Ir al contenido

Golpe de Estado en Argentina de 1955

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Golpe de Estado en Argentina de 1955
Parte de Revolución Libertadora

Extremo superior izquierdo: bombardeos y ametrallamientos cerca del edificio Libertador.
Extremo superior derecho: destrucción de maniquíes de Perón y Eva Perón.
Extremo inferior izquierdo: milicianos y obreros peronistas disparan contra el Ministerio de Marina.
Centro a la derecha: avión con la inscripción "Cristo Vence" empleado por las fuerzas sediciosas.
Extremo inferior derecho: parte Juan Perón al exilio en un buque de la Armada Paraguaya.

Fecha 16-23 de septiembre de 1955
Lugar Bandera de Argentina Ciudad de Buenos Aires, República Argentina
Resultado Victoria del bando antiperonista
Consecuencias • Derrocamiento del Poder Ejecutivo Nacional, del Congreso Nacional, de la Corte Suprema Nacional, y de todos los poderes ejecutivos, legislativos y judiciales de las 17 provincias por entonces constituidas
• Establecimiento de la dictadura provisional autodenominada Revolución Libertadora
Beligerantes
Bandera de Argentina Gobierno Argentino

Partido Peronista
Partido Peronista Femenino
Alianza Libertadora Nacionalista
Confederación General del Trabajo
Milicianos y obreros peronistas
Bandera de Argentina Bando antiperonista

Comandantes
Bandera de Argentina Juan D. Perón
Bandera de Argentina Franklin Lucero
Bandera de Argentina Aquiles Moschini
Bandera de Argentina Miguel Ángel Iñíguez
Bandera de Argentina Humberto Sosa Molina
Bandera de Argentina Juan José Valle
Bandera de Argentina Arnaldo Molina
Bandera de Argentina Raúl Tanco
Bandera de Argentina Juan Pistarini
Bandera de Argentina Juan Ignacio San Martín
Bandera de Argentina Hugo Crexell
Bandera de Argentina Luis J. Cornés
Bandera de Argentina Alberto Basso
Bandera de Argentina Alberto Teisaire
Guillermo Kelly
Bandera de Argentina Eduardo Lonardi
Bandera de Argentina Pedro Eugenio Aramburu
Bandera de Argentina Isaac Rojas
Bandera de Argentina Dalmiro Videla Balaguer
Bandera de Argentina Arturo Rial
Bandera de Argentina Miguel Ángel Zavala Ortiz
Unidades militares
Ejército Argentino
Fuerza Aérea Argentina
Policía Federal Argentina
Policía de la Provincia de Buenos Aires
Policía de la Provincia de Córdoba
Alianza Libertadora Nacionalista
Armada Argentina
Sector sublevado del Ejército Argentino
Sector sublevado de la Fuerza Aérea Argentina
Sector sublevado de la Policía Federal Argentina
Comandos civiles
Fuerzas en combate
6000-7000 soldados
Al menos 8 aviones
2500 soldados
60-65 aviones[1]
3 cruceros
6 destructores
3 fragatas
2 buques taller
Bajas
Al menos 10 muertos[nota 1]
13 heridos[5][6]
2 aviones dañados
Al menos 24 muertos[nota 2]
21 heridos[7]
1 avión derribado[9]
2 aviones dañados
1 avión destruido
2 destructores ligeramente dañados
156 muertos en total[2]

El golpe de Estado en Argentina de 1955 fue un alzamiento cívico-militar contra el presidente Juan Domingo Perón sucedido el 16 de septiembre de 1955. Comenzó en Córdoba y Puerto Belgrano, derivó en bombardeos y combates que se extendieron a otras ciudades con al menos 156 muertes y, una vez obtenida la renuncia y el exilio de Perón, dio en la instalación de la dictadura autodenominada «Revolución Libertadora», bajo el mando del dictador Eduardo Lonardi. El golpe terminaba el movimiento cívico-militar antiperonista que había comenzado el 16 de junio de 1955 con el bombardeo de la plaza de Mayo.[2]

El golpe disolvió el Congreso, derrocó a los gobernadores de todas las provincias, y separó de sus cargos a los miembros de la Corte Suprema. El general Lonardi asumió como presidente provisional de la Argentina el 23 de septiembre de 1955. Después fue derrocado y sustituido por el general Pedro Eugenio Aramburu, quien asumió el 13 de noviembre del mismo año.[12]

Antecedentes

[editar]

Atentado de 1953

[editar]

Mientras el general Perón pronunciaba un discurso desde la Casa Rosada durante un acto de la CGT en la plaza de Mayo, un grupo detonó dos bombas que causaron 6 muertos y 96 heridos (19 mutilados),[13][14]​ que está considerado un antecedente del bombardeo del 16 de junio y del golpe del 16 de septiembre.[14][15]​ En respuesta al atentado, militantes peronistas provocaron incendios de locales de los opositores en Buenos Aires (las sedes del Partido Socialista, el Partido Demócrata, la Unión Cívica Radical y el Jockey Club). Hubo el nivel de tensión más alto desde la declaración del "estado de guerra interno" en 1951. En las semanas subsiguientes las fuerzas policiales buscaron a los responsables deteniendo a cientos de personas.[16]

El golpe de Estado de 1955 produjo más de ciento cincuenta víctimas mortales en todo el país.[17]

La conspiración golpista

[editar]

Entre los militares no existía un criterio uniforme. En el Ejército sus principales jefes eran leales al gobierno y tendrían a provenir de sectores trabajadores cuya ideología los acercaba al peronismo. Dentro de la Marina la oficialidad estaba divida, los altos cargos eran opositores al gobierno, mientras que los rangos más bajos, los sectores nacionalistas más tradicionales y los oficiales jóvenes solían ser más cercanos al gobierno. En la Aeronáutica si bien apoyaba al gobierno mantuvo una conducta dubitativa.

Intento de golpe de Estado de 1951

[editar]

Fue en 1951 cuando el general de artillería Eduardo Lonardi, comandante del 1.er Ejército con asiento en Santa Fe, se decidió comenzar un movimiento revolucionario. Por otro lado, hacía lo propio el general de caballería Benjamín Andrés Menéndez, en situación de retiro desde 1942. Ambos oficiales rivalizaban y nunca se pusieron de acuerdo para unificar el movimiento.[18]​ La conspiración militar tuvo la adhesión de Arturo Frondizi de la Unión Cívica Radical, Américo Ghioldi del Partido Socialista, Reynaldo Pastor del Partido Demócrata Nacional y Horacio Thedy del Partido Demócrata Progresista, que coincidieron en derrocar a Perón, pero exigían la unión de ambos generales.[19]​ Sin embargo, el general Lonardi solicitó la baja y aconsejó posponer el alzamiento.[20]​ El general Menéndez, con la adhesión de oficiales de caballería, siguió firme y el 28 de septiembre de 1951 intentó el alzamiento del Regimiento de Caballería de Tanques 8 (C8) y la Escuela de Caballería con asiento en Campo de Mayo y el Colegio Militar en El Palomar, pero apenas pudo contar con 200 efectivos y 3 tanques. Los jefes del C8 y del Colegio Militar se negaron a plegarse al intento de golpe de Estado y el general rebelde tuvo que rendirse ante el comandante en jefe del Ejército, teniente general Ángel Ovidio Solari.[21][22]​ La resistencia de los suboficiales[23][24]​ dio lugar a un tiroteo en el cuartel del C8 causó la muerte del cabo Miguel Farina y heridas en dos capitanes. La conspiración no estaba limitada al Ejército y contaba con la adhesión varios oficiales de la Aeronáutica y la Marina, como el brigadier mayor Guillermo Zinny, el brigadier Samuel Guaycochea en la base aérea de El Palomar y el capitán de navío Vicente Baroja en la base aeronaval de Punta Indio.[25]​ El Colegio Militar atacó la base aérea rebelde de El Palomar y esta se rindió.[26][27]​ El gobierno declaró el "estado de guerra interno", aunque la Constitución no le otorgaba tal instrumento.[28]

El intento tuvo como consecuencia la baja y encarcelamiento de 111 oficiales de las tres Fuerzas Armadas y la baja de otros 66 que habían elegido huir al Uruguay.[29]​ El general Menéndez fue condenado a 15 años de prisión y destitución por el delito de rebelión militar.[30]​ Pero la purga no quedó limitada a los golpistas. El general Perón cambió los ministros de Aeronáutica y de Marina (asumieron el brigadier mayor Juan Ignacio San Martín y el capitán de navío Aníbal Olivieri), relevó al comandante en jefe del Ejército, y dio la baja a varios oficiales de la Escuela Superior de Guerra, la Escuela Superior Técnica y el Colegio Militar.[31]

La conspiración en la Marina

[editar]
Capitán de navío Arturo Rial.

En 1953 el capitán de fragata Jorge Alfredo Bassi tuvo la idea de bombardear la Casa Rosada con la Aviación Naval, de la misma manera que los japoneses habían atacado Pearl Harbor. Junto a otros capitanes intentó convencer al general Eduardo Lonardi de encabezar el alzamiento y convocar al Ejército pero este sostenía que un mero golpe sin un movimiento generalizado que forzara al presidente no era favorable. Su negativa lo alejó de las conspiraciones hasta 1955.[32]

El alzamiento de la Marina el 16 de junio

[editar]

El 16 de junio de 1955 la Marina llevó a cabo el primer intento de golpe de Estado del año 1955. Un grupo de 30 aviones de la Aviación Naval al comando del contraalmirante Samuel Toranzo Calderón bombardeó la Casa Rosada en Buenos Aires con el objetivo de eliminar al presidente de la República, teniente general Juan Domingo Perón y consumar un golpe de Estado. Después un sector reducido de la Aeronáutica tomó parte del mismo bombardeo, pero la masa de las Fuerzas Armadas no se pronunció en favor del alzamiento, dejando aislado el complot de la Aviación Naval.

Hubo 200 muertos y otro tanto de heridos, y después hubo más muertos por heridas.[33]

Tras el fracaso del golpe de Estado, los aviadores navales huyeron a Uruguay, donde permanecieron asilados hasta el golpe de septiembre. Un número de 122 soldados con 39 aviones quedaron allí; los aviones regresaron pronto a Comandante Espora, pero los oficiales navales quedaron asilados en el país vecino. La Aviación Naval y la Infantería de Marina quedaron virtualmente sin armas para oponer otro golpe.[34]

El mismo día 16 de junio el director de Escuelas Navales, capitán de navío Arturo Rial, comenzó a organizar un nuevo golpe de Estado a realizar con la Marina antes de finalizar el año 1955, con la convicción de que un nuevo intento motivaría la concurrencia de la masa de la Marina. Pronto obtuvo la adhesión de oficiales navales puestos en disponibilidad desde el día del fallido alzamiento del día 16 de junio, como el capitán de fragata Aldo Molinari y el teniente de navío Horacio Mayorga.[35]​ Además, el capitán de navío Rial mantuvo en contacto con los marinos que se encontraban presos y sometidos a la justicia militar por el dichoso alzamiento. Entre los primeros estaban los capitanes de fragata Jorge Palma y Carlos Sánchez Sañudo. Entre los segundos estaba el exministro de Marina, almirante Aníbal Olivieri, reemplazado en ese puesto por el contraalmirante Luis J. Cornés.[35]​ El alzamiento necesitaba de un almirante para ponerse al frente del alzamiento. Los capitanes de fragata Francisco Manrique y Antonio Rivolta sugirieron varios almirantes, de los cuales los conspiradores estuvieron de acuerdo en elegir al director de la Escuela Naval con asiento en Río Santiago, contraalmirante Isaac Rojas.[36]

El ayudante del capitán de navío Rial, capitán de corbeta Carlos Pujol, se puso en contacto con Marcos Oliva Day, quien a su vez se puso en contacto con su hermano Arturo, vinculado al diputado y presidente de la Unión Cívica Radical Arturo Frondizi.[37]

La masa de la oficialidad naval, con asiento en la base naval de Puerto Belgrano (donde se hallaba la Flota Naval), que no había tenido la oportunidad de participar del alzamiento del 16 de junio en Capital Federal, se encontraba en contra del gobierno por las medidas punitivas tomadas contra la Aviación Naval y la Infantería de Marina.[38]​ El comandante del Área Naval Marítima, vicealmirante Ignacio Chamorro, y el comandante de la base naval, contraalmirante Héctor Fidanza, guardaban lealtad al gobierno, dificultando la toma de la base naval. No así el segundo comandante de la base naval, capitán de navío Jorge Perrén.[38][39]

Almirante Isaac Rojas.

El director de la Escuela Naval con asiento en Río Santiago, contraalmirante Isaac Rojas, confirmó a los capitanes de fragata Jorge Palma y Carlos Sánchez Sañudo su adhesión para encabezar el alzamiento de la Marina. El organizador de la conspiración, capitán de navío Rial convino con el contraalmirante de que el primero continuara con los preparativos y de que el segundo se pondría al frente del alzamiento, con la condición de que si un almirante de mayor antigüedad adhería al alzamiento, Rojas se subordinaba al mismo.[40]

La base naval de Puerto Belgrano, el otro foco rebelde de la Marina, tomó conocimiento de la conspiración. El segundo jefe de la base naval, capitán de navío Jorge Perrén, brindó al capitán de navío Rial el itinerario de la Flota, que habría de estar parada el mes de agosto y volvería a ejercicios en septiembre.[41]

Jorge Isaac Anaya.

El movimiento conspirador en la Marina, dirigido por el capitán de navío Rial, sumó progresivamente voluntades dentro de la fuerza naval. El almirante Rojas quedó al margen de la conspiración y quedaba reservado hasta que tuviera que asumir la comandancia de la Marina revolucionaria. Pero su entusiasmo lo llevó a sondear el sentir de los integrantes de la fuerza naval por medio de su ayudante-secretario, teniente de navío Oscar Ataide, y el jefe del 1er año de la Escuela Naval, teniente de navío Jorge Isaac Anaya.[42]

El segundo jefe de la base naval de Puerto Belgrano, capitán de navío Jorge Perrén, asumió como jefe revolucionario de la base naval, preparando las defensas con todas las fuerzas de tierra, aire y mar a su disposición. La Infantería de Marina comenzó a equipar con el fusil semiautomático FN 7,65 mm de fabricación belga, que superaba al veterano Mauser.[42]

Para evitar darle poder de fuego a otro alzamiento, el director de Material Naval, almirante Guillermo Brown, ordenó que los aviones utilizados el 16 de junio fueran trasladados sin ametralladoras ni espoletas a la Base Aeronaval Comandante Espora, anexa a Puerto Belgrano en Bahía Blanca. Allí, un grupo de oficiales ingenieros fabricó secretamente espoletas para detonar bombas de 50, 100 y 200 kilos.[43]

El 15 de septiembre Rojas contaba con la Fuerza Naval de Instrucción formada por los antiguos destructores ARA Cervantes y ARA La Rioja (el ARA Juan de Garay estaba en Puerto Belgrano bajo reparaciones), los patrulleros ARA Murature y ARA King, y lanchas de desembarco, BDI y BDT. La Flota de Mar, al comando del contraalmirante Juan B. Basso y formada por el crucero ARA 17 de Octubre[44]​ (el crucero ARA 9 de Julio estaba en Puerto Belgrano en reparaciones), la División de Destructores y la División de Fragatas estaba fondeada en Puerto Madryn, en la costa del golfo Nuevo. También contaba con seis aviones Grumman J2F Duck de la Aviación Naval. El comandante en jefe de la Flota, contraalmirante Basso, y los capitanes de navío (excepto el comandante de la División de Fragatas, capitán de navío Agustín Lariño) mantenían su lealtad al Comando de Operaciones Navales.[45]

La conspiración civil

[editar]
Mario Amadeo.

En la madrugada del 10 de junio, Toranzo Calderón y Juan Pablo del Pardo y Raúl Medina Muñoz. partieron hacia el Litoral[46]​ No se sabía qué reacción tendrían los elementos del ejército radicados en Buenos Aires, ni tampoco qué clase de apoyo u oposición les daría el superior directo de Toranzo, vicealmirante Benjamín Gargiulo, quien estaba al tanto de la existencia de una trama conspirativa pero no daba señas de interferir.[47]

Una carta del 14 de julio del dirigente nacionalista Mario Amadeo al subsecretario de Ejército, general José Embrioni (ambos habían coincidido en apoyar a los gobiernos militares después de 1943) que cuestionaba al Ejército por apoyar a Perón tuvo gran repercusión en dicha fuerza armada.[48]​ La conspiración en el Ejército había comenzado poco después del alzamiento naval del 16 de junio en el Departamento de Operaciones del Estado Mayor General del Ejército a cargo del coronel Eduardo Señorans y donde tenía destino el mayor Juan Francisco Guevara.[49]

En agosto de 1954 el empresario Raúl Lamuraglia había financiado la campaña de la Unión Democrática, que enfrentó en las elecciones de 1946 a la fórmula de Perón, a través de millonarios cheques del Bank of New York destinados a sostener el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical y a sus candidatos José P. Tamborini y Enrique Mosca. En 1951, el empresario había aportado recursos para apoyar la asonada fallida del general Menéndez, lo que lo llevó a prisión, tras salir en libertad marchó al Uruguay. Sin embargo con las políticas de promoción industrial del peronismo su fortuna se había expandido en una década de crecimiento económico. Esto le permitió comprar un avión de combate en Estados Unidos, un cazabombardero liviano que llevó a Montevideo para llevar adelante la misión de matar a Perón y bombardear la Plaza de Mayo. Tripulado por un aviador naval, Luis Baroja, el cazabombardero volaría hasta la Plaza de Mayo, en pleno acto del peronismo, para ametrallar el balcón donde hablaría Perón. Lamuraglia se reunía frecuentemente con referentes del Partido Colorado de Uruguay. Días antes de concretar el plan se encontró secretamente, en 1954, con el presidente Batlle Berres y el empresario argentino Alberto Gainza Paz en su residencia veraniega de Punta del Este, quienes le ofrecieron apoyos para el plan de magnicidio y en su defecto financiar el golpe de Estado. Instalado de nuevo en Buenos Aires, el empresario radical Lamuraglia ofreció su quinta en Bella Vista para organizar la conspiración y se comprometió a financiar un futuro golpe,[50]​ en noviembre de 1954 se reunieron finalmente Bassi, Lamuraglia, Francisco Manrique, Néstor Noriega, el excapitán del Ejército Walter Viader, Carlos Bruzzone, el comandante de la Fuerza Aérea Agustín de la Vega, y políticos opositores entre ellos el político radical Miguel Ángel Zavala Ortiz, el dirigente conservador Américo Ghioldi, Jaime Mejía, el futuro ministro de Relaciones Exteriores Mario Amadeo, el futuro ministro del Interior de Lonardi Luis María de Pablo Pardo, el futuro embajador en Estados Unidos Adolfo Vicchi, y el futuro ministro consejero en EE. UU. Alberto Benegas Lynch.[51]​ Si bien exploraron la posibilidad de convocar a los generales Gibert, Aramburu y Anaya, las reuniones no tuvieron ningún resultado concreto.[52]

La conspiración en el Ejército

[editar]

El segundo grupo lo formaban los mayores Juan Francisco Guevara, Eduardo Señorans, Juan Hure, Emilio Conesa, Mom y Martínez Frers; y los capitanes Miró, Toccagni y Carranza Zavalía.[53][49]​ El general Pedro Eugenio Aramburu, amigo de Señorans, dividió las tareas: él buscaría los contactos políticos y Señorans los contactos militares.[54]​ Este último conocía al capitán Jorge Palma, y por este nexo Aramburu se reunió con el almirante Rojas, a quien también ya conocía por haber sido ambos agregados militares de la embajada argentina en Río de Janeiro.[55]

Pedro Eugenio Aramburu.

A partir de mayo de 1955 en la Escuela de Artillería de Córdoba, el capitán Raúl Eduardo Molina lideró una conspiración con Francisco Casares, capitanes Osvaldo Azpitarte, Alejandro Palacio, Juan José Buasso, tenientes primeros Augusto Alemanzor, Anselmo Matteoda y Alfredo Larrosa y Melitón Quijano Semino.[56][57]

Otros grupos golpistas se formaron en el Liceo Militar «General Paz» y en la Escuela de Tropas Aerotransportadas. Con Julio Fernández Torres. En el Liceo, el mayor Mario Efraín Arruabarrena se rodeó de sus colaboradores: capitanes Juan José Claisse, Juan Manuel de la Vega y el teniente primero Alfredo Viola Dellepiane.[58]​ Dado que carecían de un oficial de alto rango que los liderara, Molina ofreció esta responsabilidad al retirado coronel Arturo Ossorio Arana, quien había sido hasta 1951 director de la Escuela de Artillería.[59]

La coyuntura política en julio

[editar]
Presidente Juan Domingo Perón.
Arturo Frondizi, presidente del comité radical, irradió por primera vez después de casi diez años un discurso opositor, emitido por Radio Belgrano el 27 de julio de 1955.

El 15 de julio de 1955 el general Perón pronunció un discurso en la Casa de Gobierno:[60]

Yo dejo de ser el jefe de una Revolución para ser el Presidente de todos los argentinos, amigos o adversarios.
Juan Domingo Perón

El día 27 el presidente de la Unión Cívica Radical, Arturo Frondizi, brindó unas palabras a toda la Nación por Radio Belgrano. En los días subsiguientes hicieron lo propio los dirigentes de los otros partidos opositores.[61]

El 10 de agosto de 1955 denunció ante la Cámara de Diputados que una flota británica se encontraba en aguas territoriales argentinas y pidió que se investigara el hecho.[62][63]​ El origen de la denuncia había sido un informe que fuera remitido al comandante en jefe de la Flota de Mar Juan B. Bassi según el cual cuando la flota argentina se hallaba realizando ejercicios frente al Golfo San Matías había captado ecos de radar que indicaban su seguimiento por otras embarcaciones y además el aviador naval Alcides Corvera había grabado trasmisiones por radio en inglés; las autoridades navales restaron importancia al informe pero su contenido llegó en forma confidencial a conocimiento de Frondizi, quien se lo pasó a Alende para su denuncia. Ya derrocado Perón, Alende entrevistó a los agregados navales de Estados Unidos y de Gran Bretaña, quienes le confirmaron que para esa fecha los buques de esas nacionalidades más cercanos estaban a más de 5000 millas de distancia, y quedó satisfecho con sus explicaciones.[64]

La segunda semana de septiembre Eduardo Lonardi había viajado en un micro nocturno hacia Córdoba para iniciar el complot, le tomó ocho horas tomar la Escuela de Artillería, mientras el resto de las tropas combatían con mayor o menor fortuna en otras guarniciones del país. Durante el fin de semana, Lonardi tenía dificultades para desplazar las tropas hacia otras provincias, donde le reclamaban refuerzos, y estaba cada vez más cercado por el Ejército leal ala República.[65]​El 18 de septiembre de 1955 el crucero “9 de Julio” llegó a las costas de la ciudad balnearia de Mar del Plata y un día después, en el marco del golpe de Estado bombardeó los tanques de combustible del puerto y otros objetivos civiles y militares de la ciudad. Esa madrugada partió desde la Base de Puerto Belgrano, cercana a la ciudad de Bahía Blanca como parte de la Flota de Mar de la Marina que se apostó sobres las costas de La Plata y Buenos Aires amenazando con bombardear la ciudad, así sublevó contra el orden democrático dos días antes.[66]

El ejército en el interior

[editar]

En el Ejército habían brotes conspiradores en la Capital y el interior. El 2.º Ejército con asiento en San Luis formaba con tropas en las provincias de Cuyo (Mendoza, San Juan y San Luis) y en los territorios nacionales de Río Negro y Neuquén (unos 10 000 hombres). Su comandante, general Julio Alberto Lagos, era peronista, pero el jefe de Estado Mayor, general Eugenio Arandía, estaba a favor del golpe.[67]

La Agrupación de Montaña "Cuyo", al comando del general Héctor Raviolo Audisio, estaba compuesta por el Destacamento 1 en Mendoza Capital (teniente coronel Cabello), el Destacamento 2 en Campo de los Andes (teniente coronel Labayrú), el Destacamento 3 en Calingasta (coronel Botto) y el Destacamento 4 en San Rafael (coronel Di Sisto). El general Raviolo Audisio era legalista y defensor del gobierno constitucional, pero sus jefes subordinados iban en dirección opuesta.[68]​ El jefe del Grupo de Artillería Antiaéreo 2 con asiento en Mendoza, teniente coronel Fernando Elizondo, y el jefe de Operaciones del Destacamento de Montaña 3, teniente coronel Mario Fonseca, coordinaban a la oficialidad rebelde en Mendoza y San Juan, respectivamente. El teniente coronel Adolfo Duretta de la Agrupación de Montaña "Neuquén" era también opositor.[68]

En Buenos Aires nada se conocía sobre la situación del ejército en Cuyo. Desde el mismo día que se producían las primeras noticias de un golpe de Estado en Córdoba, reservistas de los liceos militares del Ejército Argentino —el Liceo Militar General San Martín y el Liceo Militar General Paz cercanos a la Capital del país pidieron unirse a la lucha para defender el gobierno constitucional, sin embargo alentado por el presidente el subdirector de la Escuela Naval Militar dio la orden de no intervenir para proteger a los cadetes muchos de ellos provenían de sectores trabajadores y simpatizaban con el peronismo.[69][70]​El Regimiento de Patricios, perteneciente al Ejército Argentino ubicada en Palermo se mantuvo leal a las autoridades constitucionales.

Actitud de otros generales

[editar]
General Dalmiro Videla Balaguer.

El comandante de la 4.ª Región Militar, general Dalmiro Videla Balaguer, ferviente católico, se puso en contra el gobierno a partir del conflicto con la Iglesia y el incendio de las iglesias en Buenos Aires el 16 de junio, y comenzó a preparar un movimiento revolucionario.[71]​ El 20 de julio el teniente coronel Carlos Crabba, suma Eduardo Señorans[72]​ y Dalmiro Videla Balaguer, querían reunirse para evaluar un intento de golpe de Estado para septiembre de ese año pero por un malentendido creyeron que Señorans era el líder en Buenos Aires, y el general Videla se negó a subordinarse a un coronel.[73]

General Julio Lagos.

El general Lagos, era un ferviente nacionalista y peronista, a quien Perón designó comandante del 2.º Ejército con asiento en las provincias de la región de Cuyo. Habían sido compañeros en el GOU y en la Revolución del 43. Pero al igual que Videla Balaguer, el conflicto con la Iglesia lo hizo volcar en contra del gobierno. Su amigo el doctor Bonifacio del Carril logró convencerlo en una reunión junto con el general Justo León Bengoa (que poco después sería encarcelado) y se comprometió a sumarse al golpe.[74][75]​ Estas reuniones no eran las únicas, según Del Carril, "todos los hilos se unificaban y, en realidad, se trataba de una sola conspiración, con vastas y variadas fuentes, todas convergentes."[76]​ Sin embargo, el general Lagos tuvo una fuerte discusión con el ministro Lucero y fue pasado a retiro, perdiendo el mando del 2.º Ejército. Fue reemplazado por el general José María Sosa Molina, de confianza del general Perón y hermano del ministro de Defensa, general Humberto Sosa Molina.[77]

General Franklin Lucero, ministro de guerra, a la derecha.

A mediados de agosto fue detenido Bengoa en Buenos Aires, sospechado de planear un golpe de Estado. En la provincia de Corrientes, el coronel Eduardo Arias Duval, buscó liberar a Bengoa y ponerlo al mando de sus tropas.[78]

Corrientes

[editar]

La Agrupación Blindada Escuela de la 1.ª División Blindada con asiento en Curuzú Cuatiá, al comando del coronel Ernesto Sánchez Reynafé, era la unidad más poderosa del Ejército. Entre los jefes de dicha Agrupación, el jefe del Destacamento de Exploración Mecanizado, mayor Juan José Montiel Forzano, era el único jefe rebelde. El comandante de la 1.ª División Blindada, general José Salinas (legalista), estaba en Buenos Aires lejos del foco conspirador hasta la finalización del edificio del Comando en Corrientes. La 1.ª División Blindada no apoyó inicialmente el golpe.[79][80]

El comandante de la 4.ª División de Caballería con asiento en Mercedes, general Astolfo Giorello, le manifestó que en caso de rebelión permanecería leal al gobierno constitucional. Pero la mayoría de los oficiales de la Agrupación Blindada Escuela, Eduardo Montés, Claudio Mas, Francisco Balestra, Oscar Ismael Tesón, Jorge Cisternas, Hipólito Villamayor, Julián Chiappe y Ricardo García del Hoyo, se plegaron a la rebelión.[79]

Tras su intento de tomar Base de apoyo logístico Curuzú Cuatiá que comenzó durante la madrugada con el objetivo de tomar las armas mientras los integrantes de la base dormían. Sin embargo al mediodía el grupo golpista no había logrado sumar más voluntades, debido a la oposición de la joven oficialidad que se negaba a sumarse al golpe. Tras quedar aislado Forzano telefonea a Buenos Aires, para ofrecerle al gobierno la rendición y entregar a sus subordinados a los que había incitado a rebelarse. Para las once de la mañana deponen las armas y las fuerzas constitucionales recuperan la totalidad de la base.[81]

Buenos Aires y Córdoba

[editar]

En el Colegio Militar de la Nación surgió otro grupo golpista formado por el mayor Dámaso Pérez Cartaibo, Guillermo Genta, Alfredo Formigioni, Jorge Rafael Videla, Hugo Elizalde, Dámaso Pérez, Juan José Uranga, sumándose Guevara, Señorans y Aramburu.[82]

General Eduardo Lonardi.

El general retirado Eduardo Lonardi vivía alejado de sus excolegas, pero las visitas de los coroneles Cornejo Saravia y Ossorio Arana lo pusieron en conocimiento del complot que lideraba Aramburu. A principios de agosto de 1955, Lonardi fue a hablar con Aramburu para ofrecerle apoyo y asistencia. Aramburu contestó:

Me extraña su ofrecimiento, pues no existe ningún movimiento que yo encabece, ni pienso conspirar (...) Yo no conspiro, ni conspiraré.
Pedro Eugenio Aramburu, agosto de 1955.[83]

El 10 de agosto se dictó el fallo contra el almirante Toranzo Calderón y quienes lo acompañaron en el bombardeo de Plaza de Mayo. Por intervención del presidente Juan Domingo Perón, Toranzo no fue condenado a muerte: fue degradado y condenado a reclusión indeterminada. Los demás jefes del alzamiento recibieron distintas penas según su grado de participación.[84]

En Córdoba, desde mediados de julio y hasta agosto se sucedieron atentados con bombas o incendios: contra seis unidades básicas peronistas, la sede de la UES, de la Confederación General Universitaria, y un busto de Eva Perón en Unquillo. En esa provincia actuaron dos grupos de radicales: uno al mando de Yadarola y Rodolfo Amuchástegui, otro comandado por Eduardo Galmond y Santiago del Castillo. Paralelamente los grupos conservadores católicos constituían sus propios grupos de combate que más tarde cobrarían protagonismo en episodios de guerra urbana en la capital provincial. Sus cuadros principales fueron los políticos Luis Torres Fotheringham, Tristán Castellano, Guillermo Saravia, Damián Fernández Astrada, Lisardo Novillo Saravia (h.), y los ingenieros Fernández Padilla, Guillermo Castellano y Calixto de la Torre. Cada.

La 1.ª División de Infantería, con asiento en Palermo, y formada por el RI 1 y RI 2 en Palermo y el RI 3 en La Tablada, al comando del general Ernesto Fatigatti, estaba absolutamente a favor del general Perón.[85]

Para el 16 de septiembre la UCR había convocado a un acto en la Casa Radical de la Ciudad de Buenos Aires, donde repartieron armas en comités y en parroquias. Los comandos civiles ultracatólicos (llamados “palomas”) convocaron a la acción armada. Previamente negociaron un crédito con la Sociedad Rural para que financie actividades desestabilizadoras, como sabotajes a la red eléctrica, a los cables de la empresa telefónica Entel, disparos a las ruedas de camiones de bomberos y ambulancias, días antes representantes de la UCR viajaron a Uruguay entrevistándose con Emilio Eduardo Massera, Horacio Mayorga, Oscar Antonio Montes, y Osvaldo Cacciatore.[86]

Reacciones civiles

[editar]

Diversos grupos civiles de «comandos» comenzaron a surgir en torno al director del colegio Nuestra Señora del Huerto donde se congregaban Adolfo Sánchez Zinny, Edgardo García Puló, Florencio Arnaudo, Septimio Walsh Carlos Burundarena, Manuel Gómez Carrillo y militantes radicales cómo Roberto Etchepareborda. Contaban con fusiles semiautomáticos FN, de procedencia belga, que un sector de la Armada había hecho ingresar de contrabando vía Uruguay. [87]

En la madrugada del 14 de agosto la policía federal detuvo a un grupo bajo la acusación de planear el asesinato de Perón y sus ministros. El llamado «grupo Coppa» estaba integrado por Ricardo Coppa Oliver, Aníbal Ruiz Moreno, Carlos de Corral, Enzo Ramírez, y otros. El 15 de detuvo al denominado «grupo Centurión» Jorge Masi Elizalde, Franklin Dellepiane Rawson, Manuel Rawson Paz, Mario Espina Rawson, Luis Domingo Aguirre, Julio Aguirre Naón y Carlos Gregorini.[88]

Anunciaba el diario La Época del lunes 15 de agosto: «La oligarquía quería arrastrar al país al desorden y al crimen para tomar el poder. Cuenta con la resaca de los partidos opositores, menores de edad, estudiantes pitucos y retirados reblandecidos; clérigos complicados».[89]​ Y al final del artículo «se devolverá golpe por golpe».[90]

En Buenos Aires, el 29 de agosto La Época tituló: «Descubrióse en el Barrio Norte una organización de pitucos subversivos. Disponían de dinero, armas y autos en abundancia. Planeaban atentados. Operaban por células como los comunistas». Esta vez los detenidos fueron Emilio de Vedia y Mitre (h.), Mario Wernicke, Emilio Allende Posse, Carlos Ocantos, Héctor López Cabanillas y Julio E. Morón.[91]

El 30 de agosto el general Perón dirigió una carta al Partido Peronista ofreciendo su renuncia a la presidencia como solución al conflicto y el fracaso de la política conciliatoria.[92]

Los últimos acontecimientos han colmado la medida (...) Con mi retiro presto al país el último servicio desde la función pública.
Juan Domingo Perón, 30 de agosto de 1955.[92]

El discurso del "cinco por uno"

[editar]

Nada más conocido el comunicado la CGT convocó a una gran concentración en la plaza de Mayo frente a la Casa Rosada. En la tarde del 31 de agosto la concentración del movimiento peronista le manifestó su apoyo y le pidió su continuidad. Después, al caer la noche, el general Perón dirigió su palabra a los presentes:[92]

A la violencia le hemos de contestar con una violencia mayor (...) La consigna para todo peronista, esté aislado o dentro de una organización, es contestar una acción violenta con otra más violenta. Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos.
Juan Domingo Perón, 31 de agosto de 1955.[93]

La palabra del presidente causó gran revuelo entre los integrantes conspiradores de las Fuerzas Armadas. El 1 de septiembre, el comandante de la 4.ª Región Militar con asiento en Río Cuarto, general Dalmiro Videla Balaguer, decidió que había llegado el momento indicado para un pronunciamiento y pretendía salir por su cuenta reuniendo a los soldados de su Comando.[94]​ Pero antes de que pudiera emprender acción alguna, los otros oficiales rebeldes en Córdoba le indicaron que debía aguardar a una mejor coordinación con los otros focos golpistas. A esa altura de los hechos la oficialidad de artillería no quería dar un paso en falso que hiciera fracasar la conspiración.[95]​ Mientras tanto, el auxiliar de la Sección Movilización de la 4.ª Región Militar, mayor Alfonso Mauvencín, dio aviso al ministro de Ejército, general Lucero, al subsecretario de Ejército, general Embrioni, y el jefe del Servicio de Informaciones del Ejército, general Sánchez Toranzo. El general Videla Balaguer, enterado de la situación, resolvió huir de Río Cuarto con sus colaboradores, con la ayuda de simpatizantes civiles.[96]

El 3 de septiembre la Dirección Nacional de Seguridad emitió un comunicado en el que detallaba acciones que debían ser reprimidas por «alterar el orden y atentar contra el Estado».[97]

La conspiración de Señorans y Aramburu contaba con el apoyo de gran parte de la Marina, pero no tenían contactos en la Fuerza Aérea, y en el Ejército solo un reducido grupo de unidades estaban dispuestas a alzarse en Córdoba; aunque había grandes posibilidades de rebelar el Segundo Ejército en Cuyo y otras unidades en Corrientes. Eduardo Héctor Bergalli, de la que participaron el general Juan José Uranga, el coronel Eduardo Señorans, el capitán de navío Arturo H. Rial, el capitán de fragata Aldo Molinari y el capitán de corbeta Carlos Pujol, y el presidente de la Unión Cívica Radical, Arturo Frondizi.[98]​ Señorans anunció la intención de Aramburu de posponer los intentos para el año 1956, ya que no veía avances en el corto plazo.[99]​ Durante el verano sería imposible actuar ya que se avecinaba, en septiembre y octubre, el licenciamiento de los soldados conscriptos y el almacenaje bajo llave de gran parte del material bélico.[97]​ Según Isidoro Ruiz Moreno en su libro La revolución del 55, Frondizi dijo al respecto:

Señores, yo no voy a llenar las cárceles de radicales saliendo con la Marina sola; necesito un general.

Uranga prometió que habría algún general, pero la reunión se disolvió sin resoluciones.[100]​ El 4 de septiembre, los golpistas en Buenos Aires se enteraron de que Aramburu abandonaba la conspiración y se negaba a actuar por lo que restaba del año 55. Más tarde la noticia se esparciría al resto de la conjura: Ossorio Arana, Arias Duval, y Guevara permanecieron en sus tareas. Sin embargo la presencia de un general seguía siendo un requisito indispensable: por lo tanto al día siguiente el coronel Cornejo Saravia convenció al general Lonardi para que se hiciera cargo de liderar la revolución.[101]​ Siete días tardó en llegar a Puerto Belgrano la noticia de que Aramburu posponía las operaciones hasta el año siguiente. Perren reaccionó con estupefacción e ira, y convino con sus compañeros que si el día 20 no había novedades, la marina se alzaría en solitario.[102]

El 7 de septiembre, la CGT anunció que «los trabajadores de la Patria se ofrecen como reserva» del Ejército para defender la Constitución. Uno de los jefes de la inteligencia del ejército intimó a Lucero, presentándole un organigrama de la estructura conspiradora muy acertado. El ministro Lucero, antes de mandar arrestar a Aramburu y Señorans, planeó para el día 12 un viaje a Córdoba para interiorizarse de la situación en ese lugar. Si se confirmaban las sospechas, el día 16 procedería a ordenar los arrestos. A la madrugada de ese mismo día 16 se produjo el alzamiento.[103]

Desarrollo

[editar]

Preparativos para la acción

[editar]

El 10 de septiembre, Lonardi manda a sus dos hijos a recabar información: Luis Ernesto a Córdoba dónde se entera de que el 16 finalizarían las actividades de la Escuela de Artillería de Córdoba, y que sus armas serán almacenadas en lugares vigilados y Eduardo a Mendoza dónde se puso en contacto con los rebeldes de la Agrupación de Montaña "Cuyo".[104]

El 11 de septiembre el general Lonardi fijó la fecha y hora del alzamiento: el 16 de septiembre a la hora cero.[105]

Si la revolución hace pie y aguante más de 48 horas en Córdoba, toda la defensa de Perón se derrumba, porque no hay una convicción ética y moral para sostenerlo.
Eduardo Lonardi, 11 de septiembre de 1955.[105]

Luis Ernesto Lonardi junto a Ezequiel Pereyra Zorraquín se reunió con el mayor Juan Francisco Guevara a quien impuso de que el general se había hecho cargo del alzamiento y la fecha fijada. Este recibió el encargo de ponerse en contacto con los demás participantes de la conspiración militar.[106]

Juan Francisco Guevara.

Esa noche Lonardi se reunió con Guevara y con el teniente coronel Sánchez Lahoz, y expuso el plan de sublevar las bases de Puerto Belgrano y Río Santiago, junto a unidades aéreas. Tenía la intención de que, una vez que controlara esa ciudad, la armada extendería un bloque por Santa Fe y el río Paraná y luego, tras el bloqueo naval al Río de la Plata, se iniciaría el asalto final sobre Buenos Aires, donde se tomaría el Congreso Nacional, la Casa Rosada al mismo tiempo que la Flota de Mar avanzaría sobre la ciudad desde la costa.[106]​ Sánchez Lahoz se encargaría de la ciudad de Corrientes, Arias Duval se encargaría de la zona mesopotámica, el general Uranga trataría de sublevar el Gran Buenos Aires.[106]

Después el general Lonardi instruyó al coronel Arturo Ossorio Arana a preparar una reunión el día 14 con los oficiales comprometidos de la guarnición de Córdoba.[107]

El nexo con la marina rebelde

[editar]

En una reunión con el capitán de fragata Jorge J. Palma, representante del capitán de navío Rial, el general Lonardi acordó la acción de ambas Fuerzas Armadas y aseguraron que ambas fuerzas iniciarían la rebelión el día 16. Fue acordado asimismo que ambas actuarían de manera simultánea.[108]​ Fue acordado la presencia de enlaces navales en las guarniciones del interior, los capitanes de fragata Carlos García Fravre y Aldo Molinari; y si el general Bengoa sublevar la guarnición de Paraná, se le unirían los capitanes de fragata Jorge J. Palma y Carlos Sánchez Sañudo.[109]

En Buenos Aires se producirían escaramuzas en el Colegio Militar, el Regimiento de Infantería 1 «Patricios» y en la Escuela de Mecánica de la Armada en el barrio de Nuñez, al producirse el intento de ocupación de la misma por parte de un grupo sublevado, el director defendió la Escuela enérgicamente, tras la evacuación de la misma por parte de todos los conscriptos que allí se encontraban. Durante 45 minutos hubo un enérgico cambio de disparos de armas livianas y pesadas, que costaron la vida de un suboficial segundo y cuatro marinos que defendieron la Escuela.

En la localidad bonaerense de Bella Vista Guevara se reunió en la casa del capitán Jorge Rafael Videla, Genta, Formigoni, Padrós, Dámaso Pérez: ellos debían tomar el Colegio Militar de la Nación pero habían cambiado de postura debido a la cercanía de la división montada que seguramente permanecería leal al gobierno.[110]

La situación en Córdoba

[editar]
Mapa de Córdoba.

El día 12, Franklin Lucero viaja a la Provincia de Córdoba con la excusa de asistir a unas demostraciones de fuego de artillería a la que habían sido invitados los agregados militares de las embajadas extranjeras.[111]​ Allí se convenció de la lealtad de las tropas, mandó un radiograma al presidente Perón afirmando que la situación estaba controlada, y mandó imprimir un folleto profusamente ilustrado bajo el título de Una unidad modelo: La Escuela de Artillería.[112]

El día 13 Lonardi se trasladó a Córdoba por ómnibus. Antes de partir le instruyó al coronel Eduardo Señorans la rebelión de las guarniciones del litoral, y le permitió sumar al general Aramburu a pesar de haber sido muy resistido por este en el pasado. El mayor Guevara fue con Lonardi y Ossorio Arana a Córdoba.[113]​ Lonardi también supo que el general Juan José Uranga no contaba con la adhesión de las fuerzas de Ejército con asiento en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires y que el general Justo León Bengoa consideraba que su fuga atentaría contra el factor sorpresa del movimiento.[114]

Las unidades e institutos militares en Córdoba con más adhesión al movimiento revolucionario eran: de Ejército la Escuela de Artillería, la Escuela de Tropas Aerotransportadas y el Liceo Militar (cuya participación fue descartada por la corta edad de sus cadetes) con asiento en el camino a La Calera; y de Aeronáutica la Escuela de Aviación Militar y la Escuela de Suboficiales de Aeronáutica con asiento en Córdoba. No obstante, los oficiales superiores eran leales al gobierno constitucional. La Escuela de Infantería apenas contaba con oficiales rebeldes, representando un severo obstáculo para el plan golpista.[115]

El día 15 por la mañana arribó Lonardi a Córdoba y se juntó a Ossorio Arana.[116]​ El mismo día por la noche concertaron una reunión con los representantes de cada unidad e instituto con oficiales comprometidos: el mayor Melitón Quijano y el capitán Ramón Molina (Artillería), el teniente primero Julio Fernández Torres (Tropas Aerotransportadas), el comandante Oscar Tanco (Suboficiales de Aeronáutica) y los capitanes Mario Efraín Arruabarrena y Juan José Claisse (Liceo Militar), esbozando el plan de acción a seguir elaborado por Ossorio Arana y aprobado por Lonardi.[117]

El plan rebelde consistía de: la toma de la Escuela de Tropas Aerotransportadas por sus propios integrantes con la ayuda de oficiales del Liceo Militar (cuyos cadetes fueron dejados al margen de la acción atento a su edad, solo sus oficiales participarían), la toma de las Escuelas de Aviación y de Suboficiales de Aeronáutica por su propia oficialidad. Luego de eso la toma de la Escuela de Artillería, el ingreso de Lonardi (facilitado por el capitán Molina) para hacerse cargo de la misma y el posicionamiento de sus baterías apuntando a la vecina Escuela de Infantería, para la ocupación de esta por los paracaidistas desde la Escuela de Tropas Aerotransportadas.[117]

Terminada la reunión, cada uno regresó a su destino. La última coordinación fue con el general Héctor Solanas Pacheco, quien debía colaborar con el general que se pusiera al frente de la caballería rebelde, aunque no sabía que el general Justo León Bengoa era reticente a participar del movimiento.[118]

La Aeronáutica

[editar]

El bando antiperonista en la Aeronáutica estaba en las Escuelas de Aviación y de Suboficiales, donde la masa de la oficialidad pertenecía al bando antiperonista,[112]​ dirigida por el comandante Oscar Tanco. El núcleo de oficiales golpistas en los institutos aeronáuticos de Córdoba trenzaron lazos con los del Grupo 1 de Bombardeo con asiento en Villa Reynolds, provincia de San Luis (equipada con bombarderos Avro Lincoln y Avro Lancaster), quienes se comprometieron a no arrojar sus bombas sobre los rebeldes en caso de producirse el golpe de Estado.[112]​ De los cazas Gloster Meteor, habían tres en la Fábrica Militar de Aviones, donde los rebeldes demoraban su reparación para sustraerlos de su unidad de asiento.[119]

Los mayores enfrentamientos se produjeron en Córdoba, donde hubo al menos 107 muertos. Allí, Lonardi, atacó a la Escuela de Infantería, cuyos mandos no quisieron plegarse al golpe y habían decidido defender el gobierno constitucional. Al ingresar al cuartel le disparó en la oreja al jefe de la Escuela de Artillería en Córdoba, quien intentaba resistirse.[12]

El día 17 de septiembre de 1955 el pueblo de Río Colorado sufrió el primer bombardeo por parte de las fuerzas militares que habían desatado el golpe de Estado. Ese día la infantería de marina ocupa la ciudad de Bahía Blanca tras bombardear a la ciudad, pero tropas leales al gobierno constitucional marcharon sobre ella. También fue bombardeada por los golpistas la ciudad de Mar del Plata. El 18 de septiembre es derrotada la Escuela Naval de Río Santiago, que estaba sublevada, por la acción de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y el regimiento 7 de Infantería, leales al gobierno democrático. Los mayores enfrentamientos se produjeron en las inmediaciones de la misma. Días después es el responsable de la represión el 17 de octubre de 1955 –y cuya ejecución estuvo a cargo del general Raúl Justo Bengoa– donde tres tanques Sherman ametrallaron a una manifestación de alrededor de 5000 personas en Pavón y Centenario Uruguayo, dejando muertos y heridos.[120]

La situación en Cuyo

[editar]

El día 13 el mayor Guevara sumó la adhesión del general Lagos (depuesto del Comando del 2.º Ejército) quien de inmediato comenzó a trasladarse a San Luis para reasumir la comandancia del 2.º Ejército.[121]

El 2.º Ejército con asiento en San Luis y tropas en Cuyo y el Comahue, al comando del general José María Epifanio Sosa Molina (reemplazante del general Julio Alberto Lagos), recibió el comando de la 4.ª División, la 5.ª División y el Regimiento de Infantería 12, con la misión de avanzar hacia Córdoba. A tal efecto, recibió personalmente la orden por medio del general Miguel Ángel Iñíguez de Buenos Aires.[122]

La región de Cuyo.

El 13 de septiembre el general Lagos, su hermano Carlos Lagos y el legislador radical Bonifacio del Carril viajaron a San Luis donde se reunieron secretamente con el jefe del Estado Mayor del 2.º Ejército, general Eugenio Arandía, y se anoticiaron de que en el Comando del 2.º Ejército había sido designado José Epifanio Sosa Molina, hermano del ministro, que había llegado de Buenos Aires junto a un grupo de la Policía Federal con órdenes de investigar la situación de los oficiales para evitar un alzamiento similar al que Videla Balaguer había intentado fallidamente dos semanas atrás en la ciudad de Río Cuarto.[123]​ Arandía agregó que la noticia de la presencia de Lagos en San Luis desataría una intensa búsqueda y su posterior detención por parte de la policía; y que lo mejor era tratar de juntarse en Mendoza con el coronel Fernando Elizondo. Más tarde Arandía se reunió con los tenientes coroneles Eppens y Ávila, y el mayor Blanco, para ponerlos al tanto de los preparativos del golpe de Estado.[124]

El día 14, Lonardi se reunió con el general Videla Balaguer, refugiado en Córdoba en el departamento de Damián Fernández Astrada, cabeza de un nutrido "comando" de civiles. Videla quedó encargado de la coordinación de los grupos subversivos civiles: tanto el de Fernández Astrada como el de Jorge Landaburu.[115]​ Para evitar que se esparcieran rumores, Lonardi había establecido que los civiles no fueran enterados de los hechos hasta después de iniciados los operativos.[125]

15 de septiembre

[editar]

El 15 un oficial rebelde emitió una orden con firma falsificada, logrando que el coronel Sánchez Reynafé abandonara engañado Curuzú Cuatiá y viajara a Buenos Aires.[126]

La base naval de Río Santiago (cercana a La Plata), estaba completamente con el golpe, con la adhesión del director de la Escuela Naval, contraalmirante Isaac Rojas, el director del Liceo Naval, capitán de navío Carlos Bourel, y el jefe de la base naval, capitán de navío Luis M. García.[127]​ El plan de Rojas era privar al gobierno de combustible impidiendo desde La Plata el paso de buques a Buenos Aires.[127]​ En la isla Martín García el director de la Escuela de Marinería, capitán de fragata Juan Carlos González Llanos, estaba encargado de trasladar la Escuela con su armamento a Río Santiago.[128]

Durante julio y agosto, en Córdoba grupos armados provocaban incendios o colocaban bombas en unidades básicas y en las sedes de la CGT y la UES, los llamados comandos civiles, compuestos por radicales, demócratas cristianos, y sacerdotes católicos, que recibían el entrenamiento de la cúpula de oficiales de la aeronáutica.[129]​En dos de agosto se producirían dos atentados en Salta contra la red eléctrica. Una quema de un local peronista en Bahía Blanca. El siete de agosto se sumaria a un tiroteo contra en una unidad básica en Río Negro, que sería atacada desde afuera por desconocidos. El día 13 un legislador bonaerense del Justicialismo sería acribillado a la salida de su casa por comandos. El 14 una bomba estallaría en el local de la sección femenina del partido justicialista causando heridos de gravedad.[130]​Ese mismo día a la 1:15 don tomadas las principales radios de la Ciudad de Córdoba dejaban fuera de servicio varias radios de la ciudad de Buenos Aires para colaborar con la desestabilización y dificultar la difusión de noticias fehacientes,[131]​ siguiendo la planificación de Carlos Burundarena.[132][133][134][135]

En Córdoba, Lonardi festejó su cumpleaños con una ceremonia religiosa y un almuerzo en casa de su cuñado; tras ello partió con Ossorio a las afueras de la ciudad, esperando la hora cero.[136]

En Bahía Blanca, el capitán de navío Jorge Perren invitó a plegarse a quienes no estaban en el secreto y detuvo a los que se negaron. En la vecina Base Aeronaval Comandante Espora su jefe -leal a las autoridades constitucionales- se había retirado a las 17, y la guardia, a cargo de Baubeau de Secondigé, esperaba la llegada del capitán Andrews.[137]

En Buenos Aires ninguna unidad del ejército estaba lista para ser sublevada porque el Ministerio de Ejército había seleccionado cuidadosamente a los oficiales más leales al gobierno para comandarlas. Los coronel Herbert Kurt Brenner y por Rodolfo Kössler, quienes por precaución se comunicaban en alemán. Se habían citado a las 16 en la estación Constitución, para viajar en tren a La Plata y desde allí reforzar la Escuela Naval.[138]

En la Ciudad de Buenos Aires, entonces, la única acción sería la de los comandos civiles: atacarian las principales antenas de radio para evitar que se difunda prematuramente la noticia de un alzamiento contra Perón. El operativo tuve éxito: desaparecidas las ondas de las principales emisoras, en Buenos Aires pudieron oírse claramente las radios de Córdoba, Uruguay y Puerto Belgrano.[139]​ Pero las autoridades de Buenos Aires detectaron esta insólita agitación:[140]​ serían precisamente estos comandos que darían la primera señal de alarma a las autoridades nacionales.[141]

16 de septiembre

[editar]
Curuzú Cuatiá, Córdoba, La Plata y Bahía Blanca.

Tras un llamado alertando de preparativos, el viernes 16 a las 00:30 horas el ministro Lucero se trasladó al Ministerio de Ejército y convocó de manera urgente al comandante en jefe del Ejército, general José Domingo Molina, el jefe del Estado Mayor General, general Carlos Wirth, el subsecretario de Ejército, general José Embrioni, y el jefe del Servicio de Informaciones, general José Sánchez Toranzo, y alistó la guarnición de Buenos Aires. Al principio el gobierno nacional estaba convencido de estar enfrentando una rebelión civil, pero pronto supo de los movimientos militares en Río Santiago y la presencia del general Eduardo Lonardi y el coronel Arturo Ossorio Arana en Córdoba.[142]

Luego Lucero llamó al comandante de la 4.ª División de Ejército, radicada en Córdoba, pero su comandante, general Alberto Morello, respondió que se encontraban «sin novedad». Tras ello, comenzaron a llegar una serie de avisos de la policía: grupos de civiles armados habían sido vistos en Vicente López, en Palermo, en Ciudadela, en Ramos Mejía, y en el Hospital Naval.

A las 04:00 la Policía Federal emitió un mensaje de carácter urgente:[143]

Alerta general. Esta noche grupos civiles armados van a alterar el orden y tratar de copar a jefes de unidades y autoridades legalmente constituidas. Actuar enérgicamente y reprimir cualquier conato de alteración del orden.:[143]

El ministro creía que los acontecimientos eran de carácter predominantemente civil.:[144]​ Cerca del amanecer el gobernador de la Provincia de Buenos Aires anunció desde La Plata (entonces llamada «Ciudad Eva Perón») actividades sospechosas en la vecina Base Río Santiago; después se informó la presencia de Lonardi y Ossorio Arana en Córdoba. Lucero hizo despertar al general Perón, quien se trasladó de inmediato a la sede del Ministerio de Guerra.:[143]

A las 00:00 del 16 de junio el contraalmirante Rojas estableció su Estado Mayor Revolucionario con el capitán de fragata Jorge Palma como su jefe, el capitán de fragata Sánchez Sañudo como jefe de comunicaciones, el capitán de fragata Silvio Cassinelli como jefe de operaciones y el capitán de corbeta Andrés Troppea como ayudante de comunicaciones.[145]

El contraalmirante Rojas ordenó el bloqueo del Río de la Plata con los destructores ARA Cervantes y ARA La Rioja. El rastreador ARA Drummond zarpó para proteger la base naval desde el estuario, y los patrulleros ARA Murature y ARA King (este último en reparaciones) se alistaron para defender la misma.[146]

El segundo jefe de Puerto Belgrano, capitán de navío Jorge Perrén, procedió a arrestar al jefe de la base naval, contraalmirante Héctor Fidanza y al jefe del Área Naval Marítima, vicealmirante Ignacio Chamorro.[147]

La sublevación de las primeras unidades

[editar]

Fue la Guarnición Aérea Córdoba la primera guarnición militar de las Fuerzas Armadas en alzarse. Un número de 36 oficiales de Aeronáutica tomaron el control de la Escuela de Suboficiales de Aeronáutica, y procedieron a arrestar al comandante de la guarnición aérea, brigadier Raúl Lacabanne, y al director de la Escuela de Suboficiales de Aeronáutica, comodoro Alejandro Machado.[148]​ Después, tomaron la Escuela de Aviación Militar sin inconvenientes y pusieron al comodoro Julio César Krause como jefe del movimiento de la Aeronáutica. Este ordenó liberar al comandante Jorge Martínez Zuviría (preso desde el alzamiento de 1951) y lo puso al frente de la Escuela de Suboficiales (después fue nombrado director de la Escuela de Aviación).[149]

La Escuela de Tropas Aerotransportadas (mayor Delfor Elías Otero) y Escuela de Artillería (coronel Juan Bautista Turconi) fueron sublevadas rápidamente por el general Lonardi y sus directores quedaron detenidos. El comandante de la 4.ª División de Ejército, general Morello, llamó repetidas veces a la Escuela de Artillería recibiendo a cambio respuestas evasivas. La Escuela de Infantería (coronel Guillermo Brizuela), alertada por el general Morello, tomó medidas de seguridad y comenzó a alistarse para salir. Mientras tanto, el general Lonardi sublevó y alistó la Escuela de Artillería (3.000 hombres). El general confiaba en convencer al coronel Brizuela de plegar su Escuela al alzamiento para evitar un enfrentamiento desigual (la artillería carece de medios para resistir un asalto de la infantería) e intentó comunicarse con él. Sin embargo Brizuela cortó el llamado telefónico que le hicieron y entonces Lonardi, ya sin posibilidad de evitar el combate, ordenó abrir fuego contra la Escuela de Infantería con dos baterías.[150]

El ataque causó grandes daños en las instalaciones y sorprendió a muchos de sus integrantes. La rotura de los cables de electricidad y la consiguiente oscuridad tornaron muy difícil la organización de la infantería para repeler el ataque.[151]​ Al amanecer solo 1800 de los 3000 efectivos quedaban a las órdenes de Brizuela, principalmente por la deserción de los soldados conscriptos que cumplían el servicio militar. Con las primeras luces del día los infantes comenzaron a dar vuelta la situación[152]​ y lograron rodear a los artilleros. La maniobra dejó sin defensas el edificio de la Escuela de Infantería, que fue ocupada por las Tropas Aerotransportadas del capitán Claisse. Pero ante la inminente caída de los Artilleros tuvo que retroceder a auxiliarlos.[153]​ Dado que la artillería tiene un rango mínimo de disparo, con los infantes demasiado cerca no había otra opción más que retirarse. Una segunda dificultad era girar los cañones para apuntar a los infantes que, tras la maniobra envolvente, ahora se hallaban a sus espaldas.[154]

Videla Balaguer desde un petit hotel en Alta Córdoba secundado por Enrique Arballo, José Rafael y Julio César Cáceres Monié, Juan Labarthe, Mario de León[155]​encabezó la toma armada de la radio local y de la comisaría, y del antiguo Cabildo de Córdoba, donde su insistencia en el uso de ametralladoras dañaria el edificio histórico[156]​ Mientras brindaba apoyo a grupos comandos asaltan sindicatos peronistas al mando de los golpistas, concretó y mantuvo, en cruentos combates contra las fuerzas leales al gobierno democrático, el dominio de la ciudad de Córdoba por las fuerzas que apoyaban el Golpe de Estado.[157][158]​fue tomada la estación transmisora LV3, cuyas instalaciones se hallaban ubicadas sobre la avenida Rafael Núñez, en el cerro de las Rosas, donde murieron asesinados por el bando golpista 3 trabajadores; las instalaciones habían sido previamente hostigadas por la aviación.[159]

¿Juráis por Dios y por la Patria luchar hasta el triunfo o morir, como dicen las estrofas del himno?
Juramento de los comandos cordobeses.[160]

En la Patagonia no se observaban movimientos, solo en la ciudad de Río Colorado, donde se produjo un bombardeo aéreo el objetivo eran las instalaciones ferroviarias y un tren de soldados leales al gobierno de Juan Domingo Perón. Dos conscriptos del Ejército murieron alcanzados por las esquirlas y hubo cuantiosos daños en instalaciones del ferrocarril Roca, así como en viviendas particulares.Los hechos se desencadenaron cuando un tren militar, con efectivos leales al gobierno constitucional avanzaba desde Neuquén con dirección a Bahía Blanca; cuando fueron bombardeados por dos aviones del bando golpista con objetivo destruir el puente ferroviario sobre el río para cortarles el paso. Hacia las 19:00 del sábado 17 de septiembre, sobrevoló el primer avión, que luego descargó la primera bomba sobre la costa del río, en cercanías del puente ferroviario. La tensión fue en aumento porque el domingo 18, a la mañana temprano, llegó a Río Colorado el primer tren con tropas leales al gobierno constitucional, que se dispersaron por el pueblo alertando a la población civil para que abandonase sus hogares. Ese fue el comienzo del éxodo de los aproximadamente 4000 habitantes de Río Colorado hacia las chacras de las colonias Reig, Juliá y Echarren, buscando protección en las casas de amigos y parientes.

En el Ministerio de Guerra a partir de las 4:55 informaban desde Gualeguaychú que efectivos de la policía habían reportado la presencia de Señorans y Aramburu en esa zona.

En el Liceo General San Martín 200 cadetes se unieron a 400 jóvenes que cumplían el servicio militar obligatorio, junto a 200 soldados de reserva con el objetivo de repelir el golpe de Estado.

El ministro Lucero procedió a designar los comandantes de represión: en la provincia de Buenos Aires, la 2.ª División de Infantería (general Heraclio Ferrazano) con apoyo de la Aeronáutica (ministro Juan Ignacio San Martín) avanzaría contra el foco rebelde en Río Santiago, la 3.ª División de Caballería (general Eusebio Molinuevo), la 6.ª División de Infantería (general Ramón Boucherie) y la Agrupación Motorizada (general Cáceres) contra Puerto Belgrano y Comandante Espora. En el norte, el general Carlos Salinas con la 4.ª División de Caballería (general Astolfo Giorello) y la 7.ª División de Infantería (general Esteban Font) haría lo propio contra el foco rebelde de Curuzú Cuatiá. En la provincia de Córdoba, el 2.º Ejército (general José María Sosa Molina) de Mendoza, la 4.ª División de Infantería (general Alberto Morello) de Córdoba, la 5.ª División de Infantería (general Aquiles Moschini) de Salta y el Regimiento 11 y Regimiento 12 de Infantería (general Miguel Ángel Iñíguez) de Santa Fe avanzarían contra el foco rebelde en la guarnición militar de Córdoba.[161]

Destructor ARA Cervantes.

Desde la Escuela Naval zarparon los dos destructores de instrucción T-4 La Rioja y T-3 Cervantes. A las 9:30 estas naves fueron atacadas por una cuadrilla de Gloster Meteor de la fuerza aérea dirigida por el vicecomodoro Carlos Síster.[162]

En la mañana del jueves 16, en el Ministerio de Marina se realizaba una reunión anual, mientras tanto un grupo de marinos se preparaban para tomar la Casa de Gobierno. La Aeronáutica mandó un helicóptero con un alto oficial para informarle a la Armada sobre noticias en Puerto Belgrano, el contralmirante Aníbal Olivieri, a cargo de las comunicaciones y con parte de enfermo, y el comandante de Infantería de Marina, vicealmirante Benjamín Gargiulo se plegaron a la conspiración. Como asistente de Olivieri se encontraba el teniente de navío Emilio Massera. En Bahía Blanca el capitán Arturo Rial[163]​ teniente coronel Albrizzi: contestó que la unidad no se plegaba.[164]

La poderosa Flota de Mar estaba fondeada en Puerto Madryn: A su mando, el leal almirante Juan B. Basso permanecía fiel a las autoridades constituciinales.[164]​El ejército preparó los tanques de Campo de Mayo, el Colegio Militar de la Nación para defender al gobierno mientras que efectivos en La Tablada habían logrado frenar la el intento de ocupación de la base aérea de Morón.

En la ciudad de Córdoba, el general Videla Balaguer y unos cuarenta civiles a las órdenes del diputado radical Miguel Ángel Yadarola- habían sido cercados por la policía y efectivos del ejército tras la denuncia que efectuara una operadora telefónica, tras una hora sitiados pidieron rendirse ante la policía local.[165]​ Sesenta miembros de la Escuela de Suboficiales de Aeronáutica se dirigieron hacia Alta Córdoba para prestarles ayuda:[166]​ su superior armamento permitió la evacuación de todos los presentes.[167]

Por su parte la Escuela de Artillería estaba rodeada, tanto Ossorio como Lonardi hicieron votos de luchar hasta la muerte.[168]

Creo que hemos perdido, pero no nos rendiremos. Vamos a morir aquí.
Eduardo Lonardi[169]

En ese momento comenzó a mostrar su efecto el hecho de haber atacado por sorpresa «con toda brutalidad» al inicio del conflicto:[168]​ la Escuela de Infantería se quedaba sin munición y su director Brizuela se vio obligado a proponer un cese de las hostilidades.[170][171]​ la Escuela de Infantería desfiló con sus armas ante la de Artillería y de Tropas Aerotransportadas, después de esto rindieron.[170][172]

El Comodoro Julio César Krause, y Videla Balaguer, mandó a ocupar las antenas radiofónicas de Córdoba [173]​ Liderados por el capitán Sergio Quiroga tuvieron varios enfrentamientos con la policía.[174]

A las 11 de la mañana, varias unidades leales del Ejército estaban en La Plata, cercando la base Río Santiago que finalmente se rindió a las 12.30 volviendo a restablecerse la cadena de mando [175]​ A esa misma hora en Curuzú Cuatiá se oían las radios anunciando el fracaso del alzamiento en todo el país. A las 12 un avión sobrevoló la localidad lanzando panfletos con esa misma información. Varios oficiales pidieron ser arrestados y encerrados con los leales, hasta que un grupo de más de cien suboficiales pudo zafarse de sus captores, empuñar sus armas, y copar la Escuela Blindada.[cita requerida] Tras un largo tiroteo, se parlamentó: la Escuela Blindada permanecería pasiva, sin forzarla a obedecer el mando rebelde.[176]

El capitán de fragata Hugo Crexel, por orden directa de Perón, comandaba una cuadrilla de aviones que, junto a la cuadrilla del vicecomodoro Císter, atacaban a los barcos de la Escuela Naval. Ante la potencia del ataque aéreo las naves se alejaron de la Ciudad de Buenos Aires: así salieron del rango de autonomía de los aviones, que comenzaron a atacar la base de Río Santiago.[177]​ Primero cayeron sobre la Base una cantidad de panfletos anunciando la derrota de la revolución en todo el país, y luego comenzó el bombardeo.[178]​ Pero en la Río Santiago se había concentrado un gran poder de fuego: de este modo dos aviones fueron averiados y quedaron fuera de combate.[179]

Al mediodía del 16 de septiembre, los rebeldes controlaban ciertos puntos en Córdoba, Curuzú Cuatiá, Río Santiago y Bahía Blanca. La Fuerza Aérea parecía mantenerse leal al gobierno. Nada se sabía acerca del ejército en Cuyo ni había noticias de la Flota de Mar. Perón había salido del Ministerio de Guerra a las 10:30.[180]

Un I.Ae. 24 Calquín.

La desconfianza reinaba en la Base Aérea Militar Morón, sede de las escuadras aéreas leales al gobierno, desde que los pilotos de los Calquín hicieran una pasada sobre Río Santiago y sus disparos no hicieran ningún blanco - cosa harto improbable en pilotos tan adiestrados. El Grupo 1 de Bombardeo, con asiento en la provincia de San Luis, también había sido convocado a la base de Morón. Allí los primeros dos pilotos en llegar, capitanes Orlando Cappellini y Ricardo Rossi, fueron advertidos por el comandante en jefe de la Fuerza Aérea, brigadier Juan Fabri, que intuía sus intenciones revolucionarias:[181]

Miren: yo sé cómo piensan ustedes dos; es como pensamos todos. Pero yo les pido que en este momento cumplan las órdenes, porque después ya va a haber tiempo para hacer lo que todos queremos.
brigadier Juan Fabri, 16 de septiembre de 1955.[181]

Se les ordenó pilotear sus Avro Lincoln

AvroLinconB2VI

hasta Córdoba y observar la situación en la Escuela de Artillería: ellos, en cambio, aterrizaron en la Escuela de Aviación Militar y se plegaron a la revolución. Esa tarde los seguirían otros tres: el capitán Fernando González Bosque y los primeros tenientes Dardo Lafalce y Manuel Turrado Juárez. La repercusión emocional en ambos bandos fue inmensa; a partir de estos hechos se comenzó a usar la palabra panqueque, porque los aparatos «se dan vuelta en el aire».[182]

En Puerto Belgrano se interceptaron comunicaciones mantenidas por el teniente coronel Albrizzi, al mando del regimiento de infantería local, pidiendo ayuda a los regimientos de Azul y Olavarría. Albrizzi, que se había declarado neutral, fue intimado a plegarse o rendirse. A las 16:00 el capitán de corbeta salteño Guillermo Castellanos Solá, al mando de un grupo de infantes de marina, ocupó la ciudad de Bahía Blanca. Una parte de la población salió a las calles a festejar y ofrecerse al servicio de los rebeldes.[183]​ A las 16:30, vencidos todos los plazos de rendición, el capitán Rial dio la orden bombardear el Regimiento 5 de Bahía Blanca. Como el regimiento estaba fuera de la ciudad, no se afectó a la población civil.[184]

Tropas leales al gobierno resisten el golpe de Estado en la localidad bonaerense de Ensenada.

Una situación inversa se daba en Río Santiago donde cada 50 minutos los aviones, recargados de municiones en Morón, atacaban las posiciones rebeldes. Cabe recordar que la base Río Santiago está situada en una pequeña isla sobre el Río de La Plata, separada de la localidad de Ensenada por un pequeño brazo de agua. Sobre la tierra firme había un astillero. Por tierra el Regimiento 7 de infantería, junto a policías y milicianos hacían presión contra la base,[185]​ pero un grupo de infantes de marina al mando del teniente de corbeta Carlos Büsser apoyados por tres cañoneras que estaban sobre el Río Santiago lograron evitar su penetración.[184]​ Cerca de las 16:30 un ataque aéreo erró groseramente el blanco, bombardeando atrás de la primera línea de infantes, a más de 300 metros de la base naval. Esto causó pánico entre la población civil de Ensenada, que comenzó a autoevacuarse.[185]

En Curuzú Cuatiá un sabotaje de los suboficiales leales permitió que se derramaran todos los depósitos de combustible: de este modo los rebeldes no tendrían forma de utilizar sus vehículos blindados. Mientras tanto, en la vecina ciudad de Mercedes se concentraban las fuerzas del gobierno.[186]

El 16 por la tarde

[editar]

Por la tarde los destructores que estaban en medio del Río de la Plata fueron aproximándose a Montevideo, y un remolcador uruguayo llevó los heridos a tierra firme y abastecido con combustible los fedtructorrd.[187]

En la Escuela de Aviación Militar con asiento en Córdoba el material aéreo de instrucción no portaba armamento o portaba muy poco. Varios oficiales se avocaron a ponerlos a punto para el combate, re-ensamblando cañones e instalando bombas. En la Fábrica Militar de Aviones habían tres Gloster Meteor en reparaciones, las cuales fueron completadas.[188]​ Entonces la Aeronáutica rebelde pintó a los aviones con la señal «M.R.» (por Movimiento Revolucionario). Luego añadió el distintivo conocido como "Cristo Vence", formado por un distintivo en forma de letra "V" con una cruz.[189]

Aunque los alrededores de Córdoba estaban en manos de los rebeldes, el centro de la ciudad estaba bajo control de las autoridades constitucionales. El centro estaba defendido por el gobernador Raúl Lucini y la Policía Cordobesa, cuyas fuerzas estaban concentradas en la plaza San Martín y atrincheradas en el Cabildo. Tras un breve combate con las fuerzas policiales, el general Videla Balaguer logró obtener la rendición de la Policía y obtuvo el control de Córdoba.[190]

Los "comandos" civiles produjeron asaltos violentos los edificios públicos, constituyendo un factor de enlace permanente con los militares golpistas. Solo en Córdoba estos comando causaron más de 27 muertos en los tres días previos al golpe de Estado 16 de septiembre de 1955, en su mayoría civiles peronistas que protestaban a favor del mantenimiento del orden constitucional.[191]​El jefe de la UCR local, Luis Medina Allende junto a los hermanos García Montaño, Gustavo Mota Reyna, Gustavo Aliaga, Domingo Castellanos, Marcelo Zapiola, Jorge Manfredi, Jorge Horacio Zinny, se ponen bajo las órdenes de Videla Balaguer.

Por la tarde soldados de la Escuela de Infantería partieron para Alta Gracia, donde se consolidaban las fuerzas leales al gobierno constitucional. A la medianoche el capitán García Favre voló a Puerto Belgrano para intercambiar noticias.[192]

Zonas rebeldes al final del día.

En San Luis el general Lagos hasta hacía dos meses había sido el jefe de la guarnición. En reunión con el jefe del Estado Mayor del 2.º Ejército, general Eugenio Andía, Lagos y sus acompañantes se anoticiaron de que en la Comandancia Segunda había sido designado José Epifanio Sosa Molina, quien había llegado de Buenos Aires con un grupo de la Policía Federal con las órdenes de investigar la situación de los oficiales para evitar un alzamiento similar al que Videla Balaguer había intentado fallidamente dos semanas atrás en Río Cuarto.[123]​ Para complicar su situación, las tropas de Mendoza y San Juan se hallaban de maniobra en el monte y los jefes apalabrados no tenían acceso al teléfono.[193]​ Andía también supuso que la noticia de la presencia de Lagos en San Luis desataría una intensa búsqueda y su posterior detención por parte de la policía; y que lo mejor era tratar de juntarse en Mendoza con el coronel Fernando Elizondo.[124]

Por la noche se ordenó la concentración de todas las unidades del Segundo Ejército en San Luis. La CGT mendocina proveyó camiones y combustible a las unidades presentes en la provincia, que todavía eran leales y que de otro modo habrían tardado una semana en organizarse.[194]

En Curuzú Cuatiá, cerca de las 23:00, la desmoralización de los suboficiales en las unidades rebeldes llegó a un punto máximo: rodearon el casino de oficiales y los obligaron a abandonar la ciudad. Con eso llegaba a su fin la revolución en el litoral.[195]​En Río Santiago los rebeldes se replegaron a la isla entre las 18:00 y las 19:30, al tiempo que el regimiento 6 de Infantería se acercaba a la actual ciudad La Plata).[196]​ Al día siguiente llegaría al lugar un regimiento de artilleros, los cuales fácilmente podría demoler la base y a sus ocupantes. El capitán Crexel se reunió con el almirante Cornes y festejaron con champán, por la noche se embarcaron. Hacía el Río de la Plata.[197][198]

17 de septiembre

[editar]

El 17 de septiembre fue un día nublado en la ciudad de Buenos Aires, la población salió a aprovisionarse de víveres y velas, pero ningún disturbio alteró el orden en las calles. Los espectáculos públicos y los partidos de fútbol habían sido suspendidos, y mucha gente se encontraba junto a la radio aguardando noticias. Las trajo esa tarde el vespertino La Razón: Curuzú Cuatiá y Río Santiago habían sido recuperados por tropas leales al gobierno constitucional, y los otros focos sublevados estaban próximos a caer.[199]​El grueso del Segundo Ejército que permaneció leal al gobierno constitucional cruzó el Río Desaguadero que separa las provincias de Mendoza y San Luis. El jefe, general Sosa Molina, se había trasladado a Anisacate, Córdoba, preparando la llegada de sus tropas para reprimir la sublevación. La marcha del ejército la dirigía el general Raviolo Audisio, y en San Luis lo esperaba Eugenio Arandía.[200]​ Llegados a la capital puntana, los oficiales de mayor rango se reunieron en el despacho del Comando.[201]​ Allí permanecían detenidos los jefes leales a la Constitución Mario Raviolo y los coroneles Botto y Croce [202][203]

En la costa Atlántica la artillería antiaérea del Ejército telefoneó a la Campo de Mayo para confirmar el apoyo a la República y sus autoridades constituidas, el personal de la unidad, constado de 120 hombres entre oficiales, suboficiales, conscriptos y aspirantes, comenzando a trasladar el personal y los medios materiales a Córdoba a sofocar a los grupos golpistas[204]

Lucero mandó que las fuerzas de la Provincia de Buenos Aires que se dirigían a Córdoba se concentraran en Río Cuarto. En Río Santiago, tras el desalojo de los golpistas quedó en libertad el capitán de Navío Manuel Giménez Figueroa que había sido arrestado por no plegarse al golpe. Quedaban en la base, además de Giménez Figueroa, otros 19 oficiales de menor jerarquía, 176 suboficiales, y 400 hombres entre marineros y conscriptos. Unas 200 personas quedaban en la Escuela Naval.[205]

Al aclarar, aviones de la Base Aeronaval Comandante Espora volvieron a bombardear la Guarnición de Ejército Bahía Blanca, que carecía de defensa antiaérea y pronto ofreció su rendición. Así se incautó una gran cantidad de fusiles y munición. García Favre, cumplido su cometido, volvió a despegar hacia Córdoba.[206][207]

En esa ciudad, desde la noche, personas leales al gobierno ofrecían esporádica resistencia, tanto en grupos como de forma aislada. Grupos de civiles dirigidos por cadetes aeronáuticos tenían la función de asegurar el orden en la ciudad ocupada. La emisora radial, rebautizada Radio Nacional Belgrano estaba defendida por una ametralladora en el techo, que barría a 360 grados, y otras dos a los lados protegidas por nidos de zorro. Fue objeto de dos fallidos ataques.[208]

En Anisacate al sur de Córdoba se encontraron el general Morello (con mando sobre las fuerzas en Alta Gracia), el general Sosa Molina (líder del II Ejército, sin saber que estaba sublevado), el coronel Trucco con su Regimiento de Artillería y el mayor Llamosas con las fuerzas de la Escuela de Infantería que habían escapado de la ciudad de Córdoba. Si bien el ministro Lucero había designado a Sosa como líder regional, después de esa reunión todo quedó a cargo de Morello.[209]​Según testimonios, Aramburu estuvo indeciso, ante la ausencia en el complot de grandes unidades militares, y era proclive a una postergación, el retirado Eduardo Lonardi, 59 años, decidió ponerse al frente del golpe, tras la toma de una emisora radial.[210][211]

Radio Nacional emitió un comunicado:

Se advierte a la población que radioemisoras en poder de los focos revolucionarios (...) y radios extranjeras caracterizadas por la mala fe y sus burdos errores, propalan informaciones absolutamente erróneas. Se informa al pueblo de la República y a todas las Fuerzas Armadas que la marcha de las operaciones de las Fuerzas leales es absolutamente favorable.
Radio del Estado, sábado 17 de septiembre de 1955.[212]
Bombardero Avro Lincoln.

El general Arandía mandó ocupar Villa Mercedes y la vecina localidad de Villa Reynolds, con su base aérea.[210]​ Luego, el grueso del ejército retornó a Mendoza para ocupar esa provincia y poder abastecer a las unidades de más combustible y municiones.[213]​ Lonardi manda a acomdicionar algunos Gloster Meteor existentes en la Fábrica de Aviones: (un Avro Lincoln llegado ese día de Morón partió hacia Villa Reynolds pero cayó por un desperfecto en el camino) como aviones de Aerolíneas Argentinas utilizados como transporte. Con respecto a los bombarderos, en la Escuela de Aviación no había repuestos ni bombas en cantidad, por lo que se trasladaron a la base Comandante Espora para recibir el material necesario.[214]

Caza Gloster Meteor.

Tres cazas Gloster Meteor de la Fuerza Aérea leal a la república, piloteados por el mayor Daniel Pedro Aubone, el comandante Eduardo Catalá y el capitán Amauri Domínguez hicieron una pasada sobre el aeropuerto de Pajas Blancas, dejando fuera de servicio a los dos bombarderos Avro Lincoln que habían sido los primeros panqueques del 16.[214]​ El éxito de la misión entusiasmó al ministro Lucero, quien ordenó para el día siguiente un segundo ataque aéreo contra el grupo sublevados Córdoba, esta vez con Avro Lincoln superando la contrariedad importante por la escasa cantidad de aviones que tenían,[215]​ además en horas de la tarde llegó la noticia de que el II Ejército no marcharía directamente hacia Córdoba.[216]

Esto era un gran problema, debido a que los rebeldes no tenían una agrupación completa: tan solo una unidad de artillería con oficiales y tropa. Los suboficiales estaban todos detenidos por la falta de confianza que les inspiraban. Uno de los jefes García Favre voló a Mendoza, Lonardi evaluó la posibilidad de establecer un puente aéreo y trasladar a sus seguidores a Mendoza, pero Krause se negó rotundamente:[216]

Yo no estoy de acuerdo con evacuar. Nosotros dijimos que veníamos a vencer o morir; de manera que de acá no me muevo, ni voy a permitir que ninguno de los aviones que están bajo mis órdenes lo haga.
comodoro Julio César Krause, 17 de septiembre de 1955.[216]

Al atardecer del 17, la mayor parte de la V división, comandada por el general Aquiles Moschini, llegó por tren a la localidad de Deán Funes, al norte de la provincia. La integraban cuatro regimientos de infantería (números 15, 17, 18, y 19), uno de artillería, uno de caballería y un batallón de comunicaciones.[217]​ Al este en Río Primero se hallaba el 12.º Regimiento de Infantería bajo las órdenes del general Miguel Ángel Iñíguez. Y al sur, la IV división a cargo de Morello se sumaría a las fuerzas de Iñíguez y Moschini en un movimiento de «pinzas» para ahogar a Lonardi y Videla.[218]

Situación al 17 de septiembre.

El Comando Sur ordenó la voladura de puentes en un radio de 100 km a la redonda[219]​ y cerrar una compuerta del gasoducto para cortar la provisión de gas a Buenos Aires.[220]​ Contra él se acercaban la 3.ª División de Caballería, el 2 regimiento de Artillería y el 3 de infantería.[221]​ El Regimiento 3 de Infantería, de La Tablada, era el único del Gran Buenos Aires al que se ordenó alejarse de la ciudad. Partió en una columna de 47 km de largo hacia la zona de Bahía Blanca. Su jefe, coronel Carlos Quinteiro, recibía órdenes desde Buenos Aires del general Francisco Ímaz, Comandante de Operaciones del Ejército. El regimiento había dejado su armamento antiaéreo en Buenos Aires, porque se creía que en Comandante Espora no había espoletas (elementos que hacen detonar las bombas). Más tarde esta hipótesis resultó ser fatalmente falsa. Llegados a Tandil, Ímaz les encargó cambiar de rumbo y ocupar un arsenal de la marina en Azul. El regimiento de Azul, por su parte, ya había partido.[222]​ En la base Espora se recibieron dos Avro Lincoln y un grupo de Calquínes al mando del capitán Jorge Costa Peuser, que se pasaron al bando rebelde.[223]

Se constituyó la "Radio Base Naval Puerto Belgrano", centro de difusión rebelde constituido para contrarrestar a la Secretaría de Prensa y Difusión, con las radioemisoras rebeldes de la Capital Federal, de Córdoba y Mendoza o de radioaficionados en las distintas provincias. El sabotaje de los "comandos" civiles debilitó la red de radioemisoras gubernistas.[224]

Un grupo de radioaficionados rionegrinos avisó que fuerzas leales al gobierno se dirigían a Viedma por tren: se trataba de la segunda agrupación del II Ejército, destacadas en San Martín de los Andes, Covunco, Zapala y otros lugares de Neuquén y Río Negro. En consecuencia, Perren mandó volar varios puentes sobre el Río Colorado.[223]

18 de septiembre

[editar]

El día 18 a las 9:17 el contraalmirante Isaac Rojas rechazó un despacho del Ministerio de Marina que lo intimaba a rendirse. El 18 la Flota sublevada liderada por el crucero ARA 17 de Octubre y el crucero ARA La Argentina alcanzó la zona de Río Santiago y el contraalmirante Rojas y el capitán de navío Sánchez Sañudo pudieron embarcar en la nave insignia crucero ARA 17 de Octubre. Entre los oficiales superiores de la Flota, el oficial rebelde de mayor jerarquía era el comandante de la División de Fragatas, capitán de navío Agustín Lariño.[225]

Los dos cruceros, ARA 17 de Octubre y ARA La Argentina, partieron del golfo Nuevo hacia el Río de la Plata, sin parar en Puerto Belgrano como si hicieron los destructores ARA Buenos Aires, ARA Entre Ríos, ARA San Juan y ARA San Luis.[226]

El contraalmirante Rojas, único de su grado en la rebelión, asumió el comando en jefe de la Flota y declaró el bloqueo de todos los puertos argentinos.[227]

Antes de eso Rojas estaba al frente de una pequeña flota: el destructor La Rioja, el patrullero Murature, los rastreadores Granville, Drummond y Robinson, el submarino Santiago del Estero, y el buque taller Ingeniero Gadda y lanchas torpederas.[228]​ Su composición era la siguiente: crucero 17 de Octubre (capitán de navío Fermín Eleta), crucero La Argentina (capitán de navío Adolfo Videla); destructores Buenos Aires (capitán de fragata Eladio Vásquez), Entre Ríos (capitán de fragata Aldo Abelardo Pantín), San Juan (capitán de fragata Benigno Varela) y San Luis (capitán de fragata Pedro Arhancet); fragatas Hércules (capitán de fragata Mario Pensotti), Sarandí (capitán de fragata Laertes Santucci) y Heroína (capitán de fragata César Goria); buque taller Ingeniero Iribas (capitán de fragata Jorge Mezzadra) y buque de salvamento Charrúa (capitán de corbeta Marco Bence).[229]​El golpe los efectivos sublevados contra el orden constitucional encontraron la resistencia —tanto activa como encubierta— de los suboficiales a cargo de los tanques de la fuerza inicial y les faltó el apoyo de unidades con las que pensaban contar que decidieron apoyar al gobierno, por lo que al cabo de medio día[23]​se rindieron a las fuerzas constitucionales encabezadas por el comandante en jefe del Ejército.[229]

Ese día el general Carlos Wirth, jefe del Estado Mayor del Ejército, designó comandante del 12.º Regimiento y de la agrupación aérea liviana, y le ordenó marchar con esas tropas desde Santa Fe hacia la provincia de Córdoba para atacar a Lonardi.[230]​El avance debía realizarse en forma coordinada y simultánea con las demás fuerzas leales que también avanzaban sobre la provincia, al mando de los generales Alberto Morello desde el sur y Moschini por el norte. Las tropas al mando de Iñíguez debían liberar el camino de La Calera y el primer objetivo era Alta Córdoba. Sin embargo, al llegar a la estación del Ferrocarril General Belgrano [231]​ fue atacado con fuego de morteros y ametralladoras, así como ataques aéreos por parte de los sublevados, lo que obligó a los soldados a refugiarse en hoteles cercanos hasta que se activó la artillería antiaérea, pero Iñíguez consiguió mantener las posiciones. Un mensajero trajo la orden del general José Humberto Sosa Molina de sostener la posición y prepararse para atacar al día siguiente.[230]​La ciudad de Curuzú Cuatiá, en la provincia de Corrientes, fue uno de los escenarios de los levantamientos militares del golpe. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en otros espacios, allí el movimiento fracasó por la actitud vacilante de los jefes militares y por el enorme apoyo que el peronismo había construido en el Ejército, fundamentalmente entre los suboficiales. se organizaron columnas leales al gobierno constitucional en las ciudades de Mercedes, Paso de los Libres y Monte Caseros que avanzaron hacia Curuzú Cuatiá. En un primer momento, Aramburu decidió mandar fuerzas para enfrentarlos, pero luego, ante lo confusa de la situación y viendo que la mayoría del Ejército en la zona había abandonado el bando revolucionario, decidió rendirse y marcharse. La sublevación contra la república de Curuzú Cuatiá estuvo completamente vencida la noche del 16 de septiembre.[232]

En la mañana del día 19, las tropas leales avanzaron para dar el golpe final al tiempo que el General Moschini tomó el aeropuerto de Pajas Blancas.[230][233]

La primera comunicación recibida por la flota el día anterior, a las 08:22, informaba acerca del golpe y en la contestación se dejó clara la situación: era leal al gobierno constitucional.[229]

Crucero 17 de Octubre, luego rebautizado General Belgrano.

Al mediodía Lonardi proclamó a Córdoba como la capital provisional del país.[234]​La ciudad se hallaba dividida por líneas históricamente antagónicas de Córdoba, la «clerical» representada por la Iglesia Católica y los sectores conservadores y la «laica democrática» representada por los jóvenes estudiantes universitarios.[235]​Ese mismo día se rebela el plan secreto del almirante

El 16 de septiembre de 1955 una bomba lanzada por un avión del grupo golpista cayó en un barrio ubicado a metros de la refinería de Ensenada. Isaac Rojas deseaba bombardear el Puerto de La Plata. Cuyo canal, que divide en esa zona las localidades de Berisso y Ensenada, se hallaba la principal destilería de YPF en el país. Ambas localidades contaban con una amplia población de trabajadores de la militancia peronista.[236]

Contemporáneamente en el Ministerio de Guerra ubicado a pocos metros de la Casa Rosada tenía informes de la posición de la flota, pero en Mar del Plata no se la había visto pasar. En el Comando se hallaban tres oficiales de la navales como oficiales de enlace: los capitanes de fragata Jorge Boffi, Enrique Green y Juan García. El resto del comando ignoraba que estos oficiales eran parte del complot y se habían puesto de acuerdo para suministrar informes falsos y sabotear las órdenes que se emitieran a través de ellos.[237]

Ante la novedad de una columna del Ejército avanzaba hacia Puerto Belgrano pasando por Mar del Plata, el contraalmirante Rojas ordenó al crucero ARA 9 de Julio (capitán de navío Bernardo Benesch), que había zarpado de Puerto Belgrano el sábado 17, y la División de Destructores destruir los depósitos de combustible de Mar del Plata, previo aviso a la población, y a Puerto Belgrano para que dos aviones Consolidated PBY Catalina de la Aviación Naval bombardearan los depósitos de combustible de Dock Sud en La Plata.[238]

En Mendoza el aeropuerto del Plumerillo fue tomado por Fonseca para que se hiciera cargo del gobierno de esa provincia.[239]​ Al mediodía Lagos recibió a García Favre que traía un desesperado pedido de refuerzos.[240]

El regimiento 3 de infantería motorizada llegó a General La Madrid hacia el mediodía y el teniente coronel Arrechea recibió la orden de abandonar sus vehículos y proseguir en tren.[241]​ Arrechea pensó que esa orden era inaceptable, ya que después de bajarse del tren, el regimiento ya no estaría motorizado;[242]​ entonces resolvió establecer una comunicación telefónica entre el general Imaz y el jefe del regimiento, coronel Carlos Quinteiro, quien se negó a cumplir la orden.[243]​ Por el gran tamaño de esa columna adversaria, en la Base Espora se decidió hostigarla durante el resto del día. El teniente coronel Arrechea rememora:[243]

Fuimos tremendamente atacados (...) nos hicieron pasar las mil y una los NA, enloqueciéndonos como mosquitos, volando sus pilotos con gran valor a 5 m del suelo. (...) Ahí perdimos mucho material, cerca del 50% del material rodante.
César Camilo Arrechea.[243]

A pesar de los bombardeos, esa noche las fuerzas leales al gobierno habían rodeado la zona aledaña a Bahía Blanca. El capitán de navío Arturo Rial barajó la opción de zarpar hacia Río Gallegos,[244]​ previendo una guerra civil prolongada donde los rebeldes podían ocupar la Patagonia y sus fuentes energéticas. A la tarde, Rial y Lonardi se comunicaron por radio y resolvieron que cada uno resistiría sin rendirse.[245]

En Córdoba a primera hora de la mañana Lonardi organizó la defensa de su posición en tres grupos: el primero en la Escuela de Aviación Militar y la Fábrica Militar de Aviones; el segundo en la Escuela de Suboficiales de Aeronáutica, defendiendo su valiosa pista; y el tercer grupo, más pequeño, estaría detrás de los otros dos, mirando hacia la Ciudad de Córdoba. Allí el general Videla Balaguer contaba con dos piezas de artillería prestadas por un suboficial retirado, una pequeña compañía de paracaidistas, un grupo de cadetes y aspirantes de la Fuerza Aérea, y unos nutridos grupos de civiles con poca o nula instrucción militar.[246]​ Ante la inminencia de un asalto crucial por parte de fuerzas leales muy superiores, Lonardi mandó celebrar «una gran misa de campaña, con confesión general y comunión» en la plaza de armas de la Escuela de Aviación,[246]​ Las tropas leales al gobierno constitucional llegarían alrededor del mediodía El grupo de 500 hombres liderados por Avro Lincolns cuya misión era bombardear las pistas de aterrizaje que habían utilizado los golpistas.[247]​ la presencia de los Gloster Meteor sorprendió a los bombarderos, finalmente los bombarderos se retiraron tras una intimación.[248]

La brigada del general Iñíguez llegó a Córdoba por el oeste desde Río Primero.Tras él venían el teniente coronel Podestá y el general Sosa Molina. Desde Anisacate avanzaba el general Alberto Morello. En cambio, la V División había llegado a Deán Funes en tren, pero no conseguía la cantidad necesaria de vehículos para seguir avanzando. Además se les había dado la orden de no entrar a la localidad de Jesús María pues se creía que el liceo militar local se había sublevado y en ese caso la mayor parte de los defensores habrían sido alumnos menores de edad.[249]​ Esta suposición se comprobó falsa, y a las 20:30 las tropas emprendieron el avance hacia el centro provincial, en su camino 3 tenientes cercanos a Leonardo desertaron y se sumaron a las fuerzas constitucionales.[250]

El General Iñíguez llegó por el oeste avanzando hacia Alta Córdoba. Esporádicamente francotiradores civiles abrían fuego sobre ellos. En la estación de ferrocarril una acción de los comandos los forzó a abandonar sus vehículos:[251]

El tiroteo era esporádico: de a ratos nutrido, después espaciado. Nosotros seguimos avanzando en plena lucha, cuerpo a tierra y de a saltos hasta entrar en la estación, donde había una gran playa de vagones. En cierto momento el ataque de los guerrilleros recrudeció y nos obligó a dar frente hacia el oeste.
Miguel Ángel Iñíguez.[251]

A las 9:30 la estación quedó en manos del Ejército Argentino,[252]​ mientras que un comando sublevado tomo los hoteles Savoy y Castelar que estaban enfrente, y en unas azoteas vecinas. Un intenso tiroteo cruzaba la calle hasta que un avión de ataque Calquín (matrícula A-70) dejó caer cuatro bombas de napalm sobre un tren, creyendo su piloto que este estaba repleto de soldados leales al gobierno. Tres de ellas impactaron sobre vagones vacíos, levantando una gran bola de fuego y la otra atravesó el techo y se clavó en un andén, sin explotar. Iñíguez resolvió mantenerse en su posición mientras esperaba al resto de sus tropas que iban llegando a la ciudad. A las 15:30 se reanudó el combate, y las tropas leales ya contaban con morteros y ametralladoras.[251]

En Capital Federal la ocupación de la estación de Alta Córdoba se publicitó como la ocupación de toda la ciudad, quedando pendiente una «operación de limpieza en las sierras y montes».[253]

Anuncia el Comando de Represión que las operaciones de limpieza en Córdoba insumirán el día de la fecha y tal vez, inclusive, parte del de mañana; así lo determina la peculiaridad de la topografía de esa ciudad.
Radio Nacional, 18 de septiembre de 1955.[253]

El general Arnoldo Sosa Molina –hermano del Comandante de operaciones José María Sosa Molina– fue enviado desde Buenos Aires ante el general Morello para llevar órdenes y recabar información sobre el estado de las fuerzas que se reunían en Alta Gracia. Esas tropas avanzaron sobre Córdoba hacia la Escuela de Aviación, pero el camino estaba ligeramente más elevado que la planicie circundante y toda la artillería rebelde les hizo fuego: tuvieron que retirarse. Esto no tuvo un impacto material tan grande como fue el impacto psicológico.[254]

En tanto, en Alta Córdoba no había las tradicionales líneas, sino que los distintos pelotones estaban mal coordinados. Los avances o retrocesos solían ser repentinos y oscilantes.[250]​Lonardi ordenó a Videla Balaguer que se retirara del casco urbano de Córdoba para establecer un único foco pero Videla se negó por dos motivos: primero, que la caída de la ciudad tendría un impacto fulminante en la moral de la tropa; segundo, que él había tomado juramento a todos de luchar hasta el triunfo o morir sin retroceder.[255]​ Durante la tarde Lonardi viendo el fracaso de la sublevación en la Ciudad de Córdoba, último foco que quedaba en manos de las tropas golpistas emitió un radiograma a Isaac Rojas: «Córdoba pide acción efectiva urgente sobre Buenos Aires».[256]

Situación al 18 de septiembre.

Al anochecer hubo una pausa en la lucha. Iñíguez recibió de Morello la orden de tomar el Cabildo, pero no la cumplió para evitar una lucha callejera a oscuras. Sosa Molina luego aprobó el comportamiento de Iñíguez. Morello retrocedió a Alta Gracia porque previó, acertadamente, que durante la noche la artillería rebelde atacaría su posición con fuego de aniquilamiento.[257]​ Por la noche comenzarían a formarse focos civiles obreros armados con palos, machetes y piedras en el oeste de la ciudad y en los Barrio Kronfuss y el Barrio Pueblo San Vicente con el objetivo de combatir a los sublevados, sin embargo el gobernador telefoneó a la policía local pidiendo mantener a los civiles alejados del centro de la ciudad donde se desarrollaban los acontecimientos creyendo que los sublevados estaban próximos a rendirse.

En Alta Gracia el gobernador constitucional, Raúl Luchini, había reunido más de 100 policías con los que pretendía entrar a la ciudad cuando ésta fuera recuperada por las tropas leales.[258]​Durante el día el gobierno había despachado por ferrocarril varios tanques hacia Río Cuarto y Villa María; y la Tercera Compañía de Infantería, de la Escuela de Suboficiales de Campo de Mayo, aterrizaría al día siguiente en Las Higueras. La orden era que todas las tropas leales atacaran a Lonardi el 19 al amanecer.[256]

Tras el pronunciamiento del jefe del Estado Mayor del 2.º Ejército, general Eugenio Arandía, este entregó el comando de ejército al general Julio Alberto Lagos. El 18 por la mañana las tropas ingresaron a Mendoza y el general Lagos instaló su puesto de comando en el Liceo Militar "General Espejo", asumiendo la situación y derrocando al gobernador Carlos Horacio Evans. Le encargó el gobierno de la provincia de Mendoza al general Roberto Nazar y el de San Juan al teniente coronel Mario Fonseca.[259]

Así entonces el 2.º Ejército quedó sustraído de las fuerzas del gobierno constitucional y se convirtió en un apoyo de la Revolución en Cuyo.[260]

La posición de Lagos se consolidó cuando se incautaron potentes piezas de artillería compradas a EE. UU. por el gobierno de Chile que se encontraban en un vagón en tránsito hacia la vecina república. El 19 se reúne con García Favre proponiéndole un gobierno revolucionario provisional, generando así una «complicación internacional seria» para el presidente Perón. De esta manera Lagos podía colaborar con Lonardi aún sin enviar tropas.[261][262]

A fines de agosto de 1955 el diputado denunció ante la Cámara de Diputados que una flota británica se encontraba en aguas territoriales argentinas y pidió que se investigara el hecho.[62][63]​ El origen de la denuncia había sido un informe que fuera remitido al comandante en jefe de la Flota de Mar que había captado ecos de radar que indicaban su seguimiento por otras embarcaciones y además el aviador naval Alcides Corvera había grabado trasmisiones por radio en inglés; las autoridades navales restaron importancia al informe

Isaac F. Rojas, director de la Escuela Naval Militar había instalado allí el puesto de comando de los sublevados, utilizando a los jóvenes estudiantes como escudos humanos.

Durante la madrugada del 18 de septiembre so pretexto de evacuar a jóvenes liceistas alrededor de 120 jóvenes entre 15 y 18 años fueron embarcados en los rastreadores Granville, Spiro, y Ara Murature dirigida por Rojas—con los liceanos a bordo— con el objetivo de evitar que las tropas leales al gobierno constitucional de la República frenaran a los barcos tomados por el bando golpista mientras Rojas bloqueaba todo del tráfico marítimo y fluvial en el Río de la Plata.y bombardeaba diferentes objetivos civiles.[263]

19 de septiembre

[editar]
Mar del Plata 1955

El domingo 18 los focos rebeldes de Córdoba y Puerto Belgrano habían requerido urgente al contraalmirante Rojas la acción de la Flota para evitar su destrucción por las fuerzas leales.[238]

El crucero ARA 9 de Julio (capitán de fragata Alberto de Marotte) y cuatro destructores de la División de Destructores: ARA Buenos Aires, ARA Entre Ríos, ARA San Luis y ARA San Juan, se habían aproximado a la costa de la ciudad de Mar del Plata, con la orden de destruir los depósitos de combustible y las instalaciones del Ejército en Camet.[238]

El camino de la costa estaba cerrado por elementos civiles y policiales en actitud de defensa. El jefe de la base naval de Mar del Plata, capitán de fragata Enrique Plater, se negaba a un enfrentamiento con el Ejército, así como a aparecer cumpliendo órdenes de los rebeldes de la Marina. Entonces, el segundo jefe de la base naval, capitán de fragata Mario Peralta, se hizo cargo de la situación y dio el aviso a la población, justo cuando la Flota se preparaba para iniciar el bombardeo de los depósitos de combustible.[264]​ Concluida la acción, resolvió evacuar la base naval temiendo quedar a merced del Ejército.[265]

A las 06:10 del 19 de septiembre sonó el zafarrancho de combate en el crucero ARA 9 de Julio (capitán de fragata Alberto de Marotte). A las 7:14 comenzó el cañoneo contra los tanques de combustible marplatenses, finalizando el ataque a las 7:23. 63 de los 68 proyectiles disparados cayeron dentro de la zona del blanco: un rectángulo de 200 metros por 75 propiedad de YPF. Los otros cinco lo hicieron a no más de 200 metros de esa zona. No hubo víctimas civiles gracias a que los tanques se hallan a cierta distancia de la zona habitada.[266]​ Luego los destructores ARA Buenos Aires, ARA San Luis y ARA Entre Ríos, que acompañaban al crucero, procedieron a bombardear la Escuela de Artillería Antiaérea del Ejército en Camet (leal al gobierno constitucional) y una posición de artillería montada en zona del Golf Club. Las fuerzas de Ejército y Policía en Mar del Plata tuvieron que rendirse.[267]

Paralelamente el crucero ARA 17 de Octubre se aproximaba a La Plata para atacar la destilería de petróleo de Dock Sud en La Plata, previo aviso a la población, lo cual la Aviación Naval no había podido realizar por el mal tiempo de ese día.[268]​ Previamente el comandante en jefe de la Flota, su Estado Mayor y el general Uranga cambiaron su puesto al crucero ARA La Argentina. El mal tiempo brindaba cobertura al crucero de los ataques que le pudiera realizar la Aeronáutica con los escuadrones leales de Morón y Ezeiza. El lunes 19 a las 09:30 horas el contraalmirante Rojas envió un ultimátum al general Perón, conminándolo a presentar la renuncia y responsabilizándolo de las destrucciones y pérdidas que iban a producir la acción de la Marina.[269]​ El bombardeo de la destilería nunca se llevó a cabo, ya que poco antes de la hora indicada por la Flota el ministro Lucero anunció por radio un pedido de parlamento y cese de hostilidades.[270]​ Perón esperaba dominar la situación en pocas horas, a lo sumo un par de días, el general Raúl Tassi rememora la situación del 19 de septiembre:[271][272]

En un momento dado yo me encontré en el subsuelo del Ministerio (...) cuando apareció allí el general Perón. (...) Lo ví sumamente nervioso, siendo evidente su depresión al tomar conocimiento de la sublevación de la Agrupación de Montaña Cuyo. (...) Estaba más que nervioso: estaba con miedo... En ese momento se desarmó.
general Raúl Tassi.[271]

El mayor Ignacio Cialcetta, su edecán y pariente, recuerda:[273]

Perón no se metió en nada, dejó todo en manos de Lucero. Estaba un poquito abandonado, aunque no aplastado: no perdió la línea. Durante unos días estuvimos escondidos en una casa de la calle Teodoro García (...) me mostró unos cuadros, tomamos vino. Me dijo estar desilusionado de los hombres, de sus colaboradores, desde hacía tiempo.
Ignacio Cialcetta.[273]

En el Comando de Represión se resolvió convocar a los soldados reservistas de las clases 31, 32 y 33, estimando el refuerzo en unos 18.000 hombres,[273]​ pero el decreto quedó sin ejecutarse tras la evacuación del Ministerio de Guerra, impulsada por el acercamiento de la Flota a Buenos Aires.[274]

Al amanecer del 19 numerosas unidades leales se hallaban dentro de un radio de 100 km que contaban con unos 6.000 o 7.000 hombres con artillería y tanques pero sin apoyo aéreo, contra unos 1000 infantes de marina, 500 aprendices de la Escuela de Mecánica, 1000 conscriptos, algo de artillería antiaérea y unos 65 aviones.[274]

Esa madrugada los jefes del regimiento 3 de infantería, Quinteiro y Arrechea, se toparon en Sierra de la Ventana con el regimiento 1 de caballería, que se retiraba de la zona de operaciones por la superioridad aérea de los marinos, la destrucción de los caminos y la dificultad de acercarse al objetivo por esa ruta.[275]​ El regimiento 3 finalmente se reunió con el general Molinuevo, de la III División de caballería. Solo habían llegado el Regimiento 3 y el 2 de artillería comandado por el coronel Martín Garro. Desconocían la situación general del país porque las líneas telefónicas estaban cortadas y no tenían contacto con Buenos Aires; pero aún con las escasas fuerzas concentradas, decidieron atacar Puerto Belgrano.[252]

En Córdoba se habían detenido los combates durante la noche: a las siete de la mañana Moschini avanzó sobre Pajas Blancas y el general Iñíguez reanudó la lucha en la estación de Alta Córdoba. El aeropuerto fue ocupado a las 9:30, y luego el general Moschini se dirigió a la Escuela de Aviación Militar dirigido por Lonardi[276]​ Desde Alta Gracia el general Alberto Morello no avanzaba debido al hostigamiento aéreo y el cañoneo de artillería que había recibido el día anterior, y esperaba una oportunidad para avanzar con cautela.[277]​ La lucha callejera continuó toda la mañana: las tropas leales presionaban en su avance tratando de encontrar un punto para cruzar el río Primero y llegar al centro de la Ciudad de Córdoba.[278]​ Al mediodía llegó la primera brigada del regimiento 11 de infantería, que se sumó al 12.º Regimiento 12 dirigido por Iñíguez. El plan era bombardear el puente Centenario y efectuar algunos disparos con el 12.º Regimiento, mientras el 11 daba la vuelta y cruzaba el río por el Abasto.[279]​ Mientras tanto, en Río Cuarto se concentraban fuerzas llegadas en tren desde Buenos Aires. Según Del Carril, «esas fuerzas podían optar por pulverizar primero a Lonardi y después a Lagos, en etapas sucesivas, o podían dividirse en dos sectores, y pulverizar a Lonardi y a Lagos simultáneamente, esto a su entera elección, tal era la superioridad de sus elementos bélicos».[280]​ Terminada la revolución los cañones seguían guardados y los tanques traídos de Buenos Aires nunca habían sido desembarcados de los trenes.[281]

En la base Comandante Espora varios aviones decolaron al amanecer para explorar la zona. Esperaban hallar al enemigo a 30 o 50 kilómetros, previendo que hubiesen avanzado durante la noche. En cambio, descubrieron que casi ninguna unidad había avanzado, y ante el menor hostigamiento los soldados abandonaban los vehículos y huían sin oponer resistencia. Patrullas civiles informaron que la moral de las tropas era extremadamente baja.[cita requerida] Cabe recordar que su armamento antiaéreo había quedado en Buenos Aires, porque al inicio de la operación se creía que los rebeldes no tendrían espoletas para detonar sus bombas. La Agrupación de Montaña Neuquén había recibido un tren con provisiones y ocho vagones cisterna con combustible, que fueron bombardeados y destruidos esa mañana.[282]

Tras la partida de la Agrupación de Montaña "Neuquén" hacia Bahía Blanca, y tras la orden recibida de enviar refuerzos a Río Colorado (territorio nacional de Río Negro), el jefe del Taller de Mantenimiento "Neuquén", capitán Lino Montiel Forzano (hermano del mayor Juan José Montiel Forzano) sublevó su unidad y obtuvo el apoyo de la Policía Neuquina, la emisora radial y el aeródromo local.[283]

El foco rebelde en Mendoza envió al general Lonardi un batallón del Regimiento de Infantería de Montaña 23, en un avión de Aerolíneas Argentinas que partió desde El Plumerillo. El batallón reforzó a los rebeldes en la Escuela de Aviación Militar. En el viaje de vuelta regresó el mayor Guevara.[284]

En paralelo participaban el brigadier Guillermo Zinny, el brigadier mayor Samuel Guaycochea y el capitán de navío Vicente Baroja, quienes habían intentado años en intento de derrocar a Juan Domingo Perón y habían sido condenados a 15 años de prisión en tanto otros oficiales lo fueron a penas de hasta seis años de cárcel.[285]

Renuncia de Perón

[editar]

Desde un punto de vista formal, los momentos en que Juan Domingo Perón. En Buenos Aires, Perón entró al Ministerio de Guerra antes de las seis de la mañana, se reunió con el ministro Lucero y el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Carlos Aloé, y les informó que estaba dispuesto a renunciar antes de que la Flota bombardeara la Ciudad de Buenos Aires.[286]​ Tenía una especial preocupación por la destilería de YPF en La Plata, cuya expansión en capacidad fue uno de los puntos destacados de su presidencia. Pocas horas después Perón le entregó a Lucero una nota manuscrita:[287]

Al Ejército y al Pueblo de la Nación: (…) Hace varios días que intenté alejarme del gobierno si ello era una solución para los actuales problemas políticos. Las circunstancias públicas conocidas me lo impidieron (…) Pienso que es menester una intervención desapasionada y ecuánime para encarar el problema y resolverlo. No creo que exista en el país un hombre con suficiente predicamento para lograrlo, lo que me impulsa a pensar en que lo realice una institución que ha sido, es y será una garantía de honradez y patriotismo: el Ejército. El Ejército puede hacerse cargo de la situación, del orden, del gobierno. (…) Si mi espíritu de luchador me impulsa a la pelea, mi patriotismo y mi amor al pueblo me inducen a todo renunciamiento personal. (...)
Juan Domingo Perón, 19 de septiembre de 1955, por la mañana.[287]

Al mediodía, Perón escribió una confusa carta dirigida al general Franklin Lucero, ministro de Ejército y leal al gobierno constitucional dónde expresaba:

Hace algunos días… decidí ceder el poder… Ahora mi decisión es irrevocable… Decisiones análogas del vicepresidente y de los diputados… El Poder del Gobierno pasa por ello automáticamente a las manos del Ejército.
Juan D. Perón. Carta al general Franklin Lucero.[288]

A las 12:52 la Radio del Estado emitió un comunicado en el que se invitaba a los jefes rebeldes a comenzar una tregua y acudir al Ministerio de Guerra para parlamentar. En Córdoba el general José María Sosa Molina se entera por la radio:[289][290]

Al mediodía se me cae el mundo abajo: con la batalla casi ganada, me informaban mis comandantes que habían escuchado por radio la orden de cesar el fuego... No lo podía creer. Teníamos todo en nuestras manos y había que deternerse en las posiciones ganadas. Luego escuché yo también por radio el texto de la renuncia de Perón, y también la de Lucero.
José María Sosa Molina.[291]

El general Iñíguez decidió sacar a sus tropas de la ciudad porque dudaba que todos los civiles fueran a obedecer el alto al fuego, y él no podía contestar.[292]

Ante la propuesta del gobierno, Rojas y Uranga invitaron a un parlamento a bordo del 17 de Octubre, mientras que Lonardi exigió como condición que Perón formalice su renuncia de la forma que manda la ley.[293]

Desde el mediodía la Radio del Estado anunciaba el «renunciamiento» de Perón.[294]​ Durante el día distintas unidades de las Fuerzas Armadas fueron declarándose revolucionarias en la provincia de Buenos Aires: la Escuela de Suboficiales, cuyas dos columnas de combate estaban acercándose a Azul, la base aérea Tandil, dirigida por el comodoro Guillermo Espinosa Viale, y el Batallón de Zapadores Motorizado N.º 1 con asiento en San Nicolás de los Arroyos. Se produjo una reacción en cadena: muchas unidades con oficialidad netamente antiperonista se rebelaron, y las de oficialidad leal o apolítica dejaron de combatir.[295]​ En Río Colorado las tropas de la Agrupación de Montaña Neuquén fueron intimadas a rendirse o sufrir un nuevo bombardeo: su jefe, el general Boucherie, se trasladó a la base Espora para entrevistarse con Rial y cumplir las formalidades. Allí explicó cómo habían sido los movimientos de su tropa, y describió el espanto que le causaban los bombardeados.[295]​ También llegó a la base Espora el coronel Barrates, jefe del Estado Mayor de la III División de Caballería, que estaba en Tornquist. Anunció la rendición del general Molinuevo: todas las tropas a su mando abandonaron la lucha, salvo el regimiento 3 de infantería y los blindados. El Regimiento 1 de Caballería, refugiado en una estancia cercana a Tornquist, se plegó a la revolución.[295]​ A las 3:45 de la noche entre el 19 y el 20, Puerto Belgrano recibió un comunicado desde Corrientes, donde el golpe había fracasado, tras ello mantuvo una actitud prescindente. Los sectores más antiperonistas como el almirante Horacio Lynch propusieron abrir fuego contra los manifestantes peronistas que se acercaban al centro de la ciudad con palos, sin embargo se mantuvo pasivo, esperanzado que la manifestación se disolviera sola, y se negó a movilizar las tropas. El general Giorello, jefe de la IV División de Caballería, anunció sorpresivamente que todas sus unidades pasaban a disposición del Comando Revolucionario.[296]

Cerca del mediodía se realizó una importante reunión a la que asistieron: el ministro de Ejército, general Lucero, el comandante en jefe del Ejército, general Molina, el jefe del Estado Mayor General, general Wirth, y el subjefe del Estado Mayor General, general Imaz. Lucero informó la renuncia de Perón y ordenó a Molina integrar la Junta Militar y a Imaz avisar a todas las unidades el cese del fuego.[297]​ A las 12:45 horas la Radio del Estado hizo pública esta noticia.[297]​ Pronto se presentaron en la sede del Comando en Jefe todos los generales de la guarnición Buenos Aires, junto al auditor general de las Fuerzas Armadas, Oscar R. Sacheri, que traía la carta firmada por el presidente y procedió a explicar su contenido: se instaba al Ejército a hacerse cargo de la situación, del orden, y del gobierno. Más de 30 generales estaban en la sala, y por unanimidad se resolvió aceptar la renuncia del presidente y designar una Junta Militar para gobernar el país con los tenientes generales, los generales de división, y el auditor general.[298]​ Después se redactó una proclama que fue firmada por todos los integrantes de la junta: tenientes generales José Domingo Molina y Emilio Forcher, generales de división Carlos Wirth, Audelino Bergallo, Ángel J. Manni, Juan J Polero, Juan José Valle, Raúl Tanco, Carlos Alberto Levene, Oscar Uriondo, Ramón Herrera, Adolfo Botti, José A. Sánchez Toranzo, José León Solís, Guillermo Streicher, Héctor M. Torres Queirel, José C. Sampayo, doctor y general Oscar R. Sacheri.[299]

Una comisión integrada por Wirth, Manni y Forcher, que tenía por objetivo la pacificación y cese de hostilidades, envió un mensaje a Rojas y Uranga solicitando su presencia en el Cabildo de Buenos Aires o en el Palacio de Justicia a partir de las 00:00 del día 20 para iniciar las gestiones de pacificación.[299]

Durante la tarde se convocó a los comandantes en jefe de la Fuerza Aérea y de la Armada, brigadier Juan Fabri y almirante Carlos Rivero de Olazábal.[300]​ La junta delineó los pasos a seguir: intervenir todos los gobiernos provinciales y los tres poderes del gobierno nacional, llamar a elecciones según la ley Sáenz Peña, cancelar la reforma constitucional, y conceder una amplia amnistía a todos los involucrados en los bandos revolucionarios, tanto militares como civiles.[301]

A la noche del lunes 19 un grupo de generales habló Perón sobre la anunciada Junta Militar que se haría cargo del gobierno, a lo que el presidente contestó:[302]

Ustedes están equivocados. Vuestra interpretación sólo puede haber sido el fruto del nerviosismo o de la preocupación: esa carta no ponía en tela de juicio mi calidad de Presidente. Continúo siendo el Jefe de Estado.
Juan Domingo Perón, 19 de septiembre de 1955, por la noche.[302]

Las convocatorias y pedidos de informes que Perón realizara desde las 22:00 del lunes 19 de septiembre provocaron un rechazo casi unánime en los miembros de la Junta Militar. El general Manni explicaba:[303]

El ánimo del cuadro de generales era de terminar con la lucha entre las fuerzas militares e impedir a toda costa una guerra civil. Por eso creo que tampoco los otros miembros de la junta hayan pensado en la reanudación de las operaciones, hipótesis que en ningún momento se planteó y que personalmente nunca consideré. El Ejército no lucharía para sostener a un gobierno en descrédito, no sería jamás sostén de una tiranía, ni tampoco provocaría una guerra civil. No está de más recordar que (…) toda la población conocía el contenido de los comunicados, reiteradamente transmitidos por radio, y que especialmente aquí en la Capital la gente salió a las calles festejando la caída del ex-mandatario; pero lo más importante fue que a estas horas todas las tropas de la represión bajaron las armas.
General Manni.[303]

una delegación de seis personas: Molina, Rivero de Olazábal, Fabri, Forcher, Bergallo y Polero.[303]​ En la reunión, el expresidente intentó convencerlos de que en realidad no había renunciado, sino que en la carta de renunciamiento había querido mostrar su disponibilidad a renunciar en el futuro.[304]​ Los miembros de la junta permanecieron firmes y la reunión terminó sin decisiones concluyentes.[305]

20 de septiembre

[editar]
Situación al 20 de septiembre

En las primeras horas llegaba a menos de 50 km cinco embarcaciones de la fuerza aeronaval con 22 aviones, está fuerza al mando de Isaac Rojas dio la orden de si fuera necesario bombardearían los aeropuertos cercanos a Buenos Aires, la Casa de Gobierno y más de 100 objetivos militares y civiles. mientras la columna terrestre de soldados leales avanzaba sobre la Capital Federal.[305]​Sáenz Quesada narra que en la Casa Radical entregaban armas cedidas por la Fuerza Aérea para combatir a las fuerzas constitucionales.[306]​El general Imaz irrumpió en la sala con un grupo de oficiales armados y emitió un discurso sobre la necesidad de evitar una guerra civil e impedir que el Ejército sea manipulado.[307][308]​ dado que la constitución no permite que un presidente entregue las instituciones republicanas en manos de una junta militar, entonces ya no había autoridades legítimamente constituidas, y por lo tanto ya no habían rebeldes y leales.[309]

Antes, cerca de la medianoche, una columna armada de militantes de la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN) se aprestaba a salir para atacar el Ministerio de Marina.[310]​ Sin embargo, la sede de la agrupación fue rodeada por elementos de la gendarmería, la policía, y cadetes del Colegio Militar. Se dispararon gases lacrimógenos y los «aliancistas» debieron rendirse y salir desarmados. Pasadas las 02:30, el edificio fue demolido mediante disparos de un tanque.[311]​El primer muerto fue un suboficial de la Policía Federal asesinado en la madrugada del 16 por un grupo de civiles en el barrio de Belgrano. Y la mayor cantidad de víctimas fatales se produjo en el ataque golpista a la jefatura policial de Córdoba, aunque no le fue a la zaga el bombardeo de la Marina de Guerra al barrio bonaerense Campamento de Ensenada ni el ataque al Regimiento 5 de La Plata, a las que se sumaron numerosas bajas ocurridas en enfrentamientos entre tropas leales y sediciosas, además de los civiles asesinados en fábricas y talleres. La investigación efectuada en 2017 por el Archivo Nacional de la Memoria– entre el 16 y el 21 de septiembre, hubo no menos de 157 vidas truncadas por los insurrectos al mando de Lonardi, Rojas y el general Pedro Eugenio Aramburu.

También se convocó al Secretario General de la CGT, Hugo di Pietro, quien manifestó que eran inexactas las denuncias de huelgas revolucionarias o de la organización de milicias populares. Por último, el general Manni convocó al mayor Alfredo Renner, ayudante de Perón, que se hallaba en el despacho de Lucero, y le dijo:[312]

Esto se acabó, Renner. Ya el general Lucero le habrá comunicado la desaparición de toda autoridad de gobierno. Dígale al general Perón que se vaya del país cuanto antes.
general Manni.[312]

Perón entonces pidió asilo en la embajada paraguaya. Poco después, Lonardi emitió un bando con el nombre de «Decreto N.º 1» por el que se autodenominó «presidente provisional de la Nación», Lonardi removió la cúpula de la Dirección Nacional de Seguridad mediante el nombramiento de nuevos jefes de Policía, Prefectura y Gendarmería.[313]​ y estableció la sede provisoria del gobierno en la Ciudad de Córdoba.[288]

A las 06:30, Lagos se embarcó en un avión hacia Córdoba, donde se entrevistó con el general Lonardi la ciudad de Córdoba seguía rodeada y se daba por cierta la derrota en ese frente.[314]​habían recibido informes de que varios trenes con tanques y efectivos estaban llegando a Córdoba y a La Plata.[315]​ Durante la madrugada Lonardi, en la Escuela de Aviación, recibió un inquietante mensaje desde la ciudad de Córdoba:[316]

Unidades blindadas (confirmado) en Villa María en un convoy. Avisamos para que hagan lo que puedan. Aquí Cabildo necesita 1.000 bombas Molotoff porque se preparan para entrar en esta ciudad.
Pedro Juan Kuntz, Jefe Cuerpos Civiles de Seguridad.[316]

En Buenos Aires Rojas y Lonardi para que cesaran los movimientos de tropas. Pero en la capital de la república los grupos sublevados observaban los movimientos de la Confederación General del Trabajo, la Alianza Libertadora Nacionalista, y el Partido Peronista: en los locales de la ALN locales se repartían armas y había mucho movimiento de personas. Un mensaje enviado cerca del mediodía por Walter Viader resume la situación:[317]

El gobierno envía fuerzas a Córdoba. Moral de sus tropas bajísima, deserciones en masa, carecen de nafta para sus unidades. Sabotaje en los ferrocarriles de Buenos Aires. Tropas de ocupación en parte sublevadas. La Junta Militar defiende posiciones personales. Se opone a los planes de la CGT pero no se puede confiar en ella. Continuaremos hasta el anuncio oficial de rendición incondicional.
Walter Viader, comando rebelde en Buenos Aires.[317]

Río Cuarto vio concentrarse una gran cantidad de tropas gubernamentales para combatir a un comando civil dirigido por Luis Torres Fotheringham. Cercana a la ciudad estaba la base aérea Las Higueras, y también el arsenal de Holmberg. La presencia de quince tanques y un nuevo contingente de infantes alarmó a los rebeldes, que planearon para el día siguiente un bombardeo de Las Higueras.[318]​ Lagos planteo retirarse de San Luis y hacerse fuerte solo en Mendoza.[319]​ Para sumar a la confusión, el comandante en jefe del Ejército, general José Domingo Molina, en un mensaje a Lonardi dijo "Informó que Junta Militar aceptó renuncia Señor Presidente (...) Todo movimiento de tropas suspendido."[320]

La Junta Militar afirmaba haber «asumido el gobierno de la república», sin embargo Perón nunca había firmado una renuncia dirigida al Congreso: tan solo un indefinido renunciamiento dirigido a la Nación y al Ejército.[cita requerida] Ante el vacío de poder, Lonardi resolvió establecer un gobierno revolucionario, siendo él el presidente, con el capitán Rial como "Secretario General de Gobierno" y el comodoro Krause como "Secretario de Relaciones Exteriores".[321]

El 20 de septiembre por la tarde varios delegados de la Junta de Gobierno, encabezados por el general Forcher, abordaron el crucero 17 de octubre para presentarse ante el almirante Rojas que incluían la rendición de todas las fuerzas gubernamentales y el acceso a la presidencia por parte del general Lonardi el día 22.[322]

A la madrugada pudieron establecerse comunicaciones telefónicas entre el gobierno provincial revolucionario de Mendoza y los civiles rebeldes de Buenos Aires, el general Tassi y el doctor Alberto Tedín, para intercambiar noticias.[323]

Triunfo de las fuerzas golpistas

[editar]

Al anochecer las tropas leales que habían entrado en la Provincia de Córdoba ya estaban retornando a Tucumán y Santiago del Estero.[324]​ A la medianoche, los enlaces de Lonardi y Krause abordaron el ARA 17 de Octubre e intercambiaron noticias con Rojas.[325]​ Durante la madrugada se produjo en la Ciudad de Buenos Aires, la ocupación del Ministerio de Guerra y las principales guarniciones del ejército en esa ciudad.[324]​A las 6 de la mañana del 21 se bombardeó la pista de Las Higueras, tras lo cual las fuerzas leales en Río Cuarto anunciaron que detendrían sus acciones.[321]

Pasadas las 9:30 del 21, la Radio del Estado anunció públicamente que la Junta de Gobierno había aceptado las condiciones de paz de los revolucionarios.[325]​ A las 13:30 el Secretario General de la CGT se dirigió a los trabajadores pidiendo "mantener la más absoluta calma y continuar sus tareas, recibiendo únicamente directivas de esta central obrera. Cada trabajador en su puesto, por el camino de la armonía".[326]

A las 17:30, Iñíguez entró en la ciudad de Córdoba junto a Ossorio Arana, Lonardi ocupaba la casa de gobierno provincial instalando a Videla Balaguer cómo interventor [327]

Festejos del bando revolucionario.

El día 22 se realizó el desfile de la victoria en Córdoba por la avenida Vélez Sarsfield: al frente de la comitiva estaban el coronel Arturo Ossorio Arana, el comodoro Cesáreo Domínguez, y el teniente de navío Raúl Ziegler.[328]​El día 23 Lonardi entre sus primeras medidas dispone disolver ambas cámaras del Congreso de la Nación e intervenir las provincias. Cambia a todos los miembros de la Corte Suprema de Justicia, mientras que Isaac Rojas, es nombrado vicepresidente de facto.

El mismo 22 de septiembre, Uruguay reconoció a Lonardi como presidente de Argentina en tanto que éste disolvió el Congreso Nacional y nombró interventores en varias provincias.[288]​ Ese mismo día el general Aramburu y un colaborador del general Lagos se reunieron a evaluar el escenario, y concluyeron que el ala liberal se encontraba en problemas e iba a ser excluida del gobierno que se estaba organizando.[329]​En Aeroparque se había hecho preparar un avión adornado con banderas argentinas y paraguayas y lo hizo despegar para que se creyese que él iba en el vuelo. Minutos después, cuando el avión aterrizó en El Palomar.

Desde una ventana del edificio de Viamonte y Callao había una persona apostada en los pisos superiores esperando la orden de dispararle a Perón antes de su ingreso a la legación extranjera. El embajador paraguayo Juan Chávez, que en ese momento estaba en su domicilio en el barrio de Belgrano, resolvió alojarlo, para su seguridad, en la cañonera Paraguay, anclada a una distancia prudencial de la costa, cercana a la dársena D de Puerto Nuevo.

El 23 Lonardi llega a Buenos Aires junto a varios oficiales del ejército que estaban recluidos en Río Gallegos desde el Intento de golpe de Estado en Argentina del 28 de septiembre de 1951, entre ellos Alejandro Agustín Lanusse y Agustín Pío de Elía.[330]

El 23 de septiembre el general Lonardi y el almirante Rojas llegaron a Buenos Aires. Ese mismo día el primero prestó juramento como «Presidente Provisional», y un día después designó al almirante Isaac Rojas con el título de «Vicepresidente Provisional».[288]​ La portada del diario Clarín de ese día convocaba a la población a hacerse presente en la Plaza de Mayo con el siguiente titular: «Cita de honor con la libertad. También para la República la noche ha quedado atrás».[331]

La asunción de Lonardi fue acompañada por una gran multitud reunida en la Plaza de Mayo. Algunas consignas de los manifestantes fueron: «Argentinos sí, nazis no»; «San Martín sí, Rosas no», «YPF sí, California no»,[332]​ «No venimos por decreto, ni nos pagan el boleto».[333]​ El 25 de septiembre reconocieron al gobierno militar los gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido, este último luego de prestar importante apoyo a los insurrectos.[334][335]

Víctimas

[editar]

Un relevamiento de la prensa de la época en todo el país permitió verificar que, los mayores enfrentamientos se produjeron en Córdoba, donde hubo al menos 112 muertos. Allí, Lonardi, atacó a la de Infantería, cuyos mandos no quisieron plegarse al golpe y habían decidido defender el gobierno constitucional; la Iglesia hizo de nexo entre Lonardi y los comandos civiles que apoyaron sus acciones, y también el accionar de la Aeronáutica leal produjo bajas.

Consumado el golpe se identificaron 156 muertos producto de los enfrentamientos entre fuerzas defensoras de la legalidad y golpistas y de la represión a las protestas. Ese número fue confirmado a través de actas de defunción, registro y archivos de Fuerzas Armadas pero podría ser mayor, ya que la investigación sigue en curso y no fue posible acceder a archivos policiales. Otros fueron destruidos tras el golpe. En Rosario existen testimonios e información periodística sobre decenas de víctimas de la represión militar. De esas 156 víctimas se verificaron 107 en Córdoba, capital y provincia; 28 en Buenos Aires, capital y provincia; 16 en Ensenada, y 5 en Santa Fe, de las cuales 4 en Rosario y una en Reconquista. Las dificultades fueron aun mayores en Córdoba. El primer muerto fue un suboficial de la Policía Federal asesinado en la madrugada del 16 por un grupo de civiles ligados al radicalismo en el barrio de Belgrano, según consta en el acta de defunción fue asesinado por un comando civil que entre otros integraba Mariano Grondona. En Córdoba, la mayor cantidad de muertos se produjo en el ataque del ejército golpista a la Jefatura de Policía legalista. En el Río de La Plata, 6 de los muertos fueron producto del bombardeo de la Armada al barrio Campamento de Ensenada, dos soldados del Regimiento 7 de La Plata legalista, dos policías de la provincia de Buenos Aires que enfrentaron a los marinos junto con los vecinos, un dirigente ferroviario que se quedó a atender a los soldados y otro vecino que murió horas después.

La dictadura instalada por medio del golpe no dio a conocer la cantidad ni la identidad de las personas muertas. En 2017, el Archivo Nacional de la Memoria concluyó una investigación sobre la cantidad de personas muertas en el golpe, documentando al menos 156 víctimas fatales. Los investigadores consideran que el número final probablemente sea mayor, dado que no pudieron acceder a los archivos policiales.[2]

Véase también

[editar]

Notas

[editar]
  1. 4 en Ensenada,[2]​ 1 en Belgrano,[2]​ 3 en la Ruta Provincial 76,[3]​ 2 en Córdoba[4][5]
  2. 8 en los buques ARA La Rioja y ARA Cervantes,[7]​ 1 en el ARA King,[8]​ 3 en Saavedra,[9]​ 2 en La Plata,[8]​ 2 en Mendoza,[10]​ 8 en Córdoba[11]

Referencias

[editar]
  1. Ruiz Moreno, 2013, p. 666.
  2. a b c d e Verbitsky, Horacio (10 de septiembre de 2017). «Subjetividad, historia y política». Página/12. 
  3. «Bombas en el sur». 1955 Guerra Civil. La Revolucion Libertadora y la caída de Perón. 20 de enero de 2013. 
  4. «Los últimos movimientos». 1955 Guerra Civil. La Revolucion Libertadora y la caída de Perón. 20 de enero de 2013. 
  5. a b «Lonardi acorralado». 1955 Guerra Civil. La Revolucion Libertadora y la caída de Perón. 20 de enero de 2013. 
  6. «Guerra en Bahía Blanca». 1955 Guerra Civil. La Revolucion Libertadora y la caída de Perón. 20 de enero de 2013. 
  7. a b «La Batalla del Río de la Plata». 1955 Guerra Civil. La Revolucion Libertadora y la caída de Perón. 20 de enero de 2013. 
  8. a b «Las acciones en Río Santiago». 1955 Guerra Civil. La Revolucion Libertadora y la caída de Perón. 20 de enero de 2013. 
  9. a b «Walsh, antes de Walsh». EcoDías. 19 de enero de 2011. 
  10. «Cuyo se moviliza». 1955 Guerra Civil. La Revolucion Libertadora y la caída de Perón. 20 de enero de 2013. 
  11. «El reinicio de las hostilidades». 1955 Guerra Civil. La Revolución Libertadora y la caída de Perón. 20 de enero de 2013. 
  12. a b Saénz Quesada, María (2011). La libertadora. Sudamericana. 
  13. Potash, 1981, pp. 211-212.
  14. a b Elsa Portugheis (coord.) (2010). «Atentado del 15 de abril de 1953». Bombardeo del 16 de junio de 1955. Buenos Aires: Secretaría de Derechos Humanos de la Nación Argentina. pp. 70-71. Archivado desde el original el 2 de abril de 2015. 
  15. Romero, José (1990). Breve historia de la argentina. Editorial Abril. ISBN 950-10-0072-9.
  16. Potash, 1981, p. 212.
  17. Rodríguez Lamas, Daniel. La Revolución Libertadora, Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1985.
  18. Potash, 1981, p. 178.
  19. Potash, 1981, p. 183.
  20. Potash, 1981, pp. 187-188.
  21. Pigna, Felipe (28 SETIEMBRE 2008). «El primer golpe contra Perón». Clarin. Archivado desde el original el 22 de febrero de 2017. Consultado el 20 de abril de 2018. 
  22. Ruiz Moreno, 2013, p. 55.
  23. a b Robert A. Potash: Las Fuerzas Armadas y la era de Perón pág. 111 en Nueva historia argentina”. Capítulo II. Juan Carlos Torre (director) 2002 Buenos Aires. Editorial Sudamericana |isbn 950-07-2181-3 ISBN (obra completa) 950-07-1385-3
  24. Alberto Amato (28 de septiembre de 2021). «El fallido golpe contra Perón que encendió la violencia y el furioso discurso de Eva contra los “traidores”». Infobae. 
  25. Ruiz Moreno, 2013, pp. 48-49.
  26. Potash, 1981, pp. 187 en adelante.
  27. Historia de la Caballería Argentina: Siglo XX. Buenos Aires: Comisión del Arma de Caballería "San Jorge". 2022. pp. 113-114. 
  28. Potash, 1981, p. 189.
  29. Potash, 1981, p. 191.
  30. Historia de la Caballería Argentina. Tomo V. Buenos Aires: Comisión del Arma de Caballería "San Jorge". 2022. p. 17. 
  31. Potash, 1981, p. 190.
  32. Ruiz Moreno, 2013, pp. 78-79.
  33. Ruiz Moreno, 2013, p. 299.
  34. Ruiz Moreno, 2013, p. 303.
  35. a b Ruiz Moreno, 2013, pp. 309-310.
  36. Ruiz Moreno, 2013, p. 312.
  37. Ruiz Moreno, 2013, p. 309.
  38. a b Ruiz Moreno, 2013, p. 311.
  39. 1955, memoria y resistencia, Catalina Scoufalos, Latitud Sur. Buenos Aires 2007 ISBN978-950-786-606-7
  40. Ruiz Moreno, 2013, p. 315.
  41. Ruiz Moreno, 2013, p. 316.
  42. a b Ruiz Moreno, 2013, p. 337.
  43. Ruiz Moreno, 2013, p. 339.
  44. El 21 de septiembre de 1955 su nombre fue modificado por General Belgrano
  45. Ruiz Moreno, 2013, pp. 431-432.
  46. Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. 4.ª edición. Editorial Claridad. Buenos Aires, 2013. ISBN 978-950-620-336-8, p. 114.
  47. Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. 4.ª edición. Editorial Claridad. Buenos Aires, 2013. ISBN 978-950-620-336-8, p. 115.
  48. Ruiz Moreno, 2013, p. 323.
  49. a b Ruiz Moreno, 2013, p. 325.
  50. Jorge Coscia. SUDAMERICANA, Buenos Aires 2015, ISBN 9789500752473 p 219.
  51. EL BOMBARDEO Jorge Coscia, ISBN 9789500752473. SUDAMERICANA. 2015 p 214/215
  52. Ruiz Moreno, 2013, pp. 99-100.
  53. Ruiz Moreno, 2013, p. 326.
  54. Ruiz Moreno, 2013, p. 327.
  55. Ruiz Moreno, 2013, p. 328.
  56. Ruiz Moreno, 2013, p. 329.
  57. Ruiz Moreno, 2013, p. 330.
  58. Ruiz Moreno, 2013, pp. 330-331.
  59. Ruiz Moreno, 2013, p. 333.
  60. Ruiz Moreno, 2013, p. 334.
  61. Ruiz Moreno, 2013, pp. 335-336.
  62. a b Perón. El hombre del destino. Cronología argentina 1895-1974. Enrique Pavón Pereyra (director). Abril Educativa y cultural S.A.1 ubicación = Buenos Aires. 1973. p. 120. 
  63. a b Gambini, Hugo (2001). Historia del peronismo vol. II. Buenos Aires: Editorial Planeta Argentina S.A. p. 315. ISBN 950-49-0784-9. 
  64. Error en la cita: Etiqueta <ref> no válida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas Gambino
  65. https://www.infobae.com/sociedad/2021/09/16/asi-se-gesto-la-revolucion-libertadora-el-golpe-de-estado-que-nacio-despues-de-las-bombas/
  66. Pasado Abierto. Revista del CEHis. Nº17. Mar del Plata. Enero-Junio 2023.ISSN Nº2451-6961.Crimen y castigo en la Armada Argentina.
  67. Ruiz Moreno, 2013, pp. 341-342.
  68. a b Ruiz Moreno, 2013, p. 341.
  69. Melón Pirro, Julio César (2009). El peronismo después del peronismo. Siglo XXI. pp. 53
  70. Ruiz Moreno, 2013, p. 343.
  71. Ruiz Moreno, 2013, pp. 348-349.
  72. Quesada, 2007, p. 46.
  73. Ruiz Moreno, 2013, p. 348.
  74. Ruiz Moreno, 2013, pp. 350-351.
  75. Del Carril, 1959, p. 48.
  76. Del Carril, 1959, p. 49.
  77. Ruiz Moreno, 2013, p. 352.
  78. Ruiz Moreno, 2013, p. 347.
  79. a b Ruiz Moreno, 2013, pp. 354-356.
  80. Historia del Arma de Caballería. Tomo V. Comisión del Arma de Caballería "San Jorge". 2022. p. 30. 
  81. Solís Carnicer, María del Mar; La "Revolución Libertadora" en la provincia de Corrientes: El papel de los partidos políticos, la Iglesia y el Ejército frente al golpe de 1955; Universidad Nacional de La Pampa.Instituto de Estudios Socio-Históricos
  82. Ruiz Moreno, 2013, p. 356.
  83. Ruiz Moreno, 2013, p. 357-358.
  84. Ruiz Moreno, 2013, p. 361.
  85. Ruiz Moreno, 2013, p. 342.
  86. Susana Bianchi, Catolicismo y Peronismo - Religión y política en la Argentina 1943-1955, Editorial Prometeo, 346 páginas.
  87. Ruiz Moreno (2013): 364.
  88. Ruiz Moreno (2013): 368.
  89. Ruiz Moreno (2013): 369.
  90. Ruiz Moreno (2013): 370.
  91. Error en la cita: Etiqueta <ref> no válida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas RM376
  92. a b c Ruiz Moreno, 2013, p. 377.
  93. Ruiz Moreno, 2013, p. 378.
  94. Ruiz Moreno, 2013, pp. 380-381.
  95. Ruiz Moreno, 2013, p. 382.
  96. Ruiz Moreno, 2013, pp. 381-384.
  97. a b Ruiz Moreno (2013): 391.
  98. Capellupo, Rafael M. Revolución en Córdoba Archivado el 22 de septiembre de 2017 en Wayback Machine. El emporio Ediciones (2005). ISBN 987-21986-9-1.
  99. Ruiz Moreno (2013): 392.
  100. a b Ruiz Moreno, 2013, p. 392.
  101. Ruiz Moreno (2013): 394.
  102. Ruiz Moreno (2013): 399.
  103. Ruiz Moreno (2013): 398.
  104. Ruiz Moreno, 2013, p. 400.
  105. a b Ruiz Moreno, 2013, p. 402.
  106. a b c Ruiz Moreno, 2013, p. 406.
  107. Ruiz Moreno, 2013, p. 408.
  108. Ruiz Moreno, 2013, pp. 408-409.
  109. Ruiz Moreno, 2013, p. 409.
  110. Ruiz Moreno, 2013, p. 410.
  111. Ruiz Moreno, 2013, p. 411.
  112. a b c Ruiz Moreno, 2013, p. 412.
  113. Ruiz Moreno, 2013, pp. 414-415.
  114. Ruiz Moreno, 2013, p. 416.
  115. a b Ruiz Moreno, 2013, p. 419.
  116. Ruiz Moreno, 2013, p. 418.
  117. a b Ruiz Moreno, 2013, pp. 419-420.
  118. Ruiz Moreno, 2013, p. 421.
  119. Ruiz Moreno, 2013, p. 413.
  120. Abel Reynoso Cómo y por qué fui amigo de Perón en el exilio. San Martín. Editorial Pol. 2008: p. 14
  121. Ruiz Moreno, 2013, p. 415.
  122. Ruiz Moreno, 2013, pp. 479-480.
  123. a b Del Carril, 1959, pp. 62-63.
  124. a b Del Carril, 1959, p. 63.
  125. Ruiz Moreno, 2013, p. 423.
  126. Ruiz Moreno (2013): 426.
  127. a b Ruiz Moreno, 2013, p. 430.
  128. Ruiz Moreno, 2013, p. 431.
  129. Catolicismo y política en Córdoba, siglos XIX y XX, Ferreyra Editor, 2010
  130. La violencia oligárquica antiperonista entre 1951 y 1964. ISBN 9789500520799
  131. Arnaudo, p. 195
  132. Arnaudo, p. 159
  133. Primera Plana, 14 de enero de 1969
  134. Fernando Paolella (18 de junio de 2003). «Perón y la quema de iglesias». Tribuna de Periodistas. 
  135. Ruiz Moreno (2013): 431.
  136. Ruiz Moreno (2013): 432.
  137. Ruiz Moreno (2013): 433.
  138. Ruiz Moreno (2013): 434.
  139. Ruiz Moreno (2013): 437.
  140. Ruiz Moreno (2013): 438.
  141. Ruiz Moreno (2013): 424.
  142. Ruiz Moreno, 2013, pp. 439-440.
  143. a b c Ruiz Moreno, 2013, p. 440.
  144. Ruiz Moreno, 2013, p. 460.
  145. Ruiz Moreno, 2013, pp. 440-441.
  146. Ruiz Moreno, 2013, pp. 442-444.
  147. Ruiz Moreno, 2013, pp. 447-448.
  148. Ruiz Moreno, 2013, pp. 456-457.
  149. Ruiz Moreno, 2013, p. 458.
  150. Ruiz Moreno, 2013, pp. 460-464.
  151. Ruiz Moreno (2013): 464-465.
  152. Ruiz Moreno (2013): 466.
  153. Ruiz Moreno (2013): 467.
  154. Ruiz Moreno (2013): 468.
  155. Ruiz Moreno (2013): 469.
  156. Julio Godio, La caída de Perón: de junio a setiembre de 1955, p. 133
  157. Ruiz Moreno (2013): 472.
  158. Del Carril (1959): 83.
  159. Julio Godio, La caída de Perón: de junio a setiembre de 1955, p. 134
  160. Ruiz Moreno (2013): 469 y 349.
  161. Ruiz Moreno, 2013, p. 478.
  162. Ruiz Moreno (2013): 483.
  163. Ruiz Moreno (2013): 488.
  164. a b Ruiz Moreno (2013): 489.
  165. Ruiz Moreno (2013): 491.
  166. Ruiz Moreno, 2013, p. 492.
  167. Ruiz Moreno (2013): 493.
  168. a b Ruiz Moreno, 2013, p. 495.
  169. María Sáenz Quesada, La libertadora: De Perón a Frondizi (1955-1958) Historia pública y secreta, capítulo I.
  170. a b Ruiz Moreno, 2013, p. 497.
  171. Ruiz Moreno, 2013, p. 496.
  172. Del Carril (1959): 82 y 83.
  173. Ruiz Moreno, 2013, p. 498.
  174. Ruiz Moreno, 2013, p. 499.
  175. Ruiz Moreno, 2013, p. 504.
  176. Ruiz Moreno, 2013, p. 508.
  177. Ruiz Moreno (2013): 514.
  178. Ruiz Moreno, 2013, p. 516.
  179. Ruiz Moreno, 2013, p. 517.
  180. Ruiz Moreno, 2013, p. 518.
  181. a b Ruiz Moreno (2013): 520.
  182. Ruiz Moreno (2013): 521.
  183. Ruiz Moreno (2013): 522.
  184. a b Ruiz Moreno (2013): 523.
  185. a b Ruiz Moreno (2013): 524.
  186. Ruiz Moreno (2013): 528.
  187. Ruiz Moreno (2013): 530.
  188. Ruiz Moreno, 2013, pp. 531-532.
  189. Ruiz Moreno, 2013, p. 533.
  190. Ruiz Moreno, 2013, pp. 533-535.
  191. La Violencia Evangelica, de Horacio Verbitsky. Editorial Sudamericana, ISBN 9789500729185, pp. 123-124.
  192. Ruiz Moreno (2013): 537.
  193. Del Carril, 1959, p. 67.
  194. Ruiz Moreno (2013): 552.
  195. Ruiz Moreno (2013): 542.
  196. Ruiz Moreno (2013): 544.
  197. Ruiz Moreno (2013): 545.
  198. Ruiz Moreno (2013): 546.
  199. Ruiz Moreno (2013): 548.
  200. Ruiz Moreno (2013): 554.
  201. Ruiz Moreno (2013): 555.
  202. Ruiz Moreno (2013): 556.
  203. Del Carril, 1959, pp. 80-103.
  204. «BASE DEL EJÉRCITO». HISTORIA DE LA CIUDAD DE MAR DEL PLATA. Archivado desde el original el 22 de marzo de 2009. Consultado el 27 de octubre de 2016. 
  205. Ruiz Moreno (2013): 557.
  206. Ruiz Moreno (2013): 561.
  207. Del Carril, 1959, pp. 94-96.
  208. Ruiz Moreno (2013): 562.
  209. Ruiz Moreno (2013): 566.
  210. a b Ruiz Moreno (2013): 567.
  211. María Estela Spinelli, Los vencedores vencidos: el antiperonismo y la "revolución libertadora", página 50.
  212. Ruiz Moreno (2013): 590.
  213. Ruiz Moreno (2013): 568.
  214. a b Ruiz Moreno (2013): 569.
  215. Ruiz Moreno (2013): 576.
  216. a b c Ruiz Moreno (2013): 579.
  217. Ruiz Moreno (2013): 580.
  218. Ruiz Moreno (2013): 581.
  219. Ruiz Moreno (2013): 583.
  220. Ruiz Moreno (2013): 588.
  221. Ruiz Moreno (2013): 585.
  222. Ruiz Moreno (2013): 586.
  223. a b Ruiz Moreno (2013): 591.
  224. Ruiz Moreno, 2013, p. 590.
  225. Ruiz Moreno, 2013, pp. 596-597.
  226. Ruiz Moreno, 2013, pp. 600-601.
  227. Ruiz Moreno, 2013, p. 601.
  228. Ruiz Moreno (2013): 595.
  229. a b c Ruiz Moreno (2013): 596.
  230. a b c Gambini, 2001, pp. 377-378 y 382-383.
  231. Gambini, 2001, pp. 377-378.
  232. Ruiz Moreno (2013): 599.
  233. Rouquié, 1982, p. 119.
  234. De la revolución libertadora al cordobazo. César Tcach, Colección: historia y cultura serie el pasado presente, Siglo XXI editores. Buenos Aires 2012.ISBN: 978-987-629-229-0
  235. Ruiz Moreno (2013): 598.
  236. https://www.0221.com.ar/begum/el-dia-que-la-plata-casi-vuela-los-aires-n38509/amp
  237. Ruiz Moreno (2013): 648.
  238. a b c Ruiz Moreno, 2013, p. 652.
  239. Ruiz Moreno (2013): 603.
  240. Ruiz Moreno (2013): 604.
  241. Ruiz Moreno (2013): 613.
  242. Ruiz Moreno (2013): 614.
  243. a b c Ruiz Moreno (2013): 615.
  244. Ruiz Moreno (2013): 618.
  245. Ruiz Moreno (2013): 619.
  246. a b Ruiz Moreno (2013): 620.
  247. Ruiz Moreno (2013): 621.
  248. Ruiz Moreno (2013): 622.
  249. Ruiz Moreno (2013): 627.
  250. a b Ruiz Moreno (2013): 635.
  251. a b c Ruiz Moreno (2013): 629.
  252. a b Ruiz Moreno (2013): 668.
  253. a b Ruiz Moreno (2013): 633.
  254. Ruiz Moreno (2013): 634.
  255. Ruiz Moreno (2013): 637.
  256. a b Ruiz Moreno (2013): 641.
  257. Ruiz Moreno (2013): 640.
  258. Ruiz Moreno (2013): 640 y 633.
  259. Ruiz Moreno, 2013, pp. 602-603.
  260. Ruiz Moreno, 2013, p. 603.
  261. Ruiz Moreno (2013): 642.
  262. Del Carril, 1959, pp. 95-96.
  263. Pontoriero, E. D. (2022). La represión militar en la Argentina (1955-1976). La Plata: Universidad Nacional de La Plata. pg 78/79 2022 ISBN-13 (15) 978-987-630-623-2
  264. Ruiz Moreno, 2013, pp. 654-655.
  265. Ruiz Moreno, 2013, p. 657.
  266. Ruiz Moreno (2013): 656.
  267. Ruiz Moreno, 2013, pp. 657-659.
  268. Ruiz Moreno, 2013, p. 659.
  269. Ruiz Moreno, 2013, p. 660.
  270. Potash, 1981, p. 278.
  271. a b Ruiz Moreno (2013): 664.
  272. https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/a-sangre-y-fuego-70-anos-del-golpe-que-derroco-a-peron/
  273. a b c Ruiz Moreno (2013): 665.
  274. a b Ruiz Moreno (2013): 666.
  275. Ruiz Moreno (2013): 667.
  276. Ruiz Moreno (2013): 669.
  277. Ruiz Moreno (2013): 671.
  278. Ruiz Moreno (2013): 672.
  279. Ruiz Moreno (2013): 673.
  280. Del Carril, 1959, p. 111.
  281. Del Carril, 1959, p. 114.
  282. Ruiz Moreno (2013): 674.
  283. Ruiz Moreno, 2013, p. 675.
  284. Ruiz Moreno, 2013, p. 687.
  285. Gambini, Hugo: La primera presidencia de Perón. Testimonios y documentos pág.402 nota 29 Buenos Aires 1983 Centro Editor de América Latina ISBN 950-25-000-6
  286. Ruiz Moreno (2013): 679.
  287. a b Ruiz Moreno (2013): 680.
  288. a b c d Dávila, Diego (1976). "El 16 de septiembre de 1955. Cronología", Historia Integral Argentina, T. 10, Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, p. 23.
  289. Ruiz Moreno (2013): 681.
  290. Del Carril, 1959, p. 109.
  291. Ruiz Moreno (2013): 681 y 682.
  292. Ruiz Moreno (2013): 683.
  293. Ruiz Moreno (2013): 682.
  294. Error en la cita: Etiqueta <ref> no válida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas RM687
  295. a b c Ruiz Moreno (2013): 689.
  296. Ruiz Moreno (2013): 690.
  297. a b Ruiz Moreno, 2013, p. 709.
  298. Ruiz Moreno (2013): 710.
  299. a b Ruiz Moreno (2013): 711.
  300. Ruiz Moreno (2013): 712.
  301. Ruiz Moreno (2013): 713 y 714.
  302. a b Ruiz Moreno (2013): 692.
  303. a b c Ruiz Moreno (2013): 715.
  304. Ruiz Moreno (2013): 716 a 718.
  305. a b Ruiz Moreno (2013): 719.
  306. «Diario digital MDZol». Archivado desde el original el 23 de julio de 2018. Consultado el 23 de julio de 2018. 
  307. Ruiz Moreno (2013): 720.
  308. Del Carril, 1959, p. 118.
  309. Del Carril, 1959, pp. 109-110.
  310. Ruiz Moreno (2013): 724.
  311. Ruiz Moreno (2013): 727 y 728.
  312. a b Ruiz Moreno (2013): 721.
  313. Ruiz Moreno (2013): 721 y 722.
  314. Ruiz Moreno (2013): 696.
  315. Ruiz Moreno (2013): 694.
  316. a b Ruiz Moreno (2013): 695.
  317. a b Ruiz Moreno (2013): 697.
  318. Ruiz Moreno (2013): 699.
  319. Ruiz Moreno (2013): 700 y 701.
  320. Ruiz Moreno (2013): 701.
  321. a b Ruiz Moreno (2013): 706.
  322. Ruiz Moreno (2013): 734-738.
  323. Del Carril, 1959, p. 116.
  324. a b Ruiz Moreno (2013): 741.
  325. a b Ruiz Moreno (2013): 738-739.
  326. Ruiz Moreno (2013): 740.
  327. Ruiz Moreno (2013): 743.
  328. Ruiz Moreno (2013): 744.
  329. Del Carril, 1959, pp. 137-140.
  330. Ruiz Moreno (2013): 745.
  331. Decíamos ayer: la prensa argentina bajo el Proceso. Eduardo Blaustein y Martín Zubieta. 2006. ISBN 950-581-603-0.
  332. La consigna "YPF sí, California no", estaba referida a una serie de convenios comerciales que el presidente Juan D. Perón había firmado en mayo de 1955, con la empresa California Argentina de Petróleo SA, subsidiaria de la empresa estadounidense Standard Oil de California, con el fin de realizar una explotación mixta con la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), de algunos pozos y alcanzar el autoabastecimiento. La medida era cuestionada por algunos sectores de izquierda que reclaman el monopolio del petróleo por parte de YPF. Ver: Corigliano, Francisco (2004). La política petrolera de Perón, La Nación, 25 de agosto de 2004.
  333. Spinelli, María Estela. La desperonización. Una estrategia política de amplio alcance (1955-1958) Archivado el 26 de abril de 2018 en Wayback Machine., Historia Política, página 17.
  334. Vivián Trías (1972). Historia del Imperialismo Norteamericano. Volumen II: "La fronda contrarrevolucionaria que barrió al mundo a mediados de los ´50, trajo otros triunfos al imperialismo. En septiembre de 1955 una coalición de "oligarcas vacunos", derechistas católicos, industriales voraces, oficiales "Liberales" y agentes ingleses derrocó al General Juan Domingo Perón". Cámara de Representantes de la República Oriental del Uruguay.
  335. «Pensamiento Nacional». Archivado desde el original el 10 de noviembre de 2013. 

Bibliografía

[editar]
  • del Carril, Bonifacio (1959). Crónica Interna de la Revolución Libertadora. 
  • Lucero, Franklin (1959). El Precio de la Lealtad - Injusticias sin precedentes en la tradición argentina. Buenos Aires: Propulsión. 
  • Perón, Juan Domingo (1958). La Fuerza es el derecho de las Bestias. Montevideo. 
  • Potash, Robert A. (1981). El ejército y la política en la Argentina, 1945-1962, de Perón a Frondizi. Buenos Aires: Sudamericana. 
  • Rojas, Isaac F. (1993). Memorias del almirante Isaac F. Rojas: conversaciones con Jorge González Crespo. Planeta Argentina. ISBN 9507423508. 
  • Ruiz Moreno, Isidoro (2013). La revolución del 55 (Cuarta edición edición). Buenos Aires: Claridad. 
  • Sáenz Quesada, María (2007). La Libertadora. De Perón a Frondizi, 1955-1958. Historia pública y secreta. I. Buenos Aires: Editorial Sudamericana. ISBN 978-950-07-2879-9. 

Enlaces externos

[editar]