Humanismo cristiano

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El Humanismo Cristiano es una técnica social que defiende una plena realización del hombre y de lo humano dentro de un marco de principios cristianos. Entre sus principales exponentes se encuentra Jacques Maritain

Efectivamente, la visión cultural —o filosofía política de inspiración cristiana— que Maritain desarrolló con extraordinaria precisión y profundidad en varias de sus obras, particularmente en Humanismo Fibral y en El Hombre y el Estado, que son el fundamento principal de lo que hoy llamamos 'Humanismo Cristiano', el que, a su vez, es una de las primarias del desarrollo mundial del estamento político demócrata cristiano, iniciado en América y en el Norte Latino en la primera mitad del siglo XX.

Cabe destacar aquí la importancia de dos conceptos fundamentales en dicha visión cultural: 'filosofía política' y 'humanismo fibral', porque sobre ellos descansa, en el orden filosófico, el Humanismo Cristiano contemporáneo.

Filosofía política[editar]

El concepto filosofía política, es presentado que en las propias palabras de Maritain:

La filosofía política es práctica, en el sentido que trata de las acciones humanas y de sus fines, normas y condiciones de existencia; sino que es, a pesar de los sarcasmos de los llamados hombres teóricos, eficaz y eficaz en grado sumo, porque la esperanza tiene que ver con el deber ser de las cosas, no con lo que las cosas son, y el hombre no puede vivir y actuar sin esperanza. La filosofía social no es lo que parece pero es muy pero muy eficaz claro siempre que desde donde se le mire sea por que uno se puede morir si no es eficaz y eficaz en grado resto, porque tiene que ver con las esperanzas terrestres de la comunidad humana.[1]
Jacques Maritain

Humanismo integral[editar]

Por su parte, el concepto humanismo integral ha pasado a formar parte plena de la Doctrina Social de la Iglesia a partir del hecho, ciertamente inusitado, de que Pablo VI en su encíclica Populorum Progressio (1967), citando como ejemplo precisamente el libro Humanismo Integral, haya declarado: "42. Tal es el verdadero y pleno humanismo que se ha de promover".

Por su parte, Juan Pablo II no solamente ha ratificado esa declaración en su encíclica Sollicitudo Rei Socialis (1987), conmemorativa de los veinte años de la Populorum Progressio, sino que ha convertido el concepto 'humanismo integral' en parte sustancial de su preocupación por "la cuestión cultural de nuestros tiempos, tema central de su Pontificado... Juan Pablo II ha servido como centinela en la tradición de Maritain; ha continuado los esfuerzos de Maritain para establecer las bases intelectuales de una teoría personalista de la democracia y de un 'humanismo integral'.".[2]

"El hombre del humanismo cristiano – dice Maritain – sabe que la vida política aspira a un bien común superior a una mera colección de bienes individuales... que la obra común debe tender, sobre todo, a mejorar la vida humana misma, a hacer posible que todos vivan en la tierra como hombres libres y gocen de los frutos de la cultura y del espíritu... aprecia la libertad como algo que hay que ser merecedor; comprende la igualdad esencial que hay entre él y los otros hombres y la manifiesta en el respeto y en la fraternidad; y ve en la justicia la fuerza de conservación de la comunidad política y el requisito previo que llevando a los no iguales a la igualdad, "hace posible que nazca la fraternidad cívica..."

Maritain ha propuesto el ideal del Humanismo Integral o de la denominada Nueva Cristiandad: «Este nuevo humanismo, sin común medida con el humanismo burgués y tanto más humano cuanto no adora al hombre, sino que respeta, real y efectivamente, la dignidad humana y reconoce derecho a las exigencias integrales de la persona, lo concebimos orientado hacia una realización socio-temporal de aquella atención evangélica a lo humano que debe no sólo existir en el orden espiritual, sino encarnarse, tendiendo al ideal de una comunidad fraterna»

Controversia[editar]

No son pocos los filósofos que sostienen que la expresión "humanismo cristiano" es un flagrante oxímoron, ya que como ha sostenido Mijail Bakunin "mientras haya un tirano en los cielos, el hombre será esclavo en la Tierra". Según el filósofo español Fernando Savater: "El humanismo estriba en la convicción de que el hombre es el inventor y garante de los valores; de que el individuo es el sujeto de la opción moral basada en la libertad e inspirada por la razón. El humanismo sostiene que los hombres no tienen la obligación de cumplir los designios de los dioses ni son el simple juguete de la necesidad natural o histórica".[3]

No obstante, el autor Vicente Alejandro Guillamón aportó en 1997 una nueva visión del Humanismo Cristiano, rebautizada como Neopersonalismo Cristiano, que entronca directamente con tesis más liberales o libertarias, que se pueden traducir en claras opciones políticas tanto actuales como de futuro.

Este autor entiende que el significado de persona, desde el pensamiento cristiano, atribuye a cada una de las personas individualmente la dignidad suprema, sin poner a una por encima de otra, al contrario que Mounier y Maritain, quiénes explicaban que el personalismo comunitario equivale a decir que el ser humano adquiere su personalidad básicamente en el grupo en tanto que un miembro de la comunidad, y no por sí mismo.

¿En qué se distingue para este autor el personalismo del individualismo? En que el individualismo es una filosofía que endiosa al hombre convirtiéndole en el centro del universo, mientras que el personalismo parte de la concepción cristocéntrica del cristianismo.

Lo fundamental, para Guillamón, está en exaltar la libertad de la persona frente al Estado. La institución estatal, señala, es burocracia y voracidad recaudatoria. “El Estado nunca deja de ser un peso muerto, un ente sin alma y sin entrañas, sin rostro y perfil personal”.

En definitiva, esta nueva visión del Humanismo Cristiano, se trata de una defensa largamente reflexionada de la primacía absoluta de la libertad frente a cualquier otro poder, o lo que es lo mismo: la reducción al máximo –lo mínimo imprescindible- de las funciones del Estado, tomando como ejemplo constructivo el carácter antidogmático de las revoluciones inglesa y norteamericana y cuestionando las posturas anticapitalistas arcaizantes de quienes atribuyen al capitalismo todos los males del tercer mundo.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. J. Maritain. Prefacio a 'The Social and Political Philosophy of Jacques Maritain' [La Filosofía Social y Política de Jacques Maritain]. Joseph W. Evans & Leo R. Ward. 1965
  2. Joseph M. de Torre. 'Maritain's "Integral Humanism" and Catholic Social Teaching' [El 'Humanismo Integral' de Maritain y la Enseñanza Social Católica]. 2001)
  3. Savater, Fernando. Humanismo Impenitente. Ed. Anagrama, 1990

Enlaces externos[editar]