Fuego de San Telmo

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Fuego de San Telmo en la arboladura de un barco en el mar
San Telmo representado con cirio y barco en retablo del siglo XVI

El fuego de San Telmo, Santelmo, o el Cuerpo Santo de Santo Elmo, es un meteoro ígneo que consiste en una descarga de efecto corona electroluminiscente provocada por la ionización del aire dentro del fuerte campo eléctrico que originan las tormentas eléctricas.

Aunque se le llama «fuego», es en realidad un plasma de baja densidad y relativamente baja temperatura provocado por una enorme diferencia de potencial eléctrico atmosférica que sobrepasa el valor de ruptura dieléctrica del aire, en torno a 3 MV/m. Físicamente, es un resplandor brillante blanco-azulado, que en algunas circunstancias tiene aspecto de fuego, a menudo en dobles o triples chorros surgiendo de estructuras altas y puntiagudas como mástiles, astas, vergas, pináculos y chimeneas.

Historia y significado[editar]

El fuego de San Telmo se observa con frecuencia en los mástiles de los barcos durante las tormentas eléctricas en el mar, donde en tales circunstancias también era alterada la brújula, para mayor desasosiego de la tripulación. Este fenómeno toma su nombre de san Erasmo de Formia (Sanct’ Elmo), patrón de los marineros, quienes habían observado el fenómeno desde la antigüedad y creían que su aparición era de mal agüero; aunque otros marineros lo asociaban con una forma de protección de parte de su patrono, como en el caso de los marineros españoles durante la conquista de América.[1]​ Cuando había tantos fuegos como mástiles, además de san Telmo se creía que aparecían san Nicolás y santa Catalina.[2]​ Como comenta el explorador británico George Dixon en su libro de 1789 A voyage Round the World, los marineros ingleses en cambio en ocasiones atribuían este fenómeno a un duendecillo al que llamaban Davy Jones.[2]​ Los marineros españoles harían referencia a san Pedro González Telmo.

También se da en los aviones y dirigibles. En estos últimos era muy peligroso ya que muchos de ellos se cargaban con hidrógeno, gas muy inflamable, y podían incendiarse, tal como ocurrió en 1937 con el dirigible Hindenburg.

Se cuenta que el fuego de San Telmo también puede aparecer en las puntas de los cuernos del ganado durante las tormentas eléctricas y en los objetos afilados en mitad de un tornado, pero no es el mismo fenómeno que el rayo globular, aunque pueden estar relacionados.

En la Grecia antigua, la aparición de un único fuego de San Telmo se llamaba «Helena», por su sentido original de "antorcha", y cuando eran dos se les llamaba «Cástor y Pólux» los dioscuros o hijos gemelos de Zeus, patrones de los marineros que calmaban las tormentas a petición de estos.[3]

Benjamin Franklin observó correctamente en 1749 que es de naturaleza eléctrica.

Citas[editar]

Cristóbal Colón se topó con el fuego de San Telmo el 26 de octubre de 1493, en el contexto del segundo viaje a América, y este hecho fue redactado por su hijo:

El mismo sábado noche se vio el fuego de San Telmo, con siete velas encendidas, encima de la gavia. Con mucha lluvia y espantosos truenos. Quiero decir que se veían las luces que los marineros afirman ser el cuerpo de San Telmo, y le cantan muchas letanías y oraciones, teniendo por cierto que en las tormentas donde se aparezca nada puede peligrar.
Hernando Colón, Segundo viaje de Colón[1]

Antonio Pigafetta en la crónica que escribió durante la expedición de Magallanes-Elcano titulada Relación del primer viaje alrededor del mundo, menciona que observaron el fenómeno el 3 de octubre de 1519 navegando por la costa de África, a la altura del ecuador. Cuenta que la luz flameó durante dos horas, hasta que desapareció proyectando un fuerte destello.[4]

Se hallan referencias al fuego de San Telmo en las obras de Julio César (De bello Africo 47), Plinio el Viejo (Naturalis historia ii.101) y Herman Melville.

— ¡Mire arriba! —dijo Starbuck de pronto—. ¡El fuego de San Telmo en lo alto del palo mayor!
En efecto, los brazos de las verjas estaban rodeados de un fuego lívido, y las triples agujas de los pararrayos lucían con tres lenguas de fuego. Los mástiles enteros parecían arder.
— ¡Fuego de San Telmo, ten piedad de nosotros! — gritó Stubb.
Herman Melville, Moby Dick

Otra referencia:

Silencio general. El viento calla. La naturaleza no respira. Parece muerta. A lo largo del mástil empiezan a centellear débilmente los fuegos de San Telmo; la vela cae en pesados pliegues.
Las luces verdes del fuego de Santelmo rodearon cada palo, mástil y cuaderna de la nave, iluminando El holandés errante con un brillo verde fantasmagórico y sobrecogedor.

Charles Darwin observó el efecto mientras estaba embarcado en el Beagle una noche que estaba anclado en el Río de la Plata y describió el episodio en una carta a J. S. Henslow:

Todo estaba en llamas, en el cielo había rayos y en el agua partículas luminosas (bioluminiscencia), e incluso los propios mástiles estaban coronados con una llama, los antiguos griegos interpretan el fuego de san telmo como la presencia de los semidioses.
Charles Darwin, Carta a J. S. Henslow

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b Lorenzo Galmés (Editorial San Esteban, 01/04/1991). «El bienaventurado Fray Pedro González (O.P.) San Telmo: estudio histórico-hagiográfico de su vida y su culto». 
  2. a b Elcano, Juan Sebastián de (2012). La primera vuelta al mundo (2a. ed edición). Miraguano. p. 197. ISBN 978-84-96813-69-4. OCLC 796016567. Consultado el 28 de noviembre de 2021. 
  3. Plinio el viejo. Naturalis historia, II.101
  4. «Pigafetta, Antonio: Primer viaje alrededor del mundo – BIBLIOTECA ANTOLÓGICA». p. 4. Consultado el 28 de noviembre de 2021. 

Enlaces externos[editar]