João de Gouveia

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João de Gouveia (Funchal, Madeira, 19 de diciembre de 1964) es un inmigrante portugués radicado en Venezuela responsable por el asesinato de varios manifestantes — opositores al gobierno del entonces presidente Hugo Chávez — que se encontraban reunidos en la Plaza Francia de Altamira, al este de la ciudad de Caracas, el 6 de diciembre de 2002, durante los sucesos políticos conocidos desde entonces como Paro Petrolero.

Gouveia, un sujeto con fuertes indicios de desequilibrio mental y completamente desconocido para la opinión pública hasta entonces, jamás aclaró los motivos que lo llevaron a ejecutar tal crimen. Naturalmente, este incidente le llevó a ser muy mencionado y habida cuenta del estado de agitación política en que se encontraba Venezuela en ese momento, el suceso trajo una radicalización y cruce de acusaciones entre el gobierno venezolano y la oposición, pues esta última alegaba que Gouveia era un sicario contratado por Freddy Bernal,[1] entonces alcalde del Municipio Libertador de Caracas y políticamente vinculado al fallecido presidente Chávez. Por el contrario, seguidores del presidente, así como él mismo,[2] han reiterado que Gouveia fue contratado por dirigentes de la oposición a Chávez para así crear una matriz de opinión desfavorable a éste y propiciar su derrocamiento Gouveia fue declarado culpable por el tribunal encargado de juzgarlo, por el delito de homicidio y actualmente cumple la pena máxima vigente en Venezuela, condenado a prisión por veintinueve (29) años y once (11) meses de presidio y a las accesorias legales correspondientes, por la comisión de los delitos de 1) homicidio calificado, por motivos innobles, premeditación y alevosía 2) homicidio calificado, por motivos innobles, premeditación y alevosía, en grado de frustración y 3) uso indebido de arma de guerra.

Referencias[editar]

  1. «The mystery assassin» (en inglés). Sitio web de The Guardian. 17 de diciembre de 2002. Consultado el 17 de julio de 2013. 
  2. «Aló Presidente, programa N° 130». Gobierno Bolivariano de Venezuela - Prensa Presidencial. 8 de diciembre de 2002. 

La realidad trastocada de Joao de Gouveia en Plaza Altamira (6to. Poder)

Caracas, 23 de diciembre de 2011. De origen portugués, de San Ro­que en Funchal, Joao de Gouveia, na­cido en 1964, llegó al país en 1981, pero no fue sino hasta 1996 cuando adquiere la nacionalidad venezolana. A partir de esa fecha pasó a ser un ciudadano caraqueño más. El trilin­güe vivió en varias urbanizaciones de la capital y con el paso del tiempo comenzó a trabajar como mesone­ro y taxista para sobrevivir.

Tres días después que el mun­do entero observó la caída de las Torres Gemelas, Gouveia logra que se le otorgue el porte de ar­mas con el cual avalaría el uso de la pistola había adquirido, supues­tamente para defensa propia, una Glock calibre .40 registrada bajo el número EEK499. Esta misma sería la pistola que, años más tarde, fun­cionaría como el instrumento que cegaría la vida de tres inocentes en la plaza Francia de Altamira, duran­te el paro petrolero que se reali­zaba en contra del gobierno del presidente Chávez.

De ser un ciudadano desconoci­do a ser un criminal nombrado, la trágica historia de Joao de Gouveia y sus víctimas se hizo pública cuan­do regresa al país y luego de una treintena de disparos, se encontra­ba sometido contra el piso de la Pla­za Francia, en sus manos tenía un croquis del lugar con el rostro de va­rios de los trece castrenses que allí pernoctaban y una pistola todavía humeante.

La historia tras las rejas

Luego de su captura muchas fue­ron las hipótesis que se generaron entorno al evento producido en el municipio Chacao. Oficialistas y opositores se inculpaban abierta­mente en los medios de comunica­ción. Hasta el mismo Presidente de la República cuestionó al canal Globovisión por mostrar un video don­de supuestamente Joao de Gouveia se encontraba el 5 de diciembre de 2002 junto al entonces alcalde, Freddy Bernal en las cercanías de PDVSA La Campiña. Algo es seguro, la muerte de estas personas conmo­vió al país y el generó un rechazo co­lectivo sin colores partidistas.

La fiscal de su caso, Theresly Mala­vé ordenó en aquel entonces una experticia antropométrica para de­terminar si él era la persona del vi­deo. El resultado fue negativo y la te­sis de que Gouveia estaba relaciona­do directamente con Bernal se de­rrumbaba.

Un equipo psiquiátrico, psicológi­co y neurológico determinó que el portugués sufría de psicosis, un es­tado mental descrito como pérdida de contacto con la realidad. Tiempo después por orden del Fiscal Gene­ral, Isaías Rodríguez, se sustituyó a la fiscal y se designaron a Sonia Busne­go y Tursi Simancas. Joao recibió una condena de 29 años y 11 meses.

La incongruencia de un interrogado

Meses después del trágico acon­tecimiento del que Joao fue respon­sable, la periodista Sebastiana Ba­rraez se dio a la tarea de buscar ac­ceso a él para entrevistarlo. Durante el proceso se dio cuenta de que lle­gar hasta en personaje era una tarea titánica gracias a las barrearas buro­cráticas que se habían establecido pa­ra aislarlo. Sin embargo la comunica­dora logró su cometido.

El perfil de Gouveia siempre re­sultó enigmático. Él era un ser solita­rio, sin acercamientos a personas co­nocidas en la vida pública. Cada vez que hablaba de lo ocurrido en Alta­mira, el portugués no mostraba señal de tener algún tipo de arrepenti­miento por lo que hizo. Además, en cada conversación, por momentos distorsionaba lo que decía con res­puestas incoherentes, acompañadas por una manera de hablar sobre sí mismo en tercera persona. Gestual y verbalmente se expresaba como si estuviese contando la historia de al­guien más.

Al tocar el tema de las personas que hirió y asesinó, siempre admitía lo sucedido, pero no de forma explí­cita, excusándose bajo una supuesta tortura psicológica, aunque no espe­cificaba quien se la propiciaba.

Sin embargo, el siempre mantu­vo plena consciencia de que estaba en una cárcel y tomaba medidas de seguridad, como hablar bajo y no dejar su comida o bebida en manos de nadie.

Lo inexplicable de su presidio

Durante su estadía en la cárcel de Tocuyito su comportamiento no era el de un típico reo vinculado con asesinatos. Joao siempre solía inten­tar comunicarse con alguien en Por­tugal, quien no le prestaba la menor atención. Pero algo extraño en su reclusión era que, a pesar de estar aparentemente solo y sin familia en el país, constantemente recibía paquetes con artículos de uso y aseo personal. Hasta la fecha se descono­ce quién le proporcionaba estos be­neficios dentro del centro peniten­ciario. Poseía también objetos de va­lor, entre ellos un reproductor de música iPod que se dice el mismo compró en una tienda con una tar­jeta de crédito y que fue retirado por un mensajero que días después se lo llevaría hasta su celda.

Otro dato curioso sobre Gouveia es que nunca hablaba de política y cuando se tocaban estos temas cer­ca de él simplemente se levantaba y se iba del lugar donde estuviera. Su estadía carcelaria siempre ha trans­currido entre estudiar matemáticas en la biblioteca del recinto, ir a la can­cha de deportes y establecer tertu­lias con personas de cierto nivel in­telectual. Su contacto social con otros presos era totalmente nulo.

Uno de sus mayores temores era que, según él, Larry Tovar Acuña, quien compartía la estadía en el re­cinto penitenciario, lo quería matar; cosa contradictoria pues Tovar fue una de las personas con las que más dialogaba en Tocuyito. Hasta cierto punto, los comportamientos obsesi­vos alimentados por un delirio de persecución y muerte, son típicos síntomas de la psicosis que ya tiem­po antes le había sido diagnosticada.

Cuando sus compañeros le so­lían hablar del tema de la grabación siempre se ponía como la víctima, argumentando algo que sólo en su mente podría ocurrir, como ser aco­sado sexualmente por periodistas de Globovisión. Nombres como el de Carla Angola se coló entre sus delirios de persecución por parte de la planta televisiva, casos que su­puestamente habría denunciado en fiscalía sin que se le prestara la menor atención al respecto. También aseguraba haber estado involucrado con Madonna y Shakira.

Al hablarle del crimen, la rabia y tormento es lo que según Joao fue el detonante para disparar aquel día. Sin el menor remordimiento hablaba de la muerte y reconocía abiertamente haber asesinado a las personas de Al­tamira. El pretexto fundamental para tanta tranquilidad de resume en dos palabras: confusión y olvido.

Su apariencia tranquila se vio afec­tada cuando un día se topó en los pa­sillos del recinto con un acusado de violaciones. Los demás presos obser­vaban como Joao deseaba golpear al sujeto por los abominables hechos que había cometido. Una contradic­toria conducta para una persona que paga condena por haber asesinado a 3 personas inocentes y dejar a varias con discapacidades. Posteriormente a estos episodios y luego de quejar­se de maltratos, Gouveia fue trasla­dado a la Cárcel de Coro, donde per­manece hasta la fecha.

Enlaces externos[editar]

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