Francisco Pérez de Prado y Cuesta

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Francisco Pérez de Prado y Cuesta
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Manuel Monfort y Asensi, Retrato de Francisco Pérez de Prado, estampa recortada de un libro e inscripción que figura en el mausoleo del obispo. Madrid, Biblioteca Nacional de España

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Obispo de Teruel
1732-1755
Predecesor Pedro Analso de Miranda
Sucesor Francisco Javier Pérez Baroja y Muro

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Inquisidor general
1746-1755
Predecesor Manuel Isidro Orozco Manrique de Lara
Sucesor Manuel Quintano Bonifaz

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Comisario general de Cruzada
1747-1750
Predecesor Domingo de Bustamante
Sucesor Bartolomé de Rajoy
Información personal
Nombre Francisco Pérez de Prado y Cuesta
Nacimiento 1678
Aranda de Duero (España)
Fallecimiento 9 de julio de 1755

Francisco Pérez de Prado y Cuesta (Aranda de Duero, 1678-Madrid, 1755) fue un religioso español, obispo de Teruel, comisario general de Cruzada e inquisidor general.

Biografía[editar]

De tendencia antirregalista,[1]​ fue fiscal de los tribunales inquisitoriales de Córdoba y de Sevilla y comisario general de Cruzada.[2]​ Nombrado obispo de Teruel en 1732, ocupó la mitra hasta su muerte en 1755. Allí impulsó en 1745 la creación de un colegio de la Compañía de Jesús, a pesar de la oposición de las autoridades de la ciudad así como de la mayoría de los clérigos y los cuatro conventos existentes, para quienes la escasa población de la ciudad no requería una nueva institución religiosa, además de manifestar cierto recelo frente a la actuación de Pérez de Prado, que solo tenía buenas palabras para los jesuitas y dejaba de lado a las restantes órdenes. Su carácter rigorista en el terreno de la moralidad pública provocó, de hecho, conflictos con las autoridades civiles a causa de los edictos promulgados por el obispado por los que se prohibían bailes, sátiras, corridas de toros, fuegos artificiales y otros actos que pudiesen atentar contra la decencia, especialmente cuando implicasen la participación en el mismo acto de hombres y mujeres mezclados.[3]​ El problema llegó hasta los tribunales porque las autoridades civiles consideraban que el obispo invadía sus competencias.[4]

Desde 1746 gobernó la diócesis a través de vicarios al ser designado inquisidor general por Felipe V aunque, muerto el rey antes de ser confirmado, recibió las bulas de confirmación por el papa el 22 de agosto de 1746, reinando ya Fernando VI.[5][6]

De su obra escrita destaca el Compendio de las tres leyes: natural, escrita y evangélica. Pérdida de la gracia en Adán y Eva, obra redactada durante sus años de fiscal en Sevilla, donde se publicó hacia 1726, con dedicatoria «A mis hermanos amados en N. Señor Jesv-Christo, los reconciliados por la Inquisición de Sevilla». Se ocupaba en ella del fenómeno del criptojudaísmo, sus costumbres y tradiciones, demostrando un profundo conocimiento de estas prácticas así como de la literatura rabínica. Pérez de Prado censuraba la forma de transmitir la religión a los hijos, que comparaba con la inocencia de Adán y Eva antes de ser tentados por la serpiente, así como la laxitud de los padres que bautizan a los hijos en lugar de circuncidarlos pero los educan en el judaísmo. Criticaba también el afán de otorgarse antiguos linajes, hasta remontarse a Abraham, aun cuando le constaba por su experiencia como fiscal que los que conocían más allá de su tercer abuelo eran una excepción.[7]

Referencias[editar]

  1. Latorre Ciria, p. 355.
  2. Millar Carvacho, p. 26.
  3. Latorre Ciria, pp. 355-357.
  4. Latorre Ciria, p. 361.
  5. Llorente (1823), pp. 122 y 125.
  6. Llorente (1980), t. IV, p. 63.
  7. Caro Baroja, pp. 129-130.

Bibliografía[editar]