Historia del alumbrado eléctrico en León de los Aldama

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Hoy en día nuestra civilización colapsaría sin la energía eléctrica. La producción de bienes y servicios, el transporte y las comunicaciones cesarían; además de que la mayoría de los aparatos que tenemos en nuestras casas resultarían inútiles. Nos veríamos en la necesidad de iluminar nuestras casas con quinqués y las calles con farolas de queroseno, tal y como se hacía hace más de cien años.

Casi desde la fundación de lo que hoy es la ciudad de León de los Aldama -en 1576- hubo quien fabricara velas para que los habitantes iluminaran sus hogares; en el siglo XIX llegó a haber varias cererías y hasta cinco fábricas de cerillos, la más famosa fue la de un señor llamado Celso Gutiérrez.

El alumbrado público se realizaba mediante farolas que colgaban a media calle y que utilizaban como combustible pajuelas de azufre, las cuales fueron sustituidas en 1835 por grasa, más adelante por petróleo, después por queroseno y finalmente por gasolina. En 1872 este sistema de alumbrado contaba con 271 farolas, 119 de las cuales se concentraban en la plaza principal y las plazuelas del Coecillo y San Miguel, lugares hasta donde llegaba el servicio que estaba a cargo de un comandante, 3 ayudantes, 2 celadores y 45 serenos.

¡Las diez y todo sereno![editar]

Don Federico Pohls en sus "Añoranzas y Recuerdos de León" escribe: "A la hora del crepúsculo (...) salían los serenos con su escalera a cuesta y provistos de un cajón porta-aparatos de petroleo. Esquina tras esquina instalaban su escalera de burro, para arreglar el farol del alumbrado público, cambiando el aparato vacío de combustible por otro limpio y cargado de petroleo (...) cuando había buena luna (...) ahorraba el municipio trabajo y combustible, pues en esas noches claras y románticas no encendían el alumbrado público". Cuando eso sucedía no faltaban los ladrones que se aprovechaban de la oscuridad.

En 1888 León sufrió una gran inundación que acabó con gran parte del sistema de alumbrado y el municipio tardó entre dos y tres años para reponerlo; para 1896 ya eran 671 farolas las que había que mantener, lo cual le significaba un gasto de $4,500 pesos mensuales.

María de la Cruz Labarthe, en su libro "León entre dos inundaciones" escribe que los primeros planes para instalar en León una planta que produjera energía eléctrica se hicieron en la última década del siglo XIX; por entonces en un periódico local -llamado El Pueblo Católico- aparecía el rumor de que se estaban haciendo los preparativos para establecer el alumbrado eléctrico. Era verdad, pues en 1895 el ayuntamiento ya estudiaba las proposiciones de algunas compañías nacionales y extranjeras para instalar focos incandecentes que iluminaran las calles, pero antes hacía falta una planta generadora de fluido eléctrico.

La primera planta eléctrica en León[editar]

Pasaron dos años, entonces el señor Rafael Portillo, uno de los propietarios de la fábrica de hilos La Americana, con su propio dinero instaló la primera planta eléctrica, la cual estaba situada en la calle Real de Guanajuato (hoy Madero). Don Carlos Navarro, cronista de la ciudad, asegura en su obra "Así era León", que la nuestra fue la primera ciudad de México con una planta de este tipo. Los trabajos para la instalación de postes y tendido de alambres comenzaron en las calles y luego continuaron en algunas pocas casas, pues no todos quisieron arriesgarse a participar en un experimento que no acababan de entender.

Eso sí, en todo León no se hablaba de otro asunto. "Era cosa superior a nuestro entendimiento -escribe Don Federico Pohls- los trabajos en las calles progresaban a la par que nuestra impaciencia (...) alambres y más alambres en las paredes, bajando al final del centro del cielo raso del zaguán, la sala, el comedor, un hilo del que pendía un bombillo de vidrio con filamento negro, que, según decían, daría más luz que nuestros grandes quinqués y candiles de petróleo. Llegó el gran día (...) los chicos tendidos en el suelo, sobre el tapete, boca arriba, y viendo el foco en espera del milagro (...) silencio impresionante y... la luz triunfadora borró la penumbra (...) gritos de asombro. Alegría de todos. Carreras de un lado para otro mirando los distintos focos encendidos. La calma va volviendo y entonces mi padre, armándose de valor, quiere experimentar con una de las lámparas, apagarla para ver si se enciende nuevamente. -¡Ten mucho cuidado! -se oía recomendar-, no te vaya a pasar algo. La impresión estaba en su apogeo cuando recibimos la visita de don Rafael Portillo (...) el hombre que, orgulloso de su hazaña, pasaba por las casas de todos sus amigos. Abrazos efusivos y felicitaciones para don Rafael, que seguramente en esos momentos se sentía como el mismísimo Thomas Alva Edison." Lo anterior ocurrió el 17 de diciembre de 1897 a las 19:30 horas. Los encargados de bajar la palanca que hizo funcionar la planta de luz fueron el gobernador del estado, Joaquín Obregón y el propio señor Portillo.

El acontecimiento se celebró con toque de sirena, serenata en la plaza principal y un banquete que se sirvió al día siguiente; pero fue hasta 1904 que la jefatura política de la ciudad, presidida por don Archibaldo Guedea y Caraza, un caballero de ideas progresistas, que se introdujo la energía eléctrica para todos en general, pues se pudo traer de una planta que existía en el Duero, Michoacán. Se instalaron los postes de hierro en las calles y un año después se firmó un contrato con el señor Oscar Braniff para el servicio de alumbrado. La empresa Central Mexico Light and Power proveniente de Nueva York comenzó a ampliar la red en mayo de 1910.

Para septiembre de ese año, cuando se conmemoró el centenario de la independencia, la ciudad fue iluminada por más de 3,000 focos que se colocaron en los principales edificios, pero sobre todo en la casa municipal y en la Catedral.

Años después la Guanajuato Light and Power fue la empresa encargada de suministrar energía eléctrica a domicilio, la cual tenía un costo de 6 centavos por suscripción, 75 centavos por lámpara de 40 vatios, $1.35 por las de 100 vatios y $8 pesos mensuales por cada hp.

Durante la primera década del siglo XX, León tenía alrededor de 63,000 pobladores y muy pocos podían darse el lujo de contratar energía eléctrica... más de cien años han pasado, León cuenta con más de un millón de habitantes y casi todos gozan de los beneficios del fluido eléctrico (90 %), el cual proviene principalmente de la zona industrial sur, cerca de la carretera a Cuerámaro. Hoy, apenas iniciado el Siglo XXI, nuestra ciudad ocupa el sexto lugar entre los municipios del estado en cuanto a cobertura eléctrica, un servicio que todos conocemos desde el día que nacimos, que usamos todos los días y que de alguna manera la mayoría comprendemos, por lo que se nos hace difícil imaginar el asombro y admiración que sintieron nuestros antepasados.