Intervención peruana en Bolivia de 1828

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Intervención peruana en Bolivia
Primera invasión peruana a Bolivia
Intervención peruana en Bolivia de 1828.png
Mapa del actual territorio de Bolivia donde se muestra el territorio ocupado por las tropas del Perú y los rebeldes.
Fecha 1 de mayo8 de septiembre de 1828
Lugar Occidente de Bolivia.
Casus belli Presencia de tropas grancolombianas en el Alto Perú.
Conflicto Conflicto interno boliviano con intervención peruana.
Resultado Tratado de Piquiza y retirada de las tropas grancolombianas y peruanas.
Consecuencias Guerra grancolombo-peruana
Beligerantes
Flag of Bolivia (1826-1851).svg República de Bolivia Flag of the Gran Colombia.svg Militares grancolombinos
Respaldadas por:
Flag of the Gran Colombia.svg República de Colombia
Flag of Peru (1825-1950).svg República Peruana
Flag of Bolivia (1826-1851).svg Rebeldes bolivianos
Figuras políticas
Flag of the Gran Colombia.svg Flag of Bolivia (1826-1851).svg Antonio José de Sucre  Rendición Flag of Peru (1825-1950).svg José de La Mar
Flag of Bolivia (1826-1851).svg José Antonio Acebey
Comandantes
Flag of Bolivia (1826-1851).svg José María Pérez de Urdininea  Rendición
Flag of Bolivia (1826-1851).svg Francisco López de Quiroga
Flag of Peru (1825-1950).svg Agustín Gamarra
Flag of Bolivia (1826-1851).svg Pedro Blanco Soto
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Flag of Peru (1825-1950).svg Blas Cerdeña
Flag of Peru (1825-1950).svg Manuel Martínez de Aparicio
Fuerzas en combate
3.500 al inicio (muchos amotinados)[1] 4.000[2]​-5.000[3][4]​ peruanos
Bajas
1.254 3.542
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La intervención peruana en Bolivia de 1828 —llamada primera invasión peruana por la historiografía boliviana— fue una operación militar llevada a cabo por el Ejército del Perú, dirigido por el general Agustín Gamarra en 1828.

Se trató de una intervención extranjera en un conflicto interno de la República de Bolivia, siendo el primer operativo bélico de importancia del nuevo país, apenas tres años después de independizarse, y haciendo peligrar su autonomía por la ocupación. Su objetivo era forzar la salida de las tropas de la República de la Gran Colombia de Bolivia y forzar a Antonio José de Sucre a renunciar a la presidencia. El gobierno peruano aún no asumía la pérdida del Alto Perú y tras la escalada de conflictividad con el gobierno grancolombiano no deseaba tener un enemigo en su retaguardia. Hubo batallas entre los bolivianos pero no participaron los peruanos. La intervención desencadeno la guerra grancolombo-peruana.

Antecedentes[editar]

Independencia de Perú[editar]

La aristocracia peruana[n 1]​ no tenía nada de guerrera, terrateniente ni gobernante, era leal a la Corona porque le reconocía sus privilegios y por sentirse heredera de la metrópolis.[5]​ También por miedo a que se repitiera la guerra racial de Túpac Amaru II. Los nobles rápidamente apoyaron al virrey cuando las rebeliones de Huánuco y Cuzco, iniciadas por criollos, quedaron bajo la dirección de indígenas[6]​ (posteriormente, en la República se vivieron levantamientos populares a gran escala en 1834, 1854-1855, 1865 y 1894-1895).[7]

Por eso las alternativas políticas vinieron de regiones comparativamente marginales para el imperio (Buenos Aires o Caracas).[8]​ Solamente la llegada de las expediciones libertadoras del exterior pudo crear proyectos serios de independencia. La declaración de la misma fue producto de un acuerdo entre los patriotas invasores y los realistas peruanos.[9]​ Así nació la «larga letanía de la Independencia “concedida”» peruana (1821-1826), que por su propia dinámica, hizo que extranjeros ajenos a la realidad del país dirigieran el movimiento, y por ello fracasaran en la formación de un «Estado revolucionario», lo que retraso por años la posibilidad de los peruanos de organizar su propio proyecto institucional.[9]​ En cambio, entre el desembarco de Paracas y la batalla de Ayacucho el Perú vivió una guerra civil entre una minoría de patriotas apoyados por un ejército de extranjeros y una mayoría realista.[10]

El 20 de septiembre de 1822, tras reunirse en Guayaquil con el Libertador y presidente de la Gran Colombia, Simón Bolívar, el Protector del Perú, José de San Martín, renunció a su cargo y le sucedía una Suprema Junta Gubernativa. Esta se vio pronto deslegitimada por sus derrotas en Moquegua y Torata.[11]​ El Congreso Constituyente que convocó estaba compuesto de representantes electos de forma poco democrática y con poca legitimidad (la mayoría de la población aún seguía bajo control realista). Todo esto llevó al golpe de Santa Cruz (27 de enero de 1823) que hizo proclamar presidente a Riva Agüero.[12]

El Perú republicano, aún en guerra con los realistas que resistían en Cuzco bajo las órdenes del virrey José de la Serna, se sumergía en un período caótico en que ni siquiera los refuerzos del general de división, Antonio José de Sucre, pudieron impedir los reveses militares.[13]​ Estaban enfrentadas tres corrientes independentistas: el republicanismo plebeyo de José Faustino Sánchez Carrión, Francisco Javier Mariátegui y Tellería y Francisco Xavier de Luna Pizarro, el republicanismo nacionalista de José de la Riva Agüero y el proyecto confederacional bolivariano.[14]​ Finalmente, el Congreso peruano pidió la intervención personal de Bolívar en el país el 19 de junio. Cuatro días después depone y proscribe a Riva Agüero, que huye a Trujillo con sus partidarios, dejando el poder a Sucre y al nuevo presidente, José Bernardo de Tagle.[12]

El Libertador zarpó de Guayaquil el 6 de agosto y desembarcó en el Callao el 1 de septiembre. Rápidamente se hizo con el control político de los territorios republicanos neutralizando a Riva Agüero (que estaba negociando con los realistas) y con los refuerzos colombianos procedió a una ofensiva. El 9 de diciembre de 1824 se libró la batalla decisiva en Ayacucho, rindiéndose ese mismo día las fuerzas virreinales.[15]

Régimen de Bolívar en Perú[editar]

El régimen bolivariano rápidamente se ganó la animadversión de los peruanos: creó una Corte Suprema que encarceló o desterró a varios opositores políticos,[16]​ y fusilar a militares o guerrilleros patriotas que discreparon públicamente.[17]​ Su represión a toda oposición civil y a la aristocracia hizo que muchos (como Tagle) se pasaran al bando realista.[12]​ Esta política venía de antes.[n 2]​ Se impidió el ejercicio de la libertad de prensa[18]​ y se retiró a los cabildos el derecho de elegir sus autoridades municipales (26 de mayo de 1826).[19]​ En julio convoca Congresos Electorales para aprobar la Constitución Vitalicia, pero el 30 de noviembre y sin elección previa de diputados ni permiso de la Corte Suprema se la promulgó.[20]​ Esta Carta Magna establecía un poder ejecutivo con amplias atribuciones, vitalicio y con derecho a designar un sucesor (el vicepresidente, similar a la dinastía antonina), un Congreso hereditario (como la Cámara de los Lores) y una administración autoritaria, militarista y centralizada. Todo para prevenir el caos. Se esperaba que fuera el modelo de gobierno para Bolivia y la Gran Colombia.[21]​ Ese carácter vitalicio chocaba contra una ley peruana del 16 de diciembre de 1822, donde se declaraba que el poder ejecutivo no podía ser ni vitalicio ni hereditario. El enfrentamiento se potenciaba con otra ley, del 17 de noviembre de ese año, donde se señala que el ejército y la marina peruanas sólo podían tener oficiales de ese país, y en la administración civil se debía dar preferencia a los postulantes nacionales.[22]​ Debe mencionarse que Bolívar estaba acostumbrado a tal tipo de gobierno. En la Gran Colombia había un fuerte presidencialismo justificado en la guerra y la necesidad de un líder con poder casi ilimitado por la crisis constante.[23]​ Por las constituciones vitalicias y autoritarias promulgadas para Perú y Bolivia se acusaría al Libertador de usar a sus ejércitos para imponer sistemas políticos más que independizar países.[24]

Mientras hace reclutar a gran parte de los monárquicos rendidos en Ayacucho, Bolívar hace desmovilizar a la mayoría de las unidades peruanas (unos cinco mil que reemplazaron las bajas grancolombianas)[25]​ y después de la capitulación del Callao, presenta el 10 de febrero de 1826 la exigencia de enviar a 6.000 reclutas peruanos a servir a Venezuela,[26]​ enviándose los primeros contingentes en julio, probablemente no más de 3.000,[27]​ oficialmente para reforzar las defensas ante una posible invasión francesa (Cien Mil Hijos de San Luis) pero en realidad era para enfrentar al general Páez,[28]​ quien había iniciado La Cosiata, movimiento separatista en Venezuela.[29]​ Las tropas allí enviadas, por la lejanía y desconocimiento del idioma (la mayoría eran indígenas que apenas sabían español) dificultaban la deserción o el amotinamiento, muriendo muchos de los enviados por el clima y enfermedades tropicales.[30]​ Se sabe que algunos sobrevivientes fueron repatriados de Nueva Granada y Venezuela en 1852 y 1857 respectivamente.[31]​ Acabada la guerra con España, los grancolombianos lentamente abandonaron Perú, debilitando la posición del Libertador. A mediados de 1826 2.400 hombres de la división de José María Córdova y 1.200 de la de Bartolomé Salom abandonaron Perú.[32][33]

Otra medida que lo hizo detestado por los indígenas fueron las tasaciones hechas en pleno caos bélico, sin control y muchas veces por funcionarios miembros de la aristocracia criolla o comprados por ella, que permitieron la división individual de sus tierras comunales y su compra por los hacendados.[34]​ Restableció la esclavitud de los negros y pardos en las plantaciones de caña de azúcar en la costa (abolición hecha por José de San Martín para ganarse el apoyo de estos)[35]​ y los tributos, mitas y pongüeajes indígenas para ayudar a las finanzas peruanas.[36]

Independencia de Bolivia[editar]

Mapa de la República de la Gran Colombia (incluyendo territorios reclamados).

Lo que más resistencia al régimen provocó fue la independencia del Alto Perú. Con fuertes vínculos comerciales y culturales con el Bajo Perú, había quedado bajo la autoridad de Lima desde 1810 para evitar que lo conquistaran las tropas revolucionarias porteñas.[37]​ El virrey Abascal aprovechó la existencia de algunos bastiones realistas en Sudamérica para llevar a cabo una política de expansión territorial de forma autónoma. Enviando dinero y refuerzos a sus aliados, se lograron armar expediciones que permitieron recuperar los antiguos territorios virreinales. El rechazo a este expansionismo sería una de las causas de las intervenciones chileno-rioplatense (1820-1821) y grancolombiana (1823-1826) que lograron su propósito de acabar con la obra de Abascal.[38]​ En cambio, los patriotas peruanos jamás se posicionaron frente a esta política de integración, lo efímero de sus movimientos lo impidió.[39]​ La «política de “recuperación territorial”» de Abascal (y continuada por Pezuela hasta 1820)[40]​ y el convertir al Perú en el centro simbólico y material de la contrarrevolución sudamericana, sólo fue posible gracias a la coincidencia de intereses entre la autoridad española y la aristocracia peruana.[41]

Los gobiernos revolucionarios de Lima consideraban a Charcas su territorio. Una de las razones para que José de la Riva Agüero enviara la expedición de Santa Cruz antes que llegara Bolívar fue el asegurar la soberanía peruana en Charcas (él suponía acertadamente que los colombianos no veían con buenos ojos un Perú demasiado poderoso). El resultado fue un desastre militar y el enfrentamiento entre el presidente peruano y Bolívar.[42]​ En 1825 Sucre reunió 3.000 peruanos y 1.000 colombianos (más 3.500 de reserva)[43]​ y conquistó el territorio, venciendo fácilmente al general Pedro Antonio Olañeta, cuyas tropas desertaron rápidamente.[44]​ El 23 de febrero de ese año el Congreso peruano le exigió formalmente hacerlo en nombre de la soberanía peruana en dicho territorio.[42]​ Los motivos de esta campaña estaban, para Sucre, en apropiarse de los ricos recursos argentíferos, ganaderos y agrícolas de Charcas para pagar, alimentar y vestir al ejército;[45]​ y para Bolívar, en eliminar a Olañeta era necesario antes que consiguiera apoyo europeo o brasileño.[46]​ Los grancolombianos deseaban evitar un caos político que arruinara sus planes.[47]​ El 16 de mayo Bolívar ordenó a Sucre convocar una Asamblea Constituyente en Chuquisaca,[48]​ iniciada el 10 de julio por 48 diputados en el salón de la Universidad local,[49]​ todos eran nobles hacendados y apenas dos habían combatido a los realistas. Una facción liderada por Casimiro Olañeta logró dominar las sesiones y desplazó a los diputados de La Paz o Cochabamba, partidarios de la unión con Perú, logrando proclamar la independencia el 6 de agosto.[50]​ Se apoyaron para tal decisión en el miedo de muchos criollos charqueños a que una unión con Perú los dejara bajo el dominio limeño.[51]​ Sin embargo, no fue unaníme. Los paceños veían en la «refusión con el Perú» una vía de escape del dominio de los chuquisaqueños, ya que tenían mucha mayor vinculación con el sur peruano.[52][n 3]​ Rápidamente se acusó a Sucre de buscar tal división de Perú al permitir tal decisión.[53]​ En el proceso no participaron las masas indígenas, solo los estratos altos y medios de la población, es decir, criollos.[47]​ Entre las primeras leyes estuvieron proclamar a Bolívar líder supremo del nuevo país pero mientras estuviera en su territorio el 19 de agosto, pero cuando éste se retira se nombra a Sucre presidente el 3 de octubre pero sin confirmarlo formalmente, algo que sería usado posteriormente por los enemigos del cumanés y por lo que Sucre reprocharía a Bolívar.[54]​ El 6 de octubre el Libertador entregaba al nuevo país un proyecto de constitución y garantizaba una guarnición de 2.000 colombianos hasta conseguir plena estabilidad interna.[55]

Inicialmente esta secesión molestó a Bolívar, pues iba contra sus planes de un gran estado andino, pero los consejos de Santander y el halago de Sucre y los criollos bautizando el nuevo país con su nombre lo hicieron ceder. La unión del Bajo y Alto Perú era vista como demasiado peligrosa por Bolívar, Santander, Sucre y Buenos Aires.[56]​ Esto permitía tener un aliado a la espalda de un país que ya mostraba pretensiones sobre territorios colombianos.[57]​ La posición de los rioplatenses sorprendió a Bolívar, pero estos consideraban imposible reclamar militarmente Charcas (parte del virreinato del Río de la Plata) desde el desastre de Sipe-Sipe y a partir de 1817 estaban más preocupados del comercio con Inglaterra. Además, esto impedía la anexión de aquel territorio por los peruanos, algo que les preocupaba, y con una postura favorable esperaban el apoyo militar colombiano durante la Guerra del Brasil por la Banda Oriental.[58]​ También permitieron la anexión de Tarija a Bolivia, siendo que esta provincia estaba estrechamente vinculada a Salta, pero como el comercio había decaído por la guerra y los guerrilleros tarijeños se mostraron conformes no se hicieron reclamos.[59]​ Una alternativa era permitir la unificación de Charcas con Chile y el Río de la Plata (según Santander, eso era más fácil que unirla a Lima y Bogotá), pero los gobiernos de esos países desconfiaban de Bolívar acusándolo de no dejar a cada pueblo decidir su futuro, así que dicho estado sería una potencia enemiga.[60]​ Por otra parte, esa posibilidad se encontraba con las diferencias étnicas entre los altoperuanos (mucho más afínes con los bajoperuanos) y rioplatenses.[61]

Hubo oposición en algunos círculos de Bogotá y sobre todo en Lima.[62]​ La decisión lo distancio de los peruanos, recién el 25 de mayo de 1826 el Consejo de Gobierno peruano, bajo su influencia, reconoció la independencia boliviana.[63]​ A los limeños les molestaba que según el principio de Uti possidetis iuris, el virreinato de Nueva Granada se había independizado intacto, mientras que el suyo no.[64]

Los altoperuanos también reclamaron Arica, puerto por donde exportaban sus riquezas, pero se vieron obligados a conformarse con el lejano y pobre Cobija, ya que Bolívar no quería provocar más a los limeños.[65]​ Ese problema para su comercio sería una de las causas principales del apoyo a la futura Confederación Perú-Boliviana.[n 4]

Federación de los Andes[editar]

Mapa de la Confederación Perú-Boliviana (incluyendo territorios reclamados). Bastante similar a los planes de Bolívar para el Alto y el Bajo Perú (división en tres estados que después se incluirían en la Federación de los Andes).

La intención del Libertador era incorporar al Alto Perú (o Charcas) a su proyectada Federación de los Andes, que abarcaría desde el Altiplano a las costas venezolanas. Él sería el presidente vitalicio y contaría con un congreso federal tricamercal hereditario y una administración centralizada:[66][67]​ «una federación general (...) más estrecha que la de los Estados Unidos».[68]​ Los primeros intentos de integrarse entre rebeldes se dieron en Nueva Granada, Quito y Venezuela, cuando sus gobiernos colaboraron, aunque todos reclamar la plenitud de sus soberanías.[39]

La federación andina se dividiría en dos grandes entidades: la Gran Colombia, que sumaba las regiones Norte (Venezuela), Centro (Cundinamarca) y Sur (Ecuador)[69][n 5]​ y Bolivia, que abarca Alto y Bajo Perú. Cada territorio sería administrado por un vicepresidente-gobernador con su propio Senado bicameral, sus atribución abarcarían todo sobre religión, justicia, administración civil y economía y el Libertador los visitaría anualmente en viajes de inspección. Las relaciones exteriores y la guerra quedarían en manos del presidente. El congreso federal contaría con un diputado por región para cada cámara. El vicepresidente federal sería el sucesor designado del «jefe supremo» y ayudaría en el gobierno federal con los secretarios de estado. Habrá una sola bandera, ejército, constitución (con adaptaciones concretas para cada región) y nación.[70]​ El Bajo Perú sería dividido en dos regiones: Norte y Sur, correspondientes a las audiencias de Lima y Cuzco respectivamente[71]​ (muy similar a la organización de la confederación de Santa Cruz),[72]​ para impedir que se volviera el poder dominante en su soñada federación.[73]​ El prefecto de Arequipa, Antonio Gutiérrez de La Fuente, quedaría a cargo de realizar este proyecto.[74]​ Esa última ciudad era la capital del proyectado estado peruano meridional,[75]​ debido a esa autonomía de Lima, beneficios comerciales, el evitar la separación de Charcas y conseguir el dominio sobre su departamento homónimo, Puno y Cuzco, Bolívar esperaba contar con el apoyo arequipeño en su proyecto.[76]

Las autoridades de Colombia seguirían igual, en Charcas se nombraría vicepresidente-gobernador a Santa Cruz y en Perú «no faltaría un hombre de mérito». Sucre sería vicepresidente de toda la federación y si él no aceptaba Bolívar renunciaría por considerar que no tendría sucesor capaz de continuar su proyecto.[74]​ Se esperaba que Sucre se encargara de negociar con los peruanos para sumarlos a la federación.[77]​ Así nacería un poderoso país capaz de plantar cara a las potencias europeas y negociar en igualdad con ellas.[78]​ Entre las principales dificultades para tal unión estaban las distancias, malas vías de comunicación, los recelos nacionalistas que empezaban a surgir con fuerza en cada región y los deseos de revivir el antiguo federalismo de los primeros tiempos de la independencia[79]​ (causa, según Bolívar, de la Reconquista, de ahí su rechazo a ese modelo de estado).[39]​ Los territorios estaban arrasados y sus economías arruinadas por la guerra,[80]​ y el gobierno colombiano ya no podía con sus pagos de la deuda externa:[81]​ «Tampoco lo favorecía el precedente colonial de unión política bajo la Corona española, que era una unión algo ficticia, en cuanto se trataba de la dependencia común del gobierno metropolitano». Todas las regiones eran autónomas entre sí, compartiendo sólo una misma administración colonial.[39]​ La soberanía del rey español jamás se ejerció de manera unitaria por la extensión y diversidad de los territorios, tampoco había unidad administrativa ni económica. Sólo una religión y un idioma oficiales, aunque no los únicos:[82][83]​ «Los límites administrativos y jurídicos que demarcaban virreinatos, audiencias y unidades territoriales menores habían cuajado lo bastante para proporcionar unas coordenadas para la formación de lealtades a una multitud de patrias definidas con mayor nitidez que la patria americana general que los rebeldes trataban de liberar».[84]​ Tensiones similares existían dentro de cada país, entre aspiraciones centralistas de las capitales y la autonomía de las regiones.[85]

Además, empezaban a vislumbrarse los futuros conflictos fronterizos: Guayaquil se debatía entre anexarse a Perú o la Gran Colombia o ser una ciudad-estado; Pasto, y en menor medida Popayán, estaba vinculado culturalmente más a Quito que a Bogotá;[86]​ también neogranadinos y peruanos se disputaban territorios amazónicos, garantizando el fracaso de toda integración;[87]​ «las antiguas lealtades eran más profundas que la nueva geografía política».[85]​ Sin embargo, la diversidad cultural y económica de cada territorio era el principal contrapunto. Desde las serranías de Pasto hasta la Puna jujeña la población era mayoritariamente indios que estaban inmersos en sus comunidades agrícolas, principalmente de etnias quechuas, aimaras y chibchas. La economía se basaba en la agricultura y la minería y textiles sólo tenían importancia en Perú, Nueva Granada, Charcas y en Quito y Nueva Granada respectivamente.[88]​ En la costa caribeña predominaban las plantaciones de esclavos (similar al litoral peruano) y en los llanos del Orinoco la ganadería. En Chile una incipiente minería, economía trigueña y población mestiza.[89]​ Factores favorables a dicha unidad eran los numerosos elementos culturales compartidos por los pueblos andinos ubicados entre Venezuela y Chile y el norte rioplatense, algunos de ellos provenientes de tiempos prehispánicos, los vínculos comerciales interregionales y la existencia de las mismas instituciones, códigos jurídicos, religión e idioma oficial aportados por España.[90]

Idealmente, Bolívar deseaba sumar a Chile en su federación. Bernardo O'Higgins, antiguo gobernante de ese país exiliado en Perú, se puso bajo su mando[91]​ y para mediados de 1825 el Libertador estaba preocupado porque el gobierno de Ramón Freire no atacaba Chiloé, isla aún en poder español.[92]​ Se ofreció a Freire el envió de un contingente para ayudarlo en su expedición, pero en realidad buscaba derrocarlo y reponer a O'Higgins, quien tenía contactos dispuestos a rebelarse si llegaba ayuda. Así tendría un gobierno títere en ese país.[93]​ Freire nunca aceptó sus ofrecimientos y conquistó el bastión por su cuenta. Los chilenos tenía una mentalidad de «país aparte» bastante asumida para esa época y no deseaban integrarse a nada.[39]

Sin embargo, algo que no quería era anexar el Río de la Plata, para él esa región vivía una guerra social comparable a la de Venezuela.[94]​ Esta última estaba arrasada por los enfrentamientos entre los partidarios de Bolívar (unión), los de Páez (secesión) y las últimas partidas realistas de José Dionisio Cisneros[95]​ (quien esperaba provocar el caos suficiente para facilitar una reconquista por la siempre prometida expedición española).[96]​ Según el Libertador, ambos extremos eran zonas caóticas que solo dificultaban la unidad de las naciones andinas.[97]​ Ese miedo a una nueva guerra racial o social en Venezuela (como la de José Tomás Boves)[98]​ le hizo negarse a enviar una expedición contra los españoles de Cuba, peligroso lugar desde donde se podían enviar expediciones realistas,[94]​ porque podía haber un levantamiento de los esclavos, de ahí que prefiera contemplar la idea de conquistar Puerto Rico, con menor población servil.[99]​ La expedición estaría encabezada por José Antonio Páez y José Prudencio Padilla, oficiales con mayor arraigo popular en Venezuela por su condición mestiza y parda respectivamente.[100]

Caída del régimen bolivariano en Perú[editar]

Bolívar zarpó del Callao hacia Guayaquil el 4 de septiembre de 1826 creyendo sólida su posición,[101]​ dejó a Andrés de Santa Cruz a cargo del poder ejecutivo, muy impopular y dependiente del respaldo de una guarnición de soldados grancolombianos (en teoría mejor pagados que los peruanos, con los que tenían frecuentes trifulcas callejeras, pero en realidad llevaban meses impagos, odiaban a sus oficiales por tener mucho mejores sueldos y querían volver a sus hogares).[102]​ En la noche del 26 al 27 de enero de 1827 los opositores peruanos (los liberales Manuel Lorenzo de Vidaurre y Francisco Javier Mariátegui y Tellería) consiguieron convencer a los 3.000 infantes y 400 jinetes guarnición de la 3ª división grancolombiana[103]​ de amotinarse al mando del coronel neogranadino José Bustamante, el jefe de la unidad,[104]​ el general Jacinto Lara fue arrestado con otros oficiales venezolanos.[n 6]​ La Constitución Vitalicia fue anulada y se eligió un nuevo gobierno. Después de esto los grancolombianos fueron embarcados para Guayaquil.[105]​ Aunque inicialmente se pensó en algún intelectual para gobernar Perú, se decidió por la mano fuerte de un general, José de La Mar, se iniciaba un periodo inestable de caudillismo militar.[106]

El Libertador nunca renunció a su pretendida presidencia vitalicia ni su hegemonía sobre Perú.[107]​ Así, mientras luchaba por consolidar la Gran Colombia mantenía guarniciones en Charcas,[108]​ cerca de 2.000 soldados,[103]​ y al gobierno de Sucre. Esto se veía como una amenaza en Lima, al tener tropas grancolombianas al norte y al sur, pero no se atrevían a atacar porque invadir Bolivia implicaba verse en una guerra en dos frentes, con Sucre bien posicionado en La Paz mientras que Bolívar invadía desde el norte. Esto llevó al gobierno peruano a pedir reiteradamente que las tropas grancolombianas se retiraran de Bolivia.

Gobierno de Sucre en Bolivia[editar]

Antonio José de Sucre, segundo presidente de Bolivia.

El general venezolano rápidamente perdió el apoyo que tuvo al principio al ser visto como un mero títere del Libertador. Además, casi todos los prefectos o empleados públicos eran extranjeros, como el comandante Joseph León Galindo Camacho, nacido en Vélez, fue ascendido a general de división y quedó a cargo de Cochabamba. Otro neogranadino, de apellido Fernández, por recomendación de Bolívar, sin haber estado en Junín ni en Ayacucho, recibió una gratificación de cuarenta mil pesos. En esos mismos días, el general Pedro Blanco Soto (futuro presidente de Bolivia) con su división se moría de hambre en Tarija.[109]

La cancillería de Chuquisaca no tomaba resolución alguna en los asuntos internacionales hasta después de recibir los correos de Caracas y de Bogotá. Para emporar todo, Lima y Buenos Aires veían su gobierno como una peligrosa cabeza de puente de los bolivarianos en el sur del continente.[110]​ El reconocimiento de los dos últimos al gobierno de Sucre dependía de la posición que tomara en las luchas de poder que se iniciaban entre los nuevos estados.[45]​ En política interna su gobierno fue inestable, reorganizando el país como él quería pues consideraba que su independencia era obra exclusivamente suya. El liberal suprimió las órdenes monásticas, confiscó los bienes eclesiásticos y reemplazó el tributo indígena con una contribución fiscal[110]​ sobre los dueños de tierras y minas (blancos que tenía a trabajadores a tiempo completo o parcial, en su mayoría indios que debieron abandonar sus comunidades),[90]​ ganándose la antipatía de los criollos locales que no veían con buenos ojos estas reformas.[111]

Las tropas colombianas estaban acuarteladas en Chuquisaca, La Paz y Cochabamba, su presencia provocaba constantes motines entre los altoperuanos. El 14 de noviembre de 1826 el capitán Domingo López Matute se sublevó con los Granaderos de Colombia en esta última ciudad. Este movimiento fue sofocado con prontitud y el Congreso boliviano acusó al gobierno de Buenos Aires de querer anarquizar Bolivia,[112]​ ya que los productos peruanos y rioplatenses no competían en igualdad, porque los primeros no pagaban aduana.[113]​ Este movimiento sirvió de ejemplo al motín de Lima pocos meses después.[114]​ En la Navidad de 1827 se subleva el batallón de Voltígeros bajo la dirección del coronel Pedro Guerra porque llevaban meses sin paga. Arrestaron a las autoridades de Chuquisaca e hicieron vítores a Santa Cruz y Gamarra. Fueron vencidos sin problemas y sus líderes huyeron a Perú.[115]​ Según él, agentes peruanos y rioplatenses estaban detrás de esos movimientos.[107]

Por aquel entonces las tropas de la República de Bolivia eran los batallones 1°, 2° y 3° (1.800 hombres) y 400 lanceros en La Paz, 300 cazadores a caballo y 300 infantes en Potosí y 100 granaderos en Chuquisaca, todos ellos bolivianos. Las últimas tropas grancolombianas que quedaban en el país eran el batallón Pinchincha (200 hombres) y el regimiento de Granaderos de Colombia (300 plazas). Junto a piquetes dispersos en el resto del país y milicias sumaban 3.500 combatientes, aunque Sucre esperaba movilizar 5.000.[1]

Un partido boliviano llamado Independiente y que tenía a su frente a Olañeta, propagaba las ideas de Francisco de Paula Santander entre las tropas colombianas y repartía los numerosos papeles y pasquines que venían de Lima y que redactaban José María Pando y Manuel Lorenzo de Vidaurre.[114]​ El descontento no era contra Sucre, cuya administración era buena, sino contra la política bolivariana, de la que el presidente boliviano era ejecutor con el apoyo de las fuerzas colombianas.[110]

El general peruano Agustín Gamarra tenía el ideal de reunificar el Bajo Perú con el Alto Perú bajo el liderazgo limeño; mientras tanto Andrés de Santa Cruz se proponía formar una federación, con mayor influencia política de La Paz y Cuzco. Ambos habían conspirado para expulsar a Bolívar y deseaban esa unión pero bajo su gobierno personal.[116]

A inicios de 1827, el mandatario boliviano se enteró que Gamarra reunía tropas en Puno.[117]​ Sucre creyó que actuaba según órdenes de su gobierno, que había exigido permanentemente la retirada de las tropas grancolombianas.[118]​ El presidente boliviano había intentado llegar a un acuerdo con Lima anteriormente, invitando a Gamarra a negociar en la frontera a inicios de marzo.[115]​ El general peruano negó que pretendiese invadir Bolivia y mediante un acuerdo, el 5 de mayo, se comprometió a retirarse a Cuzco.[119]​ En una nota del 12 de septiembre del mismo año, Bolívar aconsejaba a Sucre tener buenas relaciones con los estados limítrofes. Poco después, Gamarra reclamó de que se estuviese reclutando tropas, mientras él retiraba las suyas a Lampa y Pucará, nueve leguas más al norte. Conminó a Antonio José de Sucre a que licenciara a los conscriptos, y que en caso de no hacerlo tendría por roto el pacto celebrado.[120]

«Han venido ya de Puno los 2 batallones y 2 escuadrones que habían en Tacna y Arequipa, y están en Lampa y Azángaro los otros 2 batallones y 1 escuadrón del Cuzco, de manera que existen en el departamento de puno 3000 infantes, 500 caballos y 2 piezas de batalla. No creo que nos ataquen... las han puesto ahí de miedo ... Yo he colocado desde Oruro a La Paz 3000 infantes, 700 caballos y 4 piezas de artillería ... y podré aumentar ... a 6 piezas, 4000 infantes y 1000 caballos ... estoy de ese lado descuidado».
Carta de Sucre a Bolívar, Chuquisaca, 20 de diciembre de 1827.[121]

El 5 de marzo de 1828, Sucre y Gamarra se entrevistaron en la frontera. El general peruano le plantea al presidente su preocupación que se intentara invadir Perú por dos frentes, lo que Sucre negó tajantemente. Sin embargo, el general Juan José Flores, a cargo del gobierno de Ecuador, le había propuesto dicho plan anteriormente.[121]​ Debe mencionarse que Gamarra odiaba a Sucre por menospreciar su partipación en la victoria de Ayacucho y no reconocer públicamente sus aportes en aquel evento.[122]

Conflicto[editar]

Motín de Chuquisaca[editar]

Pedro Blanco Soto, general boliviano cuyas tropas colaboraron con Gamarra.

El conflicto acabó por estallar en Chuquisaca.[123]​ El 18 de abril de 1828 a las 06:00 horas, se informó a Sucre en el Palacio Nacional que se habían sublevado los soldados grancolombianos del batallón Voltígeros en el cuartel de La Guardia.[124]​ Le habían llegado informes que se estaba tramando el levantamiento, pero no deseaba prenderlos antes de tiempo. El presidente envió al coronel José Escolástico Andrade a controlar la situación, poco después acudía personalmente en compañía de sus edecanes, el ministro Facundo Infante y el comandante Escalona, hacia el cuartel. Ahí es recibido a balazos por los amotinados. Enardecido por el recibimiento, aplico espuelas al caballo y entró acompañado de Escalona. Increpó a los soldados: «Granaderos, ¿qué hay? ¿qué queréis?», pero antes de acabar la frase tres descargas cerradas por orden del sargento tucumano Cainzo lo hirieron en la frente y el brazo derecho, mientras Escalona era alcanzado en el izquierdo.[125][126]​ El caballo del mandatario se encabritó y fuera de control giró y corrió hasta las caballerizas del palacio, donde los encargados lograron dominarlo. Sucre fue llevado a su lecho con sólo una herida en la cabeza y un brazo roto.[127][128]​ Sucre estaba convaleciente y su vicepresidente ausente, con arreglo a la constitución entregó el poder al presidente de su Consejo de Ministros, general José María Pérez de Urdininea.

Entretanto, Infante quiso llamar a las tropas grancolombianas que estaban en La Paz. Sucre se opuso, alegando que ellas no podían mezclarse en luchas internas, y que para sofocar la presente bastaba con las que tenía el general Francisco López de Quiroga en Potosí, a quien había mandado llamar. El general López de Quiroga marchó a sofocarlas, siendo vencido el 30 de abril en un combate en que murió el guerrillero José Miguel Lanza.[123]​ Más tarde el mismo ministro le escribió a Bolívar, por tres veces, que atacara al Perú por el norte, según carta del 2 de junio que Pérez de Urdininea descubrió después.

Los amotinados exigieron al prefecto de La Paz el pago de 50.000 pesos de los cuales entregó 40.000, tras lo cual tomaron el camino a la frontera peruana pero perseguidos por las tropas bolivianas y grancolombinas del general Pérez de Urdininea y el coronel Otto Philipp Braun, 84 voltígeros fueron muertos y 300 hechos prisioneros entre estos últimos 99 heridos.[n 7]​ Sucre halagó a quienes restablecieron el orden público diciendo: «Habéis vencido a los vencedores de los vencedores de catorce años», el batallón Voltígeros era un cuerpo veterano de Ayacucho.

Mientras estaba convaleciente, el 20 de abril, Sucre envió un poder para contraer matrimonio con Mariana Carcelén, quien estaba en Quito.[121]​ Ocho días después Gamarra se reúne con sus oficiales y les informa que La Mar le dio completa libertad para actuar en el sur. Dispuso que el general Cerdeña mandará la vanguardia de zapadores en el cruce del río y una reserva quedará a cargo de Martínez de Aparicio. Su ejército se componía de los batallones 1° y 2° de Zepita, 1° y 2° del Callao y Pichincha y los escuadrones Húsares de Junín y Dragones de Arequipa.[1]

Gamarra interviene[editar]

Agustín Gamarra, comandante del ejército peruano.

Gamarra cruzó el 1 de mayo el río Desaguadero[128]​ con un ejército de 4.000 a 5.000 peruanos.[129]​ Su jefe de Estado Mayor, el general Manuel Martínez de Aparicio, quedó guardando el paso del río. Este último se había mostrado contrario a los planes de su comandante desde el momento en que La Mar lo asignó a su división.[121]

El general peruano publicó una proclama donde criticaba la política de Sucre e indicaba que el Alto y el Bajo Perú debían unificarse.[130]​ En esos momentos los insurrectos de Chuquisaca habían proclamado como presidente al doctor José Antonio Abencey, Gamarra lo reconoció y afirmó invadir con su autorización dada en una carta del 20 de abril.[131]​ También envió oficios a Sucre ofreciéndole conservar el orden, invitándole a la reconciliación nacional y prometiéndole que sus tropas jamás atentarían contra la vida del vencedor de Ayacucho.[132]​ El 10 de mayo Sucre le agradeció por su cortesía pero rechazó su auxilio al no confiar en sus intenciones (se sabía que Gamarra había promovido indirectamente el motín).[133]

«Se trata de una revolución intestina y para sofocarla tengo fuerzas suficientes, pero prefiero entregar el cuello a la cuchilla de mis asesinos, antes que convenir que quede sancionado en América el principio de intervención».[134]

Las tropas de la República de Bolivia empezaron a desertar en masa: 300 granaderos del batallón Pinchincha se unieron a Gamarra cuando éste llegó a Viacha, cerca de La Paz, el 7 de mayo; y el coronel Blanco Soto se sublevó con el regimiento Cazadores a Caballo y otras unidades en Chinchas el 17 de mayo (tenía 800 hombres a sus órdenes). Durante el viaje de Sica Sica a Panduro el 25 de mayo se enteró de la rebelión de Blanco Soto y se decidió a contartar con él. El día 26 el coronel Ramón González, el comandante de Cazadores Manuel Valdez (jefes de los batallones 1° y 2° de Bolivia respectivamente) y capitán de artillería Narciso Núñez intentan un motín en Paria pero son sorprendidos antes de efectuarlo, huyen y dos días después llegan al campamento peruano en Caracollo.[1][n 8]

Pérez de Urdininea tuvo una postura vacilante, provocando reproches públicos de Sucre ante el Congreso en Chuquisaca. El 8 de mayo Gamarra entró en La Paz. Pérez de Urdininea, con su menguado por las deserciones, se retira a Oruro.[135]​ Ahí realizó una junta de guerra donde se discutió sobre como muchos bolivianos, como el general Blanco Soto, se habían pasado a Gamarra y qué medidas tomar. Se decidió enviar a López de Quiroga contra Blanco Soto, que estaba en Chichas, permitiendo a Gamarra entrar en Oruro, Potosí y Chuquisaca, donde fue honrado como un libertador.[136]​ Al llegar a esta última decidió enviar un piquete a Nucho, donde estaba convaleciente Sucre, para arrestarlo. Poco después lo liberó y dejó ir a Mojotoro.[137]​ Cochabamba fue ocupada por el general Blas Cerdeña, que estaba a las órdenes del peruano, y así toda Bolivia excepto Santa Cruz y Tarija quedó bajo su poder.[138]

José María Pérez de Urdininea, presidente en funciones de Bolivia al estar Antonio José de Sucre herido.

Entendiendo que era inútil resistir, Sucre alentó a Gamarra y Pérez de Urdininea a negociar. Estos enviaron representantes a Piquiza, firmándose un tratado el 6 de julio. Se decidió que los grancolombianos debían salir por Arica en transportes que proporcionaría el gobierno peruano y cuyo coste pagaría el boliviano. También se estipuló la convocación a un nuevo Congreso Constituyente el 1 de agosto, caducando los poderes de los diputados entonces en sus cargos.[139]​ Antes de instalarse el nuevo Congreso y para evitar enfrentamientos, Gamarra envió a Cerdeña a La Paz con los batallones Pichincha, Callao y Zepita y los escuadrones Húsares de Junín y Dragones de Arequipa. El general Cerdeña logró imponer la paz entre los que partidarios de reponer al prefecto José Ramón de Loayza Pacheco y los que apoyaban a Baltazar Alquiza como nuevo prefecto.[140]

Urdininea dirigió una proclama a los bolivianos y otra a los soldados, felicitándolos por la independencia y defendía que el Tratado de Piquiza se había firmado para evitar una guerra civil inútil.[140]​ Sucre se presentó en Chuquisaca para dar un discurso final en el Congreso, pero nadie se presentó, lo mismo pasó al día siguiente, rápidamente comprendió que todo mundo esperaba que se fuera para iniciar las sesiones. Encargó al diputado Mariano Calvimonte leer su discurso, que incluía su renuncia, ideas sobre cómo organizar el gobierno y propuestas sobre qué debía hacer un vicepresidente. En la tarde del 2 de agosto salió con una numerosa comitiva de la urbe, llegando veintitrés días después a Cobija. El 4 de septiembre se embarcó en la fragata inglesa Porcupine para el Callao con los tenientes coroneles Estanislao Andrade y Juan Antonio Azaldeburo, el capitán José Valero y el capitán cirujano Santiago Zavala.[141]

Gamarra ascendido a Gran Mariscal por el tratado, remitió 10.000 pesos a Braun para que salieran las tropas, encargó al general Martínez de Aparicio vigilar su marcha, y el 27 y 28 de julio partieron de La Paz para Arica, por la ruta de Tacora, los escuadrones Dragones y Húsares de la Gran Colombia. El sargento mayor Juan Bautista Zubiaga fue mandado de Oruro con anticipación para buscar y preparar transportes que los condujeran a su patria.[142]​ Mientras la Asamblea boliviana elegía un nuevo gobierno, los peruanos guarnecerían Potosí y se retirarían de Cochabamba, Oruro y La Paz, mientras los bolivianos acantonados en Chuquisaca, Cochabamba, Santa Cruz y Tarija quedarían a cargo de imponer orden en la mayor parte del país.[139]

Retirada de Gamarra[editar]

El 3 de septiembre se despidió Gamarra del Ministro de Relaciones Exteriores, y el 8 del mismo mes declaró que Bolivia era libre para constituirse y que la Asamblea nacional quedaba encargada de regir sus destinos.[143]​ En seguida dictó las disposiciones necesarias para que el ejército peruano siguiendo la ruta designada en el tratado, cruzara el Desaguadero. La reacción fueron fiestas y banquetes en Chuquisaca, mientras el general peruano paseaba por las calles recibía vivas y desde los balcones se le arrojaban flores. El 17 de octubre Gamarra llegó a Arequipa. El prefecto La Fuente animó al pueblo a recibirlo con aplausos y vítores.[144]

Las causas del retiro de Gamarra son discutidas, en carta a Bolívar desde Guayaquil el 18 de setiembre de ese año Sucre escribió:

Creo que ciertamente las tropas peruanas evacuan a Bolivia por el doble motivo de atender a la guerra con Colombia y porque Gamarra está convencido de que aquellos pueblos están pronunciados por la independencia y, aunque él les ha hablado de la incorporación al Perú, no querrá ahora violentarlos.[145]

La historiografía boliviana sostiene que el retiro se debió a la posibilidad de un levantamiento en armas contra las tropas invasoras por parte del general José Miguel de Velasco, algo que hubiera sido muy sangriento y costoso para Perú,[146]​ como también la falta de apoyo político a Gamarra;[147]​ considerando que la posible razón fuera una combinación de las dos citadas anteriormente. Los historiadores peruanos dicen que Gamarra fue el verdadero fundador de Bolivia como país independiente de todo poder externo gracias a esta acción.[148]

En su proclama de despedida al pueblo boliviano Gamarra expresó:

...que las tropas que habían ido a restituirles sus derechos se marchaban sin haber faltado a su palabra y a sus promesas... Bolívar (la república) tiene ya existencia propia, su suerte queda en manos de sus hijos. Una asamblea nacional está convocada para reformar la Carta ignomiosa que extranjeros ambiciosos os entregaron con la punta de sus bayonetas, solo para colonizaros. Su augusta inauguración sea el principio de vuestra gloria y prosperidad... sea feliz la patria, sea la asamblea nacional la columna de vuestra dicha, reuníos en torno de ella, respetad sus leyes, la concordia y la fraternidad sea vuestra divisa. Si no, siento decirlo, vais a sumiros en sangre y anarquía.[145]

Consecuencias[editar]

Reacción de la Gran Colombia[editar]

La intervención hubiera sido un fracaso sin el apoyo de influyentes bolivianos, deseosos de beneficios personales y de librar a su país de la preponderancia grancolombiana.[149]

El 3 de julio de 1828, Bolívar, que por esa fecha tuvo noticia de la ocupación de Chuquisaca por Gamarra, lanzó la siguiente proclama:

A los pueblos del Sur:
La perfidia del gobierno del Perú ha pasado todos los límites y hollado todos los derechos de sus vecinos de Bolivia y de Colombia. Después de mil ultrajes sufridos con una paciencia heroica, nos hemos visto al fin obligados a repeler la injusticia con la fuerza. Las tropas peruanas se han introducido en el corazón de Bolivia sin previa declaración de guerra y sin causa para ello. Tan abominable conducta nos dice lo que debemos esperar de un gobierno que no conoce ni las leyes de las naciones, ni las de gratitud, ni siquiera el miramiento que se debe a los pueblos amigos y hermanos. Referir el catálogo de los crímenes del gobierno del Perú, sería demasiado, y nuestro sufrimiento no podría escucharlo sin un horrible grito de venganza; pero yo no quiero excitar vuestra indignación, ni avivar vuestras dolorosas heridas. Os convido solamente a armaros contra esos miserables que ya han violado el suelo de nuestra hija, y que intentan aún profanar el seno de la madre de los héroes. Armaos colombianos del Sur. Volad a las fronteras del Perú y esperad allí la hora de la vindicta. Mi presencia entre vosotros, será la señal del combate.
Bogotá, 3 de julio de 1828.[150]

Esta invasión, junto con los desacuerdos fronterizos en las provincias del sur de la Gran Colombia y el norte del Perú, fueron el detonante por el cual se produjo la Guerra grancolombo-peruana.

Caos en Perú[editar]

La independencia fue traumática, significó el fin de un orden político, social, económico y cultural que había durado tres siglos.[151]​ Al Perú le fue difícil recuperarse de su caótico final, entre 1821 y 1840 vivió cinco constituciones (1823, 1826, 1828, 1834 y 1839) y nueve golpes de Estado.[152]

Las prolíficas guerrillas nacidas en la independencia (vistas como una amenaza al proyecto de independencia controlada que se terminó por imponer)[14]​ fueron la base de las fuerzas de los caudillos de las primeras décadas, cuyas alianzas o negociaciones podían decidir la victoria o derrota de un bando en las eternas guerras civiles.[153]​ Estas milicias, nacidas del espíritu de defensa comunitario, étnico y localista, permanentemente intentaron defender la autonomía del poder regional frente al nuevo orden republicano, de ahí que muchos pueblos indígenas negocien con caudillos civiles y militares su apoyo en las luchas por el poder.[154]​ Por este modo, pueblos y regiones impusieron sus intereses al gobierno, y por eso era tan importante para cada dictador recién aupado al poder elegir bien a sus prefectos regionales.[7]

En consecuencia, la sociedad acabo fuertemente militarizada, políticamente disgregada e institucionalmente caótica, pero asombrosamente el país no se desmembró.[7]​ Todo producto del «precario mandato social sobre los que se fundaron el Estado, la gobernabilidad, la nueva “soberanía” republicana y el sistema político en los inicios de la República».[12]

Fracaso de proyectos integracionistas de Bolívar y sucesores[editar]

Estos sucesos son una expresión más del fracaso del proyecto integracionista de Bolívar, quien deseaba crear estados continentales, o al menos basados en los grandes virreinatos sudamericanos:[38]​ «unas naciones más poderosas, sólidas y prósperas».[82]​ Al final de su vida vio como las fuerzas centrífugas se imponían a las centrípeta y los nuevos países estaban basados en las reales audiencias.[38][155]​ Estas jurisdicciones resultaron ser verdaderos espacios «prenacionales» gracias a que en su interior había una alta integración territorial y concentricidad institucional, cimientos de los nuevos estados. Casi todas las sedes de audiencias fueron capitales republicanas.[156]​ Para otros autores, las repúblicas no nacieron de países preexistentes, sino de los territorios controlados por grandes ciudades (la estabilidad de los nuevos países dependió de la capacidad de las élites de esas capitales para imponerse frente a todo rival interno).[157]​ La mayoría de la población nunca salía de su comarca de nacimiento, de ahí la fácil identificación con la «"patria chica"».[158]

Después de La Cosiata, Bolívar contento a Páez dejándole el control de Venezuela y busco reformar la constitución para derogar las políticas más liberales en la Convención de Ocaña,[29]​ Fracasadas esas políticas, intento salvar la unidad del país asumiendo una dictadura que lo enfrentó a Santander, liberales neogranadinos y federalistas venezolanos.[159]​ En esa última etapa puso fin a las reformas anticlericales y aumentó los aranceles, y entregó a Juan José Flores y Mariano Montilla el Ecuador y la costa entre Panamá y Maracaibo respectivamente, con una autonomía similar a la de Páez. Sólo los territorios del interior neogranadino quedaron bajo su control directo. Esos territorios «cuasi-autónomos» pero unidos defensivamente fueron el último intento de salvar la Gran Colombia. Esto no fue suficiente y Venezuela, la región más descontenta, inicio la disolución.[160]

Años después Santa Cruz y Gamarra intentaron seguir los pasos de Abascal, llevando a los chilenos a intervenir.[38]​ Convertido en un «estado comercial», Chile vio el nacimiento de un peligroso rival en la Confederación Perú-Boliviana, abandonando su política aislacionista y apoyando al caudillo Gamarra, rival de Santa Cruz.[161]​ Según la historiografía chilena los planes de Santa Cruz incluían el provocar caos interno en Chile, Ecuador y el Río de la Plata para posteriormente expandirse a sus expensas y reconstruir el Incanato.[162]​ Y contaba con aliados dentro de cada país, por ejemplo, en Ecuador las ciudades de Guayaquil y Cuenca deseaban poder comerciar con Lima, algo prohibido en 1829 por la guerra grancolombo-peruana y que sólo beneficiaba a las artesanías de Quito.[163]​ Para Chile también era importante asegurar a Valparaíso (puerto de Santiago) la hegemonía en el Pacífico Sur por sobre sus rivales Callao (puerto de Lima)[164]​ y Cobija (puerto de La Paz).[165]​ A nivel interno, Santa Cruz, por desear convertir al eje Arica-La Paz-Puno-Arequipa (Bolivia-Sur de Perú) en el corazón de su Confederación, estaba en conflicto con Lima y el norte peruano, muy vinculados económicamente con Chile y Ecuador.[166]​ La Confederación también llevó a los chilenos a buscar una alianza con Quito y Buenos Aires para una invasión conjunta, sin éxito. Finalmente, pusieron fin al proyecto confederado en Yungay. Sin interés en intervenir en las guerras civiles peruanas, los chilenos se retiraron al cumplir su objetivo. Cuando Gamarra invadió Bolivia los chilenos empezaron a prepararse para hacerle la guerra para proteger el «equilibrio de poder»; la expedición fue cancelada por su derrota y muerte en Ingaví.[167]

Un nuevo intento expansionista nacería en Ecuador durante el gobierno de Flores para intentar hacerse con el Valle del Cauca, Jaén y Maynas.[n 9]​ Posterior a su caída, Flores negoció en 1846 la posibilidad de unificar Ecuador, Perú y Bolivia bajo un mismo monarca (algo aceptado por la regente española María Cristina de Borbón-Dos Sicilias),[168]​ lo que no era la primera vez que se intentaba instalar una sistema monárquico en dicho territorio.[n 10]​ En 1849 se realizó contra Santa Cruz una acusación similar, de intentar proclamar a un príncipe europeo.[168]

Referencias[editar]

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  136. Vargas, 1910: 145, 151-152
  137. Vargas, 1910: 152
  138. Vargas, 1910: 153-154
  139. a b Vargas, 1910: 154
  140. a b Vargas, 1910: 156
  141. Vargas, 1910: 157
  142. Vargas, 1910: 160-161
  143. Vargas, 1910: 161
  144. Vargas, 1910: 161-162
  145. a b Basadre, 1983: 210
  146. Vargas, 1910: 163
  147. Vargas, 1910: 162
  148. Vargas, 1910: 164
  149. Roca García, 2007: 692, 696; Vargas, 1910: 155
  150. Conde, 1842: 51-52
  151. Basadre Grohmann, 2002: 31-32
  152. Basadre Grohmann, 2002: 35
  153. Basadre Grohmann, 2002: 34, 39
  154. Basadre Grohmann, 2002: 34, 38-39
  155. Landázuri Camacho, 1992: 156
  156. Serrera, 2010
  157. "Un continente de ciudades". Entrevista al historiador Tomás Pérez Vejo por Carlos Alberto Patiño Villa. Programa 'Meridianos' del canal 'UN Televisión' de la Universidad Nacional de Colombia & 'Prisma TV', 2011.
  158. Bushnell, 1999: 338
  159. Bushnell, 1999: 345-346
  160. Bushnell, 1999: 346
  161. Cisneros, 1998b
  162. Silva Galdames, 2010: 88
  163. Lucena, 1999: 436
  164. Lucena, 1999: 430, 432, 442
  165. Lucena, 1999: 430, 441
  166. Lucena, 1999: 435
  167. Cisneros, 1998c
  168. a b Sánchez Andrés, 2012

Notas[editar]

  1. Basadre Grohmann, 2002: 55. Es descrita como un grupo de descendientes de conquistadores y colonos, empleados del virreinato que eran hijos de familias solariegas y comerciantes exitosos que abandonaron su procesión y compraron sus títulos (tras ser inspeccionados sus árboles genealógicos), cuyas vinculaciones territoriales y mayorazgos contribuyeron a crear una propiedad de carácter feudal. Despreciaban el trabajo industrial y dejaban sus grandes haciendas a cargo de mayordomos mestizos que visitaban para descansar o inspeccionar. Vivían relajados en sus grandes casas de Lima, Trujillo, Huánuco o Arequipa, dedicados a la vida de salón sin participar de la política.
  2. Durante el Protectorado de San Martín (1821-1822) los cuerpos cívicos, una milicia civil al mando del ministro Bernardo de Monteagudo, actúo con violencia contra toda manifestación monárquica, persiguiendo a los españoles y realistas criollos en las ciudades en nombre de los que consideraban oprimidos y explotados durante el régimen colonial.
  3. Es el principio de los largos conflictos entre La Paz y Chuquisaca (Sucre), los que no acabaron hasta la victoria de la primera en la Guerra Federal.
  4. Roca García, 2007: 722. Los bolivianos llegaron a ofrecer territorios del lago Titicaca por Arica y Tacna.
  5. Bushnell, 1999: 341-342. A partir de 1824 se reformaron en departamentos equivalentes en las antiguas intendencias borbónicas por su extensión y todos bien atados al poder central; debe mencionarse que Ecuador estuvo en una condición especial hasta 1825 por estar en el frente de guerra, con administración militar y no totalmente sometida a las leyes grancolombianas.
  6. Tauro, 1967: 27. Redondea en 3.000 los grancolombianos en Lima.
  7. Parte del general Pérez de Urdininea al prefecto de La Paz inserto en "Colección de documentos relativos a la vida pública del libertador de Colombia y del Perú, Simón Bolívar" pág. 148
  8. Oficio del general Gamarra al ministro de guerra y marina del Perú, Oruro, 6 de junio de 1828. Colección de documentos relativos a la vida pública del libertador de Columbia y del Peru, Simon Bolivar. Apéndice al tom. xxi, Tomo XV, 1828, Caracas: Imprenta de G. F. Devisme, pp. 304.
  9. Flores planeó expandirse a costa del Perú en 1832 y especialmente en 1842. En la primera oportunidad estuvo muy ocupado con la guerra contra Bogotá; en la segunda quería aprovechar el caos que vivía Perú. Su plan era ayudar a Santa Cruz y otros bolivianos exiliados en su territorio para volver al poder en su país o negociar con José Ballivián, provocar rebeliones en Perú y conseguir el apoyo o neutralidad de Chile para invadir a su vecino sureño, dividirlo en dos y anexarse los territorios en disputa. El Tratado de Puno, la negativa chilena y la derrota de las rebeliones internas en Perú llevaron a la cancelación del plan (McEvoy, 2014). Así, los peruanos entraban en la Era de Castilla, período liberal de modernización entre 1845 a 1862 (Contreras Carranza, 2014).
    Flores era monárquico por convicción, y apoyo en tres expediciones a Santa Cruz entre 1839 y 1842. Su arresto y destierro a Chile en 1843 significaron el fin de todo proyecto de unificación andina. Flores reclamó territorios neogranadinos en 1840 y peruanos en 1841 sin éxito (Lucena, 1999: 436).
  10. Reino Garcés, Pedro. "En 4 ocasiones Ecuador estuvo a punto de tener una monarquía". Periódico El Telegráfo. Publicado el 20 de julio de 2014. Consultado el 08 de febrero de 2017. Anteriormente en 1812 Juan Pío Montúfar había intentado proclamarse rey.

Bibliografía[editar]

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Véase también[editar]