Guerrero jaguar

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Guerrero jaguar mexica.

El guerrero jaguar azteca, llamado ocēlōpilli en la lengua náhualt, era el miembro del ejército azteca que servía en el mismo como soldado profesional dentro de sus fuerzas especiales. Una de sus particularidades reside en que todos los guerreros jaguar pertenecían a la clase baja, los mācēhualtin, a diferencia de lo que ocurría con sus compañeros, los guerreros águila, que pertenecían a la nobleza.

Durante las campañas militares, los guerreros jaguar eran enviados al frente de batalla. Para conseguir este estatus, los guerreros aztecas debían ser capaces de apresar a doce enemigos con vida en dos campañas, es decir, debían capturar a seis en una y seis en la otra., quienes eran guerreros profesionales[1]​que pertenecían a la clase baja, los mācēhualtin. Estos soldados eran las "fuerzas especiales" del estado mexica, distinguiéndose de los guerreros águila (cuāuhpilli), que sólo podían proceder de la nobleza. Estos dos tótems se solían usar debido a la creencia que las águilas y jaguares representaban respectivamente la luz y la oscuridad en la mitología azteca.

En muchas de las obras que nos legó la civilización azteca (códices, estatuas, imágenes) quedaron representados estos guerreros.[2]

El motivo de su vestimenta fue debido a la creencia de que el jaguar representa a Tezcatlipoca, dios del cielo nocturno. Los aztecas también llevaban esta vestimenta en la guerra porque creían que las fuerzas del animal se les darían durante las batallas.

Equipados con una armadura ligera, Macuahuitl y daga (tanto los caballeros jaguar como los caballeros águila eran diestros en el manejo de todas las armas además de dominar a la perfección el combate cuerpo a cuerpo) su mayor y más temido poder radicaba en su velocidad para atacar y valentía en batalla; cuentan los relatos obtenidos en el libro "Guerras de Mesoamérica"[3]​ que un caballero jaguar llegaba a enfrentar a 3 guerreros al mismo tiempo, fueron muy temidos en batalla y en muchas ocasiones fueron decisivos al definir conflictos sin pelear ya que por su simple presencia desmotivaba al enemigo a pelear.[4]

A pesar de su relevancia histórica, poco se le ha retratado en la cultura popular mexicana. Un par de ejemplos son lo hecho por Sofía Guadarrama Collado y JD Abrego. La primera narra un combate entre uno de ellos y Nezahualcóyotl en su obra "El despertar del coyote", y el segundo relata una batalla sostenida durante la Noche Triste que encara a un conquistador español y un aguerrido defensor de México-Tenochtitlan en el relato "La noche en que el león conoció al jaguar". [1].

Véase también[editar]

Referencias[editar]