Guerra civil boliviana de 1898

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Guerra Federal
Anexo:Guerras de Bolivia
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Mapa de Bolivia actual. En 1825 Chuquisaca pasó a llamarse oficialmente Sucre.
Fecha 1898-1899
Lugar Altiplano de Bolivia
Resultado Victoria liberal
Consecuencias Instalación de la Junta Federal de Gobierno
Traslado de la sede de gobierno de Sucre a La Paz
Beligerantes
Flag of Bolivia (state).svg Gobierno conservador de Sucre Flag of Bolivia.svg Rebeldes liberales de La Paz
Comandantes
Severo Fernández Alonso José Manuel Pando
Pablo Zárate Willka
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La Guerra Federal (1898-1899)[1] fue el enfrentamiento entre los revolucionarios liberales paceños y el gobierno de los conservadores chuquisaqueños por el liderazgo de la República de Bolivia, y que acabó con la victoria de los primeros y el traslado de la sede de gobierno ejecutiva y legislativa de facto a La Paz.[2]

Antecedentes[editar]

Tras la derrota en el Alto de la Alianza (26 de mayo de 1880) Bolivia dejó de participar en la Guerra del Pacífico, y la población se dividió entre los "guerristas", partidarios de recobrar al menos parcialmente el litoral perdido para tener salida propia al mar, y "pacifistas", que deseaban acabar el conflicto y pactar con Chile. Los primeros tenían apoyo de militares y fuertes nexos comerciales con el sur de Perú, los segundos eran comerciantes y terratenientes con intereses mineros en el sur boliviano que poseían vínculos con la economía chilena.[3]

Los "guerristas" y "pacifistas" son los antecedentes inmediatos de los partidos liberales y conservadores respectivamente. Unos agrupados en torno a Eliodoro Camacho (quien derrocó a Hilarión Daza Groselle) y otros alrededor de Aniceto Arce, Gregorio Pacheco y Mariano Baptista (todos con intereses mineros).[4] El triunfo electoral de Pacheco en 1883 y la presión de los mineros del sur boliviano permitieron alcanzar el Tratado de Tregua con Chile un año después. El gobierno de Narciso Campero supo resistir la presión de Arce y Baptista, que deseaban un tratado de paz definitivo. El primero quería negociar la entrega de Tacna y Arica con Chile, el otro no se fiaba de los chilenos. Los liberales rechazaron el llamado del aún presidente Campero de ayudar a Perú.[5] La pérdida del litoral fue un duro golpe a la élite criolla que implicó una limitación al acceso al comercio internacional, algo los liberales usaron para ganar apoyo popular contra los conservadores partidarios del tratado.[6] Los conservadores mantuvieron el poder durante cuatro mandatos: Pacheco (1884-1888), Arce (1888-1892), Baptista (1892-1896) y Severo Fernández Alonso.

Retrato de José Manuel Pando.

Con el tiempo se dio un agrupamiento regional de ambas fuerzas: los liberales se hicieron fuerte en La Paz, Cochabamba y Oruro, mientras que los conservadores en las regiones mineras de Potosí y Sucre.[7] También hay otro social: los primeros (también llamados radicales) suelen ser comerciantes o industriales medios, funcionarios, profesores, abogados, periodistas y escritores; los conservadores son banqueres, aristócratas, grandes industriales y eclesiásticos influyentes.[8] Los abusos electorales de los conservadores y las campañas proselitistas de liberales entre las comunidades campesinas indígenas o ayllu, especialmente aimaras, duramente presionadas por la expansión de las haciendas (por una ley agraria de 1874) lentamente hizo crecer el apoyo popular de los radicales, prometiéndoles recuperar las tierras perdidas[9] (a pesar que muchos liberales estaban entre los beneficiados con las expropiaciones).[10]

Además, La Paz empezó a convertirse en la región hegemónica del país después que la economía aurífera entrara en crisis desde 1887 en favor de la explotación de estaño. Al carecer de la riqueza minera o agraria de otras provincias, la economía paceña estaba más diversificada y vinculada a Perú, volviéndose el principal aporte a las arcas fiscales y por lo tanto, con más deseos de controlarlas[11] (durante los gobiernos conservadores muchas construcciones públicas beneficiaron a Sucre).

Ley Radicatoria[editar]

El Palacio de Gobierno de Sucre, usado solamente entre 1896 y 1899; actual prefectura de Chuquisaca.

El presidente Fernández Alonso quería acabar con el problema de la capitalidad boliviana. Hasta 1880 la sede del poder ejecutivo se encontraba donde estaba el presidente de turno. De ahí que el Congreso se reuniera, entre 1825 y 1900, en 29 oportunidades en Sucre, 20 en La Paz, 7 en Oruro, 2 en Cochabamba y 1 en Tapacarí. Oficialmente, la capital de Bolivia era Sucre desde los tiempos de Antonio José de Sucre, manteniéndose durante el paso de los años por problemas de recursos para construir una nueva capital o por la influencia de su aristocracia. Desde los años 1880 los presidentes conservadores tendieron a asentarse en Sucre, convirtiéndola en capital de facto.[12]

El 31 de octubre de 1898 los diputados de Sucre propusieron instalar definitivamente la capital ejecutiva en Sucre, la Ley Radicatoria, pero sus contrapartes paceños propusieron que el Congreso debía trasladarse a Cochabamba (lugar neutral) pero el oficialismo lo rechazó.[13] Los liberales parecieron apoyar la capitalidad de Sucre, si la vetaban provocarían a los capitalinos, pero si se aprobaba podían convencer al pueblo y la guarnición de La Paz (a las órdenes del coronel José Manuel Pando) de alzarse. El 6 de noviembre hay un gran mitin en La Paz exigiéndose el federalismo y tralsadar el gobierno a su ciudad y el 14 se crea un Comité Federal presidido por el coronel Pando a la vez que sus diputados defienden en el Congreso su causa[14] (gobierno y autonomía económica para cada departamento). Tres días después se aprobaba la Ley Radicatoria, con Sucre como capital y sede del poder ejecutivo. El 19 era oficialmente promulgada.

En respuesta, el 12 de diciembre, con el pueblo paceño a su favor, se forma una Junta Federal de liberales y algunas autoridades que pasaron de bando (el prefecto y comandante general Serapio Reyes Ortiz y el ministro de instrucción Macario Pinilla).[13] Los liberales de Pando se aliaron con Pablo Zárate Willka, cacique del Altiplano.

Con el ingreso de Zárate al levantamiento tuvo lugar un hecho sin precedentes en la historia de Bolivia, pues se produjo al mismo tiempo que una revolución federal un levantamiento indígena, (...).[15]

Guerra civil[editar]

Retrato Severo Fernández Alonso.

Tras estos hechos, los diputados paceños se replegaron a su departamento por orden de la Junta Federal. El pueblo recibió a sus representantes con exaltados vítores y aclamaciones. El deseo de crear un estado federal pasaba a significar el derrocar a Fernández Alonso. Mientras en Sucre hubo manifestaciones públicas en apoyo al gobierno.

El presidente boliviano decidió marchar sobre La Paz con los tres escuadrones acantonados en la capital (Bolívar, Junín y Húsares). En Challapata se enteró que los rebeldes habían adquirido más de dos mil armas, por lo que la campaña sería muy difícil así que pidió el reclutamiento de voluntarios en la capital (14 de diciembre). Después decidió continuar hasta Oruro. Se formaron dos brigadas, la primera se componía del batallón 25 de Mayo y el escuadrón Sucre, formadas por jóvenes de clase alta con caballos y armas de su propiedad, y la segunda se componía del batallón Olañeta y el escuadrón Monteagudo, integrados por jóvenes de clases populares. Durante su marcha a reforzar al presidente los chuquisaqueños saquearon las poblaciones indígenas.

La primera brigada se encontró con Pando y una numerosa indiada en Cosmini, viéndose obligados a refugiarse en la parroquia de Ayo Ayo, donde fueron masacrados (24 de enero de 1899). La violencia de los indios fue explicada como respuesta a la represión conservadora.[16] Mientras en Potosí la población se mostraba abiertamente en contra de ayudar a los chuquisaqueños, en Santa Cruz y Tarija había clara neutralidad y en las comunidades indígenas de Cochabamba, Oruro, La Paz y Potosí hay levantamientos a favor de los liberales.[12]

El enfrentamiento decisivo se dio en el pueblo de Segundo Crucero de Paria, el 10 de abril, donde el presidente y el coronel rebelde se encontraron, venciendo el segundo tras cuatro horas de combate. Los perdedores se retiraron a Oruro, poco después Fernández Alonso se exiliaba en Chile mientras los soldados chuquisaqueños volvieron a su ciudad.

Consecuencias[editar]

Primero, la guerra había sido una expresión del conflicto entre el norte (La Paz) y el sur (Sucre),[17] y significó la muerte del sueño de Sucre de ser capital, esta se radicó de facto y definitivamente en La Paz.[18] Sin embargo, salvo ese cambio el triunfo liberal no tuvo mayores conseucencias sociales y tampoco se adoptó un modelo de estado federal.[2] Después de la guerra, indios y mestizos comprendieron que los liberales no podían (o no querían) devolverles sus tierras y empezaron a distanciarse de ellos. Ese proceso ya había comenzado durante la guerra, cuando muchas veces los indios desobedecían a sus comandantes criollos y cometieron varias atrocidades.[19] Algo muy parecido a lo sucedido durante la guerra de republiquetas entre 1810 y 1825.[20]

Según el censo de 1901 la población boliviana se distribuía en 800.000 quechuas y aimaras, 100.000 mestizos o "cholos" y 200.000 blancos que monopolizaban el poder político, económico y cultural del país.[21] Nótese que los criollos hacían diferencias entre los indígenas, considerando a los quechuas más civilizados que los aimaras, estos últimos siempre involucrados en revueltas.[22] Frente a esa diferencia numérica los blancos temían el estallido de una guerra social y empezaron a cerrar filas,[23] en el mismo proceso que se dio en 1781 (un sector de criollos pide ayuda de los indios para enfrentar a las autoridades de la época, provocando una insurrección indígena que lleva a la unión de la clase dominante para defender el orden).[24] Las revueltas indianas fueron aplastadas con varias matanzas del ejército y el principal cacique, Zárate Willka, que había sido elevado al rango de general por los liberales, fue arrestado. En 1903 escapó pero un año después es nuevamente capturado y ejecutado en 1905 de forma irregular.[25]

Los indígenas del Altiplano quedaron relegados a ser unos «nuevos yanaconas» en grandes «latifundios "neofeudales"» creados en nombre de las «ideas "liberales" de igualdad ciudadana», trabajando sin remuneración 3 a 5 días semanales las tierras de la hacienda para poder usufructuar en su tiempo libre un pequeño terreno que antes había sido suyo. Mantuvieron algún tipo de vida comunitaria subordinada al patrón, pero pasarían décadas hasta verdaderas reformas agrarias. En cuanto a las tribus del Chaco, empezaron a sufrir la violencia del ejército que apoyaba la expansión de los grandes ganaderos (los prisioneros pasaban a ser peones que vivían en peores condiciones que los altiplánicos) o a verse obligadas a trabajar en las plantaciones de azúcar. Algunos «grandes capitanes» o mburuvicha guasu intentaron una rápida modernización a imitación de los «blancos» o karai. Las comunidades buscaron refugio en las antiguas misiones pero pronto los liberales las secularizaron y se hicieron con sus tierras (1915-1928).[26] Por último, la autonomía de los pueblos amazónicos se acabo con la explotación del caucho, en un proceso que sucedió en todos los países de la región, muchos acabaron encadenados y vendidos como trabajadores forzados en la recolección de látex o sufrieron las consecuencias de la llegada de nuevos colonos.[27]

Referencias[editar]

  1. Brienen, 2005: 324
  2. a b Rivera Cusicanqui, 2011: 81, nota 11.
  3. Irurozqui Victoriano, 2005: 31; Medinaceli, 2002: 25-26
  4. Medinaceli, 2002: 25
  5. Medinaceli, 2002: 26
  6. Medinacelli, 2002: 26-27
  7. Medinacelli, 2002: 28
  8. Irurozqui Victoriano, 1997: 31, nota 4.
  9. Irurozqui Victoriano, 1997: 31-32; Medinaceli, 2002: 28; Rivera Cusicanqui, 2011: 82, nota 12.
  10. Irurozqui Victoriano, 1997: 33
  11. Irurozqui Victoriano, 1997: 32-33
  12. a b Lorini, 2006: 127
  13. a b Medinaceli, 2002: 28
  14. Lorini, 2006: 127-128; Medinaceli, 2002: 28
  15. Medinaceli, 2002: 29-30
  16. Mendieta, 2010: 243
  17. Rivera Cusicanqui, 2011: 81, nota 11
  18. Mesa Gisbert, 1993: 311
  19. Rivera Cusicanqui, 2011: 82
  20. Rivera Cusicanqui, 2011: 81
  21. Magallón Anaya, 2009: 218
  22. Dunkerley, 1987: 92
  23. Mendieta, 2010: 243; Rivera Cusicanqui, 2011: 82
  24. Rivera Cusicanqui, 2011: 82-83
  25. Albó, 2007: 76
  26. Albó, 2007: 76-77
  27. Albó, 2007: 77-78

Bibliografía[editar]

  • Albó, Xavier (2007). "Movimientos indígenas desde 1900 hasta la actualidad". En Bolivia en movimiento: acción colectiva y poder político. Editorial El Viejo Topo. Coordinación, prefacio e introducción de Jesús Espasandín López & ‎Pablo Iglesias Turrión. Prólogo de Francisco Fernández Buey. Con entrevista a Álvaro García Linera. ISBN 9788496831254.
  • Brienen, Marten (2005). "Los orígenes del caos educativo: el desarrollo del sistema educativo y el papel de las comunidades indígenas en la construcción del estado-nación boliviano, 1825-1920". En Marta Irurozqui Victoriano (2005). La mirada esquiva: reflexiones históricas sobre la interacción del Estado y la ciudadanía en los Andes (Bolivia, Ecuador y Perú), siglo XIX. Madrid: Editorial CSIC. ISBN 9788400083380.
  • Dunkerley, James (1987). Orígenes del poder militar: Bolivia 1879-1935. Lima: Plural editores. ISBN 9789990575187.
  • Irurozqui Victoriano, Marta (1997). "Las buenas intenciones. Venta de tierras comunales en Bolivia, 1880-1889". En La reindianización de América, siglo XIX. Edición de Leticia Reina. ISBN 9789682320972.
  • Lorini, Irma (2006). El nacionalismo en Bolivia de la pre y posguerra del Chaco (1910-1945). Lima: Plural editores. ISBN 9789990563917.
  • Magallón Anaya, Mario & Juan de Dios Escalante Rodríguez (2009). "El positivismo". En El pensamiento filosófico latinoamericano, del Caribe y "latino" (1300-2000): historia, corrientes, temas y filósofos. México: Siglo XXI & Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe. Edición de Enrique Dussel, Eduardo Mendieta y Carmen Bohórquez. ISBN 9786070301285.
  • Mendieta, Pilar (2010). Entre la alianza y la confrontación: Pablo Zárate Willka y la rebelión indígena de 1899 en Bolivia. Lima: Plural editores. ISBN 9789995413385.
  • Medinaceli, Ximena (2002). "Entre la legalidad y la legitimidad: conspiraciones políticas en el siglo XIX". En el Ximena Medinaceli & María Luisa Soux. Tras las huellas del poder: una mirada histórica al problema de la conspiraciones en Bolivia. Lima: Plural editores. ISBN 9789990564563.
  • Mesa Gisbert, Carlos D. (1993). "Una visión política de Bolivia en el siglo veinte". En Bolivia en la hora de su modernización. México: Universidad Nacional Autónoma de México. Coompilador de Mario Miranda Pacheco. ISBN 9789683632739.
  • Ponce Sanjines, Carlos y Ana María Montaño Durán (1995). La Revolución Federal de 1898-1899 a través del boletín oficial. La Paz: Universidad Católica Boliviana San Pablo.
  • Rivera Cusicanqui, Silvia (2011). "De Túpac Katari a Evo Morales: política indígena en los Andes". En Bolivia en el inicio del Pachakuti: La larga lucha anticolonial de los pueblos aimara y quechua. Madrid: Ediciones AKAL, pp. 61-112. Coompilación de Esteban Ticona Alejo. ISBN 9788446036470.
  • Rodríguez Forest, Alberto, coompilador (1999). Documentos para la historia de la Guerra Civil, 1898-1899. Sucre: H. Alcaldía Municipal de Sucre.
  • Velásquez Alquizaleth, Julio César (1998). Acerca de la capitalidad de la República de Bolivia. La Paz: Editorial Impacto.

Enlaces externos[editar]