La visión de San Antonio de Padua (Murillo)

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La visión de San Antonio de Padua
LavisióndeSanAntonio.JPG
Autor Bartolomé Esteban Murillo, 1656
Técnica Óleo sobre lienzo
Estilo Barroco
Tamaño 560 cm × 330 cm
Localización Catedral de, Sevilla, Flag of Spain.svg España
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La visión de San Antonio de Padua es una obra del pintor Bartolomé Esteban Murillo, realizada originalmente en 1656 para la capilla de san Antonio de la Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla, donde se encuentra actualmente.

Historia[editar]

Fue encargado por el cabildo catedralicio en octubre de 1656 para decorar el altar de la capilla de San Antonio, usada entonces para bautizos. Fue colocado en un retablo, obra de Bernardo Simón de Pineda. Murillo sigue la tradición de Herrera el Viejo, al crear un cuadro grande para una capilla pequeña.

Durante la ocupación francesa de Sevilla, en el marco de la invasión napoleónica a España, el tesoro de la catedral de Sevilla fue objeto de un expolio perpetrado por las tropas del mariscal francés Jean de Dieu Soult. Una de las obras confiscadas por el militar fue la Inmaculada de Soult y el Nacimiento de la Virgen, de Murillo. En principio, el francés pensaba obtener la Visión de San Antonio de Padua, pero el cabildo propuso intercambiarla por el Nacimiento de la Virgen y la obra permaneció en la capilla de San Antonio.[1]

En 1874 un ladrón recortó la figura del santo y la ofreció a un anticuario de Nueva York. Sin embargo, éste permitió que la embajada española comprara el recorte. Fue devuelto a la catedral y al año siguiente la pintura fue restaurada por Salvador Martínez Cubells.

Análisis[editar]

El santo se encuentra leyendo sobre la austera mesa de una gran estancia, cuando de pronto recibe la visita del Niño Jesús rodeado de ángeles —símbolos de pureza—. San Antonio interrumpe sus tareas y se arrodilla ante la visión. La luz que emana de la sagrada figura ilumina toda la escena.

La puerta al fondo de la estancia permite apreciar los detalles arquitectónicos, especialmente la columna. Murillo consigue con esto un estupendo efecto atmosférico, como en los mejores cuadros de Diego Velázquez. Varias figuras escorzadas acentúan la teatralidad barroca de la que estaban dotadas casi todas las obras de altar, como en los lienzos de Rubens, Herrera el Mozo y Van Dyck.

Un juego de luces, muy bien estructurado, unifica la composición y utiliza una amplia gama de colores para otorgar cohesión a la composición. Sin duda, Murillo consigue un estilo propio, más naturalista y con menos claroscuro —herencia de Francisco de Zurbarán y su generación—.

Notas[editar]

  1. Hispalis.net. «Capilla de San Antonio». [Consulta: 12.10.2010].

Referencias[editar]