La tía fingida

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"La tía fingida", es un relato corto conocido[1]​ a través de dos versiones distintas: un códice de la Biblioteca Colombina de Sevilla[2]​ y diversas copias impresas de un manuscrito del siglo XVII hoy perdido, denominado "Porras de la Cámara", en el que aparecían entre otras, versiones levemente diferenciadas de dos Novelas Ejemplares de Miguel de Cervantes, "Rinconete y Cortadillo" y "El celoso extremeño".[3]

Sinopsis argumental[editar]

En Salamanca, dos estudiantes manchegos más aficionados a la diversión que al estudio descubren en una de sus correrías una casa donde residen una mujer anciana, doña Claudia de Astudillo y Quiñones, y una joven de gran belleza, llamada Esperanza.

Tras darla serenata una noche, y ser despedidos por una dueña con cajas destempladas, van a visitar a un principal caballero, llamado Don Félix, informándole de la hermosura de la joven. Don Félix, tras intercambiar recados con la dueña, acuerda ir esa noche a la casa de Esperanza.

Una vez llegado, la espera oculto. Desde allí, oye una conversación entre la anciana y la joven, en donde se descubren las trazas y engaños de la vida de prostitución y tercería celestinesca de que viven ambas. Tras ser descubierto accidentalmente, Don Félix intenta concluir el negocio, aunque Doña Claudia muestra escandalizarse. Al ruido, entra la justicia en la casa, encabezada por el corregidor, que ordena detenerlas y llevarlas a la cárcel, pese a la mediación de Don Félix. En el camino de la prisión, los dos estudiantes logran raptar a Esperanza. Uno de ellos, intenta "gozarla aquella noche", aunque su compañero le amenaza para que no lo haga, por lo que aquél decide marcharse con la moza a su pueblo y con la bendición de su anciano padre casarse con ella, mientras Doña Claudia es castigada públicamente en Salamanca por sus hechicerías.

La cuestión de la autoría[editar]

Fue en 1787, cuando Isidoro Bosarte, descubridor del manuscrito Porras, lo dio a la luz, que se planteó la cuestión de la autoría de semejante novela corta. Para él, era de Cervantes, apoyándose en la similitud estilística y temática con otras cervantinas, su formato igual al de las Novelas Ejemplares, el haber aparecido junto a dos de ellas, etcétera. Tales argumentos han servido para que eruditos y cervantistas como Agustín García Arrieta, Navarrete o Bartolomé José Gallardo la hayan considerado de Cervantes. No obstante, tal hipótesis no ha alcanzado apoyo generalizado. Otros estudiosos, como Andrés Bello, Manuel Criado de Val,[4]Foulché-Delbosc,[5]Juan Bautista Avalle-Arce,[6]​ han rechazado la paternidad de Cervantes sobre esta obra.[7]​ Utilizando medidas propias del análisis textual, otros estudios no han podido arrojar conclusiones concretas.[8][9]

La obra suele aparecer al final de las principales ediciones de las Novelas ejemplares.[10]​También ha sido editada recientemente por separado.[11]

Referencias[editar]

  1. Significant Disparities in the text of La Tía fingida vis-à-vis Cervantes's El casamiento engañoso, por E. T. Aylward, The Cervantes Society of America, 1999.
  2. Ms. 56-4-34.
  3. Apráiz, Julián, Juicio de "La tia fingida". Copia de tres ediciones raras y edición crítica de esta novela. Bibliografía razonada de la misma. Madrid, 1906
  4. Criado de Val, Manuel, Análisis verbal del estilo. Índices verbales de Cervantes, de Avellaneda y del autor de "La tía fingida", Madrid, 1953.
  5. Foulché-Delbosc, Raymond, Étude sur "La tía fingida", Revue Hispanique, VI (1899), pp. 256-306.
  6. Introducción a la edición de las Novelas ejemplares, III, página 33. Madrid, Castalia, 1990. ISBN 84-7039-404-5.
  7. De cómo y por qué La tía fingida es de Cervantes, por José Luis Madrigal, Artifara, nº2, junio 2003.
  8. Donde se muestran algunos resultados de atribución de autor en torno a la obra cervantina, por Freddy López, RCE, nº34, vol 1, 2011.
  9. A este respecto, son interesantes las observaciones de Marcelino Menéndez Pelayo: ...basta para la gloria del autor de la Celestina haber inspirado a Cervantes. No me refiero a La tía fingida, pues cada vez me persuado más de que esta excelente novela no salió de su pluma, a pesar de los eruditos alegatos que hemos leído en estos últimos años. Doña Claudia de Astudillo y Quiñones es una copia fiel de la madre Celestina, pero tan fiel que resulta servil, y no es éste el menor de los indicios contra la supuesta paternidad de la obra. Cervantes no imitaba de esa manera que se confunde con el calco. Un autor de talento, pero de segundo orden, bastaba para hacerlo. Quizá el tiempo nos revele su nombre, acaso oscuro y modesto, cuando no desconocido del todo; que estas sorpresas suele proporcionar la historia literaria, y no hay para qué vincular en unos pocos nombres famosos los frutos de una generación literaria tan fecunda como la de principios del siglo XVII. Menéndez Pelayo, M., Orígenes de la novela, primera edición, Madrid : Bailly-Baillière é Hijos, 1905-1915, 4 v., 1905-1915; citado por la reedición en Madrid: Gredos, 2008, página 439, ISBN 978-84-2493-554-2.
  10. En la edición impulsada por el Centro para la Edición de los Clásicos Españoles, 2005, se incluye dentro de las Novelas ejemplares, porque a juicio de Francisco Rico, autor de la presentación, pertenece a Cervantes y "no se hable más". Novelas ejemplares, edición de Jorge García López, Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2005. 1170 páginas. ISBN 978-84-8109-546-3.
  11. Y aceptando su editor la autoría cervantina. Cervantes, Miguel de, La tía fingida, edición de Adrián J. Sáez, Madrid: Cátedra, 2018, 160 páginas, ISBN 978-84-376-3767-9.