La diosa arrodillada

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La diosa arrodillada es una película mexicana de drama romántico estrenada el 13 de agosto de 1947, dirigida por Roberto Gavaldón y protagonizada por María Félix y Arturo de Córdova. La película está basada en una novela escrita por Ladislas Fodor.

Sinopsis[editar]

El millonario Antonio (Arturo de Córdova) obsequia a su esposa Elena (Rosario Granados) la estatua de una mujer desnuda como regalo de aniversario nupcial. La modelo que posó para la estatua es Raquel (María Félix), amante de Antonio. Raquel exige a Antonio que se divorcie de su esposa y poco después ésta muere bajo circunstancias misteriosas. Antonio debe aceptar casarse con Raquel para que no se descubra que su esposa no falleció por causas naturales.[1]

Reparto[editar]

Comentarios[editar]

A partir de Crepúsculo (1944), del director Julio Bracho, el cine mexicano encontró en Arturo de Córdova al intérprete ideal para encarnar a un nuevo tipo de héroe: el hombre atormentado por un pasado oscuro o avasallado por una pasión inquietante. Dotado con un físico elegante y un rostro predispuesto a la preocupación, el actor yucateco personificó mejor que nadie a esos "seres de las sombras" en cintas como Algo flota sobre el agua (1947), El hombre sin rostro (1950), En la palma de tu mano (1950) y Él (1952).

El personaje que interpreta de Córdova en La diosa arrodillada se agrega de manera natural a su galería de galanes atormentados. El millonario Antonio Ituarte se debate entre la pasión y el desprecio que le inspiran la ambiciosa Raquel Serrano, interpretada por una María Félix en la plenitud de su belleza. Sólo ante una mujer como la Félix es posible explicar la contradicción de emociones que experimenta el personaje de Ituarte.

Si en La diosa arrodillada Arturo de Córdova se convierte en un "hombre al borde de un ataque de nervios", María Félix continua bordando el personaje que terminaría confundiéndose con su personalidad extra-fílmica. Antes de ponerse a las órdenes de Roberto Gavaldón, María había estelarizado Doña Bárbara (1943), La mujer sin alma (1943), La devoradora (1946) y La mujer de todos (1946). Los títulos de estas cintas evidencian el papel concebido para La Doña en la galería de personajes del cine mexicano.

Paralelamente al surgimiento del cine negro hollywoodense, en México se comenzaron a explorar temáticas adecuadas a una estética noir. Sin embargo, fueron pocos los directores mexicanos que se aventuraron a experimentar con las posibilidades expresivas de la fotografía en blanco y negro como lo hizo Roberto Gavaldón en La diosa arrodillada.

En esta cinta, la maestría del fotógrafo Alex Phillips logra momentos de gran belleza plástica, mientras que los elegantes movimientos de cámara diseñados por Gavaldón contribuyen a crear una atmósfera asfixiante. El resultado es un filme con una gran fuerza expresiva, uno de los mejores de su realizador.[2]

Es una propuesta consistente que contribuye con un corpus que queda inscrito dentro de un sistema social de ideas y mentalidades que siguen un ritmo dentro de la historia con sus personajes.[3]

Referencias[editar]

  1. La diosa arrodillada en Cine Mexicano (página del ITESM)
  2. La diosa arrodillada en Cine Mexicano (página del ITESM
  3. Tuñon, Julia (1998). Mujeres de luz y sombra en el cine mexicano: la construcción de una imagen (1939-1952). El Colegio de México. ISBN 9681208439. 

Enlaces externos[editar]