Guillermo Rodríguez Lara

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Guillermo Rodríguez Lara
Guillermo Rodriguez (Ecuador).jpg

Coat of arms of Ecuador.svg
Presidente de la República del Ecuador (de facto)
15 de febrero de 1972-11 de enero de 1976
Predecesor José María Velasco Ibarra
Sucesor Consejo Supremo de Gobierno

Información personal
Nacimiento 4 de noviembre de 1924 Ver y modificar los datos en Wikidata (93 años)
Pujilí, Ecuador Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Ecuatoriana Ver y modificar los datos en Wikidata
Religión Catolicismo Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Cónyuge Aída Judith León
Hijos Nancy, Guillermo, Geoconda, Myriam y Antonio.
Educación
Alma máter
Información profesional
Ocupación Político, militar, ingeniero y agricultor
Distinciones
Firma Guillermo Rodriguez Lara signature.png
[editar datos en Wikidata]

El General de División Guillermo Rodríguez Lara (Pujilí, Cotopaxi, 4 de noviembre de 1924) es un exdictador, militar, político, agricultor y personaje público ecuatoriano. Fue el hombre fuerte y dictador del Ecuador durante un lapso de casi cuatro años, suceso ocurrido tras el derrocamiento de José María Velasco Ibarra en 1972. Gobernó el país desde el 15 de febrero de 1972 hasta el 11 de enero de 1976.

Asumió el poder en virtud de ser el oficial más antiguo al momento en que las Fuerzas Armadas del Ecuador decidieron intervenir políticamente y dar un golpe de Estado para establecer un gobierno que se autodenominó arbitraria y unilateralmente "nacionalista y revolucionario", cuyo objetivo era controlar e invertir los cuantiosos ingresos producidos por la exportación de petróleo que se comenzaron a percibir a comienzos de la década de los setenta, coincidiendo esto con la grave crisis energética mundial que aquejó al mundo por aquellos años, y que en lo principal afectó en especial al mundo industrializado y a los países más pudientes o con mayor poder adquisitivo, más que nada a Europa y Estados Unidos.

Su asunción al poder se dio en medio de un ambiente bastante convulsionado, raro e incierto, y debido a que se quiso evitar la celebración de unas elecciones generales cuyo ganador ya se sabía con creces de antemano. Con ello se logró impedir que Assad Bucaram E. participara y ganara en las nunca celebradas elecciones presidenciales de 1972. En un principio se pensó, e incluso pareció, que el gobierno de Rodríguez Lara iba a ser de una tendencia marcadamente progresista o inclinada hacia la izquierda, más esto no se cumplió tal y como se esperaba o anunciaba, y el paso del tiempo se encargó de rectificar y/o desmentir dicha creencia. Finalmente no se cumplieron las expectativas iniciales de cambio que se depositó en el nuevo gobernante, lo cual a la postre produjo un desgaste inevitable e irreversible de la gestión gubernamental del general Rodríguez Lara, circunstancia que culminó con su alejamiento definitivo del poder y de la política ecuatoriana. Nunca después volvió a tener una participación destacada o digna de nombrarse en la vida pública del Ecuador. La dictadura de Rodríguez Lara marcó el inicio de una breve lapso en el cual Ecuador estuvo gobernado por militares, el cual, no obstante, solo duró siete años y no tuvo una trascendencia de peso o que constituyera un hito relevante en la historia, contraponiéndose así a lo sucedido en muchos otros países latinoamericanos. El triunvirato que sucedió a Rodríguez decidió asumir voluntariamente un plan de retorno a la democracia que se ejecutó sin mayores dificultades, aunque en un plazo relativamente largo o dilatado, y con una gran distancia de tiempo entre la celebración de la primera y segunda vuelta para elegir el presidente y el vicepresidente.

Índice

Biografía general[editar]

Carrera, estudios y cursos realizados[editar]

Guillermo Rodríguez Lara nació el 4 de noviembre de 1924 en la ciudad de Pujilí, una pequeña localidad ubicada en el área rural la provincia interandina de Cotopaxi, Ecuador. Realizó sus estudios secundarios en el Colegio Militar Eloy Alfaro de Quito, que es donde se forman los oficiales del Ejército de Ecuador. En 1944 recibió una beca para continuar sus estudios en la escuela militar de Colombia, establecimiento donde alcanzó excelentes calificaciones y por ello, muy merecidamente, obtuvo el grado de primer alférez. Posteriormente recibió el grado de subteniente de ingenieros del Ejército Ecuatoriano y donde obtuvo, con un gran merecimiento, la primera antigüedad del curso. En 1945 inició sus estudios superiores en la Escuela de Artilleros e Ingenieros. En 1947 fue becado para continuar sus estudios en la Escuela Superior Técnica de Argentina, obteniendo excelentes resultados académicos y graduándose como ingeniero militar con magníficas calificaciones. También cursó estudios en Panamá (en la hace años desaparecida y legendaria Escuela de las Américas[1]​).

Trayectoria militar y laboral[editar]

De 1962 a 1964 Rodríguez Lara desempeñó las funciones de profesor en la ya desaparecida Escuela de las Américas situada en Panamá, institución de triste recordación y en la que se formaron muchos represores militares, de los que algunos incluso terminaron ocupando cargos importantes en sus respectivos países. Rodríguez Lara fue uno de ellos. En 1966, se incorporó al Estado Mayor de la Academia de Guerra del Ejército y fue condecorado por el presidente Clemente Yerovi. Tras el intento de golpe militar de marzo de 1971 hubo una reorganización del alto mando de la fuerza terrestre de defensa del Ecuador. Eso favoreció a Rodríguez Lara, quien fue nombrado Comandante General del Ejército por el presidente José María Velasco Ibarra, quien a la sazón cumplía su quinto mandato presidencial (1968-1972), el cual no alcanzó a finalizar debido a que fue derrocado por la misma persona a la que extendió aquel nombramiento.

Condecoraciones, distinciones, reconocimientos y medallas recibidas[editar]

El general Rodríguez Lara es poseedor de una buena y bien merecida cantidad de condecoraciones y medallas, tanto nacionales y extranjeras, las que le fueron entregadas a lo largo de su carrera profesional y militar como un justo reconocimiento a sus innegables méritos profesionales, laborales y castrenses. Fue condecorado con el Gran Collar de la Escuela Superior y Colegio Militar. Además recibió condecoraciones de Colombia y Venezuela. En 2013 recibió una condecoración en la ciudad de Ibarra, la cual le fue otorgada por la Sociedad Bolivariana, núcleo de Imbabura. La presea, denominada "Simón Bolívar" y que es la condecoración de más alto rango que existe y se confiere dentro de esa institución, le fue dada debido a su condición de ciudadano probo y también por su brillante carrera militar.

Vida personal y familiar[editar]

En el ámbito personal y familiar, el general Guillermo Rodríguez Lara está casado con la señora Aída Judith León. Tiene cinco hijos con ella: Nancy, Guillermo, Gioconda, Miriam y Antonio. Sus hijos políticos son: Iván Endara, Francois Auzerais, María de los Ángeles Coello y Patricia León. A Rodríguez Lara se le conoce popularmente y desde siempre con el apodo de "Bombita", el cual lejos de ser peyorativo o insultante más bien constituye una tremenda muestra de cariño y afecto de parte de la gente, especialmente en el ámbito militar, rural y popular. Es un personaje de perfil más bien bajo y cuyas apariciones en la prensa son muy esporádicas y espaciadas en el tiempo. Sus actos personales no suelen llamar la atención de los medios ni menos generar escándalos o ser noticia de primera plana. En la actualidad casi ha desaparecido de la vida nacional.

Algunos antecedentes políticos relacionados con el golpe[editar]

Como Comandante General del Ejército propició, autorizó y lideró un golpe de estado incruento y exilió arbitrariamente al anterior presidente, José María Velasco Ibarra, a Buenos Aires, Argentina, lugar de donde regresó varios años más tarde y muy poco antes de morir en forma natural. Este derrocamiento se debió al complejo momento político que vivía el Ecuador en ese momento, el cual incluía el peligro inminente de que estallara una guerra civil debido a la polarización de las facciones que pretendían llegar al poder en las elecciones venideras. Es bueno recalcar que Rodríguez Lara era un personaje desconocido en la escena política nacional del Ecuador hasta ese momento. Fue el golpe de estado el que lo dio a conocer en el ámbito nacional e internacional.

El peso político del factor Bucaram[editar]

El país estaba a las puertas de unos comicios generales que nunca se celebraron, y en los que el casi seguro ganador habría sido el político Assad Bucaram, personaje populista y con mucha llegada entre la clase trabajadora, especialmente en Guayaquil y en el resto de la costa ecuatoriana, el cual no era precisamente del gusto de la oligarquía criolla, de los sectores conservadores ni de la cúpula de las fuerzas armadas. Para ello también es menester saber y entender cómo era el ambiente que se vivía en el Ecuador.

Bucaram militaba activamente en un partido denominado Concentración de Fuerzas Populares (CFP), agrupación política carente de una ideología concreta o que permitiera definirla en una línea determinada, ya sea de izquierda o de derecha, de la cual era su líder más visible y combativo. Ninguno de sus contendores exhibía el arrastre y la fuerza electoral que a éste se le atribuía, si bien por esos años las encuestas de opinión o de intención de voto prácticamente no existían en el Ecuador. Éstas llegaron posteriormente y con el retorno a la democracia. El análisis empírico de la situación sugería que Bucaram iba a ganar sin contrapesos ni grandes dificultades. Su verborrea encandilaba y hechizaba a las masas populares, pese a ser considerada vulgar y poco refinada para el segmento más educado y pudiente de la población de Ecuador, el cual de todas maneras era claramente minoritario.

Los contendores de Bucaram utilizaron los más diversos recursos para intentar neutralizarlo y/o sacarlo de la vida política del país. Uno de ellos fue acusarlo de no ser ecuatoriano de nacimiento, estrategia que no daba muestras de alejar a los posibles votantes de Bucaram y que fue reiteradamente usada, incluso para no permitirle ser candidato a presidente cuando se produjo el retorno a la democracia en 1979. Se llegó tan lejos con este ardid, que incluso se lo utilizó para no permitirle ser candidato a vicealcalde de Guayaquil en las elecciones de 1978. Nunca se pudo probar debidamente que Assad Bucaram haya sido realmente extranjero. Él siempre alegó haber nacido en la ciudad de Ambato, Tungurahua, Ecuador.

Incertidumbre en relación a Bucaram y su ideología política[editar]

Para la mayor parte de los ecuatorianos era una verdadera incógnita lo que iba a pasar si Bucaram efectivamente terciaba en las elecciones generales y ganaba la presidencia, que era lo que de antemano se pronosticaba de acuerdo a las tendencias del momento. Ese nivel de incertidumbre tan elevado fue de un gran peso para que muchos se opusieran, con o sin razón, a las pretensiones presidenciales de Bucaram. Los empresarios y propietarios de grandes extensiones de tierra o latifundios le temían y pensaban que Bucaram podía emprender una agresiva campaña de expropiaciones o nacionalizaciones que los despojara de sus posesiones. Como político no era del gusto de los empresarios e industriales. De alguna manera, la furibunda oposición de la oligarquía a este personaje coincidía con los intereses de ciertos sectores militares golpistas, pero sobre todo con las hasta ese momento ocultas y desconocidas aspiraciones políticas de Rodríguez Lara.

Y si Bucaram ya, de por sí, generaba mucho recelo entre los grupos de poder económico y la clase alta, su camarilla también era objeto de una profunda desconfianza, en especial los cuadros directivos de CFP (Concentración de Fuerzas Populares), el partido político en el cual militaba, y que posteriormente desapareció de la escena política. Muchos veían en la posible elección de este personaje el advenimiento de una verdadera debacle para el futuro del Ecuador. Nunca se supo si realmente esto tenía un fundamento basado en la realidad, pues Bucaram jamás logró presentarse como candidato a presidente de Ecuador, pese a que eso siempre fue su aspiración de fondo. El golpe de Rodríguez Lara se lo impidió para siempre.

Dictadura civil de Velasco Ibarra[editar]

Previamente, el presidente Velasco Ibarra se había declarado dictador civil en 1970. En Ecuador se vivía un período bastante turbulento y sin visos de resolverse por una vía pacífica o democrática. El anciano presidente Velasco Ibarra disolvió a partir de ese instante el parlamento, creándose, de esa manera, las condiciones que condujeron a culminar en febrero de 1972 con la toma del poder de parte de los militares ecuatorianos. Muchos pensaban que el Ecuador estaba entonces en un laberinto sin salida y que incluso podía producirse una guerra civil.

Pese a todo, la interrupción del proceso democrático fue absolutamente sorpresiva y tomó totalmente desprevenidos a los actores políticos del país en el momento, los cuales casi ni reaccionaron. La democracia apenas había alcanzado a durar unos pocos años, desde que la Junta Militar dirigida por el contralmirante Ramón Castro Jijón fuera obligada a renunciar tras una violenta revuelta popular. Y de los tres presidentes que sucedieron a la Junta Militar hasta el golpe de Rodríguez Lara, solo uno, Velasco Ibarra, fue elegido limpia y democráticamente en las urnas. Los otros dos, Clemente Yerovi Indaburu y Otto Arosemena Gómez, accedieron a la presidencia en circunstancias completamente diferentes y en calidad de mandatarios interinos.

Golpe de estado y llegada de Rodríguez Lara al poder[editar]

De alguna manera, estas múltiples circunstancias, en gran parte imprevistas e incluso improvisadas, empujaron a las fuerzas armadas ecuatorianas a tomar la decisión de intervenir activamente en el destino del país, dándose el 15 de febrero de 1972 un golpe de estado incruento e inesperado, el que fue ejecutado materialmente por un joven oficial de la Armada del Ecuador, el comandante, años más tarde promovido a almirante, Jorge Queirolo Gómez, pero que llevó finalmente al general Guillermo Rodríguez Lara al poder.

El golpe en sí sucedió en la ciudad portuaria de Guayaquil y no en la capital, contrariamente a lo que habitualmente cabe esperar en estos casos. Se dio sin que se produjeran hechos de violencia, enfrentamientos entre los golpistas y las fuerzas que protegían a Velasco Ibarra, hubiera víctimas o heridos que lamentar y sin que se disparara ni un solo tiro. El despliegue militar fue mínimo y pasó prácticamente inadvertido para la población de la ciudad, incluso en el barrio en el que por entonces estaba la residencia presidencial (Los Ceibos). La ejecución del golpe fue muy discreta, pacífica y silenciosa. Todo ello se dio gracias a la notable pericia táctica del comandante Jorge Queirolo Gómez, pese a ser el que ejecutó materialmente el derrocamiento de Velasco Ibarra, solo asumió el poder por unas pocas horas, cediéndolo casi de inmediato, durante la madrugada, al general Rodríguez Lara.

Consecuencias inmediatas y análisis de lo sucedido[editar]

Cabe resaltar que el ejército no reaccionó en forma activa frente al golpe ni tampoco intentó detenerlo o siquiera retrasarlo, pese a que en Guayaquil sí disponía de los efectivos suficientes como para hacerlo. El factor sorpresa también estuvo ciertamente presente, pues los sucesos se dieron durante el Martes de Carnaval, al anochecer, en medio de un feriado tradicional en el Ecuador, en momentos en que el país estaba de mayor parte de los ecuatorianos dedicados a descansar o festejar. Prácticamente nadie estaba pendiente del acontecer político o siquiera de las noticias, las que por esos años no se propagaban con tanta facilidad ni rapidez como ahora. La oficialidad del ejército acantonada en Guayaquil, concretamente los efectivos que estaban asignados a la Brigada de Infantería Nr. 5 "Guayas", situada entonces relativamente cerca del centro de la ciudad, no fue la excepción. Fueron testigos pasivos y silenciosos de la ruptura de la democracia en el Ecuador.

Durante esa jornada solo había unos pocos soldados más un oficial de guardia presentes, para quienes el golpe pasó totalmente desapercibido. No tuvieron la oportunidad de apreciar la existencia de algún movimiento extraño o inusual que delatara que se estaba procediendo a derrocar al presidente en funciones de la república. Para el personal militar de guardia todo se veía normal y sin novedades. Bien podría decirse que el ejército fue un elemento pasivo en la ejecución misma del golpe, más no en lo tocante a la asunción del poder como tal. Es menester tener en consideración que las comunicaciones eran entonces mucho más precarias que las que existen hoy en día, sin teléfonos celulares, conexiones a internet, notebooks, tabletas ni otros artilugios tecnológicos que han ido surgiendo con el transcurso de los años.

Expulsión de Velasco Ibarra del Ecuador[editar]

Ese mismo día, sin dar tiempo a que sus partidarios reaccionen o tomen cartas en el asunto, Velasco Ibarra fue rápidamente expulsado de Ecuador y obligado a abordar un avión de la Fuerza Aérea del Ecuador (FAE) que lo trasladó inmediatamente con rumbo a Panamá, país desde donde partió poco después a su exilio definitivo en Buenos Aires, Argentina, de donde regresó a Ecuador en 1978 tras la muerte de su esposa Corina del Parral en un accidente de tránsito en el que fue arrollada por un bus urbano. Se instauró entonces una era relativamente breve de gobiernos militares que, en total, considerando a los sucesores del general Rodríguez Lara, dirigió durante algo más de siete años los destinos del Ecuador, hasta que se produjo el retorno definitivo a la democracia el 10 de agosto de 1979, con la asunción de Jaime Roldós Aguilera.

"Bombita" se convierte en el sepulturero del velasquismo en el Ecuador[editar]

Es muy importante recalcar que el golpe de estado del 15 de febrero de 1972 marcó, además, el fin inesperado de la dilatada carrera política de José María Velasco Ibarra, la que se extendió a lo largo de algo más de cuatro décadas y que capitalizó una gran parte de la atención pública durante ese lapso. Éste nunca más intervino en la vida pública de Ecuador y solo hizo ocasionalmente declaraciones que, en cualquier caso, no alteraron los sucesos políticos que se desarrollaron en su país. Vivió un exilio sin grandes estridencias ni declaraciones y con un estilo de vida más bien modesto en Buenos Aires, Argentina. Aunque "Bombita" probablemente nunca se lo propuso de una manera directa o formal, éste terminó siendo el sepulturero del velasquismo en el Ecuador. La edad de Velasco fue un factor clave para que él no haya podido retornar a la política activa tras su regreso a Ecuador. Ni siquiera lo intentó. Los años pasados en Buenos Aires lo alejaron de la contingencia política e hicieron que cayera casi en el olvido. Pese a todo, el funeral de Velasco fue altamente concurrido.

La presidencia[editar]

El general Rodríguez se definió políticamente, en su momento, como un ecuatoriano de izquierda moderada y con afanes claramente progresistas, pero sin tendencias totalitarias, marxista-leninistas o prosoviéticas. En lo aparente no se alineó con ninguna de las dos potencias que en ese momento dominaban el escenario político mundial. Pero en la práctica sí lo hizo con los Estados Unidos, pues el gobierno ecuatoriano dependía mucho de aquel país en varios sentidos, sobre todo en lo comercial y tecnológico. El gobierno de Rodríguez Lara se caracterizó por ser abiertamente diferente a las dictaduras militares imperantes en el cono sur durante la década de los 70, pues la represión que hubo fue más bien menor en cuanto a intensidad. Esa represión estuvo muy focalizada en ciertos opositores con una postura crítica a la línea del gobierno y no se reportaron casos confirmados de desaparecidos políticos entre 1972 y 1976, menos aún de ejecuciones extrajudiciales. Tampoco se sabe de opositores asesinados y/o atacados por orden del gobierno durante ese lapso. De hecho, muchos chilenos de izquierda que huían de Augusto Pinochet se exiliaron sin problemas en Ecuador, especialmente entre 1973 y 1976.

Ambiciones políticas personales[editar]

No obstante, Rodríguez Lara tampoco estaba de acuerdo en renunciar a gobernar en favor de la instauración de un sistema democrático y con una elección presidencial directa. Jamás se le ocurrió hablar de celebrar una elección de presidente o, siquiera, de dignidades seccionales. Sus ambiciones políticas eran obvias, pese a que él en un principio no las expresaba abiertamente o en forma directa. Pasada la luna de miel, después de 1972, los partidos políticos pedían o pretendían un pronto retorno al orden constitucional. Rodríguez Lara fue terminante: "No permitiré que los partidos políticos se conviertan en tutores del gobierno". Muchos interpretan esta negativa a celebrar elecciones presidenciales como una maniobra personal y a favor de sus aspiraciones de seguir en el poder. Rodríguez Lara anunció un plan de gobierno cuyos pilares eran dos documentos: "Principios filosóficos y plan de acción del Gobierno" y "Plan integral de transformación y desarrollo". El análisis posterior de los hechos sugiere que el contenido propuesto por estos documentos nunca se cumplió en su totalidad y que más bien fue letra muerta. El de Rodríguez Lara fue un gobierno de anuncios grandilocuentes pero que solo servían para impresionar momentáneamente al público.

Constitución de 1945[editar]

En lo gubernamental Rodríguez Lara retomó la Constitución de 1945, que era una carta magna de cierta inclinación levemente izquierdista o más bien progresista. Lo hizo así porque era la que mejor se acomodaba a los supuestos propósitos revolucionarios y nacionalistas que inspiraron el golpe. Formó un gabinete mixto, en el que, sin embargo, las principales carteras quedaban en manos de oficiales militares en servicio activo. Los partidos políticos mantenían la esperanza de un pronto retorno al orden constitucional, pero sus ilusiones se vieron prontamente desvanecidas cuando Rodríguez Lara anunció su plan quinquenal, anulando así repentinamente las pretensiones políticas de éstos. Entonces empezó a ejercer el poder asesorado por un Consejo de Gobierno, órgano integrado por militares de las tres ramas de la Fuerzas Armadas, el que más adelante fue suplantado por una Comisión Legislativa. Uno de los hitos de su gobierno fue haber pagado íntegramente el saldo de la deuda que se mantenía con Inglaterra, conocida como la "deuda inglesa", la cual había sido contraída durante la guerra de la independencia del Ecuador, para financiarla.

Medidas represivas[editar]

El presidente decretó el régimen jurídico de "estado de sitio" y lo mantuvo vigente por cerca de cuatro años, durante la mayor parte del tiempo que gobernó, sin que existiera una razón real o de peso para ello. En Ecuador no existía el terrorismo activo o un grupo guerrillero debidamente organizado. Tampoco hubo una resistencia real al régimen o algún movimiento social violento que amenazara su existencia. Menos aún se puede hablar de que por entonces existieran grandes bandas delictivas o de narcotraficantes. Lo del estado de sitio fue simplemente una medida arbitraria y propia de una dictadura que no respetaba los derechos legales o constitucionales de los ciudadanos. Es necesario recalcar que por esos años Ecuador no sufría ninguna clase de insurgencia ni la acción de grupos terroristas organizados y con la fuerza para hacer peligrar a los poderes establecidos.

Rodríguez Lara empezó a gobernar con mano de hierro, pero esta postura paulatinamente se fue ablandando hasta volverse casi inexistente. Encarceló a varios periodistas que se atrevieron a criticarlo. En octubre de 1973 hizo confinar en la Amazonía a varios líderes opositores conocidos. Dicha medida fue tomada de una forma totalmente arbitraria y sin que se diera el debido proceso o un juicio justo para los involucrados, contra quienes ni siquiera existía una acusación específica. Pasados unos meses Rodríguez Lara levantó el confinamiento y liberó a los detenidos. Procedió así debido a una gran ola de críticas provenientes de la prensa que tuvo que encarar y para las que nunca hubo una respuesta concreta o satisfactoria. El gobierno de Rodríguez Lara también tuvo que enfrentar una violenta ola de protestas estudiantiles, especialmente en Guayaquil, en una de las cuales resultó herida Rosa Paredes, dirigente de los profesores y militante comunista, quien recibió el impacto de una bomba lacrimógena en su cuello y murió poco después. Dicho fallecimiento causó más manifestaciones violentas, sobre todo de parte de los estudiantes universitarios de Guayaquil.

Fiscalización del último gobierno velasquista[editar]

Rodríguez Lara fiscalizó e investigó, con un cierto aplauso y beneplácito inicial de la opinión pública, a algunos altos personeros del último régimen velasquista, no sin caer en ciertos excesos de precipitación como en el caso de Alfonso Arroyo Robelly, quien justamente había sido uno de los ministros favoritos de Velasco Ibarra. Arroyo Robelly fue absuelto por los tribunales de justicia luego de pasar largos meses encerrado en la cárcel. Muchos velasquistas consideraron que el caso de Arroyo Robelly era un claro ejemplo de persecución política y judicial en contra de los que fueron colaboradores o partidarios del expresidente Velasco Ibarra.

Algunos datos adicionales[editar]

Propuso un plan de gobierno de tendencia nacionalista y revolucionaria, el cual estuvo básicamente integrado por dos documentos elaborados especialmente para tal efecto: "Principios filosóficos y plan de acción del Gobierno" y "Plan integral de transformación y desarrollo". Además, decretó el "estado de sitio" en el país y lo mantuvo vigente por cerca de cuatro años, durante la mayor parte del tiempo que gobernó, con suspensión de todas las garantías constitucionales contempladas, sin que en verdad existiera un motivo real o de peso para ello. Nunca hubo una amenaza latente o de peligro para el gobierno. Rodríguez Lara confinó en las provincias orientales a varios líderes opositores que se atrevieron a levantar la voz en contra de sus acciones o las de su gobierno, al que consideraban en lo esencial ilegal, dictatorial y arbitrario. También intervino la Corte Suprema de Justicia e instauró los tristemente recordados "Tribunales Especiales". Éstos en lo aparente servían para agilizar la administración de justicia, que en sí era lenta e ineficiente, sobre todo cuando sucedían o se descubrían los supuestos delitos de "subversión", pero pronto tuvo que suprimirlos porque se dieron numerosos excesos, abusos y casos de corrupción.

Obras ejecutadas[editar]

Durante su mandato, comenzó la producción petrolera masiva en la región amazónica del país y con los fondos obtenidos de las regalías petroleras se construyeron obras públicas que dieron un bienestar general a la población, como hospitales, centros de salud, consultorios, escuelas, caminos, carreteras (se asfaltó la carretera de Quito a Tulcán), etcétera. También se construyó la refinería petrolera de Esmeraldas, que por muchos años ha sido y sigue siendo la más grande e importante del país. Como fundamento del mandato de Rodríguez Lara se proclamó un Movimiento Nacionalista Revolucionario, que en lo esencial proponía la transformación social y económica del Ecuador, utilizando para ello los recursos económicos que generaría la exportación del llamado "oro negro". Dicha proclama demostró ser solo una frase muy expresiva pero completamente vacía y sin un contenido verdadero. Nunca se cumplió realmente. El gobierno de Rodríguez Lara se quedó tan solo en las proclamas publicitarias.

Desempeño económico[editar]

El desempeño económico del gobierno de Rodríquez Lara estuvo marcado por la inmensa e inesperada bonanza que se generó a partir de las rentas petroleras que comenzó a recibir el Estado. Un informe emitido por la Corporación Financiera Ecuatoriana (Cofiec) para el bienio 1973-1974 dio a conocer algunas cifras de interés sobre el desarrollo y desempeño general de la economía: el crecimiento global se aproximaba al 13 por ciento, el industrial al 14, el comercial al 7.43, el de la banca, seguros e inmuebles al 12.3 y el de la construcción al 8.2. El producto per cápita había subido de 279 dólares en 1970 a 613 en 1975, es decir que se había más que duplicado en apenas cinco años. Pero también es importante ver la otra cara de la moneda. No todo fue tan positivo como la mayoría de las estadísticas aparentaban. También hubo números en rojo. Se produjo un decrecimiento neto del sector agropecuario para el consumo nacional que no llegó al uno por ciento de crecimiento bruto, esto mientras la población aumentaba al 3.4 por ciento, lo que se comprobaba con la escasez creciente y el alza del costo de los alimentos. Entre los años 1970 y 1979 el endeudamiento público creció 12,41 veces y el privado se incrementó 57,89 veces, una proporción que resultó muchísimo mayor que a nivel estatal.

PIB per cápita creció como nunca antes en la primera fase de exportación petrolera[editar]

En 1972 se inició la exportación petrolera con un precio de $ 2,50 por barril de crudo, justo durante la dictadura del general Guillermo Rodríguez Lara. En forma impensada dicho precio alcanzó los $ 13,90 en 1975, dando al país una fuerte inyección de recursos que llevó a que al presupuesto de $ 1.920 millones se sumen $ 800 millones solamente por la exportación de crudo. Este aumento de ingresos para el país —consecuencia no planificada de los conflictos de Medio Oriente— se tradujo en un crecimiento nunca antes visto del PIB per cápita, el cual escaló desde los $ 396 hasta la cantidad de $ 624, cifra que superó los $ 1.000 per cápita antes de terminar la década. Fue una etapa de crecimiento económico impensado y que no se volvió a repetir en los años posteriores.

El petróleo como factor de apoyo económico al nuevo gobierno y los beneficios que éste trajo[editar]

Se inició la exportación de petróleo con la nacionalización de parte de los bienes y derechos de las compañías petroleras extrajeras, la versión de las concesiones, la promulgación de una nueva Ley de Hidrocarburos, creció el presupuesto para las obras públicas y proyectos sociales. El descubrimiento de este valioso recurso natural modifica las relaciones tradicionales del sistema político ecuatoriano ya que además de convertirse en el principal sustento económico del país y cambiar por ende su patrón de crecimiento y desarrollo enfrenta a diversos actores sociales que trazan como objetivo apropiarse de las ganancias que el “oro negro” trae al país.

El 28 de julio de 1973 Ecuador ingresó a la OPEP “Organización de Países Exportadores de Petróleo” con escasos 250.000 barriles diarios de petróleo con bombos y platillos festejó Ecuador, mientras que otros países exportaban sobre el millón de barriles diarios por ejemplo Arabia Saudita, Irán, Irak. Kuwait, Venezuela etc.” La OPEP como organismo multilateral compuesto mayormente por países petroleros de Medio Oriente buscaba moldear los precios internacionales del petróleo y aumentar el control de los países miembros sobre sus respectivas industrias petroleras. El cartel del petróleo, como se lo denominaba en esos años, generó un consenso entre sus miembros para la renegociación de los contratos con las empresas extranjeras e incluso la nacionalización de las industrias petroleras de los países miembros. La OPEP se instalaba en la corriente del Tercer Mundismo que propugnaba la neutralidad de los países subdesarrollados frente a las confrontaciones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, y un modelo económico nacionalista y estatista como punto medio entre el capitalismo y el socialismo, sin abanderizarse por ninguna de las dos ideologías.

El Ecuador había aumentado sus ingresos petroleros de una magra cifra en torno a los 44.4 millones de sucres en 1971 a 3.303.5 millones de sucres en 1974, lo cual constituyó un incremento sustancial y nunca antes visto. Por tanto, para 1974 los ingresos petroleros aportaban el 29% de los ingresos fiscales corrientes. Asimismo, la economía ecuatoriana mantuvo una alta tasa anual de crecimiento de 8.4% entre 1973 y 1979, una de las más altas en América Latina en esa época.6 Con las exportaciones de petróleo Rodríguez Lara realizó varias obras en beneficio de los más necesitados ya que contaba con el presupuesto más grande de la historia del Ecuador, las obras realizadas no iban acorde con el dinero que generaba el petróleo porque hubo descuido, pésimos asesores, desorganización y principalmente se convirtieron los millonarios la gran burguesía del país y hundieron a los más pobres. En agosto de 1972 se expide la Ley de Hidrocarburos. El 17 de agosto de ese mismo año, “…el Estado ecuatoriano realizó la primera exportación de 308.283 barriles de petróleo desde el puerto de Balao correspondientes a las regalías de Texaco-Gulf que el Gobierno cobraba en especies. Cada barril se vendió a un precio de USD 2,34. Además, se estableció que los contratos petroleros podían durar un máximo de 20 años y su extensión se fijó en 200.000 hectáreas de superficie física, con lo cual las compañías devolvieron el 80% de sus concesiones que les fueron otorgadas originalmente por 50 años”. Se revisaron las concesiones a compañías extranjeras y se establecieron condiciones mucho más ventajosas para el país. Se canceló la concesión de gas del Golfo de Guayaquil. Se robusteció como nunca antes al consorcio estatal CEPE, y se inició la construcción de la refinería estatal de Esmeraldas. Luego se adquirió la participación de la Gulf en su consorcio de Texaco y revirtió al Estado la concesión de la Anglo. Fue toda una revolución en el área petrolera.

Reforma agraria[editar]

En su "Filosofía y Plan de Acción" el gobierno de Rodríguez Lara había anunciado en forma un tanto pomposa la implementación de una "reforma agraria real y efectiva". Pero la política agroreformista del Gobierno fue tardía, más bien vacilante, bastante contradictoria y muy sensible a la constante presión de los propietarios de grandes extensiones de tierras o latifundios, sobre todo la que ejercieron los terratenientes serranos. Ellos temían verse súbitamente despojados de sus propiedades, por lo cual era obvio que se oponían a cualquier modificación que se pretendiera introducir en el modo de propiedad de la tierra. El Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria y Colonización (IERAC) utilizó solamente el 25 por ciento de su presupuesto asignado entre 1973 y 1975, lo cual arroja luces sobre cuáles eran las prioridades del gobierno "nacionalista y revolucionario", las cuales en la práctica no pasaban de ser meras declaraciones muy retóricas y cargadas de buenas intenciones, aunque con un alcance práctico limitadísimo y que no terminaba por ser percibido entre los beneficiarios. La reforma agraria de Rodríguez Lara fue parcial y poco efectiva, tanto en lo concerniente al reparto de la tierra como en aplicar una política de fomento a la producción agrícola que resultara eficaz.

Adquisiciones de armamento y equipos para las fuerzas armadas[editar]

Otra medida digna de mención acontecida durante el gobierno de Rodríguez Lara, fue que se renovaron en forma bastante significativa los equipos de las tres ramas de las fuerzas armadas, adquiriéndose armamento moderno y acorde a las necesidades de defensa del momento. Un claro ejemplo de esto es que la Fuerza Aérea del Ecuador recibió sus primeros aviones de combate supersónicos, los cazabombarderos Sepecat Jaguar, de fabricación anglo-francesa (1975) y que ya no están en servicio activo. También se contrató en Alemania la construcción de tres lanchas rápidas equipadas con misiles Exocet para la Armada, las que fueron construidas en un astillero de la ciudad de Bremen. Otro encargo notable fue el de dos submarinos alemanes de la clase 209, los únicos que ha tenido la Armada del Ecuador en su historia, y que siguen en servicio hasta el día de hoy. Se adquirió armamento nuevo, no usado, lo cual constituyó un hito en materia de adquisión de equipo bélico. Hasta entonces, Ecuador se caracterizaba por comprar armamento usado y muchas veces incluso en malas condiciones o inservible.

Política pesquera y desavenencias con los Estados Unidos[editar]

En 1974, con la llegada al poder del general Augusto Pinochet en Chile se dio inicio a una carrera armamentista entre aquel país y Perú, rivales desde muchos años antes. Eso causó preocupación en el gobierno militar de Ecuador, el cual pretendía desesperadamente modernizar su propio equipo bélico, el cual era muy obsoleto en aquellos momentos.

El 16 de abril de aquel año el embajador estadounidense en Ecuador, Robert Brewster recomienda a su gobierno satisfacer todos los requerimientos y necesidades más urgentes de la Armada ecuatoriana. “Ofrecer equipamiento a cualquier rama del Gobierno militar ecuatoriano no es contraproducente a nuestros intereses sobre la pesca y la Convemar. El Gobierno ecuatoriano es militar y no podemos ver nuestras relaciones de manera apartada y aislada. Vender equipamiento militar es como mover nuestras relaciones en todos los frentes, incluida la búsqueda de una solución a la cuestión pesquera, además una vez que la relación militar esté restaurada, el Gobierno intentará mantenerla y evitar incidentes que la pongan en peligro”, analiza.

“Sabemos que cualquier cosa que vendamos a Ecuador no aumentará su capacidad de detener barcos pesqueros. También conocemos que de todos los servicios ecuatorianos, la Marina es la más influyente en las políticas hacia la Convemar, pesca y petróleo. Dada la influencia de la Marina aquí, creemos que negar nuestra asistencia provocaría precisamente el tipo de reacción terca que no queremos, con consecuencias potencialmente adversas para nuestros intereses pesqueros. Por otro lado, si procedemos con los planes de venta a la Marina ecuatoriana, nuestro acceso e influencia con los actuales y futuros líderes políticos de la Marina se incrementará significativamente. Además creemos que este tipo de ventas fortalecerá a aquellos dentro de la Marina que aconsejan moderarse en las confiscaciones de nuestros barcos pesqueros. No puede escapar en San Diego (principal puerto pesquero en Estados Unidos) la noticia de que no ha habido confiscaciones en más de 14 meses”, finaliza la recomendación formulada por el diplomático.

Brewster se refiere a los controles marítimos que hacía la Armada en las 200 millas a barcos extranjeros que ingresaban para pescar atún. Cuando se hallaba una nave norteamericana esta era detenida por los efectivos navales ecuatorianos, a esa acción el embajador estadounidense llamaba arbitrariamente “confiscación”.

Tres días más tarde el mismo Henry Kissinger contestó lo siguiente: “Estoy convencido que es en nuestro interés ofrecer barcos a la Marina ecuatoriana”, escribió, pero aclaró que la industria pesquera norteamericana se oponía a esa venta por lo que haría algo de cabildeo en el Congreso.

Desgaste del régimen[editar]

Hacia 1974 el régimen rodriguista empezó a desgastarse pública y políticamente. Perdió el soporte inicial del pueblo, que se mostraba visiblemente desencantado porque las riquezas del petróleo no se filtraban en una proporción suficiente con respecto al constante aumento del costo de la vida. Los campesinos y los sindicatos le retiraron poco a poco el apoyo que le habían prestado en un principio al general Rodríguez Lara. Los partidos políticos de inclinación centrista y derechista reclamaban el retorno al régimen formal, protestando así, en forma indirecta y sutil, contra lo que ellos consideraban una dictadura ilegítima. La oligarquía y las compañías petroleras intrigaban en el escenario político con algunos militares de orientación derechista. El gobierno comenzó de a poco a referirse a un plan de retorno a la democracia. Las medidas económicas adoptadas a mediados de 1975 para corregir la debilidad de la reserva monetaria internacional despertaron el rechazo de los grupos dirigentes del comercio. El 31 de agosto de 1975, en connivencia con políticos agrupados en un "Frente Cívico", el general Raúl González Alvear y otros generales del Ejército se alzaron en armas con el objetivo concreto de derrocar al gobierno y establecer otro régimen.

Desilusión generalizada[editar]

Para muchas personas que habían puesto sus esperanzas en que el gobierno de Rodríguez Lara transformara al Ecuador su gestión fue una completa desilusión. Más temprano que tarde se reveló que su régimen no era revolucionario ni tampoco nacionalista, que era como se autodenominaba ante la gente y a nivel internacional, y que más bien actuaba como una extensión disimulada de los intereses de los grupos económicos que siempre dominaron el Ecuador. Estados Unidos terminó siendo la potencia que, pese a algunos roces de poca significancia y que más bien fueron meramente mediáticos, dirigió tras bambalinas los pasos de Ecuador, tanto en el contexto doméstico como en el internacional. Con Rodríguez Lara no hubo cambios que fueran significativos o de trascendencia, salvo que el fisco dispuso de más recursos que antes, lo cual dio paso a muchos gastos innecesarios o que en circunstancias normales no hubiesen ocurrido. Con el paso de los años prácticamente nadie recuerda lo que pasó durante el gobierno de Rodríguez Lara ni se lo considera un aporte sustancial al desarrollo del Ecuador. Bien podría decirse que tras varias décadas está casi totalmente olvidado y que su recuerdo no genera polémica ni grandes reproches.

Intento de golpe de estado en agosto de 1975[editar]

El 31 de agosto de 1975 Rodríguez Lara enfrentó un cruento intento de golpe de estado liderado por el general Raúl González Alvear, del que salió bien librado y que dejó un saldo trágico de 22 muertos, incluyendo a un oficial del ejército con el grado de coronel. La motivación para intentar el derrocamiento de Rodríguez Lara estuvo radicada en el desgaste que a esas alturas ya experimentaba su régimen. El alzamiento fue dirigido desde una funeraria cercana al palacio de gobierno y produjo serios enfrentamientos entre las distintas facciones del ejército que intervinieron. El escenario de los combates fue principalmente el centro histórico de Quito.

El fracaso de la intentona golpista se debió al apoyo que obtuvo el general Rodríguez Lara de la brigada blindada "Galápagos", que tiene su sede en la ciudad de Riobamba, provincia de Chimborazo, ubicada en el centro del país. La facción del ejército que intentó el golpe simplemente no tuvo la fuerza suficiente como para imponerse, pese a que el gobierno de Rodríguez Lara ya estaba notoriamente debilitado y sin un gran apoyo castrense. González Alvear advirtió que no contaba con el apoyo de la marina de guerra ni de la fuerza aérea, por lo que tuvo que desistir de su intento y rendirse. El general González Alvear posteriormente se exilió en Chile. El intento de golpe tuvo como objetivo devolver la democracia y la institucionalidad al país, la cual se había perdido tras el derrocamiento de Velasco Ibarra. Un claro ejemplo de ello son los diferentes ataques perpetrados a los medios de comunicación por parte del gobierno de facto de Rodríguez Lara.

La salida del poder[editar]

El cruento intento de golpe de estado del general Raúl González Alvear fue fulminante, pese a que en un principio no consiguió el propósito trazado, y al final terminó de debilitar decisivamente al ya desgastado e impopular gobierno de Rodríguez Lara. De esa forma, apenas cuatro meses después de la intentona golpista, los comandantes generales del ejército, la marina y la aviación lo presionaron sutilmente para que renunciara a su cargo, y finalmente lo relevaron del mando el 11 de enero de 1976. Su salida no fue violenta, polémica ni traumática: más bien pactó con los altos jefes militares un plazo prudencial para retirarse sin grandes sobresaltos ni estruendos mediáticos de por medio, negociación exitosa que le permitió realizar el matrimonio de su hija en el Palacio de Carondelet días antes de entregar el mando, y organizar él mismo el traspaso del poder entre honores militares y con mucha dignidad. Está claro que los jefes militares ecuatorianos estaban de acuerdo en evitar una salida humillante o indigna de Rodríguez Lara del poder y que más bien colaboraron con él a cambio de su renuncia.

El mismo día en que entregó el poder, lo cual aconteció muy temprano en la mañana, a eso de las siete, se trasladó a su ciudad natal, Pujilí, donde terminó bailando alegremente en las calles con la gente, tal como lo demuestran las fotos que hasta hoy se conservan del acontecimiento histórico, y que posteriormente circularon profusamente en los diversos medios de prensa. Rodríguez Lara fue sucedido por el Consejo Supremo de Gobierno, un triunvirato militar integrado por el Almirante Alfredo Poveda Burbano, en representación de la Armada del Ecuador; el General Guillermo Durán Arcentales, en representación del Ejército del Ecuador, y el General Luis Leoro Franco, en representación del la Fuerza Aérea del Ecuador. El triunvirato estaba presidido por el Almirante Poveda Burbano y duró en el poder hasta agosto de 1979.

El gobierno de los Estados Unidos estaba al tanto de que iba a haber un cambio de gobierno[editar]

Los cables diplomáticos recientemente dados a conocer por WikiLeaks revelan con lujo de detalles lo que ocurrió en la época en que Henry Kissinger fue Secretario de Estado. Estos documentos abarcan un lapso que va desde 1973 hasta 1976, por lo que cubren la mayor parte del tiempo en que Rodríguez estuvo al mando del gobierno.

La Junta Militar que asumió en enero de 1976 estaba conformada por las cabezas de cada una de las tres ramas de las Fuerzas Armadas: el almirante Alfredo Poveda Burbano, por la Armada; el general Guillermo Durán Arcentales, por el Ejército; y el general Luis Leoro Franco, por la Fuerza Aérea del Ecuador (FAE). Ellos asumieron la Función Ejecutiva de Ecuador el 11 de enero de 1976, por lo que las filtraciones comprenden tan solo un corto período de lo que fue su administración. Pero al analizar el contenido es fácil notar cuál era la influencia que buscaba obtener Washington con los nuevos gobernantes. La Embajada de los Estados Unidos estuvo al tanto de cada uno de los movimientos para cambiar a Rodríguez y merced a ello consideró a todos los nuevos cabecillas como “pronorteamericanos”.

En los primeros días de enero de aquel año, la Embajada de los Estados Unidos en Quito informó al Departamento de Estado en Washington sobre un ambiente alborotado y tenso al interior del gobierno ecuatoriano. La información decía lo siguiente: “Informes recibidos por la Misión sostienen que los tres jefes de las ramas de las fuerzas armadas al parecer coincidieron ayer en que el presidente Rodríguez debe ser removido de su cargo, pero no estaban de acuerdo en una fórmula para su sucesor. Los rumores son que los jefes no han podido ponerse de acuerdo sobre qué persona debe sustituir al presidente”, informó el embajador Robert Brewster el 9 de enero, apenas dos días antes de que produjera el cambio de gobierno.

El diplomático añadió que los rumores sobre el cambio de mando eran un secreto a voces y que no constituía sorpresa alguna, sobre todo en Quito, y que las discusiones se centraban únicamente en quién debía ser el sucesor de Rodríguez Lara. Al siguiente día el representante estadounidense realizó una descripción del escenario en Ecuador y por primera vez mencionó abiertamente la existencia de una “crisis política” muy seria. No se equivocaba, pues al día siguiente se produciría el relevo definitivo de Rodríguez Lara.

“Los reportes de que el Comando Conjunto y los oficiales militares de alto rango de las Fuerzas Armadas han decidido remover a Rodríguez como presidente parecen válidos, a pesar de anuncios oficiales de que no habrá cambio de gobierno. Informes de las personas allegadas a los actores principales dicen que una Junta reemplazaría al gobernante, pero su composición es objeto de controversia”.

El 11 de enero de 1976, la Embajada de los Estados Unidos emitió un nuevo informe notificando el cambio de mando y efectuó una descripción pormenorizada de los hechos que terminaron con la salida de Rodríguez Lara del poder. Los vaticinios se produjeron al pie de la letra y con mucha precisión.

Relación con los medios de comunicación, libertad de prensa y postura de los Estados Unidos[editar]

Durante la década de los 70, y como parte de su accionar habitual, la representación diplomática de los Estados Unidos en Ecuador ejercía una discreta vigilancia sobre los medios de comunicación nacionales, especialmente en lo que respecta a los diarios y a los canales de televisión. Cuando había alguna noticia molesta o que pudiera afectar a sus intereses, la legación enviaba de inmediato la transcripción completa de los editoriales a Washington, para que tomaran nota acerca de qué pensaban o cómo se movía la opinión pública ecuatoriana ante determinados conflictos que iban surgiendo. Es lo que se reveló en la más reciente publicación de WikiLeaks que abarca 1.7 millones de cables diplomáticos estadounidenses escritos en todo el mundo desde 1973 hasta 1976. En el relato también aparecen las diferentes opiniones del embajador Robert Brewster sobre periódicos y canales. En aquella época el país era gobernado por una dictadura militar: primero por Guillermo Rodríguez Lara y luego por el triunvirato encabezado por Alfredo Poveda. Los medios más influyentes eran los periódicos y los todavía relativamente nacientes canales de televisión. La radio tenía su presencia bastante extendida a lo largo y ancho del territorio nacional, pero no era, al parecer, muy monitoreada o vigilada por la Embajada. Los estadounidenses examinaban las noticias y columnas de El Universo, Expreso, El Comercio, El Telégrafo y El Tiempo. Cuando descubrían una noticia que les parecía relevante o digna de ser reportada la traducían sin demora al inglés y la despachaban al Departamento de Estado. Cuando ocurría un hecho importante o que alteraba la rutina del país, hacían lo propio con los editoriales. Hay un cable (código 1974QUITO02601_b) que revela el parecer que tenía la Embajada con respecto a los periódicos.

El 18 de abril de 1974, los norteamericanos reportaron un incidente de mediana relevancia. Días antes, el canal 2 de Guayaquil (Ecuavisa) informó sobre una serie de movimientos al interior de las Fuerzas Armadas para sacar del poder a Guillermo Rodríguez Lara. Eso ocasionó una reacción iracunda y violenta del Gobierno, que sin pensarlo dos veces despachó a un contingente de militares a clausurar la emisora por “esparcir rumores noticiosos” que el mando militar consideró falsos. El Telégrafo reportó en aquella época el hecho. “Quito fue tomado por rumores de que el presidente Rodríguez había renunciado o había sido destituido de su cargo. Los rumores provinieron de una emisora de televisión de Guayaquil, ocasionando negaciones del Gobierno recogidas por todos los medios de comunicación. La estación de televisión fue cerrada, presumiblemente de manera temporal, por difundir información falsa”, reporta la Embajada. Al final de ese mismo cable, Brewster emite sus opiniones personales. “El presidente Rodríguez parece seguro, como nunca, en su posición, y durante los días pasados ha sido particularmente activo en visitar varias áreas afectadas por la sequía. Hay, asimismo, evidencias de que el 15 de abril la reunión de gabinete era completamente de rutina y en todo caso no es probable que disputas intramuros de los militares se hayan transmitido, en una reunión a la que también asistieron civiles. El daño más grave al Gobierno de este incidente puede resultar de su propio tratamiento insensible y torpe con los medios de comunicación que -sin duda para los estándares locales– han sido constantemente discretos, respetuosos y comprensivos al gobierno actual”, señala el embajador de los Estados Unidos de Norteamérica en sus conclusiones.

Informes del embajador de los Estados Unidos a Washington[editar]

En su conclusión, el representante norteamericano le reporta a Washington que los medios, en general, tienen un tratamiento favorable con la dictadura. El embajador teme que el cierre de Ecuavisa pueda resentir a todos los canales. Otro dato interesante aparece en un cable del 10 de febrero de 1975 (código 1975QUITO00989_b). “Durante el fin de semana pasado, tres periódicos ideológicamente diferentes publicaron editoriales que por la relativamente no polémica discusión sobre las 200 millas y la disputa pesquera, creemos que han sido inspirados por la política de alto nivel del gobierno ecuatoriano. Su tono coincide mucho con los esfuerzos específicos del Gobierno de que las incautaciones a barcos pesqueros no están relacionados con las sanciones por la Ley de Comercio”. El cable hace un resumen de los editoriales de El Comercio, El Tiempo y Expreso. “Los puntos principales son tres, y los tres editoriales los recalcan de una u otra manera. (A) Ecuador ha abrazado la tesis de 200 millas para proteger un recurso nacional, una actitud considerada justa y amparada por el derecho internacional, sin intención de apadrinar esta tesis. (B) Un número creciente de países comparten esta posición, más recientemente, Estados Unidos, cuyo Senado, en su última sesión aprobó el acuerdo camaronero con Brasil de las 200 millas. (C) Fuertes lazos comerciales y culturales entre Ecuador y los Estados Unidos son realidades de vida dictadas por la geografía y la economía, y cuanto más pronto se resuelva el conflicto pesquero con el permiso que hagan los pescadores de Estados Unidos a Ecuador, más pronto podremos volver a tener una relación normalmente productiva, que ha caracterizado a los dos países”. En ese entonces la “guerra del atún” era uno de los ejes de la relación con Estados Unidos, país que no reconocía las 200 millas de mar territorial ecuatoriano y permitía a sus barcos pesqueros explotar los recursos en esa zona.

Otro incidente con los medios lo reporta la embajada el 3 de enero de 1976 (cable 1976QUITO00052_b). La dictadura había ordenado al canal 4 de Quito (Teleamazonas) sacar del aire un programa periodístico que le resultaba incómodo. Se trataba del espacio 23 horas, conducido por el periodista Diego Oquendo Silva. La represalia se tomó porque el periodista tuvo el atrevimiento de analizar el intento de golpe de Estado denunciado por el Gobierno y que sucedió en septiembre de 1975. La dictadura había prohibido a los medios en forma terminante referirse al tema, en lo que se puede interpretar como un intento abierto de censurar a la prensa. Oquendo hizo caso omiso en un resumen de fin de año, por lo que fue encarcelado, lo cual solo puede interpretarse como una medida muy propia de una dictadura. La embajada realizó el siguiente análisis: “Canal 4 de televisión y El Tiempo son propiedad del industrial ecuatoriano Antonio Granda Centeno, quien es poderoso y rico, representa el ala derecha del espectro político y ha estado en la oposición al gobierno de Rodríguez Lara. El Tiempo y Canal 4 han sido los principales canales de la oposición civil y su cobertura de noticias, a menudo, se ha exagerado y han sido dirigidas a socavar al gobierno de Rodríguez Lara. La Misión ha recibido informes, en al menos dos ocasiones anteriores, con respecto a advertencias del Gobierno a Granda sobre El Tiempo y Canal 4. Otros medios de comunicación han mencionado el intento de golpe desde la prohibición, pero ninguno tan extensamente ni crítico contra el Gobierno. Parece que el 1 de enero la paciencia del Gobierno llegó a su fin”. Eso ocurrió en enero de 1976; al mes siguiente Rodríguez Lara fue derrocado por mandos militares descontentos encabezados por Alfredo Poveda, quien fuera su ministro de Gobierno y comandante de la Marina. Poveda Burbano encabezó el triunvirato militar, junto con Guillermo Durán Arcentales y Luis Leoro Franco. Estuvieron en el poder hasta 1979, cuando el país retornó a la democracia con la elección de Jaime Roldós Aguilera.

Actividad posterior a la salida de la presidencia[editar]

Al dejar el gobierno, el general Guillermo Rodríguez Lara abandonó completamente la vida pública y política, pasando a estar la mayor parte del tiempo en sus propiedades rurales en la provincia de Cotopaxi, dedicándose a una vida muy tranquila, a la ganadería, al cultivo de palma africana, obtención de palmitos, etcétera. Su propiedad está ubicada en el sector de Tigua Centro, a unos 40 kilómetros de distancia de Pujilí. A partir del momento en que cesó en el cargo no ha vuelto a figurar en política y sus incursiones públicas han sido casi nulas, breves o de muy bajo perfil. Desde que fue defenestrado, Rodríguez Lara apenas ha tenido contacto con el periodismo y tampoco ha dado mucho que hablar sobre él. Bien podría decirse que su figura desapareció del mundo noticioso y de la prensa. Jamás ha dado señales de pretender revertir esta situación y su vida privada sigue siendo muy discreta o poco conocida.

Wikileaks[editar]

Estados Unidos sacaba provecho de las inmensas falencias que tenía Ecuador, durante la década del 70, para incrementar su influencia política, económica, social y militar sobre el país. Es lo que se ha sabido gracias a los miles de cables diplomáticos dados a conocer por WikiLeaks. Los sucesos mencionados ocurrieron mientras era secretario de Estado Henry Kissinger. Se trata de por lo menos unos 5.000 documentos. Éstos fueron emitidos o elaborados en las sedes diplomáticas norteamericanas que funcionan en Quito y Guayaquil. A lo anterior hay que agregar las respuestas que se remitían desde Washington. Eran cables o documentos que de alguna manera afectaron el funcionamiento del gobierno de Rodríguez Lara, pues los norteamericanos se inmiscuyeron en todas las áreas posibles, desde el equipamiento de las instituciones armadas hasta la hospitalización de los personeros del régimen. Ni siquiera la provisión de gases lacrimógenos para la policía se salvó de estos procedimientos. Existen evidencias de que el Departamento de Estado agilizó en su momento una compra de ese material, gestión que fue realizada por el subsecretario de Gobierno, Carlos Estarellas. Otro caso bastante emblemático es el de un exembajador en los Estados Unidos, Alberto Quevedo, quien al renunciar y antes de su regreso a Ecuador pidió ayuda al mismo Departamento de Estado para matricular a sus cuatro hijos en el Colegio Americano de Guayaquil. Todo esto salió a la luz pública por medio de Wikileaks.

Dependencia de los Estados Unidos[editar]

Por rara y atípica que resulte la noticia, sobre todo tratándose de un gobierno que públicamente se autodenominaba "revolucionario" y "nacionalista", y que además alegaba tener ciertos tintes progresistas o inclinados hacia la izquierda, la dependencia de los Estados Unidos se volvió cada vez más notoria y estrecha [[cita requerida]]. El gobierno ecuatoriano consideraba todos los bienes importados de los Estados Unidos como la mejor elección para sus necesidades materiales, razón por la cual su opción única o prioritaria era siempre lo que producía la industria norteamericana. Cuando el Cuerpo de Ingenieros del Ejército requería maquinaria o equipos también acudía invariablemente a los personeros de la Embajada en busca de asesoría o de consejos. El embajador Robert Brewster reportaba a Washington los detalles de esos requerimientos y terminó aclarando que éstos podían convertirse en “una muy buena oportunidad para hacer negocios”. Se llegó al extremo de que incluso las hospitalizaciones o cirugías más complejas que requerían ciertos personeros del gobierno o sus familiares se hacían en los Estados Unidos.

Esos negocios de los que hablaba el embajador norteamericano eran, nada más ni nada menos, que vender productos producidos o diseñados en los Estados Unidos al Ecuador. El Ecuador era incapaz de dar un paso importante sin la colaboración o la asesoría directa de los Estados Unidos o sus representantes. A pesar de eso, las compras de material bélico en su mayoría no fueron de procedencia estadounidense. Más bien pasó exactamente lo contrario en ese campo. La Armada mandó a construir algunas unidades en Alemania, específicamente tres lanchas misileras y dos submarinos convencionales, y un buque escuela a vela en España. El ejército adquirió un lote de blindados franceses de la marca Panhard y aviones de transporte y paracaidismo Aravá, de procedencia israelita.

No obstante la dependencia y la colaboración de las que ya se ha hablado extensamente, el gobierno de Rodríguez Lara nunca fue del gusto de las autoridades estadounidenses. Éstas lo veían con una mezcla de recelo y desconfianza, pero accedieron a colaborar con él en razón de ser conveniente para los intereses de los Estados Unidos. Los norteamericanos habrían preferido un gobierno más afín a sus propios intereses y con menos posibilidades de generar un conflicto o polemizar con sus políticas.

Declaraciones a la prensa del general Rodríguez Lara[editar]

De sí mismo, Rodríguez Lara declaró lo siguiente a la prensa:

"Los bienes que poseo", expresó en una entrevista concedida al historiador Eduardo Muñoz Borrero, "y que se encuentran detallados en mis declaraciones hechas ante la Nación y el notario público, tanto al inicio de mi Gobierno como al final de mi gestión, los adquirí con mi esfuerzo personal y con el de mi esposa".

Evaluaciones realizadas por otras personas sobre Rodríguez Lara[editar]

Rodríguez Lara se caracterizó por su sentido común, su habilidad política, su sólida cultura militar, una buena cultura humanística y un talante más bien sencillo. Jorge Salvador Lara, historiador y escritor ya fallecido, expresó la siguiente opinión de él:

"Supo explotar en su favor ciertos rasgos de pintoresca bonhomía y el hecho de ser uno de los pocos militares diestros en la improvisación oratoria no sin cierto dejo curial".

El ex presidente Osvaldo Hurtado*, político y escritor ecuatoriano, quien gobernó Ecuador entre 1981 y 1984, al evaluar el gobierno de Rodríguez Lara y de las Fuerzas Armadas escribió lo siguiente:

"Probablemente el error que cometió el Gobierno militar fue presentarse como nacionalista y revolucionario. Su discurso reformista llevó a sectores políticos y de la opinión pública a medir los resultados de su administración no en función del desarrollo y del progreso alcanzado por el país, sino de las transformaciones económicas y sociales ofrecidas por los militares, reiteradas por el general Rodríguez en su diaria retórica y que no se produjeron, en parte por la inexistencia de una política social o porque no se llevaron adelante ciertas propuestas contenidas en el Plan de Gobierno. Cierto es que los sectores medios y populares mejoraron sus condiciones económicas, pero también es muy real que se produjo una notable concentración de la riqueza en los grupos sociales altos".

Véase también[editar]

Referencias[editar]


Predecesor:
José María Velasco Ibarra
Presidente de Ecuador
1972 a 1976
Sucesor:
Consejo Supremo de Gobierno