Guerra antisubmarina

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Oficiales en el puente de un destructor en labores de escolta de convoy vigilando la posible aparición de submarinos enemigos durante la batalla del Atlántico, octubre de 1941.

La guerra antisubmarina, abreviada como ASW (siglas de anti-submarine warfare; guerra antisubmarina en inglés), es una rama de la guerra naval en la que se usan buques de guerra, aeronaves u otros submarinos para rastrear, encontrar y dañar o destruir submarinos enemigos.

Como muchas formas de guerra, el éxito de la guerra antisubmarina depende de una mezcla de tecnología de sensores y armas, entrenamiento, experiencia y suerte. Un elemento clave de la ASW es el equipamiento de sonar sofisticado para una primera detección, localización y rastreo del submarino objetivo. Para destruir los submarinos se usan torpedos y minas, lanzados desde plataformas aéreas, de superficie y submarinas. En el pasado eran usados otros medios de destrucción pero ahora están obsoletos. La guerra antisubmarina también concierne la protección de barcos amigos.

Historia[editar]

Los primeros ataques a un buque por otro sumergible se cree que fueron durante la guerra de Independencia de 1776, utilizando lo que ahora se llamaría mina y entonces se le llamaba torpedo, a pesar de los diversos intentos de construcción de submarinos que se habían hecho antes. El primer torpedo propulsado se inventó en 1863 e instalado en embarcaciones de superficie. El primer submarino con un torpedo fue el II Nordenfeld construido en 1886, aunque se había propuesto anteriormente. En la guerra ruso-japonesa de 1904-5 el submarino fue una importante amenaza. En el inicio de la Primera Guerra Mundial había cerca de 300 submarinos en servicio. Los buques fueron construidos con una banda de blindaje adicional como protección contra torpedos.

Guerra civil de los Estados Unidos[editar]

En agosto de 1863 el Hunley zarpó de Charleston para atacar al USS Housatonic, un barco de 1200 toneladas y 12 cañones que patrullaba a cinco millas de costa. Un torpedo hundió al USS Housatonic pero el Hunley, se cree que a causa de la propia explosión del torpedo, se hundió llevándose al fondo a toda su tripulación. Al Hunley le cabe el honor de ser el primer submarino que efectuó un ataque en inmersión y también el perdido en combate.[1]

Primera Guerra Mundial[editar]

Durante la Primera Guerra Mundial los submarinos fueron una amenaza importante, aunque ninguna potencia tenía claro al principio cómo utilizarlos, ya que se trataba de un arma muy novedosa. Operaron en el mar Báltico, mar del Norte, mar Negro y el Mediterráneo, así como en el Atlántico Norte. Anteriormente se habían limitado a aguas relativamente tranquilas y protegidas. Los buques utilizados para luchar contra ellos eran una serie de pequeños buques de superficie rápidos. Como contramedida a los submarinos los destructores inicialmente sólo contaban con su velocidad y armamento para atacar antes de que se sumergieran, empleando artillería o abordandolos. Los destructores eran un blanco difícil para los torpedos por su escaso calado y maniobrabilidad. La necesidad de atacar a los submarinos en inmersión hizo que en poco tiempo los destructores vieran reforzadas sus proas para los abordajes y su equipamiento incorporara cargas de profundidad e hidrófonos. La amenaza submarina significó que gran parte de las unidades ligeras aliadas (destructores, torpederos, contratorpederos, avisos, mercantes armados, etc) acabaron pasando la mayor parte del tiempo en misiones de patrulla antisubmarina y escolta. Los destructores británicos de la clase W eran considerados al final de la guerra como lo más avanzado de la época en buque antisubmarino, incorporando todos los avances y lecciones de cuatro años de guerra.[2]

Destructor

Atlántico[editar]

En los primeros meses el uso alemán del submarino se limitó al ataque contra otros buques de guerra, sin embargo la política de bloqueo del Gobierno británico forzó a la flota alemana a emplear sus submarinos contra los barcos mercantes. Alemania declaró zona bélica las aguas alrededor de las islas británicas y declaró la guerra submarina sin restricciones en esa zona.

Dirigible británico escoltando un convoy

La lucha antisubmarina se basó principalmente en la necesidad que tenían los submarinos de navegar en superficie para recargar las baterías o recorrer distancias largas. La primera medida para proteger a los buques de guerra fueron redes metálicas colgadas de los costados de los buques de guerra, como defensa contra torpedos. Las redes también se colocaron a la entrada de las bases navales impedir el paso de submarinos enemigos. Los buques de guerra británicos fueron equipados con un espolón para atacar submarinos. En septiembre de 1914 la Royal Navy se dio cuenta del peligro de los submarinos cuando el U-9 hundió tres cruceros que navegaban confiados en que el mal tiempo impedía navegar a los submarinos alemanes. La consecuencia fue que la Royal Navy añadir ordenó a sus barcos navegar en zigzag, acompañados por destructores y con la orden de no rescatar a los náufragos de barcos torpedeados, de eso se encargarían los destructores o los patrulleros.

HMS Rocksand, pintado con el esquema de pintura creado por artista Norman Wilkinson. Se creía que este patrón de pintura confundiría a los submarinos a la hora de determinar la dirección de un barco, dificultando por tanto apuntar los torpedos.[3]

En julio de 1915 los británicos establecieron el Consejo de la Invención y la Investigación para evaluar las sugerencias del público, así como llevar a cabo sus propias investigaciones en lucha antisubmarina. Se recibieron unas 14 000 sugerencias sobre la lucha contra submarinos y comunicaciones. En diciembre de 1916 la Royal Navy crea su propia División antisubmarinos (de donde vino el término "Asdics"), pero las relaciones con el BIR eran prácticamente inexistentes. Después de 1917 el avance en guerra antisubmarina más relevante lo realizó el ASD. Los aparatos ASDIC emitían una serie de pulsos y recogían el eco producido por el buque sumergido. El tiempo transcurrido entre emisión y recepción permitía calcular la distancia al submarino.

En EE. UU. un Consejo Consultivo de la Marina fue creado en 1915 para evaluar ideas. Tras la entrada de los Estados Unidos en la guerra en 1917, animó a avanzar en la detección de submarinos. El US National Research Council, una organización civil, reunió a expertos británicos y franceses en el sonido bajo el agua a una reunión con sus homólogos estadounidenses en junio de 1917. En octubre de 1918 hubo una reunión en París el "Sonics", un término utilizado para la eco-van, pero la técnica estaba aún en investigación al final de la guerra.[4]

Para luchar contra los submarinos se tomaron varias medidas:

  • La protección mediante escoltas era el arma antisubmarina más afectiva, y así se pasó a emplear los destructores en la protección del tráfico. También la organización de mercantes en convoyes protegidos por buques escolta fue muy efectiva.
  • Una de las medidas de la Royal Navy fueron los buques Q (Q por su base, Queenstown). Navegaban en las áreas en las que se habían reportado submarinos y camuflados aparentando ser un blanco fácil, de tal manera que inducían al submarino a atacar con su cañón de cubierta. Una vez que el submarino emergía y se colocaba en posición de ataque, el buque Q comenzaba a disparar.
  • Los aliados recurrieron a los campos de minas para luchar contra los submarinos y embotellarlos. En el paso de Calais se creó la barrera de Dover, la finalidad que se buscaba era obligar a los submarinos a navegar sumergidos. Los barcos aliados patrullaban la barrera para hundir a aquellos submarinos que salieran a la superficie. Los aliados comenzaron en marzo de 1918 a instancias de EE.UU. a crear la Barrera del Mar del Norte, que todavía no estaba del todo terminada al final de la guerra. Se colocaron 70.000 minas para crear una barrera antisubmarina de 370 kilometros de longitud entre Escocia y Noruega. Aunque hundió algunos submarinos no fue demasiado eficaz.
  • Otra medida fue el empleo de dirigibles para realizar patrullas antisubmarinas. Enseguida se les unieron bombarderos adaptados y posteriormente aeroplanos desarrollados específicamente, normalmente grandes hidroaviones como el Short 184 o el Felixstowe F.2.[5]

Tras meses de impulsar la construcción de nuevos submarinos, Alemania inició una campaña de guerra total en febrero de 1917.[6]​ Si en todo el año 1916 los alemanes habían hundido cerca de 200 000 toneladas, la cifra ascendió a 875 000 toneladas en abril de 1917, por lo que el Estado Mayor alemán creía que manteniendo ese ritmo Gran Bretaña pediría la paz en el plazo de cinco meses. El Almirantazgo británico, a pesar del éxito que habían demostrado los convoyes de tropas, se negó a instaurar convoyes de barcos mercantes hasta que impulsado por las perdidas decidió en abril de 1917 probar el sistema de convoyes con uno que salió hacia Gibraltar. El sistema de convoyes permitió asignar a buques de guerra como protección de escolta y además si un submarino encontraba un convoy debía revelar su presencia, lo que permitía al resto de los mercantes huir mientras la escolta se ocupaba del submarino. Consciente de las necesidades para hacer frente a los submarinos EE.UU. nada más entrar en la guerra en la primavera de 1917 dejó de lado su programa naval para centrarse en construir buques mercantes y destructores. La principal petición de ayuda de la Royal Navy a EE.UU. fue que aportasen destructores para la escolta de los convoyes, la principal carencia naval aliada en aquellos momentos. Así el 25% de los escoltas de convoyes acabaron siendo aportados por la US Navy.[7]

Cazasubmarinos SC-405 de la US Navy patrullando frente al Puerto de Brest en 1918.

En julio de 1917 los Aliados normalizaron el sistema de convoyes desde Norteamérica, y en agosto extendieron el procedimiento al resto de rutas. Al principio el sistema de convoyes solo se aplicaba a los trayectos de ida al Reino Unido. En el viaje de regreso navegaban aislados, sufriendo importantes pérdidas. Desde septiembre de 1917, y a medida que se dispuso de más escoltas y más experiencia en organizar convoyes, el sistema de protección se implantó para los dos sentidos. El perfeccionamiento de las tácticas antisubmarinas, especialmente a base de barreras de minas en el mar del Norte y del paso de Calais y la masiva distribución de cargas de profundidad, también ayudaron a superar la crisis de la navegación mercante aliada. A partir de septiembre de 1917 los hundimientos bajaron y se situaron alrededor de las 300 000 toneladas mensuales. Los convoyes mercantes protegidos por escoltas lograrían reducir las perdidas entre los barcos que entraban en la zona declarada de guerra por Alemania alrededor de Gran Bretaña de 25% en 1917 a un 1% al final de la guerra. [8][9]

Los aliados se volcaron en ganar la partida a los submarinos alemanes, dedicandose todos los barcos disponibles a la escolta de convoyes. En 1918 al éxito de la navegación en convoy se le unieron las nuevas técnicas antisubmarinas, como las cargas antisubmarinas de profundidad o los hidrófonos, que daban la posibilidad de detectar a los submarinos. Estas medidas no solo disminuyeron los barcos hundidos sino que también hicieron aumentar el hundimiento de submarinos.[10]​ Con el tiempo los aliados lograron perfeccionar el empleo de los hidrófonos y de cargas de profundidad.

El Mediterráneo, aunque lejos de las batallas principales, era muy importante. Los convoyes franceses lo cruzaban transportando tropas desde Túnez y Argelia a Europa. Los barcos de guerra ingleses y franceses por tanto bloquearon al inicio d ela guerra el Adriático para evitar la salida de la flota austro-húngara. El Mediterráneo oriental posibilitaba además atacar a Turquía, el aliado más débil de las potencias centrales.

Cuadro del hundimiento de un transporte de tropas aliado en el Mediterráneo

Alemania envió submarinos al Mediterráneo tras la entrada de Italia en la guerra, los objetivos eran reforzar a los submarinos austriacos y atacar al tráfico mercante aliado. De este modo se creó la Flotilla Submarina de Pola. La llegada de submarinos alemanes al Mediterráneo hizo que durante el año 1916 hundieran 415 barcos mercantes aliados, ya que al no haber prácticamente buques norteamericanos no se aplicaban las restricciones de ataque del Atlántico. A la vista de estos excelentes resultados se enviaron otros cuatro submarinos adicionales a Cattaro a finales de 1916. La flotilla se componía de 30 submarinos, aunque solo la mitad estaban normalmente disponibles para patrullar, y el área preferida de operaciones era el Mediterráneo occidental. El capitán Lothar von Arnauld de la Perière y su submarino el U-35 eran parte de la flotilla y ostentan el mayor número de buques hundidos por un submarino en la historia naval.[11]

La coordinación entre las armadas aliadas en el Mediterráneo fue extremadamente difícil. Las diferencias en las estructuras de mando y las barreras lingüísticas contribuyeron a una carencia de cohesión en la fuerza naval aliada en la zona, lo que facilitó el éxito de los submarinos en la zona. Las potencias aliadas basaban también su táctica antisubmarina en el Mediterráneo en la búsqueda y destrucción de submarinos a la salida de sus bases de Pola y Cattaro o mediante el empleo en las rutas comerciales de escoltas y buques Q. Inicialmente los aliados solo pudieron recurrir a patrullas antisubmarinas compuestas por buques de superficie, especialmente torpederos, que trataban de sorprender a los submarinos en superficie. A mediados de 1915, los aliados solo contaban en el Mediterráneo con 52 arrastreros y 12 torpederos, cuando las necesidades eran de 250 y 140 respectivamente, dadas las pérdidas y zona a cubrir.[12]

Los aliados establecieron en 1916 una barrera de bloqueo en el estrecho Otranto. Para luchar contra los submarinos los aliados montaron a finales de 1915 la Barrera de Otranto, con más de 120 gabarras usadas para desplegar una red antisubmarinos. Además, se contaba con 30 lanchas equipadas con cargas de profundidad, con la intención de detener a los submarinos que operaban desde Cattaro, a estos se unía el apoyo de aviones y destructores. La barrera falló estrepitosamente contra los submarinos, en 1916 solamente consiguió hundir el austriaco U-6 y el alemán U-44.[13]

Los aliados incrementaron el número de barcos dedicados a patrulla antisubmarina en el Mediterráneo. Japón, a partir de abril de 1917, envió al Mediterráneo 14 destructores que resultaron muy eficaces en patrullas y en acciones de lucha antisubmarina. En mayo de 1917 llegó el refuerzo de destructores americanos, lo que ayudó instaurar el sistema de convoyes en el Mediterráneo, aunque peor protegidos que los del Atlántio. Para luchar contra los submarinos también se realizó el minado de extensas zonas de aguas costeras, o en zonas de paso como Mesina y Gibraltar, y se aumentaron las patrullas antisubmarinas, al contar con más buques de superficie equipados con cargas de profundidad e hidrófonos. La flotilla submarina basada en Cattaro perdió ocho submarinos de enero a mayo de 1918. En Mediterráneo, cuando un submarino atacaba un convoy era después más facilmente perseguido por sus escoltas durante horas mediante seguimiento con hidrófonos. Cuando finalmente acababa saliendo de noche a la superficie, para recargar sus baterías, las escoltas acechaban en la zona.[14]

El 21 de octubre de 1918 la Marina alemana, ordenó la finalización de las patrullas en el Mediterráneo y los submarinos recibieron órdenes de volver a sus bases en Alemania.[15]

Báltico[editar]

La Royal Navy envió en 1914 cuatro submarinos de la clase E a Rusia, a través de los estrechos daneses. Cuatro submarinos más pequeños de clase C navegaron hasta Arcángel, desde donde fueron transportados hasta el golfo de Finlandia a través del sistema de canales y ríos. Los submarinos atacaron desde su base en Tallin a los barcos mercantes alemanes, que cargaban mineral procedente de la neutral Suecia.

Las patrullas conjuntas de submarinos rusos y británicos interrumpieron la ruta con Suecia tras hundir varios mercantes en unas pocas semanas. Alemania instauró un sistema de convoyes en el Báltico para luchar contra los submarinos.[16][17]

Entreguerras[editar]

Francia[editar]

Francia estaba durante la Primera Guerra Mundial a la vanguardia de las investigaciones en sonar activo, destacando las aportaciones de los físicos franceses Paul Langevin y Constantin Chilowski. Tras la guerra Francia no dedicó ya tantos esfuerzos, aunque siguió investigando y creó varios modelos de aparatos SS (Sondeur Spécial). Aunque estos equipos empezaron a instalarse en algunos destructores a partir de 1929 fueron finalmente un fracaso y en 1939 la Marine Nationale francesa acabó adquiriendo a Inglaterra aparatos Asdic. Debido a sus experiencia en la Primera Guerra Mundial Francia había previsto instalar equipos de sonar activo y pasivo en escoltas y cruceros, dejando espacio para la instalación de estos equipos. El Asdic Tipo 128 fue renombrado Alpha en Francia, y debía instalarse en avisos, torpederos y contratorpederos. La caída de Francia dejó el plan a medias. Después de 1940 Vichy continuaría la instalación de aparatos Alpha e incluso fabricaría algunos Alpha 2, copias locales del Asdic Tipo 128.[18][19]

Estados Unidos[editar]

Segunda Guerra Mundial[editar]

Atlántico[editar]

La Royal Navy carecía en 1939 del entrenamiento, equipamiento y medios necesarios para dar caza y hundir submarinos. Una vez que los aliados coordinaron sus esfuerzos, no sólo lograron brindar apoyo casi total a sus rutas de transporte, sino que pudieron dejar el papel defensivo de los convoyes y tomar el papel ofensivo de los escuadrones «cazasubmarinos». El desarrollo de nuevas tecnologías y nuevas tácticas en ambos bandos inclinaron la balanza de un lado al otro, pero al final, Alemania no pudo hacer frente a las potencias tecnológicas. Las armas más avanzadas de los aliados, como por ejemplo el radar y el sonar de larga distancia, consiguieron derrotar a los submarinos.[20]

Por el lado alemán, el porcentaje de bajas final fue alarmante: de los 1170 U-Boot alemanes que participaron en la Segunda Guerra Mundial, 785 fueron hundidos por los Aliados, sin contar los que se hundieron en accidentes, fueron capturados o desaparecieron. La llegada tardía de los submarinos del tipo XXI, no pudo subsanar lo que seis años de guerra no habían podido hacer.[21]

La lucha en el Atlántico pasó por tres momentos:

  • Desde el comienzo de la guerra hasta la entrada de EE. UU. El combate se libró entre Alemania y el Reino Unido.
  • Desde la entrada de EE. UU. hasta mayo de 1943 los submarinos alemanes tuvieron la iniciativa.
  • Desde mayo de 1943 quedó patente la superioridad aliada. En enero de 1943 en la Conferencia de Casablanca la guerra antisubmarina fue asignada como la prioridad de las fuerzas navales y aéreas.
Convoyes y escoltas antisubmarinos[editar]
Dibujo representando lanzamiento de cargas de profundidad

Los puntos débiles de los submarinos alemanes de la época estaban en su baja velocidad, insuficiente autonomía en inmersión y horizonte visual limitado. Por ello se sabía que los mercantes agrupados en convoyes constituían un blanco más dificil de localizar que los buques aislados. Aunque un convoy fuera localizado, los submarinos quedaban bajo el radio de ataque de los buques de escolta, ahorrando tiempo y energía en la búsqueda al realizarse en la ruta del convoy y no en todo el mar. El Almirantazgo británico había fijado en la Primera Guerra Mundial que un convoy no debía superar las 40 unidades por la dificultad de coordinarlos. Se consideraba que los escoltas necesarios normalmente eran tres por convoy, más uno por cada diez buques adicionales (por tanto siete para uno de 40, pero nueve para uno de 60 y trece para uno de 100) puesto que el perímetro circular aumenta proporcionalmente menos que el área ocupada por los buques del convoy. Las lecciones de la Primera Guerra Mundial indicaban que los escoltas equipados con sonar (ASDIC, siglas empleadas por el Gobierno británico) podían ubicar los submarinos sumergidos y localizarlos visualmente en la superficie. Los submarinos alemanes cambiaron por ello sus tácticas, aprovechando que en la superficie eran más rápidos que los barcos escolta mantenían el contacto con los convoyes durante el día y atacaban en superficie en las noches oscuras y en inmersión en las noches de luna. Más tarde se organizaron en grupos; cuando uno de ellos localizaba un convoy avisaba los demás y esperaba a los otros de la manada para atacar. A pesar de las perdidas la situación durante los primeros meses favorecía a los británicos.[22]

Con el colapso de Francia y Noruega en la primavera de 1940 los submarinos alemanes dispusieron de nuevas bases que les daban acceso directo al Atlántico, aumentando el tiempo de patrulla y caza. Las pérdidas aliadas se dispararon hasta cifras insostenibles, mientras que las pérdidas de submarinos alemanes eran soportables.[23]​ Debido a las bajas en acción de destructores, aparecieron nuevos tipos de buques antisubmarinos llamados corbetas, balandras y fragatas por la Royal Navy y destructores de escolta por la Armada de los Estados Unidos.

Avión Wellington antisubmarino de la RAF

En 1941 se introdujeron cambios para acabar con la ventaja alemana. Para contrarrestar la táctica de manada de lobos, los británicos incrementaron el número de escoltas mediante la construcción masiva de corbetas y aumentaron los escuadrones de aviones antisubmarinos. Los británicos empezaron también a recibir ayuda externa, primero de Canadá, que comenzó a escoltar los buques mercantes en la mitad occidental de la travesía del Atlántico, luego de Estados Unidos, que empezó por prestar 50 destructores al Reino Unido a cambio de bases en el océano Pacífico. Debido a que Canadá escoltaba a los convoyes en la parte occidental del Atlántico, y Reino Unido lo hacía desde la parte oriental, los U-Boot tuvieron que atacar en el centro del océano, donde los convoyes estaban más desprotegidos.[24][25]

Fragata HMS Swale(K217), uno de los 151 buques de la clase River construidos entre 1941 y 1944 para servir en el Atlántico en escolta de convoyes

Solo con la guerra perdida el alto mando alemán decidió hacer cambio tecnológicos significativos en su flota de submarinos. Nuevos diseños de modernos submarinos se encargaron, pero ya era demasiado tarde y solo un puñado llegaron a ser utilizados.[26][27]

Tácticas antisubmarinas[editar]
Mortero antisubmarino «erizo» instalado en la proa del destructor HMS Westcott

Las tácticas antisubmarinas se basaban en el empleo de la técnología más avanzada existente entonces. Las prestaciones del Asdic fueron sobrevaloradas por los británicos en el periodo de entreguerras, además los submarinos alemanes atacaban de noche y en superficie, confiando también en sus reducidas dimensiones. Durante la guerra los barcos de escolta creaban una pantalla Asdic, un sonar activo, en torno a cada convoy. Cada navío dirigía sus transmisiones Asdic sobre un sector dado, incrementando así la posibilidad de detectar submarinos dentro del alcance efectivo de 2 kilómetros del dispositivo.[28][29][30]

El Asdic tenía limitaciones ya que había partes del mar en las que no se transmitían de forma igual las ondas de sonido y en las cuales podía esconderse un submarino para no ser detectado. Durante la Segunda Guerra Mundial no se terminaba de entender por qué existían franjas del mar a través de las que no pasaba el sonido. Además burlar el Asdic era relativamente sencillo de eludir para un capitán de submarino experimentado. Le bastaba con detenerse y navegar en silencio para pasar desapercibido. En la fase final del ataque debido a la existencia de una “zona de silencio”, los ecos procedentes del submarino dejan de recibirse y es por ello que el lanzamiento de cargas se realiza con arreglo a los datos obtenidos. Para finales de 1942 los alemanes ya habían aprendido a aprovechar las deficiencias del Asdic a corta distancia y a escapar de las cargas de profundidad.

Los morteros antisubmarinos, llamados «erizos», fueron la respuesta a la necesidad de un arma capaz de ser disparada mientras el Asdic controlaba la posición del submarino. Mientras el buque sigue la trayectoria del submarino va lanzando sucesivamente proyectiles por delante de su proa, con elevadas posibilidades de hundirlo, pues el mero contacto de uno solo de ellos asegura la total destrucción del submarino.

Otra táctica de evasión de un submarino alemán al ser detectado por Asdic era trazar un círculo de unos 500 metros de diámetro, para cambiar de dirección, aprovechando su mayor maniobrabilidad frente al destructor enemigo, que tendría que realizar un giro dos o tres veces más grande que el del submarino para poder continuar la caza. Eso daba tiempo al submarino a alejarse lo suficiente y cambiar de rumbo para evadirse.

En la Royal Navy destacó el capitán Walker, que creó nuevas tácticas antisubmarinas que se transmitieron a los jefes de escolta. Walker desarrolló el denominado «ataque envolvente», en el que un escolta a velocidad lenta con el Asdic realizaba un ataque normal mientras que otros dos se situaban con sus Asdic apagados, a ambos lados del haz. Los tres lanzaban entonces un ataque de cargas que atrapaban al submarino por sorpresa. Cuando las condiciones Asdic eran malas y era probable que un submarino escapase del contacto, Walker adoptó el llamado «ataque móvil». Un escolta mantenía contacto Asdic a una distancia de unos 900 metros con el objetivo sin intentar acercarse. Al mismo tiempo dirigía a otro navío a lo largo de la marcación del submarino hasta que navegaba justo delante de su rumbo. El comandante del navío lanzaría entonces 26 cargas por pares a intervalos de nueve segundos. El submarino, consciente sólo del Asdic distante de su rastreador a popa, se dirigía en línea recta a la alfombra descendente de cargas de profundidad. Si el submarino tomaba un rumbo en zigzag evasivo se asignarían tres navíos, guiados desde popa por el rastreador, para crear una «barrera móvil».

Una de las variantes más exitosa de estas tácticas era mantener dos escoltas como elementos de localización del submarino con ayuda del Asdic y un tercero siguiendo las instrucciones de esos dos atacando con cargas y erizo. Si la situación lo requería los escoltas que detectaban al submarino participaban también en el ataque cubriendo así la mayor superficie de ataque y aumentando las posibilidades de acabar con el submarino.

Las señales de radio de los submarinos interceptadas indicaban, incluso sin ser descifradas, con la dirección de procedencia, qué convoy estaba amenazado y qué refuerzos eran necesarios. Un importante adelanto fue la instalación en buques escolta de un radiogoniómetro de alta frecuencia (HF/DF o «Huff Duff», High-Frecuency Direction Finder) que permitía averiguar si una transmisión procedente de un submarino representaba una amenaza real inmediata por su proximidad o posición. En caso afirmativo, un escolta se dirigía hacia el submarino para hundirlo o al menos obligarlo a sumergirse y perder el contacto.

La verdadera revolución en las tácticas antisubmarinas fue el radar. La combinación de sonar con el radar y los sistemas de radioescucha y localización, hicieron que por mucho que un submarino intentase esconderse no fuera posible y su localización fuera cuestión de tiempo, si se sumergía el sonar indicaba su posición y si permanecía en la superficie era el radar. También tuvo un importante papel la British Code & Cipher School basada en Bletchley Park, que logró descifrar los códigos encriptados alemanes.

Aviones antisubmarinos[editar]
El submarino U-848 siendo atacado por un PB4Y-1 del escuadrón VB-107 de la US Navy. Foto tomada en la segunda pasada del avión.

Los británicos sabían de la importancia del avión en la lucha antisubmarina y crearon el RAF Coastal Command al principio de la guerra, pero les faltaba todavía el entrenamiento y las armas para poder luchar efectivamente contra los submarinos.[31]

El Almirantazgo también tenía claro desde antes de la guerra el rol que los portaviones podían jugar en la guerra antisubmarina. Pero el almirantazgo al inicio de la guerra todavía no tenía clara ni establecida una estrategia antisubmarina. Tras las presiones de Winston Churchill se decidió desplegar los portaviones de flota Ark Royal y Courageos como parte de grupos antisubmarinos hunter-killer para descubrir y destruir submarinos alemanes en aguas británicas, un experimento táctico para el que faltaba experiencia. El HMS Ark Royal patrullaba la zona de las Orcadas y el HMS Courageous los accesos del noroeste, acompañado cada uno por destructores. El Ark Royal fue atacado por el U-39 aunque los torpedos fallaron. El hundimiento del U-39 por los escoltas del Ark Royal creó una sensación de seguridad en táctica antisubmarina en los británicos. Tres días más tarde el HMS Courageous fue hundido por el submarino alemán U-29. El submarino aprovechó un momento de descuido de los inexpertos escoltas y cuando el portaviones maniobraba para hacer despegar sus aviones.[32]

La US Navy adoptó el concepto británico de portaviones de escolta y así EE. UU. fabricó 122 portaaviones de escolta durante toda la guerra. El que fueran lentos no era problema puesto que su propósito era escoltar convoyes y proveer aviones a las fuerzas de ataque reservando asi los grandes portaviones.[33]​ Estos portaaviones de escolta eran económicos y fáciles de construir, pronto EE. UU. y Gran Bretaña empezaron a tener en servicio en el Atlántico un número considerable.[34]​ Cuando hubo suficiente número de portaaviones de escolta estos se unieron a los grupos Hunter-Killer, creando task forces que con su grupo aéreo de aviones antisubmarinos operaban coordinadamente con los destructores.[35]

Aviones de patrulla antisubmarina B-24 Liberator GR Mk. III pertenecientes al 120 Squadron de la RAF, basado en Irlanda del Norte. Los Mark III estaban equipados con un radar ASV Mark II. El tercer avión es un GR Mark V, del 86 Squadron, equipado con radar cetimetrico.

Además, los aliados contaron cada vez con más aviones antisubmarinos basados en tierra. Durante la batalla del Atlántico la RAF se equipó con el mayor número posible de aviones susceptibles de ser empleado en patrulla marítima: Lockheed Hudson, Bristol Beaufort, PBY Catalina, Consolidated B-24, Boeing B-17 y muchos otros. Los aviones fueron equipados con radares, cañones, bombas, cargas de profundidad e incluso minas. Los escuadrones de Catalinas, Liberators y Sunderlands de largo alcance salían cada día a patrullar las zonas donde se creía estaban los submarinos. Al ser zona de paso obligada el golfo de Vizcaya y la línea Shetland-Faroe-Islandia se convirtieron en una verdadera trampa para los submarinos alemanes, que sufrían fuertes ataques de la Aviación aliada que constantemente patrullaba la zona. Una vez que Portugal accedió a prestar las Azores como base a aviones de largo alcance todo el Atlántico quedaba cubierto por aviones de parulla basados en tierra, dificultando a los submarinos alemanes su trabajo. Los avances tecnológicos también se fueron incorporando en los aviones de patrulla antisubmarina, a partir de 1943 un Sunderland ya estaba equipado con radar, sistema HF-DF, foco de búsqueda Leigh Light y torpedos FIDO, todo esto le convertía en un sistema de armas antisubmarino todo tiempo frente al cual los submarinos alemanes no tenían defensas.[36][37][38]

Pacífico[editar]

Basándose en el ejemplo de los submarinos alemanes desde el comienzo de las operaciones contra el Japón, EE. UU. realizó una campaña antisubmarina contra los mercantes que no operaban en convoyes sino de manera aislada y sin protección.[39]​ La flota mercante japonesa sufrió la pérdida de 8,1 millones de toneladas durante la guerra, con los submarinos causando el 60 % de estas pérdidas. Casi la mitad de la marina mercante japonesa había sido hundida al final de la guerra, incluyendo dos terceras partes de sus petroleros. Adicionalmente los submarinos hundieron 700 000 toneladas en buques de guerra (30 % del total). De un total de 288 submarinos desplegados durante la guerra, se perdieron 48 en el Pacífico, con una tasa de fallecimientos entre los submarinistas de un 22 %.[40]

A pesar de su poder la capacidad antisubmarina de la flota japonesa era deficiente, algo sorprendente siendo Japón un país con escasos recursos naturales y una necesidad imperiosa de mantener abiertas las comunicaciones marítimas. La flota mercante no viajaba en convoyes y cuando los japoneses corrigieron el error pagaron un alto precio por la falta de coordinación y entrenamiento previos.[41]​ Las fuertes pérdidas de destructores en la campaña de Guadalcanal y las Salomón centrales también dificultó asignar barcos a las tareas de escolta. La consecuencia final fue el asombroso y catastrófico fracaso de la armada japonesa a la hora de proteger a su marina mercante de los submarinos enemigos.

La Marina Japonesa no prestó atención debida a la guerra antisubmarina hasta muy avanzada la guerra. Al inicio de la guerra no había unidades asignadas específicamente a la guerra antisubmarina y los destructores fueron destinados a operaciones con la Flota Combinada. No fue hasta abril de 1942 cuando se crearon las dos primeras unidades de escolta antisubmarina. También en este año la Marina Imperial empezó a crear unidades aéreas especializadas en patrulla antisubmarina. Solo en la etapa final de la guerra se construyeron una serie extensa de destructores de escolta, complementados por corbetas y patrulleros en la escolta de los convoyes desde el sudeste asiático hasta Japón.[42][43]​ Así Japón diseñó por ejemplo los destructores de escolta de la clase Matsu, pudiéndose construir un buque cada seis meses mientras que para un destructor de escuadra se necesitaban casi 18 meses. También, aunque tarde, se empezaron a operar aviones especializados en reconocimiento aéreo y caza de submarinos.[44]

Mediterráneo[editar]

Submarino alemán 'U-617', embarrancado en el cabo Tres Forcas (cerca de Melilla) tras ser atacado por aviones Wellington del 179 Sqdn. de la RAF en septiembre de 1943.[45][46]​ El submarino fue posteriormente atacado por aviones Hudson y Swordfish y finalmente destruido por los cañones de el HMS Hyacinth y el HMAS Wollongong.

El Mediterráneo no era el mar ideal para los submarinos debido a la trasparencia de sus aguas así como la poca profundidad en las posibles zonas de operaciones y rutas marítimas. A pesar de ello los submarinos italianos tuvieron algún éxito en ataques a convoyes, aunque nunca pudieron aprovechar la presencia de grandes convoyes como los que abastecían a Malta. La intervención de submarinos alemanes empezó a finales de 1941, aunque con menoz éxitos de los esperado y se decidió reenviarlos de nuevo al Atlántico.[47]

La Royal Navy empleó sus submarinos contra los convoyes italianos, creando grandes perdidas entre 1941 y 1942 en buques mercantes y escoltas. Los submarinos británicos con base en Malta y Alejandría atacaron los convoyes entre Italia y Libia, insuficientemente protegidos y con escoltas antisubmarinas sin los quipos de detección y armamento adecuados. Italia empleó cazatorpederos, torpederos, corbetas y submarinos en su lucha antisubmarina para proteger la ruta al Norte de África, sufriendo graves perdidas. Para cubrir sus perdidas los italianos necesitaban gran número de nuevos escoltas que pudieran ser construidos de forma rápida y barata, y que además de submarinos pudieran hacer frente a cruceros y destructores de la Royal Navy. Los torpederos clase Orsa fueron los primeros buques italianos en llevar un sonar activo.[48]

Báltico[editar]

Por parte soviética los submarinos eran modernos, pero las tripulaciones carecían de entrenamiento y de la profesionalidad de los comandantes que había sido arrasada por las purgas. Ambas partes hicieron un uso extensico y efectivo de los campos de minas. Por ejemplo, en 1942 los alemanes instalaron una barrera de 6000 minas entre las islas de Gogland y Bolshói Tiuters cerrando el golfo de Finlandia e impidiendo el acceso de ningún buque o submarino soviético en el mar Báltico desde Leningrado. Después del inicio de las guerra con la Unión Soviética los alemanes obtuvieron resultados limitados, debido a que la flota soviética había sido eliminada u obligada a abandonar el Báltico. Los submarinos soviéticos de vez en cuando evadían los campos minados y las flotillas antisubmarinas alemanas, pero lograron un impacto mínimo, menos de uno por ciento del total de la flota mercante enemiga. Los submarinos de la Flota del Norte fueron los más exitosos, ya que apoyaron la defensa de los alrededores de Murmansk.[49]

Guerra Fría[editar]

Un Lockheed P-3B Orion participa en 1970 en una demostración de guerra ASW junto al destructor USS Buck y un helicóptero Sikorsky SH-3A Sea King.
Task Group ALFA de la US Navy en ejercicio antisubmarinos en el Atlántico, 1958. Este grupo antisubmarino se compone del portaaviones USS Valley Forge(CVS-45), equipado con Grumman S-2 Trackers and y Sikorsky HSS-1 Seabat, y el Escuadrón 36 de destructores.

La Guerra Fría vio también la aparición de grandes plataformas antisubmarinas especializadas. La US Navy operó portaaviones antisubmarinos (portaaviones clase Essex, equipados con aviones y helicópteros ASW) y la URSS los cruceros clases Kiev y Moskva. Asimismo aparecieron en los años 1970 los cruceros portahelicópteros Vitorio Venetto y los clases Haruna y Shirane. A finales de los 1970, EE. UU. concibió el SCS (sea control ship/buque de control marítimo) y posteriormente el Vstol Support Ship como medios asequibles para dotarse con varias Task Force ASW en el Atlántico para escolta de convoyes y grupos anfibios, combinando aviones V/Stol con helicópteros ASW. Aunque ninguno de los dos proyectos vio la luz, sí nacieron de él los portaaviones Príncipe de Asturias y los italianos Garibaldi y Cavour. La Royal Navy a su vez creó la clase Invincible de portaaeronaves ASW.[50]

Hasta los años 1980 los medios de vigilancia espaciales, aéreos y navales de la OTAN permitían la detección, seguimiento y rastreo de los submarinos soviéticos desde sus bases navales a las zonas de patrulla. En 1985 un ejercicio soviético demostró que sus mejores submarinos eran capaces de superar las barreras antisubmarinas de la OTAN y desplegar una fuerza de combate en las costas de Norteamérica sin ser detectados. Con la llegada de la clase de submarinos Akula la OTAN dejó de disfrutar de la ventaja en submarinos silenciosos que ostentaba desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Hasta entonces los submarinos estadounidenses y británicos, combinados con otros sensores, eran capaces de localizar y rastrear submarinos soviéticos, lo cual hacia vulnerables a los submarinos balísticos soviéticos. En 1978 el USS Batfish rastreó a un submarino soviético durante 50 días, desde el mar de Noruega hasta su zona de patrulla en el Atlántico Oriental. La aparición de los Akula, mucho más silenciosos y capaces, cambió el modo en que operaban los submarinos estadounidenses en el Ártico.[51][52][53]

Malvinas[editar]

Por parte británica se cree que hasta unos siete submarinos opararon durante la guerra en el Atlántico Sur, entre nucleares y convencionales. 23 de abril el HMS Splendid hizo contacto con el portaaviones ARA 25 de Mayo a pocas millas de Puerto Belgrano, pero recibió órdenes de no atacar y decidió romper el contacto. Unos días después el HMC Conqueror torpedea y hunde al ARA Belgrano, haciendo que el grupo naval del portaaviones ARA 25 de Mayo buscara la protección de aguas poco profundas, dejando así de amenazar a la flota británica.[54][55]

Corea[editar]

Corbetas clase Pohang. Una de ellas, ROKS Cheonan, fue hundida por un submarino norcoreano en 2010.

Corea del Norte cuenta una gran flota submarina, unos 80 submarinos y 40 minisubmarinos de ataque. A ello deben unirse los minisubmarinos empleados para inserción de Fuerzas Especiales. Todos ellos pueden armarse con minas y torpedos y en caso de guerra intentarían dificultar al máximo la llegada de refuerzos a Corea del Sur, minando los puertos y hundiendo barcos.[56]

En ocasiones Corea del Norte ha empleado sus submarinos. En 2010 se atribuyó el misterioso hundimiento de la corbeta surcoreana Cheonan a un torpedo norcoreano. Asimismo en septiembre de 1996 un minisubmarino encalló en la costa al intentar infiltrar tropas especiales para llevar a cabo espionaje en una base naval del Sur. Se cree que los minisubmarinos son empleados con cierta frecuencia para insertar espías en el Sur y para realizar inserciones de Fuerzas Especiales para entrenarlas.[57]​ Prueba de esto sería el incidente sucedido en junio de 1998 cuando un minisubmarino fue descubierto en aguas surcoreanasy sus tripulantes se suicidaron al no poder escapar.

En el otro lado 13 submarinos están en servicio en la Armada de Corea del Sur. Entre ellos dos unidades de la clase Dolgorae, un minisubmarino cuya misión secundaria es entrenar en la detección de minisubmarinos de Corea del Norte. Está previsto comprar minisubmarinos KSS-500A, más silenciosos y que podrán operar con pelotones de fuerzas de operaciones especiales para misiones de vigilancia e inserción en Corea del Norte.[58]

Tácticas[editar]

Desde la Guerra Fría se ha automatizado el seguimiento de submarinos, para lo que desde hace décadas se utilizan boyas sumergibles dotadas con sonar que son lanzadas desde el aire. Varios países ya han desarrollado pequeños submarinos no tripulados que se utilizan para detectar submarinos, rastrear la presencia de minas o dotar de seguridad a puertos estratégicos. La siguiente fase es conseguir drones cazasubmarinos capaces de moverse por el agua y por el aire.[59]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • Abbbatiello, John, ASW in World War I, 2005.
  • Blair, Clay, Silent Victory . Philadelphia: Lippincott, 1975.
  • Compton-Hall, Richard, Submarine Boats, the beginnings of underwater warfare, Windward, 1983.
  • Franklin, George, Britain's ASW Capability, 2003.
  • Lanning, Michael Lee, Senseless Secrets: The Failures of U.S. Military Intelligence from George Washington to the Present, Carol Publishing Group, 1995.
  • Llewellys-Jones, Malcolm, The RN and ASW (1917-49), 2007.
  • Parillo, Mark. Japanese Merchant Marine in World War II. Annapolis: U.S. Naval Institute Press, 1993.
  • Preston, Anthony, The World's Greatest Submarines, 2005.
  • Price, Alfred. Aircraft versus the Submarine. London: William Kimber, 1973.

Enlaces externos[editar]