Jeroboam I

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Jeroboam I.

Jeroboam I fue el primer rey del Reino del Norte de Israel, tras la división de las tribus de Israel, gobernando a 10 de las tribus. Su historia es narrada en el Primer Libro de Reyes. Reinó 22 años. Edwin R. Thiele ofrece las fechas 931 a. C. - 910 a. C. mientras William F. Albright ha datado su reinado a 922 a.C - 901 a. C.[1]

Contexto[editar]

Según 1 Reyes 11:26-39, Jeroboam era hijo de Nabat, de la tribu de Efraín y de la ciudad de Seredá. El nombre de su madre era Serúa (quien más tarde se volvió viuda). Era un funcionario de Salomón. Bajo la influencia de las palabras del profeta Ahías, quien profetizó que él gobernaría las 10 tribus del Norte de Israel, comenzando a formar la conspiración con el fin de convertirse en el rey de las 10 tribus del Norte; pero al ser descubierto, escapó a Egipto (1 Reyes 11:29-40), donde él estuvo durante un tiempo en la protección de Sisac

Después de la muerte de Salomón, los conflictos de tipo económico generaron tensiones. La conducta altanera de Roboam con respecto a las 10 tribus del Norte, contribuyó a generar una rebelión y Jeroboam regresó a Israel aclamado como rey (1 Reyes 12:1-20).

Por medio de su mensajero, el Señor había hablado claramente a Jeroboam acerca de la necesidad de dividir el reino. Esta división debía realizarse, había declarado, "por cuanto me han dejado, y han adorado a Astharoth diosa de los Sidonios, y a Chemos dios de Moab, y a Moloch dios de los hijos de Ammón; y no han andado en mis caminos, para hacer lo recto delante de mis ojos, y mis estatutos, y mis derechos, como hizo David su padre." (1 Reyes 11: 33).


Se le había indicado, además, a Jeroboam que el reino no debía dividirse antes que terminase el reinado de Salomón. El Señor había añadido: "Empero no quitaré nada de su reino de sus manos. sino que lo retendré por caudillo todos los días de su vida, por amor de David mi siervo, al cual yo elegí, y él guardó mis mandamientos y mis estatutos: mas yo quitaré el reino de la mano de su hijo, y darélo a ti, las diez tribus." (1 Reyes 11: 34, 35).

Él reconstruyó y fortificó Siquem como la capital de su reino. Casi inmediatamente adoptó el medio de perpetuar la división entre el Norte y el Sur, al erigir en Dan y Betel los "becerros de oro", que él estableció como los símbolos de Dios, imponiendo a la gente no ir más a adorar en Jerusalén, para así traer sus ofrendas a los lugares santos que él había erigido.

[Hay quienes sostienen que los becerros de oro adorados por los hebreos del norte pudieron estar inspirados en el toro del dios IL (El, Elohim en plural-hebreo), que durante centurias había sido el dios canáneo por excelencia. El (Il) era el dios principal de los nómadas y, por ende, tenía funciones eminentemente éticas y sociales. Es descrito como tolerante y benigno: recibe los títulos de «Padre de los dioses», «rey», «padre de los hombres», «creador de las criaturas», «amable», «misericordioso» y «toro»].

De esa manera, no resultaba imposible cambiar en la mentalidad de la gente a Yahweh por "el anterior dios IL (El" (Contra el cual habría luchado Jacob para ser llamado IsraEl -el que lucha con(tra)El- (Génesis 32:23-28)).

Así Jeroboam pasó a la historia bíblica de forma distinguida como quien hizo pecar a Israel. Esta política idolátrica fue seguida de todos los reyes de Israel. Según 1 Reyes 13:1-9, mientras él estaba ofreciendo incienso en Beth-El, un profeta de Judá apareció antes de él con un mensaje de advertencia del Señor. Al intentar detener al profeta y sus palabras, su mano fue secada y el altar se hizo pedazos.

Jeroboam se llenó de un espíritu de desafío contra Dios, e intentó hacer violencia a aquel que había comunicado el mensaje.  "Extendiendo su mano desde el altar", clamó con ira: "Prendedle!" Su acto impetuoso fue castigado con presteza. En su ruego urgente a Dios su mano fue sanada (1 Reyes 13:1-9; compare a 2 Reyes 23:15); pero el milagro no tuvo ninguna impresión duradera sobre él. Vano había  sido el esfuerzo de Jeroboam por impartir solemnidad a la dedicación de un altar extraño, cuyo respeto habría hecho despreciar el culto de Jehová en el templo de Jerusalén. El mensaje del profeta debiera haber inducido al rey de Israel a arrepentirse y a renunciar a sus malos  propósitos, que desviaban al pueblo de la adoración que debía tributar al Dios verdadero.  Pero el rey endureció su corazón, y resolvió cumplir su propia voluntad. . .Su reinado era uno de constante guerra con el reino del Sur, Judá. Mientras el reino del sur no hizo ningún esfuerzo serio para militarmente recuperar el poder sobre el norte, había una lucha que perduró durante los reinados de varios reyes de ambos reinos.

Jeroboam murió poco después que Abiam, hijo y sucesor en el trono de Judá de Roboam (1 Reyes 14:1-18). En la evaluación de la carrera de Jeroboam, historiadores tienen que ejercer la precaución debido al hecho que la fuente exclusiva de información sobre él es evidentemente y abiertamente hostil, en cuanto a su obra de toda la vida como pecaminosa. La narración de la vida de Jeroboam -como los de todos sus sucesores- se termina con la fórmula "El resto de la historia de Jeroboam, las batallas en que tomó parte y otros detalles de su reinado, están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel" (1 Reyes 14:19).

Las "Crónicas de los Reyes de Israel", probablemente compilado por los propios escribanos de estos reyes, son probablemente la fuente para los hechos básicos de la vida y reinado de Jeroboam - aunque el escritor del Libro de Reyes claramente hizo un empleo selectivo de estas crónicas, concentrándose más en la moralidad de cada rey, con base en su obediencia o desobediencia a la Ley de Dios.

Ajías, el profeta que había predicho el ascenso al poder de Jeroboam, también predice su caída, junto a la de su dinastía y la del Reino del Norte: "De ahora en adelante, el Señor va a sacudir a Israel como la corriente del río sacude las cañas. Lo arrancará de esta buena tierra que dio a sus antepasados, y lo arrojará más allá del río Éufrates, por haber hecho representaciones de Astarté, causando con ello la irritación del Señor" (1 Reyes 14:15).

Jeroboam fue sucedido por su hijo Nadab, quien fue asesinado en el segundo año de su reinado por Baasa, de la tribu de Isacar, quien exterminó a toda la Casa de Jeroboam. La profecía de Ahías se cumpliría hacia el año 721 a.C. cuando los asirios deportaron a gran parte del pueblo hebreo hasta sus propios territorios (más allá del Éufrates).


Predecesor:
Salomón
Rey de Israel
931 a.C. - 910 a.C.
Sucesor:
Nadab

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]