Liga Patriótica Argentina

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Liga Patriótica Argentina
Liga Patriótica Argentina.png
Operacional 1920[1]​-presente[2]
Liderado por Manuel Carlés
Ideología Ultraderecha
Nacionalismo
Principales atentados Semana Trágica
Patagonia Rebelde
Estatus Activo
Miembros de la Liga Patriótica recorren las calles de Buenos Aires junto a la policía durante la Semana Trágica.

La Liga Patriótica Argentina fue un grupo político no partidista argentino que promovía un nacionalismo de derecha. Fue creado a partir de las huelgas de fines de 1918 y principio de 1919. La Liga incluía tanto organizaciones paramilitares, como círculos sociales formales; actuando como grupos de choque, hostigando mediante acciones violentas a las organizaciones sindicales y grupos de trabajadores en huelga, ofreciendo mano de obra alternativa para reemplazar a los huelguistas y desarrollando toda una acción social, educativa y de propaganda a favor de un pensamiento nacionalista y opuesto a las tendencias marxistas y anarquistas que se estaban extendiendo entre los trabajadores como consecuencia de la inmigración europea. Su base de apoyo era transversal a los dos principales partidos políticos de la Argentina, contando entre sus filas a destacados dirigentes tanto de la Unión Cívica Radical como del Partido Autonomista Nacional y los partidos conservadores que tomaron el lugar de este último después de 1916.


Semana Trágica[editar]

El 3 de diciembre de 1918 los empleados de los Talleres Metalúrgicos Vasena de la ciudad de Buenos Aires entraron en huelga pidiendo mejores condiciones laborales.

La huelga llevó a que la empresa contratara, por medio de la Asociación Nacional del Trabajo, obreros rompehuelgas para intentar seguir funcionando. El disturbio entre los obreros en huelga y los rompehuelgas terminó con cuatro muertos y, finalmente, la intervención de la policía, que disparó con armas largas contra la multitud. Como consecuencia de ello se desató una huelga general con disturbios de mayor entidad, en donde las tensiones acumuladas estallaron. Fue en ese momento cuando, por primera vez, aparecieron grupos de particulares que colaboraban con las autoridades en la represión o, como decían ellos, en la defensa del orden. Los voluntarios se inscribían en el Centro Naval o en las comisarías con el fin de formar parte estas guardias cívicas. Sería ese el nacimiento de lo que, poco después, tomaría oficial y públicamente el nombre de “Liga Patriótica Argentina”. Su objetivo manifiesto era crear una guardia cívica que cooperara con las autoridades en el mantenimiento del orden público y en la defensa de los habitantes, para evitar la repetición de hechos similares a los ocurridos en aquella semana de enero de 1919, ejerciendo de esa manera y según su perspectiva, un severo control de todo cuanto significara un ataque al progreso del país. Según sus integrantes: "la civilización nacional engendró la Liga Patriótica Argentina, que nació para reunir a todos los hombres sanos y enérgicos con el fin de colaborar con la autoridad para mantener el orden y vigorizar los sentimientos esenciales del alma nacional, que por lo eterno funda la patria".[3]

Algunas fuentes, erróneamente, le atribuyen a la Liga la responsabilidad del único Pogromo antijudío en América Latina, que tuvo lugar por la misma época, cuando jóvenes nacionalistas incendiaron sinagogas y además las bibliotecas Paole Sión y Avangard, en el barrio de Once. En realidad, esto no fue obra de la Liga sino de otro grupo efímero, la llamada “Sociedad Sportiva Argentina” que lideraba el barón Demarchi.[4]

Sus comienzos[editar]

Hechos ocurridos durante la Semana Trágica.

El primer nombre tuvo la organización fue el de Comisión pro defensores del orden.[5]​ Las primeras reuniones de la asociación se llevaron a cabo en la Confitería Paris, y días más tarde se trasladaron al edificio del Centro Naval, en la calles Florida y Córdoba, en la ciudad de Buenos Aires.[1]

En el Centro Naval, el 10 de enero, los por entonces contraalmirantes Manuel Domecq García y Eduardo O'Connor repartieron armas automáticas al grupo de jóvenes. Pero fue recién el 19 de enero, una vez concluida la huelga que dejó un saldo de 700 muertos y 4.000 heridos, que la Liga Patriótica Argentina se constituyó oficialmente, bajo el lema "Patria y Orden". Domecq García ocupó la presidencia en forma provisional hasta el 18 de abril de 1919, cuando fue electo Manuel Carlés como presidente y Pedro Cristophensen como vice.[1][2]​ Nacido en Rosario, Manuel Carlés era un alto dirigente de la Unión Cívica Radical. Además era profesor del Colegio Militar y de la Escuela Superior de Guerra. Había sido diputado por la Provincia de Santa Fe y fue designado interventor de las provincias de Salta y San Juan en 1918. Su liderazgo estaba afianzado por aquellos vínculos que tenía con diversas facciones políticas y con oficiales del ejército, a quienes conocía por haber sido sus alumnos en la Escuela Superior de Guerra. Como diputado, Carlés había pronunciado un discurso en 1910, durante las celebraciones del Centenario, en el que prefiguraba el pensamiento nacionalista de la Liga: "Si hay extranjeros que abusando de la condescendencia social ultrajan el hogar de la patria, hay caballeros patriotas capaces de presentar su vida en holocausto contra la barbarie para salvar la civilización."


Los fines de la Liga eran;

"Estimular, sobre todo, el sentimiento de argentinidad tendiendo a vigorizar la libre personalidad de la Nación, cooperando con las autoridades en el mantenimiento del orden público y en la defensa de los habitantes, garantizando la tranquilidad de los hogares, únicamente cuando movimientos de carácter anárquico perturben la paz de la República. Inspirar en el pueblo el amor por el ejército y la marina. Los miembros de la Liga se comprometen, bajo su fe y honor de argentinos, a cooperar por todos los medios a su alcance, e impedir: 1° La exposición pública de teorías subversivas contrarias al respeto debido a nuestra patria, a nuestra bandera y a nuestras instituciones. 2° Las conferencias públicas y en locales cerrados no permitidos sobre temas anarquistas y marxistas que entrañen un peligro para nuestra nacionalidad. Se obligan igualmente a usar de todos los medios lícitos para evitar que se usen en las manifestaciones públicas la bandera roja y todo símbolo que constituya un emblema hostil a nuestra fe, tradición y dignidad de argentinos".[6]

Además buscaba luchar "Contra los indiferentes, los anormales, los envidiosos y haraganes; contra los inmorales, los agitadores sin oficio y los energúmenos sin ideas. Contra toda esa runfla sin Dios, Patria, ni Ley, la Liga Patriótica Argentina levanta su lábaro de Patria y Orden... No pertenecen a la Liga los cobardes y los tristes".[7]

Integrantes[editar]

Manuel Domecq García, presidente provisional de la Liga en 1919.

Entre los personajes más ilustres que pasaron por la Liga se encuentran nombres como los de: Joaquín S. Anchorena, Dardo Rocha, el general Luis Dellepiane, Estanislao Zeballos, Luis Agote, Francisco P. Moreno, monseñor Miguel De Andrea, Ángel Gallardo, Jorge Mitre, Carlos Tornquist, Miguel Martínez de Hoz, Julio A. Roca (hijo), Leopoldo Melo, Lisandro De la Torre, Manuel María de Iriondo, Felix Bunge, el general Eduardo Munilla, Carlos M. Noel, Vicente Gallo, Ezequiel Pedro Paz, José A. Cortejarena, Celedonio Pereda, Saturnino Unzué, Antonio Lanusse , Pastor S. Obligado y Oscar Barroso.[1][8]

Estos afirmaban que "la civilización nacional engendró la Liga Patriótica Argentina, que nació para reunir a todos los hombres sanos y enérgicos con el fin de colaborar con la autoridad para mantener el orden y vigorizar los sentimientos esenciales del alma nacional, que por lo eterno funda la patria".[9]

Funcionamiento[editar]

La Liga funcionaba con una Junta Central y con brigadas - las hubo de trabajadores, de estudiantes, de maestros, de mujeres, entre otras - las que trabajaban tratando de neutralizar las posibles influencias revolucionarias ya sea dictando conferencias que tenían como principal objetivo la difusión de preceptos de moral cívica o bien interviniendo en los conflictos como fuerza paramilitar. La eficacia con que actuaban estas brigadas era reconocida por la institución "mil cuatrocientas […] esparcidas en toda la República, han impedido que el mal y los malos hagan de las suyas, las mismas mil cuatrocientas brigadas han conseguido que el bien y los buenos triunfen...". También llegaron a formar algunos sindicatos paralelos, pero éstos no llegaron a tener trascendencia.

Bajo el lema "Patria y Orden" se propusieron como fines exclusivos: Estimular "sobre todo el sentimiento de la argentinidad, manteniendo vivos y animados en todo momento en el espíritu de los conciudadanos […] el recuerdo del heroísmo y sacrificio generoso de los antepasados, que nos dieron la patria, inculcando […] la noción clara de las obligaciones que pesan sobre todos los argentinos de agradecimiento hacia aquellos antepasados..."[10]

Al margen de los hechos de violencia hacia los huelguistas, por los que se hizo famosa, la Liga también desarrolló toda una labor de asistencia social hacia los trabajadores, que se traducía en la en la organización de talleres, comedores, escuelas, alcancías para los obreros, etc.[11]

Carlés, una vez asumida la presidencia, se dio también a la tarea de difundir el mensaje de la Liga entre las mujeres visitando iglesias y asociaciones católicas, el ámbito donde con más frecuencia se daba la participación femenina en aquella época, y logró agenciarse el apoyo de muchas de sus organizaciones, especialmente las provenientes de las clases altas. Con el tiempo, las mujeres organizaron sus propias brigadas, destinadas a este tipo de actividades. Para la visión de la Liga, la mujer tenía la importante misión de vigilar y difundir entre sus hijos los valores religiosos, la obediencia, la moralidad, el patriotismo y la reverencia por el trabajo. Jorgelina Cano, presidente de la Comisión Central de Señoritas, decía: (…) No es nuestro programa la obra filantrópica inspirada en el alivio transitorio del dolor ajeno o el socorro oportuno al afligente que lo reclama. Aspiramos a resolver el hondo problema con un criterio más humanitario, más eficaz y que mire muy adelante el porvenir. Buscamos la educación, de la clase trabajadora, buscamos enaltecerla con el ejemplo de nuestras virtudes, de nuestra actividad y de nuestro espíritu fraternal (…) (Cano; 1922: 35)

Sus propósitos estaban orientados, por un lado, a la moralización de las trabajadoras, quienes debían evitar ser atraídas por ciertos pasatiempos fuera del horario de trabajo, como beber en los bares, coquetear con hombres en las plazas, tomar lecciones de tango, etc. Por otro lado, el objetivo de estas escuelas era el de mejorar la posición de las trabajadoras a través de la enseñanza de habilidades elementales, tales como leer y escribir, o bien brindar instrucción primaria en aritmética, mecanografía, costura, bordado, etc. En cuanto a la formación en los valores, las liguistas buscaban inculcarlos en las trabajadoras inmigrantes en función de construir este mencionado perfil de ciudadano argentino: valores tales como nobleza en el trabajo, obediencia a la ley, paciencia, responsabilidades con la familia y el país, patriotismo, puntualidad, entre otros, eran considerados capitales. Por otra parte se indicaba que el socialismo y el anarquismo no eran compatibles con las doctrinas de Dios y de la Patria, y que por tanto, resultaban peligrosos por su carácter disolvente. Todo ello sumado a los cursos de economía hogareña, cuidado de niños e higiene, preparaba a estas trabajadoras inmigrantes para ser “verdaderas señoras”. [12]

En un principio, los encuentros entre las brigadas y los vecinos se realizaban en las comisarías de los distintos barrios que prestaban sus instalaciones para que allí se realizaran tales reuniones informativas. Posteriormente, ante las numerosas adhesiones de miembros del Ejército y la Marina a la Liga, que por otras parte eran publicadas en los diarios La Nación y La Prensa , el P.E, por medio de una resolución, les ordena abstenerse de participar en asociaciones de este tipo "ya que para ellos no puede haber ninguna que encarne y realice mejor la asociación patriótica que el propio ejército.. "[13]​ La difusión del nacionalismo era propiciada en todas las expresiones culturales y para ello, la Liga, consideró adecuado el uso del cinematógrafo. Las películas sugeridas debían tener contenidos que apuntaran a motivar a los trabajadores en las labores del campo, que divulgaran el conocimiento de nuestro suelo y de sus riquezas, o que contuvieran escenas relacionadas con la historia argentina. Para estimular a quienes quisieran hacer este tipo de películas, proponían la exención de impuestos.19 (Diario La Nación 28-2-1920 ) Asimismo, los liguistas proponían la creación de teatros populares que permitieran a todo el pueblo acceder a las grandes obras del teatro universal; en cuanto a la música, plantearon la necesidad de favorecer la divulgación de la música argentina

Las instalación de bibliotecas en los barrios, en los centros cercanos a las fábricas o en zonas rurales que tuvieran como destinatarios exclusivos a los obreros era sugerida como una de las maneras de alejarlos del peligro que, a su entender, representaban las ideologías de izquierda.

En el Quinto Congreso de la Liga (año 1924), incluso, uno de los exponentes, José Ibáñez propició medidas concretas para que estos desarrollos culturales llegaran más eficientemente a los mismos obreros, especialmente a los más necesitados de instrucción. Ibañez mencionaba que, aun con el avance que representaban estas bibliotecas obreras, muchas veces, aquello no encontraban allí libros que despertaran su interés y aún encontrándolos, había autores que no expresaban su pensamiento con claridad sumado al escaso tiempo que tenían para la lectura. Para revertir tal situación, consideraba conveniente constituir lugares de lectura en los locales de las Brigadas de la Liga Patriótica. La idea era que se formaran grupos de obreros y al frente de cada uno de ellos una persona, leyera en voz alta capítulos o trozos de libros sencillos y amenos. Aconsejaba, además, formar una comisión especial que redactara una guía bibliográfica de las obras que debían adquirirse y podían leerse. Considerando que el analfabetismo, además del alcoholismo, eran factores que conducían a obreros y peones a adherir a las ideas revolucionarias plantearon a la educación como liberadora de la ignorancia y así fundaron sus propias escuelas con contenidos nacionalistas.

Otra medida para desterrar el analfabetismo fue el proyecto de ley que creaba el Registro del Estado Escolar. Un empadronamiento de los niños en edad escolar permitiría, entre otras cosas, un exacto conocimiento de la población infantil: su procedencia, las características de los hogares. Estos datos posibilitarían, según el autor, la prevención de muchos problemas relacionados con la infancia; como la delincuencia, el extravío de ideas por el medio en que vive y hasta problemas de tuberculosis… esto resolvería eficazmente el problema del analfabetismo, y también los problemas relacionados: "nuestros problemas materiales y morales que debe desenvolverse en un ambiente nacionalista…" [14]​ El fomento del libro nacional, proyecto aprobado en el 9º Congreso (1928), era considerado como una condición necesaria para desterrar la indiferencia que se evidenciaba en el público y permitiría difundir aspectos esenciales de la cultura popular argentina. Su autor se preguntaba el porqué… "de esa apatía hacia el libro [nacional], que es fuente de cultura, y esa preferencia, en cambio, por vicios que conducen irremediablemente al retrogradamiento moral e intelectual del individuo, al delito, a la desvergüenza y a la miseria?"

Además, veía con preocupación la manera en que se arraigaban en los individuos actividades nocivas como lo eran el auge del box, de las carreras, de las quinielas, de la pornografía y la corrupción, y criticaba la pasividad de quienes eran los encargados impedirlo. Al observar que los libros de lectura, en su mayoría, no se adecuaban a las necesidades del país, uno de los miembros de la liga planteaba crear una colección para la escuela primaria, de primero a sexto grado, que fuera una síntesis de la historia argentina, incorporando gradualmente los símbolos de la Patria, la vida de los próceres, de los poetas, etc.. Recomendaba, además, la lectura de Recuerdos de Provincia, de Sarmiento o Mis Montañas de Joaquín V. González. En este caso no fue sólo una propuesta, la llevaron adelante publicando algunos libros de textos encuadrados dentro estos principios. Patria y Belleza, obra de un adherente de la Liga Adolfo Rodríguez que escribía bajo el seudónimo de Gustavo Lenns, era definido como un libro "de lecturas fáciles, elocuentes y siempre interesantes, que en mi concepto han de contribuir, dado el método empleado, a desarrollar eficazmente en los niños, a quienes se destina, el culto y el cariño por las cosas de la Patria." El texto fue aceptado por la Junta Central de la Liga y enviado a través de las brigadas de todo el país a las distintas delegaciones, con una circular que recomendaba la utilidad de su difusión: "Propagar el susodicho libro es una obra que debe interesarnos a todo los que luchamos con ahínco por tonificar el alma argentina a fin de que ella no vaya perdiendo sus coloridos propios ante el avance del exotismo que, inculcando en las mentes ideas subversivas, hace olvidar lo bello y puro que nuestro pasado glorioso simboliza, al extremo de que se leen libros de literatura extranjera desechando la copiosa y sana producción de nuestros autores nacionales".

Actividad pos Semana Trágica[editar]

El fin de la Semana Trágica no terminó con el accionar de la Liga que continuó reuniéndose asiduamente. Apenas 15 días después de la formación oficial de la Liga, ésta ya contaba con 9.800 miembros, 4.500 reclutados por los delegados vecinales —parroquias de San Juan Evangelista, Santa Lucía, Villa Devoto, San Carlos Sur y Villa Urquiza— y 5.300 adheridos directamente en la Secretaría General.[2]

La Patagonia Rebelde[editar]

Héctor Benigno Varela, homenajeado por la Liga una vez finalizada la huelga.

Cuando en noviembre de 1920 se desató la huelga general de peones rurales en la provincia de Santa Cruz, hecho popularmente conocido como la Patagonia Rebelde, la Liga se alistó para frenar el paro.

El 22 de febrero de 1921 se firma un acuerdo entre peones y la patronal que da fin a la primera de las huelgas.

Las tropas dirigidas por Héctor Benigno Varela retornan a Buenos Aires en mayo de ese año, pero lejos de cumplirse el convenio, la patronal comienza una serie de represalias contra los participantes de las huelgas con refuerzos parapoliciales integrados por miembros de la Liga.

De acuerdo con ese propósito, el 10 de julio de 1921, se reunieron en el Hotel Argentino de Río Gallegos un grupo considerable de personalidades de la ciudad, con el objeto de llevar a la práctica la represión. Luego de un corto debate, se resolvió constituir una brigada local de la Liga.[2]

La Liga tuvo una actuación destacada en el conflicto que finalizó en enero de 1922, con un saldo de 1.500 trabajadores muertos.

El 7 de enero arribó el vapor "Asturiano" a Río Gallegos, con Manuel Carlés a bordo para rendir homenaje y condecorar a Varela y sus hombres.

Golpe de estado de 1930[editar]

La crisis económica mundial de 1929 tuvo graves consecuencias en la Argentina. El desempleo y otros problemas provocaron gran malestar social y político que desembocó, en septiembre de1 930, en el primer golpe de estado de la historia argentina. El golpe que derrocó a Hipólito Yrigoyen fue ejecutado por militares pero contó con la adhesión de políticos opositores -como conservadores y radicales antipersonalistas-, de algunos sectores del pueblo, entre los que se incluía la Liga Patriótica Argentina, etc. En la mañana del 6 de septiembre, José Félix Uriburu partió del Colegio Militar al frente de un grupo de cadetes y de un batallón de artillería, intimando la entrega del gobierno. El presidente Yrigoyen renunció ante las autoridades militares de la ciudad de La Plata y luego fue detenido y enviado a la isla Martín García.

Según testimonios de la época;

La Liga Republicana convocaba a la oposición frontal, el llamado Klan Radical trató de neutralizar a los opositores con la violencia, y ésta llamó al combate callejero a la Liga Patriótica Argentina. La violencia ganó la calle, los incidentes menudearon y el ambiente de crisis económica, política y social se tornó, para muchos, insoportable. Los radicales llegaron, incluso, a hacer fraude electoral, utilizaron al ejército para las intervenciones federales y aparecieron contradiciendo ideales y banderas que habían difundido o agitado para fundar en esos signos una nueva legitimidad. Esa legitimidad nunca había superado cierta innata precariedad. El propio yrigoyenismo contribuyó a herirla de muerte. Oficialismo y oposición fueron cómplices, a su manera, de la agonía de la Argentina de los partidos.[15][16]

El "ocaso" de la Liga[editar]

Con posterioridad al golpe de 1930 y el posterior regreso a la democracia con los gobiernos de la llamada Concordancia, la Liga Patriótica inicia un paulatino camino de desaparición. Su costado más visible, el de la confrontación callejera directa, fue abandonado por sus dirigentes y poco a poco también se fue diluyendo su acción social y cultural, así como fueron espaciándose sus congresos y otras reuniones públicas.

La principal explicación de este deterioro puede encontrarse en el éxodo de sus militantes, una vez afianzadas sus ideas nacionalistas, hacia otras formaciones políticas con contenidos políticos más extremos. La década del ’30 fue testigo de una renovación dentro de la derecha nacionalista que, a diferencia de la Liga Patriótica, buscaba la incorporación de las masas a la vida política del país aunque bien compartían el punto de partida: la armonía entre clases y el mantenimiento del orden social. Las ideas de Carlés, que pueden hacerse extensivas en gran medida al pensamiento de la Liga, estuvieron fuertemente influenciadas por un iusnaturalismo de base religiosa, dentro de las líneas más progresistas del conservadorismo argentino. Por otra parte, estaba imbuido por un fuerte patriotismo y una fe ilimitada en el progreso argentino, sustentado por la libre iniciativa privada (liberalismo económico) y por la educación, fundamental a su juicio. Al mismo tiempo, y pese a considerar centrales las Fuerzas Armadas y la Iglesia Católica dentro de la cosmovisión jerárquica que tenía, adscribía plenamente a la democracia republicana y a la defensa de la Constitución Nacional.

Por el otro lado, y en consonancia con el auge de las ideas fascistas en Europa, también en Argentina, se va formando un grupo de un grupo de jóvenes nacionalistas se percibían a sí mismos como una “nueva generación”, una vanguardia literaria con nuevas propuestas estéticas, que buscaban diferenciarse de aquellos nacionalistas del centenario y que, a diferencia de la Liga, expresaban un desprecio por la democracia representativa y las instituciones de lo que llamaban “el liberalismo”. Para esta nueva tendencia dentro del nacionalismo argentino, la cuestión inmigratoria ha dejado de ser una preocupación: el problema ya no se encuentra en el inmigrante como un factor disolvente de la sociedad y la nación argentina, sino que se encuentra en el propio sistema democrático que se busca reformar. A los conservadores en general –incluyendo la Liga Patriótica-, este “combate contra la democracia” les resulta totalmente ajeno desde lo ideológico, más allá de que, circunstancialmente, puedan tejerse alianzas entre los dos grupos, basados especialmente en el miedo que les produce un enemigo común, como lo era en ese momento el yrigoyenismo. Los jóvenes aglutinados en el periódico “La Nueva República” “levantaron sus armas para enfrentar a la democracia y al liberalismo, hijos de la Revolución Francesa, la Ilustración y el mundo moderno, que fueron el basamento ideológico sobre el cual se construyó el Estado nacional. El ataque ahora apunta directamente contra la soberanía popular, asociada a menudo con el “obrerismo bolchevizante”. De tal manera, se propone una lucha en dos frentes, por un lado, una tarea intelectual cuyo fin sea la desarticulación de los sofismas democráticos y liberales; y por el otro, una lucha política contra los adversarios de la nacionalidad y el orden, es decir, contra la izquierda”.[17]​ Es a partir de este punto que comienza a gestarse lo que el autor italiano Loris Zanatta llama "El Mito de la Nación Católica" que se impondría como dogma a partir de la próxima interrupción del orden constitucional, la Revolución de 1943. Esta nueva concepción nacionalista entraba en conflicto con la visión democrática liberal - conservadora de la Liga Patriótica y llevaba implícito el concepto -inspirado en el fascismo italiano- de “Tercera Posición”. Este no sólo implicaba superar la dicotomía capitalismo – comunismo. La verdadera dualidad que había que superar era entre comunismo y democracia liberal. En ese momento la doctrina de la Iglesia los señalaba como dos flagelos de igual gravedad. Argentina, con sus profundas raíces culturales católicas, decían, estaba en condiciones de dar a luz una nueva forma de estado católico superior a esas opciones. Aunque en los primeros momentos del régimen militar de 1943, ex miembros y otros afines a la Liga participaron de puestos de gobierno, terminó imponiéndose la versión más dura del nacionalismo, lo que prácticamente vació de contenido a la agrupación, convertida cada vez más en un grupo minúsuculo y sin ninguna injerencia real.

En 1969, 50 años después de que la Liga viera la luz, ésta contaba con apenas 560 miembros. En ese entonces, su presidente, Jorge Kern declaraba de que la Liga era "una institución desvinculada de toda bandería política". Asegurando que la Liga mantenía una inalterada admiración por su fundador, Manuel Carlés, quien era "un inolvidable patriota".[7]​ Con posterioridad a esa fecha, ya no se encuentran nuevas referencias a la Liga, a sus dirigentes ni a sus reuniones, con lo que debe presumirse su desaparición.

Nueva época[editar]

En las Notas sociales del diario La Nación del jueves 1 de diciembre de 2005 se publicó el siguiente anuncio:

La Liga Patriótica Argentina, con el fin de reunir fondos para sus obras, ha organizado un encuentro que se realizará pasado mañana, a las 18.30, en el Quincho 1806, en los Cuarteles de Palermo del histórico Regimiento Patricios. El teniente coronel (R) doctor Ernesto D. Fernández Maguer ofrecerá una breve disertación sobre "Pasado, presente y proyectos de la Liga Patriótica Argentina". Al finalizar se servirá un vino de honor. Informes por el 4702-0056.[2]

Esto llevó a error a algunas personas que pensaron que el mismo grupo había permanecido en actividad secreta durante 35 años. En realidad el Teniente Coronel Ernesto Fernández Maguer, un ex veterano de la Guerra de Malvinas, comenzó desde la misma finalización de la guerra una intensa tarea de difusión de la historia y de homenajes a los ex combatientes y veteranos. Al adoptar el nombre “Liga Patriótica Argentina”, le rinde tributo a aquel viejo proyecto nacionalista con el que se siente identificado, pero sin que haya una continuidad institucional entre ambas formaciones. En la actualidad, la tarea principal de la nueva Liga Patriótica es, justamente, la organización de homenajes a los veteranos de Malvinas.


Referencias[editar]

  1. a b c d Pigna, Felipe (Octubre de 2006). «La dignidad rebelde. El movimiento obrero durante las presidencias radicales.». Los mitos de la historia argentina 3 (1° Edición edición). Grupo Editorial Planeta. pp. 75 a 80. ISBN 978-950-49-1544-7. 
  2. a b c d e «La liga patriótica argentina». Consultado el 23 de febrero de 2010. 
  3. Primer Congreso Liga Patriótica Argentina. 1920, p. 37
  4. Herman SCHILLER: “1919: matanza de obreros, pogrom en el Once y el papel de Juan Domingo Perón”, en La Izquierda Diario del 19/02/2016
  5. Diario La Nación, 16 de enero de 1920. "En el local de la Asociación del Trabajo se reunió ayer la Junta Directiva de la Comisión pro defensores del orden, que preside el contraalmirante Domecq García, adoptándose diversas resoluciones de importancia".
  6. Diario La Nación, 16 de enero de 1919
  7. a b «18 de abril de 1919: Fundación de la Liga Patriótica». Revista Primera Plana. 29 de abril de 1969. 
  8. Mirta Moscatelli (Docente-Investigadora de la carrera de Comunicación Social). «La Liga Patriótica Argentina. Una propuesta nacionalista frente a la conflictividad social de la década de 1920». p. 3. Consultado el 23 de febrero de 2010. 
  9. Primer Congreso de Liga Patriótica Argentina. 1920. Pag. 37 http://rephip.unr.edu.ar/bitstream/handle/2133/741/La%20liga%20patriotica%20argentina_A1a.pdf?sequence=1 |url= sin título (ayuda). 
  10. LA NACIÓN, 21/01/1919
  11. Mirta Moscatelli, La Liga Patriótica Argentina : sociedad civil y educación nacionalista en la década de 1920, en Boletín de la Sociedad Argentina de Historia de la Educación, 2da. Época, Nº 1, Rosario, Laborde Editor , 2000
  12. McGee Deutsch, Sandra (2003); Contrarrevolución en la Argentina, 1900-1932. La Liga Patriótica Argentina; Buenos Aires; Universidad Nacional de Quilmes Editorial
  13. Diario La Nación 24-7-1919
  14. Quinto Congreso Nacionalista de Trabajadores de la LPA, 1924, p.165
  15. Delgado, Jaime. Hispanoamérica en el siglo XX. 
  16. Jorge H. Sarmiento García (4 de septiembre de 2006). «EL 6 DE SEPTIEMBRE DE 1930». Consultado el 27 de febrero de 2010. 
  17. Matías CEPEDA: “La Liga Patriótica y la construcción de nuevos ciudadanos” en XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia, 2003