la revista Análisis reveló que Jorge González era uno de dos artistas amenazados de muerte por ser opositores de Pinochet. En aquella revista González declaró que recibió a través de su madre, amenazas por teléfono en más de diez oportunidades y una vez por carta, y que tuvo que solicitar recursos de protección. A pesar de las amenazas y el acoso de la CNI, el grupo actuó gratuitamente en tres concentraciones populares a favor del «no», en La Bandera, Vicuña Mackenna y el cierre en Avenida Departamental,[82]​ y más tarde, en la franja televisiva.[92]

Recorte de prensa de Jorge González (en el medio) con Bruce Springsteen y Tracy Chapman, durante el final del concierto de Human Rights Now!.
Human Rights Now!
Miguel Tapia (tercero de izquierda a derecha) junto con Tracy Chapman, Sting y otros artistas.

El 14 de diciembre, poco después del plebiscito, volvieron a Argentina para participar en el histórico concierto global Human Rights Now!, organizado por Amnistía Internacional para conmemorar los cuarenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el Estadio Mundialista de Mendoza. Esta gira pretendía pasar por Chile, pero el régimen de Pinochet no lo permitió, así que decidieron hacerlo en el lugar que quedara más cerca de Santiago. Mientras Los Prisioneros actuaban, los chilenos presentes alzaron banderas y carteles que decían «No» —aludiendo al triunfo de la oposición democrática— agitándolos al compás de la música.[93]​ Al cierre, se unieron con Sting, Peter Gabriel, Tracy Chapman, Bruce Springsteen, Youssou N'Dour, el grupo mendocino Markama y los chilenos Inti Illimani para cantar el tema «Get Up, Stand Up» de Bob Marley, ante más de 10 000 chilenos y 18 000 argentinos.[55]​ Jorge González recordó: «Los chilenos estaban felices de estar fuera del país. Se sentían liberados. Pero la experiencia fue rara porque no estuvimos demasiado cómodos. Siempre existió esa tensión entre argentinos y chilenos.[n. 4]​ No nos quedó un recuerdo agradable».[94]

Los Prisioneros pese a ser el grupo más popular en Chile, no tenía buen sustento económico, y tras el pronto término de la gira de promoción de La cultura de la basura en su país con las malas ventas del álbum, coincidiendo con la decaída del rock chileno, estaban en su punto más crítico. A pesar de eso, seguían siendo artistas prioritarios de EMI.[95]​ En septiembre de 1988 se embarcaron en la gira latinoamericana participando en Concierto de Conciertos, donde actuaron en el Estadio El Campín de Bogotá, Colombia, ante 70 000 personas, siendo los artistas más esperados para sorpresa de ellos.[96]​ Regresaron en dos giras más en noviembre de ese año y abril de 1989. Mario Ruiz, gerente de márketing de EMI para el mercado latinoamericano, aseguró que Los Prisioneros lograron abrir el mercado colombiano para el rock en español.[55]​ Antes de dejar definitivamente el país cafetero recibieron disco de platino;[38]​ y posteriormente, la canción «Pa pa pa» fue la más vendida en las tiendas de discos de Colombia en esas fechas.[55]

La gira continuaba en Venezuela, pero la grave crisis social y política que siguió al «Caracazo», se cancelaron todas sus presentaciones en ese país. En mayo llegaron a México, donde eran un grupo prácticamente desconocido, y sus canciones «¿Quién mató a Marilyn?», «La voz de los '80» y «Muevan las industrias» se difundían principalemente en emisoras no comerciales.[55]​ Cuando estaban haciendo sus primeras presentaciones en el país azteca, Claudio empezó a sentirse mal a causa de una hepatitis. Por órdenes del médico tuvo que regresar a Chile para tomar reposo y la banda debió cancelar el resto de su gira.[97]

Separación (1989-1992)[editar]

Primera salida de Claudio Narea, Corazones, Festival de Viña y primera separación[editar]

En octubre de 1989, gracias a los contactos que consiguió Carlos en la trasnacional de EMI, viajó con Jorge a Los Ángeles, Estados Unidos, financiados con 70.000 dólares para grabar el nuevo álbum.[98]​ Ni Claudio ni Miguel participaron en la grabación de este disco, pues el primero ya estaba distanciado de González y no estaba de acuerdo con el enfoque del mismo, mientras que el segundo no pudo viajar por problemas con la visa.[99]​ Narea y Tapia planearon repetir la experiencia de La cultura de la basura y compusieron tres canciones, pero esta vez todas quedaron fuera, según Fonseca argumentaría doce años más tarde a Zona de Contacto, porque no pudieron viajar a Estados Unidos por problemas con la visa.[100]​ Pero en realidad fue porque los temas no encajaban con el estilo que Jorge quería imprimirle al nuevo trabajo.[99]​ «La ley decía que Jorge González era el compositor del grupo», comentó Claudio Narea.[101]​ Otra canción que no se incluyó en el disco por esta misma razón fue «We are sudamerican rockers».[102]

En febrero, Narea descubrió que su esposa, Claudia Carvajal, mantenía una relación amorosa con González.[103]​ A pesar de esto, Claudio no dejó inmediatamente el grupo, pues esta era su única fuente de ingresos; y además estaba por iniciar la tercera gira por Colombia, así como el resto de la gira latinoamericana; no obstante, la relación entre los dos integrantes, y con la mujer del guitarrista, se volvía cada vez más tensa. Todo esto serviría de inspiración para crear las canciones que finalmente Jorge quiso plasmar en el cuarto disco.[104]​ Quince años más tarde, Jorge reconocería que creó el álbum gracias a la influencia del éxtasis, que empezó a consumir en 1988 a través de un grupo de hippies de lugares como Goa o Poona.[105]​En agosto[n. 5]​ de 1989, Narea actuaría por última vez en directo con Los Prisioneros, hasta el reencuentro en 2001, en una reunión privada con los ejecutivos del sello EMI Odeón.[10]​ En enero de 1990 se produjo el único ensayo de Corazones al que asistió el guitarrista, momento en que tomó la decisión de irse de la banda.[106]​ Un mes más tarde, le informó su decisión a Miguel.[107]​ En mayo, ya de regreso la democracia, se hizo pública su salida de Los Prisioneros, y, aunque en un principio dijo que el motivo de su alejamiento fue por diferencias artísticas con el líder de la banda, se murmuraba fuertemente el triángulo amoroso. Dos años más tarde, el ahora exguitarrista dijo: «la historia no tiene nombre de mujer, sino de un loco peligroso que es Jorge».[108]​ Esto lo afirmaría después en su libro Los Prisioneros: Biografía de una amistad, donde aseguró que se fue porque Jorge González estaba obsesionado con él.[109]​ Tras anunciarse la separación de Los Prisioneros, González declararía que el grupo se acabó cuando se fue Claudio.[108]

Luego de la partida de Narea se consideró fichar a Rodrigo Aboitiz —exmiembro de Aparato Raro y posteriormente de La Ley— en su reemplazo, e incluso llegó a ensayar con ellos,[110]​ pero no cuajó con la nueva línea pop de Los Prisioneros, que querían desarrollar, según detalló Miguel Tapia.[111]​ Finalmente Jorge se decantó por su amiga Cecilia Aguayo, exintegrante del grupo de performance Las Cleopatras —al que también pertenecieron la primera esposa de González, Jacqueline Fresard, y la actriz Patricia Rivadeneira—. Le pidió que dejara la medicina y que se dedicara de lleno a la banda,[112]​ a pesar que no sabía tocar teclado. Casi tres décadas más tarde, Jorge declaró que pensaba que solo una mujer podría reemplazar a Claudio, justificando que «[Cecilia] era una estrella. Y necesitábamos a una estrella, no a un músico. Era más notorio, más radical. Más revolucionario». Posteriormente, Robert Rodríguez —antiguo compañero de Jorge en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile y exintegrante de Banda 69[n. 6]​ actuó con Los Prisioneros en Calama, reemplazando a Jorge en guitarra a causa de una lesión que este sufrió en una muñeca y un tobillo.[114]​ Desde ese momento quedó como el bajista del grupo.[115]​ Tras la disolución de Banda 69, tocó irregularmente con Claudio cuando este dejó Los Prisioneros, sin embargo, cuando Narea estaba armando su propia banda: Profetas y Frenéticos, Robert lo dejó.[116]

El argentino Gustavo Santaolalla (imagen del Festival El Abrazo 2010) fue productor del álbum Corazones. González dijo que fue idea de Santaolalla de que «"Tren al sur" tuviera un rallentando y que llegara a una estación de tren perdida y de ahí partiera de nuevo», y de incluir un charango.[104][99]​ Posteriormente, Gustavo produjo a artistas como Julieta Venegas, Café Tacvba, Juanes y Molotov, y ganó dos premios Óscar. Declaró que para él, Jorge es uno de los «grandes artistas mundiales», con quien trabajó también para su primer álbum solista.[117]

El 20 de mayo de 1990, el ahora dúo, lanzó el cuarto álbum —considerado el primer disco solista de Jorge González—,[118]​ titulado Corazones, bajo la producción del argentino Gustavo Santaolalla,[119]​ siendo este el primero que no produce Jorge, a diferencia de los trabajos anteriores.[120]​ Poco menos de un mes, consiguieron un contrato con Capitol Records para editar el álbum en formato CD en Estados Unidos.[55][121]Corazones sorprendió a todos por su cambio radical, que hizo que se distinguiera claramente de sus predecesores en cuanto a producción, música y temática. La utilización de teclados y sintetizadores —elementos que González ya había incorporado en Pateando piedras— impregnaron por completo el disco con un sonido synth pop.[122]​ Logró romper «preconceptos autoimpuestos por el rock y cambió definitivamente el rumbo de la canción pop», afirmó el sitio web Santiagocultura.cl.[123]​ En cuanto a sus letras, llenas de romanticismo y melancolía, Jorge destapó su lado más introvertido, aunque la crítica social que hizo famosos a Los Prisioneros durante la década de 1980, seguía presente. De acuerdo con las palabras de Javier Sanfeliú en la revista Rolling Stone Chile: «La búsqueda de González esta vez fue por los surcos de nuestra intimidad, esa donde residen por ejemplo lugares tan oscuros y pantanosos como el machismo y el clasismo».[122]​ Este fue el trabajo más alabado por la crítica en toda la historia de Los Prisioneros. De acuerdo al sitio web Colombia.com, se llegó a asegurar que si hubiesen partido así desde un comienzo, habrían obtenido muchas ventas y diversos premios, aunque hubieran perdido su trascendencia final.[48]

Jorge y Miguel dando autógrafos para la promoción de Corazones.

El videoclip del primer corte de Corazones, «Tren al sur», estrenado en Extra jóvenes, tuvo una excelente rotación rápidamente,[55]​ llegando a ser nominado como «mejor vídeo latino» en los MTV Video Music Awards 1990,[121]​ no así en las radios. De hecho, hasta mayo de 1990, cuando se estrenó el videoclip, ninguna emisora radial había querido poner al aire el sencillo, el cual había sido enviado a las radios seis meses antes. «Nadie quería tocar a Los Prisioneros, porque Los Prisioneros eran del pasado. Los Prisioneros eran la banda de los 80, del rock latino. Y el rock latino ya no funcionaba», según explicó Carlos Fonseca.[124]​ El disco no fue un éxito inmediato, los primeros recitales para la promoción tuvieron baja convocatoria.[125]​ Sin embargo, a fines de julio, Los Prisioneros ya tenían un disco de oro,[126]​ y ya en diciembre lograron triple disco de platino.[114]​ Con 180 000 copias, fue el álbum más vendido del año en Chile, Jorge fue elegido como el compositor del año por la Sociedad Chilena del Derecho de Autor.[38]​ Su éxito traspasó Latinoamérica y Estados Unidos.[127]​ Incluso en Argentina, país donde Los Prisioneros nunca obtuvieron reconocimiento, Corazones fue un rotundo éxito en lugares como Córdaba o Rosario.[128]

En febrero de 1991 se presentaron por primera vez y durante dos noches, en el XXXII Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar —la primera edición del festival celebrada en democracia desde 1973— después de haber sido vetados del evento en 1987 por la dictadura militar. Pese al éxito, Carlos Fonseca no se sentía a gusto con el rumbo que estaban tomando el grupo, por ejemplo, al querer incluir un coro femenino, la incorporación de Cecilia Aguayo, o la manera que se organizaron para actuar las dos noches en el Festival de Viña (una noche de rock y la otra de techno), por lo que, al terminar las presentaciones en el certamen viñamarino, dejó de representarlos. Con Óscar Larraín ocupando el puesto de Fonseca, Los Prisioneros continuaron el resto de 1991 presentándose en Chile, Perú, Bolivia y Venezuela. En noviembre, en este último país, participaron en el Festival Rock Music '91, el primer festival del rock iberoamericano, antes de iniciar la gira de despedida. El 24 de octubre, anunciaron en Santiago su separación, y de paso, lanzaron un álbum recopilatorio más un VHS titulado Grandes éxitos, que incluía «We are sudamerican rockers», tema que hasta entonces no se había editado en Chile.[89]​ El álbum vendió 120 000 copias en Chile y 54 000 en el extranjero.[38]​ El 15 de noviembre, cuando empezaron la gira Adiós, Prisioneros, recibieron el premio Laurel de Oro[n. 7]​ como «mejor grupo rock pop».[108]​ En diciembre, en el Estadio Chile, al intentar presentar la última canción de la noche, el público empezó a corear el nombre del exguitarrista del grupo.[1]​ González respondió llamando a la banda de Claudio, como «Proxenetas y Flemáticos», pero el público fue cada vez más insistente. Jorge no lo pudo soportar, tiró la guitarra al suelo y se retiró a camarines para poder llorar.[130]​ El último concierto de Los Prisioneros fue en el Estadio Playa Ancha de Valparaíso, a inicios de 1992.[131][1]

Receso (1992-2001)[editar]

Ni por la razón, ni por la fuerza, Los Dioses, Tributo a Los Prisioneros y El caset pirata[editar]

Dos meses después de dejar Los Prisioneros, Claudio formó el grupo Profetas y Frenéticos con el que publicó dos álbumes de corte rockabilly: Profetas y Frenéticos (1991) y Nuevo orden (1992). Aunque no obtuvo éxito comercial con ninguno de estos trabajos, Profetas y Frenéticos se la considera una de las bandas más influyentes de la década de los noventa en Chile.[132][133]​ En 2000 publicó su primer disco solista, Claudio Narea, que recibió buenas críticas pero una tibia recepción del público. Miguel formó un dúo con Cecilia Aguayo y, con el respaldo de Robert Rodríguez y otros músicos, crearon la banda tecno-pop Jardín Secreto. Editaron dos álbumes que pasaron inadvertidos, Jardín Secreto (1993) y El sonido de existir (1997); este último tenía una versión de «El Albertío» de Violeta Parra, que fue producido por Jorge González.

Jorge fue el más exitoso de los tres. Su primer álbum solista, Jorge González (1993), que si bien no vendió como se esperaba,[n. 8]​ contenía la canción «Fe» que se convirtió en un éxito en varios países. De hecho, cuando Los Prisioneros visitaron México durante la gira de reencuentro, tuvieron que tocarla obligatoriamente debido a la popularidad de la canción en ese país,[135]​ y desde 2004 formó parte del repertorio estable de Los Prisioneros en sus presentaciones.[136]​ Luego vendrían altos y bajos en la carrera de González, con discos arriesgados que no tuvieron buena acogida del público: El futuro se fue (1994) y Mi destino (1999), y el proyecto experimental Gonzalo Martínez y sus congas pensantes (1997),[137]​ este último un álbum de cumbias electrónicas editado en dupla con Martín Schopf (Dandy Jack) que fue destrozado por la crítica en Chile, pero que en Europa fue elogiado en el circuito underground.[138]

En 1994 hubo un primer intento de reunir a la formación original en un concierto, el empresario Luis Venegas (actual dueño de los canales Vía X y Zona Latina) ofreció diez millones de pesos como adelanto a cada integrante, y que la suma iría creciendo dependiendo de las veces que tocaran. Narea y Tapia aceptaron, y se juntaron algunas ocasiones para hablar de esto. En cambio, González no respondió. Claudio lo visitó por petición de Luis, sin embargo, Jorge, que estaba por sacar su segundo disco solista, no estaba interesado en tocar con Los Prisioneros.[139]

El diseño de la portada de Ni por la razón, ni por la fuerza estuvo a cargo de Marco González, hermano de Jorge,[140]​ quien se basó en la portada de un álbum de cromos de Mundicrom en el que salían José Miguel Carrera (izquierda), Bernardo O'Higgins (centro) y Manuel Rodríguez (derecha) de manera similar a como aparecerían después Narea, González y Tapia.[141]

A fines de 1995, los tres fueron contactados por el exmánager de la banda y en ese entonces gerente de márketing de EMI Odeon Chilena, Carlos Fonseca, para proponerles editar un álbum recopilatorio que, además de contener los éxitos de la banda, incluyera canciones inéditas. Es así como el trío sanmiguelino se reunió por primera vez luego de varios años, con motivo de seleccionar los temas que serían incluidos en el compilado. El 12 de julio de 1996 fue lanzado Ni por la razón, ni por la fuerza en formato CD doble, el título hace referencia irónica en contradicción al lema patrio chileno «Por la razón o la fuerza». En la portada aparecen los tres integrantes vestidos como próceres de la independencia y rebautizados como «Bernardo González», «José Miguel Narea» y «Manuel Tapia».[142]​A tan solo tres semanas ya había vendido 50 000 unidades, recibiendo doble disco de platino.[8]​ Después vendería 100 000 discos dobles,[143]​más que cualquier banda chilena activa durante la década de 1990. Un fenómeno en Chile que no le sucedió a Lucho Gatica, José Alfredo Fuentes, Violeta Parra o Los Jaivas.[144][n. 9]​ Incluyó canciones descartadas, versiones de algunos de sus éxitos editados para el extranjero, remezclas, tomas en vivo, canciones de la época de Los Pseudopillos, Los Vinchukas, el «lado B» de la banda: Los Apestosos y Gus Gusano y sus Necrofílicos Hemofílicos, que fueron nombres que adoptaron Los Prisioneros entre 1987-1988 para grabar temas divertidos, bizarros o transgresores solo por diversión, y la banda sonora de Lucho, un hombre violento, una película inconclusa de humor absurdo realizada en 1988 de forma amateur por Jorge y Claudio con la colaboración de amigos.[145][146]

A fines de 1996, Jorge, Claudio y Miguel se reunieron a tocar en una sala de ensayo de propiedad del guitarrista, ubicada en Balmaceda 1215. La única persona que presenció el momento fue la periodista Marisol García, quien no entregó los detalles a la prensa ni tampoco estos se enteraron.[147]​ Una semana después, Claudio le sugirió a Jorge la posibilidad de reunir a la banda en un concierto en el Estadio Nacional, pero este descartó la propuesta.[148]​ En 1998 Jorge y Miguel crearon la banda Los Dioses con el venezolano Argenis Brito, exmiembro de Los Chamos y que participó en Gonzalo Martínez y sus congas pensantes. Realizaron una gira por Perú y Chile, subtitulada «Lo mejor de Los Prisioneros», interpretando los clásicos de la banda y versiones de artistas como Los Tres, Leo Dan, Albert Hammond y Electrodomésticos, así como algunos temas propios y proyectos paralelos de cada integrante. Sin embargo, en marzo de 1999, Jorge colapsó y dejó el grupo. Al año siguiente se internó en el Centro de Desintoxicación de Villa Quinqué en La Habana, Cuba, para superar su adicción a las drogas, por lo cual tuvo que suspender la promoción de su disco solista Mi destino.[149]​ Miguel y Argenis Brito continuaron juntos bajo el nombre de Razón Humanitaria, pero el dúo se disolvió al poco tiempo sin ningún álbum publicado.

En 2000, se editaron dos álbumes: el primero en octubre se publicó Tributo a Los Prisioneros, producido por Carlos Fonseca, bajo el sello Warner Music, que contó con dieciocho músicos chilenos, entre los que destacan, La Ley, Lucybell y Javiera y Los Imposibles. Mientras algunos trataron de ser fieles a la versión original como Canal Magdalena, Glup!, Los Miserables o Los Ex, otros hicieron sus propias interpretaciones, mezclando diversos estilos y géneros, como Makiza en «Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos», una versión electrónica de «¿Quién mató a Marilyn?» de Pánico, una interpretación —al estilo de Janet Jackson en su álbum The Velvet Rope— de Mamma Soul en «Estrechez de corazón», una versión reggae de Gondwana de «El baile de los que sobran» o la reinvención de «¿Por qué no se van?» a cargo de Florcita Motuda, que cambió la letra y el título a «Mejor yo me voy del país».[150]​ La versión de Carlos Cabezas de «Estar solo» contó con el propio Jorge González haciendo coros, junto con Álvaro Henríquez y Roberto «Rumpy» Artiagoitia.[151]​ El segundo, El caset pirata, una recopilación de registros en directo de la banda entre 1986 y 1992,[152][153]​ se lanzó un mes después por EMI Odeon, con la producción de González. Vendió 20 000 copias.[154]​ Como adelanto, el 30 de octubre se presentó como sencillo «No necesitamos banderas», grabado durante una presentación de 1992 en la gira de despedida de la banda.[155]

El 10 de febrero de 2001, después de veinte años de existencia, Fusión, la tienda de discos que perteneció a Carlos Fonseca y que abrió las puertas a Los Prisioneros a la música, fue cerrada. Claudio Narea lo calificó como el segundo hogar de la banda.[156]

Reunión (2001-2003)[editar]

Conciertos en el Estadio Nacional y gira de reencuentro[editar]

El 5 de septiembre, la formación original de Los Prisioneros anunció su regreso después de doce años y lanzó un nuevo sencillo de una antigua canción regrabada especialmente para la ocasión, «Las sierras eléctricas», originalmente registrada antes de la salida de Claudio Narea en 1989 para Corazones, publicada póstumamente en Ni por la razón, ni por la fuerza.[157]​ El tema se presentó en las radios sin mucha difusión.[158]​ Ese año EMI editó el álbum doble recopilatario Antología, su historia y sus éxitos, un disco más completo que Grandes éxitos de solo cincuenta y cinco minutos de duración, por lo que decidieron retirar este último de los catálogos.[159]​ El sello tuvo problemas contractuales, ya que por contrato no podían editar un disco sin el consentimiento de la banda, por lo que tuvieron que adecuarse a las exigencias de ellos. Además, incluía el demo grabado de «Las sierras eléctricas» en 1989, que no era propiedad de la casa disquera.[159]​ Más tarde, González acusó a EMI de no pagar ningún derecho por sus producciones cuando pertenecían al sello.[160]

El 9 de octubre, realizaron una conferencia de prensa, su primera aparición pública en años, en la Feria del Disco, a la que concurrieron todos los medios de comunicación locales, mientras una multitud de fanáticos se aglomeraba en el Paseo Ahumada. En dicha ocasión anunciaron formalmente la realización de un concierto en el Estadio Nacional, programado para el día 1 de diciembre de ese año. El 22 de octubre la banda hizo su primera y única aparición en televisión antes del recital, en el De pe a pa, conducido por Pedro Carcuro, donde interpretaron en directo «La voz de los '80». El estelar obtuvo treinta y dos puntos de rating esa noche, y gracias a eso que sirvió como única promoción para el concierto, al día siguiente se agotaron las entradas que quedaban, por lo que se decidió fijar un segundo concierto.[161]​ Primero se contempló el 2 de diciembre, pero Universidad de Chile debía jugar el último partido de la fecha del campeonato nacional y el estadio debía ser entregado al día siguiente; por lo tanto, el concierto se fijó para el 30 de noviembre.[162]​ Dos días antes del primer recital, fueron invitados al Palacio de la Moneda por la primera dama, Luisa Durán, con el fin de apoyar la campaña Sonrisa de Mujer.[163]

El récord de llenar dos veces el Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos sería alcanzado por Soda Stereo en su gira de reencuentro «Me veras volver» (2007).[164]​ En la imagen, el público llegando al primer concierto de la banda argentina, el 24 de octubre.

Más de 140 000 personas repletaron el Estadio Nacional durante las dos noches que se presentaron Los Prisioneros, siendo los únicos en llenar dos veces seguidas el recinto de Ñuñoa sin promociones ni entradas regaladas.[165][166]​ Durante los recitales Los Prisioneros demostraron que su crítica social seguía intacta. En la canción «Sexo», González repartió condones entre el público asistente. Al finalizar «Lo estamos pasando muy bien», hizo alusión al pasado del Estadio Nacional como campo de concentración y centro de torturas y ejecuciones tras el golpe militar de 1973, criticando al excandidato presidencial derechista Joaquín Lavín por intentar lavar su imagen distanciándose de la figura de Pinochet y en «Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos» atacó a Estados Unidos por su complicidad en el golpe y por su hipocresía al declarar la guerra al terrorismo a pesar de patrocinar actos de terrorismo de Estado como los ocurridos en Chile.[167]​ El evento fue cubierto por más de trescientos medios acreditados. La mayoría locales, pero también internacionales con sus corresponsales chilenos como BBC, CNN, MTV, Telemundo; el periódico Chicago Tribune y las revistas Billboard[9]​ y Rolling Stone. Otros vinieron especialmente, como los canales Puma TV de Venezuela, Antena 3 y el diario La República de Perú.[168]

El 18 de febrero de 2002, luego de recibir ofertas por parte de Universal y Warner Music, el grupo finalmente optó por firmar un contrato con el último para editar el concierto del Estadio Nacional en un álbum doble con un total de veintisiete canciones, que sería lanzado en marzo y un DVD durante el año.[169]​ Se usó el registro de la segunda noche (por lo que no fueron incluidas las críticas a Lavín, de la primera jornada) y se excluyeron las interpretaciones de «Estrechez de corazón» y «Pa pa pa».[170]​ El 27 de febrero realizaron una conferencia de prensa en las oficinas de su nuevo sello para anunciar el futuro lanzamiento del álbum en directo y una gira por todo Chile. Como adelanto desprendieron «¿Por qué no se van?» como sencillo. Sin embargo, la conferencia se enfocó en los problemas de drogas que se vio envuelto Jorge González cuando fue detenido por portar papelillos de cocaína en su vehículo en Cajón del Maipo unos días antes. Este alabó la piratería justificando que los discos eran demasiados «caros», mientras que Narea discrepó argumentando que vender estos productos era una «mafia organizada» y que podía afectar a futuro las industrias discográficas.[171]​ Además señalaron que no fueron considerados para el XLIII Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar por temor a que hablaran en contra de Joaquín Lavín en la Quinta Vergara.[160]

El álbum en directo, titulado sencillamente Estadio Nacional, vendió 30 000 copias y obtuvo doble disco de platino a tan solo cinco días de salir en venta.[172]​ «Todo un récord pensando en la situación económica que vive el país y los niveles de piratería que existen», declaró el diario popular La Cuarta.[173]​ Se ubicó en el primer puesto en ventas de Chile, superando a Miguel Bosé y Shakira con sus respectivos álbumes, Sereno y Laundry Service.[174]​ Más tarde, los lectores de EMOL eligieron Estadio Nacional como el mejor disco nacional del año 2002.[175]​ La gira de reencuentro empezó en el sur de Chile, el 16 de marzo en el Estadio Parque Schott en Osorno —solo en esa zona congregaron 61 000 personas—,[176]​ en abril continuaron en el norte y centro, cerrando en mayo en Viña del Mar. En junio actuaron en Estación Mapocho a beneficio de los damnificados a causa del temporal que afectó al país ese año,[177]​ y en julio empezaron la gira internacional en Perú, donde los lectores del diario local El Comercio eligieron a Los Prisioneros como el mejor concierto de rock ofrecido en el país, el año 2002.[178]

El 4 de septiembre, Los Prisioneros publicaron la versión audiovisual de Estadio Nacional en DVD doble, bajo el título Los Prisioneros: Lo estamos pasando muy bien, puesto en venta al día siguiente, que incluyó además un documental realizado por la periodista Carmen Luz Parot, con entrevistas a cada uno de los integrantes, los ensayos para los recitales, imágenes de los entre telones y recitales dados en Concepción y Viña del Mar, entre otras cosas.[179]​ A tan solo veinte días de salir en tiendas, logró vender 9 000 copias, Tabaré Couto (director de marketing de Warner Music Chile) comentó que tendría que hablar con la Asociación de Productores Fonográficos para ver como entregaban un disco de oro, ya que nunca se había entregado uno por ventas de este formato en Chile.[180]​ Finalmente obtuvo 20 000 copias con disco de platino, alcanzó el récord de mayor número de copias vendidas de DVD en Chile,[11]​ pero pronto sería destronado por 31 minutos, un año después.[181]​ Más tarde Fonseca comentó que cuando sacaron el DVD, de ahí en adelante, lo empezaron a pasar mal.[182]

El 25 de octubre, Los Prisioneros asistieron a la primera entrega de premios de la cadena MTV Latinoamérica en el Teatro Jackie Gleason de Miami, nominados en la categoría «Mejor artista suroeste». En la ceremonia, Jorge junto con Álex Lora (de El Tri) y Ricardo Mollo (de Divididos) hicieron entrega del premio al «Mejor vídeo del año»,[183]​ ocasión en la que se recordó que nueve años antes el videoclip de «We are sudamerican rockers» abrió las transmisiones de la cadena latinoamericana,[184]​ momento en el que estuvo presente el mismo Jorge González.[185]​ En noviembre, Los Prisioneros hicieron una serie de presentaciones en España, Estados Unidos y México.[186]

Polémicas, nuevo recital en el Estadio Nacional y Los Prisioneros[editar]

De regreso a Chile tocaron en el cierre de la Teletón del 2002 en el Estadio Nacional. Antes de ejecutar el primer tema, Jorge González comentó que era bonito que el «ego gigante» de los artistas que quieren figurar (incluyéndose a ellos mismos) y «la avaricia y el buen sentido del negocio» de las empresas —que pueden subir los precios, pagar menos impuestos, hacerse publicidad y, a través de sus consumidores «ayudar»— sirviera como aporte para los niños del evento caritativo. Mientras interpretaban «Quieren dinero» el vocalista siguió con su ironía modificando la letra de la canción, citando a los políticos Joaquín Lavín y Hernán Büchi; los empresarios Andrónico Luksic y Anacleto Angelini; y los Pinocheques.[187]​ González fue duramente cuestionado, sin embargo, mantuvo sus dichos reiterando: «Es bueno que se transforme algo tan tonto como Kike Morandé y Cecilia Bolocco en algo positivo que es la ayuda para los niños, es bueno porque todo el año no significan nada más que una cosa grosera, superficial, de avaricia, de malos ejemplos, que rebajan la cultura, porque todas esas personas están rebajando el nivel intelectual de todo el mundo por la televisión».[188]​ Posteriormente, Los Prisioneros se presentaron en el Estadio Chile el 6 y 7 de diciembre con 5 500 espectadores.[189][176]

A principios de febrero de 2003, tras haber tocado en el Bamboo Square de Perú, ante más de 6 000 personas,[190]​ Jorge concedió una entrevista al diario local Correo, donde dijo que los chilenos eran una «mierda», y además, unos «flojos y ladrones», rematando que «a veces le daba vergüenza ser chileno». Durante una conferencia antes del recital, González mencionó que los chilenos estaban dispuestos a usar sus armas contra Perú y Bolivia. Al regresar a Chile, la cámara de diputados acusó a Jorge de cometer una infracción a la Ley de Seguridad del Estado y los diarios señalaron el descontento popular.[191][192]Las Últimas Noticias lo calificó como «antipatriota».[193]​ El 6 de febrero, Los Prisioneros hicieron una conferencia de prensa en las oficinas de Warner, donde el líder pidió disculpas al 99 % de los chilenos y afirmó que sus comentarios iban dirigidos a las grandes empresas como Lucchetti que se habían enriquecido durante la dictadura militar.[194]​ Esto coincidió en los días próximos en que el trío sanmiguelino se presentaría en el XLIV Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, generándose un debate que si debían bajar o no a Los Prisioneros del Festival.[195]​ Durante ese lapso hicieron una gira en el sur del país, donde no habían tocado.[196]

El curita con el sermón en el canal de televisión,
Luego la propaganda del celular con la mina con el poto al aire. [...]

El curita hablando del amor a Jesús, Pero cuando torturan y matan se queda callado,
puesto que los que mataron eran comunistas anticristianos [...]

Y con toda esa tortura en su canal los bolsillos se llenaron

¿se acuerdan? Ellos eran los patriotas ¿se acuerdan?
—Jorge González durante «Sexo»[46]

El 22 de febrero, finalmente Los Prisioneros se presentaron por primera vez como formación original en el Festival de Viña del Mar, luego de las tensas jornadas anteriores, donde el Monstruo hacía silbatinas cada vez que los nombraban.[192]​ Cuando salieron al escenario, Jorge González entró desafiante pidiendo pifias (silbatinas) al público. Para dicha presentación, González había sido obligado a firmar un contrato en el que se le prohibía expresamente hablar, debido a sus controvertidas declaraciones anteriores. Sin embargo, fiel a su estilo irreverente, se las ingenió para lanzar sus críticas improvisando durante las canciones. Abrieron con «Sexo», arremetió contra la hipocresía de los canales de televisión conservadores —Canal 13 y Megavisión— que decían defender los valores cristianos mientras se callaban las atrocidades cometidas en la dictadura o bien transmitían contenido subido de tono inmediatamente después del sermón religioso con el que cerraban el noticiero, y también contra la oposición de la Iglesia católica al uso del condón.[46]​ En «No necesitamos banderas» y «Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos» atacó duramente a George W. Bush, la guerra de Irak, el chauvinismo y la xenofobia, y en «El baile de los que sobran» criticó el segregacionismo del sistema educacional chileno. Además, González atacó directamente a la prensa.[197]​ El público los premió con antorcha de plata y oro y gaviota de plata. El Festival tuvo su mayor nivel de audiencia con 34 puntos de rating.[176]La Cuarta la eligió como la mejor actuación de las seis noches[198]​ y los lectores de EMOL como «el mejor concierto popular del año».[199]​ Las declaraciones del vocalista no solo repercutieron en Chile, también en medios de otros países de Latinoamérica, como RPP y Peru.com de Perú y el diario El Universal de México.[200]

El 29 de marzo, con el financiamiento del gobierno de Chile y la gestión de la primera dama, Luisa Durán, para recaudar fondos para becas y compras de instrumentos para la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles y las Escuelas de Rock, Los Prisioneros hicieron un tercer concierto en el Estadio Nacional, con setenta músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil.[201]​ González alabó al Presidente de la República, Ricardo Lagos, por su valentía de no apoyar al gobierno de Estados Unidos en la guerra de Irak, ante 45 000 personas.[202]

El 13 de mayo, Los Prisioneros liberaron el primer corte de su nueva placa, «Ultraderecha», desde la cancha del Estadio Nacional a través de un móvil para el programa Ciencia ficción de la radio Rock & Pop, conducido por Sergio Lagos.[203]​ El tema se ubicó en el primer lugar en las radios chilenas.[204]​ El 5 de junio, Los Prisioneros publicaron su primer álbum con canciones originales en trece años, y el primero como formación original desde La cultura de la basura, titulado simplemente Los Prisioneros. Incluyó el tema «Canción del trabajo», una idea original de Narea y que permitió que Jorge re-escribiera.[205][206]​ A dos horas de su lanzamiento, obtuvo disco de oro con más de 10 000 copias vendidas.[207]​ Sin embargo, el disco estaba alejado del sonido que caracterizaba al trío, por lo que fue recibido por los fanes con extrañeza y de forma negativa por la crítica, quienes lo catalogaron como un álbum «tecno», a pesar de que había temas que contaban con guitarras como «Europa», y que habían otros estilos como funk en «El otro extranjero».[208]​ Jaime Meneses de Rockaxis comparó el disco con una pintura: «es un cuadro hecho con pinturas de diversos colores que se ven bien de lejos, pero que de cerca irradian algunas fallas».[209]​ Con solo 20 000 copias, se le consideró un pequeño fracaso.[210]​ El 24 de julio presentaron «San Miguel» como segundo sencillo en un recorrido en una micro amarilla que hicieron por la comuna que los vio crecer y forjar como grupo —nuevamente— para el programa Ciencia ficción de la radio Rock & Pop, en donde contaron sus vivencias en aquella localidad.[211]​ La canción fue compuesta por González para La cultura de la basura, su hermano, Marco, se la recordó y decidió incluirla en el disco.[140]

Entre mayo y agosto se presentaron en Bolivia,[212]​ posteriormente en Perú, Ecuador[213]​ y Colombia, este último país con todos los recintos llenos.[214]

El 5 de septiembre volvieron una vez más al Estadio Nacional para participar en el concierto El sueño existe a tributo de Salvador Allende. Donde, al cantar la última canción, en lugar de concluir la parte final de «El baile de los que sobran», rápidamente pasaron a «Bailan sin cesar» de 31 minutos.[215]​ Durante la prueba de sonido tocaron esta canción sin darle aviso a Claudio.[216]​ El 13 de ese mes también participaron en el homenaje a Víctor Jara en el recién rebautizado Estadio Víctor Jara (anteriormente Estadio Chile).[217]​ Esta sería la última actuación de Narea con Los Prisioneros en Santiago.[218]

Segunda salida de Claudio Narea y Los Prisionellis[editar]

Entrada al concierto de Los Prisioneros en Chuquicamata, el 4 de julio de 2003. Durante una celebración, después de esa presentación, Miguel le dejó entrever a la asistente del mánager de la banda, que con Jorge tenían decidido hacer algo con Claudio, en dos meses más.[219]

Las tensiones en el grupo ya se habían hecho nuevamente presentes en septiembre de 2002, luego que Jorge le hiciera entrega a Claudio de los demos para el nuevo álbum. A diferencia de Miguel y Carlos, que estaban entusiasmados, este se vio defraudado por los nuevos temas. Durante la grabación no quería grabar las guitarras[34]​ y ponía en duda constantemente que las canciones fuesen del agrado del público, cuestionando, además, que la capacidad del compositor del grupo, fuera la de antaño. Esto empezó a molestar al resto de los miembros, en especial a González, lo que detonó en la expulsión del guitarrista de la banda, dos meses después de la publicación del disco.[220][221]

El 16 de septiembre de 2003, Warner Music comunicó la nueva partida de Claudio Narea de la banda.[222]​ Al día siguiente, González y Tapia tocaron como Los Prisioneros en compañía de Álvaro Henríquez —el líder de Los Tres, y por ese entonces líder de Los Pettinellis—, en la apertura de La Yein Fonda, así reclutándolo para suplir las funciones del ya otra vez ex guitarrista, en sus siguientes proyectos.[223]​ Sin embargo, Fonseca ya había cerrado un trato para un último concierto con la formación original, en el cierre del Festival de La Pampilla de Coquimbo, el 21 de septiembre. Narea llegó por separado al resto de la banda, y se había hospedado en un hotel distinto al de ellos. Durante el recital, González hizo oficial la salida del guitarrista diciendo «Esta no es precisamente una actuación muy alegre para nosotros porque [...] es la última vez que tocamos con nuestro compadre Claudio». 80 000 personas presenciaron el nuevo quiebre del trío sanmiguelino.

Al día siguiente, Claudio publicó una carta en la página web de fanes de Los Prisioneros explicando los motivos de su nuevo alejamiento:

Este despido me fue comunicado el día 18 de agosto, en el marco de una reunión a la que fui convocado por Jorge y Miguel. Sin mediar diálogos ni discusiones, Jorge González me comunicó, simplemente, que "no queremos tocar más contigo". Me acusó de querer sobresalir y de comentar con amigos mis problemas al interior del grupo. Estaba especialmente molesto por una entrevista que concedí en junio al diario Las Últimas Noticias, a pesar de que se trató de una conversación sobre asuntos personales en la que no revelé ningún tipo de infidencia sobre la banda.[224]

Tres días después se convocó una conferencia de prensa para anunciar los siguientes pasos del grupo. Aunque desde un principio, Jorge y Miguel advirtieron que no se iban a referir sobre la salida de Claudio, los periodistas insistieron en saber la versión de ellos. Ante la presión, Tapia confirmó que ellos despidieron a Narea, entonces, González interrumpió presentando formalmente a Álvaro como el nuevo integrante. Henríquez aclaró que solo era un músico invitado y no el reemplazante de Claudio.[225]​ Después de seis minutos y cuarenta segundos, Jorge pierde la compostura, ante la insistencia de los reporteros con «la carta de Claudio Narea», y arrojó de la mesa todos los micrófonos y demás objetos al piso, abandonando el lugar sumamente molesto.[226]​ Esto repercutió negativamente la gira con Café Tacuba en Chile[227]​ y en las ventas del álbum En las raras tocatas nuevas de la Rock & Pop, que no superó las 1 000 copias.[25]​ Este disco es una selección de versiones de artistas tan variados como The Beatles, Virus, Bee Gees, Los Iracundos, Los Gatos o el programa infantil 31 minutos, y también contiene reversiones de «En el cementerio» y «Concepción», temas del álbum Los Prisioneros. Contó con la colaboración, además de Henríquez, de Pablo llabaca (integrante de Chancho en Piedra).[228]​ El álbum fue registrado los días 25 —el mismo día del incidente con los micrófonos— y 26 de septiembre durante una sesión de 15 horas en los estudios de la Rock & Pop para el programa Raras tocatas nuevas.[229]

Álvaro Henríquez en un concierto de Los Tres, en 2012.

El 5 de octubre, Los Prisioneros iniciaron una serie de conciertos en México.[230]​ Por esos días la gente empezó a llamarlos «Los Prisionellis»,[231][232]​ nombre dado por Álvaro como broma durante la fallida conferencia de prensa para explicar la nueva alineación de Los Prisioneros.[225]​ El 31 de octubre, Los Prisioneros partieron la gira con Café Tacuba, presentándose en Antofagasta, luego en Santiago —en el Court Central del Estadio Nacional, donde durante el concierto se unieron: Ángel Parra y Roberto Lindl de Los Tres, y Nicolás Torres y Camilo Salinas de Los Petinellis—,[233]Concepción y Viña del Mar, no logrando reunir más de 3 000 personas por función, según La Cuarta, salvo en la ciudad penquista, donde tocaron para 5 000,[234][n. 10]​ reuniendo alrededor de 20 500 en total.[25]​ Esto empezó a motivar a González a querer irse de Chile.[236]​ Las pérdidas millonarias que dejó la gira, también afectaron a Claudio, quien a pesar de ya no estar en la banda, todavía formaba parte de Los Cuatro Luchos Ltda., sociedad que creó con Jorge, Miguel y Carlos, durante la reunión en 2001.[25]​ Para salirse legalmente, interpuso una querella en tribunales a su exgrupo por apropiación indebida, en junio de 2004. Tanto ellos como los fanes, criticaron el proceder de Narea.[237]​ Se llegó a un entendimiento extrajudicial casi dos meses después, pagándose sesenta millones de pesos al exguitarrista.[238]

En el marco de la gira con Café Tacuba en México, Los Prisioneros quisieron recuperar lo perdido en la gira chilena. Pero, según Manuel Maira, la única que vez que compartieron escenario con Café Tacuba fue en un festival de Monterrey, mientras el resto de fechas tuvo un nivel de producción de menor calidad que el de Chile.[239]​ Fue en esos días donde Jorge empezó a discutir con Álvaro, pues este último no iba a las pruebas de sonido y en lugar de eso iba a fiestas. En una presentación en un local en Mexicali, llegó diez minutos antes de que esta empezara.[239]​ A pesar de esto, la relación entre ellos no se vio afectada solo porque Henríquez era el líder de Los Tres, según Carlos Fonseca.[221]​ El 14 de diciembre, actuaron por última vez junto con Álvaro Henríquez, ante 25 000 personas en Curicó. A principios del 2004, el sitio web de la banda confirmó que ya no seguía como invitado.[136]

El 23 de octubre de 2003, Jorge participó en la apertura de la segunda entrega de premios de MTV Latinoamérica, que celebraba diez años de existencia, con el supergrupo Los Black Stripes —compuesto por exponentes del rock latino de la talla de Ricky Martin, Juanes y Charly Alberti—, creado para la ocasión. Alex Lora abrió interpretando «We are sudamerican rockers», a quien se le unieron Jonaz y Rosso —integrantes de Plastilina Mosh—, para luego dar paso a González, quien interpretó «Bolero falaz» del grupo colombiano Aterciopelados, gritando «¡Viva Cuba!» antes de retirarse.[240]​ Los Prisioneros estaban nominados en la categoría «Mejor artista central», ganando la banda peruana Libido, quienes para celebrar su segunda lengua,[n. 11]​ realizaron un concierto en el Museo de la Nación de Lima, en el que invitaron a Claudio Narea y Zeta Bosio, «ambos representantes de las dos bandas sudamericanas de mayor popularidad», según el bajista de Libido, Toño Jáuregui.[241]​ Claudio y Zeta se reencontraron cuatro años más tarde en una tocata en Santiago.[67]

Años finales (2004-2006)[editar]

Manzana, radicación en México y separación definitiva[editar]

El 30 de enero de 2004, Sergio «Coti» Badilla fue presentado como integrante formal de Los Prisioneros en Calera de Tango. Coti formó parte del proyecto de Miguel Tapia, Razón Humanitaria, y participó en el álbum Los Prisioneros. Se incorporó al grupo desde 2001 como técnico, acompañándolos en las últimas treinta presentaciones, incluyendo las giras por México, Estados Unidos y España.[242]​ A partir de entonces, Jorge pasó a ser primer guitarra, tal como en la época de Corazones; Sergio segunda guitarra —programando las bases y bajos— y Tapia batería. A finales de enero y principios de febrero hicieron una gira por Chile, para luego empezar a grabar un nuevo álbum.[136]

Miguel Tapia (centro) a bordo de un avión rumbo a Iquique, agosto de 2004.

El 27 de marzo participaron en el homenaje a Gladys Marín en Estación Mapocho, con Gonzalo Yáñez —ex integrante del grupo No me acuerdo— como invitado en tercer guitarra.[243]​ El 9 de junio Yáñez fue presentado en el Gimnasio Regional de Talca como miembro oficial del grupo, convertido ahora en un cuarteto.[244]​ Con esta formación presentaron el sexto y último disco de Los Prisioneros: Manzana, el 19 de agosto en el Teatro Providencia. Cinco días después, fue puesto en venta. El resto del año promocionaron el álbum en Estados Unidos, Canadá,[245]Perú y México.[246]​ Como adelanto se presentó el primer sencillo «El muro», tema que trata sobre los problemas limítrofes entre México y Estados Unidos.[247]

Manzana contó con la colaboración de Álvaro Henríquez y Beto Cuevas.[239]​ La periodista Marisol García señaló que en este álbum recuperaron la fuerza roquera descuidada en el homónimo. «La guitarra eléctrica se utiliza aquí sin timidez (solos, rasgueos rápidos, ritmos ska, etc.)».[248]​ El álbum incluyó además el tema «Azota», una versión en español de «Whip It» de Devo, y la canción «Acomodado en el rock and roll», una burla a Claudio Narea.[249]​ El segundo sencillo, «Manzana», contó con la participación de la cantante infantil Christell Rodríguez como protagonista del videoclip.[250]​ A pesar de esto, en Chile apenas vendió 9000 copias,[251]​ pero logró un mayor reconocimiento en Perú, Colombia y México.[252]​ Según Rodrigo Pérez Maldonado de La Nación, el haber realizado escasa difusión en suelo nacional, haciendo una breve gira en regiones y solo dos conciertos en Santiago, redujo enormemente el impacto local.[253]

En enero de 2005, Jorge y Miguel firmaron un contrato para una gira en Perú sin su mánager Carlos Fonseca, lo que significó su retirada como representante de la banda. Le reemplazó el productor Víctor Varela, amigo de la infancia de Miguel Tapia y de la adolescencia de Jorge, y que, además, trabajó con Lucybell y con Los Prisioneros en la época La voz de los '80. Inicialmente, Fonseca dijo que se iba en buenos términos, ya que Los Prisioneros se radicarían en México en abril y él quería priorizar su vida familiar.[254]​ Sin embargo, casi siete años más tarde, reconoció que se había peleado con Jorge y sentía que Los Prisioneros eran un «caballo muerto», pero el vocalista no quería admitirlo.[255]​ Gonzalo Yáñez dejó amistosamente el grupo un mes antes, para enfocarse en la promoción de su primer disco solista.[256]

El 9 de abril se despidieron de Chile en el estadio Santiago Bueras de Maipú —con una capacidad 16 000 personas, solo asistieron 8 000—, para irse finalmente a México.[257][258]​ Mientras González ya tenía residencia en el país, Tapia no concretaba su mundanza.[258]​ En agosto, el batería se encontraba comprando sus bienes raíces en Santiago. Con Miguel y Coti en Chile, y Jorge en México, la banda no podía crear nuevo material ni ensayar para los conciertos, por lo que, según el líder de Los Prisioneros, pactaron terminar los compromisos y separarse el 1 de marzo del 2006.[12]​ El 3 de febrero, participaron en el Festival de La Serena, y el 10 de ese mes, tocaron en Coelemu, esta sería última actuación de la agrupación en su país.[259]​ El 18 de febrero, tocaron en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, en donde Miguel reveló al diario local El Mundo que este era el último concierto de Los Prisioneros y que se disolvieron.[260]​ Según la prensa, durante el concierto —que duró apenas una hora—, el vocalista se enfrentó duramente con el público, luego se retiró, yéndose al hotel, quedando a Tapia y Badilla en el escenario, mientras los asistentes los llamaban «traicioneros»;[259][260]​ Jorge aseguró a la revista Rolling Stone, que los estaban aplaudiendo.[12]​ Marco González —mánager de Los Prisioneros en la última etapa— convenció a su hermano para que volviera a terminar el concierto.[261]​ Los asistentes quedaron molestos[259][260]​ y González y Tapia peleados.[262]​ El primero volvió a México y el segundo a Chile con Coti.[260]

Después de la separación[editar]

Tras la disolución definitiva en 2006, ha habido múltiples ofertas para reunir al trío sanmiguelino, desde tentativas de privados hasta algunas de mayor perfil, como la del Maquinaria Festival 2012.[263]​ Sin embargo, Miguel Tapia ha sido el único que se ha manifestado dispuesto a volver a tocar con sus ex compañeros.[264]​ Jorge González, radicado en Berlín entonces, rechazó una propuesta en septiembre de 2014, formulada por personeros del canal Chilevisión, que pretendía juntarlo con Tapia en un concierto en el Estadio Nacional.[265]​ La ausencia de Claudio Narea en esta propuesta se debió, en primer lugar, al quiebre de su amistad con Jorge, que llegó a un punto sin retorno con la publicación del guitarrista de su libro autobiográfico Los Prisioneros: Biografía de una amistad (2014) —versión revisada y aumentada de su primer libro, Mi vida como prisionero (2009)— en el que acusó a González de estar obsesionado con él, y de acosarlo durante años a él y a su familia (tanto en persona como por internet, e incluso a través de canciones), lo que atribuyó a una posible atracción homosexual no asumida;[266]​ y, en segundo lugar, por las críticas de Narea contra la serie televisiva Sudamerican Rockers, producida precisamente por Chilevisión.[267][268]

González y Narea actuando por separado en La Cumbre del Rock Chileno II, enero de 2009. La relación entre ellos se puso más tensa con la salida del segundo libro del guitarrista.

En enero de 2009, Claudio y Miguel, después de retomar el contacto tras más de cinco años de separación, aparecieron juntos en La Cumbre del Rock Chileno II.[n. 12]​ Desde entonces conforman un dúo llamado precisamente Narea y Tapia —Los Prisioneros: Narea y Tapia, más tarde— con el que han ofrecido numerosos conciertos interpretando temas de Los Prisioneros, teniendo la aprobación de Jorge.[269]​ El 18 de septiembre de 2010, el guitarrista y el batería actuaron junto a Colombina Parra interpretando «La voz de los '80»,[n. 13]​ durante la celebración del Bicentenario de Chile, en el Estadio Nacional. Antes de dar a la inicio a al canción, la cantante dijo «200 años de deuda con el pueblo mapuche» a lo que Claudio Narea se sumó exclamando «no a la ley antiterrorista». Luego, —siguiendo el estilo irreverente de Jorge González— modificó la letra —«mira nuestra independencia, qué alegría más triste y falsa»—.[270]​ A fines de ese mismo año, el dúo Narea y Tapia publicó tres composiciones propias para descarga gratuita en su sitio web, entre ellas, «Fiesta nuclear» (composición de Narea que desechó de Los Prisioneros),[205]​ logrando en dos meses superar el millón y medio de descargas en más de veinte países de los cinco continentes.[271]​ Tenían planeado armar un proyecto estable y la grabación de un álbum, pero esto no prosperó por diferencias musicales y cada uno tomó su propio rumbo, Miguel formó la banda Travesía y Claudio reanudó su carrera solista, aunque siguen tocando juntos en vivo.[272]

González con Cecilia Aguayo (atrás, en pantalla) en el festival Primavera Fauna.

Paralelamente, coincidiendo con el 26º aniversario de La voz de los '80, Jorge González realizó una gira nacional a fines de 2010 e inicios de 2011, cantando el álbum debut íntegramente con su nueva banda de apoyo: Gonzalo Yáñez (guitarra), Jorge Delaselva (bajo) y Pedropiedra (batería), quienes lo acompañarían en todos sus conciertos, exceptuando los días 24 de noviembre de 2012 y 9 de marzo de 2014, en donde Jorge interpretó en vivo todas las canciones del disco Corazones acompañado de la ex tecladista de Los Prisioneros, Cecilia Aguayo, y del marido de esta y, además, colaborador de González en diversos proyectos, Uwe Schmidt, primero en el festival Primavera Fauna y después en el Teatro Municipal de Santiago. Participó en el Festival El Abrazo 2010, donde, mientras cantaba «No necesitamos banderas» Jorge hizo referencia al incendio en la cárcel de San Miguel ocurrido tres días antes, arremetiendo directamente contra Sebastián Piñera, y también contra los empresarios que controlan el país y fueron parte en las violaciones de los derechos humanos de la dictadura militar, Matte, Angelini, Luksic, y el director de El Mercurio, Agustín Edwards, así como también hizo una crítica a los expresidentes Ricardo Lagos y Michelle Bachelet por no cambiar la Constitución que rige desde 1980.[273]​ Esto hizo que la organización del evento cortara su presentación y que no pudiera materializarse una interpretación de «Tren al sur» junto a Gustavo Santaolalla, en el escenario.[274]

El 7 de febrero de 2015, cuando iniciaba una nueva gira por Chile, Jorge sufrió un accidente cerebrovascular, quedándose en Santiago para su rehabilitación.[275]​ Nueve meses después, Jorge reapareció en el concierto Nada es para siempre, realizado en su honor y que tuvo lugar en el Movistar Arena, cantando ocho temas. El homenaje también significó la reconciliación de González y Miguel Tapia a casi una década de la violenta ruptura de Los Prisioneros.[276]​ Tapia participó interpretando «Paramar» y «¿Quién mató a Marilyn?» y, posteriormente, «El baile de los que sobran», a dúo con Jorge.[277]​ En la edición de La Cumbre del Rock Chileno celebrada el 7 de enero de 2017, en el Estadio Nacional, Jorge se despidió de los escenarios. El 8 de junio de ese año, Narea y Tapia asistieron a la inauguración del Boulevard de la Música —el primer paseo de la fama chileno para artistas locales—, organizado por Audiomúsica, siendo homenajeados junto a otros artistas. Jorge, quien no pudo asistir, apareció en un vídeo grabado durante la ceremonia, el cual fue observado por sus dos excompañeros con suma atención. Esto fue quizás lo más «cercano» a una reunión del trío sanmiguelino.[278]

Legado[editar]

Grabado mural de Los Prisioneros hecho para el Museo a Cielo Abierto en San Miguel.

El legado de Los Prisioneros se ha traducido en homenajes que han ido desde álbumes tributo, libros biográficos, obras de teatro,[279]murales, versiones a nivel nacional e internacional,[12]​ una serie de televisión (Sudamerican Rockers), y una película (Miguel San Miguel). Para la reunión de Los Prisioneros en 2001, el suplemento Icarito del diario La Tercera indicó que a pesar del éxito internacional de La Ley y del prestigio artístico de Los Tres, Los Prisioneros eran los músicos chilenos más influyentes de las últimas dos décadas.[110]​ El cantautor Florcita Motuda dijo que «Ningún grupo encajó mejor en el perfil de la banda clásica de rock como Los Prisioneros».[110]​ Fabio Salas Zúñiga dijo que tal vez Los Prisioneros, junto con Los Jaivas, fueron las únicas bandas chilenas que compitieron de igual a igual con los grupos argentinos y extranjeros en cuanto al gusto del público en Chile.[280]

En 2006, el locutor radial Sergio «Pirincho» Cárcamo, dijo: «En Chile siempre hemos tenido tribus. Nunca ha habido movimientos musicales ni unidad. Se habla el "movimiento" de la Nueva ola, del "movimiento" de la Nueva canción chilena, se tiraban mierda para cada lado. [...] No hay ningún grupo que catalice todo eso. Yo creo que los que catalizaron, que reflejaron el sentir de su época: Los Prisioneros en los ochentas, Los Tres fueron lo más importante de los noventas, y no ha reventado el de esta década».[281]​ Otros músicos chilenos como Beto Cuevas, han reconocido la importancia que han tenido Los Prisioneros.[282]​ Según Álex Zapata, en la revista digital Pensamiento Crítico, encarnaron un «estado anímico de quiebre con la generación anterior», tomando la herencia punk en su esencia básica, una preocupación por el individuo a que se debe ser auténtico —en oposición al Canto nuevo—, manifestándose por medio del new wave, incluso, en la estética, «si el look [del Canto nuevo] incluía el pelo largo, la barba, las vestimentas e indumentarias artesanales, Los Prisioneros utilizaban el pelo corto, sin barba y las vestimentas que cualquier joven pobre podía encontrar en las tiendas de ropa de segunda mano».[283]

Cuando Los Prisioneros visitaron por primera vez Concepción, el diario El Sur los presentó como la «piedra inicial de un nuevo movimiento musical chileno».[284]​ Según los periodistas Óscar Contardo y Macarena García, la publicación de La voz de los '80 marcó el inicio de la historia del pop chileno.[285]​ De acuerdo a EMOL: «Dejaron a largo plazo una marca indeleble en el recorrido de la música rock en Chile [...] No era habitual escuchar sonidos como los de esas canciones en un medio atrasado de noticias si se trataba de rock. Palabras y ritmos como reggae, ska, punk, rockabilly, new wave o tecnopop sonaban de por sí atractivos y novedosos [...] Tampoco era habitual escuchar verdades como las de esas diez canciones, entre el entretenimiento dictado sobre todo por la televisión local de la época».[286]​ Según la banda chilena Bambú, que estuvo liderada por Quique Neira, «No necesitamos banderas» —de cuyo tema hicieron su propia versión en 1996, incluido en un EP al que titularon precisamente No necesitamos banderas— fue el primer reggae grabado en Chile.[287][n. 14]​El propio Miguel ha dicho que este disco influenció a varios músicos chilenos de la época que hacían música jazz rock a atreverse a hacer rock y pop.[289]​ Pero por otra parte, para González esto vino de antes, y no fue como tal una influencia musical

Cuando comencé a estudiar, la música que yo hacía con mis influencias, no había nadie más que hiciera lo mismo. [...] los demás que después crearon bandas de un género parecido a Los Prisioneros, hacían o gustaban de algo bastante distinto [...].
Justamente, creo que por haber estudiado yo [en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile], quizás influenció un poco a los demás, porque ellos vieron a Los Prisioneros de inmediato. No los conocieron cuando ya eran famosos, sino que nosotros tocábamos con ellos, con la diferencia que ellos tenían bandas de jazz-rock y usaban el pelo largo.
De todas maneras la influencia nuestra es en cuanto a que ellos nos vieron como tipos que lo lograron, no es una influencia musical, porque para la mayoría, la influencia musical era Charly García, el de Clics modernos.[290]

Los Prisioneros redefinieron el rock chileno, que estaba automarginado tras el golpe de Estado ocurrido en 1973, siendo un éxito comercial —pese a no tener el apoyo de medios masivos en sus inicios— gracias a la contingencia social de sus letras y su independencia de la política partidista.[291]​ También fueron fundamentales para que el rock chileno saliera de la clandestinidad poniéndolo en los medios masivos, lo que sirvió de modelo para otros grupos.[283]

Impacto sociocultural[editar]

Los comienzos de Los Prisioneros no fueron fáciles, siendo rápidamente considerados una banda contestataria, y sus canciones fueron interpretadas como temas políticos en contra de la dictadura militar de Augusto Pinochet, lo que llevó a que fueran censurados de los principales medios de comunicación oficiales en Chile. Los periodistas Óscar Contardo y Macarena García comentaron que la censura al grupo no hizo sino aumentar su reconocimiento, dotándolos de autenticidad que los acompañó por años. «Eran el correlato pop de las jornadas de protesta de esos meses», afirmaron.[44]​ Cuando tocaban en presentaciones en directo «¿Quién mató a Marilyn?», el público respondía «Los pacos». En un recital de Los Prisioneros en Lota, coreaban insistentemente eso, por lo que llegó Carabineros al concierto e impidió que siguiera.[33]​ La periodista de La Tercera Mónica Garrido aseguró que algunos de los versos de dicha canción como: «Dicen que fue un comunista, dicen que fue un sandinista» despertaron la alarma de la dictadura, llevando a que fuera censurada.[292]​ «¿Por qué no se van?», era dedicado a los artistas snob, pero el público pensaba que iba dirigido a los militares.[293]​ Igualmente en conciertos, la gente coreaba «Pinochet» mientras interpretaban este tema.[294]

Alex Zapata dijo que se convirtieron en la voz de la generación hija de la dictadura, un canal de difusión de la juventud que se sentía atada de manos y que iba contra todo lo que significara poder, sistema establecido o establishment.[283]​ Según González, sus canciones no estaban sustentadas en una base ideológica ni contestataria, sino que, una vez hechas, aparecía el trasfondo: «Sólo contamos lo que cualquiera siente. Hay gente que reclama contra la sociedad capitalista no porque se haya leído a Marx, sino porque simplemente no le alcanza la plata para comprar todo lo que la televisión le enseña que debiera tener para ser feliz. [...] Decir que somos contestatarios suena muy publicitario. Nosotros no reclamamos contra una persona sino contra el sistema como tal».[71]​ En 2002, diría que Los Prisioneros eran un grupo pop y no estaban comprometidos con causas sociales.[144]​ Carlos Fonseca dijo que la visión del trío sanmiguelino era simplemente ser un grupo exitoso. «Por eso no circunscribían las letras a Chile. Ahora, con el tiempo, uno se da cuenta de que pese a eso la gente convirtió esas canciones en una herramienta de lucha contra la dictadura. Por eso, Jorge se incomoda cuando le preguntan sobre esto, porque él nunca sintió haciendo canciones de protesta».[295]

Claudio Narea, en Mi vida como prisionero, dijo que si bien Los Prisioneros no eran una banda política, simpatizaban con ideas de izquierda:

Recuerdo cuando Jorge comenzó a hablar de socialismo un día mientras caminábamos por San Miguel. [...] Pero en realidad no era tan común que al interior de la banda habláramos sobre política, pues la música era lo que nos llenaba. [...] No tuvimos presos políticos en nuestras familias, ni salíamos a protestar, [...] aunque igual llegamos a detestar a Pinochet observando las cosas que pasaban por esos días, como el caso de los profesionales degollados, por ejemplo.
Jorge González ha dicho muchas veces que la letra era un relleno en las canciones de Los Prisioneros. Él fue quien inventó aquellas canciones. [...] Nuestra banda será recordada siempre por los que vivieron la dictadura, precisamente por eso, porque había dictadura y no se podía hacer casi nada, salvo cantar canciones de Los Prisioneros. No tengo ni idea si la fama y la popularidad de la banda hubiesen sido igual sin los milicos, pero me da la impresión de que no. Creo que pertenecemos a esa época nos guste o no.[296]

Fabio Salas Zúñiga señaló que surgieron en un momento en que la mayoría del público andaba tras de un icono en qué creer y que hasta ese momento no aparecía por ninguna parte. Por lo mismo, las canciones del trío sonaban tan originales y tenían tanta repercusión. «Los Prisioneros eran un grupo pop de características posmodernas que reflejaron el desconcierto vital de una década donde imperó el relativismo moral y el descreimiento», señaló.[280]

Vigencia[editar]

Imagen durante el estallido social, en el que una persona sostiene un cartel que dice que a pesar de haber estudiado, ahora se tendrá que conformar con el salario mínimo, lo que relata «El baile de los que sobran».

Las canciones de Los Prisioneros, a pesar de contar con más de tres décadas desde que se publicaron, han permanecido desde entonces, vigentes por sus letras que se acoplan hasta los tiempos modernos, lo que ha llevado a que sean sean analizadas de acuerdo al momento en que se vive, así como también para protestar frente a algún descontento. Tal es es el caso «El baile de los que sobran» que se convirtió en un himno sobre las diferencias sociales en Chile,[297][47]​ que, a pesar de haber sido escrita en 1986, ha sido utilizada para describir la desigualdad en el sistema educativo de Chile en las últimas décadas,[298][299]​ así también ha sido coreada por las masas en diversas manifestaciones en Chile como el movilización estudiantil de 2011[300]​ y el estallido social de 2019,[301]​ Jorge González declaró que le daba tristeza ver que este tema siguiera vigente y que nada haya cambiado en Chile desde que la escribió.[302][303]Florcita Motuda dijo en 2001 que fue un tema representativo para la época en que se escribió. «De hecho, es una canción atemporal porque funciona a la perfección en los tiempos que corren».[110]​ De igual manera, «El baile de los que sobran» se ha utilizado en protestas de otros países de Latinoamérica[304]​ como en el paro nacional universitario en Colombia de 2018[305]​ y en las protestas en Perú de 2020.[306]

En una entrevista con Rockaxis en 2019, acerca de la tercera edición de su primer libro El grito de amor, coincidiendo con la época del estallido social, Fabio Salas comentó que Los Prisioneros junto con Los Jaivas y Congreso «cruzan la vivencialidad, música y la historia musical chilena». Hablando puntualmente de la banda de San Miguel, dijo:

... ellos desde que aparecieron causaron un impacto impresionante, un desborde masivo y popular que no se había visto en una banda de rock chileno. Han permanecido en la memoria colectiva porque representan algo muy real, de los 80, una masa de jóvenes excluidos del sistema de la bonanza económica y obligada a vegetar en empleos de semi esclavos o condiciones de la mayor discriminación educativa y social. Creo que lo demostraron y representaron con canciones brillantes, muy orejas, bien realizadas para lo que era lo que era el público chileno. Los Prisioneros llegaron con mucho valor a fuera de las fronteras chilenas, concretamente en Perú y Colombia lograron un impacto muy fuerte que les valió una canonización inmediatamente en el espacio radial y comunicacional en esos países urbanos. En Perú hay seguidores que son casi masivos y mayoritarios como los que hay en Chile.[307]

En 2006 —año en que Pateando piedras cumpliría veinte años— el actor chileno Héctor Morales opinó que las letras del álbum seguían siendo actuales de forma impresionante y que podían encajar en cualquier etapa de Chile.[308]​ En 2011, poco antes del aniversario n.º 25 del álbum, Jaime Bellolio hizo un análisis del disco, bajo su perspectiva, con el Chile de ese año, en el blog de El Mercurio, siguiendo el estricto orden de las canciones, desde «Muevan las industrias» hasta «Independencia cultural», tocando temas como HidroAysén y el ya citado movimiento estudiantil. «Y 25 años después vemos que parte del resentimiento —pero no la gracia, la novedad ni la melodía— sigue vigente», declaró[309]​ el quien sería posteriormente ministro Secretario General de Gobierno en el segundo mandato presidencial de Sebastián Piñera.

«Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos» trata de cómo Estados Unidos y las principales potencias del mundo miraban en menos a Latinoamérica durante la Guerra Fría.[310]​ A inicios de los años 2010, Jorge decía que Latinoamérica ahora es «un barrio penca»,[273]​ mientras que en 2017 el senador chileno Jorge Pizarro dijo que «Latinoamérica no es un pueblo al sur de Estados Unidos», ya que según él «Ya no somos un pueblo [...] que acata las órdenes que emane el presidente de turno en la Casa Blanca. Ahora somos un conjunto de naciones que aprendió la dolorosa huella del intervencionismo de la Guerra Fría y que ante eso, ha optado por defender la institucionalidad y el imperio del derecho internacional».[311]

Andrés Panes en La Tercera se preguntó «cómo es posible que González la haya tenido tan clara antes de los veinte [años]». Refiriéndose a cuando grabó el álbum debut de Los Prisioneros, La voz de los '80, que pese haber sido creado en plena dictadura las letras siguen siendo resonando presentes, no solo por los comentarios de desprecio primermunistas a Latinoamérica o las garras de la comercialización. «Veo a la gente pegada en sus pantallas y pienso que la antigua mentalidad televisiva ahora es una mentalidad 5G; celebro el éxito de Bad Bunny y J Balvin convencido de que el planeta necesita aún más sangre latina, roja, furiosa y adolescente». También señaló que los publicistas siguen usando al sexo como el mejor gancho comercial y que algunos nunca quedan mal con nadie en las redes sociales.[312]

«Corazones rojos» es considerada adelantada a su tiempo, mientras que para su creador, más bien está «atrasada en su tiempo».[269]​ Trata de una sátira y crítica al machismo, así como una denuncia a la triste realidad de la mujer en la sociedad.[313]​ Sin embargo, al ser cantada desde la perspectiva del hombre machista, algunos han interpretado la letra de forma literal.[314]​ El diputado Gabriel Boric citó la canción para mostrar su apoyo a la despenalización del aborto en la Cámara de Diputados, en 2016.[315]Javiera Mena dijo que «Corazones rojos» «despertó» su feminismo.[316]​ Para el aniversario n.º 30 del lanzamiento de Corazones, el grupo de performance feminista Lastesis hizo una reversión de «Corazones rojos» agregando una nueva estrofa.[317]

Relación con la prensa[editar]

Los Prisioneros, en especial Jorge González, se caracterizaron por mantener una pésima relación con la prensa de Chile adherente con la derecha. González explicó: «Gran parte de nuestra relación con los medios tiene que ver con que todo nuestro crecimiento ha sido de nosotros con el público. [...] Con qué autoridad negocia esa gente de El Mercurio, Copesa, que está interesada en poner un Gobierno de ultraderecha para poder pagar pocos impuestos y tener más billete».[318]​ Era el mánager, Carlos Fonseca, quien daba la cara a los medios nacionales en lugar del vocalista.

Desde sus comienzos, en época de dictadura, la prensa, por ese entonces controlada por Pinochet, acostumbraba a censurarlos, criticar cuando sacaban uno de sus discos, y sabotearlos a lo largo de su carrera. En septiembre de 1987, mientras actuaban en Plaza de toros de Acho de Lima, unas personas estaban arrojando proyectiles al escenario. Al día siguiente, la prensa chilena destacó ese hecho en lugar de referirse al éxito que estaban teniendo en Perú.[319]El Mercurio tituló: «Los Prisioneros agredidos en Perú»; añadiendo: «Una experiencia inolvidable vivieron los integrantes del conjunto rock contestatario chileno Los Prisioneros, durante el concierto que ofrecieron ante más de 7 000 frenéticos jóvenes, que agredieron a los músicos con diversos objetos».[55]

A pesar del retorno de la democracia, a principios de la década de 1990, y de la banda en 2001, la relación no pareció mejorar, los medios de prensa criticaron severamente las declaraciones del vocalista en la Teletón 2002 y en el Festival de Viña en 2003.[46]​ Fue en este último evento donde el grupo acusó a la prensa de querer hacer una campaña de desprestigio contra ellos en los días próximos a que estos se iban a presentar en el certamen viñamarino.[203]​ De acuerdo a Radio Cooperativa, la conferencia en la que González terminó botando los micrófonos, fue un «punto final» y un «comienzo» de una nueva relación entre la prensa y el vocalista.[320]​ En octubre de 2003, Miguel Tapia dijo a los periodistas en Ciudad de México, que tenían mala relación con la prensa chilena y que estaban cansados de las cosas que estos inventaban y que solo querían salir de su país.[321]​ En abril de 2005, antes de subir al escenario en el último concierto de Los Prisioneros en Chile para partir después a tierras aztecas, González se acercó a la prensa y les dijo irónicamente: «Este adiós no es tan emotivo porque seguiremos tocando en México».[257]

Tras el despido de Narea en 2003, González acusó al guitarrista de asociarse con la prensa de derecha y hablar en contra Tapia y de él desde su primer retiro de la banda, diciendo que era el «alma» de Los Prisioneros o el «auténtico» del grupo, y que ellos se vendieron. Incluso, durante el reencuentro, según Jorge, Claudio siguió hablando mal de ellos a sus espaldas, criticando sus composiciones en el álbum Los Prisioneros, y que después de abandonar el grupo por segunda vez, continuó desprestigiándolos.[322]​ Claudio Narea desmintió todas estas acusaciones y aseguró que la prensa ultraderecha no quería destruir a la banda como afirmaba el líder de Los Prisioneros.[323]

Durante la última etapa, la prensa chilena ni siquiera mencionaba las giras que Los Prisioneros realizaban entre el 2004 y 2005 en Estados Unidos, Canadá, México, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Colombia, Perú y Chile, o se les bajaba el perfil como un fracaso.[252]​ Solo se refirieron al último concierto en Caracas en 2006, que según los medios chilenos, fueron «pifiados y se pelearon», siendo esto desmentido por Jorge González en la revista Rolling Stone.[12]

Influencias y estilo musical[editar]

En los años 1980, Jorge declaró que Joe Strummer (en la imagen) era el tipo al que más le creía sus discursos, de todos los que están metidos en la historia del rock.[324]

En sus inicios, Los Prisioneros definieron su música como new wave.[325][326]​ Jorge González aclaró en más de una oportunidad que Los Prisioneros eran una banda pop y no de rock.[327][328][329]​ Dentro de sus influencias, cuando entraron al Liceo N.º 6 en marzo de 1979, escuchaban principalmente a The Beatles, Kiss, Queen, Bee Gees, Supertramp, entre otros. Pero fue The Clash, los que influyeron de forma decisiva al trío sanmiguelino; luego de escucharlos por primera vez en marzo de 1981, a través de un especial de Radio Concierto dedicado al álbum Sandinista!, los sanmiguelinos quedaron sorprendidos por la diversidad de sonidos con la que experimentaban los británicos —punk, rock, reggae, rap, jazz, disco e incluso vals—, y todo esto con un toque humorístico, algo nuevo para ellos que estaban acostumbrados a un rock más tradicional.[330][331]​ Jorge González ha citado a Sandinista! como su disco favorito.[324][332]​ The Clash fue una gran influencia para Los Prisioneros, no solo en el aspecto musical, sino también lírico e ideológico. «Sus canciones mostraban una postura política definida, que nos hizo tomar conciencia de muchas cosas y decidimos que [...], si hacíamos música, no podíamos callarnos frente a lo que pasaba», declararía Narea tras la muerte de Joe Strummer.[333]​ Esto se reflejó en los discos La voz de los '80 y La cultura de la basura, así como en la lírica y estética del videoclip «We are sudamerican rockers».[334]​ El asombro por esta banda los llevó a escuchar otros artistas que también cultivaban estos géneros, como The Specials, The Stranglers, Bob Marley,[335]The Cars, Adam and the Ants, Devo, entre otros.[12][336]​ Varios medios han señalado que también tienen influencias de The Police, pero en diversas ocasiones Los Prisioneros lo han negado.[335][337]

La voz de los '80 ha sido señalado como un disco punk, pero la banda ha negado en diversas ocasiones haber cultivado este género en el primer disco.[338]​ Lo más cerca que estuvieron del punk fue en 1987, con el grupo paralelo a Los Prisioneros: Los Apestosos. Bajo este seudónimo, con influencias de bandas como Siniestro Total, La Polla Records, Gabinete Caligari, y el grupo pop Golpes Bajos, grabaron los temas: «Generación de mierda», «Invitado de honor», y las versiones de estudio de temas compuestos durante la época de Los Pseudopillos y Los Vinchukas: «Policías y ladrones», «King Kong el mono» y «Dejen respirar», en los que imitaban sus bandas favoritas.[339]

En 1985, Jorge y Miguel fueron influenciados por artistas tecno como Depeche Mode,[340][332]Ultravox, Thomas Dolby,[341]Heaven 17, y también de grupos de new wave como The Cure, o de indie rock como The Smiths[332]​ y Aztec Camera,[342]​ lo cual se vio reflejado en la utilización masiva de teclados, sintetizadores, y batería eléctrica en Pateando piedras[342]​ y que explotó más adelante en Corazones, siendo estos dos álbumes propiamente techno.[343]Lalo Ibeas, líder de Chancho en Piedra, opinó que fue muy arriesgado para Los Prisioneros «haber hecho su segundo disco cambiando radicalmente el sonido de la banda, pasar de guitarras al estilo The Clash, al sonido de los sintetizadores, y así y todo seguían sonando como Los Prisioneros».[344]

La canción «Muevan las industrias» de Pateando piedras, les dio identidad en Latinoamérica en países como Colombia, Venezuela, Perú, entre otros, porque sonaba diferente a las grandes potencias del rock en español y argentino, según Jorge González.[342]Cristián Heyne, productor musical de artistas como Supernova y Javiera Mena, señaló «Muevan las industrias» como una de las canciones mejor logradas del trío: «[Es] una canción única. Hay una oscuridad allí, una solidez sonora que no se puede encontrar en ningún otro grupo chileno».[344]​ El musicólogo Juan Pablo González dijo que «marcó un puente sonoro en los años 80, desde una sonoridad artesanal, donde prevalecían la lana de los chalecos chilotes y las guitarras arpegiadas [del Canto nuevo], hacia este mundo new wave, de sonidos tecnológicos y textos clarísimos, donde no había cabida a las metáforas y a la agenda política de la época».[344]

La cultura de la basura ha sido señalado como el álbum más roquero de la agrupación.[345][83]​ Para el disco Corazones, orientado en el synth pop, González se inspiró en artistas melodramáticos como Salvatore Adamo, Sandro, Camilo Sesto, Julio Iglesias, Nino Bravo, Los Ángeles Negros, Jeanette, Joe Dassin y Los Galos, y también en músicos electrónicos y pop como George Michael, Pet Shop Boys,[346][347]Rick Astley,[99]The Human League, Mixmaster Morris, Inner City, A Guy Called Gerald, The KLF y Phuture.[348]​ Mientras que Los Prisioneros, según Jorge González, fue influenciado por los trabajos anteriores de la banda y cómo podían utilizarlos en esa época.[337]

En 1988, luego de leer la biografía de The Beatles, empezaron a escuchar los artistas que influenciaron al cuarteto de Liverpool como Elvis Presley, Bo Diddley, Gene Vincent, Buddy Holly, Chuck Berry, entre otros.[349]​ Yogui Alvarado (líder y vocalista de Emociones Clandestinas) les sugirió que escucharan The Cramps, mientras que González leía relatos de H. P. Lovecraft. Con estas influencias, Jorge y Claudio, bajo el nombre de Gus Gusano y sus Necrofílicos Hemofílicos, comenzaron a experimentar con el rock and roll, componiendo y grabando canciones de tres acordes y letras dementes, solo por diversión. De todo este material emergió posteriormente el rockabilly «We are sudamerican rockers».[350]

En vivo[editar]

En sus primeros conciertos Los Prisioneros se caracterizaron por su poca prolijidad al tocar sus instrumentos y un pésimo sonido técnico y vocal, además de una iluminación no muy buena. Ellos mismos se refirieron sobre esto en la canción «Somos sólo ruido»: «Nuestros dedos se congelan/ Los tambores equivocan/ Las voces desafinan/ La música es muy simple/ Los teclados distorsionan/ Una voz que grita algo/ Apenas si se entiende».[48]​ En la misma canción hacen referencia sobre la prensa que los criticaba durante los años 1980 por el mal espectáculo, «Si algo nos conforma» —les respondían al final de la canción— «Es que ellos no tienen idea».[351]

Jorge González, en su entrevista con el periodista Emiliano Aguayo para el libro Maldito sudaca, señaló que la mala calidad del sonido se debía a que llevaban muy poco tiempo tocando instrumentos. «Yo empecé a tocar guitarra a los 17 y a los 19 ya era súper famoso».[352]​Explicó que le costaba trabajo tener que tocar bajo y cantar a la vez, «entonces en las primeras actuaciones, el bajo andaba por ahí no más. Y aparte, por ejemplo, cuando llevaba recién ocho canciones cantadas, ya estaba ronco. Yo cantaba como las huevas al comienzo».[27]​ Para los recitales en el Estadio Nacional, Jorge contactó a Horacio Salinas, en ese entonces integrante de Inti-Illimani y director de la escuela de la SCD (Sociedad Chilena del Derecho de Autor) para que le recomendara un profesor de canto.[110]

Sobre Miguel Tapia señaló siempre fue el que mejor tocaba de los tres, y la base del grupo cuando hacían actuaciones en directo.[353]

O sea, cuando la gallada iba a vernos, lo primero con lo que iban de raja era con la batería, porque los otros bateristas eran jazzeros. Entonces, todos los otros estaban preocupados como de su redoble y de que los demás vieran que dominaba bien la batería. En cambio, Miguel estaba preocupado de que la gallada bailara y saltara y si uno va a un recital de Los Prisioneros, ve que la gallada le da por bailar y saltar, y eso no es por la voz, es por la batería.[354]

Claudio Narea dijo que «todo el mundo consideraba a Miguel como el mejor músico de la banda». Sobre la habilidad del batería habló que «no intentaba tocar nada fuera de su alcance, su ejecución era sencilla, pero segura».[28]

Con respecto al guitarrista, Jorge dijo que tampoco este tocaba bien en la década de 1980, pero que para la reunión en 2001 tocaba mucho mejor que en los ochenta.[353]​ De hecho, a Jorge le gustó los arreglos que hizo Claudio en «Corazones rojos», incluso prefiriendo esta que la versión de estudio en la que el guitarrista no tocó. Narea declaró que no escuchó las versiones del disco de los temas que tenía que tocar de Corazones —que no sentía que fueran de Los Prisioneros—, y que solo se guió en los acordes que le señaló Jorge, por lo mismo agregó partes de guitarra a «Corazones rojos» en donde no había originalmente, y solo se enteró después de que en esas partes no tenía.[355]​ El periodista Rodrigo Carvajal de la revista Rockaxis coincidió con las palabras del líder de Los Prisioneros, destacando el progreso del trío sanmiguelino en vivo durante la primera noche en el Estadio Nacional. «Los coros fueron acertados, la batería la llevó durante toda la actuación, el bajo estuvo más que sólido y la guitarra y las influencias musicales de Narea le dieron un toque preciso a las composiciones, incluso a aquellas del disco Corazones».[167]

Premios y reconocimientos[editar]

Los medios chilenos empezaron a tomar más en cuenta a Los Prisioneros tras el éxito de su segundo álbum, Pateando piedras.[108]​ La revista Super Rock los señaló como el mejor grupo de Chile. Además, premió Pateando piedras como mejor álbum, a Jorge González como el mejor compositor y eligió el tema «El baile de los que sobran» como la mejor canción del año.[38]​ Posteriormente, fueron premiados en Perú por el mismo tema, en Ecuador por «Sexo», en Colombia como el mejor Conjunto de Rock, además, «El baile de los que sobran» fue elegida como la canción del año, y Pateando Piedras como el álbum del año.[38]​ En 1991 fueron premiados con el premio Laurel de Oro como «mejor grupo rock pop».[108]​ En sus presentaciones en el Festival de Viña en 1991 y 2003, el público los premió con antorcha y gaviota.[356]​ En 1998 el videoclip de «Sexo» fue premiado con el Coral Negro en el Festival de Cine de La Habana.[90]​ El 1 de octubre de 1993 el primer videoclip emitido por MTV Latinoamérica al iniciar sus transmisiones fue «We are sudamerican rockers».[4]​ Han sido certificados con más de 40 discos de platino en Chile.[11]

Miembros[editar]

  • Robert Rodríguez - Bajo, guitarra, teclado, coros (1990-1992, apoyo en vivo)
  • Sergio Coti Badilla - Teclado, guitarra (2003, apoyo en vivo; 2004-2006)
  • Álvaro Henríquez - Guitarra, coros (2003, apoyo en vivo)
  • Gonzalo Yáñez - Guitarra, coros (2004-2005)
Línea de tiempo

Discografía[editar]

Lanzamientos en CD[editar]

El auge del CD en Chile fue lento, pero ya para 1987 habían incrementados sus ventas en el país, aunque el casete se mantenía todavía constante en el mercado nacional.[357]Corazones sería el primer álbum de la discografía de Los Prisioneros en ser editado en CD, en 1990, pero únicamente para Estados Unidos y México, a cargo de Capitol Records.[358]​ Mientras que en Chile, Corazones se publicó únicamente en casete, tal como lo habían hecho La voz de los '80, Pateando piedras y La cultura de la basura.[359]​ Recién, en 1991, fueron publicados en CD.[360]

En 1995, EMI Odeón Chilena relanzó el catálogo completo de de Los Prisioneros en formato CD, con una versión digitalmente remasterizada, y al año siguiente se editó el álbum recopilatorio Ni por la razón, ni por la fuerza en CD doble.[8][89]​ «Los avances tecnológicos habían hecho que a todo el mundo le diera por cambiarse de los casetes a los discos compactos, y a esa altura, las ventas de CD se habían disparado», declaró el guitarrista Claudio Narea.[361]

El 31 de agosto de 2011, con motivo del 25º aniversario de Pateando piedras, EMI Music Chile volvió a relanzar los cuatro primeros discos del grupo en CD, con la premisa —de acuerdo al diario El Mercurio— de contener nuevas versiones remasterizadas. Sin embargo, los fanáticos pronto denunciaron que se trataban de los mismas remasterizaciones de 1995.[362]​ Las críticas a EMI llegarían también por parte de Jorge González, quien a pesar de haber sido el productor de los tres primeros discos de la banda, aseguró que no le mandaron los másteres para que los revisara ni le consultaron nada.[120]​ Pese a toda esta polémica, los cuatros álbumes de Los Prisioneros entraron a los diez más vendidos en Chile, de acuerdo a Feria Mix.[363]

[editar]

Durante los años 1980, la banda firmó con la editorial Sochem —asociada a EMI— para ceder el catálogo de sus canciones. González podía cobrar derechos de autor, pero no podían acceder a los ingresos.[364]​ En la década siguiente, Carlos consiguió que se los devolvieran a Jorge, lo que le permitió a este último, vivir bien económicamente durante los años 1990,[365]​ perteneciéndole los derechos hasta el día de hoy. Fonseca aseguró que pasaba lo mismo con las canciones de Narea y Tapia.[366]

Tras la adquisición de EMI a cargo de Universal Music, en septiembre de 2012, gran parte del catálogo de Los Prisioneros pasó al dominio de este sello, excepto La voz de los '80 —cuyos nueve temas que compuso integramente Jorge González, él mismo registró en la SCD entre 1985 y 1987— ya que los derechos fonográficos del primer álbum del trío sanmiguelino le pertenecen a Carlos Fonseca, ya que este álbum fue editado por Fusión en 1984, y al año siguiente, EMI llegó a un acuerdo para solo distribuirlo, y cuyo contrato —para 2012— ya había expirado,[367]​ siendo parte del catálogo de Los Prisioneros que quedó en el aire junto con Estadio Nacional. De acuerdo a reportes dados por el diario La Tercera en 2014, Jorge González funciona como editorial de sus creaciones, y solo pueden obtener permiso de él para la utilización de sus composiciones aunque, «un tercero» puede negociar con Universal, pero en Chile se le consulta al autor antes de «cualquier sincronización», ya que involucra tratos de derechos morales.[368]

En cuanto a los álbumes que grabaron tras el reencuentro —Los Prisioneros y Manzana—, estos pertenecen a Jorge, Miguel y Carlos en la sociedad que formaron llamada San Miguel, la cual Claudio Narea abandonó, pero que de igual manera recibe ingresos equitativos. Claudio es el único de los tres miembros del grupo que no tiene participación directa en regalías ligadas a los derechos del catálogo como tampoco por conceptos de marca.[369]

Notas[editar]

  1. Rodrigo Beltrán es citado en la canción «¿Quién mató a Marilyn?».
  2. Carlos Fonseca escribía sobre música los primeros cinco años de Mundo Dinners Club, bajo el seudónimo de Alberto Velazco (su segundo nombre y su segundo apellido) para que no pareciera nepotismo, debido a que su hermano también trabajaba en esa revista. Posteriormente, Fonseca sería reemplazado por el escritor y periodista Alberto Fuguet.[30]
  3. «Somos sólo ruido», «El vals» y «Lo estamos pasando muy bien» son letra y música de Narea. Si bien, la primera es cantada por Tapia, él solo escribió la letra y música de «Algo tan moderno», aunque cada uno contribuyó con algunas ideas en el tema del otro.[76]
  4. Se refiere a la animosidad que existía en Argentina contra Chile luego de que durante la guerra de las Malvinas (1982) el régimen de Pinochet decidiera apoyar a Inglaterra.
  5. De acuerdo al desaparecido sitio web oficial de la banda, www.losprisioneros.cl.
  6. Jorge produjo el primer y único álbum de Banda 69 que no logró superar las 2 000 unidades.[113]
  7. El Laurel de Oro en Chile fue una distinción que se entregaba a destacadas figuras locales como también internacionales, de la talla de Luis Miguel, Sônia Braga, Paloma San Basilio, entre otros, desde 1950 hasta 1992. En 2005 aparecería el Copihue de Oro, considerado el resurgimiento del premio anterior.[129]
  8. De acuerdo a Claudio Narea, en 1997, tanto a él como a Tapia les descontaron de sus ganancias por concepto de ventas de discos de Los Prisioneros, para cubrir parte de la deuda que quedó por la inversión millonaria que se le dio al álbum de Jorge. A pesar de que ellos no tenían nada que ver con ese asunto, y la banda no existía en ese tiempo.[134]
  9. Quien más se acercó a este fenómeno, hasta ese momento, fue el grupo Illapu —también del sello EMI— con su álbum Multitudes con el que vendieron 40 000 copias en sus primeras cuatro semanas, el año anterior.[8]
  10. El Mercurio de Valparaíso dice que la cantidad de espectadores en Antofagasta fue de 5 000. De todos modos se esperaba congregar a 15 000 asistentes, muy por debajo de la espectativa.[235]
  11. El anterior galardón fue en la categoría «Mejor artista suroeste», en la edición anterior, la que también postulaba Los Prisioneros.
  12. Jorge actuó más tarde en el evento, pero no se encontró con sus ex compañeros.
  13. Colombina Parra, con el grupo Los Ex, interpretó «La voz de los '80» para el álbum Tributo a Los Prisioneros.
  14. Según Fabián Salas Zúñiga, el primer reggae que se grabó en Chile fue «El ermitaño» de Banda Metro en 1983.[288]

Referencias[editar]

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Bibliografía[editar]

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