Francisco Llano de la Encomienda

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Francisco Llano de la Encomienda
General de División
Años de servicio 1891 - 1939
Lealtad Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Reino de España
Bandera de España República Española
Servicio/rama Escudo del Ejército de Tierra.svg Ejército de Tierra
Red star.svg Ejército Popular
Participó en

Nacimiento 1877
Ceuta, España
Fallecimiento 1963
Ciudad de México, México
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Francisco Llano de la Encomienda (Ceuta, 1877 - Ciudad de México, 1963) fue un militar español que alcanzó el grado de general. Participó en la Guerra del Rif y en la Guerra Civil Española, donde se mantuvo leal a la Segunda República Española.

Biografía[editar]

Carrera militar[editar]

Llano de la Encomienda nació en 1879.[1]

Ingresó en la Academia Militar de Toledo con catorce años, de la que saldrá con el grado de alférez tres años después. Combina destinos peninsulares y en Marruecos, donde interviene activamente en la Guerra del Rif. Realizó dos períodos de servicio en Marruecos, donde su actuación fue excelente.[2] Cuando se proclama la Segunda República se posiciona como uno de sus defensores. En 1931 fue ascendido al rango de general.[3] Durante la etapa republicana ocupó varios puestos militares. Los líderes republicanos tenían plena confianza en Llano de la Encomienda.[4] En febrero de 1936, tras las elecciones y el acceso al poder del Frente Popular, el gobierno republicano le nombró comandante IV División Orgánica con sede en Barcelona, a pesar de que como general de brigada no tenía el rango que correspondía a un comandante de división.[4] [5]

Dada la lealtad probada del general hacia el gobierno, la conspiración militar en la guarnición barcelonesa se hizo a sus espaldas; ya había advertido a sus oficiales de que personalmente se identificaba con el partido Unión Republicana (UR), aunque "si las circunstancias le obligaban a escoger entre dos movimientos extremistas, se inclinaría decididamente antes por el comunismo que por el fascismo".[6]

Guerra Civil Española[editar]

Cuando se produjo la sublevación de las guarniciones del Protectorado de Marruecos, aseguró al presidente de la generalidad, Luis Companys que no había ningún problema entre las tropas y oficiales de la guarnición de Barcelona.[7] No obstante, los oficiales implicados en la conspiración dieron comienzo a la sublevación en las primeras horas del 19 de julio y lograron capturar varios puntos clave de la ciudad.[8] Los rebeldes en Barcelona contaban con unos 2.000 efectivos, pero los republicanos leales contaban con el apoyo de la policía y podían disponer de 3.000 guardias civiles, 3.200 guardias de asalto y 300 Mozos de Escuadra.[9] A pesar de lo que había dicho con anterioridad, ante la sublevación Llano de la Encomienda se mostró indeciso en cuanto a la respuesta que iba a dar a la sublevación.[2] Continuó dando órdenes y haciendo llamadas telefónicas en un esfuerzo por cortar la revuelta, lo que causó alguna confusión entre los rebeldes.[10] Cuando el general Manuel Goded Llopis —que se había sublevado en Baleares — llegó a Barcelona, arrestó a Llano de la Encomienda y se hizo con el mando de la IV División Orgánica. Mientras tanto los trabajadores, liderados por los anarquistas de la CNT-FAI, se unieron a las fuerzas leales, y contraatacaron al día siguiente. Después de duros combates lograron recuperar el control de toda Barcelona.[2] Cuando la derrota les sobrevino, los militares sublevados hubieron de dejar en libertad a Llano de la Encomienda.[11]

Sin embargo, durante los siguientes meses el general Llano de la Encomienda estuvo apartado de los puestos militares y "puesto en cuarentena", ya que —tras la la ineficacia que había mostrado al intentar reprimir la intentona golpista— el gobierno dudaba de su sincera lealtad.

El 15 de noviembre de 1936 Llano de la Encomienda fue enviado a Bilbao,[4] para dirigir a las fuerzas republicanas en la franja cantábrica que todavía era leal la República, reemplazando al capitán Francisco Ciutat de Miguel.[12] A comienzos de 1937 fue nombrado jefe del nuevo Ejército del Norte, que cubría las provincias de Oviedo, Santander y Vizcaya.[13] Aunque técnicamente era el comandante del Ejército del Norte,[n. 1] desde el comienzo fracasó en el intento de conseguir formar un mando unificado.[1] En la realidad existían 3 agrupaciones distintas (y con poca cooperación entre ellas) que respondían más a cada territorio republicano del norte.[16] Ciertamente, Llano de la Encomienda no tenía órdenes claras sobre cuáles eran sus verdaderas competencias, y no tardó en tener conflictos con el "Lehendakari" José Antonio Aguirre.[4] El historiador Hugh Thomas afirma que el jefe del gobierno republicano, Francisco Largo Caballero, había dicho en privado a los nacionalistas vascos que el Ejército del Norte no existía realmente, y que él reconocía al Ejército vasco como la principal organización militar de la zona norte.[16] Según Thomas, Llano de la Encomienda habría pasado por la humillación de preguntar si aquella afirmación era cierta.[16] A pesar del mando teórico de Llano de la Encomienda, en numerosas ocasiones Aguirre obstruyó la cadena de mando y le arrebató el mando de las fuerzas vascas.[17] Esto provocó agrias disputas entre ambos, y que Llano de la Encomienda se quejara repetidamente a Largo Caballero sobre la poca cooperación que ofrecía Aguirre.[18] Aguirre, por su parte, lo calificaría como "la personificación de la incompetencia militar".[19]

Cuando el general Mola lanzó su ofensiva sobre Vizcaya, la descoordinación de las tropas bajo su mando fueron la causa de las continuas derrotas y retiradas a pesar de la resistencia y el valor que ofrecían. La campaña fue muy dura, e incluyó el uso de artillería y aviación en grandes cantidades.[20] Aguirre volvió a tomar el mando personalmente a comienzos de mayo,[20] y protestó nuevamente sobre el general Llano de la Encomienda, diciendo que era incapaz de mandar un ejército.[21] A finales de mes, dada la mala situación militar, fue sustituido por el general Gamir Ulibarri.[22] [21] Bilbao, sin embargo, cayó el 19 de junio.[20]

Llano de la Encomienda permaneció en Gijón hasta el último momento, durante caída de Asturias, cuando escapó a Francia por mar. Regresó a Barcelona, y fue sometido a un juicio en relación a sus actividades en el norte, del cual salió absuelto.[3] Fue puesto a cargo del adiestramiento militar.[23] En abril de 1938 no ocupaba ningún mando activo, aunque fue nombrado Inspector general de infantería.[19] Después de la caída de Cataluña, regresó a la zona central.[3]

Exilio[editar]

En marzo de 1939 ante el final de la guerra, marchó al exilio, trasladándose primero a Francia y posteriormente a México,[2] junto a otros militares republicanos en el exilio. Allí formó parte parte de Acción Republicana Española (ARE), siendo Llano de la Encomienda presidente de la delegación mexicana de ARE.[24]

Falleció en 1963 en Ciudad de México.

Notas[editar]

  1. Estas regiones mantenían una considerable autonomía política y militar respecto al gobierno central republicano, actuando en ocasiones con una casi total independencia. En la región minera de Asturias las milicias eran lideradas por Belarmino Tomás, jefe del comité del Frente Popular en esa provincia. Las milicias que actuaban en Santander estaban mandadas por José García Vayas, un antiguo comandante de batallón en Santoña.[14] Por su parte, las milicias y batallones vascos estaban al mando del presidente del gobierno autónomo vasco, José Antonio Aguirre, que además disponía de de su propio Estado Mayor y controlaba las industrias de guerra. Los vascos intentaron formar un ejército independiente, el Eusko Gudarostea, aunque la constitución prohibía esto.[15]

Referencias[editar]

Pie de página[editar]

  1. a b Salvadó, 2013, p. 192.
  2. a b c d Alpert, 2013, p. 340.
  3. a b c Ramón Puche Maciá, 2008.
  4. a b c d Alpert, 2013, p. 62.
  5. Alpert, 2013, p. 37.
  6. Thomas, 1976, p. 257.
  7. Thomas, 2013, p. 223.
  8. Baer, 2015, p. 152.
  9. Graham, 2002, p. 94.
  10. Pagès i Blanch, 2013, p. 27.
  11. Thomas, 1976, p. 261.
  12. Graham, 2002, p. 247.
  13. Alpert, 2013, p. 147.
  14. Alpert, 2013, p. 81.
  15. Alpert, 2013, p. 79.
  16. a b c Thomas, 1976, p. 667.
  17. Fernández, 2006, p. 130.
  18. Redondo, 1993, p. 267.
  19. a b Alpert, 2013, p. 210.
  20. a b c Salvadó, 2013, p. 76.
  21. a b Alpert, 2013, p. 80.
  22. Thomas, 1976, p. 742.
  23. Alpert, 2013, p. 88.
  24. Heine, 1983, pp. 138-139.

Bibliografía[editar]