Hambruna irlandesa de 1740-41

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La hambruna irlandesa de 1740-41 (en gaélico Bliain an Áir, que podría traducirse como "El año de la matanza") tuvo una magnitud posiblemente similar a la hambruna de 1845-49. A diferencia de esta última, cuyas causas fueron, por un lado, una infección por hongos de la cosecha de patata y, por otro, la aplicación de medidas económicas intervencionistas que agravaron la situación, la hambruna de 1740-41 se debió a una climatología en la que se combinó el frío extremo y la humedad, afectando a las cosechas. Esta climatología desfavorable afectó a toda Europa y hoy en día es vista como el último episodio de la Pequeña Edad de Hielo

Causas y primeros efectos[editar]

Desde 1801, Irlanda estuvo directamente gobernada, bajo el Acta de unión de 1800 , como parte el Reino Unido. El poder ejecutivo residía en las manos del Lord teniente de Irlanda y el Jefe de Secretaría de Irlanda, ambos nombrados por el Gobierno Britanico. Irlanda envió 105 miembros del parlamento a la Cámara de los Comunes del Reino Unido, y 28 Nobles de Irlanda elegidos para sentarse de por vida en la Cámara de los Lores. Entre 1832 y 1839, el 70% de los representantes irlandeses eran terratenientes o hijos de terratenientes.[1]

En los 40 años siguientes a la unión, sucesivos gobiernos británicos lidiaron con los problemas de gobernar un país que tenía, como Benjamin Disraeli lo expuso en 1844, "una población hambrienta, una aristocracia ausente, una Iglesia extranjera, y además del ejecutivo más débil del mundo." [2] Un historiador calculó que, entre 1801 y 1845, hubo 114 comisiones y 61 comités especiales para indagar el estado de Irlanda, y que "sin excepción sus hallazgos profetizaban el desastre; Irlanda estaba en el borde de la hambruna, su población en rápido crecimiento, tres cuartas partes de sus trabajadores en paro, las condiciones de vivienda pésimas y el nivel de vida increíblemente bajo."[3]

Leyes contra los católicos-irlandeses[editar]

En el siglo XVII y XVIII, los Católicos-irlandeses tuvieron prohibido por las Leyes penales de Irlanda la compra o el arrendamiento de tierras, el sufragio o tener un cargo político, de vivir en o en un radio cercano a 5 millas (8 km) de una ciudad corporativa, de obtener educación, entrar en una profesión o hacer muchas otras cosas necesarias para que una persona pueda tener éxito o prosperar en sociedad. Estas leyes fueron reformadas en gran medida para 1793 a través del proceso de Emancipación católica y el Acta de Ayuda Católica de 1829 que permitió a los irlandeses católicos volverse a sentar en el parlamento, sin embargo sirvieron para despojar de propiedades al 80% de la población en favor del otro 20%.[4]

Propietarios e inquilinos[editar]

Durante el siglo XVIII, se introdujo el "sistema intermediario" para la gestión de la propiedad territorial. La recaudación de las rentas fue dejada en manos de agentes de los terratenientes, o intermediarios. Esto aseguraba al propietario un ingreso regular y les libera de toda responsabilidad; Sin embargo, los inquilinos fueron objeto de explotación por parte de los intermediarios.[5]

Los católicos formaban el 80% de la población, la mayor parte de los cuales vivían en condiciones de pobreza e inseguridad a pesar de la Emancipación católica en 1829. En la cima de la "pirámide social" estaba el "Dominio protestante", las familias inglesas y anglo-irlandeses que poseían la mayor parte de la tierra, y que tenían un poder más o menos ilimitado sobre sus inquilinos. Algunas de sus propiedades eran vasta; por ejemplo, el conde de Lucan poseía más de 60.000 acres. Muchos de estos propietarios vivían en Inglaterra y fueron llamados "propietarios ausentes". Los ingresos de alquiler eran enviados a Inglaterra, [6] recaudado de "inquilinos pobres" a los que se pagaban salarios mínimos para cultivar las cosechas y criar el ganado para la exportación.[7]

En 1843, el Gobierno británico considera que la cuestión de la tierra en Irlanda era la causa raíz del descontento en el país. Crearon una Comisión Real, presidida por el conde de Devon, para indagar en las leyes relativas a la ocupación de tierras. Daniel O'Connell describió esta comisión como "perfectamente unilateral", que compuesta de propietarios y ningún inquilino [15] En febrero de 1845, Devon informó:

Sería imposible describir adecuadamente las privaciones que [el trabajador irlandés y su familia] habitualmente y en silencio sufren ... en muchos distritos el único alimento es la patata, la única bebida es el agua ... sus camarotes son rara vez protección contra el tiempo ... una cama o una manta es un lujo poco común ... y casi siempre su cerdo y un montón de estiércol constituye su única propiedad.[8]

La comisión concluyó que podían "abstenerse de expresar nuestro fuerte sentir de la resistencia paciente que los trabajadores han demostrado sufriendo más, creemos, que la gente de cualquier otro país en Europa" [8] La comisión expresó que las malas relaciones entre los propietarios y los inquilinos eran principalmente la causa. No había lealtad heredada, atadura feudal o paternalismo como existía en Inglaterra. Irlanda era una tierra conquistada. El conde de Clare dijo de los propietaros: "La confiscación es su título común."[9] Según el historiador Cecil Woodham-Smith, los terratenientes tenían la tierra como una fuente de ingresos a través del cual extraerían la mayor cantidad de dinero posible. Con los irlandeses "meditando sobre su descontento con indignación huraña", de acuerdo al conde de Clare, Irlanda era vista como un lugar hostil en el que vivir, y en consecuencia la ausencia de los terratenientes era común, con algunos visitando su propiedad una o dos veces en una vida, como mucho.[9] Las rentas de Irlanda eran enviadas a otra parte; se estima que £6,000,000 fue enviado en remesas fuera de Irlanda en 1842.[9]


"The Great Frost" (“La gran helada”), fue un fenómeno de frío extraordinariamente intenso que se desarrolló en el Reino de Irlanda y en el resto de Europa entre diciembre de 1739 y septiembre de 1741, tras una década de inviernos relativamente templados. Fue acompañado de fuertes vientos, que aumentaron los efectos del frío hasta límites “muy alejados de los experimentados por la población irlandesa”.[10]

La situación en enero de 1740 era dramática, con vientos de gran intensidad. Apenas nevaba, pues Irlanda se encontraba sometida a un sistema estable de altas presiones que afectaba a casi toda Europa, desde Escandinavia y Rusia al norte de Italia. Los ríos y lagos se congelaron, y los peces murieron.

La gente que vivía en el campo se encontraba en mejores condiciones que los habitantes de las ciudades, pues mientras los primeros apilaban hierba contra sus viviendas como aislamiento, los segundos, especialmente los más pobres, que alquilaban sótanos y áticos, estaban más expuestos a las bajas temperaturas.

Habitualmente llegaban cargamentos de carbón desde Cumbria y el sur de Gales hasta los puertos del este y sureste de Irlanda. Debido al hielo, los muelles quedaron inaccesibles y muchas instalaciones portuarias inutilizables. En enero de 1740 el tráfico marítimo a través del Mar de Irlanda se redujo al mínimo, y los precios del carbón aumentaron. La situación llevó a la gente a cortar setos, árboles e incluso plantas de los viveros alrededor de Dublín para obtener combustible.

El hielo también paralizó los molinos que, movidos por agua, abastecían a las ciudades no sólo de harina, sino también de hilo para los tejedores y de pulpa para las imprentas. Como consecuencia, muchos empleos se perdieron y la producción de alimentos se vio afectada. También dejaron de alimentarse las lámparas que alumbraban las calles de Dublín por la noche, sumiendo la ciudad en la oscuridad.

Situación social[editar]

The Conolly Folly, 1740
The Wonderful Barn, 1743

Según Dickson “los desastres naturales ponen a prueba las estructuras administrativas y las redes sociales de cualquier sociedad”, e Irlanda, en 1740 “en comparación con los estándares de Europa occidental, tenía un débil gobierno, era materialmente pobre y estaba socialmente polarizada.”[10]

La clase gobernante que poseía la tierra era protestante, y desconfiaba de la mayoría rural católica por su escasa lealtad y su “aparente falta de entusiasmo por las innovaciones en las explotaciones agrarias, que prometían aumentar el valor de las propiedades.”[10]

Sin embargo, los gobernantes locales, en su mayoría grandes comerciantes y miembros de la alta burguesía y pequeña nobleza protestante, prestaron atención a la situación de los artesanos rurales y pequeños comerciantes, de cuya influencia en la economía los propietarios de tierras dependían.

Los propietarios comenzaron a suplir la escasez de materiales combustibles y alimentos tras dos semanas de helada. El clero de la Iglesia de Irlanda solicitó donaciones, que las parroquias distribuyeron. En total fueron distribuidas 80 toneladas de carbón y 10 toneladas de alimentos a partir de la cuarta semana de helada.

El Duque de Devonshire, representante del gobierno, prohibió, el 19 de enero de 1740, la exportación de grano fuera de Irlanda, con la excepción del destinado a otras partes del Reino Unido. Era una medida sin precedentes que tuvo resultados positivos. Fue tomada a petición de la municipalidad de Cork, donde aún estaban frescos en la memoria los sucesos ocurridos once años antes, en los que cuatro personas murieron en motines ocurridos por la escasez de alimentos.

En Celbridge, Condado de Kildare, se erigió en 1740 el llamado Conolly Folly, a iniciativa de Catherine Conolly, viuda de William Conolly para dar trabajo a desempleados. En 1743 también ordenó la construcción del cercano The Wonderful Barn destinado a almacén de comida en previsión de futuras hambrunas.

El deterioro de la situación[editar]

La gran helada afectó a las cosechas de patata. La patata y la avena eran los alimentos básicos de la Irlanda rural. Las patatas dejadas como simientes el otoño anterior (1739) se congelaron, quedando inutilizadas. “Richard Purcell, testigo de la crisis en el entorno rural, escribió en febrero de 1740 que, si no hubiera sido por la helada, hubiera habido en su distrito suficientes patatas para alimentar a toda la población de Irlanda hasta agosto. “Pero tanto raíces como tallos...están destruidos en todas partes”, salvo “unas pocas que fueron almacenadas”.[10] Esta interrupción del ciclo agrícola agravó la situación cuando llegó de nuevo el invierno en 1740.

En la primavera de 1740 las temperaturas subieron por encima de cero grados, si bien se mantuvieron más bajas de lo normal y, sobre todo, las esperadas lluvias no se produjeron. En su lugar siguió soplando viento del norte. La sequía acabó con la vida de los animales del campo, en especial ovejas en la región de Connacht, al noroeste, y vacas en el sur.

A finales de abril también quedaron destruidas la mayoría de las cosechas de trigo y cebada en las granjas. El cereal era tan escaso que la Iglesia católica irlandesa permitió comer carne cuatro días por semana durante la Cuaresma. Los precios del cereal aumentaron. Una consecuencia de ello fue que los panes a la venta no vieron aumentado su precio, sino que disminuyó su tamaño. Según Dickson el aumento del precio del trigo, avena y cebada no reflejaba la situación de los abastecimientos, sino la evaluación de los intermediarios sobre cómo estaría la situación en el futuro inmediato.

En el verano de 1740 el frío había diezmado la producción de patata y la sequía había hecho lo propio con la de cereal y con los rebaños de vacuno y ovino. La población rural, hambrienta, se dirigió en masa a las ciudades, mejor abastecidas. Así ocurrió en Cork, al sur, donde los mendigos llenaban las calles a mitad de junio de 1740.

Disturbios[editar]

El aumento de los precios de los alimentos dio finalmente lugar a desórdenes, como temían las autoridades municipales. La gente hambrienta descargó su ira contra los comerciantes de alimentos, en especial de grano, y los panaderos, atacando mercados y almacenes.

El primer disturbio estalló en Drogheda, al norte de Dublín, a mediados de abril de 1740. Un grupo de ciudadanos abordó un barco cargado con avena con destino a Escocia. Le quitaron el timón y las velas. Para evitar más incidentes, las autoridades de Drogheda, así como las de Cork, prohibieron la salida de alimentos hacia Escocia.

Pero a finales de mayo estallaron disturbios en Dublín, cuando la gente creyó que los panaderos se resistían a hacer pan. Irrumpieron en sus tiendas en fin de semana y comenzaron a vender pan, dándole el dinero a los panaderos. Otra gente simplemente se apropió del pan. Al tercer día (lunes), la muchedumbre asaltó los molinos cercanos a la ciudad y vendieron la harina a precios menores que el de mercado. Tropas del ejército intentaron restablecer el orden, matando a varios asaltantes. Las autoridades trataron de perseguir a los acaparadores del grano y supervisar los mercados de alimentos, pero los precios se mantuvieron obstinadamente altos durante todo el verano.

Situaciones similares se vivieron en distintas ciudades de Irlanda durante el verano de 1740. La situación internacional empeoró las cosas, pues barcos españoles capturaron buques con grano destinado a Irlanda. Las principales exportaciones de Irlanda (tejidos, carne de buey y mantequilla) sufrieron a consecuencia del conflicto con España.

El otoño de 1740[editar]

La cosecha del otoño de 1740 comenzó y, aunque exigua, dio lugar a un descenso de los precios. El ganado experimentó una leve recuperación, salvo en las zonas de producción láctea. En ellas habían nacido un tercio menos de terneros por la debilidad de los animales, lo que significaba menos leche y menos mantequilla.

Para empeorar las cosas, a finales de octubre la costa este sufrió una serie de ventiscas de nieve, que se repitieron durante noviembre. El 9 de diciembre un frente de lluvias provocó inundaciones generalizadas. Al día siguiente las temperaturas bajaron considerablemente, nevó y los ríos y lagos se helaron. Esta ola de frío duró unos diez días. Tras ella, las temperaturas subieron de nuevo. El rio Liffey, que atraviesa Dublín, arrastró grandes trozos de hielo, que volcaron las embarcaciones pequeñas y provocaron la rotura de los amarres de las grandes.

El extraño otoño de 1740 provocó un nuevo ascenso de los precios. Los precios de la harina en Dublín el 20 de diciembre alcanzaban máximos históricos. La situación motivó a la gente que almacenaba alimentos a conservarlos. La escasez produjo nuevos disturbios, y todo hacía pensar que la hambruna y las epidemias se generalizarían.

La vuelta del buen tiempo[editar]

La cosecha del otoño de 1741 fue relativamente buena. Esto, junto con la llegada de cinco barcos cargados con grano al puerto de Galway, presumiblemente de América, constituyó el fin de la crisis alimentaria.

Balance de pérdidas[editar]

Existe poca documentación acerca del número de fallecimientos durante la “Gran helada”, si bien los cementerios proporcionan información sobre los enterramientos. Sabemos que la mortalidad se triplicó en enero y febrero de 1740 con respecto a las cifras normales de años anteriores, y el número de enterramientos durante los 21 meses que duró la crisis fueron un 50% mayor que en períodos previos similares.[10] Dickson sugiere que alrededor del 38% de la población irlandesa falleció durante la crisis.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Póirtéir, 1995.
  2. Blake, 1967, p. 179.
  3. Woodham-Smith, 1991, p. 36.
  4. MacManus, 1979, pp. 458–459.
  5. Woodham-Smith, 1991, p. 22.
  6. Litton, 1994.
  7. Laxton, 1997.
  8. a b Woodham-Smith, 1991, p. 24.
  9. a b c Woodham-Smith, 1991, p. 21.
  10. a b c d e Dickson, David (1997). Arctic Ireland: The Extraordinary Story of the Great Frost and Forgotten Famine of 1740-41. Belfast: White Row Press Ltd. ISBN 978-1870132855. 

Bibliografía[editar]

  • David Dickson. Arctic Ireland (White Row Press, Dublin 1997).
  • Michael Drake. The Irish Demographic Crisis of 1740–41, Historical Studies VI, T. W. Moody (ed.), Routledge & Kegan Paul, Londres 1968.
  • Joe Lee. The Modernisation of Irish Society (ISBN 0-7171-0567-9)
  • Eamonn O Ciardha. Ireland and the Jacobite Cause, 1685-1766: A Fatal Attachment, Four Courts Press, Dublin, 2002. Disponible en: [1] Acceso: octubre, 2007.
  • Neal Garnham. “Local Elite Creation in Early Hanoverian Ireland: The Case of the County Grand Jury” The Historical Journal, septiembre 1999, volumen 42, número 3, pp. 623–642.
  • Gary L. Roberts, Doc Holliday. The Live and the Legend, John Wiley & Sons, 2006, p. 10.
  • Mike Baillie. A Slice Through Time: Dendrochronology and Precision Dating. Routledge, Londres, 1996, pp. 16–31.
  • SEMP Biot Report #430: “Dendrochronology: How Climate Catastrophes Show Up in Tree Rings” (11 de junio de 2007). Disponible en: [2] Acceso: 11 de julio de 2007.