Leyendas de la Ciudad de México

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Leyendas antiguas[editar]

La calle del puente del clérigo[editar]

Ilustración de Walter Appleton Clark (1906)

En 1649, vivió el sacerdote Don Juan, quien cuidaba a su sobrina Doña Margarita Jáuregui ya en edad núbil.

Don Duarte Zarraza, caballero portugués de buena presencia, conoció a Doña Margarita en una fiesta virreinal y la cortejó hasta hacerse novios. Don Juan investigó la vida de ese caballero y descubrió que tenía una vida disipada, también deudas y se separó de dos mujeres dejando bastardos. Así que le prohibió a su sobrina seguir el noviazgo, pero hizo caso omiso para tener un romance furtivo. Al caballero portugués también le prohibió lo mismo, ni acercarse a la casa ni al puente cercano. Como el sacerdote siempre se opuso al romance, Don Duarte tuvo deseos de matarlo.

Un día Don Duarte fue a casa de su amada para convencerla de escapar, donde se casarían, pero repentinamente vio a Don Juan caminando por el puente. Don Duarte, ya iracundo, llegó al puente, discutió y le clavó su puñal al sacerdote en la cabeza, aquel cayó muerto y lo tiró al agua. Don Duarte se ocultó, porque muchos sabían de la oposición del sacerdote, y después se refugió por casi un año.

Pasado ese tiempo, regresó por Doña Margarita y una noche caminó por aquel puente hacia su casa... no se sabe que le sucedió, pero a la mañana siguiente amaneció muerto, con mueca de terror y estrangulado por un esqueleto sucio, vestido con sotana hecha jirones, que tenía clavado en el cráneo el mismo puñal que él le había clavado al opositor de su amor.

Tiempo después, debido a esa leyenda, al puente y a la calle que después se formó se le llamó La Calle del Puente del Clérigo, y después se renombró a 7a. y 8a. de Allende.

La piedra encantada[editar]

Ubicación: Actualmente Delegación de Tlalpan


Al sur de la Ciudad de México, en la población llamada Fuentes Brotantes, se encuentra un arroyo que lo atraviesa. Es un lugar en donde los pobladores nativos son fervorosos creyentes católicos. A mitad del poblado, junto al arroyo, se encuentra una piedra de dimensiones enormes, que más que piedra realmente es una roca, pero los pobladores le han llamado siempre la piedra. Cada dos años, en las siguientes fechas, el 24 y 31 de diciembre, la piedra desaparece y en su lugar aparece una tienda miscelánea y la gente que va de visita entra a comprar algo, al momento que entra, la tienda se cierra y nuevamente aparece la piedra encantada. Se dice, se rumora, que en el interior de dicha roca se encuentran cavernas que conducen a distintos destinos y han sido pocos los que han logrado salir de allí, eligiendo la caverna correcta. También se cuenta que allí es el refugio de la llorona, que sale por las noches a caminar por la orilla del arroyo y llega hasta el pequeño lago que se encuentra en el poblado y en el islote se sienta en las noches en espera de un enamorado; antes del amanecer se refugia en la piedra encantada.[1] y cuando llega la noche se sale de la piedra y se dice que ella lamenta la muerte de sus hijos, llegando al punto a matar a las personas del pueblo. Las personas dicen que si la llorona no llegara en el momento que la piedra se cierra en la madrugada, la llorona desaparecería. Pero ellos dicen que sería imposible, por que nadie quisiera verla ni acercarse a esa piedra antes de que ella llegara.

La Mulata de Córdoba[editar]

Cuando la Santa Inquisición y el Santo Oficio tocaron tierras mexicanas, en la villa de Córdoba existía una mujer mulata de reconocida belleza, quien se dedicaba a curar mediante hierbas, lo cual alertó a sus vecinos; sin embargo como seguía asistiendo a misa, los rumores contra ella se calmaron. Sin embargo el alcalde de Córdoba se enamoró de ella y al no ser correspondido la denunció al Santo Oficio, este la juzgó y encontró culpable de brujería, por lo que su sentencia fue la muerte, probablemente en la hoguera. Mientras esperaba a que se cumpliera su sentencia en la cárcel, pidió al vigilante de la celda un gis, el cual consiguió y se puso a dibujar un barco en la pared de la celda, una vez que terminó le pregunto al vigilante: - “¿Qué le hace falta al barco?”A lo que el vigilante respondió:- “navegar.” Ante esa respuesta la mujer sonrió y le dijo: -“Pues navegará.” Después brincó hacia la pared y para sorpresa del vigilante, el barco en la pared se movió hasta desaparecer junto con la mulata. Después de la desaparición de la mujer nadie creyó la historia del vigilante y lo creyeron demente por no poder comprobar lo que él había experimentado.


El Difunto Ahorcado[editar]

El domingo 7 de marzo de 1749, en la Ciudad de México, por el Palacio del Arzobispado; los habitantes vieron pasar a una mula, en la que iba montado un indígena y este sostenía a un caballero para que no se cayera. Tal caballero era el cadáver de un portugués y haciéndoles compañía iba a su lado el pregonero, a la usanza de la época, tocando la trompeta para hacer público el delito que dicho hombre había cometido. Los habitantes de México se enteraron que hoy día domingo, a las siete horas de la mañana, mientras oían misa los presos en la cárcel de la Corte, este hombre se hizo el enfermo, y se quedó en la enfermería; el cuál estaba en la cárcel porque había asesinado al alguacil del penal de Iztapalapa, y sin que nadie lo sospechara ni lo viera se ahorcó. Cuando terminó la misa, lo buscaron los carceleros encontrándolo sin vida; informaron éstos a los alcaldes de la Corte, los cuales hicieron las averiguaciones correspondientes para saber si había algún cómplice en este delito, se pidió licencia al Arzobispado para que se ejecutará la pena capital, a la que había sido condenado por el crimen que había cometido. Pero ese día se festejaba el Día del doctor Tomás de Aquino y no se permitían las ejecuciones; pero por los delitos cometidos, concedió la comunidad eclesiástica se realizara en la plaza Mayor, como escarmiento para todos aquellos que cometieran los mismos actos. Todo lo presenció el pueblo, pues bien sabían que la Inquisición ponía en manos de la autoridad civil al reo, pues quemaban la imagen si se se encontraba ausente, o en su caso, se desenterraban los huesos si ya estaba muerto. Después de pasear el cadáver por toda la ciudad, la comitiva y el portugués hicieron alto en la Plaza Mayor y el difunto fue ahorcado frente al Palacio Real. Todo el procedimiento se ajustó al ajusticiamiento de los vivos, a excepción de no llevarles el Cristo de Misericordia, que era costumbre para ejecutar a los sentenciados, pero siempre y cuando no fueran suicidas o impenitente como era el caso del portugués. Después de realizada la ejecución, comenzó a soplar un viento tan fuerte que las campanas de la iglesia se tocaban solas, las capas y los vestidos de las personas presentes, así como los sombreros volaban con fuerza. Era tal la superstición de la gente diciendo que ese aire tan fuerte era porque el portugués tenía pacto con Satanás y que ese caballero era el mismísimo diablo. La gente curiosa, se acercaba y le hacía cruces, los jóvenes lo apedrearon toda la tarde, hasta que los ministros dieron la orden de llevarse al ahorcado a San Lázaro, donde fue arrojado a las aguas sucias y pestilentes del lago[2]

Panteón Jardines del Recuerdo[editar]

Aunque este panteón se encuentra en las afueras de la Ciudad de México, (Tlalnepantla), y la siguiente leyenda se desarrolle en ese lugar,es un relato bastante increíble...

La noticia de la muerte del padre Anselmo Martinez se extendió rápidamente por toda la colonia donde vivía. Tenía 84 años de edad, de los cuales los 10 últimos los había pasado en México, pues quería morir aquí, de manera que pidió a su orden permiso para vivir los años de su jubilación en nuestro país. Fue quizás el sacerdote más querido; continuamente se le veía visitando enfermos y caminando por las calles de la colonia saludando a su rebaño, pues era un pastor de almas. Hasta el último día de su vida se preocupó por cumplir con sus obligaciones, repartiendo las despensas y dinero a los necesitados; en la noche entregó su alma al Creador. Fue un funeral memorable, asistió mucha gente, incluso aquellos que no formaban parte activa de la iglesia. La tristeza en el ambiente era generalizada y casi tangible. El cuerpo del padre Anselmo fue colocado cuidadosamente en el centro de la iglesia, al pie del altar, para que los feligreses rindieran un último homenaje a tan buen hombre. Toda la colonia se movilizó en autobuses, microbuses, taxis y autos particulares para acompañar al padre Anselmo a su última morada en el Panteón Jardines del Recuerdo. Nadie había visto un cortejo tan numeroso, incluso los sepultureros pensaron que el fallecido era un político, otros que un narcotraficante, pero no supieron su identidad hasta que días después, ya acomodada la tierra, se colocó la lápida que decía: "R. P. Anselmo Martinez, mantenemos sus restos entre nosotros, su alma ya con Dios está". Tiempo después los sepultureros empezaron a notar actividad extraña cerca de la tumba del padre Anselmo, pues pese a poner tanto empeño en cuidar el pasto de la tumba, este siempre aparecía maltratado por pasos. A menudo se observaban también dos círculos, los sepultureros pensaron que quizás la gente que visitaba la tumba era la responsable de estas marcas y por ello se quedaban cerca para revisar que no pisaran el pasto. No obstante, nunca vieron a algún visitante pisar la tumba ni maltratar el pasto y mucho menos el objeto con el que marcaban los misteriosos círculos. Una noche, Vicente Cortés uno de los jardineros encargados de la sección del padre Anselmo, decidió quedarse a cuidar, pues todos creían que las marcas eran de un bromista. Nada raro vio Vicente. Cuando casi eran las 2 de la mañana, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, algo helado había pasado a su lado, su piel se había erizado, sus pies inmóviles no respondieron a sus impulsos de correr. La sombra que había pasado junto a él se detuvo frente a la tumba del padre Anselmo, ante la mirada aterrorizada de Vicente, esta se arrodilló y se mantuvo así un gran rato. Vicente estaba parado en un rincón del muro donde terminaba el jardín en el que reposaban los restos del padre. Observaba en dirección a la tumba; su terror había pasado y se había convertido en curiosidad, pues ahora que sus ojos ya se habían acostumbrado a diferenciar la sombra de la oscuridad del panteón, pudo distinguir que parecía pertenecer a un hombre, pues era esbelta y alta. Después de lo que a Vicente le pareció una eternidad,la sombra se levanto y regreso; cuando paso junto a él, sintió ese frío que se colaba en sus huesos. Fue entonces que Vicente se pasó a retirar a su casa, en la parte superior del panteón. Al día siguiente, todo lo que había visto le pareció un sueño, o quizá el fruto de su imaginación. No quiso contar la historia por miedo. Al llegar al jardín para podar el pasto, se acerco a la tumba del padre Anselmo, ya no se sorprendió al encontrar los círculos y supuso que correspondían al lugar donde permanecían hincados. La noche siguiente Vicente salió de su casa, eran las 11, y así dieron las 12 en su reloj, a su lado volvió a pasar una sombra oscura, nuevamente sintió miedo, la sombra se arrodilló ante la tumba del padre Anselmo, el se armó de valor y se acercó a escuchar, pero al oír algunos murmullos,su miedo pudo más y se echó a correr. Se dice que la bondad y el espíritu de servicio característicos del padre Anselmo, son la causa por la que muchas almas vecinas que comparten el mismo lugar de descanso buscan la confesión con el sacerdote, y entre algunos sepultureros aseguran que el alma del padre Anselmo todavía sirve a su prójimo aún después de muerto.[3]

El Cocay[editar]

En un terremoto, del que pocos saben sus secretos, los dioses bajaban a la Tierra; los hombres aún no se distanciaban de ellos, por lo que acudían, si se les invitaba, en rituales. Había uno que tenía todos los recursos para sanar de cualquier mal a los que se lo pidieran, fuese por calor o viento, por caída o herida, por edad o sentimiento. Los animales del monte convivían con él cuando buscaba la hoja o la flor para un emplasto o para masticarla o tomarla hervida en agua. Sus huellas se unían bajo los árboles, y en las cuevas los murciélagos batían sus alas para refrescarlo en los días de canículas. El Venerable Ser traía en el pecho,colgada de un hilo, una piedra verde, con cuya luz realizada las curaciones más delicadas. Una ocasión que había llovido durante horas,resbaló en un charco, y al caer, el hilo se reventó al atorarse en una rama. Y la piedra se perdió. Él no se dio cuenta sino hasta mucho tiempo después, cuando llegó a su morada en los acantilados del espejo de agua subterráneo. Regresó al monte y trató de recordar dónde había resbalado. No pudo establecer el sitio con precisión y empezó a examinar con cuidado los lugares por donde había pasado. La piedra era un pequeño jade y no emitía destellos más que en sus manos. Levantó una a una las hojas húmedas; fue infructuoso. Los animales,viéndole en tal apuro, le ayudaron. La vegetación estaba alta y tupida y no fue fácil. Un venado creyó encontrarla y la tomó, entusiasmado; luego vio que en el lugar había más y llamó al dios. El Venerable Ser le agradeció profundamente la ayuda, pero se sorprendió de que la piedra no fuese verde, sino ¡roja! Y las demás también. No era común que los venados confundieran los colores, pero éste padecía un mal que el dios se aprestó a corregir. Sin embargo,para completar su trabajo era indispensable la piedra. Las liebres eran tan veloces que no buscaban con detenimiento; las alas de las aves se enredaban en los bejucales y varias plumas quedaron atoradas en los abrojos. El jaguar, soñoliento, se dio por vencido. Los monos se distraían y no lograban hallar nada. Las culebras también contribuyeron, pero asustaban a los roedores, que temiendo algún exabrupto de los reptiles, mejor se escondían. Y llegó la noche.

Bajo la penumbra[editar]

No había luna; el resplandor que emite la tierra estaba tan reducido a causa de la humedad, que solamente los insectos continuaron la búsqueda. Hubo uno que insistía apuradamente. Cansado, se detuvo sobre una hoja de caimito para pensar. Y de tanto pensar y pensar con una determinación tan firme para encontrar la piedra, sintió que de su ser emanaba una chispa. Y luego otra, y otra. Sus diminutos ojos brillaron. Se convenció de que ahora sí hallaría la piedra curativa. Buscó bajo las hojas, junto a las rocas, en los rincones más inimaginables; tenía suficiente luz para iluminar hasta la gruta más oscura. Y por fin encontró la piedra. El Venerable Ser tomó el trocito de jade entre sus manos, que resplandeció. Sólo él tenía ese maravilloso poder. Le preguntó al pequeño insecto qué deseaba como recompensa, pues por su hallazgo los que sufrían alguna enfermedad sanarían y hasta el venado podría ver bien los colores. -¡Oh, no pensé en eso al buscar la piedra! La más grande satisfacción para mí es que puedas seguir haciendo tus curaciones tan importantes- dijo el animalito. -Eres un ser pequeño de grandes sentimientos, y has conseguido brillar por ti mismo al crear tu propia luz. En adelante -prosiguió el dios -.no tendrás que esforzarte para hacerlo. Bastará con que lo desees. Iluminarás las noches más oscuras, y a todo el que te vea le recordarás con tu presencia que la luz, por pequeña que sea, es capaz de los logros más grandes. Ahora tu nombre será Cocay, el resplandeciente.[4]

Por qué el zopilote se volvió negro[editar]

El zopilote, como se le conoce actualmente, o ch'oom, en maya, no siempre fue negro y feo.En el tiempo en que el Mayab estaba en su esplendor, su plumaje era verde. Tenía un aspecto tan alegre, que recordaba el tono fresco de las grandes hojas de plátano y en la cabeza lucia un haz de plumas irisadas. De alas vigorosas, vuela tan alto que se ve diminuto y hasta parece que se esfuma. Dominando el aire se mantiene en las alturas sin mover las alas, o parecer ir de lado, usando una ala como timón. Traza parábolas y elipses en el cielo y al divisar se alimento, da vueltas cada vez más cercanas hasta descender. A causa de su tamaño come bastante, casi puede decirse que es insaciable, pero no es egoísta y le gusta compartir. Y por comer lo que no le correspondía es que los dioses lo castigaron. ===El motivo=== Sucedió que el halach-uinic de Uxmal preparó un gran festejo para Zamná y las deidades que gobiernan a los vientos del oriente, que ayudan a mantener la tierra dispuesta a dar sus frutos exquisitos para los hombres y los animales. Estaban invitados los señores y sacerdotes de las cuidades vecinas;era una fecha importante y la gente del pueblo, a su vez, tenía listas sus ofrendas. Había gran actividad en el palacio. Las mujeres cocinaron suculentos platillos y vertieron en grandes ollas de cerámica el embriagador balché. Dispusieron los alimentos y la bebida sobre esteras de palma en la terraza, bajo un techo de largas plumas para proteger todo de los rayos solares. Un ch'oom que observaba desde el cielo sintió hambre y un antojo que no quiso resistir. Al principio pensó en comer todo él solo; pero como era mucho, llamó a otros. Sabían que el banquete era en honor de las deidades; por eso dieron vueltas y vueltas en el cielo indecisos. La fuerza de la tentación fue muy grande, y finalmente resolvieron correr la aventura. Bajaron cuando no había nadie y se dieron prisa en devorarlo todo. Contentos porque nadie los había interrumpido, emprendían el vuelo cuando llego el halach-uinic. Al ver lo que había pasado, se enojo mucho. ===El castigo=== Los h-menes examinaron el caso y resolvieron dar un escarmiento a las golosas aves. Se encerraron en el templo para consultar a las deidades, y estás, ofendidas, dispusieron un castigo severo. Como las aves habían dejado algunas plumas, las expusieron al fuego sagrado y con las negras cenizas prepararon un líquido especial. Al otro día colocaron en la terraza del palacio otros platillos para atraerlas, y cuando se acercaron, les echaron el líquido diciendo palabras mágicas. Asustados los zopilotes volaron muy alto, más allá de las nubes; con el sol se les quemó el plumaje de la cabeza y quedaron calvos para siempre. El líquido que les salpicó ennegreció sus plumas y las volvió ásperas. Los dioses dispusieron también que a partir de entonces se alimentaran de carroña, para que no le robaran la comida a nadie. Por la naturaleza de su alimento , del que tomaron gusto por disposición de los dueños de los destinos, huelen a descompuesto. Naturalmente los árboles donde duermen no pueden soportar mucho tiempo su presencia;van perdiendo su corteza y finalmente mueren. Y si una persona por descuido se para bajo el árbol donde descansan y le cae inmundicia, perderá el cabello y le brotará tiña. Por eso es costumbre que cuando se les ve cerca se pone rápidamente distancia de por medio.[5]

                                    La isla de las muñecas 

Murió el señor Julián Santana Barrera, nativo del Barrio de la Asunción falleció a la edad de 80 años, fue un personaje muy pintoresco. En los años 50 me tocó conocerlo y convivir con él, pues en esa época el señor asistía a la pulquería Los Cuates ubicada en la Plazuela de La Asunción. Yo era el hijo del jicarero y el señor Julián comenzó a hablarme porque yo lo atendía, entre la gente del barrio era conocido con el mote de La Coquita (pajarito abado que existe en la zona chinampera), debido a que ese pájaro era muy pequeñito. Él pasaba con su carretilla llena de verduras y hortalizas que él cultivaba, las llevaba a vender al tianguis de Xochimilco y siempre iba con su calzón blanco amarrado hacia las rodillas y con un jorongo. Al término de sus ventas se iba a Los Cuates a tomar su pulque, pero a nadie de los presentes en la pulquería les hablaba, ya que era muy retraído, aunque después le dio por andar en los Barrios pregonando la palabra de Jesús y en cada esquina se ponía a rezar y a hablar de Dios. En esa época hablar de Dios sin ser sacerdote significaba blasfemar, ya que se aplicaba a toda persona que no tenía autoridad sacerdotal para lo mismo y era mal visto en Xochimilco, por lo que más de tres veces fue agredido por el pueblo. Después le dio por recoger en todos los barrios las muñecas que estaba tiradas en la basura, más tarde se perdió, pues nadie preguntaba por él, por lo que no se sabía si aún vivía. Pero cuando se realizó el rescate ecológico de Xochimilco en los años noventa y el lago estaba totalmente cubierto de Lirio Acuático, llamó la atención que su chinampa estaba rodeada de muñecas y en esa zona nadie vivía. Era una choza hecha de chinami, carrizo, ramas de ahuejote y zacatón, y él a nadie recibía, vivía como un ermitaño. Con el tiempo comenzaron a llegar periodistas que lo querían entrevistar y yo fui la persona afortunada a quien aceptó con los mismos, porque él se acordaba de mi persona cuando lo atendía en la pulquería Los Cuates. Él no quería hablar sobre las muñecas que tenía en su chinampa, pero después él aceptó darnos su versión sobre las mismas. Él decía que estaba allí para ahuyentar a los malos espíritus y para que se dieran mejor sus cosechas. Platicaba que las muñecas aparecían de repente y que ellas lo acompañaban por las noches. Tenía una muñeca preferida que era La Moneca, de todas las chozas que tenía, siempre la trasladaba de una a otra. Una de las chozas estaba llena de mulitas que él hacía con hojas de maíz y las tenía colgando, también tenía cruces que hacía con pedazos de madera de ahuejote, recortes y fotografías de personajes de la política, delegados de Xochimilco, artistas, estudiantes y gente que lo iba a visitar. Su cocina estaba al aire libre y tenía un tlecuil hecho con lodo, un comal de fierro, tenía en su cocina alrededor, colgados carpas secas que pescaba frente a su chinampa, también tenía recortes de periódicos que los periodistas le regalaban de los reportajes que le hacían Las personas que se encargaban de cuidarlo estaba su hermana y su sobrino El Chope, quien era el encargado de llevarle diariamente su comida y su desayuno, también era el que bajaba a Xochimilco a vender sus cultivos de su tío Don Julián. Platicando con su sobrino, se le preguntó que cómo había sido el accidente y comentó que para él y su tío era un día común y corriente: Temprano habían sacado agualodo (lodo del fondo de l canal para hacer el chapin (composta de lirio acuático en donde encima se coloca el lodo, se deja reposar tres días y con un cuchillo hacen cuadros y en cada uno se depositan la semilla)para hacer sus siembras). Después fue a realizar otras cosas a la parte de atrás y se puso a pescar con anzuelo como siempre lo hacía y le comentó a su sobrino y le comentó que un pez se le había escapado dos veces. Después le llamó Don Julián a su sobrino mostrándole el pescado que agarró, grande de por lo menos 4 ó 5 kilos y dijo: -" ya lo tengo, él que se me había escapado" El sobrino le contestó que estaba bien. Don Julián entonces, le comentó que la sirena le había estado llamando por que se lo quería llevar y entonces le dijo que le iba a cantar para que no se lo llevara, porque al parecer anteriormente ya le había comentado su tío que cantándole a la sirena no se lo llevaba y le dijo su sobrino que tuviera cuidado. -Yo voy a ordeñar las vacas y ahorita regreso. Entonces cuando el sobrino regresó con la leche , buscó a su tío, y descubrió que se había ahogado, lo que sucedió muy rápido. Sus familiares, están muy dolidos de haber perdido a Don Julián, pero dentro de su tristeza ellos están conformes pues su tío murió donde él quería, junto con sus muñecas y la sirena del que tanto hablaba se lo había llevado. El señor Julián era el clásico nativo de Xochimilco, delgado, lampiño, de barbita y bigote ralo, su cuerpo está siendo velado en la casa de su hermana en el Barrio de Xaltocan, en la calle prolongación 16 de septiembre con el número 136. Su misa de cuerpo presente será a las 11:00 horas en la iglesia de Barrio de La Asunción y será sepultado en el Panteón municipal de Xochimilco Xilotepec.

                                     La Nahual de Coyoacán 

Hace mucho tiempo existía una bella doncella, quien se había casado con el joven más guapo del pueblo. Todos decían que eran la pareja ideal. Cierta mañana su compadre le preguntó: “¿qué tal es tu mujer?” “Excelente además de bella una estupenda cocinera. Lo que no me acaba de agradar es que desde que nos casamos me prepara moronga.” Esto extraño al compadre, quien al día siguiente regreso y le dijo: “compadre no es por chismear, pero a mí me dijeron que eso es malo. Pregúntele a la comadrita el porqué.” Acto seguido se fue el hombre y cuestiono a mujer: “oye amor ¿porque siempre desayunamos moronga?” “es porque mi padre es dueño del rastro y lo que no se vende nos lo repartimos entre los hijos, a mi hermano mayor lo tocan las viseras, a mi hermana las patas, y a mí la sangre... por eso.” El hombre quedo complacido con dicha explicación. Sin embargo el compadre se presento asustado, comentándole que en el pueblo todos sabían que ella era una bruja y que por ello nadie le desposaba. “mejor espíela compadre... espíela... y vera de dónde saca la moronga.” Así lo hizo y tempranito en la mañana antes de que el sol saliera, vio cómo su mujer se levantó y camino hacia la cocina... A través del fogón vio la figura de su esposa. La cual ante sus ojos y sin percatarse de ser vista, se empezó a quitarse la piel y convertirse en una bola de fuego... El Joven quedo impactado sin habla, corrió a ver a su compadre y contarle lo que había visto... “Compadre.... compadre... salga rápido por favor.” Gritaba el joven, quien al ver a su compadre sin mediar palabra le tomó del brazo y se lo llevo a su casa. Ahí encontraron la piel de su esposa, el compadre al verla se quedó sin habla, más en un momento de lucidez le dijo: “quemémosla, así no podrá regresar y así ya no seguirá matando a más niños” Y así lo hicieron. Quemaron la piel de la joven, quien al regresar y no encontrar su piel gritaba enfurecida y al mismo tiempo asustada pues la mañana se acercaba y el sol empezaba a verse en el horizonte. El joven escondido y muy asustado vio cuando los primeros rayos del sol quemaron a su esposa. …y este fue el fin de la nahual de Coyoacán.



Bibliografía recomendada[editar]

  • Fernández del Castillo, Francisco (1987). Apuntes para la historia de San Ángel y sus alrededores. México: Porrúa.
  • Fernández del Castillo, Francisco (1991). Tacubaya. Historia, leyendas y personajes. México: Porrúa.
  • González Obregón, Luis (1988). Las calles de México. México: Porrúa, Col. Sepan Cuantos núm. 568.
  • González Obregón, Luis (1992). México viejo. México: Alianza Editorial.
  • Scheffler, Lilian (1999). Cuentos y leyendas de México. México: Panorama.
  • Trejo Silva, Marcia (2009). Fantasmario mexicano. México: Trillas. ISBN 978-607-17-0069-8
  • Trejo Silva, Marcia (2004). Guía de seres fantásticos del México prehispánico. México: Vila. ISBN 968-5414-24-6
  • Valle Arizpe, Artemio de (1978). Historia, tradiciones y leyendas de calles de México. México: Diana.
  • Varios autores (1963). Historia y leyendas de las calles de México. México: El libro español.
  • Varios autores (1963). Leyendas y sucedidos del México Colonial. México: El libro español.
  • Varios autores (2002). Leyendas Mexicanas . México : Editores mexicanos unidos.
  • Armando Ayala Anguiano. Serie: "México de Carne y Hueso" de la revista "Contenido".
  • Esteban Israel Bustos Santos (1998). México: Sabinas N.L. El libro en español.
  • Alejandra Erbiti (2004). Mitos y leyendas de México. Buenos Aires, Rep. Argentina: Círculo Latino Austral. [1]

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]

  1. Charlas con los pobladores de las Fuentes Brotan-tes de Tlalpan.
  2. varios autores, leyendas mexicanas, versión de Teresa Valenzuela, 1' edición, México, editores mexicanos unidos, 2000, 93 p.,Leyendas mexicanas coloniales. ISBN 968-15-1180-8
  3. Tovilla, Asmara; "las leyendas más tenebrosas e iglesias, panteones y conventos de México "; Ilustración de interiores: Monica Galvan, 1' edición; México, editores mexicanos unidos, 2014, 95 p., Leyendas mexicanas coloniales. ISBN (titulo) 978-607-14-1393-2, ISBN (serie) 978-607-14-1010-8.
  4. Fabulosas Leyendas MAYAS
  5. fabulosas leyendas mayas