La patrulla perdida

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La patrulla perdida —cuyo título original en inglés es The Lost Patrol— es una película estadounidense del género bélico dirigida en 1934 por John Ford, producida por RKO Pictures y protagonizada por Victor McLaglen, Boris Karloff y Wallace Ford. El guion fue de Dudley Nichols y Garret Fort a partir de la novela Patrol de Philip MacDonald, y la música fue creada por Max Steiner. Fue una producción de bajo presupuesto bien recibida por la crítica y el público en su momento, si bien, con el transcurso del tiempo, ha sido objeto de valoraciones contrapuestas.

Sinopsis[editar]

Durante la Gran Guerra, una patrulla británica recorre a caballo el desierto de Mesopotamia. Un disparo de un tirador oculto acaba con la vida del oficial al mando. Este era el único que conocía las órdenes. El sargento (Victor McLaglen) toma el mando y adopta las decisiones que su experiencia le dicta, conduciendo a sus hombres al pobre refugio que proporciona un oasis con una mezquita en ruinas. Los hombres van cayendo uno a uno a manos de los ocultos adversarios, y el temor se va apoderando de los supervivientes. Cuando quedan pocos con vida, un avión británico sobrevuela a los esperanzados soldados. Sin embargo, para su desesperación, el piloto aterriza en un lugar próximo y camina despreocupado hacia ellos, por lo que es también abatido por el enemigo. Finalmente, cuando solo queda el sargento, los árabes se muestran confiados y este les aniquila con ayuda de la ametralladora del avión. Una patrulla británica acude al rescate del único superviviente.

Producción[editar]

Durante los años 1930, la productora RKO Pictures pudo competir con los grandes estudios debido a que poseía una gran cadena nacional de salas de exhibición. Debido a la presión con la que trabajaban sus productores, que no solían durar más de dos años en el puesto, era capaz de realizar tanto excelentes como pésimas películas.[1] En noviembre de 1931, David O. Selznick se incorporó a RKO como jefe de producción e introdujo cambios que llevarían a la firma a conocer sus mejores años. Al poco, promovió como productor asociado a Merian C. Cooper, quien le acabaría sustituyendo al poco tiempo.[2]

Cooper fue uno de los profesionales del mundo del cine con un pasado más pintoresco. Tras unirse al Ejército, participó en la campaña contra Pancho Villa. Posteriormente, participó como aviador en la Gran Guerra, y luego combatió contra el Ejército Rojo hasta ser hecho prisionero. Tras ser condenado a muerte, consiguió huir y regresar a Estados Unidos. Se incorporó al mundo del cine rodando prestigiosos documentales, hasta unirse a RKO a las órdenes de Selznick. En 1933 había producido y dirigido King Kong.[1]

El pasado aventurero de Cooper hizo que Ford le respetara considerablemente. Por su parte, el productor aguantó como nadie las excentricidades y la afición a la bebida del director. Apreciaba su talento y le permitió trabajar con libertad mientras controlaba los detalles de producción. Esto permitió que Ford se sintiera tranquilo y no recurriera a sus tradicionales actos de rebelión o sabotaje. Incluso sus problemas con el alcohol —que habían amenazado su carrera poco antes— fueron más manejables a partir de entonces.[3]

Ford se comprometió con RKO a realizar cuatro filmes, de los que La patrulla perdida fue el primero.[4] Para esta primera apuesta, Cooper solo pudo ofrecerle un presupuesto de 227 703 dólares,[5] ya que la productora no tenía demasiada confianza en una historia sin mujeres ni amor.[6] El coste final de la cinta ascendió a 254 000 dólares.[7]

La película fue filmada en el desierto de Yuma de Arizona en veintitrés días, dos más de los preestablecidos.[5] Las condiciones fueron difíciles debido a las altas temperaturas, las tormentas de arena y lo inhóspito del paraje, circunstancias que provocaron desmayos en personas y fallos en la maquinaria.[8] El primer día se rompió el equipo de sonido y solo se pudo rodar una escena; el segundo día hubo una tormenta de arena; el tercer día, otra tormenta interrumpió el rodaje a las 9:45 horas. Para compensar el retraso, se trabajó en días festivos.[9] Para evitar el problema con el equipo de sonido, hubo que rodar numerosas escenas sin él y añadirlo posteriormente en el proceso de edición.[10]

El pasado bélico de Merian C. Cooper —en la foto con uniforme polaco— facilitó el trato con Ford.

Buttercup Valley ya había ofrecido localizaciones para el rodaje de Beau Geste en 1926.[nota 1] Allí se creó el escenario que incluía una mezquita abandonada y unas cincuenta palmeras falsas al que los miembros del equipo denominaron «el callejón de Abdullah».[nota 2] [8] Técnicos y artistas se levantaban sobre las 4:30 horas, desayunaban a las 5:00, visitaban las duchas y letrinas para prepararse para el día y se reunían con Ford a las 6:30. Después, se trabajaba hasta las 11:00 horas. En ese momento se hacía un descanso de tres horas para evitar lo más caluroso del día. Cuando el productor Cliff Reid le pidió al director que redujese ese largo descanso a media hora, Ford rehusó con el argumento de que no quería dirigir un equipo de gente enferma. Paradójicamente, fue el propio Reid quien acabó sufriendo de insolación.[11]

También el calor influyó en el ánimo de los trabajadores. Un día, Wallace Ford golpeó a un cocinero por negarse a servir a un trabajador negro.[12] Otro incidente tuvo lugar al rodar la secuencia en la que el sargento aniquila a los árabes con la ametralladora del avión. Frank Baker interpretaba a uno de los árabes y sabía que Victor McLaglen —que manejaba el arma— estaba completamente borracho. Puesto que Ford se vanagloriaba de utilizar siempre munición real en sus rodajes, Baker montó en cólera cuando vio que las balas caían cerca de él y se abalanzó sobre el actor. La situación se solventó cuando se percató de que las balas procedían de una segunda ametralladora manejada por un tirador experto, y no de la que empuñaba McLaglen.[13]

Durante el rodaje tuvo lugar un incidente que define bien el tipo de relación que Ford tenía con los productores. Sobre las 17:30 horas, Ford tenía todo preparado para el rodaje de una secuencia cuando un avión sobrevoló la zona y espantó a los caballos. La arena quedó marcada por las pisadas de los animales y no quedaban suficientes horas de luz como para volver a preparar la toma, lo que malogró muchas horas de trabajo previo. El avión traía al productor Cliff Reid,[14] quien durante días había estado apremiando a Ford por telegrama para que recuperara el tiempo perdido. Reid representaba para Ford la cara opuesta de Merian C. Cooper, y no desperdició ocasión para dejarlo en ridículo o ningunearlo.[15]

Mientras se rodaba la película, Merian C. Cooper tuvo problemas de salud que le obligaron finalmente a abandonar su cargo en RKO, siendo reemplazado por Pandro S. Berman. Este cambio no afectó a Ford, quien tenía firmado un contrato con la productora y volvería a trabajar en futuras ocasiones con Cooper.[16]

Guion[editar]

El guionista Dudley Nichols ya había colaborado con Ford en Tragedia submarina, otro filme bélico de ambiente claustrofóbico.

En los primeros años treinta, y conforme la situación en Europa se hacía más inestable, el cine de Hollywood se alejaba de las películas bélicas y giraba hacia el musical y la comedia. De hecho, 1934 fue el año de It Happened One Night, de Frank Capra, y La alegre divorciada, de Mark Sandrich. Pero La patrulla perdida modificó el tradicional cine bélico al potenciar el drama psicológico, ambientarse en un lugar exótico y sustituir al tradicional enemigo alemán por el árabe.[17]

El guion adaptó la novela Patrol, de Philip McDonald, que ya había sido trasladada previamente al cine en el Reino Unido en 1929 y protagonizada por Cyril McLaglen, hermano de Victor.[10] Se trataba de un relato de tono claustrofóbico que narraba la peripecia de once soldados británicos asediados por un grupo de casi invisibles árabes en el desierto de Mesopotamia durante la Gran Guerra. Puesto que pocos días antes del inicio del rodaje Ford no contaba todavía con un guion completo, reclamó a Dudley Nichols, con quien había colaborado anteriormente en otras películas.[18] Nichols era un periodista y escritor de cuentos que se había establecido en Hollywood.[6] Obtuvo un permiso de la Fox y elaboró un nuevo guion completo trabajando con Ford durante ocho días a puerta cerrada.[18]

Se suele atribuir esa teatralidad claustrofóbica del grupo aislado y en tensión —que la crítica de la época valoró muy positivamente— a la presencia de Nichols en el guion, como ya había sucedido en Tragedia submarina (Men Without Women, 1930). Sin embargo, Ford había adquirido los derechos de la novela antes de llamar a Nichols. Y similares características tenía otro filme de Ford sin Nichols, Hombres sin miedo (Air Mail, 1932).[19]

Dirección[editar]

A pesar de la poca confianza de la productora, Ford estaba muy interesado en la historia y accedió a rodar la película a cambio de un porcentaje en las hipotéticas ganancias. El filme se muestra tributario del movimiento del Kammerspiel, y presenta un elemento natural —el desierto— como personaje del drama.[6]

Ford dio al filme un tono sobrio y discreto que progresa lentamente a partir de su escueta premisa argumental. La secuencia inicial ya revela la desnudez de la película: un plano general muestra a un oficial británico que detiene su caballo para observar el horizonte, suena un disparo y el militar se desploma; se aproximan el sargento y otro soldado y asumen la inevitabilidad de la ley del desierto. A partir de ese momento, los soldados quedan perdidos.[20] Faltos de mando, carecen de capacidad para combatir, desconocen su objetivo y cuestionan su propia función en una guerra que se libra lejos de sus hogares.[21] Se ha dicho que La patrulla perdida es un filme sobre la falta de liderazgo. Privados de su comandante desde el inicio, la patrulla se pierde. El sargento carece de la visión que debe tener un oficial y toma decisiones que cuestan la vida de algunos de sus hombres. Muchos de ellos acaban muriendo por ser víctimas de arrebatos que les hacen correr hacia el desierto.[22] Contrariamente a lo esperable, Ford no acentúa la claustrofobia del reducido grupo recurriendo a primeros planos; por el contrario, sitúa a sus personajes en el paisaje natural del desierto, sobrecogedoramente inmóvil. En ausencia de unos enemigos a los que nunca ser ve, es el desierto el enemigo implacable.[20]

Premios[editar]

Tuvo una nominación al Oscar para ese año por la Mejor banda sonora (véase la lista completa en Oscar 1934)

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. Y serviría también para rodar Beau Geste en 1939 y Return of the Jedi en 1983.[8]
  2. En inglés hay una mayor semejanza entre Buttercup Valley y «Abdullah Alley».

Referencias[editar]

  1. a b McBride, 2011, p. 216.
  2. Riambau, 1990, pp. 36-37.
  3. McBride, 2011, pp. 216-217.
  4. Riambau, 1990, p. 38.
  5. a b Gutiérrez, 2002, p. 257.
  6. a b c Sadoul, 2004, p. 228.
  7. Mank, 2009, p. 149.
  8. a b c Mank, 2009, pp. 148-149.
  9. Eyman, 2015, p. 126.
  10. a b Pitts, 2015, p. 180.
  11. Nollen, 2013, p. 56.
  12. Eyman, 2015, p. 127.
  13. Gallagher, 2009, p. 140.
  14. Casas, 1989, pp. 77 y 110.
  15. McBride, 2011, p. 217.
  16. Eyman, 2015, pp. 127-128.
  17. Roch, 2008, p. 55.
  18. a b Casas, 1989, p. 77.
  19. Gallagher, 2009, pp. 138-139.
  20. a b Casas, 1989, pp. 77-78.
  21. Roch, 2008, pp. 55-56.
  22. Gallagher, 2009, p. 139.

Bibliografía utilizada[editar]

  • McBride, Joseph (2011). Searching for John Ford (en inglés). Nueva York: University Press of Mississippi. pp. 216–217. ISBN 978-1-60473-467-6. 
  • Nollen, Scott Allen (2013). Three Bad Men: John Ford, John Wayne, War Bond (en inglés). Jefferson: McFarland & Company, Inc. Publishers. p. 56. ISBN 978-0-7864-5854-7. 
  • Pitts, Michael R. (2015). Radio Pictures Horror, Science Fiction and Fantasy Films (en inglés). Jefferson: McFarland & Company, Inc. Publishers. pp. 80–82. ISBN 978-0-7864-6047-2. 
  • Roch, Edmon (2008). Películas clave del cine bélico. Barcelona: Ediciones Robinbook. pp. 55–56. ISBN 978-84-96924-38-3.