Gilberto Moreno Rodríguez

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Gilberto Moreno Rodríguez
Gilberto Moreno Rodríguez.jpg
Información personal
Nacimiento 6 de enero de 1957
Colima, Colima, México
Fallecimiento 28 de diciembre de 2005 (48 años)
Colima, Colima, México
Causa de la muerte Cáncer de páncreas
Familia
Padres Pablo Moreno Gallardo
Ramona Rodríguez Guerrero
Cónyuge Elisa Ramos Jiménez (matrimonio, 1979)
Hijos Olmo
Gilberto
Información profesional
Ocupación Actor de teatro
Director de teatro
Docente teatral
Entrepreneur escénico
Distinciones Premio Estatal de las Artes 2006
Firma FirmaGilbertoMR02.jpg

Gilberto Moreno Rodríguez ( Colima, México 6 de enero de 1957 - 28 de diciembre de 2005), fue un actor, director de escena, profesor actoral y fundador de numerosos grupos teatrales en el estado de Colima. La actividad escénica en la región, hasta antes de él era inexistente o producto de la iniciativa espontánea y circunstancial. A partir de su labor fundadora, el arte dramático colimense entró en el espacio de la profesionalización y el compromiso vital.

De entre las muchas labores desempeñadas por Gilberto Moreno, destaca la fundación de la Compañía de Teatro de la Universidad de Colima. Una grave enfermedad segó su vida cuando estaba en la flor de su creación artísticas y no obstante ello, su actividad teatral siempre generosa, fue ingente. En 2006 se reconoció su gran contribución al desarrollo artístico del estado pues se le entregó, postmortem, a su familia, el Premio Estatal de las Artes.

Antecedentes[editar]

Alfredo Montaño el novelista y Gilberto Moreno el actor. 1978. Todo empezaba

Los más remotos orígenes en la vocación teatral de Gilberto Moreno quizá se empezaron a evidenciar cuando cursaba los estudios de secundaria. Para el surgimiento de esa disposición algo tuvo que ver el profesor Heriberto Medina Berján, que impulsaba en sus alumnos el gusto por las actividades artísticas que suelen practicarse durante la realización de los estudios medios, como la participación en los concursos de declamación.

Junto con la vocación artística se originó en él, el interés por la política. Con un poco de distancia (entre otras causas por lo jovencito que era) tuvo cercanías con el CER (Círculo de Estudio y Reflexión) que fundó el cura Javier Vargas y al que acudían los hermanos mayores de Gilberto. De ahí surgen esas inquietudes que derivaron hacia una posición ideológica de izquierda. Era ya un adolescente cuando unos amigos fundan la Asociación Cultural Colimense, de clara vocación de izquierdas (trotskismo), en la cual ingresa como uno de sus primeros contertulios. De la actividad política que aquí desarrolló –mucha, intensa–, surgirán algunas organizaciones políticas en la que participa decididamente, entre otros, el Partido Revolucionario de los Trabajadores que en 1982 apoyó la candidatura a la presidencia de Rosario Ibarra de Piedra. De estas dos aptitudes, la vocación teatral terminará por imponerse. Desde la madurez, Gilberto recuerda el inicio de su vocación de la siguiente manera:

Vivir durante veinte años la carrera de actor es haber llegado a una transformación completa de tu vida, en todos los aspectos, desde los más cotidianos hasta los imperceptiblemente existenciales…Y fíjate qué curioso, uno empieza por egolatría, por satisfacer la necesidad personal de que te vean arriba de un escenario, así, cuando llegas a comprender las verdaderas dimensiones del arte dramático, le encuentras otro sentido, mayor profundidad y dejas de lado aquel simple afán exhibicionista…El panorama del mundo se te amplía y concibes la realidad de otra manera.[1]

Comienzos del movimiento[editar]

En el mes de agosto de 1976 Gilberto Moreno Rodríguez ingresó al CEDART (Centro de Educación Artística, Juan Rulfo), que se había inaugurado recientemente en la calle Cinco de Mayo. Allí cursó el nivel bachillerato, en el área de Teatro, bajo la guía, enseñanza y dirección de la Profesora Gabriela Vázquez Schiaffino, mejor conocida como Vera Vázquez.

Casona colonial en donde se fundó el CEDART de Colima

Al concluir los estudios preparatorianos en 1979 se instaló en el Puerto de Manzanillo para laborar en CFE. En esos tiempos empezaba a funcionar la Termoeléctrica General Manuel Álvarez, en la comunidad de Campos. Fue contratado para laborar en el Departamento de Seguridad Industrial. Gracias a los ingresos económicos ahí obtenidos logró continuar una formación artística e intelectual pues en su tiempo libre lee, estudia, se prepara, viaja.

Son sus compañeros inseparables Elisa Ramos Jiménez y Gabriel Cárdenas Madrigal. Allá en el puerto fundan entre los tres su primera agrupación teatral. Estas inquietudes, que parecían más un divertimento o una fiebre de la adolescencia, tuvieron una feliz conclusión pues realizaron dos montajes escénicos. La agrupación que fundaron se llamó Grupo de Teatro Punto y Línea. Pronto se les uniría Víctor Gil Castañeda. En el mes de julio de ese año Moy, como se le llamaba afectuosamente a Víctor, acababa de terminar sus estudios en la Escuela Secundaria Federal Mariano Miranda Fonseca. La manera en cómo se conocieron y eso permitió que éste último se integrara al pequeño grupo de tres solitarios entusiastas fue la siguiente.

Moy y sus amigos, después de ensayar algunas obras dirigidas por ellos mismos, tenían el atrevimiento de presentarlas en La Concha Acústica del Seguro Social. Allí, en una de las funciones del mes de septiembre de 1979, tuvieron como espectador a Gilberto Moreno, quien de seguro se enteró del evento cuando iba rumbo a su trabajo. Los muchachos habían montado una obra del poeta cubano Nicolás Guillén titulada Floripondito o los títeres son personas. Al terminar la función Gilberto se acercó y preguntó por el que dirigía la obra. La respuesta fue contundente: “Nosotros mismos”. “Pues no está mal el montaje, me divertí mucho”, dijo Gilberto. Después agregó: “¿No desean que yo los dirija en alguna otra obra?”.

A partir de ese momento nació una fecunda amistad. En la planta alta de su casa Gilberto tenía una pequeña biblioteca bien surtida de libros de teatro que siempre ponía a disposición de Moy y de sus compañeros. El inmueble estaba ubicado en uno de los andadores del Sector Tres, eran las estribaciones del Cerro de la Cruz. La casona era amplia, pintada de un reluciente blanco, fresca y bien ventilada, aunque había que subir como cien escalones; las visitas llegaban sudorosas pero exultantes. Así fue como Víctor y sus compañeros de prepa iniciaron su formación intelectual; al final de aquellas exploraciones de literatura dramática en los libros de Gilberto decidieron ensayar dos comedias breves del libro 24 horas Distrito Federal de Emilio Carballido. En primer término ensayaron El censo. El estreno lo realizaron en el Salón de Catequesis del Templo del Carmen. La otra obra la pusieron en La Concha Acústica del Seguro Social; esto sucedió hacia diciembre de 1979. Al mismo tiempo que estos jóvenes preparatorianos daban por su cuenta sus primeros pasos, Gilberto, Elisa y Gabriel (en los ratos libres que les dejaba su trabajo asalariado) iniciaron los ensayos de una obra de Bertolt Brecht. Así nace, el grupo Punto y Línea.

Grupo Punto y Línea[editar]

Notas de Gilberto en un libro de teatro.

El mendigo, del dramaturgo alemán Bertolt Brecht, fue el primer trabajo formal que montaron para el público manzanillense. Esta obra se presentó en diferentes foros del puerto, incluso, viajaron a Minatitlán y la actuaron en el Centro Cultural Peña Colorada hacia febrero de 1980. Por estas fechas conocen a Héctor González Meza con quien los uniría la amistad y la pasión por el teatro; sin duda, esta relación dio un impulso al trabajo de Punto y Línea. Poco después, en junio del mismo año, estrenaron El hombre que se convirtió en perro, del escritor argentino Oswaldo Dragún. Ambas obras, aparte de escenificarse en Peña Colorada, fueron aplaudidas por el público en lugares como La Concha Acústica del Seguro Social de Manzanillo y la escuela de Trabajo Social Vasco de Quiroga, de Comala. Años después, en una entrevista concedida a Víctor Gil Castañeda, Gilberto explicó las causas de la elección de ambas obras, dijo entonces que:

Para mí, el teatro es una reflexión en voz alta; es la oportunidad de meternos a reflexionar con un público determinado sobre nuestro medio social; esto nos permite ser mejores… nos interesaba [a los integrantes del grupo] definir claramente lo que nos resulta útil, y el concepto del actor queda en este mismo campo [2]

.

La primera obra es una crítica a los problemas económicos que enfrentan las clases desprotegidas, y que por ello se ven orilladas a trabajar toda su existencia. La segunda, es la triste historia de un hombre que pierde toda su dignidad; cae en un proceso de enajenación consumista que lo convierte en vil animal, un perro a las órdenes del amo.

Gilberto explica a los obreros de la Termoeléctrica de Campos la seguridad industrial. 1979.

Aun cuando los montajes sólo tuvieron una repercusión local, le permitió al grupo acumular suficiente experiencia para emprender nuevos y más ambiciosos proyectos. En primer término, priorizaron la formación escénica. Tuvieron que seguir aprendiendo sobre lecturas dramáticas, realización de escenografías, dirección teatral, vestuario, maquillaje, interpretar las reacciones del público, etc.

La principal conclusión que de este trabajo actoral hicieron radicó en la impostergable necesidad de dedicarse de tiempo completo al teatro, decisión no fácil de tomar porque sus sueldos les permitía continuar invirtiendo en su formación artística mientras que el teatro no prometía ni muchos ni pocos ingresos de los cuales pudieran vivir. No obstante, dieron el paso y tal cambio determinó la existencia del grupo. En fin, que Gilberto y Gabriel renunciaron a la estabilidad laboral y económica que les daba CFE y se marcharon a la ciudad de Colima; por su parte, Elisa, aunque siguió trabajando en Tecomán, también se mudó con ellos a la capital. Ya instalados aquí y con la seguridad de que era el teatro a lo que dedicarían sus vidas y su trabajo, refundan su organización teatral. Corren la voz, convocan a los amigos y logran reunir una veintena de entusiastas. Como siempre sucede con estos proyectos, se dio una natural depuración pero persistieron en la labor, Héctor González, Arcelia Oldendorf, Gilberto Moreno, Gabriel Cárdenas, Elisa Ramos, Víctor Gil Castañeda y Glenda Torres, principalmente. El grupo se llamó Enjambre.

Grupo Enjambre[editar]

En una céntrica casona de la calle Hidalgo fundan su sociedad. El deseo era crear una especie de centro cultural en el que, entre otras cosas, se monten obras de teatro, se realicen exposiciones de obras plásticas, conciertos musicales o se pueda tomar un buen café, espacios culturales que no existían en esa época en Colima. Así, a los ensayos de su primer montaje en la capital del estado se le alternan muchas otras actividades en torno a la labor actoral. Por ejemplo, Gilberto marcha en 1980 a Morelia para tomar un taller con la afamada directora Martha Luna; luego, en 1983, participa en Xalapa en un curso de dirección escénica impartido por Raúl Zermeño. El Maestro Víctor Gil Castañeda recuerda así esta vital mudanza:

Todo empezó desde 1979 o principios de 1980, entonces empecé a venir a la ciudad capital, para incorporarme al Grupo de Teatro Enjambre. Sus integrantes éramos Elisa Ramos Jiménez, Gilberto Moreno Rodríguez, Gabriel Cárdenas Madrigal, Glenda Torres Herrera, y yo mismo. La dirección escénica estaba a cargo del profesor jalisciense Héctor González Meza, que llegó a Colima acompañado de su bella esposa, una bailarina y actriz también de Guadalajara, llamada Arcelia Ordendof. Esta etapa pasó vertiginosa para mí, entrelazándose todo, revolviéndolo, alterándolo; verdaderamente no sabría describir cómo ocurrieron muchas cosas; mis estudios, el trabajo, el teatro, la activación deportiva, las idas y vueltas a la capital de Colima...[3]

Cuando Gilberto regresa de Morelia vuelve a encontrarse con Héctor González Meza que de inmediato, en compañía de su esposa, se integra al proyecto. No sólo esto, él tiene contactos con la Universidad de Colima y ésta los invita a fundar una compañía teatral universitaria. Así es como inician los ensayos del primer montaje público del grupo, Los de la mesa 10, representación que ya no se hizo a nombre de Enjambre, sino de la Compañía de Teatro de la Universidad de Colima.

Compañía de Teatro de la Universidad de Colima -Primera etapa-[editar]

Gilberto Moreno, a la izquierda, de pie.

Digamos que hubo una fusión de dos iniciativas: la que lanza la Universidad de Colima (a través de Ángel Mario Martínez, director de Difusión Cultural) y la de González Meza, Gilberto Moreno y Gabriel Cárdenas. Los de Enjambre decidieron unirse al proyecto universitario y así es como surgió la Compañía de Teatro de la Universidad de Colima. A este nuevo esfuerzo se integraría, aparte de los ya aludidos, Gerardo González Ramírez. Los ensayos eran en dos espacios: las ruinas del Teatro Hidalgo y la casona de la calle Hidalgo. Agrega Moy en su libro inédito Memorias de un porteño:

Mientras me desempeñaba como actor, asistente de dirección e instructor de arte dramático en el IUBA, había terminado mis estudios de preparatoria (1979-1981) y posteriormente iniciaría mi carrera profesional en la Escuela de Letras y Comunicación de la U de C (1981-1985). En el montaje de la obra: Los de la mesa diez, fui el asistente del director. Me encargaba de llegar temprano al teatro para verificar la organización de las luces, las entradas y salidas de la música, así como el acomodo de los enseres de utilería, tramoya y demás. Dimos funciones en el Teatro de Casa de la Cultura y en el Teatro Mutualista. Ubicado éste último por la calle Medellín, media cuadra arriba de la antigua central camionera[4].
Gilberto, Gabriel y Héctor.

Esto sucedió en 1981. Luego del estreno se realizó una corta temporada, ahora sí, en el Teatro Hidalgo ya remodelado y bien acondicionado por orden de la gobernadora Griselda Álvarez Ponce de León (1979- 1985). El estreno de la obra Los de la mesa diez, se realizó en la Casa de la Cultura que no hacía mucho tiempo había sido construida en los terrenos donde antes se realizaba la Feria Regional de Colima. Decía el programa de mano: "La Universidad de Colima presenta el debut de la Compañía de Teatro de la Universidad de Colima con la obra Los de la mesa diez, de Oswaldo Dragún, una historia para ser contada. Auditorio de la Casa de la Cultura. Sábado 11 de julio a las 20:30 y domingo 12 a las 18:30 horas. Admisión gratuita".

Duró esta presentación al público casi tres meses y se dieron aproximadamente 20 funciones. El trabajo, no obstante la satisfacción que les dejó, tuvo una deriva inesperada, pues el director del grupo, Héctor González Meza, renunció y se regresó a Guadalajara. A pesar del traspié, Gilberto Moreno y sus compañeros iniciaron los ensayos para un segundo montaje. Se trataba de la obra La cueva de Salamanca, de Miguel de Cervantes Saavedra, que por entonces ya no se hizo la producción.

Compañía de Teatro de la Universidad de Colima -Segunda Etapa-[editar]

A principios de 1982 la Universidad de Colima anunció la contratación de Rafael Sandoval Bustamante, también originario de Guadalajara, Jalisco, para dirigir a la Compañía de Teatro en una segunda etapa y que por ese tiempo había dirigido la Compañía Teatro de la Universidad de Guadalajara. Los ensayos de la obra de Miguel de Cervantes Saavedra se detuvieron. Víctor Gil recuerda así ese momento de transición y de reanudación la andadura:

Cuando llegó Rafael Sandoval quiso ver un ensayo de nuestro nuevo montaje. Al terminar nos reconvino a todos; nos preguntó que quién nos había enseñado a dar esos feos brinquitos después de cada parlamento. Que esas gesticulaciones eran propias del teatro del siglo XIX. Estábamos estupefactos, y es que Sandoval había realizado estudios profesionales en diversos centros artísticos de Europa y tal perspectiva le permitió ser particularmente exigente con aquellos bisoños actores. Fue alumno de Seki Sano. Manejaba la técnica del teórico y director ruso, Konstantin Stanislavki y también conocía la teoría del Teatro Pobre del polaco Gerzy Grotowsky. Todo eso fue para nosotros como un huracán de ideas, un vendaval de nuevos conceptos. El mensaje de Rafael Sandoval fue claro y directo: debíamos tener mucha disciplina artística, muchas lecturas para conocer el teatro universal, mucho ejercicio de habilitación física para controlar nuestro cuerpo y dominar sus mínimas expresiones, capacidad de trabajo en equipo, solidaridad con el otro; vocación, vocación y más vocación.[5]

Con Sandoval, la Universidad de Colima llegó a un acuerdo, éste viajaría a Colima los fines de semana para dirigir a la compañía, el resto de la semana permanecería en la ciudad de Guadalajara. Mientras tanto Sandoval no estuviese en la ciudad de Colima, Gilberto Moreno, a quien se dio una beca, fue electo coordinador de la compañía y, digamos, era el director en funciones. También recibió el apoyo de una beca Gabriel Cárdenas.

Al momento de la integración de Sandoval al equipo se dieron importantes cambios en los métodos y rutinas de trabajo. La mecánica fue la siguiente, Rafael Sandoval elegía una obra, repartía los papeles, asignaba tareas, y durante la semana Gilberto supervisaba que éstas se cumplieran, al llegar el siguiente fin de semana, o cuando mucho dos fines de semana después, Sandoval regresaba a Colima y supervisaba los progresos habidos en los montajes. Por otro lado, la selección de actores se dotó de un mínimo filtro, pues quienes deseaban participar en la compañía deberían de pasar por un examen de carácter físico, emocional y de conocimientos[6]​. El trabajo teatral, a partir de 1982, fue diferente y fundamentado en el aprendizaje de las técnicas teatrales; uso del cuerpo, modulación de la voz, movimientos escénicos, lectura e interpretación de textos.

Se podría decir que el trabajo de dirección actoral quedó divido en dos partes, el ejercido a distancia por Sandoval y el cotidiano y organizativo, ejecutado por Gilberto Moreno. Sin duda, eran dos formas de trabajar muy diversas que lograron un acomodo profesional y amistoso. El carácter de Sandoval era enérgico, impetuoso; la violenta corrección, la hibris, era el método utilizado por el jalisciense para forjar el carácter de sus noveles actores; el colimense era más dado a dirigir bajo la reflexión, la negociación, la concesión; la seducción antes que la vehemencia. Cada uno de los montajes realizado tuvo un tercer responsable, cuyo trabajo se podría llamar asistencia de montaje; por ejemplo, el primero de los muchos trabajos que hicieron al alimón Sandoval y Moreno fue una obra de carácter infantil: Viaje a pueblo feliz, cuyo asistente fue Víctor Gil Castañeda.

Viaje a pueblo feliz (1982)[editar]

Gilberto Moreno hace el papel del padre enajenado

Esta obra, escrita por el colimense Rafael Pimentel, fue estrenada el 28 de abril de 1982 en la Casa de la Cultura. Participaron, Gabriel Cárdenas, Víctor Gil, Gerardo González, Juana Mejía, Gilberto Moreno, Glenda Torres y Claudia Espriella. Elisa Ramos fue la asistente del montaje. El equipo técnico estuvo integrado por Alberto Duriel, Gerardo Alfaro, Carlos Vargas y Félix Romero[7]​. Esta obra relata los hechos de una familia que consume enajenadamente lo que la televisión le propone; la historia se cuenta, también, a través de una comunidad que de pronto se ve invadida por artefactos tecnológicos que alteran y cambian completamente su ritmo de vida en un sentido negativo. Todo lo que hacen los habitantes de aquel pueblo feliz está encaminado al consumo, la agresión y la justificación de la violencia. Viaje a pueblo feliz significa un hito e inicia una serie de fenómenos de masas en torno al teatro que nunca se había visto en Colima. Por ejemplo, la obra se representó en todos los municipios y comunidades de la entidad, algo realmente inusitado pues había lugares en los que nunca se había visto una obra teatral; ésta fue la primera. Los niños gritaban gustosos durante las funciones, sobre todo cuando se caían del escenario los pastelillos y las galletas que eran empleados como utilería. El público infantil, emocionado y contento, recogía los dulces para comérselos, ante la sorpresa de quienes integraban el grupo[8]​. No había duda que pensaban los miembros de la compañía que quizá el mensaje aleccionador de la obra quedaba mediatizado por tanto entusiasmo y tanta risa de los niños, pero ¿cómo afearles la alegría de estar disfrutando un espectáculo que nunca antes habían visto y que probablemente nunca más volverían a ver? El programa de mano decía:

Las vacunas han salvado a muchos niños del atrofiamiento muscular. Sin embargo, sano o no, los niños pasan mucho tiempo frente al televisor, expuestos a las ideas e imágenes que repercutirán en sus vidas:· el obscurecimiento de la imaginación, la enajenación creada por la sociedad de consumo, el decrecimiento del sano ambiente familiar. ¡Ayudemos a nuestros niños a ser más libres e imaginativos! Un pueblo feliz es el antídoto embrionario que muestra una maravillosa alternativa

.

De esta obra se dieron más de 200 representaciones[9]​, otro fenómeno nuevo para el estado. Como es lógico pensarlo y de alguna manera queda dicho, una obra teatral se actuaba dos o tres veces y después había que enfrentar una realidad: no había un público que llenara el foro y permitiera cinco, diez, quince o más funciones. Esas 200 escenificaciones fue un récord en el estado de Colima y sigue siendo un fenómeno difícil de repetir.

Señoritas a disgusto (1982)[editar]

Gabriel el amigo y Elisa la esposa, en un ensayo de Señoritas a disgusto

La miembros de la compañía estaban exultantes de sus éxitos y nada había que los detuviera ni trabajo por extenuante que fuese que los agotase. Rafael Sandoval impulsó entre sus jóvenes actores un segundo montaje; es decir, representar simultáneamente una obra infantil y una obra para adultos. Este segundo trabajo escénico se realizó con un melodrama de José Caballero titulado Señoritas a disgusto. El 14 de mayo de este mismo año de 1982, en el Teatro Alarife, dentro del marco del "Festival universitario" de Guadalajara, se estrenó este drama de costumbres[10]​. Participaron Andrés Guzmán Urzúa, Gabriel Cárdenas, Elisa Ramos y las hermanitas Dylva y Carmen Castañeda. La asistencia del montaje estuvo bajo la responsabilidad de Gilberto Moreno. La escenografía y el vestuario lo realizó Rafael Zamarripa. [¿?] La coordinación de todos éstos, estuvo a cargo del mismo Gilberto Moreno.

Esta obra fue elegida, entre otras causas, porque se tenía un número limitado de actores –no hay que olvidar que el montaje de Viaje a pueblo feliz casi fue simultáneo–; en ese sentido el director contaba con los perfiles que darían vida a esta comedia de corte romántico, sin descuidar el reparto para la obra infantil. Las hermanas Castañeda arrancaron suspiros de la audiencia con su interpretación melancólica y soñadora en disputa por el galán que pasa por el pueblo, interpretado por Gabriel Cárdenas. Don Andrés Guzmán Urzúa, hombre cercano a la ancianidad, exlocutor de radio, realizó el papel de Don Silvestre, eterno amigo de la familia y enamorado no correspondido de una de las hermanas. Con su graciosa actuación arrancaba los aplausos de la audiencia en cada representación; además, se daba permiso de parar el desarrollo de la representación para hacer ademanes de agradecimiento hasta que los aplausos cesaban. Gilberto le pidió más de una vez que no procediese de tal manera, le explicaba que rompía el ritmo de la actuación; no obstante, don Andrés hacía lo que quería y todos, incluido Gilberto, le reían sus libérrimas zalemas al respetable público.

En esta obra se habla de la represión contra la mujer. Las acciones están ubicadas en una provincia sin especificar, pero los hechos se desarrollan en una atmósfera educativa que las mujeres colimenses de esos años conocían y padecieron no poco. Es la historia de dos hermanas solteronas sumidas en su moral religiosa y una terrible soledad. Apuradas por una crisis financiera se ven obligadas a rentar un cuarto de la vieja casona en que habitan. El inquilino es un contador joven y galán llegado de la capital que mueve el corazón de las solteronas, quienes entran en serios conflictos al querer conquistar el amor del joven médico. Los problemas se agudizan cuando un amigo cercano de la familia, un viejo más anticuado que ellas, las reprende fuertemente por su comportamiento "inmoral".

El contador resultó ser un vividor que finalmente se casa por interés con la hija del cacique del pueblo. Esto ocasiona una terrible decepción en las hermanas, lo que provoca que una de ellas se fugue con el trapecista de un circo y la otra decida casarse con su eterno pretendiente, el querido y a la vez odiado viejo amigo de la familia. Llanto y desgracias para un público que se emocionaba a raudales con este tipo de historias. Es fácil concluir que con los ingredientes mencionados esta primera puesta en escena para adultos bajo la dirección del maestro Sandoval fue todo un éxito, aunque no logró igualar a Viaje a pueblo feliz. A pesar de todo, este drama tuvo una buena temporada pues alcanzó más de 50 representaciones[11]​.

La zorra y las uvas (1983)[editar]

Gilberto Moreno en el papel de Esopo

El público pidió más y Sandoval realizó un nuevo montaje, en este caso se trató de una fábula helénica: La zorra y las uvas. En el reparto estuvieron Carmen Silvia Castañeda (como Cleia) Norma Gutiérrez (como Melita), Gabriel Cárdenas (como Xantos), Gilberto Moreno (como Esopo), José Luis Vázquez (como Etiope) y Juan Carlos Amezcua (como Agnostos). La asistencia del montaje corrió por cuenta de Víctor Gil Castañeda, el vestuario y el maquillaje por Juana Mejía, la escenografía por Jonathan Aparicio y la iluminación por Alberto Duriel y Roberto Camarena y, como siempre, Gilberto Moreno fue coordinador de los diversos equipos de trabajo que se formaron. El 16 de abril de 1983, [confirmar la fecha] en el Foro Pablo Silva García, que terminaría por ser el espacio escénico propio de la compañía, se estrenó esta obra.

En La zorra y las uvas –escrita por Guilherme Figueiredo, autor brasileño–, se recrea la vida del conocido fabulista griego Esopo. Por lo tanto, los acontecimientos se desarrollan en la antigua Grecia. Dos filósofos discuten sobre temas esenciales para el hombre como la existencia, el honor, el poder, la avaricia, la riqueza… mientras sobre ellos se proyecta la figura sensual de una mujer ignorada. La compañía pensaba que el público tendría la suficiente madurez y resistencia como para poder ver, apreciar y valorar una obra de dimensión filosófica, pero no fue así. Los parlamentos desconcertaron bastante a los espectadores, sobre todo a los numerosos niños que, al final de cada función, se lamentaban porque jamás veían en escena a ninguna zorra y mucho menos un racimo de uvas[12].

Gilberto y Olmo

Este tercer montaje representó el primer tropiezo que la compañía tuvo que enfrentar en estos nuevos tiempos bajo la dirección de Rafael Sandoval y éste tuvo que padecer la mordacidad que antes él había ejercido contra otras obras. En fin, que al desinterés del público se sumaron las duras críticas. Así recuerda Gilberto Moreno la experiencia amarga: “Esta nueva propuesta de La zorra y las uvas, corrió con menos fortuna. Sin embargo, nos dejó una gran experiencia después de la presentación en la ciudad de Guadalajara en donde fuimos severamente criticados. Esto nos permitió darnos cuenta que hacer teatro requiere de disciplina y un trabajo más riguroso del que hasta ahora habíamos podido hacer. Nos dejó también la renuncia de cuatro integrantes de la compañía, entre ellas una de sus fundadoras, quien tras un embarazo procreó al primer hijo de nuestra generación de teatreros”[13]​.

Y si bien la experiencia fue en parte amarga, no lo fue del todo, sino por el contrario, estuvo plena de dulzura y felicidad. La renunciante embarazada fue Elisa Ramos, esposa de Gilberto que, después de varios años de estar casados, dio a luz al primero de los dos hijos que tuvieron. En efecto, en junio de 1983 nació Olmo Moreno.

Cómo pasar matemáticas sin problemas (1983)[editar]

Gabriel y Gilberto en una escena de Cómo pasar matemáticas sin problemas

Una de las consecuencias de la dura crítica recibida se concretizó en la renovación. Ésta se dio por dos caminos, abrir el cuerpo actoral a nuevos prospectos y buscar temas para futuros montajes que fueran del interés para un público estudiantil. Así es como nace el proyecto de montar Cómo pasar matemáticas sin problemas de Alejandro Licona. Participaron en este nuevo proyecto Rosario Sánchez (Maquillista, estudiante, tía de Román y Rarotonga), Gabriel Cárdenas (camarógrafo, maestro y guarura), Gilberto Moreno (Entrevistador), Claudia López (Estudiante llorona, Shirnoff), Gerardo Hernández (Estudiante místico, Molón, Orlando), Martha Angélica Llamas (Mamá de Gonzalo, maestra y estudiante gorda), Enrique Uriel Ríos (Estudiante, Reagan), Gerardo González (Estudiante, conde), José Coyazo (Crisóstomo), Jesús Salvador García (Maestro, guarura), Jaime Lepe (Maestro, estudiante), Carmen Solorio (Maestra, estudiante), Silverio Palacios (Román Urachástegui), Víctor Gil Castañeda (Gonzalo Martínez), José Miguel Barajas (Gilberto Terrova).

Gilberto Moreno recuerda ese tiempo de transición con las siguientes palabras: “se promovió el teatro estudiantil en los bachilleratos con muy buena respuesta por parte de los jóvenes. Qué mejor propuesta podríamos hacer a esa población joven que la conocida obra de Licona. Ésta aborda los conflictos de jóvenes en su paso por la universidad: ¿cómo acreditar la terrible materia de matemáticas? Y por supuesto, las peripecias de los chavos. La comedia está salpicada con los problemas de maestros impreparados, corruptos y borrachos, que armonizan muy bien con los típicos estudiantes gandallas y flojos. La nueva propuesta de la compañía generó un fuerte entusiasmo dentro y fuera del grupo. Ese entusiasmo nos condujo a abordar un teatro más complejo, pero sin dejar de ser divertido”[14]​. [ampliar un poco la reseña]

La Compañía creció. Se formaron grupos en algunos bachilleratos, entre otros, en los Bachilleratos 1, 4 y 30, así como en escuelas superiores, lo que permitió la incorporación de más jóvenes entusiastas al cuerpo estable de actores. Así fue como nació el montaje Cómo pasar matemáticas sin problemas, de Alejandro Licona que precisaba de muchos actores. Para este momento, 1983, podemos hablar de una segunda generación actoral de la compañía, integrada por Silverio Palacios, Gerardo Salinas, Miguel Barajas, José Collazo, Ricardo Sánchez, Uriel Ríos, Manuel Zapién, Jaime Lepe, Jesús García, Carmen Solorio, Rosario Sánchez, Norma Gutiérrez, Magdalena González, y un sin fin de muchachos que revitalizaron la escena colimense con su ímpetu y frescura. [Falta hacer un balance de la labor que Gilberto realizó para esta obra]

La lente maravillosa (1983)[editar]

Una escena de la representación de La lente maravillosa

Esta obra fue escrita por Emilio Carballido y dirigida por Rafael Sandoval los años 1983 y 1992. Fue el segundo montaje infantil de la compañía de teatro, y por poco provocó el fin del grupo universitario, ya que la producción realizada por los actores principales e inexpertos en realización de vestuario, utilería y maquillaje resultó espantosa.

Esta es una comedia en la que se plantea la necesidad de tener una buena limpieza para evitar las enfermedades gastrointestinales. Se dan recetas para combatir a los microbios, personajes centrales de la obra, y la forma en que el público puede mejorar sus hábitos de salud. La historia cuenta cómo un anciano trata de explicar a un grupo de niños los riesgos que corren al no tener un cuidado adecuado de la higiene personal. Les alerta por medio de una “lente maravillosa” de los muchos microbios que puede hacer una sola gota de agua. Sin embargo, los niños a los que imparte la lección le dan mal uso a la lente y mágicamente hacen crecer a los terribles microbios que viven en una fuente llena de agua mugrosa.

Los microbios eran tan feos (efecto logrado por el diseño del vestuario y la impresionante interpretación actoral) que los niños lloraban durante la función y gritaban asustados cuando aquéllos bajaban del escenario para esconderse entre el público. Sin embargo, y a pesar de las recomendaciones sanitarias, dos actores padecieron amibiasis largas semanas. En la función de estreno, ofrecida a los hijos de militares por su día social, estaba presente la gobernadora del estado Griselda Álvarez, quien se molestó por el espanto provocado a los festejados.

Después de que se representara una segunda versión diez años después, que corrió mejor suerte, esta obra fue seleccionada junto a "En busca de un hogar" de Joan Jiménez Izquierdo para estrenarse en el Festival Colimense de las Bellas Artes en el año 1991.

El burgués, gentilhombre (1984)[editar]

Gilberto Moreno en el papel del burgués que quiere hacerse culto

La obra El burgués gentilhombre de Molière fue representada por la Compañía de Teatro de la Universidad de Colima en 1984. Participaron en este montaje, Gilberto Moreno con el papel estelar, Gerardo González como el maestro de esgrima, Rosario Sánchez Torres como la señora Jourdan, Silverio Palacios como el profesor de Filosofía, Claudia Liliana López Ramírez como Lucila, Carmen Solorio como Nicolasa, entre otros. Fue este un montaje peculiar porque en el aspecto escenográfico y de vestuario se respetó el ambiente de época, pues los actores vestían al estilo Luis XIV, pero el guion fue modificado al gusto de nuestro tiempo y del ambiente local y de provincias por Raúl Velázquez. En un rápido balance de este montaje Gilberto Moreno dijo del mismo:

Esta obra nos cuenta la vida de un ignorante pero simpático burgués, que al cobijo de su prosperidad, quiere convertirse en gente de sociedad y, para ello qué mejor que prepararse tomando clases de arte, ciencia, gramática y filosofía, lo que lleva a este hombre a refinar su ridiculez. El tono fársico y divertido de esta nueva propuesta de la compañía nos llevó por el camino del éxito: temporadas de más de 50 representaciones, giras por varias partes de la república, incluyendo al Distrito Federal. Esta obra nos dejó un saldo muy favorable en la trayectoria del grupo[15]

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La obra también se presentó por el sur de Jalisco y prácticamente todas la escuelas preparatorias de Colima, fueran de la Universidad o no, pedían a los jóvenes actores que se la montaran en su plantel. Gerardo González, uno de los jóvenes más talentosos y muy cercano a Gilberto recuerda que las giras de esta obra fueron de las mejor estructuradas y mejor proveídas.

Gerardo González dice que fue la primera gira con mayores pretensiones. Los resultados fueron halagadores y la obra se recomendó en escuelas secundarias, bachilleratos y planteles superiores, donde las materias de español o literatura universal eran obligatorias. Moliere en Casa de la Cultura cautivó al espectador; Teatro del siglo de oro francés, realizado por colimenses y apoyados por una universidad popular[16]

El testamento del perro (1984)[editar]

Gilberto Moreno como el estirado obispo de El testamento del perro

Con la puesta en escena de El Testamento del Perro, antes llamada El auto de la compadecida, del brasileño Ariano Suassuna, la joven compañía se anota uno de sus éxitos más clamorosos. Catorce actores en escena, un vestuario profesional, un maquillaje espectacular y una música trepidante y pegajosa, hicieron las delicias cientos de veces ante un público azorado pues nunca había visto algo semejante. Participaron tanto la vieja guardia como las nuevas incorporaciones procedentes de una segunda generación de teatreros del CEDART, así como jovencitos de las preparatorias y las licenciaturas de la U de C., todos encabezados por el entusiasmo y la inagotable presencia de Gilberto Moreno, que no se cansaba de hacer los papeles protagónicos. Así, que a él le correspondió actuar y caricaturizar un obispo taimado y corrupto. De la primera horneada estuvieron, aparte de Gilberto, Gerardo González (Juan Grillo), Gabriel Cárdenas (Diablo y señor Riaño) y Víctor Gil (Diablillo). Los nuevos eran Silverio Palacios (Payaso), Gerardo Hernández (Chico), José Coyazo (Padre Juan), Rosario Sánchez (Panadera), Jaime Lepe (Panadero), Miguel Barajas (Sacristán), Enrique Uriel (Fraile), Jesús García (El indio Alonso), Ricardo Sánchez (Compinche) y Magdalena Gutiérrez (Compadecida).

De esta farsa festiva dijo Víctor Gil en el programa de mano que:

El personaje central es Juan Grillo, un individuo que utiliza la inteligencia y el talento para mentir, engañar o cambiar la realidad de las cosas con tal de sobrevivir en un mundo injusto que le oprime. Este personaje se refleja en el Charlot o en Cantinflas, el típico golpeado y zarandeado por la vida. También nos presenta una máscara de los pueblos latinoamericanos, donde la incultura, el subdesarrollo y la ineptitud de algunos políticos, impide la evolución positiva de sus habitantes[17]

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Invitación a la 200 representación de El testamento del perro

Esta obra, a ritmo de intensas cumbias cuenta una historia de intriga religiosa y de pillaje, en la que los bribones y pícaros tienen máxima recompensa. Obispos “avispados” en los bienes materiales; diablos con trusas y calzoncillos en miniatura; vírgenes parlanchinas; bandoleros arrepentidos…Cuenta Gilberto Moreno que cada fin de semana, después de dos o tres funciones, perdía hasta tres kilos de peso por tan intensa actuación como se impusieron. La acción se desarrolla en un pueblo dominado por sus creencias religiosas, y guiado por un panadero, hombre pusilánime y rico, y su guapa esposa. Esta última es acusada de comportamiento ligero y liviano; ésta pretende que todos sus caprichos sean satisfechos y llega al demencial propósito de que el cura del pueblo le dé sepultura a su mascota, como si fuese una persona. De entre las actuaciones, resalta el característico personaje político cacique autoritario y corrupto desempeñado por Gabriel Cárdenas y su contraparte, el astuto Juan Grillo, (Gerardo González), con una de sus más memorables actuaciones. Finalmente está el plegado y quisquilloso obispo que Gilberto se dio gusto actuándolo con los caracteres más odiosos posibles. Así recuerda aquel montaje de 1984:

Todos estos elementos llevados a escena con los tonos fársicos que domina magistralmente el maestro Sandoval, dieron como resultado un producto exitoso. Una temporada que rebasó el número de representaciones de nuestras anteriores propuestas. Realizamos giras por varias partes del país y nuestra primera participación en la "Muestra nacional de teatro", que ese año se desarrolló en la ciudad de Jalapa, Veracruz. También develamos la primera placa conmemorativa de nuestras primeras 200 representaciones[18]​.

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El gran esfuerzo realizado por todos tuvo sus compensaciones. Otro hecho inusitado y nunca visto: un grupo teatral colimense hace una gira –también muy exitosa– por varias ciudades de la república, como Cuernavaca y Puebla, y otros lugares del interior de la república. Con esta obra se presentó otro fenómeno nuevo para la joven vida escénica del estado, la Compañía participó, primero, en un Festival de Teatro; acudió a Guadalajara, y, después, participó en la Muestra Nacional de Teatro celebrada en Jalapa, Veracruz. Nunca ningún grupo teatral colimense había participado en tal tipo de certámenes. Al final de la temporada Martha Luna –la prestigiada directora de escena– develó la primera placa conmemorativa de las doscientas representaciones, hecho nunca acaecido en el estado.

La rosa de oro (1985)[editar]

Ensayo de La rosa de oro. 1985.

Esta polémica farsa teatral de Carlos Olmos fue montada en 1985 y tuvo pocas representaciones (veinte), si se toma en cuenta las placas conmemorativas para las 100 o 200 funciones de otros montajes, aunque en números absolutos, para el estado, no estuvo mal, pues treinta años después, pocas obras llegan a sumar veinte escenificaciones [19]​. Participaron en la escena Gerardo Hernández (Filiberto), Gilberto Moreno (Eneas), José Coyazo (Policía), Manuel Zapién (Poeta), Jaime Zepeda (Roque Quiñones), Elisa Valdivia (Secretaria, Prostituta), Silverio Palacios (Florencio Arana), Gabriel Cárdenas (Gobernador), Rosario Sánchez (Miss y China), Carmen Solorio (Miss Simpatía), entre otros.

La obra del popular dramaturgo chiapaneco fue una verdadera ave de tempestades para la compañía pues en torno de ella se dieron varios conflictos y, finalmente, Rafael Sandoval decidió quitarla de escena. El mismo Olmos aceptó que la escritura de la misma fue una provocación en respuesta a las exigencias de las autoridades culturales de entonces; a la revista Proceso declaró que:

La rosa de oro es una farsa en un acto que no tiene pretensión alguna, sólo el afán de enfrentar la problemática de un escritor que empieza, en la provincia, denunciando todos los elementos que mediatizan el talento. Es el tema desolador de un poeta asfixiado por la miseria espiritual que le hemos impuesto a nuestra provincia… Los ataques que la nueva dramaturgia recibe por la poca trascendencia universal de los temas que toca, sólo demuestran el profundo desprecio que nos profesan quienes miden los resultados en un proceso cultural en términos monetarios[20]

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En efecto, en el teatro Santa Catarina de la UNAM, en la ciudad de México, se había montado cuatro años antes esta misma obra y los resultados fueron similares: escándalo y polémica. En una ciudad pequeña como lo es Colima, con toda la impronta provinciana que de su natal Chiapas representaba Carlos Olmos, lógico es que también provocara escándalo. El asunto empezó porque en la obra se muestran algunos desnudos y una periodista local se manifestó en contra de ello y publicó severas descalificaciones. Así lo recuerda Víctor Gil, veinte años después de los hechos:

Una obra con sabrosos desnudos, o intentos semiocultos, que hicieron escribir a una dama del periodismo eventual como obra perfectamente morbosa, donde los actores y el director habían ganado su boleto para vivir en los infiernos, degradando moralmente a unos jovencitos que nada tenían que ver con sus perversiones seudoartísticas [21]

La obra cuenta el viaje que hace a una hipotética Villahermosa el poeta laureado para recoger el premio que le da título a la farsa, una rosa de ora. Al principio todo es serio y formal; se reconoce, se elogia, se sonríe para la fotografía, se festeja. Con el paso de las horas y el consumo del alcohol las rigideces se distienden, las corbatas se quitan, los chistes insinúan lo que de verdad unos opinan de los otros, y sin saber bien a bien cómo sucede, las prostitutas aparecen en la fiesta.

Así sintetiza la idea de Olmos, Gilberto Moreno: Esta obra aborda la historia de un poeta que regresa a su tierra natal para recibir un premio por sus méritos en la poesía. Este hecho es un buen pretexto para que el autor nos cuente el viaje del escritor por los bajos mundos de políticos corruptos, los alcohólicos, los prostíbulos, la vida de las prostitutas que, según el autor, son más dignas que mucha de la gente que se dice de sociedad [22]​.

Por su parte, en el programa de mano que se elaboró se afirma: La obra se ubica en el género de la farsa. La trama nos habla de un poeta, llamado Homero, que gana un concurso de poesía. Recibirá por ello cien mil pesos y un diploma. La acción transcurre en un día. Los acontecimientos pueden suceder en cualquier estado. Esta obra analiza y cuestiona la sociedad en que vivimos. Critica los falsos valores y las actitudes negativas que una sociedad toma como verdades eternas. El hombre se refleja como un objeto de uso y manejo. Otros guían su destino y hacen de él un producto condicionado… Carlos Olmos maneja la ironía y se burla de ciertas estructuras que existen en el país. Pone en duda su funcionamiento y su eficacia… El hombre está en conflicto con su medio y consigo mismo. Es una lucha por la existencia, donde el poder y las ambiciones políticas constituyen los elementos principales del equilibrio social. De un equilibrio que se mantiene gracias a la humillación de otras personas, su indiferencia y abandono… Los personajes de La Rosa de Oro forman el submundo de la mediocridad, la envidia y el egoísmo que toda sociedad esconde.

Los desnudos polémicos. Ensayo de La rosa de oro. 1985

La caricaturización de la corrupción, la ruptura con la moral al uso y las inquietudes al interior de la compañía por la falta de una profesionalización de la misma obligó a un replanteamiento y un cambio de rumbo; pareciera que la sociedad colimense no estaba preparada para el ejercicio de tales libertades y, así como un padre prohibió a su hija seguir participando en la compañía, Rafael Sandoval prefirió cortar por lo sano y la retiró de la cartelera. Dice Gilberto Moreno al respecto:

Una de las más efímeras temporadas de la compañía se realizó con esta propuesta que no fue más allá de 20 representaciones, y menos aún alguna gira como lo hicimos con las obras anteriores… A pesar de lo fugaz y breve en la cartelera teatral, con esta propuesta, consideramos que La rosa de oro ha sido la más polémica y escandalosa aparición pública de la compañía: el primer desnudo del teatro colimense, una prolongada polémica y severa crítica en la prensa, un registro de asistencia no vista en las anteriores representaciones, y por supuesto, sin faltar el cambio repentino de algunos de los actores en el reparto[23]

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El rastro (1991)[editar]

Julio Rodríguez y Gilberto Moreno en El rastro de Elena Garro

El rastro y Los perros de Elena Garro, conformaron un solo espectáculo dentro de la temporada 1991 llevada a cabo por la compañía de teatro de la Universidad de Colima en el Foro Universitario Pablo Silva García.

Gilberto Moreno así recuerda este trabajo:

Como parte del proceso formativo de los actores, era necesario que la compañía apostara a realizar montajes que por el grado de dificultad, no fueran una garantía de éxito. Para ello abordamos a la mejor dramaturga contemporánea mexicana, Elena Garro. Cómo emprender escénicamente estos complejos mundos que propone la maestra Elena, sin caer en el trillado y superficial folclorismo trasnochado, nos enfrentábamos a una tarea nada fácil. Así llegamos al montaje de El rastro y Los perros. Sus historias plantean el indescifrable mundo onírico de los campesinos, sus costumbres y sus formas de vida. La comprensión del lenguaje poético trasladado al escenario resultaba un tanto complicado para el público, y en consecuencia, no contamos con el éxito esperado. Esto nos obligó a retirarlas de cartelera, sin antes dejarnos una experiencia y una enseñanza: la necesidad de pensar en el público al que va dirigido. [24]

El rastro es una de las obras más emblemáticas de Elena Garro quien es considerada como una de las escritoras más grandes de nuestro país. En esta historia se narra la historia de Adrián Barajas, un hombre embrutecido por el dolor, el orgullo y el alcohol que se duele por la muerte de su madre y de ello culpa a su mujer por haberlo seducido y alejado de ella. En la soledad del camino que lo lleva a su casa anuncia a gritos cómo asesinará de su esposa. Con gran enojo le grita: ¡Ábrele a tu marido! ¡Abre, deleite de los cabrones, revolcadero de machos!. Delfina Ibáñez, lo espera temerosa y trata de hacerle entrar en razón suplicando que le permita conocer al hijo que lleva en sus entrañas; le recuerda, además, que esos no son los modos con las que él la sacó de su casa y la alejó de su familia.

Dos hombres, como seres fantasmales, son los únicos testigos de la muerte brutal de esta mujer y el destino del asesino, quien después de cometido el hecho, no deja de llamar a la muerte para que vaya por él. Un texto estremecedor y de mucha vigencia que retrata la realidad de muchas mujeres a causa del machismo.

La escenografía fue construida a base de zacate, carrizos, mecates y petates. La iluminación se caracterizaba por la penumbra que generaba la atmósfera adecuada. El elenco de esta puesta en escena estaba conformado por: Carmen Solorio García (Delfina Ibáñez), Gerardo González Ramírez (Adrián Barajas), Hombre I (Gilberto Moreno Rodríguez), Hombre II (Julio Rodrigo Ochoa Rosales)

Lamentablemente su temporada fue muy breve.

Los perros (1991)[editar]

Los perros fue un montaje de temporada muy breve. Participaron en ella: Carmen Solorio García (Manuela), María de Jesús Ávalos Rodríguez (Úrsula), Julio Rodrigo Ochoa Rosales (Javier), Julio César Verdugo Lucero, Manuel Sandoval López y Leonardo Hernández Hernández ( Enmascarados). Entre la pobreza, el miedo y el destino trágico que se asume como inevitable, se desarrolla esta historia donde una madre y su hija se enfrentan al abuso de poder de hombres que se adueñan de la vida de niñas, que a los doce años sólo piensan en jugar en los montes y trepar árboles. Para ellos, poseer a “la mujer tiernita” es sólo un capricho y una demostración de “hombría”. El futuro de estas niñas robadas envueltas en zarapes, costales o petates es lo que menos importa en un pueblo religioso y lleno de supersticiones donde el destino trágico parece ser heredado de madres a hijas como una condena.

Manuela, madre de Úrsula, se encuentra haciendo tortillas para vender en las fiestas religiosas de su pueblo. Es una fecha muy especial donde se debe participar para hacerse merecedoras a días de fortuna que les permitan mejorar sus vidas. Manuela reprende a su hija por no estar arreglada para la ocasión y la niña le manifiesta su deseo de no asistir porque hay algo en su interior que le provoca miedo. En un momento, mientras la madre sale a hablar con una vecina, llega Javier, primo de Úrsula, para advertirle que esa noche, Jerónimo, un hombre que tiene ya tiempo interesado en ella, la raptará para hacerla mujer. Cuando Manuela se entera, lamenta el destino que le depara a su hija y le confiesa su rapto, años atrás, a manos de un tal Rosales, quien la alejó de sus padres, la golpeaba y bañada en sangre “la ocupaba”.

Mientras Manuela cuenta a su hija la desgracia vivida, no se percata de cómo los malhechores, contratados por Jerónimo, se llevan a su hija. Cuando descubre la desgracia, solamente abraza, como ausente de sí misma, el vestido recién planchado que su hija no se pondrá jamás y lamenta el silencio de los perros de su casa.

Los mismos elementos escenográficos de la obra El rastro, eran utilizados para ésta, pero dispuestos de forma diferente. La iluminación variaba un poco, aunque la penumbra era la constante para generar la atmósfera de abandono y vulnerabilidad en que vivían estas mujeres.

A los actores que entraban a robar a Úrsula se les adjudicó, de forma irónica, el nombre de “Los queditos” porque cuando entraban a escena hacían un ruido exagerado y la actriz Carmen Solorio, que interpretaba a Manuela (la madre) tenía que hacer un esfuerzo enorme por no distraerse y voltear de forma instintiva por el escándalo que sus compañeros de escena hacían cada que se robaban a la pobre muchacha.

El censo (1991)[editar]

En una casa del popular barrio La Lagunilla de la ciudad de México trabajan varias mujeres en el improvisado taller de costura del que son dueñas Herlinda y Dora. Una de las vecinas está probándose el vestido que reciéntemente le han hecho, pero se muestra un tanto inconforme por la confección malograda y nada favorecedora a su figura. Las costureras la convencen de lucir muy bien y ella se va no muy convencida después de haber pagado el trabajo. En ese momento llega un empadronador lo que provoca la preocupación de las costureras quienes por ignorancia asumen que se trata de un funcionario de hacienda. Ellas se niegan a responder las preguntas y el empadronador hace todo lo posible por explicarles qué es un censo y para qué sirve, pero no logra hacerlas entrar en razón. Las mujeres angustiadas lloran y buscan sobornarlo para que no recabe la información. En un momento de descuido, una de las empleadas expone al encuestador los malos tratos a los que es sometida por sus patronas que además no le pagan bien.

Llega Paco, el esposo de Dora y el joven empadronador le explica el motivo de su visita. Este parece entender, pero mientras más busca dejar claro el sentido del censo, Paco entra en duda y lo comienza a cuestionar. Esto provoca la desesperación y enojo del Empadronador quien tiene que cubrir un número específico de boletas al día para poder recibir su pago. Finalmente, Paco lo convence de tomarse un tequilita con él, mientras entre todos llenan con información falsa los documentos.

Una comedia que de forma divertida hace un cuestionamiento de la condición social, económica y moral de la sociedad mexicana. En ella participaron las actrices: Minerva Parker Orozco, Dulce A. Ávila Carrillo, Nancy Molina Rodríguez y María de Jesús Ávalos Rodríguez.

Fundación de agrupamientos teatrales[editar]

En cuanto a la actividad escénica de la Compañía de Teatro de la Universidad de Colima, ya se ha visto, Gilberto Moreno fue como el eje de la rueda que vertebra, une y le da sentido al trabajo, en la fundación de nuevos agrupamientos teatrales tuvo un sentido y un valor similar. Gilberto Moreno fundó un numeroso conjunto, alrededor de veinte, agrupamientos teatrales de diverso índole y con orígenes, objetivo e intereses todos diversos, pero con un propósito único, la recreación del arte escénico, la expresión artística comprometida vía la labor actoral.

Si quisiéramos organizar esa compleja actividad de entrepreneur que inició en 1987 con la fundación del grupo Tramoya y concluyó en 2001 con la fundación de su último grupo teatral, el del Bachillerato Número 30, podemos hacer el recuento de alrededor de quince años de labor fecunda e intenso e imparable trabajo, pues a sus muchos compromisos con la Compañía de Teatro, le sumó la gestión de ese otro trabajo escénico en el que él tenía que hacer todo, desde visitar los planteles, invitar a los jóvenes, buscar un espacio, seleccionar las obras, dirigirlas, montarlas, organizar la escenografía, tramitar permisos, producir el vestuario, idear el maquilla, la iluminación. En fin, no es que él físicamente tuviera que hacer todo, pero que todo giraba en torno de él, eso era así, sin duda. ¿Cómo se daba tiempo para hacer tantas cosas? Sin duda, robándole los minutos y las horas al descanso y a su familia.

En 2001 fundó su último agrupamiento teatral con un claro sentido social, que siempre fue su guía moral e intelectual, el del Bachillerato Número 30. Eligió ése porque era un plantel de jóvenes marginales, es decir, rechazados de los otros bachilleratos. Así lo explica el mismo Gilberto Moreno a los autores del libro Breve historia del teatro en Colima:

Entonces el director de la frontera volvió a cuestionarse: ¿qué hago con esto? Y se contestó que lo pondría al servicio y disposición de los chavos. Luego reunió a una veintena de jóvenes, provenientes de colonias marginales, y se puso a trabajar con ellos. Por lo que conozco de este proyecto, los resultados han sido maravillosos, dicen que ha hecho furor con este sistema de trabajo. Por eso creo que aquí en Colima podríamos hacer algo semejante, podemos lograr un resurgimiento del Teatro Estudiantil de Colima. Imagínate, la Universidad tiene alrededor de 20 mil estudiantes, piensa nada más qué potencial de trabajo existe, una veta enorme, enorme, por eso cuando le platiqué este proyecto al director de Difusión Cultural, me preguntó a qué preparatoria me quería ir. Obviamente le dije que al Bachillerato No. 30 de la colonia La Albarrada, porque tiene el estigma de ser un lugar a donde se van los flojos, los vagos, los que no admiten en los bachilleratos 1 y 4… por eso me dije: Voy al Bachillerato 30 y descubrí que hay un potencial enorme.[25]

Trabajó con estos jóvenes durante cuatro semestre, en su lugar, más abajo, se hará la reseña de esa labor. Poco después de concluidos esos cuatro semestres tuvo que interrumpir dicho compromiso porque le fue diagnosticada la terrible enfermedad que acabaría con su vida; eso fue lo único que lo pudo detener.

Si quisiéramos organizar esas disímiles agrupaciones que fundó, desde niños en albergues públicos, hasta ancianos y jubilados, pasando por preparatorianos marginados y llegar a internos de la penitenciaría, podemos decir que son dos las vertientes bajo las cuales se constituyen. La primera, quizá la más valiosa por ser menos efímera, son los grupos teatrales fundados a partir de los planteles universitarios y que se buscaba con ellos, como un objetivo a mediano plazo, alimentar el repertorio de actores que en algún momento se incorporarían al cuerpo estable de la compañía teatral. Los otros grupos se crearon, casi siempre, como eco de éstos y por el gran prestigio y la gran popularidad que Gilberto tenía en la ciudad de Colima; simplemente la gente lo buscaba para pedirle que les ayudara a fundar un grupo de teatro, y él, siempre generoso, aceptaba el compromiso, aunque no supiese de dónde sacaría tiempo para hacer aquello. A continuación se explicará brevemente tanto un tipo de organización (los grupos universitarios) como los agrupamientos de generación espontánea. Siempre procuraremos seguir un orden cronológico.

Tramoya (1987)[editar]

Escena de pillaje a un tren en Yo también hablo de la rosa, de Emilio Carballido

El Grupo de Teatro Tramoya se fundó en 1987 y se disolvió en 1998, pues sus miembros se integraron al cuerpo estable de la Compañía, es decir, alrededor de diez años de existencia. La fundación de Tramoya responde a una necesidad estratégica: algunos de los nuevos integrantes de la compañía se suman a ésta con mayor capacidad y mayor experiencia teatral pero no proceden del ámbito universitario, sino de las aulas del CEDART. Por las características de este centro educativo, lógico es que sus egresados contaran con mayor formación actoral que un joven preparatoria que deseaba ser actor pero que su experiencia en estas lides era nula o casi. Así, pues, para ofrecer una alternativa a los jóvenes mejor preparados del CEDART se fundó Tramoya. Se integró inicialmente con estudiantes de los Bachilleratos 1 y 4, también con alumnos del IUBA, de la Facultad de Letras y Comunicación y con alumnos de la Facultad de Trabajo Social.

De entre sus primeros integrantes se destacan: el ahora licenciado, Julio Rodrigo Rosales; Abraham Peña Beltrán, hoy maestro del IUBA; Ada Aurora Sánchez Peña, una excelente maestra de música; Perla Lara Solano, directora del Bachillerato No. 1; Nairoby Magallón, reportera de la sección cultural del Diario de Colima.[26]

Fueron muchos los montajes realizados, pero su primer éxito lo alcanzaron con una obra de Emilio Carballido, Yo también hablo de la rosa. Por esa senda del teatro de Carballido se siguieron y el siguiente montaje fue de tres obras cortas de éste mismo. En la prensa local se reseñó de esta manera el trabajo del nuevo grupo: "El grupo teatral TRAMOYA finalizó su temporada con la obra Yo también hablo de la Rosa del dramaturgo mexicano Emilio Carballido. Las presentaciones fueron en el foro universitario Pablo Silva García durante el pasado fin de semana. Sin embargo, continuando con el interés de darle una mayor proyección al quehacer dramático en la entidad, los integrantes de este grupo universitario, bajo la dirección de Gilberto Moreno Rodríguez, estrenarán tres obras cortas de Carballido. Se informó que dicho montaje será en el mismo foro Pablo Silva García, con horarios acostumbrados de viernes, sábados y domingos. El grupo TRAMOYA, integrado por alumnos de preparatoria, escuelas profesionales y jóvenes colimenses, tuvo una sobresaliente participación con la obra anterior y en la que, por cierto, se distinguen las actuaciones de los actores más pequeños. Gilberto Moreno Rodríguez, director del grupo, pertenece a la Compañía de Teatro de la Universidad de Colima, ha intervenido como actor en varios montajes y también coordina las actividades del grupo teatral estudiantil ITESM."

Bibliografía[editar]

  • Gil Castañeda, Víctor; de Anda, Cuquita (2006). Breve historia del teatro en Colima. 1940-2000 “Sus grupos y sus montajes”. Colima: Universidad de Colima. 

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]

  1. Cuquita de Anda, Víctor Gil Castañeda. (2006).Breve historia del teatro en Colima. 1940-2000 “Sus grupos y sus montajes”, Colima: Universidad de Colima, pp. 163
  2. Cuquita de Anda; Víctor Gil Castañeda. (2006). Op. cit. p. 166 y ss.
  3. Víctor Gil Castañeda, Memorias de un porteño, [obra en preparación]
  4. Víctor Gil Castañeda, Memorias de un porteño, [obra en preparación]
  5. Víctor Gil Castañeda, Memorias de un porteño, [obra en preparación]
  6. Cf. Cuquita de Anda y Víctor Gil Castañeda, Ibidem, p. 168
  7. Víctor Gil Castañeda, “Viviendo del teatro y ampliando la visión del mundo” en Gaceta de la Universidad de Colima, noviembre 2001, p. 7.
  8. “Los niños gritaban gustosos durante las funciones, sobre todo cuando se caían del escenario los pastelillos y las galletas que eran empleados como utilería. Los niños, emocionados y contentos, recogían los dulces para comérselos, ante la sorpresa de quienes integraban el grupo”. En Cuquita de anda y Víctor Gil Castañeda, Idem, p. 168
  9. “El teatro se forja también haciendo cien, doscientas representaciones, no se puede forjar de otra manera, entonces nosotros desde la primera obra que hicimos, tuvimos doscientas representaciones de Viaje a pueblo feliz esos datos son el gran aporte que insisto, hoy se está perdiendo”. En Ágora, suplemento cultural de Diario de Colima el 27 de mayo de 2005, página 11, entrevista de Verónica Zamora a Gilberto Moreno.
  10. Gilberto Moreno Rodríguez “Veinte años” en Gaceta de la Universidad de Colima, noviembre 2001, p. 26.
  11. Gilberto Moreno Rodríguez, Op. cit., p. 27.
  12. Cf. Cuquita de Anda y Víctor Gil Castañeda, idem, p. 169
  13. Gilberto Moreno Rodríguez, "Veinte años" en Gaceta de la Universidad de Colima, noviembre de 2001, p. 27.
  14. Gilberto Moreno, Ibidem, p. 27
  15. Gilberto Moreno Rodríguez, "Veinte años" en Gaceta de la Universidad de Colima, noviembre de 2001, página 27.
  16. Víctor Gil Castañeda, "Viviendo del teatro y ampliando la visión del mundo" en Gaceta de la Universidad de Colima, noviembre de 2001, página 10
  17. Víctor Gil Castañeda, Op. cit
  18. Gilberto Moreno Rodríguez, "Veinte años" en Gaceta de la Universidad de Colima, noviembre de 2001, página 28.
  19. En entrevista concedida a Verónica Zamora para el periódico Diario de Colima, Gilberto Moreno se lamentaba que veinte años después, en 2004, las obras que se montaban en el estado tenían una o dos representaciones. Entonces dijo: "Él [Luis Valenzuela] es de los hombres de teatro más preparados aquí en Colima, tú lo ves y sabe trazar, sabe hacer la puesta en escena, sabe hacer personajes, él no te da gato por liebre. Lamento que no sé qué pasa con él, o ese es su estilo de hacerlo: una puesta en escena con dos funciones y ya. Está comprobado que un director y un actor empiezan a hacer una experiencia profunda en la función número veinte, si no llegas a la función número veinte está difícil; se te pasa de noche, es muy complejo. Entonces si tú no llegaste a la función número veinte no lograste la experimentación de la puesta en escena. Entonces yo creo que no goza de salud el Teatro en Colima, hay mucho gato por liebre". Cf. "Entrevista a Gilberto Moreno" en Ágora suplemento cultural de Diario de Colima, 23 de febrero de 2004, página 7
  20. "La rosa de oro muestra al poeta asfixiado por la miseria espiritual de provincia: Carlos Olmos" en revista Proceso, publicada el 15 de agosto de 1981. Consultada en Internet el 9 de febrero de 2020. https://www.proceso.com.mx/131704/la-rosa-de-oro-muestra-al-poeta-asfixiado-por-la-miseria-espiritual-de-provincia-carlos-olmos
  21. Víctor Gil Castañeda, “Viviendo del teatro y ampliando la visión del mundo” en Gaceta de la Universidad de Colima, noviembre 2001, p. 12.
  22. Gilberto Moreno, Op. cit, p. 28
  23. Gilberto Moreno, Ibidem, p. 29
  24. Gilberto Moreno, Op. cit. Pag. 30
  25. Cuquita de Anda; Víctor Gil Castañeda. (2006). Op. cit. p. 166 y ss
  26. Declaración de Gilberto Moreno Rodríguez a Cuquita de Anda y Víctor Gil Castañeda. En Breve Historia del teatro en Colima