Huelga de masas, partido y sindicatos

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Huelga de masas partido y sindicato es un libro escrito por Rosa Luxemburgo y publicado en 1906, en el cual analiza la experiencia de la huelga de masas durante la revolución rusa de 1905 y su significado para la lucha internacional de los trabajadores y para el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD).

Antecedentes y publicación[editar]

En plena revolución en Rusia, la autora, quien era fundadora y dirigente del Partido Socialdemócrata da Polonia y Lituania, viajó en diciembre de 1905 desde Alemania, donde residía, hasta Varsovia, Polonia, que hacía parte del Imperio Ruso y donde también se desarrollaba la revolución.

Rosa fue detenida en marzo de 1906 y estuvo presa hasta junio. Se estableció hasta septiembre en Kuokkala (hoy Repino, Finlandia), desde donde se le facilitaba ir a San Petesburgo. Durante este período escribió el libro.[1]

De regreso a Alemania, el 20 de septiembre de 1906 Rosa llegó a Hamburgo, donde fue publicada y distribuida en noviembre la primera edición del libro, la cual fue después recogida por solicitud de los líderes sindicales socialdemócratas. La segunda edición de 1907 moderó las críticas a los dirigentes sindicales alemanes.[1]

Huelga de masas[editar]

El primer capítulo resume el debate sobre la huelga general con los anarquistas y dentro de la socialdemocracia. Sostiene que en Rusia por primera vez en la historiase realizó la huelga de masas en forma “grandiosa” y se reveló como el arma más poderosa de lucha política por los derechos políticos.[2]

Según el segundo capítulo, la huelga de masas es un fenómeno histórico, resultado de un momento específico en una situación social, a partir de la necesidad histórica. Por tanto no se puede decidir “hacer” una huelga de masas, como tampoco se puede decretar una revolución. Huelga de masas y revolución solamente tienen sentido y se concretan en situaciones políticas bien determinadas.[3]

El tercer capítulo describe el desarrollo del proceso de la huelga de masas en Rusia. Fue precedida por un trabajo “invisible y subterráneo” de organización política y sindical, después de la huelga general de 1896. En diciembre de1904 comenzó la huelga general en Bakú, en enero de 1905 en San Petersburgo, donde comenzó a raíz de una huelga de solidaridad de los obreros de las canteras en protesta por el despido de dos trabajadores.[4]

La sangrienta represión de la marcha de los huelguistas en San Petersburgo, desencadenó en todos los centros industriales y ciudades del Imperio Ruso, una oleada de huelgas masivas de solidaridad con la activa participación de la socialdemocracia rusa. Los dirigentes apenas tenían tiempo de formular las consignas con que las masas se lanzaban en seguida a la lucha.[5]

La agitación pasó de los obreros industriales a las profesiones liberales, a los artistas, los campesinos, los empleados del comercio, los domésticos, el subproletariado, la policía y finalmente golpeó los cuarteles militares. Luego este torrente de lucha política se diluyó en innumerables huelgas económicas, casi todas triunfantes, para luego encaminarse por medio de los consejos obreros de fábrica, hasta los grandes consejos (soviets de trabajadores de las ciudades.[6]

Creció enormemente el número de trabajadores sindicalizados y de sindicatos. Fábrica por fábrica, rama de la industria por rama de la industria, ciudad por ciudad los trabajadores luchaban por la jornada de 8 horas. En octubre de 1905 el soviet de San Petersburgo decidió que los trabajadores notificaran a cada patrón que no trabajarían más de 8 horas diarias y en una semana todas las fábricas de la ciudad trabajaban sólo 8 horas.[7]

En octubre reapareció la huelga general política en todo el imperio para protestar contra la convocatoria de una Duma “consultiva” y exigir el fin de la “comedia” zarista. El éxito llevó a ampliar el movimiento y a nuevas represiones, respondidas con la huelga general de noviembre contra la declaratoria del estado de sitio en Polonia. Los empresarios respondieron cerrando fábricas y en protesta, en San Petersburgo fue realizada una huelga general.[8]

Ahí (con la dirección del soviet de San Petersburgo en prisión), la lógica interna del proceso de huelga de masas la transformó en insurrección abierta, en barricadas y lucha callejera armada. Los acontecimientos de diciembre Moscú resultaron del desarrollo lógico del movimiento revolucionario y su culminación inevitable en una insurrección general abierta, que también se expresó antes en una serie de insurrecciones locales preparatorias.[9]​ La Duma convocada en 1906 fue boicoteada por los trabajadores, pero la derrota de la insurrección significó también que ya no había más huelga de masas y "el proletariado se retiró a las sombras", de nuevo, a dedicarse al trabajo organizativo sindical y político.[10]

El capítulo cuarto del libro, expone cómo durante el período de huelga de masas se entrelazan todas las fases de la lucha política y la lucha económica. Huelgas políticas y económicas, huelgas de generales y parciales, huelgas de protesta y de combate, las huelgas de rama de la industria y huelgas generales en determinadas ciudades, pacíficas movilizaciones salariales y enfrentamientos callejeros.[11]

Para Rosa Luxemburgo, La huelga de masas es inseparable de la revolución. Es simplemente la forma que adopta la lucha revolucionaria. Por ello, sostiene que los socialdemócratas están llamados a asumir la dirección política de la huelga de masas, dar las consignas de lucha, orientar la táctica, de manera que en cada fase sea movilizada la totalidad del poder del proletariado.[12]

El capítulo quinto trata de extraer las lecciones de la huelga de masas rusa aplicables en Alemania.[13]

El capítulo seis sostiene la necesidad de que la huelga de masas se convierta en un verdadero movimiento popular que abarque todas las capas de trabajadores y no se limite solamente a los obreros organizados.[14]

El capítulo séptimo insiste en que aunque los socialdemócratas no pueden determinar por adelantado el momento de la huelga de masas, si pueden orientar políticamente la lucha, prever sus probables consecuencias, y traducir la lucha en una táctica resuelta y consecuente.[15]

El capítulo octavo trata de la articulación de los sindicatos y la socialdemocracia, para garantizar el éxito de las futuras luchas.[16]

Traducción[editar]

La primera traducción en español de este libro solamente fue publicada por una editorial de Córdoba (Argentina), en 1970, después de que el Cordobazo, del 29 y 30 de mayo de 1969, puso al orden del día el análisis del período de huelgas de masas que se desarrolló en ese país.[17]

Referencias[editar]

  1. a b Luxemburgo, Rosa, p. 41-42.
  2. Luxemburgo, Rosa, p. 47
  3. Luxemburgo, Rosa, p. 50-51.
  4. Luxemburgo, Rosa, p. 53-61.
  5. Luxemburgo, Rosa, p. 61-62.
  6. Luxemburgo, Rosa, p. 62,70.
  7. Luxemburgo, Rosa, p. 74-75.
  8. Luxemburgo, Rosa, p. 75-76.
  9. Luxemburgo, Rosa, p. 76.
  10. Luxemburgo, Rosa, p. 76-77.
  11. Luxemburgo, Rosa, p. 78.
  12. Luxemburgo, Rosa, p. 78,83,87-88.
  13. Luxemburgo, Rosa, p. 89-95.
  14. Luxemburgo, Rosa, p. 97-98.
  15. Luxemburgo, Rosa, p. 107.
  16. Luxemburgo, Rosa, p. 118,124.
  17. Pasado y Presente (1970) ”Advertencia”; Luxemburgo, Rosa, p. 7.

Fuente[editar]

Luxemburgo, Rosa (1906) Huelga de masas partido y sindicato. Traducción de Nora Rosenfeld y José Aricó. Cuadernos Pasado y Presente 13. Córdoba.