Funciones del lenguaje

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

Por funciones del lenguaje se entienden los distintos cometidos con que el Lenguaje se usa por parte del ser humano.

Estos propósitos han sido estudiados fundamentalmente por la Lingüística y la Comunicación, de forma que, por lo común, se ha dado una función del lenguaje por cada factor de la comunicación que interviene en el proceso, siendo lo más normal que una función domine o prevalezca y las demás le estén subordinadas.[1]

Varios han sido los lingüistas que han estudiado y propuesto clasificaciones de las funciones del lenguaje; por orden cronológico son:

Según Karl Bühler[editar]

El lingüista Karl Bühler postuló que solo existían tres funciones:

  1. La función simbólica o representativa, centrada en las cosas, seres y relaciones del mundo real o universos imaginarios posibles, de las cuales da cuenta o informa objetivamente. Se centra en el factor de la comunicación referente. Es la función primordial o principal del lenguaje, pues es la que transmite información más amplia. Emplea símbolos. Es la única específica del hombre.
  2. La función sintomática o expresiva, en virtud de su dependencia del factor de la comunicación emisor, cuyos sentimientos refiere o expresa. Emplea síntomas.
  3. La función señalativa o apelativa, mediante la que se influye en el factor de la comunicación receptor del mensaje denotando órdenes, mandatos, sugerencias o preguntas. Utiliza señales. No puede ser usada en textos donde el lector busca entender el uso que puede dar a una herramienta. Ya que lo limita a seguir un camino ya recorrido en lugar de permitirle encontrar nuevos resultados. Específicamente manuales técnicos o instrucciones de uso.

Estas tres funciones se dan asimismo en en la comunicación mediante signos no lingûísticos y solo la función referencial es específicamente humana: las otras dos se dan también en la comunicación animal.[2]

Según Roman Jakobson[editar]

El modelo de Bühler le parecía incompleto a Roman Jakobson, quien redefinió sus funciones y añadió otras tres sobre los ejes de los factores de la comunicación:

Schema communication generale jakobson.png

Función referencial, representativa o informativa[editar]

Es la función del lenguaje relacionada con los factores de la comunicación referente y contexto, es decir, cualquier cosa exterior al propio acto comunicativo. Es la función más evidente y primordial a primera vista, pues se encuentra en todo acto comunicativo. Se da cuando el mensaje que se transmite puede ser verificable y reconocemos la relación que se establece entre el mensaje y los referentes externos del mismo. Los recursos lingüísticos principales de esta función son los deícticos. Utiliza un lenguaje de significado denotativo (el significado primario de las palabras). Prevalecen los sustantivos y verbos, la entonación enunciativa o aseverativa y el modo verbal indicativo, que es el modo de lo real; es la más común en textos informativos, científicos y periodísticos (en el género denominado noticia).

Se ha denominado de diversas maneras; Bühler la llamaba "simbólica", pero también representativa; otras denominaciones son denotativa, cognoscitiva o referencial. Brinda conocimientos, conceptos e información objetiva.

Los textos que la contienen se caracterizan por ser objetivos, monosémicos y unívocos. Esta función la encontramos en los llamados textos científicos, cuyo propósito es ofrecer conocimientos. Se caracterizan por aludir a lo extralingüístico, es decir, a nuestro entorno o lo que nos rodea y se emplea cuando pretendemos transmitir una información sin hacer valoraciones sobre ella ni pretender reacciones en nuestro interlocutor.

Función emotiva o expresiva[editar]

Suele identificarse con el factor de la comunicación emisor. Con frecuencia lleva su verbo en primera persona, aunque no siempre (por ejemplo: "¡Qué bonito es el Mediterráneo!") y su significado suele revelar o desahogar un sentimiento físico ("¡Ay!") o psíquico ("¡Maldita sea la economia de este país!") del emisor del mensaje. Esta función le permite exteriorizar sus sentimientos y estados de ánimo, así como sus deseos o el grado de interés o de apasionamiento con que aborda cualquier comunicación y siempre se centra en el emisor:

Estoy tan solo, amor,
que a mi cuarto sólo sube,
peldaño tras peldaño,
la vieja escalera que traquea.


Juan Roca

Es bueno aclarar que la expresividad no se da aparte de lo representativo, sino que es una función del lenguaje que permite una proyección del sujeto de la enunciación pero con base en una representatividad. Así, en expresiones corrientes como "esa mujer me fascina" o "¡qué mañana tan hermosa!", predomina, sin duda, la función expresiva, pero con un soporte de representación simbólica dado por la alusión a unos referentes.

Para concluir, observemos que la función expresiva o emotiva se manifiesta gracias a los significados afectivos o connotativos que se establecen sobre la base de los significados denotativos: cuando hablamos, expresamos nuestro estado de ánimo, nuestras actitudes o nuestra pertenencia a un grupo social, damos información sobre nosotros mismos, exteriorizamos síntomas, aunque no tengamos siempre plena conciencia de ello. El emisor se comunica para transmitir la información centrada objetivamente en la realidad exterior referente a las ideas que tiene sobre ella. Permite comunicar a otros estados de ánimo, las emociones.

Función apelativa o conativa[editar]

Se llama conativa del latín "conatus" (inicio), porque el emisor espera el inicio de una reacción por parte del receptor.

Se centra en el receptor. Es la función de mandato y pregunta. El emisor intenta influir en la conducta del receptor. Sus recursos lingüísticos son los vocativos, modo imperativo, oraciones interrogativas, utilización deliberada de elementos afectivos, adjetivos valorativos, términos connotativos y toda la serie de recursos retóricos. Se da en lenguaje coloquial, es dominante en la publicidad y propaganda política e ideológica en general. Mediante el uso de esta función se pretende causar una reacción en el receptor. Es decir, con esta función se pretende que haga algo o que deje de hacer. Ejemplos:

Ejemplo: cuando decimos «¡Míralo!» o «Abre la puerta, por favor.»

Ejemplo: «¡Cierra la puerta!» - «Observen las imágenes y respondan.» Puede ocurrir que una frase aparentemente referencial esconda una función apelativa.

Ejemplo: «La ventana está abierta» - Puede estar haciendo una mera descripción de un hecho, pero también puede haber un contexto: «Cierra la ventana».

Dentro del mensaje se invita al oyente a que haga algo.

Función metalingüística[editar]

Se centra en el propio código de la lengua. Se utiliza para hablar del propio lenguaje, aclara el mensaje. Se manifiesta en declaraciones y definiciones.

Ejemplo: "Pedro tiene 5 letras".

Función poética o estética[editar]

Esta función está orientada al mensaje. Aparece siempre que la expresión atrae la atención sobre su forma, en cualquier manifestación en la que se utilice el lenguaje con propósito estético. Sus recursos son variados, por ejemplo la figura estilística y el juego de palabras. Esta función se encuentra especialmente, aunque no exclusivamente, en los textos literarios. Ejemplo: Que el alma que puede hablar con los ojos, también puede besar con la mirada.

Función fática o de contacto[editar]

Esta función está orientada al canal de comunicación entre el emisor y el receptor. Su proposito es iniciar, prolongar, interrumpir o finalizar una conversación o bien sencillamente comprobar si existe algún tipo de contacto. Su contenido informativo es nulo o escaso y se utiliza como forma o manera de saludo.

La finalidad de la función fática no es principalmente informar, sino facilitar el contacto social para poder transmitir y optimizar posteriormente mensajes de mayor contenido.

Constituyen esta función todas las unidades que utilizamos para iniciar, mantener o finalizar la conversación. Ejemplos: Por supuesto, claro, escucho, naturalmente, entiendo, cómo no, OK, perfecto, bien, ya, de acuerdo, etc.

Está presente en los mensajes que sirven para garantizar que el canal funciona correctamente y que el mensaje llega sin interrupción.

Según Michael Halliday[editar]

La Gramática sistémica funcional o Lingüística sistémica funcional de Michael Halliday cuestionó las propuestas de los lingüistas estructuralistas (Ferdinand de Saussure y su sucesora, la Glosemática de Louis Hjelmslev) y generativistas (Noam Chomsky), que hasta entonces no permitían un estudio de la combinación "lengua"/"habla" simultáneamente. Halliday plantea la discusión al respecto en el libro El lenguaje como semiótica social (1979), en el que plantea una nueva perspectiva para el estudio del lenguaje que integre el componente sociocultural como clave en su comprensión. Sitúa al contexto como parte intrínseca del lenguaje tornándolo cuestionable solo en tanto esté en uso y ya no separado del mismo. Considera que el lenguaje es inter e intra organismos, a diferencia de sus antecesores que para el estudio tomaban solo una concepción.

En su gramática postula diversas funciones del lenguaje:

  1. Función ideativa. Representa la relación entre el hablante y el mundo real que lo rodea, incluyendo al propio hablante como parte suya. Permite estructurar, determinar y entender el mundo y expresa la experiencia y cosmovisión del individuo hablante.
  2. Función interpersonal. Es la que permite establecer y mantener relaciones sociales. Es interactiva y sirve para expresar los distintos roles sociales incluyéndolos en la comunicación. Es una dimensión social.
  3. Función textual. Es una función instrumental para las dos anteriores: por ella la lengua se conecta con la situación en la cual se emplea permitiendo establecer relaciones de cohesión entre las partes de un texto y su adecuación a la situación concreta en que concurre.

Estas tres metafunciones se proyectan en su objeto de estudio: el texto, que puede ser oral o escrito.

Las funciones propuestas por Halliday, que están necesariamente ligadas a las nociones de Campo, Tenor y Modo del contexto situacional, dan cuenta del momento comunicativo en tanto la ideativa es una función interna que nos provee herramientas -lengua- para expresar nuestra experiencia personal y previa así como también ordenar el mensaje que queremos transmitir; la interpersonal se centra en las figuras hablante-oyente/emisor-receptor, ergo en la forma en la que tendrá que ser usado el lenguaje (+/- formalidad, +/- efectividad, etc.), y por último, la función textual dará cuenta del medio para transmitir, si es un texto oral, escrito, si está en una carta o en una nota, etc.

Esta unificación de lengua-habla/competencia-actuación en el objeto de estudio dio comienzo a la pragmática.[3]

Según la teoría de los actos de habla[editar]

La teoría de los actos de habla de J. L. Austin ("Cómo hacer cosas con las palabras", How to things with words, 1962) y John Searle ("Actos de habla", Speech acts, 1969) amplió este esquema al contemplar dentro de él otros dos factores de la comunicación soslayados por la interpretación de Jakobson: el contexto y la situación, de forma que no se habla de funciones, sino de actos o actividades.

A la función representativa se la llamó actividad locutiva (lo que se dice), a la expresiva actividad ilocutiva (lo que se hace al mismo tiempo que se dice) y a la conativa actividad perlocutiva (lo que se consigue por medio de decir). Estas consideraciones, que ampliaban notablmente el calado de los análisis lingüísticos abriéndolos a un entorno mucho más rico y complejo, dio origen a la pragmática lingüística.

  1. Una actividad locutiva consiste en emitir el enunciado: decir, pronunciar, etc. En su forma más pelada o expedita es una actividad proposicional de predicación, en tanto que su enunciado consiste en referirse a algo y predicar algo de ese algo; por ejemplo: "Tu madre ha telefoneado" predica de "la madre" el hecho de "telefonear"... Y solo eso, sin intención alguna. Y comprende tres tipos de actos diferentes:
    1. Actividad fónica: la actividad de emitir ciertos sonidos;
    2. Actividad fática: la actividad de emitir palabras en una secuencia gramatical estructurada;
    3. Actividad rética: la actividad de emitir las secuencias gramaticales con un sentido determinado.
  2. Una actividad ilocutiva o ilocucionaria, intencional, (la realización de una función comunicativa, como afirmar, prometer, etc.). Se relaciona con la modalidad o actitud psicológica del hablante ante el enunciado, pero su ámbito se amplia notablemente, pues, a las modalidades tradicionales del estatuto de la oración (aseverar, preguntar, ordenar, desear, dudar, desahogar un sentimiento) añade otras caracterizaciones del enunciado que responden a la intencionalidad del hablante. Por ejemplo: observar, describir, comentar, objetar, aconsejar, pedir, solicitar, disculparse, censurar, criticar, aprobar, saludar, despedirse, prometer, jurar... Las expresiones mediante las que puede designarse un acto ilucucionario son centenares. En el ejemplo antecitado, serían actos ilocutivos: "Ha telefoneado tu madre (aseverativo) ¿Ha telefoneado tu madre? (interrogativo) ¡Ojalá telefonee tu madre! (desiderativo)" etcétera.
  3. Una actividad perlocutiva o perlocucionaria de efecto (la (re)acción que provoca dicha emisión en el interlocutor, como convencer, interesar, calmar, etc.). Afecta a las consecuencias provocadas que la actividad tiene sobre las acciones, pensamientos, creencias, sentimientos etcétera del oyente. Por ejemplo, la expresión "ha llamado tu madre" puede contener el efecto perlocutivo de ordenar o sugerir "llama a tu madre". Y la esposa que le dice a su marido en medio de una fiesta "Es muy tarde" efectua un acto ilocutivo de aseveración, pero su efecto perlocutivo es conseguir que se vayan a casa. Y aún más: según el tono y el contexto puede contenerse un reproche implícito ("por culpa tuya aún estamos aquí") y la intención de "amargar la velada".[4]

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  • Berruto, Gaetano J. (1979) La sociolingüística. México, Fondo de Cultura Económica.
  • Bühler, K. (1934). Teoría del lenguaje. Madrid: Alianza Editorial, 1985.
  • Gil, J. (2001) Introducción a las teorías lingüísticas del siglo XX. Santiago, Melusina-Ril.
  • Halliday, M. A. K. (1978). El lenguaje como semiótica social. La interpretación social del lenguaje y del significado. México: Fondo de Cultura Económica, 1982.
  • Jakobson, R. (1963). Essais de linguistique genérale. París: Minuit, 1963.
  • Saussure, F. (1986) Curso de lingüística general. Buenos Aires, Losada.

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]

  1. http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/diccio_ele/diccionario/funcioneslenguaje.htm
  2. Isabel Llacer, José M Santano, Amparo Moreno y José R. Gómez, Lengua española COU. Paterna (Valencia): Editorial ECIR, 1994, p. 46 y ss.
  3. http://elies.rediris.es/elies17/cap314.htm
  4. Isabel Llacer etc. op. cit. y http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/diccio_ele/diccionario/actodehabla.htm