Historia LGBT en la Argentina

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Montaje de la historia LGBT en la Argentina. De izquierda a derecha: una indígena transgénero detenida en Río Negro en 1902, con ropa de mujer y hombre; los miembros de la CHA Raúl Soria y Carlos Jáuregui en la portada de Siete Días en 1984; la "Princesa de Borbón", reconocida travesti porteña, circa 1911; el Frente de Liberación Homosexual (FLH) durante la asunción de Héctor José Cámpora en 1973; activistas travesti-trans en 1998: Lohana Berkins, María Belén Correa, Nadia Echazú, Claudia Pía Baudracco y Jeanette Contreras; la Marcha del Orgullo de Buenos Aires en 2018.

La historia LGBT en la Argentina se refiere a la diversidad de prácticas, militancias y valoraciones culturales sobre sexualidad y género que se desplegaron históricamente en el actual territorio argentino. En 2019 La Comisión Organizadora de la XXVIII Marcha del Orgullo de Buenos Aires, decidió no utilizar más la sigla LGBT, ni ninguna otra con mayor cantidad de letras, "porque dejaron de ser representativas. Cada día empiezan a visibilizarse nuevas identidades que rompen con las normas sobre la sexualidad”.[1]

Los pueblos originarios tuvieron diversas formas de abordar las orientaciones sexuales e identidades de género de las personas, en muchos casos admitiendo sexualidades no binarias y no héteronormativas. El Imperio Español impuso durante la conquista y colonización un régimen de violenta represión de las conductas no héteronormativas. Luego de la independencia en 1810-1816, la situación de las personas LGBT en la Argentina siguió la tendencia a la represión moral, médica y psiquiátrica que caracterizó en general a la cultura occidental. A partir de la década de 1960 se crean las primeras organizaciones LGBT y se llevan adelante las primeras luchas por el reconocimiento de los derechos. En sentido contrario, las dictaduras que tomaron el poder en 1966 y sobre todo en 1976, endurecieron la represión y empeoraron las condiciones de vida de las personas LGBT. Con la recuperación de la democracia en 1983, comenzó un proceso sostenido de organización y movilización, que fue obteniendo progresos notables. A partir de la primera década del siglo XXI, se obtienen avances en la lucha contra la homofobia y conquistas que gran valor, como la Ley de Matrimonio Igualitario (2010) y la Ley de Identidad de Género (2012).

Pueblos originarios[editar]

Noticia de Caras y Caretas de 1902, relatando la detención de una indígena transgénero en Viedma, Río Negro, quien «servía como madrina en los bautismos, siendo muy obsequiado por los vecinos de aquellos lejanos lugares».

Los pueblos originarios que habitaron el actual territorio argentino tuvieron diversas formas de abordar las orientaciones sexuales e identidades de género de las personas.

La cultura mapuche, aún existente, nunca fue sometida por el Imperio Español y mantuvo su independencia y su propio territorio en la Patagonia y la pampa hasta fines del siglo XIX, siendo desde ese momento afectada profundamente por los procesos de aculturación. Tradicionalmente ha sostenido una valoración igualitaria de hombres y mujeres, por lo que asumir identidades o tener características transexuales o intersexuales no significaba pérdida de ningún privilegio, poder o estatus.[2]​ Los mapuche carecían de nociones de género y sexo, al menos con la relevancia que se concede a los mismos en la cultura europea. Poseían el concepto y el rol social valiosos denominado weye, que hacía referencia a personas que no eran consideradas ni hombres ni mujeres, y se desplazaban complejamente entre diversos estados que combinaban características performativas, sexuales, de edad y del momento del día.[3][4]​ Sus prácticas sexuales admitían una amplia diversidad y no establecían un vínculo determinista con la anatomía.[3][4]​ El sometimiento de la nación mapuche en la segunda mitad del siglo XIX, obligó a los hombres a dejar de ser guerreros y a emplearse como peones de estancia para trabajar la tierra, una tarea tradicionalmente femenina en la cultura mapuche. Esta transformación trajo aparejada una desvalorización de la masculinidad en la moderna cultura mapuche y el predominio de las mujeres sobre los hombres en su rol de machi, una posición que reúne las condiciones de médico, sacerdote, consejero y protector del pueblo, razón por la cual es usual encontrar mujeres transgénero desempeñándose como machis.[3]

La cultura guaraní tenía también cierto grado de aceptación hacia las personas que mantenían relaciones sexuales con personas del mismo sexo.[5]​ Diversos testimonios han registrado la normalidad con que eran tratadas las relaciones sexuales entre hombres entre los Guaicurúes del Gran Chaco y la existencia de la palabra "cudinho" para denominar a un tipo de hombres que vestían como mujeres, se casaban con hombres, orinaban agachados y tenían síntomas menstruales.[6]

La cultura incaica, influyente en el noroeste argentino, valoraba la sexualidad entre hombres y el uso de vestimentas correspondientes a otro género, asignándoles un valor sagrado y religioso. Las relaciones sexuales entre mujeres, por su parte, eran habituales y valoradas, especialmente en la clase alta.[7]​ En las áreas yungas, existieron varias sociedades matriarcales, que también consideraban sagradas las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo y el uso de vestimentas correspondientes a otro género.[7]

Conquista y colonización española[editar]

Representación de las torturas en el Museo de la Inquisición de Lima, donde eran enviadas para ser juzgadas por sodomía, las personas que mantenían relaciones sexuales con personas del mismo sexo y quienes vestían prendas consideradas inadecuadas para su género.

La conquista europea de América modificó radical y violentamente la sexualidad y las relaciones de género de la población americana. Los conquistadores impusieron un orden héteronormativo y patriarcal, impulsado por la Iglesia católica, que reprimió duramente todo apartamiento de una sexualidad reproductiva o contrario a una rígida división de la sociedad en dos géneros asignados al nacer por la Iglesia.[8]​ Simultáneamente el poder colonial estableció un sistema de valores de desprecio y rechazo a las personas que tuvieran conductas sexuales y de género no heterosexuales. De la colonia vienen expresiones españolas homofóbicas como "marica" y "maricón"; el Diccionario de la Real Academia Española de 1734 incluyó la palabra "marica" y la definió del siguiente modo: "afeminado, cobarde, de poco brío".[9][10]​ También de este época proviene la palabra "puto", utilizada habitualmente tanto en las colonias españolas como en la península.[11]

Los conquistadores europeos impusieron un tipo de sexualidad basada estrictamente en la reproducción, que reprimía los actos sexuales cuyo objetivo era la obtención de placer, considerados como delitos y pecado de lujuria.[8]​ En ese contexto jurídico-religioso, todos los regímenes coloniales europeos en América, incluyeron las relaciones sexuales entre hombres dentro del impreciso delito de sodomía, considerado como "crimen nefando", contra natura y contrario a Dios, castigando a quienes fueran hallados culpables a ser quemados en la hoguera.[12][8]

En algunas partes los españoles mataron masivamente a los indígenas por vestirse con hábitos "de mujer" -refiriéndose a la ausencia de pantalones en la vestimenta indígena- calificándolos de sodomitas.[13]Fray Bartolomé de las Casas relata uno de esos actos de barbarie:

Ciertos españoles hallaron en cierto rincón de una de las dichas provincias tres hombres vestidos en hábitos de mujeres, a los cuales por solo aquello juzgaron ser de aquel pecado corrompidos (sodomía) y no por más probanza los echaron luego a los perros que llevaban, que los despedazaron y comieron vivos, como si fueran sus jueces.
Fray Bartolmé de las Casas[14]

Durante la conquista española, los conquistadores y cronistas europeos informaron asiduamente que las personas de los pueblos originarios mantenían habitualmente relaciones sexuales entre varones o entre mujeres, y presentaron el hecho como evidencia del salvajismo indígena y su alejamiento del dios cristiano.[15]​ Esos relatos dieron origen al mito de los gigantes sodomitas de la Patagonia.[16]​ La llamada "sodomía" fue considerada como una de las causas justas que habilitaba a los conquistadores españoles a declarar la "guerra" contra la población indígena.[17]

Fernanda Molina constató 99 casos de condena por sodomía en el Virreinato del Perú (al que pertenecía el actual territorio de Argentina), durante los siglos XVI y XVII, tratándose en todos los casos de hombres que mantuvieron relaciones sexuales con otros hombres, o consideradas impropias del género asignado ("pelilargos, afeminados y travestidos").[18]

La independencia[editar]

Manuel Belgrano, uno de los "padres de la patria", fue objeto de acoso homofóbico.

Luego de la Independencia (1810-1816), se mantuvo el orden héteronormativo y patriarcal, con su correspondiente acción represiva de toda diversidad sexual y de género, pero atenuada al derogarse el cuando la Asamblea del Año XIII abolió la Inquisición. Aun cuando las leyes españolas quedaron en vigencia luego de la independencia, no hay mención desde entonces, de condenas por relaciones sexuales consensuadas entre personas mayores. El delito de sodomía siguió existiendo, pero con un contenido confuso e indefinido, para castigar la violación de hombres.[19]

Desde entonces no se sancionarían leyes nacionales reprimiendo ningún tipo de práctica u orientación sexual, ni identidad de género, aunque la diversidad sexual y de género resultaría reprimida por medio de normas policiales, provinciales y militares -para sus integrantes-.[20]

A comienzos del siglo XIX, uno de los padres de la patria, Manuel Belgrano, fue objeto de acoso homofóbico, por una parte del Ejército del Norte.[21]​ A lo largo del siglo XIX y de la mayor parte del siglo XX fue tratada como una enfermedad, una "desviación", una "inversión", un "pecado" y una "anormalidad", siendo usada como descalificación y percibida como algo traído por los extranjeros, especialmente los inmigrantes italianos, a quienes se atribuían todos los prejuicios.[22][23]​ En 1887 Eugenio Cambaceres, en su novela En la sangre, incluye un personaje homosexual por primera vez en la literatura argentina, Genaro Piazza, un inmigrante italiano que de niño frecuentaba el Paseo de Julio para jugar con otros niños "a los hombres y las mujeres".[23][24]

La cacería homofóbica del siglo XX[editar]

La estatua de Giuseppe Mazzini en la actual plaza Roma era el principal lugar de encuentro de los hombres homosexuales de Buenos Aires, en la época del Centenario.[25]

En la segunda mitad del siglo XIX aparece la palabra y la noción moderna de "homosexualidad".[26][27]​ En 1886 fue incluida en Psychopathia Sexualis (1886), un estudio de Richard von Krafft-Ebing, considerándola una enfermedad, criterio que será aceptado generalizadamente durante un siglo, hasta el reconocimiento de la diversidad sexual y los derechos LGBT.[27]​ Por eso David Halperin dice en su libro Sex before sexuality (El sexo antes de la sexualidad) que "antes de 1892 no había homosexualidad, sino inversión sexual.[28]​ La diferencia radica en que, mientras la categoría de "homosexualidad" está construida a partir del deseo sexual, la categoría de "inversión sexual" está construida a partir del rechazo (inversión) de la orientación sexual bipolar asignada a cada sexo.

Simultáneamente la élite argentina conocida como la Generación del 80, recurrió a las nociones de homosexualidad y travestismo, como herramientas para definir y regular por oposición, las nuevas nociones de nacionalidad, clase social, sexualidad y género, de las mujeres y hombres que integrarían la "nueva raza" argentina que debía resultar de la gran ola de inmigración que se extendió hasta la mitad del siglo XX. Las denominaciones más usadas fueron las de «maricas» e «invertidos».[29]

Hacia finales del siglo XIX ya existía "una cultura de hombres que se identificaban a sí mismos como «maricas»" en Buenos Aires.[30]​ El historiador Félix Luna, en su biografía de Julio Argentino Roca, pone en boca del líder máximo de la denominada "república oligárquica", que organizó el país, la siguiente frase:

Antes, los únicos maricas conocidos eran los porteros de los quilombos. Ahora me cuentan de Fulano o Mengano, gente bastante conocida, como incluidos en la categoría de los invertidos. ¡Y no les cuento en Europa! Aparecen con toda desenvoltura en los ambientes más refinados.[31]

A principios del siglo XX, el carnaval era señalado acusatoriamente como un ámbito propicio para expresar y difundir la homosexualidad y el travestismo.[32]​ La comunidad masculina homosexual y transexual de Buenos Aires, por entonces se autodenominaba "La Cofradía", se reunía en el Paseo de Julio (actual Avenida Leandro N. Alem), puntualmente alrededor de la estatua de Mazzini, en la actual Plaza Roma, donde se mantenían encuentros sexuales.[33][25]​ La gran cantidad de hombres homosexuales en Buenos Aires al iniciarse el siglo XX, fue señalada por el juez Eusebio Gómez, que destacaba que esa era la razón de que se hubiera desarrollado la prostitución masculina como una rama independiente.[34]​ Gómez contaba que un prostituto explicaba esa situación con estas palabras:

Los hombres nos pagan porque han llegado a comprender que solamente nosotras les podemos dar el amor verdadero.[34]
"La bella Noé", travesti porteña de principios de siglo XX que estafaba haciéndose pasar por viuda.

Osvaldo Bazán, en su Historia de la homosexualidad en la Argentina, incluye un capítulo titulado "Los compadritos", en los que analiza los vínculos entre la homosexualidad y el tango en los primeros años, a través de la figura del "compadrito".[35]​ Bazán rescata los "cafés musicales sin mujeres" en los que los compadritos bailaban el tango entre sí, ante el desprecio de "los ladrones", que los consideraban "afeminados".[35]

El poeta José Sebastián Tallón (1904-1954) menciona la "evidencia sexual y sospechosa", "amariconada" y "relajada" de la forma de vestir y peinarse de los compadritos, que se trasladó a la forma de bailar el tango, dándole un estilo propio:

Y se trajearon y acicalaron con un narcisismo exagerado de mujer, evidentemente sexual y sospechoso; tomaron el tango y lo llevaron a los medios sexuales obscenos. El contoneo criollo del caminar, que tuvo su origen en los tacos altos, ellos lo hicieron medio tilingo, si no amariconado. Y de la misma manera, a la coreografía del tango le dieron un estilo propio de exageraciones eróticas.
José Sebastián Tallón[35]

Bazán toma distancia respecto del prejuicio social de asociar ciertas formas de vestir, peinarse o caminar, con la homosexualidad, pero destaca la ruptura cultural que expresaba la decisión de los compadritos de adoptar una imagen que la sociedad de la época asociaba con la homosexualidad y con los roles estereotipados para hombres y mujeres.[35]

Juan José Sebrelli, por su parte, destaca el lesbianismo público, de Pepita Avellaneda, la primera cancionista de tango, quien vestía de varón y disputaba a Gardel los amores de madame Jeanne.[35]

En 1905 el pedagogo Víctor Mercante publicó una investigación titulada “Fetiquismo [sic] y uranismo femenino en los internados educativos”, en el que daba cuenta que las relaciones lesbianas eran un hecho generalizado entre las jóvenes pupilas.[36]​ Las cartas citadas por Mercante, reflejan aquella realidad de amor lésbico adolescente:

Mi querida Chacho, tus besos abren para mi corazón un mundo de felicidad. Dios conserve este amor que comprendo tan grande. A veces eres celosa y me increpas injustamente. Debes saber que para mí tú eres todo en este mundo. Mi pensamiento vive en ti. Anoche soñé que estábamos solas, en un sofá, alumbradas por la luna. Tus palabras eran dulces como las de Efraín. ¡Ah, no quisiera olvidarlas nunca! Al levantarme puse tu retrato junto a mis labios y lo cubrí de besos.[37]

En 1914 se estrenó la primera obra cuya temática central fue la homosexualidad, Los invertidos, del autor anarquista José González Castillo, en la que considera a la homosexualidad como una aberración "burguesa" y propone el suicidio como la mejor manera de desembarazarse de los homosexuales.[23][38]

Según Bazán, la obra de González Castillo terminó de cerrar un círculo de persecución homofóbica, basado en una alianza "promiscua" entre la medicina, la policía, el arte y los medios de comunicación. La medicina, principalmente con los estudios de Francisco de Veyga sobre los "lunfardos" homosexuales, dio fundamento a una política de terror, que combinaba el encarcelamiento constante y reiterado de los "invertidos", utilizando arbitrariamente los edictos policiales, con una cultura de instigación al suicidio y una práctica social de linchamiento de "pederastas":[39]

Usaron el terror. Y estaban muy orgullosos de eso. Por el lado de la ciencia, el médico teniente general De Veyga le dio al poder la excusa perfecta para la cacería que se desarrolló a lo largo del siglo XX... El miedo se instaló en el siglo. Todos fueron sospechosos.[40]

El ciclo de golpes de Estado, iniciado en 1930, incrementó los niveles de autoritarismo y consolidó la cacería homofóbica a todo lo largo del siglo. Personajes públicos como Carlos Gardel,[41][42]Jorge Luis Borges,[43]Eva Perón,[44][45]​ y Juan Domingo Perón,[46]​ fueron objeto de destrato homofóbico.

En 1931 Jorge Luis Borges publicó en la revista Sur, un artículo titulado «Nuestras imposibilidades» en el que se refiere a «los caracteres inmediatamente más afligentes del argentino... de las ciudades». Entre esos caracteres, Borges se refiere a la «sodomía», señalando que «el malevaje de Buenos Aires» venera al «agente activo» de esa práctica, a diferencia de lo que sucede «en todos los países de la tierra», donde según Borges la «reprobación recae sobre los dos ejecutores del inimaginable contacto». Borges utiliza la expresión «dialéctica fecal» para referirse a esa falta de reprobación de la sodomía para el «agente activo» que caracterizaba, según él, a los malevos porteños.[47]

Dicho párrafo borgiano fue analizado por Daniel Baldstron, en un artículo titulado «The "Fecal Dialectic": Homosexual Panic and the Origin of Writing in Borges» (La "dialéctica fecal": pánico homosexual y el origen de la escritura en Borges). Baldstron señala que Borges eliminó esa referencia al tema de la homosexualidad en las ediciones posteriores y examina el «tratamiento fóbico de un tema que evidentemente lo fascinó» relaciona el texto con «el tratamiento de Borges en una serie de ensayos sobre la homosexualidad de dos eminentes hombres de letras del siglo XIX cuyas obras y vidas él menciona a menudo, Oscar Wilde y Walt Whitman», así como la manera de abordar «la preferencia sexual en una variedad de relatos, especialmente en "La intrusa" y "La secta del fénix".[48]

En 1942 estalló en Buenos Aires el controversial escándalo de los cadetes, un caso penal a raíz del hallazgo de una serie de fotografías de desnudos masculinos tomadas por el menor Jorge Ballvé Piñero, que reveló la existencia de fiestas homosexuales en las que participaban cadetes del Colegio Militar de la Nación, personas de las clases altas, empresarios, políticos, jueces, sacerdotes, así como boxeadores, futbolistas, canillitas, policías y colectiveros, considerado un "hecho fundante y una bisagra que representa un antes y un después en la historia de la homofobia, que condensa los prejuicios y los saberes científicos, médicos y jurídicos sobre la homosexualidad y que legitima la represión."[49]​ La prensa argentina publicó largas listas de personas famosas a quienes atribuía participar en las fiestas.[50]​ Uno de los mencionados fue Roberto Noble, futuro fundador de diario Clarín, quien publicó una declaración negando haber participado en las orgías.[50]​ El Senado de la Nación creó una comisión especial para investigar el caso, a pedido de los senadores Gilberto Suárez Lago, Héctor González Iramain y el futuro candidato a presidente de la Unión Cívica Radical, José Tamborini.[51]​ Ballvé Piñero fue condenado a doce años de prisión; Ernesto Brilla a nueve años; Romeo Spinetto y Jorge Olchansky fueron condenados a seis años de prisión; Adolfo Goodwin y Podestá Méndez fueron condenados a cinco años de prisión; fueron condenados también a cuatro años y fracción Andrés Lucantis, Miguel Ángel Brest Miranda, Blanca Abratte, Javier Calvo y Mario Villafaño.[52]

Consolidación de la identidad LGBT[editar]

Foto de las carrilches en 1945 en Buenos Aires. En esos años, las "carrilches" organizaban fiestas clandestinas en quintas del conurbano, lejos de la policía. De izquierda a derecha: Jorgelina, Chacha, Sonia la indomable, Malva Solís y sanjuanino. Casamiento de Jorgelina.

Con el surgimiento del peronismo, poco antes de terminar la primera mitad del siglo XX, la situación de la homosexualidad y el travestismo ingresó en una etapa de ambigüedad, que permitió la consolidación de la identidad homosexual masculina en Argentina.[53][54]

Por un lado se establecieron algunas normas represivas parciales, como la Ley N.º 5109 sobre régimen electoral en la provincia de Buenos Aires que incluyó textualmente a "los homosexuales" entre las personas que no podían votar "por causa de indignidad" (art. 3, inciso l),[55]​ o la aprobación en 1951 del Código de Justicia Militar, castigando la homosexualidad con degradación y prisión,[56][57]​ Por otro lado no existen constancias de que la discriminación electoral haya sido aplicada,[58]​ y el peronismo significó "cierto relajo en las costumbres", apareciendo en Buenos Aires los primeros saunas gais, incluso antes de que aparecieran en Nueva York.[54]

La situación ambigua de las identidades LGBT durante del peronismo es habitualmente ejemplificada con la posición que adoptó Eva Perón frente a las mismas. Ella misma fue gravemente discriminada por el antiperonismo y los sectores conservadores, por su conducta sexual liberal, real o supuesta, y por asumir roles y comportamientos que en esa época eran considerados exclusivos de los varones, sugiriéndose que era lesbiana, al igual que su amiga y protectora Pierina Dealesi.[59]​ Su confesor, el padre Hernán Benítez relata que un obispo le dijo una vez: "-¿No me explico como usted puede defender a esa puta? Perdí los estribos. Le contesté que no dijera barbaridades, que ella era castísima y que yo lo sabía en mi carácter de confesor de Eva. Y ya desbordado le agregué: -Además. ¡Ella no se preocupa de decir si usted es puto o no!".[60]​ El sociólogo y activista LGBT Juan José Sebrelli la definió como "una especie de Jean Genet femenino".[61]

En 1946 el célebre bailarín español Miguel de Molina, torturado y expulsado de España por el franquismo, debido a la exhibición pública de su homosexualidad y su adhesión a la causa republicana, le escribió una carta a Eva Perón solicitándole asilo, quien de inmediato le abrió las puertas del país, razón por la cual fue un eterno agradecido al peronismo.[62]​ De Molina, que había sido expulsado por homosexual de España y por la misma razón censurado en México, filmó en Argentina su película Esta es mi vida (1952)[63]​ y algunos informes dicen que Juan Domingo Perón ordenó a la policía y los militares que no lo acosaran. El propio Miguel de Molina en su autobiografía relata cuando una persona del aristocrático Barrio Norte le deseó la muerte por «maricón y peronacho».[64]

Eva fue también amiga personal de Paco Jamandreu, un conocido diseñador de moda y actor argentino que se declaraba públicamente homosexual, en una época en la que hacerlo era considerado pecado mortal y conllevaba serios riesgos de discriminación y acoso homofóbico.[65]​ Eva Perón solía bromear burlonamente en privado con Jamandreu, sobre su sexualidad. Según relata este último en sus memorias, una vez le dijo “Te espero a las ocho. Pero a las ocho. A ver si te encontrás con un chongo en el camino y llegas pasado mañana”. La ambigüedad de Eva frente a la homosexualidad se refleja en otra anécdota contada por el diseñador, con motivo de haber sido detenido con un amigo en un bar, y al llamarla para que los liberara ella le contestó: “¿Y qué hacen ahí ustedes a estas horas? Eso debe ser un puterío. ¡Jódanse por yiros!”.[54]​ Adrián Melo ha destacado que en la cultura argentina y especialmente entre los artistas LGBT, existe una fuerte conexión entre la "mirada gay" y la figura de Eva Perón; en la película Eva Perón de Juan Carlos Desanzo (1996), el guionista le hace decir al personaje de Paco Jamandreu: “Ser puto y ser pobre es ser Eva Perón”.[54][66][63]

Promediando el siglo XX las imágenes públicas de la homosexualidad eran el "tío solterón",[67]​ y el estereotipo del "bufarrón", hombre mayor que mantenía relaciones sexuales activas con jóvenes "ingenuos". También alcanzó un amplio desarrollo, aún existente en la actualidad, la fantasía heterosexual masculina a veces concretada en práctica, de penetrar sexualmente a otros varones, sin que ello sea denominado homosexualidad. Más en las sombras se ubicaban la prostitución urbana masculina, el lesbianismo y los lugares públicos utilizados para cruising.

Néstor Perlongher, uno de los fundadores del movimiento LGBT argentino, afirma que "con el peronismo los obreros ganaron el centro y se encontraron allí con los homosexuales... El erotismo que nace de ese encuentro de clases es potente. La relación de la marica de clase media con el chongo villero, no solo llenó lamentaciones... sino también saunas".[68]​ A partir de ese momento, la figura del chongo, estará presente en el imaginario gay argentino y en la incipiente literatura LGBT.[69][70][71]

En 1949 Jorge Luis Borges publicó "El muerto", un relato sobre dos hombres que comparten sexualmente a una mujer, en el que la crítica literaria ha señalado el desborde de la heterosexualidad tradicional, para ingresar en el campo de las relaciones homosexuales, pese al "código machista" aparente con el que está recubierto.[72][73][74]​ Herbert Brant ha encontrado en otros cuentos de Borges, como "La forma de la espada" (1942) y "La intrusa" (1970), la presencia de una literatura homoerótica encubierta y culposa.[72][75]

En 1953 el escritor polaco radicado en Buenos Aires Witold Gombrowicz, publicó su novela Trans-Atlántico, obra pionera de la literatura LGBT argentina,[76]​ donde aparece el personaje de Gonzalo Andes, alias "el Puto", que quiere seducir a un joven militar de clase alta, ante la desesperación del Padre, símbolo ridiculizado del patriotismo y el machismo. Gombrowicz, que disfrutaba manteniendo relaciones sexuales con hombres pero se negaba a ser etiquetado como homosexual, testimonió y criticó la feroz represión de la sexualidad que caracterizó a la Argentina del siglo XX. En una carta de 1963 le decía a uno de sus grandes amigos argentinos:

Mi estimado Goma: Su última me procuró cierto disgusto. Primero lo de la homosexualidad y de la inmundicia. ¡Qué homosexualidad y qué inmundicia! Sépalo, yo no soy ni nunca he sido un homosexual, sino que de vez en cuando suelo hacerlo cuando se me da la gana... Qué triste país, tan puto y tan torcido, donde nadie se atreve a darse el gusto. Les aconsejo paternalmente a Vd. Goma y a todos: si notasen que algún instinto reprimido les hace aborrecer a la homo, no se olviden acostarse enseguida con un macho, pues no hay cosa peor que no obedecer a los santos mandatos del cuerpo.
Witold Gombrowicz[77]

De esta época data el inicio de la relación sexo-amorosa mantenida en secreto entre los cineastas Fernando Ayala y Héctor Olivera, quienes fundaron en 1956 la productora Aries Cinematográfica Argentina y realizaron gran cantidad de películas con temáticas o escenas LGBT. Entre ellas se encuentran El jefe (1958), en el que una patota de varones le pinta forzadamente senos a otro hombre, por no tener sus mismos códigos de virilidad; Huis Clos (A puerta cerrada) (1962), que protagoniza una mujer lesbiana cuyo deseo no se detiene ni con la muerte y que por su temática se volvió una película maldita. En 1963 realizan Primero yo, cuyo título alternativo fue Machito, sobre un hijo que desea ser bailarín y debe enfrentar la oposición de su padre, donde retrata la comunidad LGBT relacionada con las artes y la danza de Buenos Aires, «sin caricatura, sin burla, por primera vez en el cine argentino».[78]

En 1956, los escritores Abelardo Arias y Renato Pellegrini, fundaron Ediciones Tirso, con el fin de traducir y publicación novelas europeas y norteamericanas de contenido explícitamente homoerótico.[79]​ La editorial tuvo problemas con la censura estatal y el escritor Héctor Murena llegó a denunciarla en 1959, desde la célebre Revista Sur, por ser una “editorial especializada en sodomía” que era parte de un proceso mayor de “homosexualización de la sociedad” que, según él, afectaba a la cultura occidental. Describiendo la situación en Argentina, Murena sostenía en aquel entonces que aunque “...en el plano mental se continúa rechazando la homosexualidad, en el profundo nivel instintivo se la acepta, se la celebra incluso”.[80]​ En 1957, esa editorial publicó la primera novela de Renato Pellegrini, Siranger, relato autobiográfico sobre las persecuciones y discriminaciones que sufrió en su adolescencia, como homosexual y migrante interno, donde por vez primera en la literatura argentina se trata centralmente el tema de la homosexualidad de manera franca, aunque aún con un tono de culpa.[81]

Hacia 1957 salió la revista Los Amorales, una publicación precaria en la que por primera vez se daba respuesta a la curiosidad, las dudas y dilemas sexuales de la población argentina, como la homosexualidad, la virginidad y el placer erótico por las flagelaciones.[82]​ En la sección "Correspondencia", la revista daba a conocer el estado de angustia de miles de personas aisladas, que mantenían oculto su "terrible secreto", luego de más de medio siglo de encierro cultural y represión médico-policial:

Señor director... Mucho tardé en resolverme a escribirle estas líneas, pero sucede que ya no puedo más y necesito unas palabras que ayuden a la solución de mi terrible problema. Soy lector de su revista, cuya lectura sigo, no buscando descripciones sexuales sino soluciones. Tengo 29 años y hasta ahora no experimenté el contacto carnal con ningún hombre ni mujer. Las mujeres no me atraen. Puedo observarlas cuando son bellas, pero la sola idea de tener contacto camal con ellas me repugna. En cambio, me gustan con locura los hombres y, sin embargo, no me atrevería a tener contacto con ellos, los temo. Quisiera ser igual que los demás y, aparentemente, quizás lo sea, pero nadie sospecha que pesa sobre mí una cruz de la cual no sé cómo librarme. Mi voz y mis modales son afeminados, y siempre que traté de enmendarme no conseguí resultado alguno. Hay días en que mi deseo de ser poseído por un hombre es tal que temo enloquecer al no poder satisfacer mi pasión... Creo, señor, que no hay remedio para mi mal, y que la enfermedad de mi cuerpo y de mi alma es incurable. ¿Qué mal habré hecho para recibir un castigo así?[83]

En 1964 Ediciones Tirso publicó la novela Asfalto, la segunda escrita por Renato Pellegrini, con prólogo de Manuel Mujica Láinez, primera novela argentina centrada en el amor homosexual entre hombres sin asomo de culpa o patología, en una época en que el tema era tabú, especialmente en América Latina.[84][85]​ Pellegrini fue enjuiciado y condenado a tres años de prisión como culpable del delito de publicaciones obscenas, mientras que los ejemplares del libro fueron secuestrados y destruidos.[79]​ Recién en 2004 la novela fue reeditada.[79]​ Destacando la importancia de Asfalto, el crítico estadounidense Herbert Brant sostiene que:

Si bien a menudo se cita El beso de la mujer araña de Manuel Puig (1976) como la primera novela argentina que abiertamente se refiere a condiciones de homosexualidad sin caer en la tradicional actitud de condena moralizante, Asfalto de Pellegrini, que antecede a la novela de Puig en doce años, es mucho más revolucionaria en términos tanto de contenido como de actitud.
Herbert J. Brant[84]

En esta época fue escrita también la novela La brasa en la mano, de Oscar Hermes Villordo, aunque solo fue posible publicarla dos décadas después, cuando el país se preparaba para conquistar definitivamente la democracia.[86]​ Villordo describe en detalle, en tono autobiográfico, el deambular sexual de un hombre gay en aquel tiempo, despreciado por su propia familia, que se relaciona con taxi boys, marineros y soldados para mantener relaciones sexuales, en baños públicos, plazas y zaguanes, a cambio de dinero, pero deseando dolorosamente con poder establecer una relación fundada en el amor. Bazán describe el libro como "la más clara radiografía del estado de angustia, miedo y desolación en el que vivían los homosexuales argentinos de los años 50".[87]

La identidad LGBT, consolidada como tal en la década de 1950, abrió camino para que al final de los años '60, brotara un movimiento liderado por una primera ola de organizaciones LGBT, que sería interrumpida por el terrorismo de Estado, menos de una década después.

1967-1976: las primeras organizaciones[editar]

El Frente de Liberación Homosexual en Plaza de Mayo durante la asunción de Héctor José Cámpora, 25 de mayo de 1973. El lema de su pancarta es una cita de la Marcha Peronista: ≪Para que reine en el pueblo el amor y la igualdad≫.

Las primeras organizaciones de derechos LGBT argentinas que se establecieron fueron Nuestro Mundo en 1967 y Safo en 1972. En conjunto con otros grupos posteriormente integraron el Frente de Liberación Homosexual que buscó una alianza con la izquierda política con el fin de avanzar en los derechos civiles. Por primera vez las personas LGBT rompían la invisibilización, negando que la diversidad sexual fuera una enfermedad y reclamando el cese de la persecución policial, sorprendiendo a una sociedad que nunca los había visto realmente.

Durante los primeros años de la década de 1970 y sobre todo durante el tercer peronismo (1973-1976), tuvo lugar un excepcional desarrollo del movimiento LGBT, a través del Frente de Liberación Homosexual (FLH). El FLH había surgido en 1971, como una federación de organizaciones LGBT, entre ellas el Grupo Nuestro Mundo, fundada en 1967, dos años antes de los Disturbios de Stonewall, cuando casi no existía ninguna organización LGBT en el mundo y no había ninguna en Íberoamérica.[88]​ El FLH estaba liderado por Néstor Perlongher e incluía entre sus miembros a figuras como los escritores Manuel Puig y Blas Matamoro, y el ensayista Juan José Sebreli.

A fines de 1972, la revista Pelo, especializada en rock y de gran llegada entre la juventud argentina, hace explícita la preocupación de sus redactores por la temática homosexual en el rock y la presencia de «ídolos homosexuales», como Rod Stewart (sic), David Bowie, Lou Reed, Iggy Pop, entre otros.[89][90]​ En un editorial titulado «La hora de la decadencia» se afirma:

Es de esperar que David Bowie y Lou Reed se den cuenta de la responsabilidad con que están jugando, antes de seguir presentando a la bisexualidad como algo atractivo y luminoso... también debería darse cuenta que esas «insinuaciones» ejercen una cantidad considerable de persuasiva atracción sobre una conciencia adolescente parada en medio de un terreno a labrar, totalmente abierto a la experimentación. La evidencia que la homosexualidad ha sido un factor muy importante en el deterioro de las culturas, puede ayudar a explicar de alguna manera el por qué de lo deseable que es el estilo de vida de Bowie para la sociedad en general.[90]

En el mundo del rock «nacional», Charly García respondería años más tarde, a los insultos homofóbicos, «bajándose los pantalones» (frase característica del dialecto argentino para referirse a la homosexualidad). Por esos años también, David Lebón solía presentarse vestido de mujer en los recitales de Pescado Rabioso, banda liderada por Luis Alberto Spinetta.[91][92]

Durante el proceso histórico que llevó en 1973 al peronismo a recuperar el gobierno nacional, luego de 18 años de permanecer prohibido y con Perón exiliado, desarticulando el intento de la dictadura de Lanusse de implantar un régimen "democrático" bajo control militar, el FLH tomó la decisión de apoyar activamente a la izquierda peronista, encolumnada detrás de la candidatura de Héctor José Cámpora, en la creencia que los derechos LGBT no podían conquistarse fuera de un movimiento político renovador masivo.[93]

Por primera vez el movimiento LGBT participó en las grandes manifestaciones populares juveniles "setentistas". En el acto de asunción presidencial de Cámpora, el FLH integró la columna de Tendencia Revolucionaria Peronista y Montoneros, con un cartel que citaba una frase de la Marcha Peronista: "para que reine en el pueblo el amor y la igualdad".[94]

Durante el gobierno de Cámpora, la represión policial a los homosexuales prácticamente desapareció, inaugurándose una “primavera” de dos meses en la que gais, lesbianas y trans se manifestaron y fueron recibidos por vez primera por altos funcionarios del Estado, algo impensable apenas unos meses antes.[95][93]​ Simultáneamente el FLH lanzó la revista Somos, primera en su tipo en América Latina, y el periódico Homosexuales, este último con una tirada de 5000 ejemplares.[93]

En ese contexto Héctor Lastra publicó en 1973 su novela La boca de la ballena, que relata la historia de un joven de clase alta que se enamora y fantasea con un villero peronista, pero no tiene el valor suficiente para hacer realidad sus fantasías homosexuales y termina haciéndose violar por un linyera. La novela fue prohibida temporalmente por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, hecho que no sólo no pudo evitar que el libro se agotara sino que, pocos meses después, la misma Municipalidad premió a Lastra por escribir la tercer mejor novela de 1973.[96]

En intento del movimiento LGBT de insertarse en la Tendencia, fue utilizada por los sectores de derecha (peronista y antiperonista) para desprestigiar a la izquierda peronista. El 20 de julio de 1973, al cumplirse un mes después de la Masacre de Ezeiza, las organizaciones de la derecha peronista, publicaron una solicitada en los diarios en la que denunciaban que el peronismo estaba siendo "infiltrado" por la "traición siniestra", mencionando a "Montoneros, con sus drogadictos, homosexuales y mercenarios...".[97]

La respuesta de la izquierda peronista fue rechazar a las organizaciones LGBT, adoptando una consigna homofóbica ("No somos putos, no somos faloperos, somos soldados de FAR y Montoneros"), que limitó la inserción del incipiente movimiento LGBT argentino, en el proceso de cambio que abrió la presidencia de Cámpora.[94]​ El mismo rechazo a los reclamos del movimiento LGBT, se presentó en los demás sectores de izquierda y centro izquierda, como el socialismo, el comunismo, el guevarismo, el trosquismo y el alfonsinismo.Plantilla:Acreditar Tendrían que pasar aún tres décadas, para que las fuerzas políticas argentinas incluyeran en sus programas las reivindicaciones de la diversidad sexual.

En 1975 se realizó la película Mi novia el travesti, dirigida por Enrique Cahen Salaberry y protagonizada por Alberto Olmedo, que sufrió la censura al ser reemplazado el actor trans Jorge Pérez Evelyn por Susana Giménez, modificado el título por Mi novia el..., y eliminando el final LGBT original por otro heterosexual, con el argumento oficial de que "en la Argentina no existe el travestismo”.[98]​ La película formaba parte de un género de la picaresca argentina surgido en esos años y promovido por la pareja Ayala-Olivera, que incluía gran cantidad de personajes LGBT, «y si bien se pueden juzgar muchas de ellas con una dimensión ofensiva, hay ciertas desviaciones valiosas».[78]

Poco después, en febrero de 1975, la revista El Caudillo, órgano de la organización terrorista parapolicial Triple A, publicó un número con la consigna de tapa de "Acabar con los homosexuales", donde sostenía que el marxismo utilizaba la homosexualidad para "enviciar y corromper al pueblo" y convocaba a sus simpatizantes a formar brigadas para dar caza a los homosexuales y "encerrarlos o matarlos”.[93]​ Pese a las amenazas el FLH continuó funcionando un año más, hasta que en enero de 1976, dos meses antes del golpe, deja de aparecer la revista Somos. La última referencia de sobre la existencia del FLH es una nota aparecida en el diario Crónica, el 11 de febrero de 1976, bajo el título de "Extraña protesta: Homosexuales se quejan de persecución".[93]​ Un mes y medio después se instalaba una dictadura que implantó un régimen de terrorismo de Estado, que arrasó con todos los movimientos sociales, políticos y sindicales, incluyendo el movimiento LGBT.

Última dictadura y desaparecidos LGBT[editar]

En medio de la dictadura que tomó el poder en 1976 erradicó el movimiento LGBT, Sandra Mihanovich lanzó el simple "Puerto Pollensa" compuesto por Marilina Ross, que fue adoptado como un himno del amor homosexual.

El Proceso de Reorganización Nacional erradicó el movimiento LGBT y muchos de sus miembros se encontraron entre las miles de personas desaparecidas. Al menos 400 personas con identidades u orientaciones sexuales LGBT fueron detenidas-desaparecidas durante la última dictadura, siendo sometidas por ello a tratos especialmente degradantes e inhumanos.[99][100][101][102]

En la provincia de Córdoba aparecieron incluso organizaciones formadas por integrantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, para perseguir y asesinar a personas LGBT, como el Comando Cóndor y el Comando de Moralidad.[103]​ La Comisión de la Memoria de la Provincia de Buenos Aires ha revelado que la Policía Bonaerense investigaba y fichaba a las personas por su orientación sexual, con categorías como "conducta lesbiana”, “costumbres demasiados liberales”, “amanerado”, “temperamento afeminado”, “invertidos”, “amanerados”, “nunca se lo ve acompañado con personas del sexo opuesto”.[104]

Máximo y Prieto cuentan que, en La Plata, las travestis muchas veces pidieron ayuda a organismos de derechos humanos por las detenciones y malos tratos que sufrían cotidianamente en las comisarías. Puntualmente cuentan un caso de una militante histórica de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, que pidió que no se publicara su nombre, que en una ocasión vio que una travesti se iba del lugar donde se juntaban, y que al preguntarles a sus compañeros qué había pasado, le contestaron que había venido a pedir la asesoría jurídica y que ellos le respondieron que «se ocupaban de los presos políticos y no de ellas, que nada tenían que ver con su actividad política relacionado al pedido de justicia por los desaparecidos».[100]​ La militante reflexionó también en dicha nota que la discriminación sufrida por las personas trans en La Plata, le hacía recordar a lo que sucedía en 1972 con los abogados de presos políticos en la cárcel de Devoto, que no atendían a «las maricas» debido a que no las consideraban «presos políticos».[100]

Paradójicamente, con el inicio de la dictadura genocida en 1976, se publicaron dos novelas inaugurales de la literatura LGBT argentina: El beso de la mujer araña (1976), de Manuel Puig y Monte de Venus de Reina Roffé. En 1981 Sandra Mihanovich lanzó el simple "Puerto Pollensa" compuesto por Marilina Ross, que sería adoptado como un himno del amor homosexual.[105]

Recuperación de la democracia y del movimiento LGBT[editar]

El Grupo Federativo Gay (GFG) en 1984, uno de los varias pequeñas organizaciones que integraron la Coordinadora de Grupos Gais.

El retorno a la democracia en diciembre de 1983 permitió la creación de un nuevo movimiento por los derechos LGBT. La estrategia del movimiento se focalizó en la visibilidad.[106]​ Ya en la década de 1990 la organización Gais por los Derechos Civiles (GaysDC), divulgaba el lema «Visibles para ser iguales».[106]​ Durante el inicio de la democratización, abrió el primer bar gay y la comunidad LGBT comenzó a ser más abierta, organizando festivales, publicaciones y activismo político. En abril de 1984, la revista Siete Días puso en tapa a Carlos Jáuregui abrazado románticamente con otro hombre.[107]​ Dos películas de amplia difusión expresaron el amor gay desde un punto de vista LGBT, por primera vez en el cine argentino: Adiós Roberto (1985) de Enrique Dawi y Otra historia de amor (1986), de Américo Ortiz de Zárate.

En abril de 1984, durante la presidencia de Raúl Alfonsín, de extracción radical, fue fundada la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), liderada por Carlos Jáuregui, pero el gobierno democrático y el Poder Judicial se negaron a reconocer la personería jurídica de la organización.

Primer número de Sodoma revista publicada por el Grupo de Acción Gay (GAG) en 1984.

Carlos Jáuregui en un artículo publicado en 1996 en la revista NX, dice que, uno de los miembros de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (Conadep), creada por el presidente Alfonsín, el rabino Marshall Meyer le dijo «que la Comisión había detectado en su nómina de diez mil personas denunciadas como desaparecidas, a cuatrocientos homosexuales. No habían desaparecido por esa condición, pero el tratamiento recibido, afirmaba el rabino, había sido especialmente sádico y violento, como el de los detenidos judíos.»[108][99][100]​ La Conadep ha sido criticada por esa revictimización de las personas desaparecidas con identidades LGBT y la invisibilización de su memoria, mientras que desde diversos sectores se ha reclamado levantar las consignas como "30.400 desaparecidxs presentes", "el Nunca Más de los 400",[101][100]​ o «La memoria no es un privilegio heterosexual».[103]

En 1989, simultáneamente con la caída del Muro de Berlín y el comienzo de la globalización, asumió un nuevo presidente, Carlos Menem, esta vez de extracción peronista. En 1991, Fernando Ayala estrenó su última película Dios los cría, considerada como «una suerte de testamento queer», cuyo protagonista es un hombre homosexual que frecuenta una disco LGBT. Hasta entonces el cine argentino solo había mostrado personas homosexuales sin vida social, pero en esta obra Ayala y Olivera «crearon un sentido de comunidad LGBTIQ como nunca antes se había visto».[78]

Los activistas de la CHA Raúl Soria y Carlos Jáuregui en la portada de la revista Siete Días del 7 de mayo de 1984.

Mientras tanto la CHA había llevado su reclamo para que el gobierno le conceda la personería jurídica, hasta la Corte Suprema que en un fallo del 22 de noviembre de 1991, negó que una organización de personas homosexuales tuviera derecho a obtener la personería jurídica, quedando dicha aprobación a discreción del Poder Ejecutivo, cuando considerara que su objeto no era «contrario al bien común». El fallo sin embargo, contó con la disidencia de los jueces Fayt y Petracchi.[109]​ Inmediatamente después del fallo, el 15 de enero de 1992 y en medio de una campaña internacional de apoyo al reclamo de la CHA, el presidente Carlos Menem dio orden de modificar el criterio y otorgar la personería a la CHA,[110]​ marcando el inicio de un progreso jurídico y social significativo.

En 1992 se funda la Sociedad de Integración Gay Lésbica Argentina (SIGLA), un desprendimiento de la CHA presidida por Rafael Freda y Alfredo Manes, que obtendrá su personería jurídica un año después, siendo la segunda organización de diversidad sexual en obtenerla.[111]

Manifestación del "Día de la Dignidad Homosexual" en Parque Centenario, llevada a cabo en conmemoración a los disturbios de Stonewall el 28 de junio de 1986.

También ese mismo año se realizó en Buenos Aires la primera Marcha del Orgullo, convocada por las organizaciones Convocatoria Lesbiana, Cuadernos de Existencia Lesbiana, Transdevi, GaysDC, Grupo Isis, SIGLA y la Iglesia de la Comunidad Metropolitana. En octubre de 1993 salió la Revista NX, "el primer intento perdurable de periodismo gay en la Argentina y un verdadero modelo para todas las de Latinoamérica que imitaron su estilo", que se publicó mensualmente hasta que la Crisis de 2001 la obligó a cerrar.[112]

En 1993 se fundó la Asociación de Travestis Argentinas, luego renombrada Asociación de Travestis Argentinas, Transexuales y Transgéneros y en 1994 surgió la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual.[113]

Durante la década de 1990 dos ciudades, Buenos Aires y Rosario promulgaron formalmente una legislación para prohibir la discriminación por motivos de orientación sexual. En 1996 se protegió por primera vez la orientación sexual en la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un proyecto presentado por Carlos Jáuregui desde la organización GaysDC. En 1998 Pablo Pérez publicó Un año sin amor. Diario del SIDA,[114]​ primera novela sobre la sexualidad BDSM en la Argentina, abordada desde la experiencia homosexual, así como sobre la problemática del SIDA, llevada al cine con el mismo título en 2005, con dirección de Anahí Berneri y protagonizada por Juan Minujín.

Vista de la primera Marcha del Orgullo de Buenos Aires, el 3 de julio de 1992.

En 1999 el jefe del Ejército general Martín Balza propuso eliminar del Código de Justicia Militar (artículo 765), el delito de homosexualidad previsto para militares, que se castigaba con degradación y una pena de prisión de seis meses a seis años, aunque aclarando que los militares LGBT debían mantener esas conductas "en el ámbito privado".[20][115]​ El artículo recién sería derogado en 2009.[116]

Últimos años: reconocimiento de los derechos LGBT[editar]

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En 2003 Buenos Aires se convirtió en la primera ciudad latinoamericana en reconocer legalmente las uniones civiles entre "dos personas con independencia de su sexo u orientación sexual", al sancionar la Ley N.º. 1004. La ley fue promovida por las organizaciones LGBT, elaborada por la jueza Graciela Medina, presentada por el diputado Roque Bellomo del Frente Grande y promulgada por el jefe de Gobierno Aníbal Ibarra, también del Frente Grande.[117]

En la década de 2000, varias organizaciones se agrupan para formar la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) en 2006, la primera organización de este tipo de carácter nacional. En 2007, la Copa Mundial Gay Internacional se celebró en Buenos Aires, con el equipo de Argentina como ganador ante el equipo británico.[118]​ Ese mismo año se fundó la Agrupación Nacional Putos Peronistas, primera organización política LGBT.

Marcha del Orgullo LGBT de Buenos Aires, Argentina, año 2007.

En 2005 y 2006 se crean tres plataformas digitales para organizar como comunidades a las personas con orientaciones BDSM: Aldea Sado, Círculo BDSM y Mazmorra. Esta última se convertiría en los años siguientes en la mayor comunidad BDSM de América Latina,[119]​ organizando en 2014 la primera Convención Latinoamericana de BDSM.[120]

La entonces Presidenta Cristina Fernández promulgando la ley del matrimonio igualitario.

Durante los dos mandatos presidenciales de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) fueron sancionadas tres leyes de gran importancia:

  • la ley derogando el artículo 765 del Código de Justicia Militar que establecía el delito de homosexualidad para militares.[116]
  • la Ley de Matrimonio entre Personas del Mismo Sexo (2010), conocida como Ley de Matrimonio Igualitario, reconociendo también el derecho a adoptar niños de las personas LGBT,
  • la Ley de Identidad de Género (2012), reconociendo el derecho a cambiar de género, desde la niñez y por la simple autopercepción de la persona, con reconocimiento del derecho a la gratuidad de los tratamientos médicos necesarios.

En 2011 María Rachid, una de las fundadoras de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) fue elegida legisladora de la Ciudad de Buenos Aires por el Frente para la Victoria (peronismo-kirchnerismo), convirtiéndose en la primera persona cuya sexualidad LGBT era conocida públicamente, en ocupar un cargo político representativo en el país.

En 2012 la provincia de Formosa derogó los artículos del Código de Faltas que criminalizaban la homosexualidad y el travestismo. Era la última provincia que mantenía normas penalizando la sexualidad LGBT.[121][122][123]

En 2013 se sancionó la Ley N.º 26.862 de Reproducción Médicamente Asistida, también conocida como Ley Nacional de Fertilización Asistida (2013), incluyendo a las familias homoparentales, demandas impulsadas por la FALGBT.[124]

27ª Marcha del Orgullo en Buenos Aires, 2018.
27ª Marcha del Orgullo en Buenos Aires, 2018.

En los últimos años Argentina se ha mostrado como un destino muy amigable para el turismo LGBT,[125]​ mostrando un auge que también es visible en ciudades del Cono Sur, como Montevideo y Santiago de Chile.[126][127]​ Según un estudio hecho por el Pew Reserch Center, Argentina es el país que más acepta la homosexualidad en América Latina.[128]

En 2018 el Poder Judicial de la provincia de Mendoza,[129]​ y el Poder Ejecutivo de la provincia de Santa Fe,[130]​ admitieron el derecho de las personas a exigir que los documentos de identidad no definan el género, ni el sexo, al que pertenece la persona.

El notable avance en el reconocimiento de los derechos LGBT, no fue obstáculo para que se produjeran episodios homofóbicos de alto perfil, como las que protagonizara Mirtha Legrand al asociar homosexualidad con pedofilia,[131][132]​ y el periodista Jorge Lanata al sostener en términos destemplados, que la conductora trans Flor de la V no era mujer, sino "un trava con documento de mina", aun cuando ella hubiera establecido legalmente que autopercibía su género como mujer.[133]

En 2019 la Comisión Organizadora de la XXVIII Marcha del Orgullo de Buenos Aires, decidieron no utilizar la sigla LGBT, ni ninguna otra con mayor cantidad de letras, "porque dejaron de ser representativas. Cada día empiezan a visibilizarse nuevas identidades que rompen con las normas sobre la sexualidad”.[1]

Véase también[editar]

Fuentes[editar]

Referencias[editar]

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Bibliografía[editar]