Libro de los estados

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Libro de los estados.

El Libro de los estados es una obra de don Juan Manuel redactada entre 1327 y 1332. Su argumento aparece ya en el capítulo II[1]​ y unas líneas después, su tesis.[2]​ Su fuente principal es Barlaam e Josafat.[3]

Contenido[editar]

Se trata de un diálogo en que los cien primeros capítulos tratan sobre la educación mundana y los últimos cincuenta sobre la religión. Los personajes son el rey pagano Moraván, su hijo Johás, un hombre santo llamado Julio y el caballero Turín. La disputa entre el Islam, el Judaísmo y el Cristianismo termina con la previsible victoria de este último. Se trata de la primera traducción al castellano de la leyenda budista de Barlaam y Josafat, cuyo contenido religioso queda convertido en un mensaje ético de prudencia y sabiduría. El libro deriva de cerca de la Blanquerna de Ramon Llull. Hay ediciones modernas de 1968 y 1974.

Estructura[editar]

Don Juan Manuel dividió la obra en dos libros de composición bastante heterogénea, pues contiene fragmentos plenamente elaborados frente a otros tan solo esbozados. Prueba de esto es, por ejemplo, el que en no pocas ocasiones Julio llame "libro" a lo que, desde su punto de vista, debe ser un diálogo.

Si bien hay diálogos incluso de cuatro interlocutores, no existe la menor acción: sus actantes no tienen otro objeto que dar vida al pensamiento del autor. Los personajes son planos y carecen de desarrollo psicológico, de forma que expresan mentalidades distintas y, aun en sus preguntas y respuestas, se ponen fácilmente de acuerdo para no entorpecer la línea del pensamiento.

Algunos de sus recursos estilísticos característicos son las constantes referencias a partes del texto ya redactadas, la inserción de frases coloquiales, el humor y muy escaso uso de los exempla.

Diferencias con la fuente original[editar]

En lo que toca a las fuentes, es conocido que la más importante -pues le presta el marco narrativo- es el Barlaam e Josafat; sin embargo, hay diferencias:

  1. En la leyenda oriental, el joven príncipe desconoce la vejez, la enfermedad y la muerte, mientras que aquí ignora sólo la muerte, pues los otros dos símbolos no le hacen falta a Don Juan Manuel para conseguir despertar la curiosidad del joven príncipe y porque no encaja con la mentalidad del Infante la ignorancia del dolor.
  2. En la obra original, el filósofo y el ayo son la misma persona, hecho que va en contra de los usos medievales.

Fuentes[editar]

  • Gómez Redondo, Fernando, Historia de la prosa medieval castellana, vol. I, II y III, Madrid, Cátedra, 1998. ISBN 9788437616384, 9788437617305 y 9788437620022.
  • Rubio Tovar, Joaquín. La prosa medieval, Madrid, Playor, 1982. ISBN 84-359-0301-X.

Referencias[editar]

  1. " (...) Conpus este libro en manera de preguntas et respuestas que fazían entre sí un rey et un infante su fijo, et un cavallero que crio al infante et un philósofo. Et pus nonbre al rey, Morabán, et al infante, Johas, et al cavallero, Turín, et [al] philósofo, Julio."
  2. "(...) la salvación de las almas a de ser en ley e en estado."
  3. Juan Manuel Cacho Blecua y María Jesús Lacarra Ducay, Historia de la literatura española, I. Entre oralidad y escritura: la Edad Media, José Carlos Mainer (dir.), [s. l.], Crítica, 2012, págs. 418-419. ISBN 978-84-9892-367-4
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