Industria armamentística

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La industria armamentística es un negocio global que abarca la fabricación de armas, de tecnología y equipos militares. Incluye la industria comercial dedicada a la investigación, desarrollo, producción y servicio de material equipos e instalaciones militares. Las empresas productoras de armas, también conocidas como contratistas de defensa o de la industria militar, producen armas principalmente para las fuerzas armadas de los estados. Departamentos de gobierno también operan en la industria de las armas, la compra y venta de armas, municiones y otros artículos militares. Los productos incluyen armas de fuego, municiones, misiles, aviones militares, vehículos militares, barcos, sistemas electrónicos, entre otros. La industria de armas también lleva a cabo proyectos de investigación y desarrollo.

Se estima que cada año se producen más de 1,5 billones de dólares en gastos militares en todo el mundo (2,7% del PIB mundial),[1]​ lo que representa un descenso de 1990, cuando los gastos militares hicieron un 4% del PIB mundial. Parte va a la adquisición de equipo y servicios militares de la industria militar. Las ventas de armas totales de las 100 empresas productoras más grandes del mundo ascendieron a un estimado de 315 mil millones de dólares en 2006.[2]​ En 2004, más de $ 30 mil millones se gastaron en el comercio internacional de armas (una cifra que excluye las ventas interiores de armas).[3]​ El comercio de armas también ha sido uno de los sectores afectados por la crisis del crédito, con un valor total de la transacción en el mercado de reducir a la mitad de EE.UU. $ 32.9bn a EE.UU. $ 14.3bn en 2008. [4] Muchos países industrializados tienen una industria nacional de armas para abastecer sus propias fuerzas militares. Algunos países también tienen un comercio nacional legal o ilegal sustancial de armas para su uso por los ciudadanos. El comercio ilegal de armas pequeñas es frecuente en muchos países y regiones afectados por la inestabilidad política.

En los últimos cinco años, la exportación de armas convencionales ha aumentado un 8,4%, según informa el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés).

La mayor parte de este mercado sigue perteneciendo a EE UU y Rusia. Washington y Moscú venden más de la mitad del armamento mundial. El total de pedidos de ambos países corresponde al 33% y 23%, respectivamente.

El país que completa este trío es China, cuya exportación de armas en 2012 aumentó de un 3,8% a un 6,2%. Los dos países que la siguen son Francia con un 6% y Alemania con un 5,6%.

Según datos de SIPRI, EE UU abastece de armas a más de 100 países del mundo, mientras que Rusia, a 50.

Los compradores más importantes de armamento norteamericano se encuentran en Oriente Próximo: Arabia Saudí, Israel, Emiratos Árabes y Turquía. Los materiales principales de exportación de Washington para esta región son:

· Helicópteros de ataque AH-64E Apache, H-60M Blackhawk y helicópteros anfibios CH-47F Chinook;

· Cazas F-35, F-18, F-15S y diferentes versiones del F-16;

· Tanques M1A1;

· Misiles TOW 2A, etc.

Al mismo tiempo, los clientes más importantes de Rusia provienen del mercado de Asia Pacífico. Hasta un 70% del volumen de exportación de armas es para India, China, Vietnam y Argelia. Los principales materiales de exportación de Rusia son:

· Cazas multipropósito Su-30, Mig-29 y Su-35;

· Aviones de entrenamiento y combate Yak-130;

· Helicópteros de combate Ka-52 y Mi-28, y Mi-17 de transporte;

· Tanques Т-90 en diferentes versiones;

· Sistemas antiaéreos, de artillería y costeros;

· Submarinos del proyecto 636;

· Munición y armas ligeras.

Lo que diferencia a la exportación china es su “regionalidad”. La inmensa mayoría de los envíos se produce a Pakistán, Bangladesh y Birmania. Asimismo, otros buenos clientes del material chino son los países del norte de África, concretamente Argelia. Los principales objetos de exportación de China son:

· Corbeta LPC-1 y fragata C-28A;

· Tanques MBT-2000;

· Cazas JF-17 Thunder/FC-1;

· Sistemas antiaéreos y de artillería.

De acuerdo con los analistas de SIPRI, el porcentaje de armas de Francia en el mercado mundial podría crecer gracias a los contratos de los últimos cinco años. Los principales clientes de París son Egipto, los Emiratos Árabes e India.

· Cazas Mirage y Rafale conjuntamente con armas;

· Portahelicópteros Mistral;

· Satélite Helios-2.

Los analistas de esta agencia han señalado un crecimiento de las exportaciones alemanas en 2016. Sin embargo, el volumen de exportación de Berlín en los últimos años ha disminuido casi en un tercio en comparación con el período 2007-2011. Los clientes de mayor envergadura de Alemania en el mercado armamentístico son Argelia, Corea del Sur y Catar, a los que principalmente abastece de:

· Vehículos blindados Tpz-1 Fuchs;

· Tanques Leopard-2A6;

· Motores diésel;

· Instalaciones de artillería autopropulsadas.

El negocio de las armas ligeras[editar]

Desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial, unos 30 millones de personas han perecido en los diferentes conflictos armados que han sucedido en el planeta, 26 millones de ellas a consecuencia del impacto de armas ligeras. Estas armas, y no los grandes buques o los sofisticados aviones de combate, son las responsables materiales de cuatro de cada cinco víctimas, que en un 90% también han sido civiles (mujeres y niños en particular).

A pesar de representar una parte poco significativa del volumen total del comercio mundial de armamentos, su bajo coste las pone al alcance de una gran cantidad de personas para ser usadas en guerras civiles y en conflictos étnicos, o para fines ilícitos y criminales, aumentando la inseguridad de las ciudades y rearmando a toda clase de bandas, grupos paramilitares, mafias, clanes y guerrillas. Cada año más de medio millón de personas muere víctima de la violencia armada: una persona cada minuto.[cita requerida]

Siguiendo la definición establecida por Naciones Unidas, por armas ligeras se entiende normalmente todo tipo de armas convencionales que puedan ser transportadas por una persona o por un vehículo ligero, pudiéndose dividir a su vez en "armas pequeñas" diseñadas para uso personal (revólveres y pistolas, rifles y carabinas, ametralladoras ligeras, rifles de asalto y ametralladoras de pequeño calibre), y "armas ligeras" diseñadas para el uso de varias personas (ametralladoras pesadas, lanzagranadas, cañones antiaéreos portátiles, cañones anticarro, lanzadores portátiles, misiles contracarro).

Datos[editar]

Se estima que en el mundo existe un arsenal de 639.000.000 de armas de fuego, la mitad de las cuales en manos de civiles y el resto a disposición de los cuerpos policiales y de seguridad, lo que supone una arma por cada diez personas. Desde su invención en 1947, se han producido unas 70.000.000 unidades AK-47, el arma ligera por excelencia, utilizada en 78 países y fabricada en 14. En algunos países, como los Estados Unidos, cada año salen al mercado más de siete millones de armas, un millón de las cuales son de importación, y puede que haya más armas que personas.

En el pasado, gran parte de este arsenal era suministrado por las dos grandes potencias militares, Estados Unidos y la URSS, ya fuese por intereses puramente comerciales o como parte de su estrategia de rearmar a sus aliados. Hoy, sin embargo, el número de países que suministran este tipo de materiales ha aumentado, con lo que se incrementa no sólo el material puesto a disposición de los compradores, sino la dificultad de controlar este tráfico. UNIDIR ha identificado al menos a 300 compañías de 52 países que en 1994 fabricaban armas ligeras. De éstos, 22 eran países del Sur que producían bajo licencia, y 16 de ellos también exportaban. Aproximadamente, el 75% se fabricaron en los EEUU y la Unión Europea. Otros importantes productores son Brasil, China, Canadá, Japón y la Federación Rusa.

Aunque no se conoce exactamente el valor de la producción y comercio de armas pequeñas y ligeras, se ha detectado un aumento considerable de su importe desde el final de la Guerra Fría, y algunos analistas calculan que su exportación puede tener un valor superior a los 6.000 millones de dólares anuales, es decir, una octava parte del valor total del comercio armamentista. Estados Unidos es el principal productor de munición, aunque Rusia y los países del Este europeo se están mostrando muy activos en los últimos años. La industria europea produce el doble o el triple de su propia demanda, con un ritmo anual de entre 1.000 y 2.000 millones de cartuchos.

Influencia en los procesos de paz[editar]

El uso de armas ligeras está estrechamente vinculado al carácter interno de los conflictos actuales. Entre 1990 y 1995 murieron 3.200.000 de personas en este tipo de enfrentamientos armados.[cita requerida] La proliferación de armas ligeras automáticas ha multiplicado los puntos de violencia del planeta, ha facilitado esa tremenda letalidad de los conflictos, los ha alargado en el tiempo y los ha hecho más difíciles de tratar.

Por otra parte, cuando en una guerra se acumulan centenares de miles o millones de armas, la paz queda luego hipotecada por dicho arsenal, una parte del cual es posteriormente desviado y aprovechado por grupos terroristas, paramilitares, guerrillas, grupos criminales, ciudadanos privados o cuerpos privados de seguridad.

Las armas cambian de destinatarios, pero su cantidad no disminuye. La proliferación de armas ligeras en manos de civiles aumenta las posibilidades de que en cualquier enfrentamiento humano se haga uso de ellas. Ello explica, por ejemplo, que un joven estadounidense tenga doce veces más posibilidades de morir a tiros que cualquier joven europeo.

Medidas[editar]

En noviembre de 1995, la Asamblea General de Naciones Unidas pidió al Secretario General que estableciera un grupo de expertos para que redactaran un informe sobre el tema, que fue presentado en agosto de 1997, y que entre otras cosas recomienda organizar una conferencia internacional para luchar contra el tráfico de armas pequeñas, destruir los arsenales sobrantes y adoptar moratorias regionales.

En Europa, en junio de 1997, los Estados Miembros firmaron un programa para prevenir y combatir el tráfico ilícito de Armas Convencionales, aunque lo más destacable es la Acción Común de 17 de diciembre de 1998, adoptada por el Consejo de la Unión Europea sobre la contribución para combatir la acumulación desestabilizadora y la proliferación de armas ligeras y de pequeño calibre.

En julio de 2001, en la primera conferencia de la ONU sobre armamento convencional, se adoptó un Plan de Acción por el que los gobiernos se comprometían a luchar contra la proliferación de este tipo de armamento y a reducir su demanda. En el año 2006 habrá una nueva Conferencia de revisión, donde todos los países del mundo tendrán que explicar qué han hecho durante este periodo.

En la reunión del G8 en Gleneagles en julio de 2005, los países participantes en su comunicado final mencionaron la necesidad de desarrollar normas internacionales que incluyeran un acuerdo sobre la responsabilidad de los gobiernos. Pese a esta declaración de intenciones no se tienen muchas esperanzas ya que estos mismos gobiernos controlan más del 80 por ciento de las exportaciones de armas mundiales.

Campañas internacionales[editar]

Según la campaña Armas bajo control, de la que forman parte ONG como Amnistía Internacional, Oxfam Intermón y Greenpeace, las exportaciones españolas de armas ascendieron en 2003 a 321,9 millones de euros, el cuarenta por ciento de los destinos de las armas españolas podrían estar violando el código de conducta de la Unión Europea.

La campaña Armas bajo Control ha presionado durante casi dos años al gobierno español, que finalmente ha recibido el apoyo del presidente español en ese entonces, José Luis Rodríguez Zapatero, uniéndose así a esta iniciativa mundial que ya contaba con el apoyo de países como Gran Bretaña, Francia, Alemania, Holanda, Kenia, Brasil, Camboya y Finlandia.

El principal cliente de la industria de arma corta española vuelve a ser EE. UU, fundamentalmente en forma de pistolas. Este volumen de exportaciones, frente a las masivas movilizaciones que se están produciendo en este país a favor de un mayor control para el acceso a estas armas, constata una falta de sensibilidad por parte de las empresas exportadoras y de las autoridades españolas encargadas de autorizar este tipo de ventas.

Otro caso es la venta de armas a países sobre los que la UE ha expresado su preocupación por su constante violación de los derechos humanos como son Israel, país al que España exportó armas de fuego de calibre inferior a 20 mm por valor de 35.000 euros y Arabia Saudí al que vendió 23 millones de euros en munición.

Aún más censurable si cabe es la venta de importantes cantidades de munición a África. A pesar de la moratoria establecida en 1998 por la Comunidad Económica de África Occidental, en la que se prohibía la importación, exportación y producción de armas ligeras, España ha continuado vendiendo grandes cantidades de munición en esta región africana. Los casos más alarmantes son: el de Ghana (2,7 millones de euros en 2002).

Durante el verano del año 2000, además, y dada la evidencia que desde Ghana se estaban desviando armas y munición a países vecinos en conflicto como Sierra Leona, Nigeria o incluso Angola, el Gobierno ghanés prohibió de manera indefinida cualquier tipo de actividad relacionada con el comercio o la producción de armas ligeras. El otro caso es la venta de munición para armas ligeras a numerosos países subsaharianos, destacando Sudán que sufre una grave crisis humanitaria y que está sometido a un embargo de armas desde 1994.

Conversión de la industria militar[editar]

La conversión de la industria militar en civil se presenta como un proceso mediante el cual es posible encaminar la producción militar hacia sectores no militares. En primer lugar, se debe aclarar que el concepto comúnmente usado de «reconversión» viene viciado de una carga peyorativa negativa, puesto que «reconversión industrial» se asocia, generalmente, al cierre de industrias y la consiguiente pérdida de puestos de trabajo. En España, por ejemplo, se produjo la primera política de saneamiento de las empresas públicas del Estado en 1981, y la segunda en 1983, llevándose a cabo una reconversión industrial en aquellos sectores productivos que generaban fuertes pérdidas, sobre todo en la siderurgia y la minería. Este hecho motivó que muchas empresas se vieran sometidas a una dura reconversión, denominada «salvaje» en su día por los sindicatos, pues arrojó a mucha gente a los subsidios del paro. Ese hecho generó entre los trabajadores y sindicatos, también entre una parte de la ciudadanía, una fuerte desconfianza, asociándose reconversión a la destrucción de puestos de trabajo y a la depresión de ciudades y comarcas. Tal fue el caso de ciudades como Sagunto, Bilbao, la banda izquierda del río Nervión o la cuenca minera de Asturias, que sufrieron una transformación importante. Es por este motivo, y quizás más pedagógico, la utilización del concepto «conversión» en lugar de «reconversión», ya que, aun siendo conceptos sinónimos, la reconversión tiene connotaciones mucho más negativas al asociarse directamente a la pérdida de mano de obra. En cambio, la conversión resalta la acción positiva de un sujeto en proceso de transformación o cambio de un estado a otro, adquiriendo así un significado y valor distinto al de reconversión.

Asociado a la conversión, aparece otro concepto que induce a equívoco: la diversificación. Por diversificar, en el mundo empresarial industrial, se entiende un proceso de transformación en la manufactura de productos, con el afán de entrar en otro tipo de mercados y que la actividad industrial no recaiga exclusivamente en una sola clase de productos, sino que estos estén en otras áreas de actividad y, de este modo, diversificar también los riesgos.

Por conversión industrial hay que entender la transformación completa de la producción de una factoría hacia otro tipo de producción. La diversificación, pues, no necesariamente significa un cambio radical respecto a la producción, sino simplemente un cambio estratégico, asumiendo unas líneas de producción diferentes, ya sea en nuevas cadenas de producción o adaptando parte de las existentes para producir otro tipo de manufacturas, pero sin abandonar la producción principal. En ocasiones, esto se llevará a cabo bajo el techo de una misma factoría, en el caso de pequeñas o medianas empresas, y en factorías separadas en el caso de los grandes grupos empresariales. Así, la diversificación en el caso de la industria militar puede suponer una simple maniobra para compaginar ambas producciones, la militar con la civil y, de esta manera, encontrar un equilibrio entre ambos sectores que les permita minimizar los riesgos en períodos de crisis y no tener que cerrar la división de armamentos. Además, existe un riesgo, la producción de componentes y materiales tiene muchas conexiones entre los ámbitos civil y militar, sobre todo en campos como la electrónica, las nuevas tecnologías, el aeronáutico y el espacial, con lo que ambas producciones pueden estar fuertemente entrelazadas y resultar difícil distinguir entre ellas.

A la hora de afrontar el problema de la conversión de la industria militar, hay que contemplar el alcance social de la propuesta, pues, en caso contrario, se corre el peligro de que, lo que puede ser correcto desde el punto de vista de la rentabilidad económica en un sector con fuertes pérdidas, no lo sea desde una perspectiva de ética laboral y social, al dejar sin opciones de trabajo a muchas personas y en graves dificultades a muchas familias, ciudades y comarcas. Por ello, la conversión debe plantearse desde una perspectiva global, abarcando los aspectos políticos, económicos y sociales que rodean el cambio de producción en una demarcación territorial determinada. Las dificultades que entraña llevar a cabo la conversión de la industria militar a la civil tienen como principal obstáculo el derivado de las reticencias entre los propios trabajadores, debido a los costes sociales que su aplicación les puede ocasionar. Pues poblaciones, o incluso comarcas enteras, pueden depender de instalaciones o industrias militares y su cierre puede ocasionar el declive económico de esas comunidades y arrojar al paro a muchos trabajadores. Entonces, parece lógico que los aspectos sociales primen a la hora de plantear cualquier propuesta de conversión y que sean los mismos trabajadores los primeros en oponerse, si no existe esa perspectiva global que aborde en toda su magnitud la conversión industrial. Ante ello, los sindicatos deberían contemplar dos buenas razones a la hora de abordar el problema de la conversión de la industria militar. La primera, la ética, el rechazo a producir artefactos que destruyen vidas, bienes ambientales y materiales, y por consiguiente contribuyen al sufrimiento y miseria de la población en otros lugares. La segunda, la surgida de su concepción como clase social, la trabajadora, y en consecuencia solidaria con los otros trabajadores del planeta en la consecución de un mayor estado de bienestar. De acuerdo con esos principios, los primeros interesados en llevar a cabo una conversión de la industria de armamentos tendrían que ser los propios sindicatos, pues unirían, en una misma tarea, la defensa de una mayor justicia social mundial, de paz y defensa de los derechos humanos, junto al rechazo a las guerras y a quienes se enriquecen con ellas.

Para evitar los efectos negativos de una conversión, las propuestas deberían siempre ser abordadas desde una concepción global, implicando a las administraciones locales, regionales y estatales, y buscando los máximos apoyos sociales entre el diverso mundo asociativo, ya sean sindicatos, entidades sociales, de ayuda al desarrollo, vecinales y de las asociaciones de profesionales que pueden aportar una ayuda técnica muy valiosa a la hora de llevar a cabo los estudios de conversión, y que pueden conseguir un marco unitario de compromiso social que haga posible la conversión de la industria militar.[4]

Evidentemente, no es una cuestión sencilla la que se plantea y, muchas veces, a pesar de las mejores intenciones, no va a ser posible conseguirla, y se va a imponer el cierre de la industria. Es por este motivo, que un proyecto de conversión debe contar con el mayor número de complicidades para llevar a cabo un plan integral de desarrollo de la zona afectada por el cierre de la industria, desarrollando una estrategia empresarial de puesta en marcha de industrias y servicios que permita la recuperación del tejido productivo de la zona, con una política de planificación que contemple todas sus magnitudes y posibilidades.

La conversión de una empresa de armamentos, si esta ha dejado de arrojar beneficios, ya sea por obsoleta o por reajustes del mercado mundial, se va a realizar de todas maneras con o sin el beneplácito de los trabajadores. Pues en la sociedad capitalista, las empresas no se rigen por principios de justicia social, sino por la cuenta de resultados, y si estos son negativos y las perspectivas de futuro no son halagüeñas, pocas esperanzas de supervivencia le quedan a una empresa. Este ha sido el caso de una parte de las industrias de armamentos que, en manos privadas o públicas, ha visto cómo el final de la guerra fría reducía los buenos resultados del pasado, empezando una larga agonía a lo largo de la década de los años 90, que condujo a reajustes y reducción de plantillas, procesos de conversión y de diversificación hacia líneas de producción civil. También a fusiones entre empresas, buscando en la concentración la creación de grandes holdings para abordar mejor la crisis y, a su vez, hacer frente, desde una mejor situación, a la globalización de la economía.

De todos los países europeos, Alemania fue quien más sufrió en sus territorios los efectos del enfrentamiento entre los bloques militares tras la Segunda Guerra Mundial, pues se encontraba dividida y soportaba la presencia de enormes contingentes de ejércitos: en la RFA en 1989 había 251.000 soldados de EEUU que en 1997 se redujeron a 70.000, mientras que la otra Alemania, la RDA, acogía a 380.000 efectivos del Pacto de Varsovia. A partir de 1992, se reunificó y tuvo que poner en marcha grandes programas de conversión militar, pues las dos Alemanias se encontraban divididas por el Muro, que dividía de norte a sur el territorio alemán. Zonas que había que volver a acondicionar, pues soportaban la mayor parte de instalaciones militares de las dos superpotencias. Además de la situación de obsolescencia en que se encontraban las escasas industrias de armamentos que operaban en la RDA: en la RDA en 1989 la proporción del sector militar era del 1% respecto a la producción industrial.[5]​ Resulta comprensible que, a partir de 1990, la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) arbitrara planes de conversión industrial para evitar que los habitantes de esas comarcas y regiones sufrieran los efectos depresivos que la desaparición de industrias e instalaciones militares podía ocasionar en las economías locales.

Fuentes[editar]

  • Guía temática sobre armas ligeras de Canal Solidario elaborada por Carles Vidal a partir del documento "Campaña contra las armas ligeras", elaborado por la Cátedra UNESCO para la paz y los derechos humanos.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. World Military Spending. www.globalissues.org. Retrieved on 2012-05-09.
  2. Stockholm International Peace Research Institute. Sipri.org. Retrieved on 2012-05-09.
  3. Arms trade key statistics. BBC News (2005-09-15). Retrieved on 2012-05-09.
  4. Ortega, Pere (2015). El diccionario de la guerra, la paz y el desarme. Icaria. p. 103. 
  5. Renner, Michael (1993). Armamento y seguridad. Dimensiones económicas y ambientales. Madrid: Los Libros de la Catarata. 

Enlaces externos[editar]