La campana de cristal

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La campana de cristal
de Sylvia Plath
Género Novela
Ambientada en Nueva York y Boston
Idioma Inglés estadounidense
Editorial
País Estados Unidos
Fecha de publicación 14 de enero de 1963
Páginas 288
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La campana de cristal (título original en inglés: The Bell Jar) es la única novela escrita por la poeta estadounidense Sylvia Plath. Fue publicada en 1963 en el Reino Unido bajo el seudónimo de «Victoria Lucas» y en 1967 bajo el nombre real de la autora. En Estados Unidos apareció por vez primera en 1971, siguiendo los deseos del marido de Plath, Ted Hugues, y de su madre.[1] Se trata de una novela semi-autobiográfica, en la que los nombres de personas y lugares están cambiados. Se la suele considerar también como un roman à clef, en la que el descenso del protagonista en una enfermedad mental recuerda el de la propia autora en lo que pudo ser un trastorno bipolar o una depresión. Plath se suicidó un mes después de que la novela se publicase en el Reino Unido.


Resumen[editar]

De las afueras de Boston a Nueva York – por llegar ahí la primera vez en el verano de 1953, todas las estudiantes de colegios estadounidenses envidian a Esther Greenwood en edad de 19. Es una de las doce ganadoras de una competición literaria de una revista de moda, a lo cual la dejan asistir como oyente en la redacción y la hartan de regalos publicitarios y invitaciones a eventos de la sociedad. Pues pronto la apariencia engañosa se esclarece a Esther: en un banquete, sufre una intoxicación alimentaria al servirse carne de camarón bien decorado, pero muy pasado.

En la metrópoli de Nueva York, el estrellato escolar de la ambiciosa Esther va desapareciendo. Su jefa, Jay Cee, vuelve a reprenderla por su falta de esfuerzo varias veces. Esther se encuentra entre dos compañeras, la elegante Doreen y la buena Betsy. Ni consigue reanimar su aplicación anteriora ni saborear la estancia a Nueva York o abismarse a diversión o aventuras como Doreen. Las relaciones amorosas de Esther la desencantan: O los hombres son demasiado pequeños como Frankie, están hartos de aventuras como el intérprete Constantin o son misógino como el peruano Marco, quien casi termina violándola. Tampoco la petición de mano de su amigo de la infancia Buddy Willard, quien padece tuberculosis, es un remedio para Esther. Haber enterado de ello que encubre varias experiencias sexuales, Esther suele llamarlo „el santón“ por distracción. Y la aseveración de Buddy que los poemas de Esther son nada más que polvo, le duele a Esther tanto que todavía medite sobre replicarle a propósito.

Esther compara su situación con una higuera bien ramificada, la que la atrae con sus futuros posibles como frutas ricas. Pero no se arregla para decidirse por cualquiera de esos, porque cada una decisión implicara excluir todas las otras. A una sesión final de fotos, cuando les toca a las chicas figurar con requisitos de su carrera futura, Esther es la única que no puede denominar su futuro. Al acabar por posar como poetisa con una rosa papelera, rompe a llorar. Por la última noche, Esther se despide de Nueva York tirando sus ropas de la ventana y desparramándolas por el viento.

Haber vuelto a su villa original, los planes de Esther para las vacaciones veraniegas se dispersan. No la aceptan al seminario de escritores. Su madre quiere enseñarle la taquigrafía, pero Esther no puede imaginarse cualquiera trabajo que le gustaría hacer con esta facultad. El intento de escribir una novela no produce más que unas pocas letras. Y su obra final del colegio sobre Finnegans Wake fracasa por las creaciones sintácticas de Joyce. El espíritu de Esther parece susceptible de tabloides con historias de crímenes y suicidios sólo. Desde su regreso de Nueva York, Esther apenas consigue dormir y no se ha lavado. No aguanta más hacer cualquiera cosa, la que debe volver a hacer por el día siguiente en cualquier caso.

El psiquiatra Gordon, a quien Esther acude por el consejo de una amiga, se interesa más por sus escarceos amorosos anteriores de escuela que por Esther. El tratamiento inadecuado de Esther con choques eléctricos la hace preferir suicidarse que volver a soportar esa tortura. Sus pensamientos giran en torno de varias oportunidades de suicidarse. Pero les falta la última impulsión a sus intentos poco entusiasmados. Esa se produce cuando Esther hace una visita a la tumba de su padre. Se da cuenta de que jamás ha vuelto a ser feliz desde la muerte de eso, cuando ella tenía nueve años. Por la primera vez consigue llorar por su muerte. Luego está segura de cómo irá a suicidarse. Se encierra en una cueva de sótano y toma una dosis excesiva de somníferos.

Esther sobrevive el intento de suicidarse y la internan en la unidad psiquiátrica de la clínica local. Se aumenta la sensación como si la aislaran de su entorno como por una campana de cristal. También la indolente acepta la mudanza a una clínica privada, que es subvencionada por su fundadora de estipendio, la escritora Philomena Guinea. Aquí es la primera vez que una mujer trata a Esther. Prohibendo las visitas de la madre de Esther, ella comienza confiar a la doctora Nolan. Además, la psiquiatra aconseja a su paciente que gane más libertad individual por la contracepción. Así, el estado de Esther se va mejorando, llevándola a la sensación como si por fin el aire fresco penetrara la campana.

Por sorpresa, Joan Gilling, quien fue su condiscípula y antecesora como novia de Buddy Willard, es internada. La información de periódicos sobre el intento de suicidio de Esther la han inspirado a su propio. La relación de los dos mujeres fluctua entre amistad y rivalidad – mientras la regeneración de Joan está adelantando, la convalecencia de Esther se estanca. Pero de hecho es Joan que muere por un intento nuevo de suicidio, convenciendo a Esther que entierre las sombras propias junto con la amiga. El despido inminente de la clínica es como otro nacimiento a Esther. A pesar de sus dudas que la campana vuelva a deprimirla un día, desea un ritual para celebrar el regreso a la vida. Al final, atravesa la puerta detrás de que los médicos van a tomar la decisión sobre el despido.


Notas[editar]

  1. Cf. The Bell Jar, Harper Perennial Classics Edition, pág. xii, por Frances McCullough. ISBN 0-06-093018-7

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