Jonia

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Parte de la península de Anatolia, sobre la que extendía la antigua Jonia.

Jonia es el nombre con el que se conocía en tiempos de la Antigua Grecia a la costa centro-occidental de Anatolia, llamada también Grecia asiática, y que incluía además las islas adyacentes. Es una región histórica de la actual Turquía cercana a la ciudad de İzmir (Esmirna).

Se componía de los territorios más septentrionales de los asentamientos griegos de la Liga Jónica. Nunca fueron un Estado unificado. Su epónimo proviene de las tribus jonias, que en la Época Arcaica (800-480 a. C) se establecieron principalmente en las costas e islas del Mar Egeo. Los griegos de las polis jonias hablaban el dialecto griego llamado jónico, no circunscrito únicamente a esta región.

En estas tierras florecieron muchas de las colonias griegas, piezas trascendentales de la civilización helénica, ya que contribuyeron a la propagación de su comercio y de sus artes.

En época mítica, el término abarcó asimismo la península del Ática, en donde más adelante se fundaría la ciudad de Atenas.

Geografía[editar]

En sentido estricto, Jonia era la zona costera de Lidia y Caria (Asia Menor) entre el río Hermo, al norte, y el promontorio Posidio (al sur).[1]

En este territorio se encontraban las polis (ciudades estado) que formaban la Liga Jónica. En un principio fueron 12 (de ahí el nombre de dodecápolis jonia) y de norte a sur se ubicaban: Focea, Clazómenes, Eritras, Teos, Lebedos, Colofón, Éfeso, Priene, Miunte y Mileto a las que se agregaban las islas de Quíos y de Samos. Posteriormente la Liga Jónica incorporó la polis de Esmirna.

Historia[editar]

Antes de la llegada de los jonios, el sur del territorio de Mileto, Miunte, la región del monte Mícala y Éfeso estaban poblados por los carios, mientras que el resto hasta Focea, junto con las islas de Quíos y Samos estaba gobernado por Anceo y la ocupaban los léleges.

Los jonios expulsaron tanto a los carios como a los léleges, los cuales debieron refugiarse en la parte restante de Caria.

Androclo, hijo legítimo de Codro, rey mítico de Atenas, dirigió la colonización de los jonios que fue posterior a la eolia y fue el fundador de Éfeso, donde estableció la residencia real de los jonios.

Con el tiempo, sus descendientes perdieron el poder, pero en Éfeso conservaron ciertos privilegios: el título de reyes, manto púrpura indicativo de su ascendencia real, el derecho a portar un cetro, asientos de primera fila en los espectáculos (proedría) y el sacerdocio de Deméter Eleusina.

En el siglo VII a. C. debieron soportar las incursiones de los cimerios y posteriormente los ataques de Lidia, la cual sometió a lo largo de los siglos VII y VI a. C. una tras otra todas las ciudades exceptuando Mileto (que resistió once años de guerra) y las islas de Quíos y Samos (Lidia carecía de flota). Las ciudades sometidas fueron desprovistas de sus murallas y en algunos casos trasladadas de zonas fácilmente defendibles a las llanuras.

El ascenso de Persia cambió la situación política: los enviados persas sondearon a los jonios, los cuales (salvo Mileto) rechazaron sus propuestas y permanecieron leales a Lidia.

La conquista de Lidia por Persia significó un endurecimiento de las condiciones de los jonios, salvo para Mileto, que pactó previamente con los persas. Algunos se sometieron, otros resistieron y fueron sometidos por la fuerza. Los jonios debían pagar un tributo y aportar naves para la flota. Esto acentuó el natural éxodo de los jonios, que emigraron en gran número al Mediteráneo occidental, especialmente los focenses que lo hicieron en masa, si bien algunos retornaron poco después. A pesar de todo se mantuvo cierta autonomía interna, aunque los persas impusieron tiranos al frente de las distintas ciudades.

En el 499 a. C. se produce la Revuelta jónica. Sus causas fueron varias: el descontento por las condiciones impuestas por los persas, el fracaso de la expedición contra los escitas para someter las zonas del Mar Negro y el rechazo a los tiranos impuestos por los persas.

La revuelta fue una guerra en gran escala, en la cual a los jonios se unen los eolios, dorios, carios, helespontios, casi todos los chipriotas, peonios y atenieneses (formalmente sometidos a Persia) y reciben apoyo de Eretria de Eubea. Tras la decisiva derrota naval en Lade y cuatro años de combates, los jonios son sometidos y Mileto parcialmente arrasada. El suburbio portuario jamás volvió a ser habitado.

El apoyo dado a los jonios por Atenas y Eritrea fue la causa aducida por los persas para iniciar las Guerras Médicas. En las Guerras Médicas Jonia tuvo que enviar 100 trirremes con la flota persa. Tras la derrota persa, las ciudades de Jonia pasan a depender de Atenas (Liga de Delos) hasta el fin de la Guerra del Peloponeso, en que son nuevamente sometidas a Persia.

Después de la muerte del príncipe aqueménida Ciro el Joven, los espartanos liberan a los jonios, pero su libertad duró poco tiempo. La Paz del rey (Paz de Antálcidas) pone a los jonios otra vez en manos de Persia. El dominio persa se mantuvo hasta la llegada de los macedonios de Alejandro Magno.

En el año 64 a. C. cae en poder de Roma por obra de Pompeyo.

Idioma y dialectos[editar]

El idioma hablado en Jonia era el griego, la religión, olímpica, referida a los dioses del Olimpo.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Estrabón, Geografía,XIV.1.2

Bibliografía[editar]

  • Jan Paul Crielaard, "The Ionians in the Archaic period: Shifting identities in a changing world," en Ton Derks, Nico Roymans (ed.), Ethnic Constructs in Antiquity: The Role of Power and Tradition (Amsterdam, Amsterdam University Press, 2009) (Amsterdam Archaeological Studies, 13), 37-84.
  • Alan M. Greaves, The Land of Ionia: Society and Economy in the Archaic Period (Chichester/Malden, MA, Wiley-Blackwell, 2010).

Enlaces externos[editar]