La verbena de la Paloma

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La verbena de la Paloma
La verbena de la Paloma o El boticario y las chulapas y celos mal reprimidos
La Verbena de la Paloma cartel1894.jpg
Portada del libreto y cartel anunciador de la función del estreno de 'La verbena de la Paloma' en el Teatro Apolo, el 17 de febrero de 1894. Dibujo atribuible a Eduardo Urquiola.
Género Género chico (sainete)
Idioma Español
Música
Compositor Tomás Bretón
Puesta en escena
Lugar de estreno Teatro Apolo
Madrid
Fecha de estreno 17 de febrero de 1894
Personajes Véase personajes
Libretista Ricardo de la Vega
Duración 40 o 45 minutos de música
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La verbena de la Paloma —subtitulada El boticario y las chulapas y celos mal reprimidos[1] es un sainete lírico en prosa con libreto de Ricardo de la Vega y música de Tomás Bretón,[2] [a] que se estrenó el 17 de febrero de 1894 en el Teatro Apolo de Madrid.[2] Su título hace referencia a las fiestas madrileñas en torno al 15 de agosto, cuando se celebra la procesión de la Virgen de la Paloma.[3]

La verbena consta de un solo acto, que era lo común en el teatro por horas, dividido en tres cuadros, siendo una zarzuela prototipo del género chico, de corta duración. Cada cuadro tiene decorado y escenificación diferentes, siendo el primero de duración más breve y el segundo más extenso, para llegar a un tercero extenso también, con la particularidad de que mientras en los dos primeros hay una gran abundancia de números musicales, en el último cuadro no hay ninguno salvo el final de la obra. En la obra aparecen personajes tan entrañables y recordados como Don Hilarión, su amigo Don Sebastián, la tía Antonia, las chulapas, el sereno, los guardias, el boticario y el tabernero. Todos estos personajes son muy característicos del viejo Madrid del siglo XIX.

Teatro por horas[editar]

La España de la última década del siglo XIX, que vivía el momento histórico de la Restauración, vio emerger en el arte musical de la zarzuela a autores como Ruperto Chapí, Tomás Bretón, Emilio Arrieta, Francisco Asenjo Barbieri o Federico Chueca. Hasta el momento habían triunfado en los grandes teatros las zarzuelas de tres actos, un espectáculo de raíz popular del que sin embargo solo las clases acomodadas podían beneficiarse. Pero el desarrollo económico trajo consigo una primeriza clase media y el aumento de precios y costes afectó a las grandes representaciones, al mismo tiempo que abría las puertas de la escena a más público gracias a las nuevas y necesarias alternativas surgidas en pro de la supervivencia teatral; una de ellas fue producir sesiones de menor duración que hacían el espectáculo más barato y accesible. La iniciativa partió de un colectivo de actores empresarios muy populares en el Madrid de la segunda mitada del siglo XIX , Antonio Riquelme —a quien se atribuye la idea—, José Vallés y Juan José Luján.[4]

Los grandes beneficiados de este fenómeno —que se llamaría «teatro por horas»— fueron los sainetes y zarzuelas cortas (o zarzuelitas), de menos de una hora, más funcionales que la oferta habitual hasta entonces, con espectáculos que obligaban al espectador a aguantar cuatro horas seguidas sentado en el teatro.[5] Muy pronto estas zarzuelitas entraron a formar el grueso de lo que se conocería como «género chico»,[6] representaciones que en general abordaban temas, marcos y personajes populares y castizos, casi siempre de tipos madrileños. El éxito de aquel 'teatro por horas', junto al de las varietés pusieron a la zarzuela grande, con sus tres o más actos y su costosa producción, en una situación delicada que solo el genio del citado maestro Barbieri conseguiría salvar con la creación de El barberillo de Lavapiés, una pieza que se hizo tan popular que cada año figuraba en los repertorios.

El escritor, crítico teatral y dramaturgo Pérez Galdós fue uno de los pocos intelectuales que apoyó el teatro por horas —enfrentándose a la mayoría de la crítica seria de la época—; así lo deja expresado en Nuestro teatro:[7]

No debo pasar en silencio, tratando de teatros matritenses, un sistema de espectáculos que sin género de duda es peculiar de Madrid, como si dijéramos su especialidad, sistema desconocido en otras capitales, pero que por fin ha de cundir y propagarse porque es muy bueno y responde a fines sociales y económicos. Me refiero a las funciones por horas o por piezas que tanto éxito tienen aquí, atrayendo y regocijando a la gran mayoría del público. Los inventores de esta división del espectáculo público, abaratándolo a las modestas fortunas y haciéndolo breve y ameno, conocían bien las necesidades modernas. Es poner el arte al alcance de todos los peculios, sirviéndolo por amor y en dosis que no hastían ni empalagan.

Pérez Galdós
Teatro Apolo en la calle de Alcalá, donde se estrenó La verbena de la Paloma

Aunque las primeras salas teatrales en acoger el teatro por horas fueron el Variedades y el Lope de Rueda,[6] que ofrecían una selección de dos a cuatro obras diarias, el éxito del «teatro por horas» tentó a los empresarios y productores teatrales de las mejores salas de Madrid, como ocurriría con el teatro Apolo, que fue uno de los primeros en aplicar la estrategia de dejar para la última función la obra más importante, y de ahí viene el dicho «la cuarta del Apolo», —la cuarta función— para referirse a la zarzuela o sainete de mayor interés en ese momento. [8] La verbena de la Paloma, que se había estrenado en la segunda sesión, cosechó tal éxito en su estreno que, al día siguiente, fue trasladada a «la cuarta del Apolo».

Historia[editar]

Ambientación y casticismo[editar]

Los intérpretes de La verbena de la Paloma Pilar Vidal, Manolo Rodríguez, Irene Alba y Luisa Campos en señá Rita, don Hilarión, Casta y Susana, en el estreno de 1894

Cuando la obra representaba el ambiente de los años en que se había escrito, los personajes vestían a la moda de esos años. El chulapo castizo madrileño de los barrios populares de finales del siglo XIX vestía chaquetilla corta y bombín para las grandes ocasiones y una gorrilla para los días corrientes.[9]

El libreto. Personajes y temas[editar]

El libreto escrito por Ricardo de la Vega está ambientado en el Madrid de finales del siglo XIX, en el Madrid de la Restauración y en él (como en otros libretos) se idealiza el statu quo de la sociedad de la época.

Después del éxito de La Gran Vía (1886), Madrid pasó definitivamente a ser protagonista del género chico. No sólo fueron protagonistas los personajes sino la propia ciudad, sus calles, plazas, urbanismo en general, su ambiente, costumbres, vida cotidiana del pueblo, de los señoritos, de la aristocracia y de los militares; y hasta la climatología tomó protagonismo como puede comprobarse en El año pasado por agua que el mismo Ricardo de la Vega había escrito unos años antes o el gran calor de la noche víspera de la Paloma.[10] Los dichos, las sentencias, las situaciones, todo lleva a demostrar una realidad decimonónica en que se tenía muy en cuenta los valores morales y virtudes como el trabajo, la honradez, la familia, el matrimonio, etc.[11]

El tema de fondo es muy sencillo y no tiene mayor envergadura: amores y celos entre una pareja chulesca de novios, Julián y Susana, ambos hijos del pueblo de Madrid. Los demás personajes van dando vida al ambiente que se respira en una noche de verano víspera de la Fiesta de la Paloma, en un barrio popular con tipos y costumbres que el público va reconociendo como suyas y que será en definitiva el éxito de la función.

Ricardo de la Vega escribió el libreto a partir de un hecho real que tuvo ocasión de escuchar de labios del propio protagonista. El asunto le pareció interesante y no tuvo más que rodearlo de un ambiente que le fuera propicio y unos personajes que no desentonaran. Ricardo de la Vega era colaborador en una revista llamada La Gran Vía. Tenía una letra mala e ininteligible de manera que muchas veces tenían que enviar al cajista para que le ayudara a descifrar ciertas palabras del escrito de turno por lo que el joven empleado y el escritor ya se conocían de antiguo y habían entablado una cierta amistad. En una de estas ocasiones, un 14 de agosto, el escritor notó que el cajista estaba mohíno y con aire preocupado así es que le preguntó qué le pasaba. Y el cajista se sinceró con él: «He reñido con mi novia; la he visto junto con su hermana paseando en coche de caballos y dejándose alagar por un viejo verde. Mañana si nos encontramos en la verbena de la Paloma prometo armar un escándalo». De este modo la confidencia del joven cajista quedó gravada en la mente del escritor y dio forma a la zarzuela. [12]

Cuadro primero[editar]

El decorado presenta una calle a la que da una casa grande, de tres pisos y moderna para la época. En el centro de la vivienda está el portal de entrada y en los bajos a ras de calle se ven de izquierda a derecha una botica, una buñolería de lujo y una taberna y almacén de vino. La acción sucede en Madrid (1894) en la noche del 14 de agosto, víspera de la festividad de la Virgen de la Paloma. Hace mucho calor y algunas personas salen a la acera de la calle a tomar el fresco: don Hilarión el boticario junto con su amigo don Sebastián que ha ido a visitarle, se encuentran charlando delante de la botica;

Tute de reyes

en otro espacio también están sentados los porteros de la finca con un niño de meses en los brazos de la madre; en la buñolería se aprecia un gran bullicio; delante de la taberna hay una mesa y tres sillas en las que se sientan el tabernero y dos mozos que juegan al tute. Un poco retirado está Julián, el joven cajista de imprenta, mohíno y cabizbajo y a su lado la señá Rita, mujer del tabernero y madrina de Julián. Todos estos personajes saldrán a escena también en el cuadro segundo, con excepción de la pareja de porteros. El espectador puede ir conociéndolos a través de sus diálogos y monólogos unas veces cantados y otras en forma parlante, es decir recitados con acompañamiento de música.[13]

Escenas de la primera representación de 'La verbena de la Paloma', el 17 de febrero de 1894, en el teatro Apolo de Madrid.

Don Hilarión es el primero en actuar iniciando un diálogo con su amigo don Sebastián en que se dan mutuamente noticias y consejos prácticos sobre el consumo de ciertos productos. Comienza así, sin más preámbulo ni explicación:

El aceite de ricino
Ya no es malo de tomar
Se administra en pildoritas
y el efecto es siempre igual, igual, igual
[nota 1]

A lo que don Sebastián responde con la célebre sentencia que se hizo famosa en su día y que ha seguido en vigor a lo largo del siglo XX:


Hoy las ciencias adelantan
Que es una barbaridad


Don Hilarión insiste en los medicamentos caseros y las últimas noticias:


La limonada purgante
No la pide nadie ya


La limonada purgante fue otro producto que se puso de moda por aquellos tiempos y que se vendía en boticas.[14] Y como don Sebastián le replica que «es lo mismo que un refresco de cebada o de limón», él cierra la frase con otro dicho muy extendido «pues por eso justamente ya no es ni chicha ni limoná»[15] Y continúan los dos con su diálogo científico:


Pero el agua de Loeches
Es un bálsamo eficaz

Hoy la ciencia lo registra
Como muy perjudicial

¿El agua de Loeches?
Muy mala, muy mala

Hoy las ciencias adelantan
Que es una barbaridad
Que es una bestialidad
Que es una brutalidad


El agua de Loeches fue famosa en Madrid por sus cualidades digestivas así como los baños de su balneario. Nuevamente hacen gala los dos amigos de estar al tanto de los caprichos y gustos de la sociedad del momento.[16] Tras estas noticias y críticas arremeten los dos contra el calor, protagonista en esta noche madrileña de agosto, insoportable, que obliga a los vecinos a salir de sus casas y hacer tertulia en la calle:

El calor que hace esta noche
Sí que es una atrocidad
Y yo tengo a todas horas
La cabeza tan sudá

Eso es bueno y conveniente
Mi señor don Sebastián
He leído que el que suda
Vence toda enfermedad


Hay más réplicas del uno y el otro y el diálogo termina con el estribillo «Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad». Todo este tiempo el escenario ha estado movido, lo que se llama en el argót teatral hacer escena. Cada personaje ha hecho su papel y como los jugadores de tute también estaban a lo suyo, el autor deja que se les oiga con una serie de frases del ritual del juego que el público conoce bien:

¡Las cuarenta!

Si te fallo el as
Ni acusas cuarenta
Ni veinte ni na...

A vosotros antes
Os tocó ganar

Otro juego
Eres tú el que da


Y siguen haciendo escena con el juego de cartas mientras la tabernera va y viene sirviendo copas. En este momento irrumpe Julián el personaje central, con su canción melódica, de lamento, llena de amargura y quejas contra su novia, la Susana, que según cuenta a la señá Rita le da achares con un viejo verde, al que no ha visto la cara pero a quien piensa descubrir y armar en consecuencia un escándalo. El personaje de la señá Rita es templado, con un habla lleno de sentencias y de prudencia que contrasta con el nervio del mozo. Se repite la respuesta «Julián, que tiés madre» cuando quiere calmar los arrebatos, latiguillo que gustó mucho al público y que se repitió por todo Madrid aplicándolo adecuadamente o sin ton ni son:


También la gente del pueblo
Tiene su corazoncito
Y lágrimas en los ojos
Y celos mal reprimidos

¡Y por una morena chulapa
Me veo perdío
Y a la cara me sale el coraje
Que tengo escondío!

Berlina para pasear por el Prado

Los jugadores de cartas se pelean otra vez: «Yo fallé con la sota de bastos, el juego era mío. Yo fallé con la sota de espadas el juego era mío. Yo fallé con la sota de copas el juego era mío.» La portera entra en la casa con su niño ya dormido, insistiendo otra vez sobre el calor, «Hace un calor arriba que sale fuego de la pared». A continuación se oye el bullicio y la alegría de chulapas y chulapos que van de paso a la verbena y que se detienen para cantar el número cumbre de este primer cuadro, «Por ser la Virgen de la Paloma» en ritmo ternario de seguidillas:


Por ser la Virgen de la Paloma,
Un mantón de la China-na, China-na
Me vas a regalar.
Venga el regalo, si no es de broma,
Y llévame en berlina-na, li-naná

Al Prado a pasear.


Podría haber sido la apoteosis final del cuadro pero después de la marcha bulliciosa la escena queda más calmada y los personajes van preparando para el público el cuadro segundo, contando lo que piensan hacer dentro de un rato cuando ellos también vayan a la verbena. Estos son monólogos y diálogos hablados totalmente, sin apoyo ninguno de la orquesta. Don Hilarión miente a don Sebastián al decirle que se pasará la noche acompañando a un enfermo cuando la realidad es que irá a buscar a la Casta y la Susana para llevarlas a la verbena. Don Sebastián se irá a su casa, a sentarse al fresco y ver el baile «uno de los setenta y dos que hay en el distrito». La señá Rita y Julián también se van y todos se despiden con un «abur» que era lo que se estilaba en aquella época.[17] [18]

Antes de que el tabernero y los mozos abandonen la escena tiene lugar el célebre monólogo de don Hilarión (o coplas de don Hilarión) expresado a modo recitativo con una partitura en tiempo de chotis:


Una morena y una rubia, hijas del pueblo de Madrid
Me dan el opio con tal gracia, que no las puedo resistir
Y es que las dos, ja ja ja já. Y es que las dos, ja ja ja já
Se deshacen por verme contento, esperando que llegue el momento
En que yo decida, ja ja ja já, cuál de las dos me gusta más,
Cuál - de - las - dos - me - gusta - más.


«Una morena y una rubia, hijas del pueblo de Madrid» se convirtió en muletilla de muchas conversaciones. El escenario se queda vacío. El libreto indica mutación y comienza el acto segundo.[nota 2]

Cuadro segundo[editar]

La acción trascurre también al aire libre en una calle del barrio de la Latina. El decorado consta de dos casas, una más pobre y antigua, con piso bajo y principal, a la izquierda del espectador. El piso bajo es la vivienda de tres mujeres, Casta, Susana (la novia de Julián) y su tía Antonia. Las ventanas que dan a la calle están protegidas por rejas y el portal es largo y estrecho. La casa de la derecha es de más categoría y tiene tres pisos. En la planta baja hay un café con un rótulo que dice «Café de Melilla». En la escena hay más personajes: dos guardias municipales, un sereno, un vecino y una vecina. Del café salen los sones de un piano cuya música acompaña a una cantaora flamenca que interpreta una soleá:


¡Ay! En Chiclana me crié;

Que me busquen en Chiclana
Si me llegara a perder.

Que me dijo mi madre
Que no me fiara
Ni de tus ojos, que miran traidores,

Ni de tus palabras.


Los dos guardias municipales en el estreno de la obra

Todos demuestran su admiración por la cantaora, los de dentro del café, los guardias municipales que comentan, «No me choca nada que se la disputen ¿Qué te paece, Pedro? Que canta de buten.»[nota 3] Y la tía Antonia que con voz aguardentosa y tono chulesco y desenfadado expresa sus sentimientos sin dar lugar a réplica. Es el personaje que en teatro se llama «característica». En esta obra llegó a acaparar la atención y simpatía del público que veía reflejado en él a tantas mujeres viejas conocidas o parientas. El primer aporte de la tía Antonia es un parlante acompañado de la orquesta que dice:

¡Olé, olé, olé,

Que te aplaudo yo!,
¡Porque sí señó!,
¡Porque me gustó!
¡Y no habrá ninguno
Que diga que no!
¡Bendita sea la madre
Que te parió!
¡Y lo digo yo!,
¡Y san se acabó!,
¡Porque sí señó!,
¡Porque sí señó!,

¡Porque sí señó!

La escena del nocturno después de la jarana con la cantaora se hizo también muy famosa. Los dos guardias municipales conversan con el gallego sereno que no se da ninguna prisa en acudir a una llamada insistente que se escucha a lo lejos y cuando finalmente lo hace va diciendo «uf, qué trabajo». Los tres hablan —sin decir realmente nada— del gobierno, del ayuntamiento de la cuestión social, de cómo está política y de los recortes económicos que han llegado a suprimir dos de los tres faroles que alumbraban la calle. Todo acompañado por la orquesta con una melodía monótona y casi triste. La escena se anima con la entrada del alegre don Hilarión:

¡Oh, qué noche me espera

Con mis lindas chulapas
Estoy lo mismo que en mi edad primera:
Todas las hembras me parecen guapas.
Allí están aguardándome en la reja.

¡Por vida de! ... ¡también está la vieja!


Se toman unas copitas de licor, bailan en la calle al compás de una mazurca cuya música sale del interior del café y entre diálogos y bailes aparecen en el lugar Julián y la señá Rita. Julián dispuesto a encararse con el desconocido acompañante de la Susana y después unas pequeñas escenas de unos y de otros tiene lugar el dúo de la famosa habanera concertante cantada por los novios:

¿Dónde vas con mantón de Manila?

¿Dónde vas con vestido chiné?
A lucirme y a ver la verbena,
Y a meterme en la cama después.

¿Y si a mí no me diera la gana
De que fueras del brazo con él?
Pues me iría con él de verbena

Y a los toros de Carabanchel.
Escena de Julián y Susana en Dónde vas con mantón de Manila

De nuevo se aprecia vocabulario de la época: «vestido chiné», vestidos de alegres colores, cuando lo más corriente era el negro o el blanco.[nota 4] Y costumbres: «a los toros de Carabanchel», refiriéndose a la antigua plaza en el extrarradio de Carabanchel Bajo.[19]

Después golpes, riña, tumulto, salvaguardia de don Hilarión que se ve vapuleado, gente que acude a la trifulca, los municipales; incluso el sereno se cree una autoridad: «Pues si yo toco el pito se acaba la cuestión»; pero interviene el tabernero: «Ustedes por allí (a don Hilarión y a ellas.) Vosotros por allá. Ni usted aquí toca el pito (al Sereno) ni usté aquí toca na.» Los personajes se dispersan y dan paso al Cuadro Tercero cuya mutación se realiza con gran rapidez. [20]

Cuadro tercero[editar]

El libreto explica muy bien cómo debe presentarse este cuadro del desenlace:

Una calle. En el centro, y de arriba abajo, el salón de baile que ahora se pone en las verbenas, adornado con arañas, faroles, guirnaldas, escudos, banderas y demás. En el foro está el piano de manubrio, que toca varias piezas. Las dos aceras de la calle quedan libres para la circulación. Casas de varios aspectos a un lado y al otro. En la primera de la izquierda del espectador hay un comercio de sedas con el rótulo correspondiente. En el salón de baile hay bancos de madera todo alrededor, llenos de gente que presencia el baile. Parejas de distintas clases aparecen bailando al compás del piano de manubrio. Las aceras están llenas de gente que mira el baile. En las barandillas de madera que forman el salón se ven algunos Guardias de orden público. A la puerta del comercio de sedas aparecen sentados en sillas Don Sebastián, Doña Severiana (su mujer) y Doña Mariquita, amiga de ambos. Teresa (sobrina de aquellos) y Candelaria (hija de doña Mariquita) bailando con dos jóvenes horteras. Mucha animación, don Sebastián aplaude y Jalea a las parejas que van pasando muy agarradas, como ahora se estila

Ricardo de la Vega

Es uno de los setenta y dos bailes que había en el distrito de los que ya don Sebastián había hecho mención. Aquí tendrá lugar el desenlace y el final de la historia, un desenlace lleno de humor, de situaciones cómicas protagonizadas por don Hilarión que huye de las tortas del chulapo Julián y de la tía Antonia, malencarada, contestona que no se contiene ni ante la autoridad. Finalmente la llevan a la prevención (comisaría), persecuciones y más peleas. Don Sebastián sale fiador del mozo impulsivo, Susana reconoce su amor por él y el inspector que atiende el tumulto lo resuelve con acierto cerrando la escena con una frase dirigida al público: «Señores, háganme ustedes el favor de no armar otro escándalo en la verbena de la Paloma». El coro pone el punto final con la estrofa conocida:

Por ser la Virgen
de la Paloma,
un mantón de la China-na
te voy a regalar

Cae el telón.[21]

La música de Tomás Bretón[editar]

Relieve representando a Tomás Bretón

Tomás Bretón demostró a lo largo de su vida un especial gusto e interés por el mundo musical de la ópera y luchó sin conseguirlo por crear una ópera nacional. Sus conocimientos operísticos y su gran afición se traslucen en esta zarzuela de género chico. La música acapara casi todo el libreto y son pocos los monólogos o diálogos hablados que no estén acompañados por una melodía de la orquesta. Por esta razón los dos primeros cuadros pueden parecerse a una ópera cómica. Algunos críticos del momento como Pedro Bofill (periodista y crítico de teatro)[22] comentaba en el periódico La Época lo que a él le parecía «un exceso de música para un sainete»:

Sus números de música son notables sin duda alguna y el afán con que el público se los hacía repetir demostraba quizá que eran muy de su agrado... Pero hay que decirle al señor Bretón de vez en cuando —¡Que tiés sainete! Como Ricardo de la Vega hace decir a la señá Rita...

Pedro Bofill

Toda la partitura orquestal de los números cantados tiene una buena elaboración polifónica a lo que hay que añadir otros números de tradición de la ópera bufa (como las coplas de don Hilarión). Se añade además la música nacionalista muy en boga, —como las seguidillas del primer y tercer cuadro—, los bailes de salón, de moda en aquellos años, —como la mazurca que toca organillo— y el flamenco de la soleá de la cantaora en el segundo cuadro. [23] La composición siguió las reglas establecidas para la zarzuela en general: Ofrecer al cantante poca dificultad en las ornamentaciones, en los agudos y en el fiato. El protagonista de las óperas tiene por lo general la tesitura de tenor mientras que en las zarzuelas se pide un barítono; así mismo los bufos son tenores en lugar de bajos, es más, en general no se les exige que tengan voz. Dio voz de soprano a la protagonista, a la cantante del café y de mezzosoprano a la señá Rita. En esta zarzuela los coros son reducidos y se limitan a las seguidillas que se repiten en la escena final. De la orquestación se dijo que estaba compuesta con tratamiento de influencia italiana, sentido del ritmo y gran elegancia melódica.[21]

Primera página de la partitura para piano del Preludio

La obra comienza con un Preludio que se inicia con el tema musical del dúo habanera «¿Dónde vas con mantón de Manila?» pero en tempo de presto. Tras unos compases la orquesta se detiene por dos veces como indicando una interrogación. A continuación se escuchan los demás temas que se desarrollarán después hasta que aparece de nuevo «¿Dónde vas con mantón de Manila?» esta vez en tempo lento e interpretado por la flauta en un solo que los críticos definieron como uno de los aportes más bellos de Bretón al género chico. [24] [25]

Una vez terminado el preludio viene un tema musical muy vivo que dará soporte al diálogo de don Hilarión y don Sebastián en forma parlante que no requiere de voces especialmente operísticas sino de actores cómicos que tengan algo de voz y sentido musical. [26] [25]

Entran en acción Julián y la señá Rita y entre medias unas palabras de los jugadores de tute, todo acompañado siempre por la orquesta; también irrumpe la melodía de los dos cantantes además del diálogo de don Hilarión y don Sebastián. La canción de Julián se acompaña de las notas plañideras del oboe que con la orquesta forman una rica composición. El tema musical de la canción o aria resulta de una gran belleza cuando lo retoma la señá Rita. El final de la escena es un breve concertante de los cuatro personajes (don Hilarión y don Sebastián, Julián y la señá Rita) de influencia netamente operística. Pero el cuadro no termina ahí porque entran en la escena los bulliciosos jóvenes que se dirigen a la verbena y que se las prometen felices con churros y limoná y los consabidos bailes; es entonces cuando tiene lugar el número de las alegres seguidillas «Por ser la Virgen de la Paloma». Los chulapones abandonan el escenario con alegría y bullicio.[24] El último número musical de este primer cuadro es el que interpreta don Hilarión, las llamadas coplas de don Hilarión, «Una morena y una rubia» con ritmo de chotis y una ingeniosa instrumentación.

Durante la mutación al cuadro segundo la orquesta sigue interpretando música con un pequeño preludio que da paso a las soleares de la gitana. La canción está acompañada por un piano que se supone que está dentro del café de Melilla. Los otros personajes se entremezclan con la canción de la gitana hasta que el coro y la orquesta ponen final al número musical. Le sigue un nocturno que sirve de fondo a la conversación entre los dos guardias municipales y el sereno. La orquesta sale de su letargo y se anima con la presencia de don Hilarión hasta la llegada de los sones de la mazurca que comienzan con un organillo al que se une la orquesta que da vida a este baile de salón tan a la moda por aquellos tiempos. [24] Bajo los sones del organillo que sigue interpretando la mazurca, aparecen el tabernero y los mozos que tienen su diálogo. Unos compases de introducción dan paso al dúo de Julián y la señá Rita, «Si el cariño a la Susana se le ha acabao ya» con el acompañamiento de una orquestación superior a lo normal en otras zarzuelas. La orquesta junto con las frases de Julián, señá Rita, las dos chulapas y su tía forman un quinteto concertante alegre y animado.

El número cumbre de la escena es el enfrentamiento de los protagonistas en tiempo de habanera, «Dónde vas con mantón de Manila». Primero cantan ellos dos pero poco a poco se van uniendo los otros personajes y el coro hasta formar un complejo concertante hasta que toma protagonismo la orquesta que lo resuelve todo concluyendo la escena.

El último cuadro se caracteriza por ser el menos musical. No tiene números nuevos especiales sino mucho diálogo y acción acompañado todo unas veces con el tema de las seguidillas y otras con el de la mazurca interpretada siempre por el organillo. Transcurre la acción en una calle del barrio de La Latina donde se ha organizado uno de tantos bailes verbeneros. Don Sebastián tiene allí su casa y lo contempla sentado al fresco con su esposa. Llegan todos los personajes anteriores y tras una descomunal bronca y después de las palabras dichas por la autoridad, «Señores, háganme ustedes el favor de no armar otro escándalo en la verbena de la Paloma», la orquesta y el coro cierran la obra con las seguidillas Por ser la Virgen de la Paloma resumidas en unos pocos compases.[21]

«Dramatis personae»[editar]

[25]

Personaje Tesitura Reparto el día del estreno
Julián, cajista de imprenta y enamorado de Susana tenor o barítono Emilio Mesejo
Don Hilarión, boticario y viejo verde, conquistador de Casta y Susana actor cantante; puede ser tenor cómico o bajo Manolo Rodríguez
Don Sebastián, amigo de don Hilarión actor cantante Melchor Ramiro
Susana, novia de Julián soprano Luisa Campos
Casta, hermana de Susana soprano Irene Alba
Señá Rita, mujer del tabernero, madrina y protectora de Julián mezzosoprano o contralto Leocadia Alba
Tía Antonia, tía de Casta y Susana y alcahueta contralto Pilar Vidal
Tabernero, marido de la Señá Rita y hombre tranquilo barítono José Mesejo
Guardia 1.º, policía que hace la ronda bajo o barítono
Guardia 2.º, policía que acompaña en la ronda barítono
Sereno barítono
La cantadora, cantante flamenca del café mezzosoprano Ángela LLanos

Números musicales[editar]

  • Acto único
  • Preludio
  • Cuadro primero
  • Parlante y escena: «Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad»
  • Canción de Julián y concertante: «También la gente del pueblo tiene su corazoncito»
    • Coro y seguidillas: «Por ser la Virgen de la Paloma»
    • Coplas de Don Hilarión: «Tiene razón Don Sebastián»
  • Cuadro segundo
    • Introducción, escena y soleá: «En Chiclana me crié...»
  • Nocturno: «¡Buena está la política!»
  • Escena de Don Hilarion y las chulapas: «¡Oh, qué noche me espera!»
  • Mazurca (orquesta)
  • Dúo y escena: «Ya estás frente a la casa»
  • Quinteto: «Linda Susana, Casta hechicera»
  • Habanera concertante: «¿Dónde vas con mantón de Manila?»
  • Cuadro tercero
  • Seguidillas y final: «Por ser la Virgen de la Paloma»

Discografía[editar]

En una aproximación a la discografía elemental (o fundamental) de esta zarzuela, se anotan seis grabaciones en disco vinilo (excluyendo las anteriores a los años 50), y de entre ellas se pueden destacar:

Ataúlfo Argenta la grabó en dos ocasiones: en 1953 y en 1958, coincidiendo con el inicio y el final (por fallecimiento) de su colaboración con el sello Alhambra. Tradicionalmente se ha considerado superior el primer registro en base a una mayor espontaneidad de la batuta, pese a su peor sonido. En el segundo registro la toma de sonido es superior, y en las remasterizaciones sucesivas se ha conseguido un sonido que no achaca su fecha de grabación. El reparto es el habitual de las grabaciones de zarzuela de Argenta, combinando cantantes de buenos medios como Manuel Ausensi (Julián), Inés Rivadeneira (Señá Rita) o Ana María Iriarte (Susana) con los de carácter como Miguel Ligero (Don Hilarión) o Joaquín Portillo (Don Sebastián. Como curiosidad, en la grabación de 1953, la voz que llama al sereno ("¡Francisco!") en el Nocturno del segundo cuadro es del propio Ataúlfo Argenta.

En 1987 fue grabada por Enrique García Asensio, destacando el Julián de Alfredo Kraus y a las veteranas Ángeles Chamorro (Susana) e Inés Rivadeneira (Señá Rita).

En 1994, dentro de la miniserie de zarzuela que Antonio Ros Marbá dirigió para el sello Auvidis Valois, con financiación de Caja Madrid, grabó este título con Plácido Domingo (Julián), María Bayo (Susana), Raquel Pierotti (Señá Rita), Silvia Tro (Casta), Rafael Castejón (Don Hilarión) y Enrique Baquerizo (Sereno). La versión acentúa el aspecto sinfónico de la partitura, con la Orquesta Sinfónica de Madrid y Coro de la Comunidad de Madrid.

En 2008, en el Teatro de la Zarzuela y bajo la batuta de Miguel Roa y la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid se grabó en directo en DVD una moderna producción que ha sido exportada a otros países y cuyo título en inglés es "The party of the Paloma". El elenco está encabezado por Amparo Navarro (Susana), José Antonio López (Julián) y Marina Pardo (Señá Rita).

Adaptaciones cinematográficas[editar]

Se han realizado tres versiones cinematográficas de La verbena de la Paloma. La primera de ellas, estrenada en el Circo Price de Madrid en diciembre de 1921, fue una película muda de la productora Atlántida SACE, dirigida por José Buchs, que resultó un gran éxito para los estándares de la época.[27] La película contó con el apoyo del mismo Tomás Bretón, quien adaptó la música para que una orquesta en vivo acompañara la proyección. En relación con el éxito de la cinta, la revista El Cine opinaba:

Si Ricardo de la Vega resucitase no se arrepentiría de ello, pues podría contemplar el éxito alcanzado por la adaptación cinemática de La verbena de la Paloma

El Cine[28]

La segunda adaptación, de la casa productora Cifesa, se realizó en blanco y negro bajo la dirección de Benito Perojo. Se estrenó en 1935 y contó con las actuaciones de Raquel Rodrigo y Miguel Ligero Rodríguez.[29]

La tercera versión cinematográfica fue en 1963, dirigida por José Luis Sáenz de Heredia y protagonizada por Concha Velasco, Vicente Parra, Miguel Ligero Rodríguez, entre otros.

Difusión[editar]

También, esta zarzuela ha sido grabada en diversos discos de colección durante los siglos XX y XXI, así como bailada en el chotis madrileño. Ha tenido arreglos para organillo e incluso para bandas de música. Ha sido grabada en televisión por cadenas nacionales e internacionales en representaciones teatrales y recopilada en DVD a partir del programa Antología de la Zarzuela que emitía Televisión Española. Está considerada como la obra cumbre del género chico.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Bretón, Tomás (1894). «La verbena de la Paloma (facsimil del original de Bretón)». bne.es. Consultado el 11-08-2015. 
  2. a b Lera de Isla, Ángel (1985). «El sainete y la zarzuela en el folklore madrileño». Revista Folklore (55). Consultado el 17 de agosto de 2015. 
  3. Elidrissi, Fátima (11 de agosto de 2015). «'Los celos y la zarzuela no han pasado de moda'». El Mundo. Consultado el 17 de agosto de 2015. 
  4. Refiriéndose a estos actores empresarios, el historiador José Deleito escribió que "..tal trinidad iba a formar un bloque escénico que escribiría una nueva página en la historia de nuestro teatro". Deleito y Piñuela, José (1949): «Origen y apogeo del Género Chico», Revista de Occidente
  5. Alier, 1982, p. 59.
  6. a b Del Moral Ruiz, 2005.
  7. Barrera y 1983, 63-70.
  8. Varios autores, 1989, p. 69, tomo I.
  9. Varios autores, 2006, p. 917.
  10. Varios autores, 1989, p. 78.
  11. Margot Versteeg, Universidad de Groningen
  12. Varios autores, 1989, p. 79.
  13. Libreto
  14. Luis Bonafoux Quintero, 1855-1918
  15. Vital Aza
  16. Memoria sobre los baños y aguas minero-medicinales salino-alcalinas frías, tituladas de la Margarita, en Loeches, 1855 de Manuel González de Fonte, catedrático
  17. Benito Pérez Galdós, El amigo Manso
  18. Varios autores, 1990, p. 2.
  19. La Librería, noviembre de 2013. Consultado en agosto de 2015
  20. Varios autores, 1990, p. 3.
  21. a b c Varios autores, 1990, p. 4.
  22. Últimos representantes de la crítica literaria
  23. Varios autores, 2006, p. 898.
  24. a b c Alier, 1982, p. 119.
  25. a b c Varios autores, 2006, p. 896.
  26. Alier, 1982.
  27. Berthier y Seguin, 2007, pp. 26-27.
  28. Berthier y Seguin, 2007, p. 27.
  29. Miret y Balagué, 2009, pp. 62-63.

Notas[editar]

  1. Tomás Bretón, violinista salmantino, que puso música a otras zarzuelas como El guardia de Corps, El clavel rojo, El Domingo de Ramos, e incluso escribió una ópera, La Dolores, fue sin embargo para el pueblo madrileño más fetén "el autor de La verbena de la Paloma".
  1. El aceite de ricino se utilizaba como purgante y su sabor era tan desagradable que podía producir vómitos. Véase
  2. En la jerga teatral se llama mutación al cambio de decorado que puede ser con el telón bajado o a la vista del público. En La verbena de la Paloma se realiza este cambio acompañado de la orquesta. El teatro en tus manos: iniciación a la práctica escénica Escrito por Rafael Portillo. Editorial Complutense, 1995, p.100. Madrid 1995 ISBN 84-89365-06-7
  3. Dabuten, debuten, dabuti, debuti (adj), palabra procedente del caló incorporada al habla castiza con el significado de excelente, de lo mejor.
  4. Chiné es un tejido de seda o algodón que se adorna con dibujos de alegre colorido que se realizan con una técnica especial que en un principio sólo se hacía en China. El nombre se aplica tanto a la tela como al vestido confeccionado. Dávila Corona, Rosa María (2004). Diccionario histórico de telas y tejidos. Junta de Castilla y León. ISBN 84-9718-206-5. 

Bibliografía[editar]

  • Alier, Roger (1982). El libro de la zarzuela. Barcelona: Ediciones Daimon. ISBN 84-231-2677-3. 
  • Barrera, Antonio (1983). Crónicas del género chico y de un Madrid divertido. Madrid: El Avapies. p. 71-77. ISBN 84-86280-02-8. 
  • López Ruiz, José María (1994). Historia del Teatro Apolo y de la verbena de la Paloma. Madrid: El Avapiés, D.L. ISBN 84-86280-74-5. 
  • Martínez Torres, Augusto (1999). Cine español. Diccionario Espasa. Madrid: Espasa Calpe. ISBN 84-239-9451-1. 
  • Varios autores (2006). Diccionario de la Zarzuela, II. España e Hispanoamérica. Madrid: Edita Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU). ISBN 84-89457-30-1. 

Enlaces externos[editar]