Ingeniería geofísica

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Ingeniería geofísica
Áreas del saber Física, química y geología
Campo de aplicación recursos energéticos, minerales e hidrológicos, determina el impacto ambiental y los riesgos geológicos
Reconocida en A nivel mundial

La Ingeniería geofísica es la rama de la ingeniería que realiza la investigación, exploración, evaluación, explotación y aprovechamiento de recursos energéticos, minerales e hidrológicos, determina el impacto ambiental y los riesgos geológicos.

La Geofísica es la ciencia que estudia los campos físicos vinculados a nuestro planeta. Es decir, que estudia la Tierra mediante métodos de la física, de carácter indirecto, a fin de conocer su evolución y características actuales (geofísica pura) y también como herramienta de prospección de recursos (geofísica aplicada).

Podría decirse  que la geofísica es una  rama  común de la geología y la física. Comparte con  la primera  la búsqueda del conocimiento de las características de la Tierra y, con la segunda, la aplicación de métodos, técnicas  y principios  para  la investigación de las características bajo superficie. En términos  muy generales, el geólogo se sirve de la geofísica para  investigar indirectamente el subsuelo, es decir, todo lo que se encuentra   por debajo de la superficie y, consecuentemente, está oculto.

Por medio de la prospección geofísica se determinan, a partir de distintos aparatos, diferentes propiedades físicas y físico-químicas del subsuelo. El análisis de esas propiedades, la cuantificación de sus valores, la observación de la distribución de éstos, así como de la presencia o no de anomalías constituye, en conjunto, la investigación geofísica del subsuelo. Para poder “traducir” ese conjunto de valores físicos o físico-químicos a un modelo geológico será necesario contar con información geológica de contraste que, una vez integrada con los resultados  geofísicos, permita conocer cómo es el subsuelo.

A la vista de lo aquí  expuesto, la geofísica sensu  stricto sirve para  tener conocimientos sobre las características físicas de los materiales que forman  el subsuelo  y sobre las formas de análisis e interpretación de los resultados obtenidos tras la prospección geofísica de las diferentes propiedades de esos  materiales. La prospección geofísica aplicada, como  su propio nombre indica, no es más que la aplicación de la geofísica y los métodos geofísicos que permite efectuar un diagnóstico de la constitución del subsuelo por interpretación de unos documentos que son el resultado de unas mediciones y de unos cálculos.

El trabajo que realiza[editar]

El geofísico realiza un trabajo  que podría considerarse de gran  interés  por dos motivos principales: por un lado, porque con su trabajo contribuye a la investigación de lo que está oculto y, por otro, porque su aportación es muy útil para numerosos especialistas en la materia, es decir,  que tiene una contribución multidisciplinar.

Una vez realizadas estas dos indicaciones que permiten evaluar de forma muy generalista el trabajo del geofísico, conviene concretar el tipo de tareas que lleva a cabo para  poder conocer mejor su labor técnica y científica. El grueso de este trabajo consiste en la implantación  de diferentes dispositivos sobre el terreno para,  una vez obtenidas las lecturas pertinentes, procesar la información  de estos datos e interpretarlos con el fin de aportar algo de “luz” al “oscuro” ambiente que es el subsuelo. Pero, como antes se ha indicado, esto es solamente una de las etapas, la correspondiente a la adquisición y procesado que, ni mucho menos, se presentan de forma aislada sino acompañada de otras  etapas. En mayor  o en menor  medida, todas ellas contribuyen al trabajo final del geofísico y todas ellas son importantes.

Ordenadas de forma cronológica todas estas etapas, quedarían relacionadas de la siguiente manera:

  1. Obtención de información  sobre la zona de trabajo.
  2. Selección del método geofísico más adecuado.
  3. Campaña de adquisición de datos del subsuelo.
  4. Procesado de los datos adquiridos.
  5. Integración de toda la información e interpretación de los resultados.
  6. Redacción del informe  final.

1. Información sobre la zona  de trabajo[editar]

Esta fase constituye, lógicamente, la primera de todas y es aquélla en la que el geofísico indaga en las “bases de datos” de un área determinada con el propósito de obtener un primer conocimiento de las características de la zona donde se tiene que realizar el trabajo.  Estas características que deben conocerse son  muy variadas y podrían diferenciarse en características de tipo logístico y de tipo geológico.

Desde el punto  de vista logístico, el geofísico no deberá descuidar nunca la labor de reconocimiento general de la zona  que pretende investigar, es decir, conocer si hay accesos  y cómo  son; ver si el terreno es abrupto o es practicable; ver si hay vegetación que impida el emplazamiento de los dispositivos o si esta vegetación es lo suficientemente dispersa  como para  poder transitar entre ella.

Desde  el punto de vista geológico, el geofísico tiene  un trabajo  muy importante: intentar conocer  cuáles  son los principales  rasgos  geológicos de la zona  de estudio ya que es muy importante saber en qué rango de profundidades  se encuentra  el objetivo, si existe fracturación u otra  serie  de aspectos   que deban tenerse en consideración a la hora  de plantear  los dispositivos, como  es la dirección preferente de esa fracturación  así como  de la estratificación y del plegamiento. Para ello, deberá hacerse una recopilación  de la documentación  existente lo más exhaustiva posible. Esta fase puede llevar un cierto  tiempo  pero no cabe duda que la información  que es capaz  de aportar va a ayudar  tanto que la duración de esta primera etapa no deberá preocupar si se extiende mucho. Lógicamente, una vez recopilado   todo lo necesario deberá realizarse un análisis de toda esa información.

2. Selección   del método geofísico[editar]

Consiste   en la selección   del  método o de los métodos geofísicos que se consideran   más adecuados para  cubrir  el objetivo.  Lo más lógico  y habitual  es que esta fase de trabajo  se pueda realizar pero, en numerosas ocasiones,  el método prospectivo viene solicitado  por el cliente lo cual implica una ventaja y un inconveniente. La ventaja se debe a que no hay que dedicar tiempo  a esta fase pues ya viene cubierta por  el cliente  al ser éste el que propone o solicita  directamente el tipo de investigación que desea para  cubrir el objetivo.  El inconveniente, sin embargo, radica  en la dificultad  o imposibilidad de cambiar el método solicitado   por  otro método geofísicodistinto  que se acomode mejor a las necesidades del objetivo  o a las características  de la zona  de trabajo.

En cualquier caso, es conveniente que el geofísico analice las características del objetivo perseguido y determine cuál es el método o los métodos más  adecuados para  alcanzarlo, bien por  el tipo de objetivo, bien por la profundidad a la que se espera encontrarlo   o bien por las dimensiones del mismo  o, incluso,  por el presupuesto disponible  para  abordar   los trabajos.

3. Campaña   de adquisición   de datos[editar]

Esta  etapa podría  considerarse  como  la de mayor  importancia  al ser  el  momento    en el  cual  el  geofísicoprocede a la obtención de los datos de campo que, tras su procesado, permitirá informar acerca de las características del subsuelo. Para la realización de esta campaña de adquisición de datos en campo, el geofísicodeberá realizar una serie de tareas complementarias, como es el caso, a veces  de la solicitud  y gestión   de los permisos  necesarios  para  poder realizar  los trabajos  en la zona de estudio.  Aunque  simplemente sean permisos  de paso,  en numerosas  ocasiones el geofísico tiene  que notificar  su intención   de hacer  una  serie  de trabajos  para  evitar prohibiciones de ejecución  de medidas  que, con los equipos desplazados e, incluso, los dispositivos implantados en el terreno,  a veces el geofísico se ve obligado   a acatar.  Si se trata  de propiedades privadas,  tendrá  que comentar  las intenciones   con el propietario; si son públicas,  con el ayuntamiento   implicado.  Si se trata  de pasar  o atravesar  carreteras,  en ocasiones deberá notificarlo  al ayuntamiento,   a la diputación o a la comunidad autónoma pertinentes. En definitiva,  las gestiones administrativas   no  se escapan   del ámbito  de trabajo  de un geofísico.

Otra  de las etapas complementarias, pero que también hay que realizar de forma  previa a los trabajos  de adquisición de datos,  es el desbroce de la maleza  que, a veces  de forma  muy densa, cubre las zonas por  donde hay que realizar las medidas, para  lo cual habrá  que realizar la apertura  de vías de paso con las dimensiones suficientes como  para permitir  el paso del personal   y los equipos.

La tercera  actividad  que el geofísico tiene  que ser consciente   que deberá realizar de manera complementaria  es la señalización  de los trabajos  realizados  en campo. Si bien actualmente hay una serie de herramientas que facilitan esta labor, muchas veces es recomendable, además,  señalizar  las medidas  realizadas  (puntos  de medida,  comienzos y finales de perfiles, etc.) directamente en el terreno, como es el caso  de las marcas con pintura  reflectante y biodegradable, así como  con  cinta  de obra.  Las herramientas anteriormente    indicadas  que facilitan la señalización  de la situación de los trabajos  son, por ejemplo,  los equipos  portátiles receptores de señal GPS para obtención de las coordenadas más o menos  exactas  de los puntos medidos.  También  es posible  indicarlo  en mapas  de diferentes escalas  y, lo que suele  ser más interesante, en fotografías   aéreas.

La señalización lo más  exhaustiva  posible  de la posición  de los trabajos realizados es, por tanto, labor  fundamental del geofísico,  en tanto que unos  buenos  datos y unos  buenos resultados carecerían   de valor si no se encuentran   referenciados    correctamente.

Por lo que respecta a la medición  de datos en campo propiamente dicha,  que es lo que constituye la actividad  principal  del  geofísico en esta fase  del  estudio,   habría que destacar  una serie  de facetas importantes como  son la calibración  de los aparatos, la implantación   de los  dispositivos, la medición  y la comprobación. Es lógico pensar que, para  obtener buenas medidas  en campo, es decir, medidas  coherentes y reales, los aparatos de registro deberán estar calibrados, actividad  esta que deberá hacerse  de forma  regular con el fin de mantener los sensores acordes con las prescripciones técnicas del fabricante.

Con los equipos  calibrados,   la actividad  siguiente   es la implantación   de los dispositivos, es decir,  situar sobre el terreno el aparato   emisor,  el receptor y los sensores de medida. Para ello, la base geológica   del  geofísico es fundamental   para  determinar   las características   geológicas   del  terreno y condicionar,  con  ello,  la disposición  sobre el terreno según  un criterio geológicamente correcto, que deberá primar siempre sobre el criterio topográficamente más cómodo, ya que hay numerosas ocasiones   en que lo geológicamente   correcto es incompatible con  lo topográficamente deseable. Los cambios bruscos   de pendiente, los escarpes, etc., son ejemplos de terrenos que deben evitarse para no introducir posibles elementos de error en los programas de procesado. Según estas indicaciones, el geofísico deberá tener siempre bien claro cuáles  son las limitaciones  de cada  método, las circunstancias óptimas  de cada dispositivo y las características   de cada  terreno y de cada objetivo  con el fin de analizar, a veces directamente en campo,  cómo  realizar esa implantación   de aparatos, cables y sensores.

4. Procesado de los datos[editar]

En esta etapa, el geofísico suele  llevar un ordenador portátil  al campo  con el fin de realizar un primer  procesado y comprobar, en una primera  inspección,   si los datos registrados   son de buena calidad o han  sufrido  alteraciones de algún  tipo que hayan causado   la obtención   de ficheros  aparentemente erróneos. En este caso,  este primer  procesado consiste, realmente,   en una  revisión  de la calidad de los datosgeofísicos obtenidos.   Una vez confirmado   que los ficheros  son aceptables, el geofísico los archivará  para  su posterior   tratamiento   en gabinete en lo que constituye  el procesado final.

Este procesado requiere la aplicación  de diferentes programas   informáticos  (en la actualidad resulta  impensable   la actividad  manual  de procesado de datos,  fase que antiguamente llevaba  mucho tiempo  por la necesidad   de comparar  los datos con tablas,  gráficos, etc.). Estos programas   suelen  ser específicos   de cada  aparato   o, en ocasiones,   de aplicación más  generalista.   En cualquier caso,  elgeofísico será  conocedor   de estos programas   con el fin de poder sacar  el máximo  provecho   de los datos obtenidos.

5. Integración   de toda la información  e interpretación    de los resultados[editar]

La interpretación, es decir, la formulación de la respuesta al problema planteado.  Para ello, el documentogeofísico debe ser convertido en un documento con expresión geológica, por lo que en esta etapa vuelve a ser imprescindible la aportación de expertos en el tema geológico contemplado, que juntamente con elgeofísico podrán realizar la mejor interpretación de los resultados; hay que tener en cuenta que los instrumentos geofísicos miden magnitudes relacionadas con las propiedades físicas de las rocas, pero no saben nada sobre la litología, la estratigrafía, la tectónica, etc., que son o no posibles en el lugar de las mediciones. Proceso de datos e interpretación forman en muchas ocasiones una pareja inseparable; el proceso puede aportar diversas soluciones compatibles desde el punto de vista físico-matemático con las medidas tomadas, debiendo darse mayor prioridad en la elección a la viabilidad geológica de la interpretación que al menor error numérico del proceso. Conviene recordar que los ordenadores no realizan interpretaciones, siendo esta actividad hoy por hoy coto reservado del cerebro humano. En cualquier caso, el termino interpretación lleva ya implícito su carácter subjetivo.

6. Redacción   del informe  final[editar]

La labor  de la redacción   del informe  final no debe ser considerada   como  la menos importante  pues el  geofísico deberá tener la suficiente  soltura  como  para  poder expresar cuáles  han sido los trabajos  realizados,  describir la metodología    empleada,    desarrollar   el capítulo correspondiente a los resultados obtenidos   y expresar   de forma  clara y concisa  las conclusiones a las que se ha llegado para  poder establecer   las pertinentes   recomendaciones.

Todo esto en sí parece una obviedad pero es importante que el geofísico haga un esfuerzo por cuidar  tanto la redacción   como  la presentación de los resultados. Para comprender y valorar estas indicaciones basta con no olvidar que la redacción   del informe final constituye  la exposición   de todo el trabajo  realizado  en las fases  anteriores.

Entre todo este conjunto  de actividades   que desarrolla  el geofísico sería injusto no incluir otra labor  que desarrolla  en mayor o menor  medida  y es la actividad  comercial. Es el técnico  que mejor conoce  lo que hace,  cómo  lo hace  y para  qué lo hace  y, por tanto,  es el técnico  que mejor  podrá “vender” su producto. La prospección  geofísica goza  de un buen concepto por muchos profesionales   pero, al mismo  tiempo,   padece un desconocimiento,    una “mala fama” e, incluso,  un desprecio por parte de muchos.  Es una tarea de gran  importancia   dar a conocer la existencia  de la prospección geofísica y las posibilidades   que ofrece así como sus ventajas  e inconvenientes.

Los conocimientos que aporta[editar]

La actividad que es capaz de desarrollar el geofísico aporta una información de gran importancia para  el geólogo, ya que se trata  de una  información muy variada  y diversa sobre el subsuelo, justo la que necesita  para  complementar los datos que obtiene éste en los trabajos que realiza en superficie. Se trata  de una información  muy variada en tanto que procede de prospecciones muy diferentes.

Pero para  que el geofísico pueda aportar  esta información  de gran  ayuda  para  el geólogo necesita   que esta ayuda  sea mutua.  Conviene  recordar que la prospección  geofísica es una herramienta que se vale de la geología para poder interpretar los datos con mayor precisión  y, consecuentemente, facilitar resultados más concluyentes. Un simple corte  geoeléctrico    o un radargrama no aportan conclusiones tan resolutivas si no van acompañados de una interpretación  desde el punto  de vista geológico.

No obstante, aunque   la situación  más conveniente es el análisis de la información  geológica de una zona conjuntamente con  la información obtenida tras una campaña de prospección   geofísica, la aportación   de información  “a ciegas”   por  parte del  geofísico suele ser un método habitual,  bien porque no existe  información  previa o bien porque no se dispone  de ella.

Sin embargo, se puede exponer   un tercer  escenario   y es precisamente    el que resulta más perjudicial  ya que todavía  está muy extendida   la idea  de que debe ser el geofísico el que aporte la información  sin “ayuda  externa  de la que pueda valerse  para  manejar los resultados   a su conveniencia”.   El calificativo perjudicial  lo es en tanto en cuanto  se trata  de un  trabajo   entre profesionales    lo cual  presupone seriedad   y honradez   en la investigación.

De un modo  u otro,  la aportación de conocimientos suele  ser importante,   tanto si es a escala  regional  como  si es a escala  más local. A partir de estudios regionales (como  los realizados   a partir de campañas de gravimetría,  magnetismo, sísmica de reflexión,  así como  prospección  eléctrica  y electromagnética) el  geofísico es capaz de aportar conocimientos, por ejemplo, acerca de la estructura  que afecta  y compartimenta  una cuenca sedimentaria   ya que se puede obtener un reflejo bastante fiel de disposición de las  unidades geológicas,  de la  distribución  de sus espesores, de la  localización   del depocentro, de la estructuración de la misma,  etc.

Lógicamente, para  ello es importante disponer  de un conocimiento previo  de los posibles espesores y naturaleza de las unidades geológicas que rellenan  esa cuenca  para poder ofrecer una información  mucho  más completa.  Las técnicas  más resolutivas  (como puede ser, por ejemplo,  el caso  de la sísmica  de reflexión) permiten   ver, incluso,  términos evolutivos  desde el punto  de vista geológico   ya que se pueden llegar  a identificar secuencias sedimentarias, system-tracks,   etc.

También,  a partir de sus estudios  realizados  a escala  tanto regional  como  local se puede llegar a determinar la presencia o no  de fracturas,  las características que las definen (anchura, desarrollo, contenido o no en agua,  etc.), sus direcciones preferentes e inclinaciones  y la posible  compartimentación   de una zona en bloques   hundidos   y elevados.

Tanto  la información  estratigráfica-sedimentológica como la información estructural  son de gran  ayuda  para  la hidrogeología    ya que los conocimientos    que aporta  el geofísico no sólo facilitan la identificación  acerca  de la presencia, el espesor y la profundidad  de posibles  acuíferos  sino también   pueden aportar  información  sobre la calidad de sus aguas  (es decir, si éstas pueden estar afectadas   por  la presencia   de contaminación, por  efecto  de la salinización, etc.)

A una escala  más reducida,  por ejemplo,  se puede determinar   con mayor precisión  la posición de planos  de fractura,  la profundidad    estimada   en el subsuelo   de un determinado nivel de interés, la localización  de sectores karstificados,  etc. Ya a una escala  más local, técnicas de prospección   eléctrica  y electromagnética    son capaces   de definir la trayectoria  de canalizaciones   o delimitar  la extensión   de una “pluma”  de contaminación   en el suelo  o la identificación   de “fugas”   en una  balsa  o en un vertedero o la posición  de una  cavidad.

Herramientas que utiliza[editar]

Para  alcanzar  ese conocimiento   de las características   del  subsuelo, el geofísico se sirve de una  instrumentación    variada  tanto en cuanto  a la técnica  como  en cuanto al diseño, la complejidad   y la sofisticación.  Pero para  que la interpretación   se aproxime  lo más  posible a la realidad,   el geofísico deberá combinar   los datos que le aporte esa instrumentación   con tres herramientas   muy particulares:  la lógica,  la experiencia   y la prudencia.   En cuanto  a la lógica pues es una “herramienta”    de constante   utilización  por los geólogos;   por lo que respecta a la experiencia,   para  aplicar en todo momento   la técnica geofísica más  adecuada para  cubrir  el objetivo  perseguido    y hacer  la mejor  interpretación   posible  de los resultados. Por último, deberá emplear   la prudencia   a la hora de hacer  esa interpretación    de los resultados.

El conjunto   de instrumentos   que utiliza el geofísico es muy variable  (resistivímetros, gravímetros,   sensores de muy baja frecuencia,  etc.), en tanto que son muy diversas  las propiedades fisico-químicas   que se analizan  (diferencias   en comportamiento eléctrico, diferencias   de masa-densidad).

Al existir variaciones importantes en el comportamiento eléctrico de los materiales   del subsuelo, se emplean  resistivímetros para control de la resistividad, es decir,  de la propiedad que indica la  mayor  o menor capacidad de los  materiales   para  conducir   la corriente eléctrica  a su través.  Estos resistivímetros, en su origen,  eran  aparatos   manuales pero en los últimos  años se han dejado, como  no podía  ser de otra  manera,  “contagiar”  de los avances tecnológicos e informáticos y los fabricantes ofrecen desde entonces equipos  totalmente  digitales,  con las consabidas   ventajas  que ofrece esta mejora  en la tecnología.   El empleo   de resistivímetros   se lleva a cabo para  campañas   de prospección geoeléctrica    mediante  sondeos eléctricos verticales o perfiles  de tomografía  eléctrica, por ejemplo. También, el geofísico emplea  equipos que se basan  en el principio del electro-magnetismo para determinar las propiedades eléctricas de los materiales del subsuelo. Estos equipos los emplea, por ejemplo, cuando  se trata  de campañas de sondeos electromagnéticos o campañas   de prospección  con georadar.

Los equipos sísmicos que utiliza el geofísico se basan en la medición de la velocidad  de propagación de ondas  sísmicas  (o acústicas)  en el subsuelo, tanto las que son refractadas   en los contactos entre capas  diferentes (sísmica de refracción) como  las que son reflejadas  en los mismos  (sísmica de reflexión). Esta velocidad  está condicionada,  fundamentalmente,     por  la composición,  el grado de compactación  y la densidad de la roca.

Propiedades parecidas a estas  últimas descritas son en las que se basa el método gravimétrico para el estudio de la estructura  de una cuenca  como  para  la búsqueda de cavidades (microgravimetría).  Para ello se sirve de otro aparato, el gravímetro, que es capaz de medir diferencias   de atracción  gravitatoria de una  masa  conocida   que se encuentra alojada de forma  estanca en su interior.

Del mismo  modo  que se ha descrito  para  estos métodos geofísicos,  existen  otros  aparatos de constante uso por el geofísico que se basan  en otras  propiedades de los materiales  del subsuelo para analizarlos. Tal es el caso del magnetómetro (para hacer campañas   de magnetometría),  el VLF (para  hacer  campañas   mediante   ondas   de muy baja  frecuencia, very low frecuency),  etc.

Con  qué profesionales se relaciona[editar]

El geofísico se relaciona con un gran  número de profesionales  que se encuentran vinculados, con mayor o menor intensidad, al terreno. Así, desde los paleontólogos y prehistoriadores hasta los arquitectos   pasando por ingenieros   de caminos  y de minas, todos encuentran   un lugar común  en la geofísica.

Quizás  esta afirmación  necesite   de una  aclaración   para  su  mejor  comprensión    y, al mismo tiempo,  para  ver el alcance  de estas  relaciones   multidisciplinares.

Para un geólogo estructural,  por ejemplo, es muy importante conocer la estructura   de una cuenca y de un macizo rocoso,  el plegamiento y disposición de las capas,  así como la presencia y orientación de fracturas.  Pues  bien,  todos estos aspectos   son, con mayor o menor precisión, detectables e interpretables por el geofísico a partir de los perfiles  y mapas  que puede generar con los datos geofísicos.

Del mismo  modo  que el conocimiento   de la estructura   de una cuenca  es fundamental para el estructuralista, llegar  a saber  cómo  es el relleno  de esa cuenca,   dónde está el depocentro, cómo son los materiales que la rellenan, cómo se distribuyen, de qué manera se distribuyen   las facies, son  incógnitas de necesaria resolución para un sedimentólogo y que son perfectamente   abordables  por distintos  métodos geofísicos.

¿No le  ayudaría   mucho  a un  hidrogeólogo conocer  dónde se encuentra el  nivel freático, o dónde hay niveles  permeables, a qué profundidad  y en qué posición  se pueden encontrar   los niveles y las fracturas  productivas, hasta  dónde se extiende la cuña de intrusión  marina?  Sin duda, la relación  entre este profesional y el geofísicosería muy productiva.   Los conocimientos que puede aportar el geofísico en esta materia, como  ya se ha visto en, son casi innumerables.

La minería,  como  dedicación del geólogo, del  ingeniero de minas  y del  profesional, tampoco  se aparta del  ámbito   de actividad  del  geofísico. Hay una  serie  de métodos geofísicos que tienen una  directa aplicación a la prospección mineral.  No debe olvidarse   que la prospección   geofísica surgió  para  dar  cobertura   y apoyo   a la investigación    de recursos  energéticos   (hidrocarburos)  y  minerales.  Dentro de  este campo están   también   las canteras,   tanto de materiales   destinados  a áridos  como  a explotación  como  roca ornamental.   Conocer   hasta dónde extienden  en profundidad, ver sus variaciones   laterales,  calcular  sus reservas  son objetivos  de constante   persecución por  el geofísico.

¿No tiene un edificio un substrato rocoso sobre el que edificarse?  ¿No suele  haber  cavidades, zonas  alteradas   o fracturas  en ese substrato?   ¿No  hay que realizar  una  excavación para los niveles  subterráneos? ¿No  hay que poner  apoyos  constructivos sobre el terreno?   ¿No hay edificios  que sufren hundimientos? Cada  vez es más frecuente encontrar sentados en una misma mesa de reuniones geólogos, geofísicos y arquitectos para tratar de buscar soluciones  a los problemas  que se le plantean  a éstos.

Del mismo  modo,  es cada  vez más frecuente el reconocimiento de la ayuda  que puede aportar el geofísico tanto a los ingenieros de caminos, canales y puertos como a los ingenieros  técnicos de obras  públicas.  La caracterización de apoyos  de frentes de presas,  la predicción   de los terrenos   y fracturas  a atravesar  por un túnel, el diseño  de la excavabilidad en una obra  lineal y la resolución de problemas en puertos marítimos son incógnitas abordables por  los geofísicos.

Una de las principales  incógnitas   que desea resolver  un especialista   en medio  ambiente es la identificación  de terrenos contaminados  y la localización  de la extensión  de la “pluma”   de contaminación. La legislación actual  relacionada con  suelos contaminados obliga  al propietario de un terreno a descontaminarlo;  conocer  con  anterioridad  a un proceso  de compraventa de fincas, solares y parcelas y si éstas están o no contaminadas evitará sorpresas desagradables   al futuro comprador. Estos objetivos  son, igualmente, abordables a partir de técnicas  geofísicas y, consecuentemente, constituyen un campo en el que el geofísico tiene mucho  que decir.

Aunque  pudiera  parecer   extraño,  también   la policía  y los jueces  han necesitado   en alguna ocasión  delgeofísico.  Hay una serie de casos  en los que se ha contado   con la colaboración del geofísico tanto para su resolución  (por ejemplo,  para la búsqueda de montañeros   bajo  la nieve de avalanchas)  como  para  dictaminar  una sentencia.

Referencias Bibliográficas[editar]

Por lo que respecta a las referencias bibliográficas de las que se nutre el geofísico, como  sucede en casi la totalidad de las disciplinas  técnicas  y científicas, son publicaciones  extranjeras   y apenas hay textos traducidos al castellano. Con  esta premisa  ya asumida se relacionan a continuación los trabajos más destacados tanto por ser los más relevantes,   los más generalistas  o los más actualizados.  La mayor  parte de ellos  hacen referencia   a la geofísica aunque son más recomendables para  el geofísico los trabajos de prospección  geofísica aplicada  a objetivos diversos.

  • Aracil, E. (1995). Testificación  geofísica:  Una herramienta   para  la inspección   de sondeos hidrogeológicos.    VI Simposio  de Hidrogeología.    Sevilla.
  • Aracil,  E. (2000). Inspección, control de calidad, envejecimiento  y regeneración  de pozos. Olmo,  M. y López-Geta, J. A. (eds.). Actualidad de las técnicas  geofísicas aplicadas en hidrogeología,   IGME, Madrid,  49-59.
  • Aracil, E. (sin publicar).  Registros   geofísicos.   Aspectos   aplicados.   Nuevas  técnicas   de construcción   de pozos  en terrenos   no  consolidados.    Fermín  Villarroya.  Editorial  de la Asociación  Internacional de Hidrogeólogos-Grupo Español.
  • Astier, J. L. (1975). Geofísica Aplicada  a la Hidrogeología.    Paraninfo,  Madrid.
  • Beck. A. E. (1991). Physical Principles  of Exploration  Methods.  (2ª ed.). Wuerz, Winnepeg. Bengt  Sjöre (1984). Shallow Refraction  Seismics.  Champman   and Hall, Londres.
  • Blakely, R. J. (1995). Potential   theory  in gravity  and magnetic   applications.   Cambridge
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  • Bullen,  K. E. (1985). An introduction   to the theory  of seismology.   (3ª ed.).  Cambridge
  • University Press,  Nueva  York.
  • Cantos  Figuerola,  J. (1987). Tratado  de prospección geofísica aplicada.  (3ª ed.). Escuela de Minas, Madrid.

Véase también[editar]