Gerardo Salvador Merino

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Gerardo Salvador Merino

Delegado nacional de Sindicatos
9 de sept. de 1939-13 de sept. de 1941

Información personal
Nacimiento 8 de septiembre de 1910
Herrera de Pisuerga
Fallecimiento 31 de julio de 1971
Barcelona
Partido político
Información profesional
Ocupación Notario
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Gerardo Salvador Merino (Herrera de Pisuerga, 8 de septiembre de 1910Barcelona, 31 de julio de 1971)[1] fue un político y notario español de ideología falangista, primer dirigente de los Sindicatos Verticales.[2]

Partidario de Manuel Hedilla en el transcurso de la Guerra civil, posteriormente, durante los primeros años de la Dictadura franquista, desde su puesto como líder de los sindicatos tuvo un destacado papel en la colaboración con la Alemania nazi.[3] Tras su caída en desgracia quedó apartado de los círculos de poder y se dedicó a actividades empresariales.

Biografía[editar]

Primeros años[editar]

Nació el 8 de septiembre de 1910 en la localidad palentina de Herrera de Pisuerga.[4]

Sus padres eran propietarios de un molino en su pueblo natal. Durante los primeros meses de la Segunda República llegó a afiliarse al sindicato UGT, siendo miembro de su ala más radical.[5] Según algunos autores, al parecer también habría militado en el PSOE.[6] [7] En mayo de 1933 un atentado contra su padre —alcalde y militante de la CEDA[5] conllevó la muerte por error de su madre, hecho que probablemente marcó su ulterior senda política.[8] Trasladado a Madrid, realizó estudios de derecho en la Univerdad Central, llegando a afiliarse a la FUE.[5] En la capital frecuentó las tertulias del Café Lyon, y a finales de 1933 conoció allí a José Antonio Primo de Rivera, con quien trabó amistad y quien le animó a vincularse con Falange Española (FE). Afiliado a FE en enero de 1934,[8] se encargó de acentuar el ala obrerista y sindical del partido. Tras terminar la carrera de Derecho, en 1935 obtuvo plaza de notario en Puentes de García Rodríguez (La Coruña).

Tras el estallido de la Guerra Civil combatió en el frente de Asturias,[9] siendo herido un par de veces. Partidario de Manuel Hedilla, en 1937 fue designado por este jefe provincial de Falange en La Coruña.[10] Pronto se hizo impopular entre la clase media por su dialéctica obrerista, habiendo llegado a acuñar el lema «abajo la burguesía».[9] Gerardo Salvador se alineó en esta época con el llamado «grupo de Burgos». Buen orador y con buenas dotes organizativas, en 1938 logró reunir en la plaza de toros de La Coruña a 14 000 falangistas, invitando a Juan Yagüe Blanco, quien reivindicó con ardor la revolución nacional-sindicalista; este discurso le valió a Gerardo Salvador la destitución inmediata de su cargo.[11] Poco después se incorporaría a la milicia, como sargento.

Por esta época trabó amistad con Pedro Laín Entralgo.

Delegado nacional de Sindicatos[editar]

Tras el fin de la guerra civil, en un marco de tendencia a la fascistización del régimen,[12] el 9 de septiembre de 1939 fue nombrado delegado nacional de sindicatos,[13] [14] delegación desgajada del difunto ministerio de Organización y Acción Sindical y que controlaría toda la estructura sindical.[12] A diferencia de otros jerarcas de FET y de las JONS, a Salvador Merino se le concedieron poderes expresos para la organización de los nuevos sindicatos.[15] A lo largo de los siguientes meses, octubre y noviembre, se dedicó a la tarea de edificar una estructura administrativa para los sindicatos, llegando a incorporar a parte de los cuadros procedentes de antiguas organizaciones sindicales.[16] Durante noviembre realizó un gran número de nombramientos, que incluyeron 35 nuevos delegados provinciales.[16] Su retórica populista y revolucionaria le convirtieron bien pronto en uno de los jerarcas más importantes dentro de la jerarquía de Falange, lo que a su vez también le supuso numerosos conflictos con otros dirigentes franquistas.[17]

Uno de los primeros objetivos de Salvador Merino fue movilizar a la organización sindical para hacer frente al rampante desempleo, que en 1940 alcanzó unas cifras oficiales de 500 000 personas en situación de paro; dio directivas a sus delegados provinciales para que propusieran planes de empleo.[18] A iniciativa de Salvador Merino, el 26 de enero de 1940 el régimen franquista promulgó la nueva Ley de Unidad Sindical que establecía que empresarios y trabajadores se integrarían en una única organización sindical bajo el mando de FET y de las JONS.[19] No obstante, Gerardo Salvador era partidario de una autonomía sindical respecto al resto del «Movimiento».[20] Como parte del nuevo entramado sindical, en abril de 1940 puso en marcha un nuevo periódico que en junio acabaría quedando configurado como el diario Pueblo.

El 31 de marzo de 1940, durante el primer aniversario por la victoria de la Guerra civil, logró convocar y reunir una gran masa de obreros desfilando por Madrid, provocando las iras de los sectores más derechistas del régimen franquista.[21] Las actividades y ambiciones de Salvador Merino le hicieron ganarse un buen número de enemigos entre los dirigentes franquistas, muchos de los cuales lo veían como un fascista subversivo y un «cripto-rojo».[22] En el seno del Ejército contó con la visceral oposición, entre otros, del general Andrés Saliquet.[23] Consciente de su inviabilidad política, Ramón Serrano Suñer llegó a ofrecerle la posibilidad de ocupar la cartera de trabajo, aunque Salvador rechazó esta propuesta por considerar que ello implicaría perder el control sobre los sindicatos.[a]

Abiertamente simpatizante de la Alemania nazi, coincidiendo con los primeros años de la Guerra mundial tuvo un destacado papel en las relaciones hispano-alemanas.[24] Al igual que Pedro Gamero del Castillo, Salvador Merino mantuvo estrechos contactos con personas y organizaciones nazis.[22] En octubre de 1940 fue uno de los jerarcas del régimen que recibió en Madrid al líder nazi Heinrich Himmler, durante su visita a España.[25] No obstante, el delegado nacional de Sindicatos mantenía estos contactos de forma directa, sin hacerlo por los conductos normales a través del Servicio Exterior de Falange, lo que suponía un desafío a los procedimientos del partido.[22] [26] El jefe del Partido Nazi en Madrid, Hans Thomsen, hizo los preparativos para que Merino pudiera realizar una visita especial a Alemania.[22] En abril de 1941 viajó a Alemania, donde quedó impresionado por el modelo sindical nazi; se reunió con Rudolf Hess, Robert Ley, Joachim von Ribbentrop y Joseph Goebbels.[27] Según propagaron entonces sus enemigos entre los círculos de poder de Madrid, en realidad Gerardo Salvador habría ido a Alemania a recabar apoyos para un golpe de estado.[28]

Caída en desgracia[editar]

Progresivamente falto de apoyos entre la jerarquía franquista por su dialéctica populista nacionalsindicalista y por su cercanía a los nazis, en septiembre de 1941 fue defenestrado de la dirección de los Sindicatos Verticales.[20] Una de las razones de su destitución había sido el pacto que había suscrito el 21 de agosto con el líder del Frente Alemán del Trabajo, Robert Ley, para enviar 100.000 trabajadores a Alemania,[29] aunque posteriormente el acuerdo sería renegociado y los trabajadores reducidos a 15.000.[30] Sin embargo, la principal razón que motivó su caída fue cuando su descubrió su antiguo pasado «masón».[31] Según el historiador Stanley G. Payne, habría sido el general Saliquet el principal responsable de la aparición de pruebas sobre el pasado masón del delegado nacional de Sindicatos.[23] Otros autores señalan la participación en su caída de agentes del servicio secreto británico.[32] Fue sustituido al frente de los Sindicatos por el también falangista Manuel Valdés Larrañaga.[b]

Algún miembro del gobierno llegó incluso a pedir el fusilamiento de Salvador Merino.[35] A pesar de ello, tal y como comenta Luis Suárez Fernández, «en atención a sus méritos, no fue sometido al tribunal para la represión de la masonería, pero quedó confinado fuera de Madrid».[30] Tras su caída en desgracia, fue expulsado del partido y quedó confinado en las islas Baleares.[36] Con el cambio de rumbo de la guerra mundial quedó aún más alejado de los círculos de poder. No obstante, posteriormente encontraría trabajo como asesor en la industria textil catalana).[37] Apartado de la política, en las décadas de 1960 y 1970 fue director gerente de Motor Ibérica hasta su fallecimiento en 1971.

Notas[editar]

  1. Serrano Suñer insistió en su propuesta y le preguntó qué cargo estaría dispuesto aceptar, a lo que el delegado nacional de Sindicatos respondió que sólo aceptaría el puesto de ministro de la gobernación —que entonces se encontraba vacante— si ello además incluía ostentar la Secretaría general de FET y de las JONS.[22]
  2. Manuel Valdés procedió a una purga entre las jerarquías sindicales, expulsando a muchos de los dirigentes leales a Salvador Merino.[33] A la vez que amansaba los revoltosos sindicatos, también reorganizó su estructura interna e impregnó a la organización sindical de un carácter más conservador y religioso.[34]

Obras[editar]

  • —— (1941). La Falange y su contribución al problema del campo. Antología. Gráficas Reunidas.

Referencias[editar]

  1. Esquela en el diario ABC, 5 de agosto de 1971.
  2. Bardavío y Sinova, 2000, p. 592.
  3. Bowen, 2000, p. 80.
  4. Lazo, 2008, p. 233.
  5. a b c Fernández, 2000, p. 1114.
  6. Molinero, 2005, p. 81.
  7. Rodríguez Jiménez, 2002, p. 247.
  8. a b Amaya Quer, 2012, p. 310.
  9. a b Ruhl, 1986, p. 63.
  10. Ruhl, 1986, pp. 18, 63.
  11. Suárez Fernández y Espadas Burgos, 1991, p. 63.
  12. a b Thomàs i Andreu, 1999, pp. 46-47.
  13. Sevillano, 2014, p. 106.
  14. Payne, 1999, p. 350.
  15. Payne, 1999, p. 315.
  16. a b Bowen, 2000, p. 66.
  17. Bowen, 2000, pp. 65-66.
  18. Bowen, 2000, p. 65.
  19. Suárez Fernández, 2011, p. 141.
  20. a b Morente, 2005, p. 221.
  21. Payne, 1999, p. 351.
  22. a b c d e Payne, 1999, p. 352.
  23. a b Payne, 1999, p. 367.
  24. Bowen, 2000, pp. 59, 105.
  25. Bowen, 2000, p. 92.
  26. Bowen, 2000, p. 97.
  27. Bowen, 2009, pp. 267-268.
  28. Gil Pecharromán, 2013, p. 45.
  29. Togores, 2010, p. 290.
  30. a b Suárez Fernández, 2011, p. 205.
  31. Gil Pecharromán, 2008, p. 59.
  32. Pozuelo y Ellakuría, 2008, p. 155.
  33. Domínguez Arribas, 2009, p. 445.
  34. Bowen, 2006, p. 104.
  35. Cazorla Sánchez, 2000, p. 113.
  36. Marín, Molinero y Ysàs, 2010, p. 46.
  37. Cazorla Sánchez, 2000, p. 112.

Bibliografía[editar]