Intervención estadounidense en México

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Guerra Mexico - Estados Unidos
Intervenciones estadounidenses
Battle of Veracruz.jpg
Batalla de Veracruz
Fecha 1846-1848
Lugar México
Resultado Tratado de Velasco, Tratado de Guadalupe Hidalgo y cesión mexicana
Beligerantes
Flag of Mexico (1823-1864, 1867-1893).svg

Estados Unidos Mexicanos
US flag 29 stars.svg

Estados Unidos de América
Comandantes
Antonio López de Santa Anna
Mariano Arista
Pedro Ampudia
José María Flores
James K. Polk
Zachary Taylor
Winfield Scott
Stephen Kearny
Fuerzas en combate
40 000 soldados y milicianos[1] 78 800 soldados[1]
Bajas
16.000 soldados y 4.000 civiles muertos[1] 1.773 muertos en combate y 13.271 soldados muertos por enfermedades[1]

La guerra Estados Unidos-México o "Intervención Estadounidense" fue un conflicto bélico que enfrentó a México y a los Estados Unidos entre 1846 y 1848. Este conflicto armado se inició por las pretensiones expansionistas de los Estados Unidos de América, cuyo primer paso fue la creación de la República de Texas sobre una parte del territorio de Coahuila, Tamaulipas, Chihuahua y Nuevo México. Este hecho, sumado a la entrada del ejército estadounidense a la zona comprendida entre los ríos Nueces y Bravo, más la demanda de indemnización al gobierno mexicano por los daños causados en Texas durante su guerra de independencia y los intereses estadounidenses en adquirir los territorios de Alta California y Nuevo México, provocaron la invasión del territorio mexicano por el ejército estadounidense.

Pérdida del territorio mexicano[editar]

La guerra se inició cuando el Presidente James Knox Polk quiso preservar el nuevo territorio adquirido (la República de Texas convertida en el Estado de Texas en 1845 cuando fue admitida como un nuevo Estado de la Unión) y envió al ejército estadounidense, el cual debía apostarse en la supuesta frontera con México. El presidente estadounidense dio órdenes a sus tropas de traspasar el río de las Nueces hasta llegar al río Bravo. Texas, cuando consiguió la independencia como República, pretendió fijar su nueva frontera en el río Bravo en vez del río Nueces (su frontera administrativa con el estado mexicano de Tamaulipas) mediante el Tratado de Velasco, que había firmado el prisionero General Antonio López de Santa Anna y que no fue reconocido por México.

Al internarse las tropas estadounidenses en el territorio en disputa entre México y Texas, fueron atacadas y así dio inicio la guerra. La invasión comenzó en varios frentes: en el territorio de la Alta California operaba, aún antes de la declaración de guerra, un grupo de filibusteros estadounidenses y la marina de Estados Unidos en el Océano Pacífico, una facción del ejército de los Estados Unidos se lanzó hacia el territorio de Nuevo México mientras otra, con refuerzos del norte, avanzó hacia el sur por Tamaulipas y Nuevo León hasta que fue detenida; posteriormente el contingente más importante y mejor reforzado desembarcó en el Puerto de Veracruz y avanzó hasta la capital de México.

Los territorios de Nuevo México, Alta California, Baja California y los estados de Coahuila, Veracruz, Puebla y el Estado de México fueron ocupados. A los puertos marítimos de otros estados se les aplicó un bloqueo naval. El ejército mexicano estaba al mando del General Antonio López de Santa Anna hasta la ocupación de la capital de la República. Dando término a las acciones bélicas se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo, donde México reconocía la independencia de la República de Texas, fijaba la frontera de ese estado en el río Bravo y cedía los territorios de la Alta California y Nuevo México a Estados Unidos. Como compensación, los Estados Unidos pagarían $15 millones por el territorio mexicano perdido durante la guerra.[2]

Antecedentes[editar]

Cartel con la Declaración del Pueblo de Texas en 1835.
Organización territorial de México durante la República Central. Delineados en rojo, los territorios separatistas.

La Invasión Estadounidense tiene sus antecedentes en las políticas expansionistas de Estados Unidos que desde 1809 se venían observando: la compra de la Louisiana en 1803 y la firma del Tratado Adams-Onís de 1819 con el que España cedió la península de la Florida, son algunos ejemplos.

Cuando México logró su independencia, Estados Unidos envió a Joel Robert Poinsett como representante para firmar un tratado de límites llamado Tratado de Velasco, en el cual Estados Unidos intentaba infructuosamente anexarse la provincia mexicana de Texas. Posteriormente se inicia un proceso de ocupación pacífica en la que miles de emigrantes norteamericanos, agricultores y aventureros, se van estableciendo con o sin permiso de las autoridades mexicanas en esa región; desde 1823, con el permiso del gobierno mexicano, Stephen Austin comenzó a llevar emigrantes anglosajones a Texas. El 25 de agosto de 1829 Poinsett ofreció cinco millones de dólares por el territorio de Texas.[3]

Ya desde 1809 se habían observado pretensiones expansionistas por parte de los Estados Unidos. El Virrey de la Nueva España (México aún no era independiente) de aquel entonces inicia negociaciones con el gobierno de Washington para precisar límites entre la frontera norte novohispana y Estados Unidos. De esta manera consideraba que se frenarían los ímpetus de este país. Las gestiones del ya frágil gobierno virreinal español (que en plena guerra de la independencia española contra Francia iba perdiendo el control sobre sus colonias en América) concluyen con la firma del Tratado Adams-Onís, por el que España cede Florida, ya ocupada por tropas estadounidenses; a cambio, los Estados Unidos se comprometen a no hacer más exigencias territoriales (Francia también les había vendido Luisiana en 1803). También el gobierno estadounidense había pedido a la corona española el entrar en territorio novohispano con muchas facilidades a cambio de ser leal a la corona española, profesar la religión católica y hacer producir las tierras, condiciones que obviamente los estadounidenses desconocieron.

En 1821 México consiguió su independencia de España. Los Estados Unidos deseaban que continuaran las facilidades para la posesión de tierras, que el gobierno mexicano permitió. En 1822, el gobierno estadounidense reconoce a México como nación independiente y envía a Joel Roberts Poinsett como representante para firmar un tratado de amistad y comercio. Se firma un tratado de límites, pero el gobierno de Estados Unidos intenta anexionar Texas en 1825 ofreciendo un millón de dólares por la compra del estado. La propuesta se elevó a cinco millones dos años después, pero en ambos casos fue rechazada por México.

Hacia 1834 muchos colonos estadounidenses se habían establecido en Texas, que formaba parte de México, con el permiso del gobierno mexicano; Moses Austin fue uno de los principales promotores de la llegada de inmigrantes anglosajones a Texas. Esta corriente fue alentada y apoyada también por Andrew Jackson, cuyo antiguo colaborador, Samuel Houston, jugó un papel importante en el desenlace de esta invasión pacífica.

A los mexicanos les parecía injusto que los colonos estadounidenses hubieran recibido tierras gratis en Texas con unas condiciones que ellos consideraban generosas mientras que a los colonos les resultaban injustas u onerosas, como la prohibición de tener esclavos que era ilegal en México, la obligación de convertirse al catolicismo, y además, acostumbrados a impuestos bajos y a una mayor libertad de comercio. Cuando se terminó el período de importación libre que les había concedido el gobierno mexicano, se negaron a pagar tributos y apoyaron el contrabando de productos mucho más baratos que traían naves estadounidenses a través del Golfo de México. La subida al poder de Antonio López de Santa Anna, que estableció un régimen centralista y represivo y pretendía el desarme obligatorio de los colonos, empeoró la situación más adelante.

Algunos prominentes generales como Manuel Mier y Terán, que era general comandante de los Estados Internos de Oriente, hicieron que el congreso de México en los tiempos en los que gobernaba Anastasio Bustamante aceptara una serie de propuestas, entre las que figuraban las siguientes:

  • Que Texas fuera habitada por españoles mexicanos.

Sin embargo, el proyecto nunca prosperó y las pocas medidas tomadas desaparecieron hacia 1832.

Texas declaró su independencia de México en 1836, habiendo un único mexicano, Lorenzo de Zavala, participante en ella, siendo todos los demás «texanos mexicanos rebeldes» (originarios de varios y diversos estados de Estados Unidos). Tras sufrir varias derrotas (la más conocida fue la batalla de El Álamo), los rebeldes vencieron finalmente a las tropas al mando de Santa Anna en la batalla de San Jacinto, capturando al presidente; este firmó en prisión el Tratado de Velasco, en el que reconocía la independencia del nuevo estado y la frontera del río Bravo. México desconoció la validez del Tratado, la independencia de Texas y el nuevo límite fronterizo (el límite entre los estados de Tamaulipas y Texas era el río Nueces). En los años siguientes se produjeron algunas incursiones militares de tropas mexicanas que llegaron a ocupar San Antonio, pero que acabaron replegándose en cada ocasión al sur del río Bravo.

En 1845 Texas ingresó como parte de los Estados Unidos con categoría de estado, y ese evento desencadenó los sucesos que habrían de conducir a la guerra. Ese mismo año crecieron las tensiones entre los dos países sobre estos territorios cuando el gobierno de EE.UU. ofreció pagar la deuda mexicana a los colonos estadounidenses si México permitía que EE.UU. le comprara los territorios de Alta California y Nuevo México, siendo rechazada la propuesta por el gobierno mexicano, rompiéndose las relaciones diplomáticas entre ambos países vecinos y se retiró de Washington el representante del gobierno mexicano, Juan Nepomuceno Almonte.

El envío de tropas por el presidente estadounidense James K. Polk al territorio disputado en la frontera texana, entre el río Bravo y el río Nueces, acabó desembocando en el primer enfrentamiento entre tropas de ambos países, que se produjo el 25 de abril de 1846 al norte del río Bravo, en el lugar llamado Rancho de Carricitos, cuando una patrulla estadounidense de 63 hombres, al mando del capitán Seth Thornton, que estaba en misión de exploración fue emboscada por fuerzas al mando del general Anastasio Torrejón.

Este enfrentamiento le dio a James Polk el motivo para pedir la declaración de guerra contra México, por lo que el Congreso de los Estados Unidos declaró la guerra a México el 13 de mayo de 1846, lo que le permitiría conservar Texas y apropiarse de los codiciados territorios de Alta California y Nuevo México como indemnización de guerra. Finalmente se terminaría el enfrentamiento armado y la invasión de casi todo el territorio mexicano con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo y la desocupación de la capital de México a partir del 2 de febrero de 1848.

Declaración de la guerra[editar]

Estados Unidos y México, los soldados. Reconstrucción

El gobierno estadounidense hizo caso omiso de la opinión mexicana de que el límite de la frontera sur de Texas era el río Nueces y ordenó al general Zachary Taylor establecer tropas entre los ríos Nueces y Bravo. Para México se trataba de una ocupación de territorio perteneciente a Nuevo Santander, territorio mexicano en esa época, que abarcaba lo que hoy es el Estado de Tamaulipas y el territorio al norte del río Bravo (río Grande) hasta el río de las Nueces. El general Pedro Ampudia envió al general Taylor una carta intimándole a que deshiciera su fuerte y se retirara hasta más allá del río Nueces. La carta fue ignorada, y las tropas estadounidenses avanzaron más al sur, hasta la desembocadura del río Bravo, donde comenzaron a construir el Fuerte Brown.

El primer choque armado se produjo el 24 de abril de 1846 en un lugar llamado Rancho Carricitos, que se encuentra en Texas, al norte del río Bravo y cerca del actual territorio mexicano de Tamaulipas, cuando una patrulla estadounidense de 63 hombres, al mando del capitán Seth Thornton, que estaba en misión de exploración fue emboscada por lanceros al mando del general Anastasio Torrejón.

Inmediatamente el presidente Polk solicitó al Congreso una declaración de guerra, iniciando su discurso con las famosas palabras: «Sangre estadounidense ha sido derramada en suelo estadounidense...» (El enfrentamiento se había producido en la zona de territorio que los EEUU reclamaba como propio). El congreso de los EEUU declaró la guerra el 13 de mayo de 1846. Los estadounidenses norteños y los whigs (republicanos) generalmente se opusieron a la guerra, mientras que los sureños esclavistas y los demócratas tendieron apoyarla. Por su parte, el general Taylor desató las hostilidades aun sin haber recibido la noticia de la declaración de guerra formal entre los dos países y así presentó batalla a los mexicanos al mando de Arista en Palo Alto y en la Resaca de la Palma o Resaca de Guerrero, el 8 y 9 de mayo.

México declaró la guerra diez días después, el 23 de mayo de 1846, enfrentando así una guerra para la que no estaba preparado ni económica, ni militarmente, teniendo un ejército que resultó no siempre equipado para el combate, y según el historiador Vicente Riva Palacio, en su obra México a través de los siglos, citado por Humberto Mussachio, «sus jefes, más preocupados por obtener empleos bien remunerados y otros privilegios, principalmente Santa Anna actuaron, 'con sus excepciones', impulsados por la cobardía y la traición».[4]

Batallas[editar]

Después de las declaraciones de guerra, las fuerzas estadounidenses invadieron territorio mexicano en diversos puntos. En el Pacífico, la fuerza naval al mando de John D. Sloat fue enviada para ocupar California y reclamarla para EE.UU. debido a preocupaciones de que Gran Bretaña también intentase ocupar el área. Sloat se alió con colonos anglosajones del norte de California quienes previamente habían declarado una República Independiente de California y habían ocupado varias ciudades clave.

El gobierno de Estados Unidos ordenó a su ejército atacar los siguientes puntos de México: Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila y otros puntos hacia el sur. También invadió Monterey (Alta California). Por otra parte, se bloquearon los puertos de Tampico, Frontera Carmen, Guaymas, Mazatlán y San Blas, entre otros.

El 7 de agosto de 1845, el comodoro estadounidense David Connor intentó sin éxito tomar el Puerto de Alvarado, Veracruz. El 15 de octubre de 1846 volvería a fracasar en el empeño (Batalla de Santa Teresa (1846)).

Mientras tanto, las tropas del ejército de EE.UU. (bajo el mando de Stephen W. Kearny) ocuparon Santa Fe (Nuevo México); posteriormente Kearny condujo una pequeña tropa a California, donde, después de algunos reveses iniciales, se unió con las fuerzas navales bajo el mando de Robert F. Stockton para ocupar San Diego y Los Ángeles.

La fuerza principal guiada por Taylor continuó a través del río Bravo hacia México, derrotando a las fuerzas de Pedro Ampudia en la batalla de Monterrey en septiembre de 1846, tras una fiera resistencia de los regiomontanos que resistieron durante varias semanas.

El 23 de octubre de 1846, las tropas estadounidenses a bordo de 7 buques al mando del comodoro Matthew C. Perry, tomaron el puerto de Frontera, Tabasco que se encontraba sin guarnición, y el 25 de octubre enfilaron sobre la capital del estado San Juan Bautista emplazando a las autoridades tabasqueñas a rendirse, solicitud que fue rechazada por el gobernador Juan Bautista Traconis, iniciando así la Primera Batalla de Tabasco, la que terminó el 26 por la tarde con una victoria de las fuerzas tabasqueñas, siendo esta una de las pocas batallas ganadas por México en esta guerra. Los estadounidenses se retiraron hacia el puerto de Frontera iniciando un bloqueo para impedir la entrada de víveres y bastimientos para las tropas tabasqueñas.

El gobernador Juan Bautista Traconis solicitó al gobierno mexicano apoyo con pertrechos de guerra, pero al no recibirlos, el 9 de noviembre declaró a Tabasco separado de la nación mexicana. Sin embargo el 8 de diciembre, se levantó en la capital del estado un acta rectificando la separación.

Al mismo tiempo el Estado de Yucatán se independizó por segunda vez y se produjo un levantamiento federalista en la ciudad de México, derrocándose el gobierno de Mariano Paredes y propiciándose el regreso de Santa Anna de su exilio cubano en diciembre de 1846, estableciéndose un nuevo gobierno con Valentín Gómez Farías como vicepresidente.

Santa Anna marchó personalmente hacia el norte para enfrentarse a Taylor en la Batalla de la Angostura, conocida en los EE.UU. como Batalla de Buena Vista el 22 y 23 de febrero de 1847. A pesar de ir ganando la batalla, al caer la noche Santa Anna interrumpió el combate declarándose vencedor y emprendió una inmediata retirada (muy discutida y criticada por la historiografía mexicana) que en la práctica equivalió a una derrota y que sorprendió al mismo Taylor. Lo no discutible es que la invasión fue detenida en este punto.

El arma básica del ejército mexicano durante la invasión estadounidense fue el mosquete de chispa con bayoneta Brown Bess modelo 1802 británico (arriba). Para la época de la guerra, los estadounidenses emplearon un fusil de percusión con mayor cadencia de disparo y precisión en el objetivo. En cambio, el Brown Bess tenía una cadencia de tres o cuatro disparos por minuto.

Santa Anna dejó a Gómez Farías como presidente interino del país con la encomienda de que hiciese acopio de recursos para afrontar la guerra. A tal efecto en enero de 1847 se emite una ley que autorizaba al gobierno federal a apropiarse de los bienes de la Iglesia por valor de 15 millones de pesos. Ante esta ley, el pueblo y el clero se levantaron en armas en la ciudad de México hasta el punto de que la muchedumbre enardecida impidió que Gómez Farías pudiera salir del Palacio Nacional. Frente a esta situación, Santa Anna se vio obligado a abandonar temporalmente las acciones. Ya en la ciudad de México, anuló el decreto a cambio de una aportación "voluntaria" del clero por 100 mil pesos.

Mientras tanto, en vez de reforzar las tropas de Taylor para un avance continuo, el presidente Polk abrió un segundo frente, mandando un ejército bajo el mando del general Winfield Scott en marzo de 1847 que se transportó por mar, con parte de las fuerzas de Taylor, al puerto de Veracruz, para iniciar la invasión del centro de México.

Scott ganó el puerto de Veracruz tras un cruento bombardeo donde murieron muchos civiles y marchó hacia la Ciudad de México con ayuda de la Mexican Spy Company («Compañía de espías mexicanos»), un grupo de mexicanos que apoyaron al lado estadounidense y actuaron como guías, ayudando a ganar la batalla de Cerro Gordo.

Segunda Batalla de Tabasco y toma de San Juan Bautista, capital de Tabasco en 1847.

En el otro frente, el 16 de junio de 1847, nuevamente las tropas estadounidenses al mando de Matthew C. Perry, atacaron la capital tabasqueña San Juan Bautista, desarrollándose la Segunda Batalla de Tabasco, pero en esta ocasión sin víveres ni bastimentos militares suficientes, la capital cayó en poder de los estadounidenses y el Comodoro Perry nombró al general Vant Brunt Gobernador de Tabasco.

Después de que Scott tomó Puebla sin encontrar resistencia se dieron las importantes batallas de Padierna, Churubusco y Molino del Rey; el castillo de Chapultepec cayó en una defensa en la que intervinieron los jóvenes cadetes de ese plantel militar muriendo varios de ellos, (los conocidos como Niños Héroes). Durante el asalto cayeron prisioneros los generales Mariano Monterde (Director del Colegio Militar de México) y Nicolás Bravo (antaño héroe de la independencia). Una gran cantidad de civiles se levantaron en armas contra los invasores en la Ciudad de México sin embargo sus esfuerzos fueron inútiles, al mismo tiempo que el gobierno central mexicano perdía el control del país.

La caída de Chapultepec tuvo dos consecuencias inmediatas: la ocupación por los estadounidenses de la ciudad de México y la nueva renuncia de Santa Anna a la presidencia de la nación.

Fin de la guerra[editar]

Negociaciones de la frontera México-Estados Unidos durante el Tratado de Guadalupe Hidalgo.

El Tratado de Cahuenga, firmado el 13 de enero de 1847 en Los Ángeles, finalizó las disputas en California. El nuevo gobierno encabezado por Manuel de la Peña y Peña inició las negociaciones de paz con los Estados Unidos que culminaron con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado en la villa homónima (hoy parte de la Ciudad de México) el 2 de febrero de 1848. El tratado fue redactado en su totalidad por Estados Unidos y otorgó a este país el control sobre Texas, el territorio en disputa entre México y Texas que comprendía toda la tierra al norte del Río Bravo y los territorios conocidos como Alta California y Santa Fe de Nuevo México, apropiándose de lo que hoy son los Estados de Arizona, California, Nevada, Utah, Nuevo México y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma (lo que se conoce como Cesión Mexicana). Para México significó la pérdida de más de más de 2.100.000 km² (más de 800.000 millas cuadradas) de tierra, el 55% de su territorio de entonces. A cambio, los Estados Unidos le darían 3 pagos y 15.000.000 de dólares como gastos de guerra y cubriría los daños sufridos por sus connacionales en México.

Los territorios anexados contenían aproximadamente 7.000 habitantes mexicanos en Alta California y cerca de 100.000 habitantes en Nuevo México, aunque esta cifra sólo incluye los de origen español. Muchas tribus indígenas hablaban español y no se contabilizaban en esos censos, por lo que es probable que la cantidad real de habitantes fuera mayor.

Combatientes[editar]

Ocupación estadounidense de la Ciudad de México.

Durante el curso de la guerra, murieron alrededor de 12.000 soldados estadounidenses pero sólo unos 1.700 en combate; los demás fallecieron por enfermedades y condiciones insalubres, cosa bastante habitual en las guerras de la época. Se estima que murieron 25.000 soldados mexicanos. De un 30 a 40% de las bajas mexicanas permanece de alguna manera en el misterio.

Un grupo notable de combatientes que es recordado de forma controvertida -como héroes en México, como traidores en EEUU- fueron los integrantes del Batallón de San Patricio, un grupo de inmigrantes católicos, (la mayoría de Irlanda) que abandonaron el ejército estadounidense desde los primeros encuentros bélicos y que se pasaron al lado mexicano. Hay quien les considera desertores; sin embargo, otras versiones históricas plantean que no lo fueron, sino que, en boca del historiador:

fueron leales a sí mismos, al sueño de ser libres que les había traído a América[5]

De acuerdo a la versión promexicana, el cambio de bando se produjo por simpatía hacia la causa mexicana, también por el recuerdo de la actuación inglesa en Irlanda, así como por el catolicismo compartido (dentro de la sociedad estadounidense, mayoritariamente protestante, los católicos estaban bajo sospecha). Muchos murieron en las sucesivas batallas de la guerra y los que fueron capturados fueron marcados como desertores y condenados a trabajos forzados si se habían alistado antes de la declaración de guerra y ahorcados si lo hicieron después de ella. Se dieron instrucciones para que lo último que vieran fuese cuando se arriara la bandera mexicana y se izara la bandera estadounidense en Chapultepec. Un gran número de estos combatientes que fueron apresados ya en las últimas batallas fueron conducidos al cadalso colectivo muy cerca de la actual Plaza de San Jacinto, un jardín ubicado en el barrio de San Ángel en la Ciudad de México, donde hoy se alza un monumento de tributo al batallón de irlandeses.

De acuerdo a datos del Departamento de Asuntos de Veteranos de Estados Unidos, el último sobreviviente estadounidense de este conflicto, Owen Thomas Edgar, murió el 3 de septiembre de 1929, a la edad de 98 años.

Implicaciones políticas de la guerra[editar]

México perdió el 55% de su territorio durante la guerra, cediéndolo a Estados Unidos. Santa Anna huyó exiliado a Venezuela.

En EE.UU., la victoria en la guerra trajo un surgimiento de patriotismo y con la adquisición de los territorios al oeste —en 1846, Estados Unidos había adquirido la parte sur de Oregón— parecía cumplirse con las creencias del «destino manifiesto».

Mientras que el filósofo y escritor Ralph Waldo Emerson rechazó la guerra como un «medio de obtener el destino de Estados Unidos», tuvo que aceptar que «la mayoría de los grandes resultados de la historia se han logrado por medios indignos». La guerra hizo de Zachary Taylor un héroe nacional, un partidario whig sureño, quien fue elegido como presidente en las elecciones de 1848.

Sin embargo, este período de euforia nacional no duraría mucho tiempo. La guerra había sido ampliamente respaldada en los estados sureños pero fue rechazada por los estados del norte. Esta división se desarrolló extensamente debido a las expectativas de cómo la expansión de Estados Unidos afectaría al tema de la esclavitud.

En ese tiempo, Texas reconoció la institución de la esclavitud, pero México no lo hizo (la esclavitud estaba prohibida en México desde la firma de la constitución federal de 1824). Muchos abolicionistas (antiesclavistas) norteños vieron la guerra como un intento de expandir la esclavitud y asegurar su influencia continua en el gobierno federal por parte de los dueños de esclavos. El escritor estadounidense Henry David Thoreau publicó su ensayo Desobediencia civil y rehusó a pagar impuestos para solventar la guerra debido a que la consideraba una guerra injusta y de intereses imperialistas.

Durante el primer año de la guerra, el congresista demócrata David Wilmot introdujo una ley que prohibía la esclavitud en cualquier territorio capturado de México. Esta ley, que se conoció como el Proviso (cláusula) Wilmot, causó una protesta inmediata de los sureños en ambos lados del congreso.

Para los sureños parecía que el norte estaba dispuesto a abandonar la paridad dentro del senado y la cláusula de Wilmot encendió la hostilidad entre las dos secciones. La ley por sí misma fue aprobada por la Casa de Representantes pero falló en el Senado, con ambos votos en las líneas seccionales.

En 1848 los demócratas (pro esclavistas) propusieron una nueva solución al tema de cuáles territorios podrían tener permiso de esclavitud, conocida como «soberanía popular». Esto permitía a los votantes dentro del territorio a determinar por ellos mismos si permitirían la esclavitud dentro de su territorio. El Acta de Kansas-Nebraska en 1854 hizo más popular la soberanía popular de las tierras, deshaciendo el Compromiso de Misuri. En protesta de estas acciones, el Partido Republicano se organizó ese año con oponentes de la expansión de la esclavitud.

Ulysses S. Grant, que sirvió en la guerra bajo el mando de Scott, consideraría más tarde que esta guerra fue una de las causas de la Guerra Civil Estadounidense: «La ocupación, separación y anexamiento [de Texas] fue... una conspiración para adquirir territorio del cual los estados esclavistas pudiesen formar una Unión Americana». El también dijo No creo que haya habido una guerra más injusta como la que Estados Unidos le hizo a México, era seguir el mal ejemplo de las monarquías europeas.[6] Muchos de los altos rangos de la guerra de Intervención pelearon en la posterior Guerra Civil, incluyendo a Grant, Ambrose Burnside, George McClellan, Stonewall Jackson y Robert E. Lee.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c d De re Militari: muertos en Guerras, Dictaduras y Genocidios
  2. «El Tratado de Guadalupe Hidalgo». 
  3. http://www.sedena.gob.mx/index.php/conoce-la-sedena/antecedentes-historicos/ejercito-mexicano/la-invasion-norteamericana
  4. Mussachio, Humberto (1989). Diccionario Enciclopédico de México. México; Andrés León Editor. ISBN 968-6290-37-0 (Tomo II, pág. 555). 
  5. Miguel Ángel Menéndez. «Homenaje al Heroico Batallón de San Patricio». Consultado el 19 de agosto de 2010. «Cita."...Y al ser obligados por el enganchador de colonos, Austin, a empuñar las armas; al ser forzados a formar un batallón, a marchar contra su propia conciencia, a disparar contra sus propios anhelos de ser libres, ellos comprendieron que su lugar no estaba allí. Al tomar el primer contacto las tropas invasoras que venían arrastrando al batallón de irlandeses, con las nuestras, en Matamoros, ellos pasaron a ocupar su sitio en nuestras trincheras. Varios de ellos fueron muertos al pasar. Pero los sobrevivientes siguieron con nosotros -Monterrey, Angos­tura, Cerro Gordo, Churubusco-, derrota tras derrota, esfuerzo tras esfuerzo, muerte tras muerte, hasta caer prisioneros combatiendo. Alzándose al pie del patíbulo en que el heroico Batallón de San Patricio fue asesinado en masa, la conciencia política de México, lava el oprobio con que el vencedor de una inicua y brutal guerra de conquista intentó infamar la gesta de los irlandeses que murieron por la patria.¡No fueron desertores!... Fueron leales a sí mismos, al sueño de ser libres que los trajo a América".».
  6. Ulysses S Grant Quotes on the Military Academy and the Mexican War

Referencias generales[editar]

Referencias bibliográficas[editar]

  • Ortega Blake, Arturo. Frontera de papel, tres hermanos en la Guerra México-Estados Unidos. México: Grijalbo, Random House Mondadori, 2004. ISBN 970-05-1734-9.
  • Bethell, Leslie y otros. América Latina independiente, 1820-1870. Barcelona: Cambridge University Press y Editorial Crítica, 1991.
  • Connel-Smith, Gordon. Los Estados Unidos y América Latina. México, D. F.: Fondo de Cultura Económica, 1974. Estudio de las relaciones entre Estados Unidos y el resto del continente americano.
  • Halperin Donghi, Tulio. Reforma y disolución de los imperios ibéricos, 1750–1850. Madrid: Alianza Editorial, 1985. Obra clara y fundamental, con una suficiente bibliografía.
  • Hernández Sánchez-Barba, Mario. Historia de América. Madrid: Editorial Alhambra, 1981. Obra de divulgación.
  • Martín Moreno, Francisco. "México Mutilado: México Editorial Santillana, 2004.
  • John S.D. Eisenhower. "So Far from God: The U.S. War with Mexico, 1846-1848". UNIVERSITY of OKLAHOMA PRESS Norman, 1989.

Enlaces externos[editar]