João de Gouveia

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

João de Gouveia (Funchal, Madeira, 19 de diciembre de 1964) es un inmigrante portugués radicado en Venezuela responsable por el asesinato de varios manifestantes — opositores al gobierno del entonces presidente Hugo Chávez — que se encontraban reunidos en la Plaza Francia de Altamira, al este de la ciudad de Caracas, el 6 de diciembre de 2002, durante los sucesos políticos conocidos desde entonces como Paro Petrolero.

Gouveia, un sujeto con fuertes indicios de desequilibrio mental y completamente desconocido para la opinión pública hasta entonces, jamás aclaró los motivos que lo llevaron a ejecutar tal crimen. Naturalmente, este incidente le llevó a ser muy mencionado y habida cuenta del estado de agitación política en que se encontraba Venezuela en ese momento, el suceso trajo una radicalización y cruce de acusaciones entre el gobierno venezolano y la oposición, pues esta última alegaba que Gouveia era un sicario contratado por Freddy Bernal,[1] entonces alcalde del Municipio Libertador de Caracas y políticamente vinculado al fallecido presidente Chávez. Por el contrario, seguidores del presidente, así como él mismo,[2] han reiterado que Gouveia fue contratado por dirigentes de la oposición a Chávez para así crear una matriz de opinión desfavorable a éste y propiciar su derrocamiento Gouveia fue declarado culpable por el tribunal encargado de juzgarlo, por el delito de homicidio y actualmente cumple la pena máxima vigente en Venezuela, condenado a prisión por veintinueve (29) años y once (11) meses de presidio y a las accesorias legales correspondientes, por la comisión de los delitos de 1) homicidio calificado, por motivos innobles, premeditación y alevosía 2) homicidio calificado, por motivos innobles, premeditación y alevosía, en grado de frustración y 3) uso indebido de arma de guerra.

Referencias[editar]

  1. «The mystery assassin» (en inglés). Sitio web de The Guardian. 17 de diciembre de 2002. Consultado el 17 de julio de 2013. 
  2. «Aló Presidente, programa N° 130». Gobierno Bolivariano de Venezuela - Prensa Presidencial. 8 de diciembre de 2002. 

La realidad trastocada de Joao de Gouveia en Plaza Altamira (6to. Poder)[editar]

Caracas, 23 de diciembre de 2011. De origen portugués, de San Ro­que en Funchal, Joao de Gouveia, na­cido en 1964, llegó al país en 1981, pero no fue sino hasta 1996 cuando adquiere la nacionalidad venezolana. A partir de esa fecha pasó a ser un ciudadano caraqueño más. El trilin­güe vivió en varias urbanizaciones de la capital y con el paso del tiempo comenzó a trabajar como mesone­ro y taxista para sobrevivir.

Tres días después que el mun­do entero observó la caída de las Torres Gemelas, Gouveia logra que se le otorgue el porte de ar­mas con el cual avalaría el uso de la pistola que supues­tamente había adquirido para defensa propia, una Glock calibre .40 registrada bajo el número EEK499. Esta misma sería la pistola que, años más tarde, fun­cionaría como el instrumento que cegaría la vida de tres inocentes en la plaza Francia de Altamira, duran­te el paro petrolero que se reali­zaba en contra del gobierno del presidente Chávez.

De ser un ciudadano desconoci­do a ser un criminal nombrado, la trágica historia de Joao de Gouveia y sus víctimas se hizo pública cuan­do regresa al país y luego de una treintena de disparos, se encontra­ba sometido contra el piso de la Pla­za Francia, en sus manos tenía un croquis del lugar con el rostro de va­rios de los trece castrenses que allí pernoctaban y una pistola todavía humeante.

La historia tras las rejas[editar]

Luego de su captura muchas fue­ron las hipótesis que se generaron entorno al evento producido en el municipio Chacao. Oficialistas y opositores se inculpaban abierta­mente en los medios de comunica­ción. Hasta el mismo Presidente de la República cuestionó al canal Globovisión por mostrar un video don­de supuestamente Joao de Gouveia se encontraba el 5 de diciembre de 2002 junto al entonces alcalde, Freddy Bernal en las cercanías de PDVSA La Campiña. Algo es seguro, la muerte de estas personas conmo­vio al país y el generó un rechazo co­lectivo sin colores partidistas.

La fiscal de su caso, Theresly Mala­vé ordenó en aquel entonces una experticia antropométrica para de­terminar si él era la persona del vi­deo. El resultado fue negativo y la te­sis de que Gouveia estaba relaciona­do directamente con Bernal se de­rrumbaba.

Un equipo psiquiátrico, psicológi­co y neurológico determinó que el portugués sufría de psicosis, un es­tado mental descrito como pérdida de contacto con la realidad. Tiempo después por orden del Fiscal Gene­ral, Isaías Rodríguez, se sustituyó a la fiscal y se designaron a Sonia Busne­go y Tursi Simancas. Joao recibió una condena de 29 años y 11 meses.

La incongruencia de un interrogado[editar]

Meses después del trágico acon­tecimiento del que Joao fue respon­sable, la periodista Sebastiana Ba­rraez se dio a la tarea de buscar ac­ceso a él para entrevistarlo. Durante el proceso se dio cuenta de que lle­gar hasta en personaje era una tarea titánica gracias a las barrearas buro­cráticas que se habían establecido pa­ra aislarlo. Sin embargo la comunica­dora logró su cometido.

El perfil de Gouveia siempre re­sultó enigmático. Él era un ser solita­rio, sin acercamientos a personas co­nocidas en la vida pública. Cada vez que hablaba de lo ocurrido en Alta­mira, el portugués no mostraba señal de tener algún tipo de arrepenti­miento por lo que hizo. Además, en cada conversación, por momentos distorsionaba lo que decía con res­puestas incoherentes, acompañadas por una manera de hablar sobre sí mismo en tercera persona. Gestual y verbalmente se expresaba como si estuviese contando la historia de al­guien más.

Al tocar el tema de las personas que hirió y asesinó, siempre admitía lo sucedido, pero no de forma explí­cita, excusándose bajo una supuesta tortura psicológica, aunque no espe­cificaba quien se la propiciaba.

Sin embargo, el siempre mantu­vo plena consciencia de que estaba en una cárcel y tomaba medidas de seguridad, como hablar bajo y no dejar su comida o bebida en manos de nadie.

Lo inexplicable de su presidio[editar]

Durante su estadía en la cárcel de Tocuyito su comportamiento no era el de un típico reo vinculado con asesinatos. Joao siempre solía inten­tar comunicarse con alguien en Por­tugal, quien no le prestaba la menor atención. Pero algo extraño en su reclusión era que, a pesar de estar aparentemente solo y sin familia en el país, constantemente recibía paquetes con artículos de uso y aseo personal. Hasta la fecha se descono­ce quién le proporcionaba estos be­neficios dentro del centro peniten­ciario. Poseía también objetos de va­lor, entre ellos un reproductor de música iPod que se dice el mismo compró en una tienda con una tar­jeta de crédito y que fue retirado por un mensajero que días después se lo llevaría hasta su celda.

Otro dato curioso sobre Gouveia es que nunca hablaba de política y cuando se tocaban estos temas cer­ca de él simplemente se levantaba y se iba del lugar donde estuviera. Su estadía carcelaria siempre ha trans­currido entre estudiar matemáticas en la biblioteca del recinto, ir a la can­cha de deportes y establecer tertu­lias con personas de cierto nivel in­telectual. Su contacto social con otros presos era totalmente nulo.

Uno de sus mayores temores era que, según él, Larry Tovar Acuña, quien compartía la estadía en el re­cinto penitenciario, lo quería matar; cosa contradictoria pues Tovar fue una de las personas con las que más dialogaba en Tocuyito. Hasta cierto punto, los comportamientos obsesi­vos alimentados por un delirio de persecución y muerte, son típicos síntomas de la psicosis que ya tiem­po antes le había sido diagnosticada.

Cuando sus compañeros le so­lían hablar del tema de la grabación siempre se ponía como la víctima, argumentando algo que sólo en su mente podría ocurrir, como ser aco­sado sexualmente por periodistas de Globovisión. Nombres como el de Carla Angola se coló entre sus delirios de persecución por parte de la planta televisiva, casos que su­puestamente habría denunciado en fiscalía sin que se le prestara la menor atención al respecto. También aseguraba haber estado involucrado con Madonna y Shakira.

Al hablarle del crimen, la rabia y tormento es lo que según Joao fue el detonante para disparar aquel día. Sin el menor remordimiento hablaba de la muerte y reconocía abiertamente haber asesinado a las personas de Al­tamira. El pretexto fundamental para tanta tranquilidad se resume en dos palabras: confusión y olvido.

Su apariencia tranquila se vio afec­tada cuando un día se topó en los pa­sillos del recinto con un acusado de violaciones. Los demás presos obser­vaban como Joao deseaba golpear al sujeto por los abominables hechos que había cometido. Una contradic­toria conducta para una persona que paga condena por haber asesinado a 3 personas inocentes y dejar a varias con discapacidades. Posteriormente a estos episodios y luego de quejar­se de maltratos, Gouveia fue trasla­dado a la Cárcel de Coro, donde per­manece hasta la fecha.

Enlaces externos[editar]

www.noticiaaldia.com