Historia de la educación en Argentina

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La figura más representativa de la educación en la República Argentina es el presidente Domingo Faustino Sarmiento. Sarmiento fomentó la inmigración y trajo educadores estadounidenses y europeos[1] y construyó escuelas y bibliotecas en todo el país, que terminó con doblar la inscripción de alumnos al final de su mandato. El Día del Maestro coincide con el día en el que murió Sarmiento, el 11 de septiembre, para conmemoración del trabajo realizado por tal presidente.

Época Virreinal[editar]

Reducción jesuítica.
Vista de la Manzana Jesuítica en el siglo XVIII. Dichos edificios aún se conservan. En la esquina se observa la iglesia de la Compañía de Jesús. A continuación se destacan la antigua sede de la Universidad (actual museo y biblioteca mayor) y el Colegio Monserrat.

En los primeros años de poblamiento del actual territorio argentino, la educación estuvo centrada en la escolaridad primaria a cargo de las órdenes religiosas (franciscanos, dominicos y más tarde, jesuitas) y basada en la evangelización y en el uso del idioma español con carácter obligatorio.

Gracias a la célebre bula del Papa Pablo III Sublimis Deus de 1537 que declara a los indígenas hombres con todos los efectos y capacidades de cristianos, hubo un gran contraste entre la colonización española, la anglosajona y francesa en América. [2] En el Imperio Español la unidad social se concebía a través de la unidad de la Fe de la Iglesia Católica.

En 1589 llega al Tucumán el sacerdote franciscano Francisco Solano evangelizando a los aborígenes del lugar por más de catorce años.

En 1585 los jesuitas llegan a Santiago del Estero, en 1587 llegan a Córdoba, en 1588 llegan los jesuitas que luego fundaran las Misiones jesuíticas guaraníes y en el mismo año llegan al Río Salado para evangelizar a los pampas.[3]

Probablemente durante la gobernación de Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias), que en 1596 fue nombrado gobernador del Río de la Plata y del Paraguay, se establecieron las primeras escuelas no jesuíticas en el actual territorio argentino. En 1609 concurrían a estos establecimientos unos 150 alumnos. Hubo algunos intentos por parte del estado de ampliar la educación pública como por ejemplo la obligación por parte de los Cabildos de proveer con fondos públicos, de casas apropiadas a las escuelas y la admisión de un cierto número de alumnos, con certificado de pobreza expedido por el propio cabildo, a los que debía darse igual educación que a los demás. Se cobraban aranceles de un peso por mes para leer y dos pesos para leer, escribir y contar.[4]

Desde su llegada, los jesuitas erigieron a Córdoba como el centro de la Provincia Jesuítica del Paraguay, en el Virreinato del Perú. Para ello necesitaban un lugar donde asentarse y así iniciar la enseñanza superior. Fue así que 1599, y luego de manifestarle dicha necesidad al cabildo, se les entregaron las tierras que hoy se conocen como la Manzana Jesuítica.[5]

En 1613 con apoyo del Obispo Trejo, fue fundada la Universidad jesuítica de Córdoba, la más antigua del país y una de las primeras de América. Ese año también se crea la Librería Grande (hoy Biblioteca Mayor), que según registros llegó a contar con más de cinco mil volúmenes.

En 1624 fue fundada la Universidad jesuítica de Chuquisaca que desde su creación, tuvo una notable influencia en toda la región de Sudamérica.

La Expulsión de los jesuitas del Imperio Español de 1767 hizo que 2.630 jesuitas tuvieran que dejar Iberoamérica lo que significó un terrible golpe a nivel educativo ya que la inmensa mayoría de las instituciones educativas del territorio estaban a cargo de ellos como profesores.[6]

La Independencia[editar]

El culto de la «diosa Razón» durante la Revolución Francesa.

Desde su emancipación a partir de 1810, la Nación Argentina estuvo influida por dos corrientes de pensamiento distintas:[7]

Moneda de EEUU con el lema "En Dios Confiamos"

1) La racionalista, laicista e iluminista de Voltaire que sustentó la filosofía política de la Revolución Francesa[8] y que influyó por ejemplo en el Dean Funes en Córdoba.

2) Otra anterior, de inspiración cristiana, influida, por un lado, por la doctrina del sacerdote jesuita Francisco Suárez,[9] de la Escuela de Salamanca, que pregonó que la autoridad es dada por Dios pero no al rey sino al pueblo[10] que fue aprendida en la Universidad jesuítica de Chuquisaca por los principales patriotas que impulsaron la Revolución de Mayo; y por otro, por el ejemplo de la Revolución Americana que, aunque tuvo otros orígenes, su lema nacional es In God we trust (en inglés: «En Dios confiamos»).[11]

En los primeros tiempos de la Argentina, Cornelio Saavedra y luego fray Cayetano Rodríguez, fray Francisco de Paula Castañeda, el Pbro. Pedro Ignacio de Castro Barros, el Gral. Manuel Belgrano, Esteban Agustín Gascón, Gregorio García de Tagle, entre otros, fueron grandes defensores del pensamiento católico y de la Iglesia contra el anticatolicismo de los grupos liderados primero por Mariano Moreno y Juan José Castelli,[12] [13] y después por el gobernante Bernardino Rivadavia que en 1822 entre otras medidas cerró varios conventos, se apoderó de todos los bienes que pertenecían a las órdenes religiosas, incautó los bienes propios del Santuario de Luján, de los de la Hermandad de Caridad, del Hospital de Santa Catalina y otros.[14]

Los primeros esfuerzos sistemáticos por impulsar la educación, a todos sus niveles, se rastrean hasta Manuel Belgrano. Durante su labor como Secretario del Consulado de Comercio de Buenos Aires desde 1794 hasta 1809, fundó la Escuela de Náutica y la Escuela de Matemáticas. Impulsó incansablemente la creación de la Academia de Geometría y Dibujo y abogó por la creación de una Escuela de Comercio, una academia de Matemáticas y otra de Arquitectura y Perspectiva. Belgrano impulsó la educación tanto primaria, técnica como universitaria. También aboga Belgrano por la educación de las mujeres, algo poco común a comienzos del siglo XIX. El fervor de Belgrano por la educación puede entenderse cuando este destina íntegramente las recompensas monetarias como trinfador contra las fuerzas realistas a la creación de cuatro escuelas primarias, pero acaba muriendo sólo y en la pobreza.

Lograda la independencia argentina en 1816 y ante la carencia de profesionales de la educación se implementó el Método lancasteriano (el General San Martín fue uno de sus defensores) que, apoyándose en alumnos monitores, intentaba compensar las desigualdades del simultaneísmo en el aula. Se trataba, no obstante, de una educación memorística sustentada en una férrea disciplina.

El 12 de agosto de 1821 se funda la Universidad de Buenos Aires y su primer rector fue el sacerdote Antonio Sáenz, y su sucesor fue otro sacerdote Valentín Gómez, este último adicto a Bernardino Rivadavia.

Época de la Confederación Argentina[editar]

La Confederación Argentina fue una confederación de provincias que existió entre 1835 y 1852, durante la organización de la actual República Argentina. Las provincias formaron una confederación de estados soberanos que delegaban la representación exterior y algunos otros poderes en el gobernador de la Provincia de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas.

Rosas prestaba mucha atención a sus relaciones con las clases populares; en la imagen, preside un candombe de negros.

Debido a las Guerras civiles argentinas, para reducir gastos Rosas anuló la mayor parte del presupuesto dedicado a la educación. En 1838 se suprimió en Buenos Aires la enseñanza gratuita y los sueldos de los profesores universitarios.[15]

No obstante la Universidad de Buenos Aires y el actual Colegio Nacional de Buenos Aires se mantuvieron en actividad por medio del arancelamiento de sus estudiantes, y de sus aulas salieron los miembros de la élite porteña del período siguiente, la mayoría de los cuales serían detractores acérrimos de Rosas.[16]

Además existía la Universidad de Córdoba, regenteada por religiosos católicos, que otorgaba títulos en derecho canónico y civil.[17] [18]

En Buenos Aires, la educación secundaria estuvo distribuida entre varios colegios, entre los cuales el más prestigioso era el Colegio de San Ignacio, de los jesuitas, que —cuando éstos fueron nuevamente expulsados— se transformó en el Colegio Republicano Federal, regenteado por el antiguo jesuita Francisco Magesté. Pero también había varios colegios privados, como el que dirigía Alberto Larroque.[16] En el interior había colegios secundarios en la mayoría de las capitales provinciales; el más antiguo y prestigioso era el Colegio Nacional de Monserrat; en algunas de ellas era especialmente prestigiosa la educación brindada por los conventos, como el franciscano de San Fernando del Valle de Catamarca.[19]

La literatura del período fue notoriamente escasa, con excepción de la que produjeron los miembros de la Generación del 37.[20] La música, en cambio, tuvo un momento de brillo particular, llegando con Juan Pedro Esnaola a alcanzar cierta autonomía de las escuelas musicales europeas.[21] Por su parte, también la pintura logró iniciar una producción autónoma, especialmente en el campo del retrato, el paisajismo y la pintura histórica; sus representantes más destacados fueron Prilidiano Pueyrredón y Carlos Morel, y los europeos Ignacio Baz, Charles Henri Pellegrini y Amadeo Gras.[22]

Período de la Organización Nacional[editar]

En la Historia de la Argentina, se llama Organización Nacional al período comprendido entre la derrota del régimen rosista en la Batalla de Caseros, ocurrida en 1852, y el acceso al poder de la llamada Generación del 80, alrededor del año 1880.[n. 1] [n. 2]

La Constitución Nacional[editar]

La Constitución Nacional de 1853 estableció el derecho a educar y enseñar como una responsabilidad atribuida a los gobiernos provinciales. Uno de los pioneros en tal sentido fue el gobierno de la Provincia de Corrientes. Una ley de 1857 estableció como uno de los destinos de la renta la fundación de escuelas. En esa dirección, se realizaron las primeras experiencias en la Provincia de Buenos Aires, que sancionó su Ley de Educación en 1875. Las bibliotecas populares en tanto, cubrían la instrucción de las mujeres y fue Juana Manso la primera Directora de una escuela mixta en Buenos Aires. En 1864, a instancias de Bartolomé Mitre, se fundó el Colegio Nacional de Buenos Aires sobre la base del Libres del Sur y con dependencia de la Universidad, creada en 1821. Sobre este modelo institucional crecieron otros colegios nacionales en Catamarca, Tucumán, Mendoza, San Juan y Salta.

Durante este período abrió sus puertas la Escuela Normal de Paraná, paradigma del normalismo y, a instancias de Sarmiento, arribaron al país 65 maestras estadounidenses que fueron afectadas a la formación de docentes. Así llegaron Mary O'Graham, las hermanas Dudley, Serena Frances Wood, Julia Hope, Frances Nyman, entre otras. En 1870 Serena Frances Wood ―que había creado en Virginia la primera escuela para los esclavos que acababan de ser liberados tras la guerra civil― fundó en Buenos Aires la Escuela n.º 1, cerca de Retiro.

Gobierno de Sarmiento[editar]

Domingo Faustino Sarmiento, quien fue el principal impulsor de la moderna educación de Argentina.

El presidente Domingo Faustino Sarmiento (1868-1874) hizo hincapié en actualizar el país con las prácticas de los países desarrollados. Sarmiento alentó la inmigración y el asentamiento de educadores europeos y construyó escuelas y bibliotecas públicas en todo el país, en un programa que finalmente duplicó la matrícula de los estudiantes durante su mandato.

Sarmiento realizó una importante contribución al progreso científico y su acción y prédica constante a favor de la enseñanza y creación de instituciones científicas y culturales.

La acción de Sarmiento en la difusión fue la de consolidar un sistema científico independiente, enriqueciéndolo con los aportes de la más moderna ciencia europea.[23] Durante su mandato, se crearon 800 escuelas de primeras letras, alcanzando a un total de 1816 escuelas.[24] la población escolar se elevó de 30 000 a 110 000 alumnos, consolidando a la Argentina como el país mas alfabetizado de América Latina.[25]

Las Primeras Maestras[editar]

En Argentina más del 90% de los maestros primarios son mujeres. En 1870 Nicolás Avellaneda escribía:

La experiencia ha demostrado efectivamente que la mujer es el mejor de los maestros, porque es más perseverante en la dedicación a la enseñanza, desde que no se le presentan como al hombre otras carreras para tentar su actividad o ambición y porque se halla, en fin, dotada de todas esas cualidades delicadas y comunicativas que la hacen apoderarse fácilmente de la inteligencia y de la atención de los niños.

Nicolás Avellaneda

Este tipo de apreciaciones, en consonancia con el marco cultural de la época, hicieron de la docencia una actividad predominantemente femenina. Entre 1874 y 1921 se graduaron 2626 maestras y solo 504 maestros varones, una proporción que se volvió aun más desigual con el correr de los años debido a la permanencia de estereotipos fuertemente consolidados.

Entre algunas de las educadoras mujeres más influyentes de los siglos XIX y XX en Argentina fueron: Matilde Filgueiras, Juana Elena Blanco, Ada María Elflein, Sara Justo, Josefina Passadori, Ángela Peralta Pino y Clotilde González de Fernández, entre otras.

Época Conservadora[editar]

La educación tuvo un papel central en la constitución de la nación, considerada una condición esencial para hacer del país una república. En ese marco Julio A. Roca quien fue dos veces Presidente de la Nación -entre 1880 y 1886 y entre 1898 y 1904- y máximo representante de la Generación del Ochenta sancionó la Ley de Educación Común, estableciendo su carácter obligatorio, estatal, laico y gratuito.

Durante su primer presidencia, en 1881, se produjo la primera huelga docente, las maestras de la Escuela Graduada y Superior de San Luis, reclamaban por el atraso en el pago de sus sueldos y en contra de los recortes en los sueldos de todos los empleados públicos que se venían aplicando desde 1874 durante la presidencia de Avellaneda.

Literatura[editar]

Miguel Cané, destacada figura política y literaria de la Generación del Ochenta.

La gran mayoría de la literatura de la Generación del Ochenta fue producida por políticos, militares y estancieros. Sus obras, casi exclusivamente en prosa, eran relatos autobiográficos, o ficticios contados como recuerdos. Entre los autores más destacados se pueden mencionar a Lucio V. Mansilla (Una excursión a los indios ranqueles), Eugenio Cambaceres (Sin rumbo), Miguel Cané (Juvenilia) y Eduardo Wilde (Aguas abajo).[26]

Hacia fines del siglo XIX surgió la corriente modernista, que se caracterizó por la poesía refinadamente aristocrática, la exhibición de una cultura cosmopolita y una renovación estética del lenguaje y la métrica. Entre sus cultores se encuentran Leopoldo Lugones (Lunario sentimental, La restauración nacionalista), Enrique Larreta (La gloria de Don Ramiro) y Evaristo Carriego (Misas herejes).[27]

Ya entrado el siglo XX, una nueva camada de escritores adhirió al realismo, especialmente orientado al teatro. Entre los escritores más destacados de esa corriente se cuentan Roberto Payró (Pago Chico, El casamiento de Laucha), y las primeras obras de Horacio Quiroga (Cuentos de amor, de locura y de muerte, Cuentos de la selva).[n. 3] [28]

Artes plásticas[editar]

Los pintores más destacados del período habían sido educados en Europa, aunque se esforzaban por escapar de la temática y las técnicas típicamente europeas, adscriptos en general al realismo. Entre los más conocidos se encuentran Eduardo Sívori (El despertar de la criada), Eduardo Schiaffino (El reposo), Ángel della Valle (La vuelta del malón), o Ernesto de la Cárcova (Sin pan y sin trabajo).[29]

Ya iniciado el siglo XX, surgen los primeros pintores del impresionismo, como Martín Malharro y Fernando Fader, pintores de paisajes y personajes rurales.[29]

La escultura tuvo un desarrollo mucho menor, aunque se destacan autores como Lucio Correa Morales (La cautiva), Lola Mora (Fuente de las Nereidas), Rogelio Yrurtia (Canto al trabajo), o Pedro Zonza Briano.[29]

La arquitectura argentina fue esencialmente una variante de las corrientes arquitectónicas del período en Europa, y solamente unos pocos arquitectos argentinos alcanzaron renombre, como Ernesto Bunge y Juan Antonio Buschiazzo.[30]

Música[editar]

En un principio, el tango era una música de marginales, y no era raro que se bailara ente hombres.

La Argentina recibió una gran cantidad de orquestas y músicos de Europa en esos años, relegando su propia producción; el único autor realmente consagrado de este período fue Alberto Williams.[31]

La música folclórica fue considerada un divertimento para pobres, un arte menor, hasta que fue rescatada desde ese puesto inferior por las investigaciones de Andrés Chazarreta.[32]

En cambio, fue justamente en este período cuando surgió el estilo musical que siempre ha caracterizado a la Argentina para el resto del mundo: el tango. Surgido como una mezcla de estilos traídos por los inmigrantes italianos y los estilos africanos de los descendientes de esclavos, durante algunas décadas fue una curiosidad de los salones de baile para las clases más humildes, y los prostíbulos que frecuentaban jóvenes de clase media y alta. Fue de la mano de estos jóvenes que, a principios del siglo XX, logró ascender en la apreciación de todas las clases sociales, al mismo tiempo que autores e intérpretes destacados como Ángel Villoldo, Pascual Contursi, Ignacio Corsini o Francisco Canaro le aportaban brillo musical y refinamiento poético. Los primeros años de Carlos Gardel coincidieron con los últimos del régimen conservador.[33]

Historiografía, filosofía y sociología[editar]

En la historiografía, la herencia de Bartolomé Mitre resultó difícil de superar. Adolfo Carranza se especializó en historia colonial; Ángel Justiniano Carranza en historia naval y colonial. Posteriormente, Adolfo Saldías y David Peña dieron comienzo a la primera fase del revisionismo histórico, de raíz liberal;[n. 4] [34]

En torno al año 1900 se difundió una historiografía positivista, de estilo ensayístico, centrada en la evolución sociológica de los pueblos; en esta variedad sobresalieron Ernesto Quesada, Juan Agustín García, José María Ramos Mejía.[35]

Después del Centenario comenzó una transformación de los estudios históricos, con la aparición de la obra de Juan Álvarez y la Nueva Escuela Histórica, representada por Ricardo Levene y Emilio Ravignani, y en cierto modo también por Diego Luis Molinari, que luego viraría hacia el revisionismo.[36]

Entre los filósofos, las obras de Joaquín V. González, Leopoldo Lugones y José Ingenieros tuvieron mucha influencia en las generaciones posteriores.[37]

En la sociología pura, el Informe sobre el estado de la clase obrera, de Juan Bialet Massé, fue el primer estudio sistemático de las condiciones de vida y de trabajo de las clases pobres.[38]

Ciencias[editar]

Francisco P. Moreno fue un destacado explorador, antropólogo y biólogo, que prestó invalorable ayuda a su país durante la determinación de los límites con Chile.

Entre los biólogos más destacados del período se encuentran Eduardo Ladislao Holmberg y Clemente Onelli, que fueron directores del Zoológico de Buenos Aires; Francisco P. Moreno y Juan Bautista Ambrosetti, etnógrafos y fundadores respectivamente del Museo de La Plata y del Museo Etnográfico; Carlos y Florentino Ameghino, paleontólogos.

El Instituto Geográfico Argentino, fundado en 1879 por Estanislao Zeballos, dirigió importantes expediciones, especialmente a la Patagonia. Entre los exploradores más importantes se deben mencionar a Francisco P. Moreno, Luis Jorge Fontana y Ramón Lista. El Instituto Geográfico Militar, cuyo primer director fue Manuel Olascoaga, se dedicó especialmente a la cartografía y la geodesia.

En la medicina sobresalieron los médicos Ignacio Pirovano, gran impulsor de la cirugía moderna,[39] y Guillermo Rawson, introductor del concepto científico y social de la higiene médica y cofundador de la Cruz Roja Argentina en 1880.[40]

Las ciencias exactas habían tenido un especial empuje hasta 1890, perdiendo rápidamente importancia, reemplazadas por los estudios técnicos o de ciencia aplicada.[41]

Universidades[editar]

Al comenzar el período conservador, existían solamente dos universidades en la Argentina: la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de Córdoba. En 1897 se fundó la Universidad Nacional de La Plata, con un criterio más moderno, que obligó a modernizar las dos más antiguas.[42] Al final del período, en 1914, se fundó la Universidad Nacional de Tucumán.[43]

La más grande e importante fue siempre la de Buenos Aires, que al iniciar el período sólo contaba con las facultades de derecho medicina. En la última década del siglo XIX incorporó las facultades de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales —que incluía la carrera de Ingeniería— y de Filosofía y Letras. A principios del siglo XX incorporó las facultades de Agronomía y Veterinaria y de Ciencias Económicas.[44]

Finaliza el régimen conservador[editar]

En las primeras décadas del siglo XX, la población escolar se duplicó, alcanzando prácticamente al 70% de los niños de 6 a 13 años de edad. Hacia 1910, en el marco de los festejos del Centenario, se profundizaron los contenidos patrióticos a fin de consolidar una concepción unificadora de la identidad nacional. En esta línea de acción, se había sancionado la Ley Láinez, que señalaba claramente el influjo del Estado nacional en los sistemas educativos provinciales. Por otra parte, en la universidad tuvo lugar una profunda democratización en los claustros, a través de la Reforma universitaria de 1918. Paralelamente, la discusión sobre la reforma en la enseñanza media entre 1916 y 1917, giró en torno al proceso de ampliación política.

El impulso del Estado a la educación pública universal entró pronto en contradicción con el sistema político restrictivo. Las consecuencias de esta tensión estallaron en las primeras décadas del siglo XX, cuando los nuevos sectores medios en expansión pusieron fin al régimen conservador.[cita requerida]

En diciembre de 1943 la dictadura militar de Pedro Pablo Ramírez estableció la educación religiosa en las escuelas públicas. Al iniciarse el gobierno peronista, el Congreso con los votos oficialistas y la oposición de los diputados radicales ratificó esa política así como la de subsidios a las escuelas privadas, la mayor parte de las cuales era católica.

Educación técnica[editar]

La educación técnica en la Argentina tiene una larga historia de ya más de un siglo. Su primera manifestación se dio en 1871, en los colegios nacionales de Salta (con el Departamento Agronómico Anexo), y de San Juan y Catamarca (con los departamentos de minería), de acuerdo a documentos de la Academia Nacional de Educación.

En 1897, se creó en Buenos Aires el Departamento Industrial como anexo de la Escuela de Comercio Carlos Pellegrini. Para 1899 se independiza, transformándose en la primera escuela industrial de la Nación, con el nombre de Escuela Técnica Otto Krause. Esta fue creada bajo el modelo alemán de escuela tecnológica orientada a los principales procesos productivos: mecánica, química, electricidad y construcción. Hacia 1910 era un instituto de prestigio internacional, al punto que sus egresados comenzaron a tener posiciones de relevancia en la industria, desplazando en muchos casos a los ingenieros universitarios.

Paralelamente, se produjo el surgimiento de las llamadas «escuelas de artes y oficios», como fue el caso de las escuelas Raggio fundadas en 1924. Estas escuelas tenían la particularidad de integrar en un mismo espacio disciplinas técnicas y artísticas, vinculadas con movimientos como el Arts and Craft y escuelas similares europeas como la Bauhaus (1919-1933).

Se puede decir que la pujanza industrial del primer cuarto de siglo llevó a la consolidación de las escuelas técnicas.[45]

El Día del Maestro[editar]

El 11 de septiembre de 1943, la Primera Conferencia de Ministros y Directores de Educación de las Repúblicas Americanas resolvió homenajear la figura de Domingo Faustino Sarmiento como educador, declarando al 11 de septiembre el Día del Maestro en todos los países hispanoamericanos. La resolución decía:

Considerando: que es actividad fundamental de la escuela la educación de los sentimientos, por cuyo motivo no debe olvidarse que entre ellos figura en primer plano la gratitud y devoción debidas al maestro de la escuela primaria, que su abnegación y sacrificio guía los primeros pasos de nuestras generaciones y orienta el porvenir espiritual y cultural de nuestros pueblos; que ninguna fecha ha des ser más oportuna para celebrar el Día del Maestro que el 11 de septiembre, día que pasó a la inmortalidad, el año 1888, el prócer argentino Domingo Faustino Sarmiento.

Peronismo[editar]

La sede actual de la Facultad de Medicina en construcción en1944), el peronismo dio un amplio impulso a la educación universitaria suprimiendo los aranceles con la ley 29.337.

Durante el gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1955), la implementación del Estado de bienestar provocó una gran ampliación del consumo. Esto y el desarrollo y puesta en práctica de los derechos sociales repercutieron en la extensión de la matrícula educativa.

Durante sus dos períodos (1946-1955), Perón utilizó la educación pública para propiciar un culto personal: las imágenes de Perón y de su esposa Evita eran incluidas prominentemente en el material educativo; además fragmentos de sus discursos y escritos fueron utilizados como material de lectura, etc).[46]

Perón creó las «escuelas fábrica», centros de enseñanza de múltiples oficios artesanales. Los alumnos recibían sin cargo desayuno, almuerzo, herramientas, libros, elementos de estudio y vestimentas de trabajo.[47]

Dos años después, el Día de la Bandera (20 de junio) de 1949, Perón estableció la gratuidad de la enseñanza universitaria y terciaria a través del decreto 29.337. Se aseguraba así el acceso irrestricto del pueblo a la cultura, a la educación superior y a la formación profesional universitaria, eliminando la imposición de los aranceles vigentes y estableciendo que "como medida de buen gobierno, el Estado debe prestar todo su apoyo a los jóvenes estudiantes que aspiren a contribuir al bienestar y prosperidad de la Nación, suprimiendo todo obstáculo que les impida o trabe el cumplimiento de tan notable como legítima vocación. Entre los años 1935 y 1955 la matrícula de la UBA pasó de 12.000 a 74.000 alumnos. Esta ley fue acompañada con la Ley N.º 13.031 ―o Ley Guardo, sancionada el 9 de octubre de 1947, durante el primer gobierno de Perón― derogó el gobierno tripartito.[48]

En 1948 se creó la UON (Universidad Obrera Nacional) para formar «ingenieros de fábrica», capacitados para crear procesos de producción. Se pensaba en un perfil profesional más práctico que el de los ingenieros tradicionales. Sus alumnos tenían la obligación de trabajar en su especialidad y cursaban una carrera de cinco años.

La enseñanza de la religión católica en las escuelas públicas que había establecido la dictadura del general Ramírez fue ratificada por el Congreso a pesar de la oposición de los diputados radicales. En 1954, el Congreso con mayoría peronista derogó la enseñanza religiosa en las escuelas públicas (no así en las privadas). Esto, sumado a otras leyes como la Ley de Divorcio promulgada en 1953― acentuó el conflicto de Perón con la Iglesia católica.[49]

Golpe de 1955, Libertad definitiva para crear universidades privadas y Desarrollismo[editar]

Tras el Golpe de Estado de 1955, que derroco a Perón, la dictadura de Aramburu e Isaac Rojas expulsaron a profesores simpatizantes del peronismo de las escuelas y universidades. La persecución motivo a muchos profesores a exiliarse. En los meses siguientes cientos de profesores fueron despedidos, renunciaron a sus cátedras o abandonaron el país. Emigraron 301 profesores universitarios de los cuales 215 se dedicaban a la investigación científica.[50] [51]

Protesta obrero-estudiantil Laica o Libre.

Hacia mediados del siglo XX, por decisión del Ministro de Educación demócratacristiano Atilio Dell'Oro Maini, la legislación sobre posibilidad de enseñanza privada se materializó gracias al el 22 de diciembre de 1955 en el decreto-ley 6403, que permitió la creación de universidades privadas con capacidad para entregar títulos y diplomas académicos consagrando la autonomía universitaria. Gracias a estas gestiones, el 8 de junio de 1956 fue creada la Universidad Católica de Córdoba entre otras instituciones educativas superiores privadas.

Pero durante el gobierno del Presidente Arturo Frondizi, en el año 1958, hubo un movimiento laicista creado a partir de la sanción de dos grandes leyes sancionadas durante ese gobierno: la aprobación del Estatuto del Docente y la que habilitó a las universidades privadas a emitir títulos profesionales. Fue sin dudas esta última la que motivó una gran protesta estudiantil conocida como "Laica o libre". Finalmente, el sector de radicales frondicistas, demócratacristianos, nacionalistas católicos y aliados liderado por el Presidente Frondizzi logró consagrar la libertad definitiva para crear universidades privadas y la aprobación de esta reforma llevó a que se otorgara personería jurídica a nuevas universidades, como la Universidad Católica Argentina en 1959.

Después de 1958 el desarrollismo, cuyos representantes fueron Arturo Frondizi y Illia, continúo fortaleciendo las escuelas técnicas y sistematizó la enseñanza media. A partir de los comienzos de los años sesenta comenzaron a soplar aires de renovación en las aulas: surgieron cuestionamientos y empezó a fortalecerse la opción de la educación problematizadora ―influida por el educador brasileño Paulo Freire― y las nuevas corrientes pedagógicas. Al mismo tiempo cientos de profesores que se habían exiliado durante la dictadura autodenominada Revolución Libertadora regresaron al país.

Interrupciones militares[editar]

En la Noche de los Bastones Largos (29 de julio de 1966, la Policía Federal detuvo a unos 400 profesores universitarios, y destruyeron varios laboratorios y bibliotecas universitarias). En La Noche de los Lápices (16 de septiembre de 1976, en que varios estudiantes secundarios fueron torturados y asesinados por los hombres de Videla). Durante la Dictadura de 1976-1983 se llevó a cabo una sistemática labor de censura, en la cual se quemaron cientos de miles de libros. Así se quemaron 90.000 ejemplares de Eudeba[52] [53] El retorno a la democracia, en 1983, permitió cambios y transformaciones que continúan en implementación y evaluación permanente.

Segundo Congreso Pedagógico Nacional de 1984[editar]

En 1984, por la ley N° 23.114, el gobierno radical de Raúl Alfonsín convocó a un Congreso Pedagógico Nacional supuestamente para para atender las deficiencias del sistema educativo pero con el fin de definir si la Educación Pública debía ser Estatal o no Estatal, de lo que dependería si los colegios privados seguirían recibiendo apoyo económico del Estado y si los padres de ingresos medios y bajos podrían elegir el tipo de educación para sus hijos en escuelas de gestión privada. [54]

Cabe tener en cuenta que en la Argentina viene de lejos la antinomia educación (o enseñanza o escuela) pública—educación privada. Y durante aquel Congreso pedagógico se enfrentaron dos enfoque respecto de la misma.

Raúl Alfonsín confió la organización del congreso a su equipo educativo, encabezado en 1984 por el ministro Carlos Alconada Aramburú, y el diputado Adolfo Stubrin, ambos con enfoques estatistas.

El Enfoque Estatista era impulsado por radicales y comunistas; y el Enfoque no estatista, que finalmente fue el que triunfó, fue defendido por la Conferencia Episcopal Argentina, el Partido Demócrata Cristiano, el Partido Justicialista, la Unión del Centro Democrático, el Movimiento de Integración y Desarrollo y una enorme movilización de padres de familia que tenían a sus hijos en colegios privados. En aquella convocatoria llegaron a participar 400.000 personas.

La asamblea nacional se realizó en Embalse de Río Tercero (Provincia de Córdoba), en marzo de 1988 y triunfó el enfoque no estatista. A partir de entonces, el sistema educativo en la Argentina es de Educación Pública (de Gestión Estatal o de Gestión Privada).[55]

Década del 90: La reforma neoliberal[editar]

A partir de los años noventa, bajo la presidencia de Carlos Saúl Menem en reacción a la crisis socio-económica del país de 1989, se inició un proceso de reforma educativa de corte netamente neoliberal, siguiendo los consejos del Banco Mundial, que buscaba repetir la experiencia educativa chilena impuesta en la dictadura de Augusto Pinochet.

El nuevo paradigma educativo estaba basado en el supuesto del incremento de la competitividad de la población activa en el mercado del trabajo.[56]

La metodología de la reforma incluía la experiencia de la descentralización de la educación, pasando numerosos colegios de las manos del Estado nacional a los distintos estados provinciales, y formulándose una reestructuración del régimen de enseñanza primaria, pasándose de un ciclo de 7 años obligatorios a uno de 9 años llamado EGB (similar al proyecto de reforma educativa de España durante la dictadura de Francisco Franco, dividido en tres ciclos de tres años cada uno (EGB 1, EGB 2, y EGB 3).

Estas medidas (en consonancia con medidas similares de todo el continente) serían criticada por numerosos sectores docentes e intelectuales universitarios, como por ejemplo Coraggio,[57] María Alejandra Corbalán[58] y Guillermina Tiramonti.[59] El modelo educativo en esta etapa entró en una crisis percibida socialmente desde varios los sectores.[60] [61]

El programa de la desregulación y la privatización, condujo a la descentralización del sistema de la escuela media argentina, por lo que, a partir de 1992, la administración y la financiación de las escuelas se convirtieron en una responsabilidad provincial. La debilidad de la política, sin embargo, radica en que la coparticipación federal no aumentó acorde, sobre todo teniendo en cuenta la decisión de mover dos años de la escuela secundaria a la primaria.[62]

2003 en adelante[editar]

Según datos del Programa Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD) En el año 2011 el 99,0% de la población de 6 a 11 años asistía al nivel primario y, el 96,5% de los jóvenes de 12 a 14 años asistía al nivel secundario. Comparando con la situación del año 2001, representó un incremento en la escolarización del 20,0%.[63]

En lo que respecta a educación durante el denominado período kirchnerista, se destacan las siguientes políticas y reformas:

  • La Ley de Educación Nacional, que permitió la reestructuración de la primaria y la secundaria y el fin de las políticas focalizadas y asistencialistas; destacándose la participación de más 750.000 docentes y 700 organizaciones de la sociedad civil y la reglamentación que establece que el presupuesto de educación no puede ser menor al 6% del PBI.[64]
  • Se aumentó la inversión en educación hasta el 6,47% sobre el PBI en el 2010, y por ley no puede reducirse.[64] Su evolución, si tomamos los últimos cinco años, fue: en 2005 del 4.0%, en 2006 del 4.7%, en 2007 5.0%, en 2008 del 5.3% y en 2009 del 5.6%
  • La Ley de Educación Sexual Integral, que determina que la educación sexual es obligatoria y comprende todas las formas de sexualidad para las diferentes capacidades, y las nuevas formas de familia, sin ningún tipo de discriminación.[65]
  • Se creo el Programa de Voluntariado Universitario, que lleva financiados más de 2.000 proyectos al 2010, con el fin de integrar el conocimiento teórico y práctico aprendido en los claustros de la Universidad Pública con las problemáticas más urgentes de nuestro país.[66]
  • El programa Conectar Igualdad fue creado en abril de 2010 con el objetivo de entregar una netbook a todos los estudiantes y docentes de las escuelas públicas secundarias, de educación especial, y de los institutos de formación docente. Capacitando a los docentes en el uso de esta herramienta, y elaborar propuestas educativas que favorezcan su incorporación en los procesos de enseñanza y aprendizaje.[67] Para el año 2013 ya se habían entregado 3 millones de computadoras, y además se cosntruyeron 1428 aulas digitales en todo el país.[68] El programa recibió premios en el extranjero y de diferentes organismos internacionales, entre ellos una distinción del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y por la cumbre Iberoamericana, entre otros.[69] [70]
  • El CONICET financia actualmente más de 16.000 científicos entre investigadores, becarios y personal de apoyo, frente a los 8.000 que financiaba en 2003. Entre todos los programas de becas del Estado Nacional, son más de 55.000 estudiantes de educación superior que están siendo becados. El 7 de octubre de 2013, se repatrió a la científica numero 1.000.[71]
  • Desde 2010 se aplica el Programa de Apoyo para el Desarrollo de la Infraestructura Universitaria, Entre sus obras el edificio único de la Facultad de Ciencias Sociales, que ya cuenta con 2 etapas finalizadas que representan una inversión de más de $27 millones de pesos. Actualmente se encuentra en ejecución la tercera etapa del mismo, con un presupuesto de $19.914.666. La obra completa implica casi $90 millones de pesos, siendo la principal obra de infraestructura universitaria del país en muchísimos años.[72]

El presupuesto para universidades nacionales pasó de $1.992 millones en 2003 a $13.258 millones en 2011.0. Desde 2003, se crearon 9 Universidades Nacionales, de las cuales 6 están ubicadas en el Gran Buenos Aires (La Universidad Nacional Jauretche en Florencio Varela; la Universidad Nacional de Avellaneda; Universidad Nacional de Moreno; Universidad Nacional del Oeste, en Merlo, y la Universidad Nacional de José C. Paz) y 3 en el resto del país (la Universidad Nacional del Chaco Austral; Universidad Nacional de Villa Mercedes, en San Luis y la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur).

Según datos del último censo nacional la tasa de analfabetismo es del 1.9%, siendo la segunda más baja de Latinoamérica.[73] [74] En la última década se han creado 9 nuevas universidades, mientras que el egreso de estudiantes universitarios aumentó un 68%.[75]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Adriana Puiggrós: Qué pasó en la educación en Argentina. [2002. Buenos Aires: Galerna, 4.ª edición, 2008. Pág. 77.
  2. [http://hispanismo.org/temas-de-portada/3166-contraste-entre-la-colonizacion-espanola-la-anglosajona-y-francesa-en-america.html | Contraste entre la colonización española, la anglosajona y francesa en América]
  3. Error en la cita: Etiqueta <ref> inválida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas jesuitas
  4. Educación pública en Argentina
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  74. Argentina é o segundo país com o índice mais baixo de analfabetismo da América Latína
  75. Aumento de egreso de estudiantes universitários

Enlaces externos[editar]


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