Inclusive Growth, Full Employment and Structural Change

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Inclusive Growth, Full Employment and Structural Change
de Jesús Felipe
Tema(s) Análisis económico, Economía del desarrollo, Crecimiento económico
Idioma Inglés
Título original Inclusive Growth, Full Employment and Structural Change: Implications and Policies for Developing Asia
Editorial Anthem Press
País India
Fecha de publicación 2010
Formato Pasta blanda
Páginas 368
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Inclusive Growth, Full Employment, and Structural Change es un libro destinado a analizar los problemas relacionados con el crecimiento económico en los países asiáticos en desarrollo. El libro está escrito por el economista español Jesús Felipe, Lead Economist del Departamento de Asia Central y Occidental del Asian Development Bank.[1] El libro está en inglés y ha sido publicado por Anthem Press en el 2010.

Estructura, objetivos y antecedentes del libro[editar]

Inclusive Growth, Full Employment and Structural Change está dividido en 17 capítulos (más conclusiones).

Los objetivos que se propone el libro son, a grandes rasgos, dos.

El primero, analizar la importancia del concepto de crecimiento inclusivo (especialmente para los países asiáticos en desarrollo): qué es, porqué es deseable y cuál es su relación con la consecución del pleno empleo de la mano de obra y con el problema a largo plazo del cambio estructural. La interacción entre estos tres conceptos es la clave para entender el proceso del crecimiento económico así como el éxito de muchas de las economías asiáticas emergentes.

El segundo objetivo, relacionado con el primero, es determinar qué políticas específicas pueden implementar los responsables políticos para alcanzar una sociedad más justa, más próspera y con más oportunidades. El crecimiento inclusivo no sólo debe ser un concepto abstracto, sino una meta de la máxima prioridad que debe ser perseguida por los gobiernos de todas las economías del mundo. En realidad, el argumento central del libro es que “para alcanzar crecimiento inclusivo, los gobiernos deben comprometer esfuerzos y recursos para la persecución del pleno empleo”.[2]

Las bases teóricas sobre las que se apoya el libro para analizar estos problemas son, según Felipe, las siguientes:[3]

  • El cambio estructural (transferencia de factores, en particular el trabajo, hacia sectores de mayor productividad) como motor del crecimiento, idea fundamental de los trabajos de Kuznets, Kaldor, Chenery o Taylor, y los desarrollos recientes de Ricardo Hausmann sobre el “product space” como herramienta empírica para entender por qué hay países que logran desarrollarse, mientras que otros muchos no.
  • El trabajo de Anthony Thirlwall[8] sobre las restricciones que ejerce la balanza de pagos en las posibilidades de crecimiento a largo plazo de un país.

Crecimiento inclusivo, pleno empleo y cambio estructural[editar]

Jesús Felipe define el crecimiento inclusivo como “crecimiento con igualdad de oportunidades” o cuando “el proceso del crecimiento se desarrolla sobre una base igualitaria sin tener en cuenta las circunstancias individuales”.[9]

Aunque el término es relativamente reciente, los economistas se han preocupado desde hace mucho tiempo por las circunstancias sociales que de él se derivan. Adam Smith en la Riqueza de las Naciones afirmó en un célebre pasaje que:

“...es digno de observar que es en el estado progresivo, cuando la sociedad está avanzando […] que la condición de los trabajadores pobres parece ser la más feliz y la más cómoda […] El estado progresivo es en realidad, para todos los diferentes órdenes de la sociedad, el estado alegre y sano.”

Adam Smith




¿Cuál es la forma más eficaz que tiene una economía para alcanzar el crecimiento inclusivo? Según Felipe, mediante la consecución del pleno empleo,[10] pues “la forma más significativa para una persona de participar en la sociedad como un miembro valioso es a través de un empleo decente y productivo.[11] El pleno empleo debe ser la medida básica para una política económica socialmente justa.”[12] La mayor ineficiencia que una economía puede generar es el desempleo. Aparte de los problemas económicos que genera, no hay que olvidar las consecuencias sociales que tiene. Por ello, estar lo más cerca del pleno empleo es fundamental para cualquier economía.

En los países en desarrollo, el principal obstáculo a la consecución del pleno empleo es la escasez de bienes de equipo y capacidad productiva. La prioridad para los países en desarrollo es por lo tanto aumentar su capacidad productiva de modo que puedan ir absorbiendo progresivamente la mano de obra desempleada. Una manera complementaria y directa de lograrlo es que el Gobierno lleve a cabo políticas de industrialización (aumento de la participación de la inversión en el producto).

En los países en desarrollo, gran parte de la acumulación de capital y aumento de la capacidad productiva (en forma de aumento de la productividad total) tiene lugar como resultado del traslado de trabajo desde sectores con niveles de productividad bajos, tradicionalmente la agricultura, a sectores con niveles de productividad altos, como el sector industrial y el sector servicios. Es decir, el aumento de la capacidad productiva y el fenómeno del cambio estructural deben ser estudiados como una misma cuestión.[13] El problema que se plantea entonces es si una economía puede alcanzar el pleno empleo en presencia del cambio estructural. Este tema ha sido tratado extensamente por los economistas: Harrod y Domar establecieron que la inversión tiene un carácter dual, pues afecta tanto al lado productivo de la economía como al lado de la demanda. Que ambos lados estuviesen equilibrados a lo largo del tiempo, y que además creciesen al ritmo del crecimiento de la población y de la productividad del trabajo (la tasa natural de crecimiento) era puro azar. El crecimiento era por lo tanto inestable y no había tendencia automática al pleno empleo. Más recientemente, Pasinetti ha dado una respuesta parecida al problema,[14] argumentando que si bien la posibilidad de pleno empleo en esta etapa del análisis (la etapa de la teoría pura) es francamente remota, a la hora de pasar al análisis de las instituciones concretas es posible encontrar un marco institucional apropiado compatible con las exigencias del cambio estructural y del pleno empleo. Es decir, el pleno empleo, al igual que como argumenta Felipe, es una obligación y una responsabilidad de las instituciones gubernamentales.[15]

Los problemas derivados del cambio estructural abren la posibilidad de que el crecimiento no sea inclusivo, es decir, que los países no absorban la suficiente mano de obra durante el proceso de industrialización. Esto se puede deber por varias razones:[16]

Resumiendo, las relaciones entre los conceptos de crecimiento inclusivo, pleno empleo y cambio estructural son complejas y de enorme importancia para el rendimiento económico de un país: la única manera de lograr un crecimiento inclusivo en presencia de cambio estructural es mediante la intervención gubernamental con distintos tipos de medidas de política económica.

Medidas para alcanzar el pleno empleo: la agricultura[editar]

La transformación agricultura es el primer factor que analiza Felipe para la consecución del pleno empleo en los países en desarrollado. Si el sector agrícola no se moderniza conforme se va transformando la economía, “no puede haber una revolución genuina en el crecimiento económico”.[17] Desafortunadamente, muchos países en vías de desarrollo, así como organismos internacionales, han descuidado el sector agrícola durante las últimas décadas.

Campos de arroz en terraza, Longsheng, China.

Que la agricultura es importante lo ha confirmado la severa crisis alimentaria que ocurrió en 2008, con fuertes subidas en los precios de los alimentos, y que ha demostrado además que la comunidad internacional no puede descuidar la agricultura. En los países en desarrollo, la agricultura sigue jugando además un papel crucial en la determinación del producto y del empleo: en los países asiáticos en desarrollo la agricultura sigue siendo el sector en el que más gente está empleada. Por ejemplo, en China, en el período que abarca desde el 2000 al 2006, la participación del empleo en la agricultura sobre el empleo total del país asciende a un 49,78%, mientras que en la India dicha participación asciende a un 59,80%. En el resto de los países asiáticos en desarrollo, la agricultura tiene una importancia similar a la hora de absorber la mano de obra.

Como se comentó más arriba, no puede haber crecimiento sin cambio estructural. La manera en que tiene lugar el cambio estructural en los países en desarrollo es transfiriendo mano de obra del sector agrícola al sector industrial o al de servicios. Esto es lo que ocurrió en los países asiáticos en la década de los 70, cuando se vio que una política de exportaciones intensivas en manufacturas sería mucho más favorable para estos países que una política de exportación de productos agrícolas. Estas políticas han provocado a la larga los desajustes en los precios de los alimentos en la economía mundial. Según Felipe, aunque trasladar el trabajo desde el sector agrícola hacia otros sectores reporta grandes beneficios para el crecimiento de las economías (mediante un crecimiento de la productividad global), estas medidas encuentran un importante obstáculo. La creación adicional de ingreso fuera del sector agrícola (debido al desplazamiento del trabajo) conduce a un incremento de los salarios y por lo tanto a un incremento en la cantidad de las necesidades básicas. Por lo tanto, si el gobierno no acompaña este incremento de la demanda en productos agrícolas con medidas para aumentar la oferta, los precios de los productos básicos aumentarán rápidamente. Esta inflación provocada por la desproporción del crecimiento entre sectores causa:

“[...] peligros reales a los países en desarrollo pues conduce a reducciones del salario real”. Y como argumentaré, las reducciones en los salarios reales no se deben aceptar y deben ser consideradas inmorales”.[18]

Jesús Felipe

Por lo tanto, y lo que es más importante, la tasa de crecimiento del producto global en muchos países en vías de desarrollo está restringida por la tasa de crecimiento de la producción agrícola (que en estos casos suele estar restringida en el corto plazo).

¿Qué políticas puede poner en práctica un gobierno para que no se produzcan estas situaciones de “cuellos de botella” en la economía? Según Felipe, la principal medida es el aumento de la oferta de alimentos,[19] que sin embargo debe ser ayudada por otras medidas adicionales, tales como el control poblacional, evitar la emigración del campo a la ciudad y reformas institucionales (tales como la reforma de la tierra).

Medidas para alcanzar el pleno empleo: la inversión[editar]

La actuación activa del gobierno para alcanzar el pleno empleo (y por tanto inclusividad) no sólo tiene que ver con el sector agrícola, pues tiene varias posibles vías de actuación más, entre las cuáles destaca la inversión en general, particularmente en infraestructuras.

Tradicionalmente, el motor del crecimiento ha sido el sector secundario de la economía, dada su capacidad para generar rendimientos crecientes a escala. En todo el mundo desarrollado, el proceso de desarrollo consistió en una transferencia de empleo del sector agrícola al sector secundario. Ello, evidentemente, requirió inversión a gran escala, en particular en sectores clave como el transporte o la energía.

La política para conseguir la industrialización tiene como consecuencia el incremento de la inversión en el PIB, incentivando así el crecimiento de la capacidad productiva. Como ya se ha comentado, la escasez de capital es la principal restricción para el logro del pleno empleo en los países en desarrollo. La capacidad productiva puede incrementarse por medio de dos vías: incremento de la productividad o bien incremento de la participación de la inversión en el producto total. Esto se puede ver más fácilmente por medio de la siguiente identidad:

Donde la tasa de crecimiento del stock del capital es representada como el producto de la participación de la inversión en el producto (I/Y) y de la productividad del capital (Y/K). Es decir, la política industrial aumenta la capacidad productiva mediante el incremento de la participación de la inversión en el producto.

La industrialización ha sido exitosamente perseguida por varios países del este y el sudeste asiático (Singapur, Korea, China). Sin embargo, la industrialización es un arma de doble filo. Los cambios en la participación de la inversión están ligados a cambios en la distribución del ingreso:[20] un mayor volumen de inversión implica una mayor participación de los beneficios en el producto total, pues las propensiones al ahorro provenientes de los beneficios son mucho mayores que las propensiones provenientes de los salarios.[21] Es decir, la industrialización implica una reducción de la participación de los salarios en el producto total. Esto plantea dos problemas importantes.

Primero, los trabajadores no estarán dispuestos a asumir reducciones en la participación del producto a no ser que su salario real se esté incrementando. La única manera de que ocurran al mismo tiempo aumentos del salario real y disminuciones en la participación del trabajo en el producto total es mediante fuertes incrementos en la productividad del trabajo. Una vez que las ganancias de la productividad van a los beneficios para financiar las inversiones ya realizadas, el resto va a parar a los salarios.[22] Es decir, un escaso crecimiento de la productividad del trabajo provoca que los trabajadores no estén dispuestos a perder cuota en el producto total, creando presiones sociales que imposibiliten el logro de una política industrial efectiva.

El segundo problema que plantea la industrialización es que, al distribuir el ingreso desde segmentos de la población con altas propensiones al consumo a otros segmentos con menores, se produce una caída en el consumo global. Se deberá intentar estimular por tanto al consumo para evitar una falta de demanda efectiva.

Felipe argumenta que la industrialización de un país en vías de desarrollo tiene que ser bien planificada, al menos, por cinco razones:[23]

  1. La industrialización es un proceso largo, cuyos beneficios pueden tardar tiempo en llegar.
  2. La inversión privada no puede llegar a todos los sectores de la economía.
  3. El gobierno debe coordinar sus actuaciones con el sector privado para evitar desperdicio de recursos y cuellos de botella.
  4. Para organizar la inversión entre sectores y considerar la técnica de producción más apropiada.
  5. Para saber cómo financiar el desarrollo.

Finalmente, al aumentar la capacidad productiva de la economía, las políticas de industrialización dan lugar al cambio estructural. En los países en desarrollo, dicho cambio estructural se traduce casi invariablemente por cambios en las participaciones de las manufacturas, tanto a nivel de empleo como de producto.[24] Las dos consecuencias que se han derivado de este cambio estructural han sido, primero, un aumento de la participación de las manufacturas asiáticas en el producto de las manufacturas mundial y, segundo, que varias economías asiáticas como Korea, Singapur y Malasia han transformado su sector manufacturero en un sector dedicado a productos más tecnológicos y más sujetos a rendimientos a escala.[25]

Medidas para alcanzar el pleno empleo: las políticas industriales[editar]

Tradicionalmente, las políticas industriales consitian en que los gobiernos escogían y favorecían aquellos sectores de la economía que creían reportarían los mayores beneficios para el crecimiento. Esta política de “escoger a los mejores” provocó discusiones entre economistas. Felipe, siguiendo los argumentos recientes de Hausmann y Rodrik, considera que la discusión sobre el papel de los gobiernos debe replantearse, y no centrarse en si los gobiernos deben intervenir o no la economía, sino en sobre cómo deben hacerlo. Muchos países en vías de desarrollo sufren dos fallos de mercado importantes, los cuales limitan la inversión:

  1. información, derivado de la incertidumbre incurrida por un inversor que tiene que invertir sin saber si su inversión va a tener éxito (en cuyo caso rápidamente otros inversores entrarán en el mercado), o si va a fracasar (en cuyo caso nadie le recompensara por sus perdidas); y
  2. coordinación, es decir, el problema de que muchas inversiones privadas no se llevan a cabo porque requieren inversiones complementarias que, en muchos casos, sólo el sector público puede proveer (un hotel nuevo necesita el soporte de infraestructura, por ejemplo, un aeropuerto). La intervención del sector público es fundamental en estos casos como proveedor de inputs complementarios a los del sector privado para resolver estos fallos del mercado.

En la terminología reciente, las políticas industriales no son actuaciones del gobierno para “escoger a los mejores”, sino que consisten en una colaboración estratégica entre el sector público y el privado para hacer frente a fallos del mercado.

Medidas para alcanzar el pleno empleo: la política fiscal[editar]

La política fiscal es la medida más ampliamente tratada por Felipe.

Felipe considera a la política fiscal como el mecanismo más importante y directo que tiene un gobierno a su disposición para el logro del pleno empleo. Según él, el principal objetivo de la política fiscal debe ser la consecución del pleno empleo cerrando “la brecha [entre las inversiones actuales y las de pleno empleo], pues la inversión del sector privado suele estar por debajo del nivel de pleno empleo.”[26] Argumenta que las recomendaciones del “Consenso de Washington” respecto a la política fiscal carecen de fundamento: a nivel práctico, han provocado tasas de crecimiento bajas y erráticas para los países (tanto desarrollados como en desarrollo) que las han aplicado y, a nivel teórico, el modelo de los fondos prestables que subyace a varias de estas recomendaciones es claramente erróneo.

Manufacturas de alto componente tecnológico, Shenzhen, China.

El modelo de los fondos prestables considera el mercado de fondos prestables como cualquier otro mercado: hay una curva de oferta y otra de demanda de fondos prestables en la economía, y su precio, el tipo de interés, viene determinado por la intersección de ambas curvas. Por lo tanto, un aumento del déficit público provoca un desplazamiento hacia la izquierda de la curva de oferta de fondos, provocando aumentos en los tipos de interés. Partiendo de este modelo, la mayoría de los economistas de hoy en día creen que los déficits presupuestales son negativos por varias razones, tales como por el incremento de la inflación, incremento de los tipos de interés y por el “efecto expulsión” de la inversión privada por la inversión pública, al mismo tiempo que piensan que los superávits son reflejo de una correcta y sólida gestión.

Ante todo, la idea de que los déficits públicos producen invariablemente inflación no es cierta. Los déficits públicos, da igual su magnitud, no producen inflación a menos que la economía se encuentre en una situación de pleno empleo (o por lo menos, en una situación muy cercana a él). Por otro lado, la idea errónea que subyace al modelo de los fondos prestables es que considera el ahorro de la economía como un monto dado, previo a la realización de la inversión. Esta premisa es puesta en duda por Felipe que, siguiendo líneas kaleckianas, muestra que no tiene ningún fundamento teórico dicha suposición. Según Kalecki, a nivel macroeconómico, “la inversión se financia así misma”,[27] con lo que es el volumen de la inversión el que determina el volumen de ahorros, y no a la inversa.

Es decir, la inversión pública no puede expulsar a la privada simplemente porque la inversión no está restringida por los ahorros: en las modernas economías monetarias, la financiación de la inversión privada se produce mayoritariamente mediante la creación, ex nihilo, de crédito bancario. Más importante, este resultado implica que el gobierno no necesita la recaudación de impuestos para financiar su gasto, simplemente porque su gasto ha ocurrido antes de la recaudación de los impuestos. Es decir, “el gobierno es la fuente de los fondos que requiere el sector privado para pagar impuestos y para su ahorro neto."[28]

Todo gobierno capaz de emitir su propia moneda no tiene, por lo tanto, ninguna restricción financiera a la hora de gastar y asumir más déficits. El único límite que puede tener una polìtica continuada de déficits es el límite del pleno empleo. Las políticas de superávits contraen la economía y deben ser vistas por tanto como políticamente inmorales, a menos que el mantenimiento de una cierta tasa de desempleo sea considerado como un objetivo deseado por los responsables políticos. Por lo demás, la responsabilidad del gobierno respecto a la política fiscal debe centrarse también en la composición de su gasto, que se ha demostrado que no es indiferente.

La conclusión general es que:

“Un presupuesto equilibrado es la posibilidad teórica mínima para una economía; y dada la cantidad de recursos infrautilizados en los países en desarrollo y el nivel de gasto del sector privado en estos países, los gobiernos deben utilizar los déficits para alcanzar el pleno empleo. En segundo lugar, el punto de vista común de que los déficits provocan incrementos en los tipos de interés, en los precios y expulsan a la inversión no se deriva de un análisis de cómo funcionan las economías modernas”.[29]

Jesús Felipe

Medidas para alcanzar el pleno empleo: el Estado como empleador de última instancia[editar]

Finalmente, el Estado tiene una manera mucho más directa de promover el pleno empleo en la economía: mediante la implementación de programas de Servicios de Empleo Público, un tipo de medida que entra en la categoría más general de políticas activas para el mercado de trabajo.

Los programas de Servicio de Empleo Público consisten básicamente en proporcionar empleo a los trabajadores desempleados. Son políticas fundamentalmente contracíclicas y que actúan como “colchón” para el desempleo: cuando en las recesiones el sector privado despide a trabajadores, estos pueden encontrar trabajo en dichos programas. Una vez que la demanda agregada vuelve a recuperarse, el sector privado encuentra rentable volver a contratar a estos trabajadores.[30] De este modo se asegura que los trabajadores dispuestos a trabajar puedan recibir un salario básico, que se recoge en las cuentas nacionales como gasto gubernamental. Dicho sistema puede ser implantado de varias maneras, de acuerdo a cada circunstancia.

Sin embargo, dicha propuesta no ha estado exenta de críticas. Se ha criticado que la implementación de este tipo de programas sería, a la larga, inmanejable, debido al gran volumen de transacciones y datos que comporta, especialmente en épocas de recesión. También se le ha criticado que sería imposible encontrar trabajos productivos y útiles para todos los trabajadores desempleados. Finalmente, la corrupción y los costes burocráticos lo harían demasiado costoso. Por otra parte, sus defensores[31] opinan que es una medida que no produce ni inflación[32] ni estimula la contratación de puestos de trabajo poco productivos. Los programas de Servicio de Empleo Público pueden ser destinados a obras públicas tales como la renovación de las infraestructuras que pueden conducir a tasas más altas de productividad en el sector privado. Dichos programas también pueden tener otras ventajas, como que los trabajadores obtengan habilidades y conocimientos, produzcan bienes y servicios que el mercado no produce, o bienes que no están al alcance de las hogares más pobre.[33]

En algunos países ya se han probado políticas de este tipo, como es en el caso de India (la India’s Nacional Rural Employment Guarantee Act), en donde se han implantado medidas que actúan de forma contracíclica a las temporadas de las cosechas, o el caso de Argentina (Plan Jefes y Jefas), en donde se ha garantizado trabajo a los cabezas de las familias más pobres.

¿Crecimiento dirigido por las exportaciones o crecimiento dirigido por la demanda interna?[editar]

Felipe analiza las consecuencias que tienen para el crecimiento de un país la adopción de un modelo de crecimiento dirigido por las exportaciones (Export-Led Growth, ELG) o bien de un modelo de crecimiento dirigido por la demanda interna (Domestic Demand Led-Growth, DDLC).

Barco mercantil de la compañía china Cosco.

Los modelos de crecimiento dirigidos por las exportaciones tienen unos antecedentes teóricos antiguos, pues ya los mercantilistas en los siglos XVII y XVIII abogaban como medida de política económica exitosa la obtención permanente de ventajas comerciales a través de un saldo favorable en la balanza comercial. Actualmente, los gobiernos de todo el mundo reconocen grandes ventajas en los modelos económicos basados en la importancia de las exportaciones. Las principales ventajas que se derivan son fundamentalmente macroeconómicas. La primera es que un saldo exterior con superávit alivia la restricición de la balanza de pagos sobre la tasa de crecimiento de la economía. Esto es lo que se conoce en la literatura como la "Ley de Thirlwall", que establece que el crecimiento de una economía a largo plazo no puede ser superior de manera persistente al crecimiento que hace que la balanza de pagos esté equilibrada. La segunda es que los países que disfrutan de una balanza comercial favorable es que, además de estimular la producción, evitan presiones inflacionarias. Al aumentar la relación exportaciones-importaciones de un país, su tipo de cambio se aprecia, con lo que los individuos de la economía ven como su poder adquisitivo ha crecido con relación a los productos importados. Este incremento del salario real provoca que los trabajadores estén menos dispuestos a pedir subidas salariales, con lo que la posibilidad de un incremento de la inflación es menor. Sin embargo, para el país que incurre en déficit exterior, las dificultades son exactamente las contrarias. Es decir, mientras que para un país el ELG es favorable como política nacional, tiene graves consecuencias económicas para su socio comercial.

Como dice Felipe:

“El modelo ELG anima a las naciones a resolver los problemas del empleo y de la inflación traspasándoselos a sus socios comerciales. Si todas las naciones actúan de este modo, el resultado final podría ser un estancamiento y una recesión global. Si una nación actúa como el motor del crecimiento […] los socios comerciales que persigan ELG experimentarán un milagro económico que se atribuirá a sus excelentes políticas económicas”.[34]

Jesús Felipe

A pesar de todas estas ventajas del modelo ELG, y a raíz de la crisis financiera asiática del 2007, se han alzado muchas voces insistiendo de la importancia de fomentar un modelo DDLC, es decir, un modelo destinado principalmente al mercado interior. La principal defensa de este modelo es evitar la sobredependencia que tienen muchos países asiáticos en el mercado exterior, pudiendo así evitar en alguna medida las fluctuaciones de la demanda externa (principalmente de Estados Unidos y Japón). Sin embargo, Felipe argumenta que el debate se ha planteado de forma engañosa, simplemente porque no hay que plantear el tema como una disyuntiva, como una política u otra.[35]

La ELG no tiene que ser simplemente vista como una política de exportar más, sino de escoger productos y servicios que tengan un valor mayor y que por lo tanto tengan una elasticidad de demanda mayor. En efecto, los trabajos recientes sobre cambio estructural de Hausmann demuestran que el grado de sofisticación de las exportaciones es un buen predictor del crecimiento. Igualmente, fomentar políticas de exportaciones de forma permanente basadas en salarios bajos y baja calidad puede tener para el país efectos perjudiciales a la larga, pues las industrias entran en un círculo vicioso de contratación de trabajadores poco cualificados y las economías en menores niveles de educación, pues el capital humano, a diferencia de otros factores, es más rentable cuanto más abundante es (presenta rendimientos a escala).[36] La única manera de mejorar a la larga una política de ELG a largo plazo (y de aumentar la tasa de crecimiento dada por la ley de Thirlwall) no es por tanto mediante una mayor cantidad de exportaciones sino mediante la producción y venta de productos de valor mayor añadido.[37]

Conclusiones[editar]

El último capítulo del libro recoge las conclusiones que pueden extraerse del libro. Dichas conclusiones son brevemente las siguientes:[38]

  • La crisis económica tiene que obligar a los economistas a pensar “fuera del círculo” de la teoría tradicional, volviendo a los análisis de Keynes, Marx y Minsky.
  • La persecución del crecimiento inclusivo debe ser la prioridad de la política económica de los países asiáticos en desarrollo (y de manera más general, de todos los países en desarrollo). Por tanto, la política económica debe estar especialmente preocupada por la consecución del pleno empleo.
  • Los gobiernos son los principales responsables del desempleo que sufre un país. Deben por tanto participar activamente en la persecución del pleno empleo con políticas económicas de diversos tipos, tales como la política industrial, la política fiscal y la política monetaria, además de ser el generador de empleo en última instancia (the employer of last resort).
  • La política fiscal debe ser liberada de los prejuicios que muchos economistas tienen habitualmente en contra de ella. Desde este punto de vista, una política presupuestal deficitaria es deseable para el logro del pleno empleo, a la vez que no tiene porqué ni producir inflación ni desincentivar la inversión privada.
  • Los modelos de crecimiento ELG en estas economías tienen que basarse más en calidad de las exportaciones (productos sofisticados de alta elasticidad de demanda) que en cantidad.
  • Y finalmente, el crecimiento inclusivo es uno de los responsables de hacer que las sociedades en que vivimos puedan ser mejores y más justas.

Reseñas[editar]

“Jesús Felipe proporciona un análisis magistral del crecimiento en Asia, destacando el papel que juega el cambio estructural. Este libro obligará a los responsables políticos a pensar “fuera de la caja” y a valorar de nuevo las metas políticas y los medios para conseguirlas. El camino que queda por recorrer para la Asia en desarrollo es difícil, pero este espléndido libro hará la labor más manejable para los analistas y responsables políticos.”

Ricardo Hausmann, Center for International Development at Harvard University

“Jesús Felipe tiene un conocimiento sin parangón de las economías de Asia y del desafío de la creación de empleo. Al igual que Keynes, cree que el pleno empleo del trabajo debe ser la meta principal de la política económica, el rasgo distintivo de una sociedad civilizada. El libro es una lectura esencial para todos aquellos preocupados con el desempleo y la pobreza en los países en desarrollo. Es una hermosa e impresionante mezcla de teoría impecable, empirismo fascinante y de pasión personal”.

Tony Thirlwall, University of Kent

“Aunque sólo sea porque el libro presta atención al pleno empleo como fuerza motriz del crecimiento, y por el énfasis puesto en Keynes, Kalecki y Kaldor, este libro es una lectura obligada. Jesús Felipe razona correctamente que los países en desarrollo necesitan políticas coordinadas en varias áreas para alcanzar el pleno empleo. Las conclusiones políticas son provocativas, serias, compasivas y realistas.”

Salim Rashid, University of Illinois

“Este libro demuestra que el pleno empleo no es sólo posible en términos políticos sino también que es necesario, y que está en las mismas bases del crecimiento inclusivo. No perseguir dicho crecimiento es una invitación al sufrimiento humano, a la inestabilidad social y política y a un bajo rendimiento económico.”

Duncan Campbell, International Labour Organization

“Recomiendo altamente este libro como una excelente contribución a la economía del desarrollo y como extensión a la investigación sobre la aproximación del Employer-of-Last-Resort de las políticas de pleno empleo de los países en desarrollo.”

L. Randall Wray, University of Missouri-Kansas City

“Este libro es una obra muy importante. Su argumento central es que se requiere la intervención gubernamental para alcanzar el crecimiento inclusivo y reducir la pobreza. Los economistas del desarrollo, así como un público más amplio con intereses sobre temas del desarrollo, lo encontrará sumamente provechoso.”

Santonu Basu, Queen Mary, University of London

Referencias[editar]

  1. http://jesusfelipe.com/.
  2. Felipe [2010], p.2
  3. Felipe [2010] p. xxi.
  4. “[…] el desempleo implica una reducción en el producto total que es distribuido, lo que es análogo al vandalismo”. [Vickrey, 1992, p.341]
  5. Felipe, J. y McCombie, J.S.L. [2001], [2003] y [2006].
  6. Mitchell, W. y Wray R. [2005]. Ver también Wray [1998].
  7. Ver también Pasinetti [1986].
  8. McCombie, J. y Thirlwall, A. [1994].
  9. Felipe [2010], p.2.
  10. Minsky [2008], p.3, también se expresa de manera similar, cuando declara que el fin del logro de la estabilidad financiera de la economía es “que si la economía provee seguridad básica y un sentimiento de valía personal para todos – debido a que hay trabajo disponible para todos – muchos problemas sociales se reducirán a proporciones manejables”.
  11. Felipe, [2010], p.2.
  12. Felipe [2010], p.13.
  13. Felipe [2010], p.36.
  14. Felipe, [2010], p.228-229 y Pasinetti [1985].
  15. Felipe, [2010], cap. III.
  16. Felipe, [2010], pp.27-28.
  17. Felipe [2010], p.35..
  18. Felipe [2010], p. 42.
  19. El aumento de la oferta de alimentos se puede lograr por medio de: i) aumentos en la superficie cultivable, ii) aumentos en la productividad y iii) reasignación del trabajo hacia zonas agrícolas con mayor valor añadido. Felipe [2010], p. 43.
  20. Ver Kaldor [1956] y Pasinetti [1962].
  21. Kalecki [1956].
  22. Esta preeminencia de los beneficios sobre los salarios (al contrario que en la teoría de Ricardo) sobre la distribución del ingreso es considerada uno de los principios fundamentales de la teoría de la distribución post-Keynesiana. Ver Kaldor [1956], [1966] y Pasinetti [1962].
  23. Felipe [2010], p.70.
  24. Las relaciones entre el crecimiento de las manufacturas, el crecimiento de su productividad y el crecimiento del producto global son las leyes empíricas del crecimiento de Kaldor. Ver Thirlwall [1987] capítulo 7.
  25. Felipe [2010], p.114.
  26. Felipe [2010], p. 195, nota al pie y también p.217.
  27. Michal Kalecki [1956), p.52.
  28. Felipe [2010], p. 205.
  29. Felipe [2010], p. 217.
  30. Felipe [2010], p. 232.
  31. Especialmente Mitchell y Wray [2005], en donde se rebate cada una de las anteriores objeciones.
  32. Ver Vickrey [1992] y [1996], en donde se argumenta que el desempleo no es una herramienta necesaria (ni legítima) para controlar la inflación, proponiendo políticas sociales de empleo alternativas que no tienen por qué ser inflacionarias.
  33. Felipe [2010], p. 233.
  34. Felipe [2010], p.266.
  35. Felipe [2010], p.272.
  36. Felipe [2010], p. 282 y 284.
  37. Felipe [2010], p.170 y 171, propone, basándose en otros autores (ver Hausmann y Klinger [2006]), que los productos en los que se especializa un país pueden ser analizados por medio de grafos de redes. Estos tipos de análisis son de vital importancia, pues “la sofistificación de la cesta de las exportaciones de un país es un buen predictor de su futuro desarrollo económico” (p.277). Esto es consecuencia de que la competencia internacional descansa en gran medida en factores distintos al del precio (ver McCombie y Thirlwall [1994]).
  38. Felipe [2010], pp.289-295.

Bibliografía[editar]

  • Felipe, Jesús [2010]; Inclusive Growth, Full Employment and Structural Change, Anthem Press.
  • Felipe, Jesús y McCombie, John [2001]; Biases Technical Change, Growth Accounting, and the Conundrum of the East Asian Miracle. Journal of Comparative Economics. 29(3), pp. 542-65.
  • Felipe, Jesús y McCombie, John [2003]; Some Methodological Problems with the Neoclassical Analysis of the East Asian Miracle. Cambridge Journal of Economics. 27 (5), pp. 695-721.
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